El Hechicero Metálico (parte XIX)

(continúa…)

El aludido alza la mano, indicando que aceptaba el ofrecimiento, y la botella aterriza en su palma abierta. Toma un sorbo profundo y escucha como Thunder hace lo mismo con su cerveza. Después de eso, se dieron el lujo de quedarse en silencio y totalmente quietos.

XII. Una semana después

Thunder estaba atornillado la cubierta de un vehículo terrestre. Alex alineaba los cables del sistema de conducción, tratando de acomodarlos en el compartimiento a un lado del volante.

– Nos cumplió eso de siete días inconsciente. ¿Ya se ha levantado?

– Si – responde Thunder – fue a ver a Derek.

Ranchi salió de la habitación con sumo cuidado. El niño dormía. Regresó a su trabajo, para encontrarse a los dos hombres dándole los últimos arreglos a los vehículos más funcionales. Alex la interrogó con la mirada.

– Está bien. Asustando, avergonzado, pero bien. Sus heridas sanan rápidamente.

Ellos no dicen palabra y continúan con lo suyo.

– Ustedes – dice la chica tímidamente – ¿Van a castigarlo?

Alex es quien contesta.

– Haremos lo que tengamos que hacer.

Ranchi se acerca a ayudar a Thunder, levantando a manera de gato un pesado vehículo usando solo sus manos. Llevaba unos quince minutos en eso, cuando éste le dice que lo regrese al suelo.

– Se me olvidaba. Toma.

Le lanza al pecho una pequeña arma. Ranchi la atrapa con nerviosismo.

– Pero yo no se disparar.

– Me he dado cuenta de eso. Vas a tener prácticas de tiro, porque tu puntería es rajadamente pésima. Dos horas de práctica diaria. ¿Objeciones? Al diablo.

La chica examina de cerca su nueva pistola.

– Súper.

Durante la semana en que Ranchi dormía sin interrupciones, Derek se reponía e la aventura dentro de su habitación. Trataba de mantenerse solo y fuera de la vista de sus mayores, procurándose el mismo alimento y vestido, casi a hurtadillas. Cuando escuchó como tocaban a su puerta, dio un respingo encima de su cama, saliendo de su ensimismamiento y la infructífera observación de la lámpara del techo.

– ¿Ranchi?

– Quisieras. Abre.

Ese vozarrón hizo temblar de pánico al niño, quien presto fue a destrabar el seguro. Apenas liberó la puerta, regresó a esconderse entre las mantas. Thunder entró, cerró tras de sí, se acomodó a un lado del niño y destapó el bote de helado que traía en la mano.

– Te ofrecería un trago, pero Ranchi dice que es lo mas fuerte que tienes permitido tomar.

Sacó un par de cucharas de su chaqueta sin mangas, y el tomó el primer bocado.

– Más ron no le caería mal

Derek se quitó la sábana de la cabeza. Sujetó la cuchara limpia y probó un poco.

– Tienes que ser mas niño y menos genio – continúo Thunder – Ser listo no te obliga a solucionar cada problema que aparece. A veces se necesita experiencia, haber cometido montañas de errores y haber sobrevivido a ellos. O incluso solo basta con un poco de suerte.

El niño come más helado. Thunder le acerca el envase.

– Discúlpame si alguna vez te he gritado o presionado. Si uno no tiene cuidado, se transforma en lo que mas odia.

Derek mira al enorme hombre sentado a su lado. Grande como un volcán, fuerte como una ola de mar. Una sombra bajo la cual protegerse, más palpable y real que el tibio recuerdo amargo de sus padres. Quería decirle cuanto significaba para él, lo poderosas que eran sus palabras y sus gestos, pero, de momento, solo una frase era la más adecuada.

– Lo siento.

Thunder mira al pequeño niño acurrucado bajo su hombro. La ciencia, las máquinas, los aparentes milagros no significan nada para él. Porque desde el principio ha visto su verdadera naturaleza, un crío asustado, temeroso y perdido, necesitado de guía y protección. Una visión de lo que alguna vez conoció, de lo que fue el mismo, en épocas y lugares carentes de nombre y tiempo. ¿Cómo podría estar enojado o rabioso con ese ser indefenso? ¿Cómo siquiera atreverse a lastimarlo?

– Te acepto las disculpas si juras no volver a hacerlo.

– Juro no volver a hacerlo.

– Disculpas aceptadas.

Ambos comieron otra porción de helado. Derek se sentía capaz de mirarlo y un poco menos rígido.

– Por cierto – agregó Thunder – el supersoldado quiere verte.

Derek perdió el aliento y por poco se asfixia con el helado que tenía en la boca, recobrando la palidez del rostro.

– ¿Esta enojado?

– Es difícil saberlo. – Thunder tomo otra cucharada mientras pensaba en su respuesta – Nunca lo he visto enojado. O contento. O algo similar a ambas.

Mas tarde…

El lugar favorito para intimidar de Alex era su biblioteca. Tenía cierto aire de cámara de interrogatorios que ponía los nervios de punta. El niño permaneció de pie con la cabeza gacha mientras el capitán permanece sentado con las piernas cruzadas y las yemas de los dedos apoyadas entre sí, alumbrado solo por la lámpara de lectura, dándole una elegante reprimenda y resumida narración de los peligros que pasaron para rescatarlo. Después de varios minutos y las formales disculpas de Derek, Alex aborda otro tema.

