Grilleta (parte V)

(continúa…)

El niño sujetó la lata con emoción.
– Pon el número uno. Porque esta es la primera nave que armo con ustedes dos.
Ranchi elevó a su hermano de los hombros para que pudiese pintar fácilmente y lo más vistoso posible el signo # y el numero 1. Al terminar, observaron juntos el resultado, agotados y regocijados, hasta que el pequeño le dijo a su hermana mayor:
– Ranchi
– ¿Si, Derek?
– Tengo sed
Y Thunder dijo entonces¬:
– Yo también.

Cinco días más tarde. Armería norte, sección de explosivos.
La tripulación se fue involucrando en los preparativos de la misión. Derek trabajaba intensamente en el satélite, solicitando la ayuda de quien estuviese disponible. Fragmento a fragmento, el SIBS recuperaba su utilidad, faltando solo un par de detalles para iniciar las sesiones de prueba, tan esperadas para Alex. Ranchi también tenía mucho trabajo, pues debía asistir a los demás, aparte de mantenerlos alimentados y vestidos. En su tiempo libre, se dedicaba a la recolección de pertrechos. Alex y Thunder, ser mantenía enfrascados en la planeación, manteniéndose fuera de vista, hasta hoy.
– Veamos, aquí se necesita un sello.
Derek estaba sentado frente al satélite de unos tres metros de alto por cuatro y medio de ancho, rodeado de paquetes con piezas, herramientas, dispositivos electrónicos, dos computadoras portátiles y un horno fundidor miniatura.
– Hay uno… -el niño buscaba entre las cajas de metal, hurgando entre los repuestos. – Estupendo. ¡Oh, no! ¡Es circular!
– ¿Cuál es el problema? – Ranchi trabaja cerca de ahí, apartando los contenedores vacíos y tratando de ordenar los llenos.
– El sello que necesito es cuadrado. – Derek levantó sobre sus hombros la pieza de caucho negra, con su diminuto orificio central, para que ella la viera. – Ayúdame. Solo esto y terminaré.
– De acuerdo.
Derek introdujo con mucho cuidado la pieza de caucho a la fundidora, solo lo suficiente para que ésta se reblandeciera. Y reblandecer es un decir, porque, a falta de prensa industrial, Ranchi utilizó su fuerza aumentada para moldearla, protegiendo sus manos con guantes aislantes. Por como fruncía el ceño y sudaba su frente, era seguro que usaba gran parte de su poder.
– Ese borde más recto, Ranchi.
– Ajá.
– En ángulo de 90°, las aristas…
– Ajá
– No tan curvo en…
– ¡Se la diferencia entre un círculo y un cuadrado, Derek!
Después de muchos esfuerzos, metió la pieza en un balde de congelante, haciendo que recuperara la dureza. Apenas lo secó y atemperó, cayó en las manos del niño. El sello se introdujo sin problemas en la varilla que lo sostenía en su sitio.
– ¡Perfecto! Le haré unas pruebas de funcionamiento y luego, ¿quieres pintarlo conmigo?
– ¿Pintarlo?
– De aislante. Después usaré un aerosol protector.
– Será divertido. – dijo Ranchi sacudiéndose las manos. – Como si fuese un proyecto de ciencias.
– Uno que realmente valga la pena – recalcó Derek, contento y concentrado en sus computadoras y lectores. – Hey, ¿Qué están haciendo el capitán y el señor Thunder? Lucen ocupados.
– Es verdad. – respondió ella, mientras agitaba un bote de pintura – Preparado las maletas.
Las voces de Alex y Thunder rondaban cerca. Alex empujaba una carretilla, mientras Thunder ponía cosas en ellas. Explosivos, para ser más exactos. Podía escucharse el abrir y cerrar de contenedores, acompañando su conversación.
– ¿Microfisión? – preguntaba Thunder
– Muy potente – respondía Alex.
– ¿Químicas a base de daxtrón?
– Nubes tóxicas.
– ¿A base de 6-7 deshidroxipirenio?
– Asfixiantes
– ¿Incendiarias?
– Problemáticas
– ¿Pulsos G dirigidos?
– Inútiles en esta ocasión.
– Carajo, eres muy exigente, supersoldado ¿Trinitolueno?
– Podría ser.
– ¿Fragmentación o metralla simple?
Ranchi y Derek estaban ya dándole brochazos al SIBS, volviéndolo de un uniforme color gris nacarado, cuando los dos hombres llegaron a unos pasos en su búsqueda de armas. Alex vio el trabajo casi finalizado con interés.
– ¿Realizaste las comprobaciones, Derek?
– Tres veces. Ninguna falla.
– Es imprescindible no dejar ningún detalle sin revisar. Lo último que deseamos es que la Confederación nos pille. – dijo Alex al darles la espalda y volverse a concentrar en su colección de bombas y granadas. Thunder comentó, al sacer una nueva caja de cartuchos de escopeta:
– Por el bien de nosotros ese nuevo juguete debe funcionar, si no, vamos a estar más jodidos que los pobres diablos encerrados en Grilleta.
– Parece que a ustedes – dijo Derek, inocentemente – lo único que les asusta es la Confederación de Sistemas.
Al unísono, Thunder y Alex voltearon sus cabezas y gritaron:
– ¡NO!
Derek palideció y Ranchi abrió la boca de asombro. Los hombres, con un tono de voz mas bajo, corrigieron y ampliaron su respuesta.
– No es miedo – dijo Thunder – Es…
– Respeto – dijo Alex
– Consideración
– Cautela
– Precaución
– Prevención
Y finalizaron los dos, enfatizando la oración.
– ¡Pero de ninguna manera le tememos a la Confederación!
Ranchi y Derek se miraron, mientras ellos volvían a lo suyo. La chica le dijo a su hermanito, con voz queda:
– ¿Qué te parece si continuamos trabajando calladitos y sin movernos más de lo necesario, hasta que ellos terminen de irse?
Derek susurró, haciendo bocina con la mano izquierda:
– Buena idea.

