No es oro todo lo que reluce, y no todo vagabundo esta perdido…

Esta bien, lo haré. Escribiré algo sobre “La Desolación de Smaug”.

Gandalf en la Comarca

I. Preámbulo

He estado postergando estos comentarios bastante tiempo porque deseaba que se enfriaran mis ideas, ver las cosas desde varios ángulos posibles y evitar la emoción del fan maniático. Porque son temas complicados, temas que tienen varias capas de profundidad y a veces cuesta trabajo captarlas a la primera.

Ignoro por donde empezar. Lo primero que se me ocurre es decir que J. R. R. Tolkien ha de estar revolcándose en su tumba, listo para unirse a las filas de muertos vivientes, y NO por las películas, si no por la nueva generación de fanáticos y admiradores de sus obras, que discuten por estupideces y muestran una completa y brutal ignorancia al corazón de la obra.  ¿Han existido clubes de admiradores que armen escándalo porque alteraron “Oliver Twist” en sus versiones teatrales y cinematográficas? ¿Han salido grupos de literatos a defender la integridad literaria de Shakespeare con cada adaptación de “Hamlet” y “Romeo y Julieta” que sale al cine? ¿Alguien se quejó cuando Salma Hayek hizo de “El Coronel no tiene quien le escriba” de García Márquez, una película horrible? ¡No! Entonces, ¿Por qué hay cientos, si, cientos, si no es que miles, de personas que atacan la película sin piedad porque agregó batallas, escenas o interacciones entre personajes (ya hablaré de eso) donde no las había? ¿Quien ha dicho que para honrar a Tolkien hay que ser fiel ciega y tozudamente, a la integridad de la novelas, que como toda obra humana, y aún siendo Tolkien, es perfectible y susceptible de cambio e interpretación?

Aclaración primera: no estoy defendiendo la película, porque es cierto que tiene puntos débiles y fallos (también hablaré de eso en un momento), estoy tratando de ser objetiva.

Aclaración segunda: quien lo ha dicho, quien ha promovido esa especie de culto a la figura de Tolkien, es su hijo, Christopher Tolkien. Pero es otro tema amplio y sinuoso que no podré abordar aquí. Solo añadiré esto, los lectores que toman cada recopilación post mortem de los apuntes de Tolkien como obras de rigor (casi escritas en piedra) son, por lo general, las mas agraviadas con las modificaciones cinematográficas.

The Shire

II. La  necesidad de adaptación.

Cuando vi “Las Dos Torres”, me fue difícil visualizar el motivo de que Faramir fuese tentado por el Anillo y diera todo ese rodeo por Osgiliat para terminar en Cirith Ungol.  David Wenham, el actor que sería Faramir en la película, leyó el personaje en el libro, y expresó su preocupación a los guionistas: “mi personaje no crece.” En verdad, Faramir no tiene una evolución tan marcada como lo tiene Frodo, o incluso un momento heroico como su hermano, Boromir. ¿Que representa el personaje de Faramir? Representa, en la novela, el noble, el recuerdo de los numenoreános, un hombre que con solo verlo sabes que confiarás en el, porque su pureza y bondad es como un aura. En el libro funciona perfectamente porque eso es justo lo que Frodo y Sam necesitan en esa parte del viaje.

A muchos se les olvida que las películas no trabajan igual que las novelas. Fran Walsh expresó, en el abundante material de la versión extendida, que no podría poner la línea de “no lo tomaría aún su estuviese tirado en el camino” (Faramir refiriéndose al anillo) porque acabaría con toda la trama. Y si, es cierto, el Anillo, para que funcionase en un público desconocedor totalmente de la obra de Tolkien, debía presentarse como un objeto enteramente maligno, capaz de corromper a cualquiera, menos a Frodo, haciendo así que el largo y trabajoso viaje de la Tierra Media tuviese sentido. De lo contrario, no faltaría el espectador despistado que dijese “si el Anillo no surtía efecto en Faramir, ¿porque no se lo dieron a él para que lo llevara al Monte del Destino y Frodo tuviese un descanso?”. Creánme, siempre hay alguien así.

En la novela de Tolkien, lo desgastante es el viaje de Frodo, que llega a tener momentos en que tememos que muera de inanición. Para aliviar la tensión de dicho viaje, aparece Faramir, quien da consuelo, guía y consejos (además de comida y bastones) a los hobbits, para que continúen su viaje. Esa es su función, servir de punto de apoyo y seguridad, tanto espiritual como narrativo, a esa terrible travesía hacia el Monte del Destino.

En la película no se puede plantear así, porque el viaje no es lo desgastante, la películas trabajan en secuencias accion-planteamiento-explicación-acción (esto es el porqué el viaje de los barriles en “La Desolación de Smaug” se transformó en una secuencia de acción, y no una secuencia meramente narrativa, como aparece en el libro) y considerando que el viaje de Frodo y Sam hasta el momento había sido solo descriptivo, se añadió el nudo argumental de Faramir siendo tentado por el Anillo para añadir tensión a la subtrama, pero respetando el trayecto original de Frodo y Sam hacia Cirith Ungol.

Hay muchas cosas que cambiaron entre la versión fílmica de “El Señor de los Anillos” y su contraparte literaria. Y son cosas enormes, pero los fans estaban desprevenidos y no hicieron tanto escándalo. La presencia de Arwen, los elfos en el Abismo de Helm, la omisión de “El Saneamiento de la Comarca”, la espada de Aragorn…son detalles que funcionan bien en la pantalla, aún si se apartan del la literalidad de la obra. Por ahí platicaba que el hecho de sustituir el estandarte de Isildur (que es la única participación activa de Arwen en la Guerra del Anillo) por Ánduril, la Flama del Oeste, no fue desatinada porque evoca a la simbología artúrica (la espada del Rey legendario), afín también a los gustos de Tolkien.

Siendo “El Señor de los Anillos” una obra tan extensa, el equipo de guionistas de Jackson prácticamente eligió las mejores partes y su trabajo consistió en hacer que embonaran entre sí. Lo consiguió, si, lo consiguió.

Fili y Kili estudiando

III. Una película inesperada (o al contrario, demasiado esperada)

Todos dijeron “¡Si! ¡Queremos una película de “El Hobbit”! ¡Peter Jackson es Ilúvatar!” Pero ahora que la hace, media internet se esta quejando. Se les olvidó, que, para empezar, “El Hobbit” no es “El Señor de los Anillos”. No se trata de primera parte y partes segunda, tercera y cuarta. Se trata de “idea preliminar” e “idea final”.

Me explico. Cuando Tolkien escribió “El Hobbit” allá por 1937 (lean bien el año ¡1937!! Lejos de la Segunda Guerra Mundial), aun no tenía bien desarrollada su idea de la Tierra Media y de muchos personajes que aparecerían en ella. Tenia un conocimiento mas o menos claro del fondo de la obra, de lo que eran los hobbits, los elfos y los enanos, pero, por plantearla como una obra infantil, decidió no ahondar en ciertos puntos, dejándolos abiertos. Lo importante del “El Hobbit” es el crecimiento de Bilbo, en su maduración como personaje, encontrando su valentía y sagacidad a través de las diversas pruebas que encuentra durante el viaje. Lo dije y lo repito, ya sea que lean primero “El Señor de los Anillos” o “El Hobbit”, notarán que son dos obras completamente distintas, ya sea en la técnica narrativa, en la profundidad de personajes, e incluso en el manejo de las subtramas. El problema se nos viene al momento de adaptarlas.