– Originalmente – dice, moviéndose un poco en el asiento – escuché las plegarias de tu hermana con respecto a dejarte tranquilo. Pero, dado que por poco causas una catástrofe cósmica por falta de supervisión, iniciarás un entrenamiento físico y mental exhaustivo, más algunos tópicos extra a tu educación. ¿Cuál es tu opinión al respeto?

– ¿Qué no tengo opción?

– Captaste el mensaje.

Alex se pone de pie y enciende las luces generales. Una preciosa colección de alrededor de doscientos tomos descansa en pulcro orden y anaqueles brillantes.

– Derek, ¿sabes porque me agradan los libros?

– Porque son difíciles de obtener, extremadamente caros y te dan un aire aristocrático.

– Cerca.

El capitán tomó con cuidado uno de esos preciosos volúmenes.

– Aún eres pequeño par asimilarlo, pero en algún momento comprenderás lo que significa tener un mundo y una historia encerrada en páginas, y que, para acceder a él, no necesitas ninguna máquina o dispositivo, como bien lo expreso Thunder recientemente, sino solo hojear algunas páginas, y dejar que tu mente e imaginación hagan el resto. Deposita tu confianza en el libro, y, a cambio, éste te entregará sus secretos.

Derek extendió su manita para tomar alguno de esos libros, pero se detuvo. Era como tocar una de las partes más íntimas del espíritu de Alex, y eso solo podía hacerlo con su consentimiento.

– La experiencia es una buena maestra. Pero no podemos tener cantidad infinita de experiencias, porque necesitaríamos cantidad infinita de vidas.

Colocó de nuevo el libro en su sitio, con extremo cuidado.

– Al leer, pues vivir otras vidas aparte de la tuya. Otras eras, sitios, circunstancias. Y claro, aprender de esas experiencias.

Seguido de su aprendiz, Alex se adelanta unos pocos pasos hacia otro estante.

– Pasaste de vivir en el pasado a moverte libremente en el futuro, y aparentemente te has adaptado bien. Eso es porque eres un niño. Plástico, moldeable.

Derek se acerca más a su nuevo maestro, mirándolo con veneración.

– Creo que es un buen momento para preguntártelo, ¿de dónde obtuviste los datos para descifrar el funcionamiento del reactor?

– Unas memorias viejas que me diste a borrar.

– Ya veo. ¿Y las leíste a fondo, o solo extrajiste la información que te interesaba?

– Esto… Un poco de ambas. Había una narración con datos históricos muy vagos.

– Datos históricos muy vagos. – repitió Alex, como si tratara de ironizar la frase.

Encuentra el libro que está buscando. Se lo acerca a Derek, que lo toma con cuidado.

– Es uno de los últimos en ser impresos. Después, todo se volvió formato digital, es decir, los medios a los que te has acostumbrado. Su publicación, si bien al principio fue libre, terminó siendo clandestina. Tener posesión de un ejemplar era prohibido. Las universidades y bibliotecas no guardaron respaldos de su información. Sus palabras se perdieron cuando los gobiernos de los sistemas los apilaron en túmulos y les prendieron fuego.

Derek tenía la boca abierta en auténtico asombro. Una mezcla abrumadora de emociones corría por su cuerpo, en parte excitación por tener acceso a ese libro misterioso, y en parte alegría, al ver como el capitán Alex se tomaba muy en serio su instrucción.

– Logré rescatar varias copias en buen estado del texto. Los hallé en una bodega maloliente, cuando Thunder y yo buscábamos municiones para armas descontinuadas.

El niño lee la portada del libro.

– Historia. Historia Terráquea. La estudié cuando vivía en Nueva Standford Beta.

– Por supuesto. Pero podría apostar que todo lo que te enseñaron no concuerda con “los datos históricos vagos” documentados en las memorias.

– ¿Cómo lo sabes?

– Tu mundo mantenía una gran mentira. Así que lo primero que voy a enseñarte es acerca de la naturaleza humana. Acerca de sus actos y errores.

Se da una pausa en la conversación. Derek abraza el libro, mientras Alex lo mira de reojo.

– Estudiaremos dos horas cada tercer día, más aparte el entrenamiento físico. ¿Entendido?

– Si.

– Fin de la sesión. Reintégrate a tus labores.

Así, Derek comprobó algo: el capitán Alex poseía muchos secretos bajo esa armadura congelada con la cual se protegía de los demás.

Ya en la noche…

– ¡Vaya día!

Ranchi le colocaba el pijama, y arreglaba la cama a un Derek muy incómodo.

– Deja de hacer eso.

– ¿Qué?

– Atenderme. Casi te mueres por mi culpa.

Ranchi mete a su hermanito bajo las sábanas y le planta un beso en la mejilla.

– En primera, eres mi hermano menor, en segunda, tú estás vivo y recuperado, y en tercera, yo siempre estoy al borde de la cordura y la muerte, así que arriesgar el pellejo para salvarte es lo menos que haría por ti.

Los hermanos se abrazan con cariño. No necesitan palabras para expresar sus pensamientos.

– Y bueno… – dice Ranchi – me comentó Thunder que Alex te ha dado clases.

– Solo una, la primera. Me prestó un libro para leer.

– ¿De que se trata?

– Del hombre. Historia. ¿Sabes? Nuestro planeta estaba lleno de mentiras. ¿Tenías idea de que ocurrieron cuatro guerras mundiales en la Madre Tierra? ¡Cuatro! Es como despertar de un sueño. Descubrir la cantidad de falsedades que nos hacían respetar. – Miró las manos de su hermana sosteniendo las suyas. – Tú siempre lo sospechaste. Cuando vivíamos allí.

