Reporte #4

Estado

¿En serio? Mis palabras se vuelven en contra mía

Los problemas nunca acaban.

Con todo lo que me esta sucediendo, ahora existe la posibilidad de que sea inquilina de mi propia casa. Por tiempo indefinido. Así que he quedado recluida en mi estudio, con un colchón de aire (tuve una epifanía al comprarlo hace seis meses) y mi ropa amontonada en un par de mochilas. 

Hagamos un recuento de los recursos en mi bunker:

  1. Cómics
  2. Libros
  3. Material para escritura
  4. Material para el trabajo
  5. Archivo
  6. Computadora
  7. Equipo audiovisual (unas 80 películas, reproductores y estéreo)
  8. Materiales de relajación (cesta de tejido y rompecabezas)
  9. Juguetes
  10. Ropa, plancha, zapatos
  11. Artículos de higiene y belleza (aunque no se donde quedaron los profilácticos y toallas sanitarias)
  12. Medicamentos
  13. Muchos cojines
  14. Sábanas
  15. Sillón y un par de sillas
  16. Café, tazas y stevia
  17. Cama para la gata
  18. Maceta con planta de sombra
  19. Espejo de cuerpo entero

    Estoy tentada a poner una foto, pero imaginen la lista anterior abarrotada en una habitación con ventana y puerta a la calle. Con un colchón matrimonial en el piso. 

    Creo que tengo lo suficiente para sobrevivir por un mes, para encerrarme y trabajar en mi proyecto.

    Seguiré reportando.

    Reporte #3

    Estado

    La migraña, mi vieja amiga…

    Si de algo uno puede estar seguro es de que los problemas nunca se acaban, porque son reemplazados por otro tipo de problemas.

    De momento, me siento como un gato cayendo por entre las ramas de un árbol. Estoy viva y no se como rayos le hice.

    Hablando de gatos…

    Esa es mi gata Vainilla. Tener una mascota es bastante terapéutico. Conoces el amor y la amistad en otras categorías, alejadas del prejuicio humano.

    Seguiré reportando.

    Reporte #2

    Estado

    Hoy escribí en la mañana. No mucho, solo una o dos páginas. La historia que tengo en mi cabeza es una de esas que aparece por episodios y no siempre por orden cronológico. Pero bueno, ese es el arte de escribir.

    Dicen que soy buena en mi trabajo (dando clases o dando consulta, da igual, en ambas tengo que lidiar con gente. Y no me gusta.), y porque soy buena, amo lo que hago. No, simplemente quiero hacer un buen trabajo. Un buen trabajo no debe repetirse. Si haces bien tu trabajo, cumples con las expectativas, dejas contentos a todos, y con suerte, ganas remuneración. Pero eso no significa que lo ames, o ni siquiera, que estes contento con eso.

    ¿Cómo se que amo escribir? Porque escribo gracias y a pesar de todo. Por ejemplo, ahora solo quiero apresurarme en entregar los reportes y terminar la tarea del curso online para ponerme a escribir la historia que anida en mi cabeza. No tendré tiempo de sobra, ni siquiera editorial y quizás algunos lectores, pero es irrelevante.

    Cuando terminé esa página en la mañana, sentí como si algo saliera de mi cerebro y me dejara exhausta. Incluso dormí un rato. Supongo que esa es la buena escritura, aquella que toma todo de nuestro espíritu para transformarse en un relato independiente a nuestras propias vidas.

    Rayos. Me voy a apurar. Hoy fui al cine con XY y xy (jajaja, ni crean que les diré quienes son. Dedúzcanlo ustedes.) y me sentí bastante bien. Darme cuenta que existe un mundo mas allá del terror burocrático disuelve mi estrés, consiguiendo que la energía gastada en preocuparme, la invierta en terminar con los dichosos pendientes.

    Que así sea. Seguiré reportando.