Pensamientos nocturnos

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Acabo de revisar mi blog… ¡Cuantas historias! ¡Seguidores fieles! Estoy contenta de tener un lugar donde expresarme libremente.

Estoy trabajando en una nueva historia. Una historia intrincada, pero interesante, y lo mágico del asunto es que tengo una idea en mi cabeza, pero cuando tomo el lápiz y lo pongo sobre el papel, las palabras corren por si mismas. Si eso no es un milagro, no se que es.

También hago reseñas, de momento cortas, pero es una forma de forzarme a escribir para diferentes públicos. Y me encanta.

Así que habrá blog para rato.

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Reflexión al madrugar

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Creo que uno de los cambios más profundos que he tenido en mi vida ha sido en la manera de cómo me relaciono con los demás. Hubo una época, hace ya tiempo, en que tenía una timidez y una inseguridad que me hacían tener miedo de hablar. Temblaba cuando tenia que interactuar con cajeras, con despachadores o vendedores de mostrador. Y cuando empecé a laborar como docente, tenía que poner demasiado de mi empeño para dirigirme a los alumnos, y era muy mala imponiendo disciplina en clase.

Un escritor llamado Neil Gaiman dijo alguna vez “se sabio, y si no puedes ser sabio, haz lo que un sabio haría”. Mi cambio inició con “fingir” que no me daba miedo hablar con algún desconocido en la calle para pedir la hora o alguna dirección. Respiraba profundo, repasaba mentalmente mis líneas y me lanzaba a hablar. Poco a poco, deje de “fingir” y la interacción surgía más naturalmente, Con los alumnos, “imaginaba” como se comportaría el maestro que mas me influyo para aprender y trababa de darme a respetar como él lo haría.
Lo curioso es que funcionó, y actualmente, el último grupo que tengo se queda quieto y en silencio cuando digo en voz alta a aquel que pone la distracción en la clase “hoy no estoy de humor para eso”.
Creanme, hace apenas unos años eso no hubiese funcionado.

Reporte #6

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Hoy hice unos pequeños globos terráqueos para un trabajo escolar.

No se dibujar, así que me fui guiando de un mapamundi. Y mi memoria.

Pensaba en cada país al dibujar su orilla. 

Empecé en México, Baja California, la península de Yucatán, el Golfo. De ahí me fui a Florida, Cuba, las Antillas. Subí por la costa oeste, hasta Canadá. Y luego por la costa este, hasta llegar a Alaska y di con el estrecho de Bering. Continúe por Panamá, y pense en todos los países centroamericanos por los que iba pasando, Venezuela, Bolivia, Argentina (hogar de Borges y la pampa), hasta la exuberante Brasil.

Dibujar el continente euroasiático seria un problema, pero seguí la línea del estrecho de Bering hasta llegar s las costas filipinas y el archipiélago japonés, que no podía faltar, así como Australia y Nueva Zelanda, donde no puedes hacer bromas del Señor de los Anillos. Encontré Indochina y me vi en una barca surcando hacia la India y el golfo de Bengala. Llegue a la península arábiga y al golfo Pérsico. Y de ahí, el continente salvaje, la gran África, enorme, retador. Pero conseguí darle la vuelta y llegue al estrecho de Gibraltar y a España, que afortunadamente quedo mas o menos alineada al Golfo de México, para que Colón pudiera hacer su viaje. Luego, Francia, Inglaterra y dibujé algo parecido a Escocia para dejar al Imperio completo. Luego, los países nórdicos, también medio alineados con lo que seria Vinland para los vikingos. Bordear Rusia fue más fácil, además de redondear el mediterráneo, incluyendo Italia y Gracia.

Le había dado la vuelta al mundo. Y todo dentro de mi cabeza.