– Los fantasmas me decían que el hombre tenía una naturaleza corrupta. Llevaba el odio en su espíritu y lo ha esparcido por el resto de las estrellas. Pero la pregunta sería su era naturaleza aún persiste en nosotros.

– Creo que Alex me enseñará – respondió el niño – a descubrirlo por mi mismo.

Derek toma su almohada y abre el cierre de la funda. Retira de entre el relleno la memoria digital que inició la aventura, entregándosela a su hermana.

– Léela.

Ranchi besa de nuevo a su hermano y lo recuesta. Acomoda a su lado un muñeco de felpa.

– Duerme. Sueña con helado.

Al salir, apaga la luz. El pequeño abraza al muñeco anaranjado de tres ojos saltones mientras se acomoda para dormir.

– Al parecer, señor Bepop, las cosas vuelven a su carril. Al menos por ahora.

A la mañana siguiente.

Un día ajetreado. Derek engulle un pan con jalea de naranja y un vaso grande de jugo de manzana mientras escucha los gritos de Thunder llamándolo al puente.

– ¡CUANDO DIGO AHORA, ES AHORA, NO CUANDO SE TE PEGA TU REGALADA GANA!

Con ayuda de la teleportación de Ranchi, y los descubrimientos de Derek, el Deathbird ha vuelto a ser operativo. Los motores por fin han encendido.

– ¡Con un maldito carajo! ¡Con un rajado y maldito carajo!

Thunder trataba de diseñar un plan de vuelo en la computadora de navegación, pero ninguno de sus cálculos cuadraba.

– ¿Estás seguro de que no se jodió el mapa estelar?

– Seguro – contestó Alex

– ¿A que tanto grito? – preguntaba Ranchi recién llegada con partes de repuesto para computadoras.

– Hay que ir a cazar lo más pronto posible. El dinero es un recurso no renovable. Hay que aprovechar que esta nave esta en marcha, así que tenemos que largarnos. Hemos holgazaneado demasiado.

– Holgazaneado, ¡ja! Entonces, según ti, nos hemos ido de fiesta en fiesta todo este período, en unas larguísimas vacaciones, porque hemos hecho de todo, menos trabajar.

– ¡Somos cazarrecompensas, no unos jodidos mecánicos! ¿Cómo crees que nos ganamos la plata? ¿Pegando remaches? ¿Destapando caños?

Alex ahoga la discusión con su siguiente orden.

– Tripulación, hay que dirigir el hipersalto y vigilar el nivel de funcionamiento de los propulsores. Ranchi, a los monitores, Derek, estado de los motores, Thunder, ¿terminaste con las guías de navegación?

– Están encendidas y acepto sugerencias de destino. De preferencia lugares con trabajos rápidos y que valgan la pena.

– Nada de la Confederación. – comentó Alex – Aún tenemos que poner más distancia entre nosotros y Nueva Standford antes de que empiecen a unir cabos sueltos.

Los monumentales propulsores rugían de expectación. El Deathbird había resucitado de su hibernación forzada, y estaba listo para viajar. Todo él aguardaba nerviosa el destino a donde la llevarían sus tripulantes más recientes, un destino enigmático, así como poco ortodoxo. Pero el Deathbird estaba seguro, a pesar de eso, de estar en buenas manos. Confiado y convencido, no había razón para negarse a cooperar con sus nuevos inquilinos, quienes descubrieron y liberaron su verdadero potencial.

– ¿Entonces? – preguntó Ranchi, mientras ocupaba asiento ante una hilera interminable de pantallas y teclados. Derek dirige la mirada hacia su capitán, quien, con las siguientes palabras, los llevaría a la próxima etapa de sus descarriadas vidas.

– A los Sistemas Limítrofes.

 FIN DE ESTA AVENTURA.

El Hechicero Metálico (parte XVIII)

(continúa…)

– ¡Carajo! ¡Con un maldito carajo! – Thunder corrió hacia la compuerta, seguido de Alex, quien hacía caso omiso del dolor en brazos y piernas – ¿Qué diablos…?

Ranchi gritaba, derrumbada en el suelo. Un terror incomprensible para ella la tenía presa. Ve fuego y cadáveres calcinados.

– El infierno… el infierno esta abierto…

– ¡Contrólate! – Alex la tomó y sacudió del hombro – ¡Mantente enfocada!

– ¡Derek esta liberando al infierno! – Ranchi estaba fuera de sí, tan desquiciada como en sus mejores días.

– ¡Mierda! – dijo Thunder – ¿No vas a hacer algo al jodido respecto?

La chica hiperventilaba. Veía las heridas y los moretones en los cuerpos de sus compañeros. Levantándose de un salto, y aún con los ojos desorbitados, se aferra al brazo musculoso de Thunder. Él aferra la pesada manija de la puerta. Así, los tres entran.

  1. Ahora

El sistema aún estaba acumulando energía para la activación. Faltaban escasos minutos para alcanzar el nivel mínimo necesario capaz de iniciar las fisiones estelares. Por esa razón, la esfera protectora externa, cristalina y perfecta, todavía permanece abierta. Está sostenida por cuatro arcos incompletos, firmemente anclados en la estructura de área circundante. El reactor, en conjunto, no debía pasar de los siete metros de altura.