Hay varios detalles que medianamente funcionan en el libro, y que, si los transcribiéramos como tal a la película, harían que ésta se derrumbara de inmediato. Para empezar, el motivo de la integración de Bilbo a la Compañía. Mientras que en la novela no se le presta mucha atención (cuando nos damos cuenta, Bilbo ya esta corriendo fuera de su casa, motivado por su sentido inglés de la cortesía y buenos modales) en la película se hace un preámbulo durante el cual Gandalf apela al sentido de aventuras que Bilbo tiene dormido en su interior. La expedición de los enanos es básicamente una puntada de los trece, basada en rumores, y con el único motivo de sacar todo el oro que pudiesen, a diferencia de la versión fílmica en donde se le presenta como una empresa legendaria de tintes épicos, centrando la importancia de la expedición en la Piedra del Arca y las intenciones de Gandalf con respecto a Smaug. No se explica, en el libro, el porqué los orcos atacan con tanta saña a los enanos, al menos, no va más allá de decir que los orcos estaban molestos con su intrusión en las cavernas y querían vengar la muerte de su jefe. Pero si eso fuera así solamente, ¿porque tenían que salir todos los orcos y no solo enviar a un grupo de cazadores? (tal y como ocurre en la película)

Son preguntas tontas, lo sé, pero al ver una película, debes asumir que es una obra independiente, que debe tener sus propias respuestas y razones. A menos que hagas películas como Luis Buñuel o David Linch, cuyo único fin es sacar de onda a los espectadores, la trama fílmica debe ser completa y no esperar a que el público lea el libro para entenderla. Y si hay cosas que en el libro no se entienden, la película tiene que explicarlas, u obviarlas.

Si bien hay eventos que sacan de “Cuentos Inconclusos”, para redondear la historia, como el Concilio Blanco y el Nigromante, hay detalles que el equipo de Jackson tiene que desarrollar por su cuenta para que la película sea interesante. Podríamos decir que han caído bajo el influjo de la Tierra Media, sumergiéndose en ese mundo de subcreación con tanta pasión que ya no son solo capaces de contar una historia, sino que se ven en la necesidad de crear más y más… haciendo las películas demasiado largas.

tauriel y kili

IV. El asunto ese de Legolas, Tauriel y Kili

Antes de que me disperse más, hablaré de eso. Hay gente que odia a Tauriel, y hay gente que la ama. Hay quienes le llaman a ese intercambio de miradas y palabras de preocupación “triángulo amoroso”, cosa que para mi esta fuera de lugar, porque yo lo consideraría un triángulo amoroso si Tauriel estuviese comprometida para casarse con Legolas, y los viéramos en una escena romántica hecha y derecha, y a la siguiente toma ella estuviese besándose con Kili y declarando que no sabe si elegir al elfo o al enano. Desde mi extraño punto de vista, la inclusión de Tauriel es… por Manwë, esto si es complicado.

Verán, uno de los puntos culminantes de “El Hobbit” es la Batalla de los Cinco Ejércitos. En el libro, la batalla se da, primero, porque ya se corrió la noticia de la muerte de Smaug (y si estan leyendo mi blog solo por saber quien mató a Smaug, se los digo de una vez, fue Bardo, con una flecha negra, durante la Batalla del Lago), y segundo, porque tanto elfos, orcos y hombres, ven una oportunidad para quedarse, o repartirse, el tesoro. La cuestión es de donde salen esos ejércitos. El libro la pone fácil, Thorin manda a llamar a sus primos de las Montañas Azules, mediante un zorzal, los orcos van con sus wargos, los elfos llegan a ver que pasa, y ya ni modo, ayudar a los hombres que sobrevivieron al ataque de Smaug, los hombres… ya estaban allí y quieren una compensación por los destrozos. Incluso Beorn le entra al jaleo, tan emocionado con la matanza orca, y las Águilas llegan al final para echarle una mano a Gandalf, un perfecto final en crescendo que recopila todos los escenarios y personajes importantes mencionados a través del libro.

Sin embargo, mientras que en el libro la Batalla pudiese tener una motivación en si misma, no puede desarrollarse con tanta ligereza en la trama más profunda con que se le dotó a la película. Si, es cierto, en “Cuentos Inconclusos” Tolkien explica que fue intención de Gandalf deshacerse de Smaug, y paralelalemente, luchar con la encarnación de Sauron que era el Nigromante, pero eso, y esto es un detalle muy importante, lo sabemos DESPUÉS. Lo pongo con mayúsculas porque los fans tienden a pensar que la obra de Tolkien es única y debe leerse en bloque, carente de discrepancias, cosa que no es así, porque la concepción de la Tierra Media duró décadas y muchas cosas cambiaron durante este larguísimo proceso. Tolkien modificó, como muchos ya saben, el Hobbit en una segunda edición para darle al Anillo la importancia que debió haber tenido si, desde el principio, estuviese seguro de que ése iba a ser el nexo con “El Señor de los Anillos”.

Regresando al punto, “La Desolación de Smaug” tiene dos finalidades prioritarias: establecer el escenario para la Batalla del Lago y la Batalla de los Cinco Ejércitos. Y ya que estoy hablando de Tauriel, seguiré con eso.

Thranduil, el rey elfo del bosque, no tiene porqué, ni ahora ni dentro de mil años, ayudar a los enanos. En el libro así se establece, pues los encarcela después de interrogarlos. Su sabiduría élfica le dice que nada bueno saldrá de esa empresa, y si bien no tiene datos concretos, tampoco confía en Thorin y Co. La ausencia de Gandalf no ayuda. ¿Porqué entonces, si el filme lo establece así, va a mandar a su ejército a luchar contra una horda de orcos? ¿ Porqué, si en una escena dice que cerrará las puertas y esperará cien años a que los enanos se pudran, en menos de un mes envía a sus elfos guerreros a la temida Desolación de Smaug? ¿Thranduil de verdad tendrá el corazón para ayudar a los humanos, cuando en varios parlamentos expresa su desdén por las otras razas y pueblos de la Tierra Media? Entonces, ¿la participación de los elfos en la Batalla de los Cinco Ejércitos es pura avaricia? Para complicar las cosas, se incluyó a Legolas en la trama, cosa que no es tan descabellada, en primera porque si el es príncipe del Reino del Bosque, tuvo que tener algo de participación activa en todos estos acontecimientos, descontando el hecho de que Tolkien haya inventado el personaje muchísimo después…

El detonador para la participación élfica tiene que manejarse, entonces, de manera muy sutil. Para eso, está Tauriel.

La existencia de la elfa silvana, una elfa de menor categoría, como amiga cercana de Legolas, lo hace diferir de la posición cerrada de su padre, pues ella tiene una visión más romántica de lo que se debe hacer contra los peligros que acechan al mundo. En el filme se vio que escapa del Reino del Bosque porque se preocupa por Kili, encontrándose con el amor del enano (al cual ella aún no ha correspondido) como recompensa a sus acciones. Si ella no hubiese escapado, es más, si no hubiese existido como personaje, Legolas no hubiese tenido motivos para desobedecer a su padre y así confrontarse con la amenaza orca en ciernes. Legolas puede darse cuenta de que encerrarse en las cuevas del Bosque Negro es lo más lejos a una solución al problema de los orcos, pues, como ya vimos (recuerden, en el filme), estos no son solo una pandilla de bandidos montañeses, descritos así en el libro, sino la espada y el músculo del Nigromante-Sauron. En el libro, las cosas se dan de una manera mucho más simple: lo enanos se presentan mojados y hambrientos directamente ante el gobernador de la Ciudad del Lago, quien estaba en una suntuosa cena, casualmente con dos emisarios elfos, quienes son los que van con la noticia a Thranduil.