Dos días después. Sala de juntas con mesa holográfica.
Antes, la sala holográfica era una ruina. Con la llegada de los hermanos, la situación mejoró. Limpiada y arreglada, era un sitio atractivo para sentarse y ponerse a discutir.
– Sigue sin gustarme tu idea. Tu nueva, en sentido figurado, nave #1, no va a resistir el viaje de ida y regreso. Y no pienso permitir que acerques esa porquería a la cárcel.
– Dame una buena razón
– Los guardias la verían de inmediato.
– Recuerda que yo seré quien saque a esos setenta malnacidos. De acuerdo, dirigiré la caída de un módulo carcelario y lograré que esos patanes hagan una proeza para subir al #1, mientras uno se cae y el otro flota al margen del radar. Pero, antes de que lleguemos a eso, ¿Cómo diantres llegaré a la cárcel si tú viajas en el Apokalipsis y yo dejo al #1 anclado en la base de los riscos?
Alex apoyó la barbilla en el ángulo formado por los pulgares y los índices de ambas manos juntas.
– Dos cambios. Habrás de chocar el módulo carcelario muy cerca del #1. Y para llegar a tu punto de inserción, tendré que llevarte yo. Usarás el equipo de…
Ranchi y Derek entraron a la sala, lentamente, pues era obvio que interrumpían la conversación. Pero a Alex parecía no afectarle, y Thunder tenía más interés en hablar con los chicos.
– Tomen asiento – dijo Alex
– Continúen – dijo Derek
– Está bien –dijo Thunder – ya entendí el punto de Alex y me parece bien. Tenemos cosas que discutir con ustedes.
– Ranchi – inició Alex. Ella dio un respingo disimulado – Estoy cerca de decir la verdad si afirmo que estás al tanto de nuestra misión.
– Ignoro los detalles – respondió la chica – pero, por lo que oí, en general, se trata de rescatar a unos presos.
– Ayudar a unos presos a fugarse, exactamente. Actividad altamente ilegal según los códigos de la Confederación. Por tal motivo, deberemos ser rápidos y efectivos, sin dejar ningún tipo de pista que nos relacione con el trabajo.
– ¡Entendido! – afirmó Ranchi enérgicamente – ¿Cuál será mi parte?
– Quedarte en la nave a lustrar mis botas – dijo Thunder.
Ranchi aguantó el puñetazo en el aire – porque de lo contrario destrozaría la mesa recién ensamblada – y solo alcanzó a gritar
– ¡ES INJUSTO!
– ¡Mis botas necesitan ser lustradas! – insistío Thunder – Además, debe alguien quedarse a vigilar a Derek.
– ¿Por qué yo?
– ¡Porque eres su hermana mayor!
– Regresemos al inicio de nuestra conversación – Alex intervino para enfriar los ánimos – Vamos a dejarlos en el Deathbird, a una distancia segura, para evitar ser reconocidos. Yo y Thunder viajaremos a Grilleta, haremos el trabajo en menos de doce horas y de inmediato volveremos con los reclusos. Ustedes deberán preparar la nave para su llegada.
– Porque de ninguna manera voy a permitir que una manada de imbéciles se pasee por mi nave como su fuese su maldita casa. – agregó Thunder – Prepararán su alojamiento.
Derek preguntó.
– ¿Con alojamiento te refieres a camas y comida?
– Con alojamiento me refiero a una bodega vacía donde encerrarlos y seguros electrónicos por todas partes. Eso te toca a ti. – aclaró Thunder.
Alex le pasó al niño una lista de sitios donde instalar cerraduras digitales, pero antes de que la tomase, Ranchi la interceptó en el camino, y exclamó, mientras la agitaba con la mano.
– Al diablo. Lo haré yo.
– ¿Segura?
– No permitiré que a Derek le toque el trabajo más laborioso. Lo haremos en equipo. El las programa y yo las soldaré a las puertas.
– Existe una tarea más – continuó Alex – Deberán vigilar al SIBS.