<< El origen y final de la calamidad humana >> recordaba Derek al admirar la abandonada estructura << aguarda adentro. >>

Un vientre gestador de mundos, consciencia electrónica escritora de realidades a nivel de quantums, el plan digital de energía infinita y celestial, mostrábase ahora ante el niño genio, quien, a pesar de comprenderlo, no lo creía totalmente real.

– Hagamos algo de reconocimiento.

Se limpia de los labios el último sorbo de su cajita de jugo. Y agrega para sí.

– Alex lo haría.

En el polo superior, en el espacio entre los arcos de sujeción, emergían torrentes de cables conductores de energía fresca hacia los capacitores primarios, ocultos a la vista. De ese mismo punto, nacía hacia el interior un grueso cilindro de materiales tornasol. En su extremo contrario estaba sostenida una esfera de menor tamaño, cubierta de minúsculas perforaciones. En el interior, se llevaría a cabo la fisión astral y planetesimal. El poder mecánico de la Creación subatómica, aún dormía.

– Continúo grabación. – dice Derek al terminar su recorrido superficial. – El reactor permanece inactivo, y debo apresurarme a encenderlo manualmente. Los niveles de energía no se mantendrán estables mucho tiempo.

En el vestíbulo del reactor, se encontraban tres secciones de computadores y monitores, aún en estado de hibernación. Derek dedicó toda su atención a éstos, pues debía reiniciar todos los sistemas informáticos en sincronía, siendo este el primero y más sencillo de los problemas.

– Inicia preparación.

Comienza a manipular los controles, liberando el flujo de micromateria cósmica para su consolidación en el núcleo de la esfera menor, la cual desciende mediante un cable central, que, además de sostenerla, energiza su ambiente interno con plasma rico en átomos pesados. Al bajar la esfera, se descubre la boca inferior del cilindro tornasol, de donde se liberan unas largas varillas de tonalidades doradas.

– Estupendo. Continúo grabación. El escudo de vidrio blindado aún no se cierra, pero sin contar eso, faltan pocos minutos para el inicio de las fisiones. Solo se debe vigilar la secuencia de arranque. – observa unas advertencias en la pantalla frente a él. – Falla en los protocolos de autorregulación. Puede que eso demore el cierre del escudo.

De rodillas, abre varias consolas, usando su destornillador más entero. No necesitó explorar más allá de diez centímetros de profundidad en cables y circuitos para descubrir algo terrible.

– ¡Por todos los cielos! ¡Los planos no dicen nada de esto! ¡Nada! ¡Definitivamente imposible! ¿Qué clase de maniáticos suicidas enfermos harían algo como esto? ¿En que estarían pensando?

Derek libera las vísceras electrónicas de la consola, la cual aún esta en funcionamiento. Armado con una lámpara en la boca, un desarmador en la mano izquierda y una pinza maltrecha en la diestra, ataca a su nuevo enemigo, ese sabotaje colosal, que acabaría transformando al producto de sus esfuerzos y trabajos en una bomba magnífica. Una bomba capaz de destruir mundos, sistemas y estrellas.

– ¡Tiempo! ¡Necesito tiempo!

En base a los planos del reactor, almacenados en su memoria, trata de anular las alteraciones. Pero éstas son muchas, y él es solo un niño pequeño con una mente gigantesca.

– Continúo grabación. He descubierto modificaciones monstruosas a los sistemas de reactor astral, con el único fin de conducirlo a fallos catastróficos, ¡catastróficos! ¡Desde la destrucción total del Deathbird e implosión cósmica, hasta la reestructuración de un plano dimensional completo! ¿Por qué harían una locura semejante?

Nervioso, alza la cabeza. La esfera interna aún está sostenida por el cable central, pero las varillas robóticas han emergido por completo, deslizándose en el aire como serpientes de torsos rígidos, extendiéndose y recordando a los dedos de una mano que abrazan una bola de cristal. En su interior, conducidos por el cable que la sostiene, gases ricos en partículas energizan el germen del universo en miniatura.

– Una bomba. Lo han transformado en una bomba. – una máscara de incredulidad cubre su faz. – Ahora que ha arrancado, continuará las fisiones hasta el máximo de capacidad. Los controles están bloqueados para permanecerá a ese nivel de funcionamiento, volviéndose inestable el sistema en poco tiempo, rebasando fácilmente los márgenes de seguridad. Cuando eso ocurra, estallará.

La máquina comienza a revivir de su larga muerte. La luz cubre los antes negros rincones, mientras la energía eléctrica recorre los nervios y venas de cables, haciendo funcionar sus órganos sintéticos. El niño mete su cuerpo en la consola abierta. La realidad no concuerda con ninguno de los escenarios previstos. Ni siquiera con los más pesimistas. Aunque Derek trabaja a toda velocidad, acepta el hecho de no permitir que el reactor arranque por completo.

– ¡Diantre! ¡A tan poco! Continúo grabación. El proceso de fisión está al 57%, y a ese ritmo, no terminaré de enmendar los destrozos que lo convierten en una máquina suicida. Deberé detenerlo cuanto antes, y eso significa desbloquear el apagado de emergencia.

Abandona sus apresuradas reparaciones y corre hacia los arcos de sujeción del reactor. Atraviesa de un salto la esfera externa de protección, y busca un punto específico de la cara interna del arco más lejano. Sus deducciones, basadas en los planos, le indican que ahí está la falla principal. La esfera interna continúa llenándose de gas, y las varillas aguardas pacientes la siguiente indicación del cerebro informático del reactor.