Existen bastantes comentarios de que la creación de Tauriel es únicamente con fines de marketing, para añadir tensión romántica a la trama y que es innecesaria, ya que los motivos que expuse en el párrafo anterior bien pudieron llevarse a cabo con otro personaje preexistente. Es cierto, si. La inclusión de Arwen en “El Señor de los Anillos”, la aparición de Galadriel en “Un viaje inesperado” y en este caso Tauriel, fue para agregar elementos femeninos a una historia llena de elementos masculinos. Pero, insisto, no olviden lo dicho en el primer inciso de este artículo, la necesidad de adaptar las historias. No es lo mismo el público infantil de los años 30, a el público juvenil de 2014. No sería coherente contar una historia de la misma forma en que fue contada hace setenta años, pues la película no está dirigida exclusivamente a los lectores de Tolkien (aunque duela), sino también al resto de los mortales que no han tenido contacto con ninguna de sus obras. Si supieran con cuantas quejas de “no lectores de Tolkien” me he topado porque al ver “Un viaje inesperado”, decían “¿No había mujeres en la Tierra Media? ¡Machistas!” Si, uno nunca deja satisfecho a nadie… (Nota 1)

Afortunadamente, desde mi punto de vista, el personaje de Tauriel logra llegar a un equilibrio entre todos los elementos (los ligados al espíritu de Tolkien, lo meramente narrativos, incluso los comerciales) que agregan un nudo de interés extra a la película. Ah, y con respecto a su relación con Legolas… Yo veo una amistad muy profunda y una inquietud, recuerden que Legolas no confió en los enanos, normal porque es un príncipe, hasta mucho después, así que podría parecerle molesto que cualquier elfo le hable a cualquier enano. Curiosa habilidad de los guionistas, cada quien ve lo que quiere ver.

El equipo de Jackson ha querido dotar de los mismos valores morales a las películas de “El Hobbit”, a la semejanza de “El Señor de los Anillos”, a la vez de proporcionar complejidad a unos personajes que, a pesar de haber sido concebidos de manera sencilla, a modo de arquetipos,  son capaces de desarrollar, con un poco de ayuda de los guionistas, un fondo y un motivo profundos. Tauriel representa el sentido de heroísmo y pureza de sentimientos que tienen muchos personajes posteriores de Tolkien. Mata a las arañas porque se lo ha ordenado su rey, intenta salvar a Kili porque es lo correcto, porque ella sabe que los enanos, si bien han violado las leyes al excursionar sin permiso en el Bosque Negro, no son “malignos”. El acercamiento entre ella y Kili se basa en el sentido prístino de inocente justicia, entre un ser que solo conocía las rocas y se ha encontrado con el brillo de las estrellas, y una dama que ha descubierto, entre la maleza, el fulgor de una diamante…

Esta bien, me detendré ahí.

Thranduil y Legolas

V. El Anillo

Una de las partes en donde más se tomaron libertades, para unir las dos trilogías fílmicas, fue en el influjo de el Anillo sobre Bilbo. Para los que ya leyeron el texto (por favor, háganlo) podrán darse cuenta de que Bilbo usa y desusa el Anillo sin ningún tipo de consecuencia. Tolkien no tenía en ese momento idea de la importancia del Anillo en los acontecimientos futuros. Tiempo después, en los primeros capítulos de “La Comunidad del Anillo”, hace aparecer la sospecha y temor en Gandalf, plateando la relación de Sauron y el Anillo tal como la conocemos ahora.

Como expresé anteriormente, en el filme, el Anillo fue presentado desde un principio como un ente maléfico casi con voluntad propia. La lucha de Frodo por resistir al influjo del Anillo (y su fracaso, justo en el cráter del Monte del Destino) nos habla del terrible poder encerrado en ese objeto, un poder imposible de rechazar. Así las cosas, ¿como es que Bilbo puede, durante todo “El Hobbit”, quitárselo y ponérselo, aún cuando ya sabemos que Sauron es el Nigromante, que los Nazgul están recién resucitados? ¿El Anillo no trataría de regresar desesperadamente a su dueño, tal como lo hizo en la trilogía fílmica anterior?

Entonces ocurre lo interesante. Utilizando los recursos presentados en “El Señor de los Anillos”, vemos en Bilbo señales difusas del pérfido influjo del Anillo que convirtió a Smeágol en Gollum. Bilbo pudo entender el idioma de las arañas en el Bosque Negro al ponerse el Anillo (cosa correcta desde el sentido literario, porque Tolkien dijo que uno de los poderes del Único, era ser capaz de comprender el idioma de todos los seres malignos de la Tierra Media), y el ataque de ira que tuvo al perderle durante la lucha, que terminó cuando ensartó repetidamente al pálido crustáceo subterráneo, indica que su carácter, antes pacífico, ha empezado a cambiar. Ahora siente rabia, violencia, y una necesidad anormal de tener al Anillo en su poder. Smaug detecta que “algo” poderoso y mágico  vuelve a Bilbo invisible, algo hecho de oro, algo “precioso”…

El cómo Bilbo Bolsón resiste durante otros cincuenta años más ante el Único, es una pregunta que deberá responderse en la película siguiente.

Bardo

VI. El hombre del pescado envenenado.

Si, así es la introducción que le da Tolkien a Bardo, el Héroe de Esgaroth,  como alguien que… mejor se los transcribiré, es divertido.

– ¡Mirad!, – dijo uno – ¡Las luces! También ayer las vieron los centinelas: se encendieron y apagaron desde la medianoche hasta el el alba. Algo pasa allá arriba.

– Quizá el Rey bajo la Montaña esté forjando oro – dijo otro. – Ya hace tiempo que se fue hacia el norte (*). Es hora de que las canciones empiecen a ser ciertas otra vez.

– ¿Qué rey? – dijo otro con voz severa -. Lo más posible es que sea el fuego merodeador del dragón, el único Rey bajo la Montaña que hemos conocido.

– ¡Siempre estás anunciando cosas horribles! – dijeron los otros-. ¡Cualquier cosa, desde inundaciones hasta pescado envenenado! Piensa en algo alegre.

(…)

Una vez más hubo tremendo entusiasmo y excitación en toda la ciudad. Pero el individuo de la voz severa corrió a toda prisa hasta el gobernador. – ¡O yo soy tonto, o el dragón se está acercando! – gritó -. ¡Cortad los puentes! ¡A las armas! ¡A las armas!

(…) Nadie se había atrevido a enfrentarlo desde mucho tiempo atrás, ni se habrían atrevido entonces si el hombre de la voz severa (Bardo se llamaba) no hubiera corrido de aquí para acá, animando a los arqueros y pidiendo al gobernador que les ordenase luchar hasta la última flecha.

(*) Dice refiriéndose a Thorin, pues ya habían pasado varias semanas desde su partida de Esgaroth. 

Bardo es el arquetipo de héroe que no necesita preámbulos. Pudo haber sido así también en la película, pero ¡hey! es uno de los personajes principales durante la Batalla de los Cinco Ejércitos, estuvo en el consejo negociador con los enanos, Gandalf y Bilbo y llegó a compartir campamento con Thranduil, así que al menos merece un poco más de historia previa. Presentarlo como una especie de “héroe del pueblo”, preocupado por la miseria de Esgaroth, padre viudo, blanco de las maquinaciones de un gobernador corrupto, aunque pareciese totalmente fuera de lugar, no lo es, porque son las conclusiones a las que uno llega cuando se entera del desenlace de la Batalla del Lago, y todo lo que hizo Bardo por mejorar la vida de su pueblo, quien, en ese momento, al calor del dragón muerto y la excitación de haber sobrevivido, lo aclama como rey. Y si, lo fue, y nos consta que si tuvo hijos, por que en “El Señor de los Anillos” se hace referencia a una valiente raza de hombres llamada los Bárdidos.

Thranduil

VII. Me hubiese gustado robarme algo del set

Solo será un comentario breve, porque en serio que me molesta cuando algún imbécil pone criticas corrosivas contra películas solo porque no le gustó tal o cual detalle. Como dije, unos atacan la cinta por la aparición de Tauriel, otros chiquillos pusieron comentarios en YouTube del tipo “esta película es una copia de Warcraft”, ¡por las barbas de Gandalf!