– Déjemelo a mí, capitán – dijo Derek – Habrá que mantenerlo alineado, depurar las líneas y vigilar las señales entrantes y salientes. Pan comido.
– Me alegra oírlo. Puedes retirarte, Derek, Ranchi ven conmigo.
El niño dejó su asiento alegremente y salió corriendo. Thunder, al ver partir a Alex y Ranchi, no resistió las ganas de añadir la última oración.
– ¡Todavía tienes que lustrar mis botas, niña demente!
El hombre y la joven caminaban rápidos por los pasillos de la nave, bajando escaleras y abriendo compuertas. El corazón de Ranchi no cesaba de dar vuelcos, pero por mala fortuna, a Alex le molestaba que ella actuase como una adolescente atolondrada. Así que Ranchi se esforzaba el doble por mantenerse enfocada, profesional y cuerda.
– Necesito que memorices la cabina del piloto de la nave chatarra de Thunder – dijo Alex cuando entraban a la bahía de naves, donde se le proporcionaban los últimos ajustes. – cada detalle, para que los tengas con exactitud en tu mente.
La puerta estaba abierta, por lo que entraron fácilmente a la #1, y, apartando las distracciones, llegaron a la estrecha cabina del piloto. Alex se puso a sus espaldas, mientras ella miraba con detenimiento cada peculiaridad del sitio. No tenía gran cosa, así que pudo capturar la imagen con claridad. Antes de que Ranchi hablara, Alex dijo:
– Tu poder de teleportación incluye todos los lugares que conoces ¿Qué distancia máxima abarca?
Ranchi se tomó un minuto para responder.
– Depende más de mi nivel de energía en ese momento. Cuando estoy descansada y concentrada, he logrado ir de extremo a extremo de la nave. Cuando no, bueno, me desmayo, aún en trechos cortos.
– Memoriza la cabina – repitió Alex – Eres el plan de escape.
Sin dejar oportunidad a más, Alex dejó a Ranchi sola, adentro del #1. Ella, apoyada sobre el respaldo de la silla del piloto, miraba su entorno con atención. Sus pensamientos burbujeaban.
<< Plan de escape. La nave de Thunder. Reos. Manada de imbéciles. La escoria condenada de un sistema. Thunder, encerrado con la escoria de un sistema. >>
Tronó los dedos al sonreír. Lo comprendió tan rápido que ni siquiera necesitó razonarlo.
<< Yo soy el plan de escape >>
Diez horas después. Hangar superior oeste.
Las naves estaban listas. En la #1 habían metido todo el equipo de Alex y Thunder pudiesen necesitar, como combustible, refacciones, municiones, explosivos y Derek acomodó de contrabando un botiquín armado de último minuto. Los compañeros de armas entraron al hangar con paso firme, encendiendo sus luces y abriendo las compuertas. Ahí, a un lado de sus vehículos, sentado sobre tres enormes y pesadas cajas, estaba Derek. A su lado, enrollando una cadena sobre un carrete metálico, estaba Ranchi. Thunder dijo, al verlos.
– No me digan que vinieron a despedirse
– Esto…- musitó Derek
– ¿A desearles suerte? – completó Ranchi
Alex vestía su traje fantasma terran de combate. Todavía no se colocaba su media máscara, pero usaba el resto del equipo, es decir, fusil de largo alcance, navajas ocultas y la tríada de googles coronando su cabeza. Thunder traía un par de pesadas botas, pantalones de mezclilla, camiseta y chaleco antibalas reglamentario. Del pecho y cinturón colgaban al menos treinta granadas.
– Enano – dijo Thunder – ven y échale un ojo al giroscopio y al generador compacto de gravedad. Han de tener unas piezas sueltas. – extendió los musculosos brazos. – Lánzate.
Derek acompañó a su fornido protector sobre sus hombros, mientras Alex y Ranchi quedaron a solas unos momentos. Ella preguntó:
– ¿Qué te parecen? – y le acercó una sección de cadena – Thunder me puso a hacerlas. Dice que me servirá como terapia ocupacional.
Alex reparó en el rollo de cadenas que Ranchi tenía preparado. Tomó un extremo suelto y lo examinó con cuidado. Dos eslabones unidos a otros dos, uniformes en grosor y tamaño, cosa de admirar, pues estaban forjados por los dedos de Ranchi. Estiró un segmento con fuerza y la cadena vibró.
– Metal reciclado – anotó ella – Hice varillas a base de golpes y calor. Luego corté segmentos y los anudé. Así de simple, como si fuesen de papel.
– De todas las personas con las que he trabajado – dijo él – nunca había conocido a alguien que hiciese cadenas con las manos desnudas.
Sus ojos se miraron mutuamente, a lo profundo, por un pequeño instante.
– ¡Ranchi! ¡Pásame mi arma y ocho metros de la cruzada doble! – gritó Thunder desde el interior de la nave.
La chica parpadeó y Alex giró en seco y fue directo hacia la suya. Ella preparó el bulto de cadenas y con el brazo libre, tomó la monumental escopeta de triple cañón de Thunder, equipada además para lanzar morteros. Una belleza de arma, tan explosiva como su dueño. Pero la llevaba del gatillo, y hasta Thunder advirtió lo peligroso que era.
¬- Fíjate en lo que haces. Trae acá. – apartándosela de la mano, continuó. – Por encima – señaló arriba del gatillo- hay un pequeño botón que tienen que accionar antes de disparar. Si no lo hacen…
Thunder acciona el arma apoyándose en los cañones, y, con un sonoro chasquido, una filosa y larga navaja, tan gruesa como el mango de la escopeta, saltó de la culata.
– … les cortará el brazo.
– ¡Espectacular! – exclamó Derek – ¿Tú diseñaste el dispositivo?
– Es para que, cuando se me acabe el parque, pueda seguir siendo un arma decente y no un garrote de alta tecnología.
– ¿Le has cortado la cabeza a alguien con eso? – preguntó Ranchi.
– No sería un arma decente si no pudiese hacerlo.
Las turbinas del Apokalipsis interrumpieron la conversación. Thunder colocó su escopeta en la cabina del piloto e hizo un chequeo en voz alta del cargamento.
– Explosivo plástico, listo. Munición, ya. Amarres, ya. El juguete de Derek, ahí anda.
El SIBS estaba también adentro de la #1, empacado y listo para funcionar, Derek lo había probado una veintena de veces sin falla, inclusive para las escrupulosas exigencias de Alex.
– Con una mierda – continuaba Thunder, no puedo dejar de sentir que olvido algo importante.
Alex había accionado las alertas a control remoto. Ranchi y Derek estaban ya a resguardo en el interior de la nave, mientras la compuerta de entrada se cerraba lentamente, frente a ellos. Una guía de luces rojas indicaba que pronto se abriría la compuerta exterior, anulando la gravedad, mientras los seguros mecánicos que mantenían a las naves en su sitio se liberaban, y el vacío del espacio los absorbería al despegar.
Thunder estaba ya casi listo para partir, sentado en su silla de piloto con los cinturones, accionando interruptores y moviendo controles. Justo antes de colocar los motores al máximo de su potencia, un portal al mundo negativo se abre por sobre su cabeza y de él caen dos paquetes de su cerveza habitual.
– Esto era – dijo él, mientras los ponía a resguardo bajo su asiento – Ahora si ya no falta nada.
Las turbinas temblaron. El par de naves se eleva rápidamente del piso, y, en sincronía, salieron del interior del Deathbird, tomando sin demora, dirección a Grilleta.

