El Hechicero Metálico (parte XVIII)

(continúa…)

– ¡Carajo! ¡Con un maldito carajo! – Thunder corrió hacia la compuerta, seguido de Alex, quien hacía caso omiso del dolor en brazos y piernas – ¿Qué diablos…?

Ranchi gritaba, derrumbada en el suelo. Un terror incomprensible para ella la tenía presa. Ve fuego y cadáveres calcinados.

– El infierno… el infierno esta abierto…

– ¡Contrólate! – Alex la tomó y sacudió del hombro – ¡Mantente enfocada!

– ¡Derek esta liberando al infierno! – Ranchi estaba fuera de sí, tan desquiciada como en sus mejores días.

– ¡Mierda! – dijo Thunder – ¿No vas a hacer algo al jodido respecto?

La chica hiperventilaba. Veía las heridas y los moretones en los cuerpos de sus compañeros. Levantándose de un salto, y aún con los ojos desorbitados, se aferra al brazo musculoso de Thunder. Él aferra la pesada manija de la puerta. Así, los tres entran.

  1. Ahora

El sistema aún estaba acumulando energía para la activación. Faltaban escasos minutos para alcanzar el nivel mínimo necesario capaz de iniciar las fisiones estelares. Por esa razón, la esfera protectora externa, cristalina y perfecta, todavía permanece abierta. Está sostenida por cuatro arcos incompletos, firmemente anclados en la estructura de área circundante. El reactor, en conjunto, no debía pasar de los siete metros de altura.

<< El origen y final de la calamidad humana >> recordaba Derek al admirar la abandonada estructura << aguarda adentro. >>

Un vientre gestador de mundos, consciencia electrónica escritora de realidades a nivel de quantums, el plan digital de energía infinita y celestial, mostrábase ahora ante el niño genio, quien, a pesar de comprenderlo, no lo creía totalmente real.

– Hagamos algo de reconocimiento.

Se limpia de los labios el último sorbo de su cajita de jugo. Y agrega para sí.

– Alex lo haría.

En el polo superior, en el espacio entre los arcos de sujeción, emergían torrentes de cables conductores de energía fresca hacia los capacitores primarios, ocultos a la vista. De ese mismo punto, nacía hacia el interior un grueso cilindro de materiales tornasol. En su extremo contrario estaba sostenida una esfera de menor tamaño, cubierta de minúsculas perforaciones. En el interior, se llevaría a cabo la fisión astral y planetesimal. El poder mecánico de la Creación subatómica, aún dormía.

– Continúo grabación. – dice Derek al terminar su recorrido superficial. – El reactor permanece inactivo, y debo apresurarme a encenderlo manualmente. Los niveles de energía no se mantendrán estables mucho tiempo.

En el vestíbulo del reactor, se encontraban tres secciones de computadores y monitores, aún en estado de hibernación. Derek dedicó toda su atención a éstos, pues debía reiniciar todos los sistemas informáticos en sincronía, siendo este el primero y más sencillo de los problemas.

– Inicia preparación.

Comienza a manipular los controles, liberando el flujo de micromateria cósmica para su consolidación en el núcleo de la esfera menor, la cual desciende mediante un cable central, que, además de sostenerla, energiza su ambiente interno con plasma rico en átomos pesados. Al bajar la esfera, se descubre la boca inferior del cilindro tornasol, de donde se liberan unas largas varillas de tonalidades doradas.

– Estupendo. Continúo grabación. El escudo de vidrio blindado aún no se cierra, pero sin contar eso, faltan pocos minutos para el inicio de las fisiones. Solo se debe vigilar la secuencia de arranque. – observa unas advertencias en la pantalla frente a él. – Falla en los protocolos de autorregulación. Puede que eso demore el cierre del escudo.

De rodillas, abre varias consolas, usando su destornillador más entero. No necesitó explorar más allá de diez centímetros de profundidad en cables y circuitos para descubrir algo terrible.

– ¡Por todos los cielos! ¡Los planos no dicen nada de esto! ¡Nada! ¡Definitivamente imposible! ¿Qué clase de maniáticos suicidas enfermos harían algo como esto? ¿En que estarían pensando?

Derek libera las vísceras electrónicas de la consola, la cual aún esta en funcionamiento. Armado con una lámpara en la boca, un desarmador en la mano izquierda y una pinza maltrecha en la diestra, ataca a su nuevo enemigo, ese sabotaje colosal, que acabaría transformando al producto de sus esfuerzos y trabajos en una bomba magnífica. Una bomba capaz de destruir mundos, sistemas y estrellas.

– ¡Tiempo! ¡Necesito tiempo!

En base a los planos del reactor, almacenados en su memoria, trata de anular las alteraciones. Pero éstas son muchas, y él es solo un niño pequeño con una mente gigantesca.

– Continúo grabación. He descubierto modificaciones monstruosas a los sistemas de reactor astral, con el único fin de conducirlo a fallos catastróficos, ¡catastróficos! ¡Desde la destrucción total del Deathbird e implosión cósmica, hasta la reestructuración de un plano dimensional completo! ¿Por qué harían una locura semejante?

Nervioso, alza la cabeza. La esfera interna aún está sostenida por el cable central, pero las varillas robóticas han emergido por completo, deslizándose en el aire como serpientes de torsos rígidos, extendiéndose y recordando a los dedos de una mano que abrazan una bola de cristal. En su interior, conducidos por el cable que la sostiene, gases ricos en partículas energizan el germen del universo en miniatura.