Una noche me propuse ver todos los puntos débiles de “La Desolación de Smaug”, como el exceso de subtramas, la extensión aparentemente innecesaria, escenas de batalla largas, su carencia de nominaciones a premios cinematográficos (aunque, admítanlo, ganar un Oscar o una Palma de Oro en la actualidad es más un ejercicio de mercadotecnia) y ponerme atenta a errores de continuidad, mientras ponía la película por quinta o sexta vez en mi DVD. Entonces otras cosas aparecieron ante mis ojos.

Supongo que han visto series de televisión, o películas románticas, en las cuales los escenarios son la calle real o un departamento. Vemos el comedor, y una cocina común y corriente. O la entrada de un café. Ponerlo en pantalla puede ser costoso, cierto, pero fácil, pues solo tienes que ir a una tienda departamental y pedir prestados un sofá, cama, ropero, escritorio, etc, etc.

¿Se han puesto a pensar el trabajo de amueblar y decorar el estudio del Gobernador, que sale solo una sola escena en “La Desolación de Smaug”? ¡Todos esos libros y papeles! ¡Lucen viejos y polvosos! Los tapetes, húmedos, pesados, olorosos. Y hablo no de cosas que se hacen por computadora, hablo de las cosas que traen puestas, como las espadas, las botas, la ropa, los caballos, todos los enseres de cocina que tiran durante la pelea de Tauriel y Legolas en la casa de Bardo, las plantas, hasta los cerdos. Si logran ver con calma los Apéndices de las versiones extendidas de “El Señor de los Anillos” se darán cuenta que esa cantidad abismal de trabajo solo puede ser hecha por personas que aman el cine, tanto como aman el mundo de Tolkien. Ah, y si alguien dice “todo lo que mencionas ya lo hemos visto en las películas de “El Señor de los Anillos” así que solo nos están dando más de lo mismo”, yo respondería: “¿Acaso no seguimos estando en la Tierra Media?”

Podría parecer insulso, pero me niego a poner irresponsablemente el mote de “mala película” a un filme en donde se puede ver el detalle y calidad en todo lo que va a salir a la pantalla. En donde para hacer solo una escena en donde un enano se levanta tarde y sale corriendo de debajo de la mesa, puede verse toda la riqueza en platos, copas (me encantaron las copas), botellas, manteles, sillas, cortinas….

Hay una cosa que de plano daría un ojo por tener, y es la vajilla de Elrond.

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VIII. “No narras la toma de Isengard en retrospectiva”

No, no lo haces, si lo ves desde la perspectiva de un escritor moderno que sigue el modelo narrativo de tiempo presente y en primera persona, con el recurso ocasional de flashbacks. Pero si tu inspiración son los poemas épicos medievales, en donde el protagonista cuenta una historia dentro de otra historia, es normal poner a tus tres personajes alrededor de una fogata donde cada quien narrará una historia, porque la imagen que quieres lograr es precisamente eso, un grupo de hombres, enanos y hobbits contando los avances de la Guerra del Anillo, mientras descansan de la última batalla. Lo menciono, porque Tolkien utiliza recursos y giros que al publico moderno pudiesen parecerle incomprensibles (Nota 2) y fuera de contexto, como la muerte de Thorin.

Me parece un poco ilógico que alteren ese final en los filmes. Se ha estado manejando como el ascenso y descenso en espiral del personaje de Thorin, hasta llegar a lo mas bajo que sería la codicia. Pero, en el libro, eso se redime con su muerte en la batalla. Sospecho (y es lo que me dice mi palantir, aunque recuerden que luego enseñan cosas que no son totalmente ciertas) que, ya que en la primera película se instauró la amistad entre Thorin y Bilbo, y en la segunda se empieza a manifestar ya el quiebre de la relación, en la tercera se verá lo más álgido, la enemistad entre ambos personajes, hasta finalizar el círculo, su reconciliación. Quizás manejen a Thorin salvándole la vida a Bilbo, o sacrificándose por él, lo que lo curaría de la enfermedad del dragón (la codicia) y sellaría para siempre la unión entre ambos.

En resumen, a pesar de las adiciones y ampliaciones a la historia original de “El Hobbit”, Jackson y su equipo se han mantenido lo mas fieles posible al espiritu de la novela, ya que no se han alterado puntos cruciales de la narrativa. Incluso la pirotécnica lucha de Thorin y los enanos contra Smaug, aparte de darles un papel mas activo en la conquista de la montaña (en el libro los enanos nisiquiera veían a Smaug), ya se podía preveer, siguiendo el argumento fílmico. ¿El gran Thorin solo se sentaría a esperar a que alguien matase a Smaug? Sin embargo, esta gran batalla fallida se puede resumir en una frase que suena muy parecida a las que Tolkien diría: no puedes matar a un dragón con oro.

Hay una moraleja allí, pero dejaré que ustedes la descubran.

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IX. Final

Como espectadores, ver películas es un acto de fe. Depositar nuestras esperanzas en que el equipo cinematográfico cumpla con las expectativas. Cuando esto no ocurre, nos sentimos engañados y defraudados. Se que “La Desolación de Smaug” dejó insatisfecha a muchísimas personas, mi intención no es convencerlas de que la película es buena o mala. Hay gente a quien le gusta el chocolate y hay gente a la que no. Hay quienes dicen “ya pasé por la por mi etapa Tolkien y ya no me interesa saber de elfos y hobbits” o “Peter Jackson tomó la historia y la revolvió e inventó cosas que ni al caso”. Opiniones respetables, todas.

Si escribí esto, es porque, para mi, “La Desolación de Smaug” es el preámbulo de algo mucho más grande, tres batallas épicas nos esperan, más épicas incluso que las ocurridas en “El Señor de los Anillos”, la Batalla de los Cinco Ejércitos, en donde elfos, humanos, orcos, wargos y águilas luchan por igual (Nota 3), la Batalla del Lago, donde se lucha contra un dragón, y sin olvidar la lucha en Dol Guldur contra Sauron (recuerden lo último que dijo Gandalf a Radagast “llama a Lady Galadriel”). Y aún si no fuera preámbulo, contiene muchos elementos de calidad, que la elevan, por mucho, del stándard de películas ordinarias.

Y ya dejen de echarle la culpa a Peter Jackson. Cierto que es el director, pero detrás de él ha de existir un ejército de ejecutivos y productores aterrorizándolo para que la película resulte rentable y un éxito comercial. Como lo expresó Jack Snyder mientras hablaba con Frank Miller sobre “300”…

Snyder: (hacia Miller) Como escritor, el no tiene mucho problema. En cambio yo, tengo que lidiar con los de producción y soportar comentarios del tipo “hemos estado platicando los ejecutivos y creemos que quizás presentar 300 espartanos no sea lo ideal para el mercado. ¿Que opinas si en lugar de eso presentamos 300…?

Miller: ¿Perros pomeranios?

Snyder: Si, 300 perros pomeranios…

Miller: ¿Y como piensas hacer Watchmen?

Snyder: (mirando a la cámara con una franca sorpresa) Con mucho cuidado.

Y cierro así diciendo que lo que parecían ideas descabelladas, no lo son tanto, porque no es oro todo lo que reluce, y no todo vagabundo esta perdido…

Primera página LOR

Nota 1: Copio un comentario de un admirador anónimo, del sitio http://lotrconfessions.tumblr.com/ quien, para variar, quedó encantado con Tauriel:

“Tauriel is based off the many female Mirkwood guards who were nameless in the book. She is used to the reference the elves’ love for starlight which for the Avari is especially true because they love the stars of Middle-earth so much that they never experienced the light is Valinor in the First Age, which distinguishes them from Legolas & Thranduil. She is a terrific homage to Tolkien’s work. Well done, Peter.”