(continuará…)

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Reflexión al madrugar

Estado

Creo que uno de los cambios más profundos que he tenido en mi vida ha sido en la manera de cómo me relaciono con los demás. Hubo una época, hace ya tiempo, en que tenía una timidez y una inseguridad que me hacían tener miedo de hablar. Temblaba cuando tenia que interactuar con cajeras, con despachadores o vendedores de mostrador. Y cuando empecé a laborar como docente, tenía que poner demasiado de mi empeño para dirigirme a los alumnos, y era muy mala imponiendo disciplina en clase.

Un escritor llamado Neil Gaiman dijo alguna vez “se sabio, y si no puedes ser sabio, haz lo que un sabio haría”. Mi cambio inició con “fingir” que no me daba miedo hablar con algún desconocido en la calle para pedir la hora o alguna dirección. Respiraba profundo, repasaba mentalmente mis líneas y me lanzaba a hablar. Poco a poco, deje de “fingir” y la interacción surgía más naturalmente, Con los alumnos, “imaginaba” como se comportaría el maestro que mas me influyo para aprender y trababa de darme a respetar como él lo haría.
Lo curioso es que funcionó, y actualmente, el último grupo que tengo se queda quieto y en silencio cuando digo en voz alta a aquel que pone la distracción en la clase “hoy no estoy de humor para eso”.
Creanme, hace apenas unos años eso no hubiese funcionado.

Reseña rápida – Punisher: Madre Rusia

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Advertencia: presencia de palabras altisonantes y ofensivas. No se puede reseñar a Garth Ennis sin mentar madres.

“El único problema son esos dos autos llenos de pendejos.”

Punisher es uno de mis personajes favoritos, por lo visceral de su violencia y lo recto de sus principios. Ha tenido sus altas y sus bajas, sin embargo, las mejores historias suyas han salido de la enferma mente de Ennis, mejor conocido por su trabajo en Hellblazer (Constantine, el hechicero mas bastardo de la creación) y Preacher (uno de los comics más torcidos, blasfemos y brillantes que he leido), entre otras obras.
En Mother Russia, Punisher es convencido por Nick Fury (quien es todavía blanco y un durísimo hijo de puta) para rescatar a una niña secuestrada en un almancén de misiles nucleares en Rusia. Y si bien la premisa es bastante básica – Punisher matando a todo lo que se mueva – los diálogos de Ennis crean a un Fury que agarra a cinturonazos a un coronel de la CIA y quien de plano admite que le gustan las mujeres que cobran por hora, a un Punisher totalmente desalmado que le vuela la cabeza a una anciana, sin embargo, protector y considerado cuando le viene en gana, y a un aparente villano que no es sino la contraparte rusa de los corruptos generales gringos.
Es de admirarse como Ennis puede narrar y hacer interesantes historias con el mismo principio, Punisher matando a mafiosos, pero no caer en la repetición o autocomplacencia. En resumen, si no tienes problemas con leer un cómic en donde hay disparos a la cabeza, sangre y mentadas (“¿Que carajos le pasa, Fury? ¿Que clase de pendejo demente mete a Punisher en un almacén de misiles?”) ésta es una excelente opción. Ojalá traigan más material en el futuro.

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