Reporte #5

Estado

Estoy convencida de que uno no “aprende” a ser escritor. Aprendes las técnicas, la ortografía, la sintaxis, las metáforas. Sin embargo, aquello que impulsa a un escritor no son puramente las letras. Son las historias.

Un escritor, antes que nada, es un narrador. Y uno no “aprende” artificialmente a narrar. Esa capacidad nace y crece con nosotros.

Pondré un ejemplo. Venia yo en autobús, escuchando a Ordo Funebris o a Ataraxia, mientras recordaba los hechos antes de iniciar el viaje. Había algo complejo que me incomodaba, bastante. 

Cayó la palabra a mi cabeza. Responsabilidad.

Un padre (o madre) debe ser responsable. Seguí pensando en eso. ¿Es responsable permitir una acción de evasión a los problemas? ¿Ofrecer un escondite? Y, si alguien quiere comportarse como padre, ¿implacaria decir lo correcto aunque duela? 

El “y si” es una palabra mágica para el narrador. Cuando “¿y si…?” estuvo en mi hilo del pensamiento, la historia cayó en cascada:

“… El chico esta huyendo de su madre, pero no huye solamente de ella, si no de la soledad producida por su indiferencia… Pero ella también esta dolida y lo deja irse horas y horas de casa porque piensa que el la extrañara… Ambos están enfrascados en juegos de orgullos y silencios, todo acabaría con un ‘te amo y te perdono’… Entonces, ¿seguir manteniendo al chico en la casa del árbol, donde se engaña a si mismo creyendo ser feliz con sus juguetes, protegido del monstruo del vacío? ¿Que sentirá la madre ante la ausencia de su hijo?…”

Pude haber seguido el hilo del relato, pero de momento estoy metida con druidas y dioses, así que esa historia tendrá que esperar.

Por otro lado, la vida real da como quita, y las cosas siguen igual de dementes, pero ya me estoy acostumbrando, y eso es ganancia. 

Si no resulta me iré del otro lado del espejo, a una dimensión paralela o de plano finjo mi muerte.

Seguiré reportando.

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Reporte #4

Estado

¿En serio? Mis palabras se vuelven en contra mía

Los problemas nunca acaban.

Con todo lo que me esta sucediendo, ahora existe la posibilidad de que sea inquilina de mi propia casa. Por tiempo indefinido. Así que he quedado recluida en mi estudio, con un colchón de aire (tuve una epifanía al comprarlo hace seis meses) y mi ropa amontonada en un par de mochilas. 

Hagamos un recuento de los recursos en mi bunker:

  1. Cómics
  2. Libros
  3. Material para escritura
  4. Material para el trabajo
  5. Archivo
  6. Computadora
  7. Equipo audiovisual (unas 80 películas, reproductores y estéreo)
  8. Materiales de relajación (cesta de tejido y rompecabezas)
  9. Juguetes
  10. Ropa, plancha, zapatos
  11. Artículos de higiene y belleza (aunque no se donde quedaron los profilácticos y toallas sanitarias)
  12. Medicamentos
  13. Muchos cojines
  14. Sábanas
  15. Sillón y un par de sillas
  16. Café, tazas y stevia
  17. Cama para la gata
  18. Maceta con planta de sombra
  19. Espejo de cuerpo entero

    Estoy tentada a poner una foto, pero imaginen la lista anterior abarrotada en una habitación con ventana y puerta a la calle. Con un colchón matrimonial en el piso. 

    Creo que tengo lo suficiente para sobrevivir por un mes, para encerrarme y trabajar en mi proyecto.

    Seguiré reportando.

    Reporte #3

    Estado

    La migraña, mi vieja amiga…

    Si de algo uno puede estar seguro es de que los problemas nunca se acaban, porque son reemplazados por otro tipo de problemas.

    De momento, me siento como un gato cayendo por entre las ramas de un árbol. Estoy viva y no se como rayos le hice.

    Hablando de gatos…

    Esa es mi gata Vainilla. Tener una mascota es bastante terapéutico. Conoces el amor y la amistad en otras categorías, alejadas del prejuicio humano.

    Seguiré reportando.