– Voy a tener que descubrirlo por completo.

Usa su peso para arrancar la brillante cubierta. No es metal sólido de lo que están hechos los arcos, en realidad se tratan de extensiones electrónicas del reactor, circuitos complejos, pertenecientes a la gran máquina, cumpliendo funciones dentro de ella.

– Dementes.

Derek enfoca su atención en manos y circuitos. Ignora el siguiente paso del reactor, en donde las varillas se introducen cuidadosamente por los orificios del campo de fisión, preparándose para crear y destrozar estrellas.

– … esto parece un fideo, ¿se supone que es un puente para encubrir los niveles del sensor de fotorradiación? Que estúpidos. – el diminuto segmento de cable sale despedido por los aires – Redirigimos los flujos, una gota de soldadura funcionará. ¡Maldito cacharro de mierda! ¡Enciende! – agrega, en voz baja, al acabar su labor – Recordar lavarme la boca con jabón.

Un suave pitido en su oreja izquierda le indica que ha cumplido su objetivo. Derek dirige su mirada a las consolas, justo cuando la esfera exterior de protección se cierra por encima de su cabeza, atrapándolo al lado de su corazón de energía y poder.

– ¡NO! ¡nonononono!

El reactor está sellado ahora, minutos antes de su completa activación. El cable central se retira, y la cápsula de fisión es mantenida en el aire por las varillas robóticas, entrando y saliendo de su interior. Por un instante, Derek observa los extremos de las varillas, que, al moverse, imprimen energía cinética al cargado gas, condensando así astros minúsculos, los cuales serán automáticamente pulverizados y vueltos a reconstruir infinidad de veces, en el lapso del tiempo en que la mente humana es capaz de asimilarlo. La esfera central se mantiene en equilibrio por la acción de las varillas, que la hacen girar y moverse a velocidad asombrosa. Alrededor, dentro de la cápsula de protección, la temperatura asciende, sin miras a detenerse.

– ¡Tengo que salir de aquí! – aún cuando sabe que es inútil, pero impulsado por un terror incontenible, golpea con todas sus infantiles fuerzas la esfera de contención, sin soltar todavía sus herramientas. Libera un grito de auxilio, aún cuando de antemano sabe que también es inútil.

– ¡POR FAVOR! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE! ¡RANCHI!

Las varillas parecen un resplandor dorado, con brillos de diamante en donde se origina la reacción. El niño se agacha, protegiendo instintivamente su rostro del calor y la luz intensas.

– Estoy muerto, estoy muerto, estoy muerto… – siente apoyar las piernas en carbones ardiendo, pero, a pesar del dolor, no se atreve a mover, no se atreve siquiera a girar la cabeza – Una exhalación más, un latido más, y moriré.

Como un sorprendente rayo inesperado, otra voz sacude el ambiente, un relámpago de cabellera azabache irrumpe en la sala antes vacía.

– ¡¡DEREK!! ¡¡DEREK!!

– ¡Espera un segundo!

Sin hacer caso de Alex, Ranchi se teletransporta inmediatamente al lado de su hermano, rodeándolo con sus brazos y su escudo celeste.

– ¡Chica! ¡Regresa!

– Déjala Thunder. Ella tiene sus prioridades.

Los dos individuos son golpeados por la visión de la estructura de reactor, su complejidad inhumana, el prístino núcleo con agujas veloces condensando polvo cósmico microscópico en astros efímeros, los cuales se solidificaban, para contrahacerse y expandirse en milésimas de segundo, liberando su energía intrínseca. Imágenes reducidas y multiplicadas de la creación del Universo.

– Rompe todas las leyes de la astrofísica y mecánica cuántica – dice Alex

– ¿Es real? – dice Thunder.

– Es increíble.

La luz es enceguecedora, pero intermitente, con intensidad fluctuante, bañando el área de control. Una vibración convulsiona al marco con violencia, dando la pista de que algo andaba mal en los sistemas. Alex había caído hipnotizado por pequeños soles estando y creando minúsculos agujeros negros, cuando los gritos de Ranchi le hacen recuperar el control de sí.

– ¡APAGUEN ESTA MALDITA COSA!

La joven tiene al niño hecho un ovillo, cubriéndose con pavor el rostro, temblando incontrolablemente. En su mano continúan sus desarmadores, llevados hasta el máximo.

– Lo intentaste reparar tú solo, ¡tú solo! – dice ella con reproche, sacudiéndolo para hacerlo reaccionar, hacerle sentir que en realidad estaba a su lado – Tu solo…

Afuera, Alex trataba de mantenerse frío y racional. Asunto difícil dado lo caótico de la escena.

– Es muchísimo peor de lo que pude haber previsto. Causará nuclearización incontrolada, acumulando suficiente energía para una explosión masiva. Con lo que reste, creará un nuevo agujero negro en este sector de la galaxia.

Thunder deja de observar una constelación minúscula flotando antes de evaporarse.

– Repite lo último.

– Agujero negro.

– Antes de eso.

– ¿Nuclearización incontrolada?

Thunder salta como si hubiese recibido una descarga eléctrica. Vacía en el suelo el contenido de su maleta, desperdigando su variopinto contenido. Agazapado, comenzó a buscar algo entre cartuchos de escopeta, cables, pinzar, cinta de aislar y latas de cerveza.

– ¡Lo único que leí del jodido manual cuando me lo entregaron!

– Explícate.