Nota 2: Hay varios debates curiosos acerca de las cosas que escribió o no escribió Tolkien, como el hecho de no mencionar niños elfos o mujeres orcas en sus obras. El escaso número de personajes femeninos es también otro detalle que se presta a muchas interpretaciones. Considero en que esto se debió a su fuente primaria de inspiración, la literatura medieval, donde las mujeres tenían un rol mas pasivo. Sin embargo, el hacía referencia a “el Árbol de las Historias”, en donde cual de una rama o raíz, pudiesen salir varias hojas, dando pie a que a partir de su historia, nosotros, generaciones futuras, pudiésemos crear más historias (o películas).

Nota 3: La inclusión de los elfos en la batalla de el Abismo de Helm, también fue una especie de homenaje por parte de Jackson a las grandes batallas de la Primera Edad de la Tierra Media. Los que leemos los libros pudimos imaginarlas, pero para el público que para entonces no conocía la historia élfica, pudiese parecerle extraño el porqué Elrond o Galadriel no participaban en las guerras de los hombres. Y después de conocer los pueblos elfos, resulta una agradable sorpresa verlos en batalla. 

 

J.R.R Tolkien y C.S. Lewis

wpid-c3808922ce34a947b02975352a9a3c49.jpgGandalf y Aslan

O de porqué prefiero vivir en Rivendel que en Cair Paravel.

1. Introducción.

J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis son dos visiones de literatura fantástica que parecen ser similares, sin embargo, poseen características completamente distintas.

El inicio de la amistad de ambos autores se encuentra en las reuniones literarias de los Inklings y Coalbiters, en la Inglaterra de 1940, donde alumnos y catedráticos de Oxford se reunían para leerse entre sí obras literarias de su propia autoría, todos inéditos. Entonces, llegó la Gran Guerra, las reuniones se suspendieron, pues, como Tolkien dijo, “ya no era tiempo de ponerse a pensar.”

Las comparaciones entre “Las Crónicas de Narnia” y “El Hobbit”, incluyendo a “El Señor de los Anillos” se dan en base a su popularidad y temática parecida. Podría decirse que quien debería llevar la ventaja es Lewis, ya que él era escritor y ha publicado mucho más material que Tolkien, que era lingüista, pero la riqueza encontrada en “El Señor de los Anillos” no tiene únicamente origen en la forma y fondo de la obra literaria, si no en una percepción del mundo (y del proceso de crear) profundamente más amplia.

Las Crónicas de Narnia fueron escritas entre 1939  y 1956, publicadas originalmente por la editorial Harper Collins. Consta de siete libros que son:

  1.  El sobrino del mago
  2. El león, la bruja y el ropero
  3. El muchacho y el caballo
  4. El príncipe Caspian
  5. La travesía del viajero del alba
  6. La silla de plata
  7. La última batalla

Todos los libros son dedicados a un público infantil, y las aventuras giran alrededor del león Aslan y varios niños que se involucran en diversas peripecias, teniendo como lugar común Narnia, un reino del tipo medieval clásico, y su ciudad enemiga – que Lewis nunca explica bien de donde salió – Calormen . Intervienen una Bruja Blanca y varios villanos por ahí, siempre con características opuestas a los héroes de Narnia.

De “El Hobbit”, solo diré aquí que fue publicado por la editorial George Allen & Unwin en el año de 1937 (Nota 1), y su continuación, El Señor de los Anillos, fue escrito en un largo período que se estima desde 1937 hasta 1949, durante la Gran Guerra. Fue publicado finalmente entre 1954 y 1955, en forma de trilogía, siendo la primera en imprimirse, “La Comunidad del Anillo”.

Debemos hacer nuestra primera observación aquí. Mientras “Las Crónicas de Narnia” permanecen sin cambios como narrativa infantil, de las obras sobre la Tierra Media de Tolkien, solo “El Hobbit” puede encajar en ese género. “El Señor de los Anillos” es a menudo catalogado como “fantasía juvenil”, pero solo por el tema, ya que aún existe el falso supuesto de que ningún adulto en sus cabales se entretendría leyendo sobre dragones, balrogs, elfos y anillos de poder.

tolkien y lewis             C.S Lewis y J.R.R. Tolkien

2. Mitopoieia

Mitopoieia es un poema de J. R. R. Tolkien, escrito allá por 1931. En la introducción de Christopher Tolkien menciona que su padre escribió una carta a “un hombre que describía mitos y cuentos de hadas como “mentiras” aunque, haciéndole justicia, llamaba amable y confusamente a los cuentos de hadas, “una mentira dicha a través de plata”. Ese hombre se trata de C.S. Lewis. Aunque al principio el encabezado del poema decía “De J.R.R.T a C.S.L.”, fue sustituido por “De Filomito a Misomito”. “Filomito” es Tolkien, aquel que “ama los mitos” y “Misomito” es Lewis, aquel que los detesta.

El poema en si es algo irregular en su métrica y cadencia, y trata de una defensa del poder creador del hombre, en referencia a la fantasía y a la “Subcreación”, englobada dentro de la suprema Creación Divina, atacando de paso la visión materialista y racionalista, que desdeña lo fantástico, por considerarlo inútil.

En otras palabras, Lewis asume que las narraciones fantásticas son irreales en su totalidad, que son solo “mentiras y por lo tanto sin valor, aun cuando son dichos a través de plata”. Lewis no le da ese sentido de profundidad y seriedad que los mitos encierran, los ve solo como cuentos cuyo posible y único valor sea la hermosura de sus imágenes y prosa.

En cambio, Tolkien dice que los mitos son más que narraciones, son creaciones que funcionan como mundos alternos e independientes, valiosos porque son muestra del poder del hombre para construir, aun solo con ideas, mundos y seres asombrosos y profundos.

Eso explica, en parte, una de las diferencias fundamentales entre Narnia y la Tierra Media. Narnia fue creada para ser hermosa y enseñar moralejas, y la Tierra Media fue construida como una Tierra real, desde las raíces de las montañas, hasta el nombre de las estrellas.

narniaAslan en Narnia

3. Acerca del estilo

Revisando  “El Hobbit” con algún título de la serie “Crónicas de Narnia”, dos libros infantiles según sus propios autores, la diferencia de estilo es notable. Leamos dos párrafos tomados al azar:

“Entretanto, la chicas ayudaron a la señora Castor a llenar la tetera, a poner la mesa, a cortar el pan, a colocar los platos en el horno para calentarlos, a llenar una enorme jarra de cerveza para el señor Castor de un barril situado en una esquina de la casa, a poner la sartén en el fuego y a calentar la grasa. Lucy dijo que los castores poseían una casita muy confortable aunque no se parecía en nada a la cueva del señor Tumnus. No había libros ni cuadros, y en lugar de camas había literas, igual que a bordo de un barco, empotradas en la pared. Y había jamones y ristras de cebollas colgando del techo, y apoyados en las paredes había botas de goma, impermeables, hachas pequeñas, pares de tijeras grandes, palas, paletas, cosas para transportar argamasa, redes de pesca y sacos. Y el mantel de la mesa, aunque muy limpio, era muy tosco.

                                                                                Las Crónicas de Narnia: El león la bruja y el armario.

 

“Mientras cantaban, el hobbit sintió dentro de él el amor de las cosas hermosas hechas con ingenio y magia, un amor fiero y celoso, el deseo de los corazones de los enanos. Entonces algo de los Tuk renació en él: deseó salir y ver las montañas enormes, y oír los pinos y las cascadas y explorar las cavernas y llevar una espada en lugar de un bastón. Miró por la ventana. Las estrellas asomaban fuera, en el cielo oscuro, sobre los árboles. Pensó en las joyas de los enanos que brillaban en las cavernas tenebrosas. De repente, en el bosque de más allá de Delagua se alzó un fuego –quizá alguien encendía una hoguera – y pensó en dragones devastadores que invadían la pacífica Colina envolviendo todo en llamas. Se estremeció; y enseguida volvió a ser el sencillo señor Bolsón, de Bolsón Cerrado, Sotomonte otra vez.”