– Nuclearización. Instrucciones o algo así. Solo recuerdo eso, “nuclearización”.

– ¡Dijiste que ese manual era inservible! – le espetó Alex

– ¡Y lo era! ¡En ese entonces! – Responde a voces mientras se levanta y aparta objetos a patadas. – ¡Ahí!

Recoge un libro pesado, de cubierta y hojas plásticas, apoyándose sobre un tablero roto. Pasa las páginas violentamente, tratando de encontrar aquellas a la cual le dedicó cinco minutos de su atención.

– Ridículamente obsoleto – dice Alex al acercarse y verlo a un lado de Thunder.

– Es práctico. No necesitas pantalla, computadora, energía o lector de datos. Solo una mano para abrirlo y ojos para leerlo.

– Además de un cerebro para entender lo que dice. ¿Esa es la página? ¿Apagado total de emergencia?

– Haz los honores, supersoldado.

Alex revisa rápidamente los primeros párrafos.

– Necesitamos un par de llaves.

Mientras Thunder busca, Alex localiza los controles principales. Teclea los códigos de emergencia mientras su compañero rompe la famosa cadena, y los centenares de llaves caen tintineando al suelo.

– ¡Carajo!

– Busca una placa de cristal y filamentos metálicos, es la llave de seguridad. Hay que quebrarla a la mitad para usarla.

Thunder está gateando de aquí a allá, en busca de la llave perdida, revolviendo con la mano y examinando las que toma a contraluz.

– Estoy en eso – responde con el rostro al piso. – ¿Tu como vas?

– Ingresando las primeras contraseñas.

La consola central indicaba falla inminente. El calor de la fisión traspasa el escudo, y la vibración de la sala es más intensa. Thunder se topa con un rectángulo opaco que cabe en la palma de su mano. Aún de rodillas, lo coloca en sus pulgares y aplica fuerza en el medio.

– ¡Mierda! ¿No tenían que ser iguales?

La luz amarilla de miles de pequeños soles brillaba con pasión, tratando de liberarse de su pequeña cápsula, luchando con ella, tambaleándola y sacudiéndola, haciéndola gemir mediante chirridos y el inquietante sonido del metal resquebrajándose. Alex y Thunder insertaron las llaves simultáneamente en las consolas correspondientes, girándolas según las instrucciones. Las computadoras encienden. Varias pantallas muestran una familia diferente de datos, mientras teclados holográficos flotan frente a ellos.

– Hemos activado el sistema de emergencia – explica Alex – Es un sistema oculto y fuertemente protegido para evitar que cualquiera desconecte los flujos de energía del reactor estelar. Se mantiene escondido y emerge para tomar el mando de los programas principales. De momento, solo lo hemos abierto.

– Tiene sentido – reflexiona Thunder en voz alta – Solo parece en extrema urgencia.

– A mi marca, damos los giros a las llaves, como lo vaya indicando. Prepárate.

– ¿Y eso será todo?

– Permíteme señalarte que estamos apagando un sistema alienígeno de alta tecnología, no una de tus oxidadas naves de tercera mano. Y antes de que preguntes, después de esto, debemos ingresar un código, dar terminación a los sistemas de protección, otra secuencia y código, antes de acceder por fin al sistema principal.

– ¡Con un maldito demonio!

El reactor trabaja a casi el máximo de su potencia. El pequeño universo que ha creado pelea ansiosamente por nacer. Una bola de fuego lanza flechas de luz ardiente que rebotan en la coraza transparente que la envuelve, y en la burbuja azul de Ranchi.

<< Hermanito. >>

Ranchi siente al pequeño Derek temblar de miedo entre sus brazos. Ella se concentra en mantener su escudo lo mas sólido posible.

<< No se cuanto pueda resistir más >>

Derek no cierra los ojos. Observa lo que ha echado a andar. El abominable terror que ha alimentado con su genio e inocencia. Las varillas se mueven a velocidades terribles, llenado la esfera de realidades alternas fallidas. Y el resto del mundo alrededor suyo, listo para destrozarse en pedazos.

– Supersoldado, el nivel entero esta temblando.

– Ya lo he notado.

Un panel de control holográfico en su totalidad  lleva ahora las riendas de la fisión astral. Sus indicadores señalan sobrecalentamiento crítico, además de carga excesiva en los circuitos de transmisión. Por si fuera poco, hay un pequeño detalle con los nuevos controles.

– ¡No entiendo un jodido carajo! Está en otro maldito idioma – maldice Thunder

– Maiar.

Alex manipula los controles con seguridad, acariciando esos fantasmas en el aire, moviendo imágenes de izquierda a derecha, pulsando interruptores inexistentes.

– ¿Sabes leer maiar?

Ignorándolo, Alex aparta un poco a Thunder, para trabajar en otra sección.

– Desactivando reactores periféricos. Liberando cargas masivas de hipercongelante – dice al manipular los hologramas – Encendiendo ventiladores mecánicos, liberando accesos de emergencia – Alex notó la mirada interrogadora de su camarada – Thunder, si no tienes otra cosa mejor que hacer, aparte de preguntarme acerca de mi pasado, te recomiendo que cierres la boca.

– No contestaste a mi pregunta.

Alex continúa concentrado en su labor.

– Cierto, no lo hice.

Thunder resopla y vuelve a dirigir su mirada al reactor.

– Parece que no esta funcionando. Luce como un sol encerrado en un balón de blitz ball.

Una masa de fuego y calor entabla batalla con su cáscara de cristal. Lucha con violencia, golpeando con sus innumerables brazos aquella cárcel, tratando de resquebrajarla. Solo quería lograr aquello para lo cual fue invocada, es decir, crecer y alimentarse hasta acabar con todo en una gran y hermosa explosión. A su alrededor, los arcos se calentaban y chirriaban.

– Aún faltan  un par de pasos. Estoy tratando de eliminar los excedentes de energía, pero aún resta apagar por completo la fisión astral. Encendiendo sistemas de enfriamiento masivo, ahora.

Se escucha el aliento de gigantescos aspersores de aire, y el zumbido de los motores eléctricos que bombearán hipercongelante e iluminarían las rutas de evacuación, utilizando el excedente de producción del reactor astral. Aún así el sol encerrado en el balón de blitz ball no dejaba de arder.

– Thunder, ven aquí.  Hay que ingresar una clave en sincronía.

– No se tú, pero estoy empezando a preocuparme por los chiquillos. Y por nosotros. Y por mi nave.

– Deja de pensar y actúa. El tiempo esta agotándose.

– Si tú dices eso, entonces las cosas van realmente mal.

Ranchi continúa protegiendo a Derek con su cuerpo y escudo, en unos minutos tan largos como siglos. Se aferraba a su hermano, conocedora de que, por encima de su burbuja, el calor evaporaría al metal mas resistente. La estructura estaba deformándose, el techo sobre sus cabezas parecía gotear e incinerarse. Y la luz ardiente arrasaba su mente, nublando su fortaleza y esperanza.  Aun así, resistía.

<< Y… ¿si pudiera teletransportarlo conmigo? >>

La cámara colapsaría de un momento a otro. La coraza de cristal externa estaba comenzando a fragmentarse, ahí donde los rayos de energía y calor atacaban con mas fuerza. La creación de estrellas estaba fuera de control, y cada daba un estallido desbordante de poder. Las paredes más sólidas parecían papel al viento. En medio de la inminente catástrofe, Alex y Thunder realizan los últimos ajustes al sistema, logrando abrir un compartimiento oculto en el interior de la consola, que posee un interruptor encapsulado, aquel que finalizaría de golpe con todos los problemas. Según el manual de Thunder.

– A mi marca, rompemos y accionamos. Atención. Tres, dos, uno. Marca.

Thunder da un puñetazo a la caja transparente, mientras Alex hace algo similar con su codo. Las llaves, que son en realidad segmentos de circuitos, descienden automáticamente. El sistema electrónico del apagado emergente es ensamblado y cumple sin demora su misión.

– ¡Carajo! – exclama Thunder al ver como la consola se activa y muestra los mensajes de “apagado urgente” – ¡Algo en esta maldita nave que por fin funciona y no trata de matarnos!

Guillotinas ocultas seccionan los cables conductores y de alimentación derivados del sector astral, haciendo gemir a la máquina, desde lo profundo de su armazón, aunando al sonido del caer de las navajas. El núcleo de la nave retumba, haciéndoles perder el equilibro a la pareja de hombres. Las varillas robóticas pierden vida y permanecen estáticas. Los soles condensados en la esfera de fisión aguardan allí por unos segundos, hasta que la quietud de las varillas los privó de la energía para seguir existiendo.

– Vendrá un fuerte descenso de la temperatura. El congelante molecular llegará en cualquier momento.

– Se está retrasando.

– En cualquier segundo…

El torrente de gel hipercongelante fluye murmurando por las paredes del sistema, absorbiendo todo el calor del ambiente, congelando las tuberías laberínticas. El cable conductor cae y sostiene la esfera de fisión, bañándolos con una ligera llovizna de congelante molecular, y después aspira el remanente del gas rico en partículas. Los planetas y soles colapsaron, cayendo sus restos en el polvo cósmico microscópico del cual brotaron. Los aspersores ventilan y enfrían el aire, gastando en energía mecánica toda la electricidad remanente de la familia moribunda de reactores.

– Corrimos con suerte.

Los datos en idioma maiar solo tienen sentido para Alex. Thunder, por su parte, se acerca a la ardiente y resquebrajada esfera de protección. Acerca su mano, y la retira con un grito apagado.

– Deja eso supersoldado. Tenemos una situación más urgente.  – Voltea y comprueba que Alex ya le presta atención. – ¿Cómo vamos a sacarlos de ahí?

Ranchi percibe un frío arrasador. Movió las piernas, aún con su hermano en brazos. Abre los ojos con miedo. La coraza protectora resistió la energía de miles de agujeros negros explotando. ¿Cómo podrían dos hombres exhaustos abrirla?

<< No puedo esperar. Se que encontrarán una manera. Lo conseguirán. Pero no quiero esperar. >>

– Hermanito, escúchame.

El niño mueve la cabeza.

– Cierra bien los ojos. Cierra bien los ojos, y sin importar lo que oigas o sientas, no los abras.

<< Ellos dijeron que podía llevar a uno conmigo. >>

– Derek, va a ser muy rápido, te lo prometo.

El portal oscuro al mundo negativo aguarda frente a ellos. Ranchi se levanta y da un paso adelante. La pierna izquierda los introduce en el vacío, mientras la derecha los saca de él. Está ahora justo en el centro del área de control, con Thunder y Alex mirándolos atónitos.

– Es la primera vez que lo hago.

Derek temblaba, con el rostro escondido entre el regazo de su hermana, cubriéndose con la mano herida. La pierna tenía una gran quemadura sangrante. Ranchi, al borde del colapso, se dejó caer sobre sus rodillas.