El Hobbit

 

En lo personal, me parece que Lewis está contando una hermosa historia a un niño de una forma tan sencilla y clara para que éste pueda entenderla. Tolkien relata una hermosa historia también, pero no la reduce ni la simplifica, sino que únicamente la hace entretenida, pues parece pensar “quizás ahora no lo entiendas, pero algún día lo harás”. (Nota 2)

Ésta es la clave de algo que alarga y engrandece la obra de Tolkien, la relectura. Un niño que lee a Narnia la descubre de inmediato, ya no hay más que contar, y si vuelve a releer el libro, descubre las analogías y los  mensajes éticos que quizás ya descubrió desde el principio, pues Lewis no hace mucho esfuerzo en disimularlas. Un niño que lee “El Hobbit” volverá a releerlo mucho tiempo después, y a pesar de conocer la historia, puede encontrarse con un mensaje oculto que no fue capaz, por la edad, de percibirlo en el primer encuentro, como una moraleja, algún detalle curioso, o revisualizar las cuevas, una casa o un paisaje. Cuando acabe, la entenderá más, y probablemente tenga ganas de otra relectura, en busca de algo que haya sido pasado por alto. (Nota 3)

Mientras Narnia queda estática en la eternidad fantástica, la Comarca crece y decrece, tanto en las palabras de Tolkien como en nuestras propias mentes.

wpid-cc34c3d4c4c7853f92807ecc2083a75d.jpg          Segundo desayuno con los trolls

3. Seres y criaturas

Lewis y Tolkien compartían un gusto por la mitología nórdica. Leían los Eddas por afición en reuniones previas a los Inklings. El detalle que intento exponer – si es que lo consigo – es como ese conocimiento y afición de los mismo temas puede ser enfocado de formas opuestas.

Al leer “Las Crónicas de Narnia”, el primer sentimiento en aflorar fue la confusión del revoltijo. Duendes, enanos, sátiros, faunos, sirenas y para rematar, un bulldog que habla. ¿Qué hace una ninfa griega con un enano escandinavo? Desconfío de los faunos (seres algo pervertidos y con afición al vino), pero al parecer el señor Tumnus era bastante decente.  La génesis de estos seres, y de Narnia misma, se relata como una alegre explosión de vida y alegría, que puebla en instantes el mundo  mágico de la imaginación. En pocas palabras, Lewis adorna su mundo con seres fantásticos, sin profundizar mucho de donde salieron. Por carecer de historia previa, o explicación, por muy simple que fuese, toda esta variedad de seres se reduce a una colección de diferentes personajes usando diferentes vestuarios, descritos de forma superficial, solo de adorno. Tenemos sirenas porque ¿qué  mar estaría completo sin sirenas? Hay gigantes, a todos nos impresionan los gigantes, y claro, enanos. Hasta en “Blancanieves” hay enanos. Lewis tiene una predilección por el bestiario griego (un minotauro, faunos y el mismo dios Pan), y la marcada presencia de mundo animal, quizás como representación del Jardín del Edén, donde hombres y animales convivían en armonía antes del pecado original. Pues eso es Narnia, un lugar paradisíaco, donde se privilegia el valor y la inocencia, donde no existen guerras  y dolor, y “en varios siglos lo único que se recordó fue  la fastuosidad de un banquete” (“Las crónicas de Narnia: La última batalla”).

Así, entre ser un ratón espadachín, un gato parlante, un gigante medianamente inteligente o un centauro, no hay mucha diferencia, porque lo importante son las valores humanos que presentan – llámese valentía, coraje, entusiasmo…-, es decir, todos los personajes son básicamente personas en distintos tamaños, colores de piel y cantidad de cabello.

En Tolkien lo que sobran son las historias y las explicaciones.” El Silmarillion”, un conjunto de relatos, algunos inconclusos , otros sin pulir, nos relata el origen y genealogía de los elfos, la creación de la Tierra Media, el papel del Hombre, los grandes Reinos de antaño, y, por si fuera poco, en los Apéndices de “El Señor de los Anillos”, se amplían estas explicaciones a niveles que rayan en lo absurdo.  ¿Sabían porqué se le llama así al Día de Durin? ¿Cómo se llama el hijo de Aragorn y Arwen? ¿El tipo de calendario que usan en la Comarca? Lean los “Apéndices”. Christopher Tolkien, menciona en el prólogo a su edición a “Los Hijos de Húrin” que la intención de su padre era recrear la historia literaria de un pueblo, que narraría los orígenes mitológicos de la Tierra Media (Nota 4). Suena complicado. Lo es, y como no tienen idea. La vida de Tolkien no alcanzó para lograrlo. Pero alégrense, estuvo muy cerca.  Dejo suficientes migajas en el camino para que pudiéramos seguirlo, y suficientes explicaciones  para comprobar que los seres fantásticos que habitan la Tierra Media tienen una razón de existencia que va más allá de la ocurrencia estética.

Mientras que en Narnia, los seres fantásticos son representaciones de facetas humanas, en la Tierra Media los hobbits, enanos, elfos y demás, al tener sus orígenes independientes y perfectamente delimitados, desarrollan su propia sensibilidad y pensamiento, ajeno al humano. Por tal razón, la convivencia idílica entre seres y bestias al estilo narniano es muy difícil. Los elfos tienden a minimizar al hombre por sus cortas vidas y propensión a la arrogancia, y ven con recelo a los enanos por su afición a los metales preciosos. Los hombres, a su vez, piensan que los elfos son misteriosos y no de mucho fiar (sean sinceros, si alguien se les presenta diciendo, “he vivido más de tres mil años y continuaré viviendo cuando tu civilización no sea más que moho” ¿se sentirían cómodos?). Los enanos ni se fijan en los hombres, y de los elfos, opinan que son unos pusilánimes y deberían incluir más carne en su dieta.

Cerrando este punto, lo que diferencia al hobbit del enano, no es la ausencia de barbas o el gusto por los dobles desayunos. En la Tierra Media, pertenecer a una raza, es tener dentro de ti la memoria histórica de tu pueblo, sus poemas, batallas y derrotas. Es más que tener las orejas puntiagudas y que la edad se te note en la mirada. Es mucho más.

vitral silmarillionLos Ainur

3. Cristianismo

A riesgo de enfadar a mis camaradas fervientemente ateos, debo señalar que tanto Lewis como Tolkien, sostienen una clara influencia de pensamientos cristianos en sus obras. Leí una vez una reseña en una revista de cine, donde clamaban “Tolkien, ¿una lectura cristiana? (o algo así, mi memoria es extraña.) Pero, si, es cierto, “El Hobbit” y “El Señor de los Anillos” pueden leerse bajo una perspectiva meramente cristiana. Esta perspectiva es mucho más clara con “Las Crónicas de Narnia”.

C. S. Lewis utilizó la imagen de Aslan, el león, como una representación de Jesús. Su muerte  como sacrificio para salvar al “pecador” Edmund, su resurrección, las dos niñas en su papel de Magdalena y María, la mención de su Padre, un poder más allá de los poderes. No se necesita ser muy observador para encontrar en todas las historias algo que vuelva a Aslan en un símil del Nazareno. La cosa no para ahí. En “La Travesía del Viajero del Alba” se presenta con detalles  al niño Eustace Scrubb, totalmente opuesto a Edmund y a Lucy, pues al parecer es un niño moderno, quejoso y una molestia andante. El mensaje aquí parece ser que la fe salvará a todos, incluso a los más incrédulos. No contento con eso, Lewis hace que la acérrima enemiga de Narnia sea  Calormen, un país árabe, con turbantes, harems, arena y una ciudad tipo Babilonia, incluyendo un dios profano y herético, para acabarla. Terminan “Las Crónicas de Narnia” con el tema de la idolatría y las religiones corruptas, donde la fe verdadera libera a este mundo para siempre del mal y lo lleva a un estado filosófico de felicidad infinita. Aslan es entonces la representación de la bondad divina, el creador y vigilante del mundo, un ser sin tacha y sin tiempo.