– Es la primera vez que lo hago.

– ¿Estás bien? – preguntó Alex.

– No – respondió ella – Voy a desmayarme por una semana. Pero antes de eso, me lo llevo.

Thunder hizo el demás de abrir la boca, aunque de inmediato se abstuvo, al ver la misteriosa expresión de Ranchi.

– Todo lo que quieran decirle a Derek, puede esperar.

Ranchi toma aliento sonoramente.

– Regresaré por ustedes.

Al apagarse las luces principales, los hermanos desaparecen. Los reactores de antimateria colapsan finalmente. Los hombres se sentaron en el piso, uno frente al otro, con la oscuridad rodeándolos.

– Es la primera vez que me siento así de agotado en mucho tiempo – comenta Alex al encender una pequeña bengala verde sacada de su chaleco. – Por fortuna, todo ha terminado.

Thunder responde desde su lugar.

– Esto amerita una cerveza. – tanteando alrededor suyo, encuentra una lata y no tarda en abrirla – Yo estoy contento de no haber volado en pedazos. – da un generoso y escandaloso trago. – ¿Tardará mucho Ranchi?

– Probablemente.

Alex cierra los ojos para descansar. Escucha a Thunder atragantarse y escupir con decisión.

– ¡Puaj! ¡Carajo! ¡Era de aceite!

Todavía con los ojos cerrados, Alex le lanza a su compañero una nueva bengala. Escucha su crujido al encenderse, y el ronroneo más constante de los ventiladores, y como varios objetos rodaban cerca de él.

– Las malditas luces de emergencia no sirven. El lugar está más negro que el estómago del demonio. ¿Quieres agua?

El aludido alza la mano, indicando que aceptaba el ofrecimiento, y la botella aterriza en su palma abierta. Toma un sorbo profundo y escucha como Thunder hace lo mismo con su cerveza. Después de eso, se dieron el lujo de quedarse en silencio y totalmente quietos.

(continuará…)

Nunca más

Estado

Advertencia: publicación mórbida.
El primer muerto que vi, fue cuando estaba en la facultad. “Parecen muñecos de cartón” dijo mi padre, para que no estuviera nerviosa. Sí lo parecían. Maniquies tiesos y resecos, apestando a formol, los cuales armábamos y desarmábamos sin miramientos. Uno de ellos tenía un tatuaje en forma de sirena en el brazo. Pudieron reconocerlo por ese dato. Pero nadie lo hizo. Nadie lo reclamó. Terminó siendo un muñeco, eviscerado diariamente por estudiantes de medicina irrespetuosos.
El primer dia en que yo y mi hijo de 5 meses, aún residiendo en mi barriga, hicimos prácticas hospitalarias, vimos a una niña de 9 años muerta. Lucía igual a una niña normal. Pero su corazón no latía. No respiraba y estaba enfriándose.
Poco tiempo después, fue un bebé. Uno podría pensar que una persona muerta, en efecto, es igual a otra que no lo está, hasta notar el efecto que tiene la muerte en los vivos. Una señora humilde, tomada de los hombros por el pediatra, se destrozó ante ese pequeño ser frío y amoratado. Nunca pudo tocarlo. Nunca pudo amarlo o besarlo. Tantos bebés vivos en la sala y el suyo estaba muerto.
Sin embargo, lo sobrellevas, cierto. Yo era la única que bajaba al anfiteatro a media noche a dejar muestras o a otro sietemesino que fue demasiado débil para respirar por si solo. Señores enormes, mujeres, jóvenes, Los muertos no me asustaban. Le tenía muchísimo más horror a los vivos.
En el servicio, conocí otra versión de Muerte.Subí al camión de regreso a mi rancho, y había un asiento desocupado junto a una señora que era conocida. Estaba comiéndose un inmenso helado cremoso de fresa. Era una anciana, casi, una mujer curtida por el trabajo y la pobreza, pero el verla degustando una golosina al finalizar su agotadora jornada, mientras regresabamos en ese camion destartalado al pueblo, fue uno de mis primeros atisbos de sabiduría espiritual. Era feliz, al menos, mientras durara el helado.
Luego murió. Murió en la calle, con su hijo y esposo, a la vista de los vecinos. Fue noticia, y luego, nada. Silencio. Olvido.
En el transcurso de esas muertes tambíen estuvieron mis dos tíos, una tía y mi abuelo. Personas que conocí, que hablaron conmigo, con las que reí o me hicieron (e hice) enfadar. Personas vivas. Y ahora ya no están. Eso es lo más doloroso de todo. La ausencia, el vacío.
Ha muerto un amigo. Alguien que conocí poco, unos meses acaso, pero era un amigo. Alguien que me hacía reír, alguien que me escuchaba, y yo escuchaba, y alguien que no era imaginario y me hacía sentir real, no invisible. Física.
Y ahora ya no está.
Lo más doloroso no es la muerte, ellos descansan.
Lo más doloroso es para nosotros los vivos, que debemos sufrir el vacío, el saber que no volverán, que no los oiremos o veremos, ver las cosas que abandonaron, las palabras no dichas, las experiencias nunca ocurridas. Duele saber que ya no están sintiendo lo que nosotros, pensando lo que nosotros. Que ya no están vivos.
“Nunca más” dijo el cuervo. Ese es el verdadero y cruel horror.
“Nunca más.”

para Goremaru