Tolkien también tiene un Dios Creador. Erü o Ilúvatar. Todopoderoso, que diseñó a los Ainur, seres divinos y también dotados de magia creadora. Pero si Lewis quiso iniciar su historia llevándonos directamente a la fe cristiana, Tolkien está más interesado en crear una mitología más parecida a la nórdica. Los Ainur – quienes nunca se proclamaron dioses, pues todos respetan al Creador, Ilúvatar – llenan a la Tierra Media de vida y, después, se retiran a la inaccesible para los mortales, isla de Valinor – ¿una forma de representar el abandono de las mitologías activas con cultos establecidos, a una mitología de leyendas, casi literaria? –  dejando solo a Melkor, el maligno. La Tierra Media esta apartada ya de las intervenciones divinas o místicas. Dios y su corte se han retirado a un plano de pacientes observadores, esperando el momento en que la última vida del hombre se apague y todos vuelvan a reunirse bajo el trono de Ilúvatar. (Nota 5)

¿Entonces, donde colocamos la perspectiva cristiana? Tolkien la coloca no en los personajes o en las situaciones, sino en los valores, esos valores cristianos que usualmente se pierden por la carcasa oxidada del dogma y los artilugios religiosos. El autosacrificio, la amistad, la nobleza, la honestidad, el valor, la justicia, la resignación y la esperanza son todos esos mensajes que Jesús trató de decirnos. “Bienaventurados los débiles, pues de ellos será el Reino de los Cielos” ¿Quiénes son los débiles? Los hobbits. El sacrificio de la vida propia, como Jesús lo hizo en la cruz, premiado con la resurrección, es el sacrificio de Frodo al llevar una carga tan pesada, y casi morir al tratar de destruirla, teniendo como recompensa un futuro pasaje en el último navío élfico a las tierras de los Ainur.

Por supuesto que mi interpretación puede ser controversial, pero lo cierto es que Tolkien era un hombre de fe, y con esa fe, alimentó a sus personajes. Repito, en “El Hobbit” y en “El Señor de los Anillos” no se encuentran analogías ni moralejas, sino valores. Siempre es más fácil matar de dar vida, herir que curar, odiar que amar. Estoy segura que Jesús habría dicho algo parecido en alguno de sus sermones.

Debió haberlo hecho.

wpid-da5e8a279700a07292598585b337766c.jpgLos guerreros de Fantasía

4. Final

C. S. Lewis mantuvo sus “Crónicas de Narnia”  a un nivel alcanzable al público infantil. Desde el primer hasta el último libro, por esta razón evitó historias demasiado complejas.  Su meta, a mi entender, era hacer libros para niños que les resultaran entretenidos, bien narrados y con mensajes de valores y moral. Hay muchos ejemplos en donde se premia al inocente y valeroso, y se castiga al malo y al traicionero. Con toques de filosofía platónica, Narnia es un mundo etéreo, que se repliega en sí mismo, formando una espiral interminable – porque Narnia está hecha de ideas, y las ideas son perfectas y las ideas no se miden bajo los cánones de la materia, como tiempo o espacio.

J. R. R Tolkien, por otro lado, quiere contar una historia. Una historia desde el Génesis hasta donde sea posible narrar, en un afán literario lingüístico, como prueba de que cada una de las palabras que usamos tiene raíces, y al igual que los árboles, crecen, dan ramas, hojas, frutos y se marchitan. Lo curioso es que en la Tierra Media, como en el mundo real, las lecciones de vida no se encuentran en moralejas o proverbios. Para aprender de la vida, hay que aventurarse en ella.

A veces los lectores adultos nos pasamos de exigentes. Estudiamos las lecturas con la lupa de nuestra cultura y gustos previos (Nota 6). Sin embargo, no olviden que son historias para niños, y ellos son quienes deben juzgarlos y disfrutarlos.  Algunos elegirán entrar a través de un ropero o tocar una puerta redonda y verde. No podremos saberlo hasta dejarlos partir al interior de esos hermosos mundos.

La misión de nosotros, lo adultos, es incitarlos a tomar el camino por su propia cuenta.

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Notas.

Nota 1. Lo quiero mencionar porque es un ejemplo de la formalidad inglesa. Stanley Unwin, presidente de la editorial, sabía que El Hobbit era un libro para niños, así que se lo dio a leer a su hijo de diez años, Rayner. El niño cumplió su trabajo, leyó el libro y  entregó la cuartilla formalmente  firmada. El pequeño asistente editorial dio el visto bueno a la obra, y por lo tanto, “El Hobbit” fue publicado.

Esta fue la reseña del pequeño crítico:

Bilbo Bolsón era un hobbit que vivía en su cueva de hobbit y nunca salía en busca de aventuras, hasta que el mago Gandalf y sus enanos le convencieron de que fuese. Pasó momentos emocionantes luchando contra trasgos y wargos. Por fin llega a la montaña solitaria. Smaug, el dragón que la custodia, muere, y después de una batalla con los trasgos, el hobbit vuelve a su casa ¡rico! Este libro, que tiene mapas, no necesita ilustraciones, es bueno y debería gustar a todos los chicos entre 5 y 9 años.

Informe de Rayner Unwin sobre El hobbit.”

 

Nota 2: Dijo Tolkien en su ensayo “Sobre los cuentos de hadas”:

“De todas formas, siempre es preferible que algunas cosas que lean, en particular los cuentos de hadas, sobrepasen su capacidad y no se les queden cortos. Los libros, como la ropa, no deben estorbar el crecimiento; los libros deben, cuando menos, alentarlo.”

Nota 3: A mí me pasó con el nombre “Beorn”. Incluso después de mi época maniática en el asilo Arkham, donde dormía abrazada con mi  ejemplar de “El Hobbit”, ilustrado por Alan Lee, redescubrí, en el ensayo de Tolkien, “Beowulf, los monstruos y los críticos” que el nombre “Beorn” es en efecto una palabra de inglés antiguo, que tiene varios significados que incluyen “hombre” y “oso”. La palabra evolucionó de ser un “oso” a “hombre grande y poderoso”. Por lo tanto, el personaje “Beorn” incluye todo las acepciones y características posibles de dicha palabra. El nombre no es gratuito, inventado, tiene un significado muy antiguo, tomado y reutilizado de una forma que le regresa su valor genuino, un hombre que es un oso, o un hombre que parece un oso.

Nota 4. Hay una línea muy fina que divide la historia, la narrativa y la literatura de ficción. Algunos pueblos han desarrollado obras en donde se mezclan estos tres aspectos, por ejemplo, “La Ilíada” para la Grecia Antigua, en un ámbito más cercano encontramos “Beowulf”, “El Cantar del Mío Cid” y “El Cantar de los Nibelungos”, para los pueblos anglosajones, españoles y alemanes, respectivamente. La intención de Tolkien era crear tres obras separadas, “El Silmarillion” “La Balada de Beren y Lúthien” y “Los Hijos de Húrin”, las cuales al ser leídas individualmente, emularan las grandes narraciones en verso épico de la literatura medieval. Pero, al ser leídas en conjunto, pudiesen delinear la historia de la Tierra Media, así como nosotros podemos, no sin mucha controversia, delinear la historia del pueblo de Israel al leer ciertos textos de la Biblia.

Nota 5. Lo admito, al momento de escribirlo, me percaté de que di una explicación ofensivamente sencilla de los eventos ocurridos en el Silmarillion, pero mi intención es solamente exponer a grandes pinceladas el planteamiento del concepto de divinidad de Tolkien. Les recomiendo su lectura, y que saquen apuntes mientras lo hagan, porque pueden perderse adentro.

Nota 6. Estaba yo curioseando algunos libros de un pariente cuando llegó a mis manos un ejemplar modesto de “Alicia en el País de las Maravillas” y no dudé en pedírselo prestado por un corto tiempo, ya que él tiene hijos pequeños a quienes podrían interesarle el cuento. El me lo regaló de inmediato, diciendo que no soportaba leerlo por sus “obvias insinuaciones pedofílicas”. Si las tendrá o no, me considero incapaz de asegurarlo, pero lo que sí sé es que a los niños les gusta leerlo, se divierten imaginando al conejo blanco y los sufrimientos del lagartijo Bill. Es uno de los pocos libros que les he leído de cabo a rabo. Seguramente no captarán a la primera las implicaciones matemáticas incrustadas en la historia, pero eso es una broma secundaria a los adultos que leen el libro. Lo importante es que Alicia, aún después de todos estos años, es capaz de mantenerse activa y traviesa en su imaginación.

 

De J. R. R. Tolkien

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Tolkien y su esposa, los verdaderos Beren y Lúthien.

¿Por qué motivo, la obra de J. R. R. Tolkien causa tales niveles de devoción y culto, más allá de la parafernalia fílmica y la mercadotecnia adyacente? Existen, desde ya hace años, grupos de estudio de las lenguas élficas, pintores dedicados a ilustrar la Tierra Media, revisionistas de sus obras, y curiosos que memorizan y analizan los mas minúsculos aspectos de su obra. A veces imagino la expectación de Christopher Tolkien al entrar a la habitación donde guarda todos esos papeles, notas, apuntes y trabajos a medio concluir.

Pero, ¿es realmente digno de tanta admiración? Y si fuese así, ¿Cuál es la causa? ¿Qué es aquello que encontramos en Tolkien, que, por ejemplo, no lo tiene C.S. Lewis, escritor contemporáneo suyo? La respuesta es simple y complicada a la vez. Se trata de la Magia. Si, magia, pero no la magia de “hocus pocus” o el moderno “Avada Kedabra”. No la magia de transformar príncipes en sapos o la magia de países imposibles con personas inimaginables. La magia de Tolkien, así como él mismo lo expresó, en su ensayo “Sobre los cuentos de hadas”, es la magia de la Subcreación.

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Hagamos un paréntesis. La creación fantástica literaria, antes de Tolkien, no tomaba en serio a la magia. Bajo la visión de la Ilustración y el cientificismo del siglo XIX, el concepto de “magia” se unió al concepto “cuentos de hadas”. Y los cuentos de hadas, antiguas leyendas y mitologías paganas, se destinaron a los niños, quienes, crédulos, podían aún creer en fantasías y encantamientos. Esta visión denigrante de los adultos hacia la magia la explora Tolkien en su cuento “El herrero de Wotton Mayor”, donde el antagonista decora un pastel con hadas de azúcar, “porque esas cosas son las que les gustan a los niños”. Grimm, Perrault y Collodi, citando a algunos, si bien mencionaron a la magia, solo era con un sentido práctico o alegórico. No les interesaba mucho (ya que ese no era el fin de sus cuentos) averiguar cómo funcionaba la magia, o de donde se originaba. La calabaza se transforma en un carruaje “por arte de magia”. Fin de la explicación. Tanto es así que el verdadero propósito de los cuentos de hadas es proporcionar una especie de moraleja subliminal para los niños. Bruno Bettlelheim, en su libro “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” se hace un estudio de las características de dichos cuentos, vistos como una manera de que el niño madure y evolucione a un adulto completo y funcional. Las hadas, los gnomos y los ogros de estos cuentos son simples accesorios, simbolismos o adornos folklóricos. Esas creaciones, si bien hermosas, se sienten acartonadas. Como el brillante escenario de una gran ópera. Pero todos sabemos, y los niños mejor que nadie, que esa fortaleza de papel, caerá al menor empujón.

Los relatos de Tolkien tienen mejores cimientos. Aparte de su prosa – clara, concisa, sin abusar del retruécano o el adjetivo inútil – la Tierra Media fue creada, en su mente y en el papel, como una Tierra Real completa, mediante la Subcreación.

¿Y, que es la Subcreación? Es el acto de crear, a manera de como Dios lo hizo alguna vez, vida y esencia. Dios es el único que puede crear con materia. El hombre solo puede crear con palabras. Pero Tolkien respeta el poder de las palabras. Si las palabras son (o fueron) conceptos, y dichos conceptos son imágenes en nuestra mente, al escribir:

“ Un níveo castillo, alzándose sobre las raíces de la titánica montaña, iluminada con oro, y con sombras de plata.”

Al cerrar los ojos, podemos revivirlo. Ya está. Lo hemos creado. Hemos utilizado la Subcreación, hemos hecho magia. La magia de los elfos, como Tolkien la describe, es la voluntad de mantener la belleza del mundo. Tolkien explica que el encantamiento, es en principio, una palabra, un adjetivo, que ejerce su efecto en un sustantivo. El sustantivo “gato” recibe el encantamiento del adjetivo “negro”. ¿Pueden imaginarlo? Hemos creado un gato negro en el interior de sus mentes.

Tolkien vivió dos Guerras Mundiales. Conoció el dolor, el sufrimiento y la muerte absurda. Las visiones mecanicistas, en donde el hombre era desechable, en donde se privilegiaba la gran máquina de guerra en lugar del honor y la virtud del guerrero, influyeron en sus creaciones. Tolkien no escribió acerca de elfos o enanos porque el mismo quisiera escapar a un mágico reino de felicidad perpetua, sino porque en esos símbolos el vertió su visión de la torcida realidad. Los elfos son la parte idealista de su obra, una belleza perfecta, eterna y poderosa. Pero incluso estos seres tienen sufrimientos y pesares, como la pesada carga de la inmortalidad. Los enanos son la parte materialista, preocupados en la tierra y el oro, no ven más allá de su propio beneficio, pero incluso ellos tienen virtudes, como la lealtad y la fuerza. Los hombres son el potencial, tanto al bien como al mal, en ellos hay herencia de cosas grandiosas, pero pueden degradarse y caer a extremos viles. Y los hobbits, esa raza simpática, es la gente pequeña, aquellos aparentemente indefensos y tontos, las victimas perfectas de cualquier otra historia (pero no de ésta), somos nosotros, los seres normales, que no blandimos una espada o que no podemos realizar encantamientos de protección. Pero incluso nosotros, los más pequeños e insignificantes, podemos ser capaces de cambiar la realidad, con la única fuerza de nuestra voluntad.

Eso es lo que Tolkien quiere decirnos. Aún en la peor guerra, aún en una época donde es preferible ser grotesco y egoísta, aún en contra de todas las probabilidades, aún hoy, podemos encontrar en nosotros, seres minúsculos, hogareños y casi insignificantes, la fuerza para derrotar al peor de los males, sobrevivir, e incluso, regresar a casa. En un viaje de ida y vuelta.

Hay quienes lo critican, tildándolo de demasiado romántico. Cierto, lo admito. La realidad a veces es demasiado dura, y el mensaje de Tolkien se diluye. Sin embargo, como ocurre en Sandman, de Neil Gaiman, cual a él le preguntaron qué cosa acabaría con una supernova, con la antivida, el respondió “esperanza”. Y todos los demonios permanecieron callados.

En las palabras de Tolkien hay esperanza. Esperanza no en derrotar al mal, no en ganar un reino. Esperanza en nosotros mismos, en que podremos cargar nuestro propio Anillo, y cumplir con esta absurda y peligrosa misión que es la vida humana.

Larga vida al Maestro.

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