– Una bomba. Lo han transformado en una bomba. – una máscara de incredulidad cubre su faz. – Ahora que ha arrancado, continuará las fisiones hasta el máximo de capacidad. Los controles están bloqueados para permanecerá a ese nivel de funcionamiento, volviéndose inestable el sistema en poco tiempo, rebasando fácilmente los márgenes de seguridad. Cuando eso ocurra, estallará.

La máquina comienza a revivir de su larga muerte. La luz cubre los antes negros rincones, mientras la energía eléctrica recorre los nervios y venas de cables, haciendo funcionar sus órganos sintéticos. El niño mete su cuerpo en la consola abierta. La realidad no concuerda con ninguno de los escenarios previstos. Ni siquiera con los más pesimistas. Aunque Derek trabaja a toda velocidad, acepta el hecho de no permitir que el reactor arranque por completo.

– ¡Diantre! ¡A tan poco! Continúo grabación. El proceso de fisión está al 57%, y a ese ritmo, no terminaré de enmendar los destrozos que lo convierten en una máquina suicida. Deberé detenerlo cuanto antes, y eso significa desbloquear el apagado de emergencia.

Abandona sus apresuradas reparaciones y corre hacia los arcos de sujeción del reactor. Atraviesa de un salto la esfera externa de protección, y busca un punto específico de la cara interna del arco más lejano. Sus deducciones, basadas en los planos, le indican que ahí está la falla principal. La esfera interna continúa llenándose de gas, y las varillas aguardas pacientes la siguiente indicación del cerebro informático del reactor.

– Voy a tener que descubrirlo por completo.

Usa su peso para arrancar la brillante cubierta. No es metal sólido de lo que están hechos los arcos, en realidad se tratan de extensiones electrónicas del reactor, circuitos complejos, pertenecientes a la gran máquina, cumpliendo funciones dentro de ella.

– Dementes.

Derek enfoca su atención en manos y circuitos. Ignora el siguiente paso del reactor, en donde las varillas se introducen cuidadosamente por los orificios del campo de fisión, preparándose para crear y destrozar estrellas.

– … esto parece un fideo, ¿se supone que es un puente para encubrir los niveles del sensor de fotorradiación? Que estúpidos. – el diminuto segmento de cable sale despedido por los aires – Redirigimos los flujos, una gota de soldadura funcionará. ¡Maldito cacharro de mierda! ¡Enciende! – agrega, en voz baja, al acabar su labor – Recordar lavarme la boca con jabón.

Un suave pitido en su oreja izquierda le indica que ha cumplido su objetivo. Derek dirige su mirada a las consolas, justo cuando la esfera exterior de protección se cierra por encima de su cabeza, atrapándolo al lado de su corazón de energía y poder.

– ¡NO! ¡nonononono!

El reactor está sellado ahora, minutos antes de su completa activación. El cable central se retira, y la cápsula de fisión es mantenida en el aire por las varillas robóticas, entrando y saliendo de su interior. Por un instante, Derek observa los extremos de las varillas, que, al moverse, imprimen energía cinética al cargado gas, condensando así astros minúsculos, los cuales serán automáticamente pulverizados y vueltos a reconstruir infinidad de veces, en el lapso del tiempo en que la mente humana es capaz de asimilarlo. La esfera central se mantiene en equilibrio por la acción de las varillas, que la hacen girar y moverse a velocidad asombrosa. Alrededor, dentro de la cápsula de protección, la temperatura asciende, sin miras a detenerse.

– ¡Tengo que salir de aquí! – aún cuando sabe que es inútil, pero impulsado por un terror incontenible, golpea con todas sus infantiles fuerzas la esfera de contención, sin soltar todavía sus herramientas. Libera un grito de auxilio, aún cuando de antemano sabe que también es inútil.

– ¡POR FAVOR! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE! ¡RANCHI!

Las varillas parecen un resplandor dorado, con brillos de diamante en donde se origina la reacción. El niño se agacha, protegiendo instintivamente su rostro del calor y la luz intensas.

– Estoy muerto, estoy muerto, estoy muerto… – siente apoyar las piernas en carbones ardiendo, pero, a pesar del dolor, no se atreve a mover, no se atreve siquiera a girar la cabeza – Una exhalación más, un latido más, y moriré.

Como un sorprendente rayo inesperado, otra voz sacude el ambiente, un relámpago de cabellera azabache irrumpe en la sala antes vacía.

– ¡¡DEREK!! ¡¡DEREK!!

– ¡Espera un segundo!

Sin hacer caso de Alex, Ranchi se teletransporta inmediatamente al lado de su hermano, rodeándolo con sus brazos y su escudo celeste.

– ¡Chica! ¡Regresa!

– Déjala Thunder. Ella tiene sus prioridades.

Los dos individuos son golpeados por la visión de la estructura de reactor, su complejidad inhumana, el prístino núcleo con agujas veloces condensando polvo cósmico microscópico en astros efímeros, los cuales se solidificaban, para contrahacerse y expandirse en milésimas de segundo, liberando su energía intrínseca. Imágenes reducidas y multiplicadas de la creación del Universo.

– Rompe todas las leyes de la astrofísica y mecánica cuántica – dice Alex

– ¿Es real? – dice Thunder.

– Es increíble.

La luz es enceguecedora, pero intermitente, con intensidad fluctuante, bañando el área de control. Una vibración convulsiona al marco con violencia, dando la pista de que algo andaba mal en los sistemas. Alex había caído hipnotizado por pequeños soles estando y creando minúsculos agujeros negros, cuando los gritos de Ranchi le hacen recuperar el control de sí.

– ¡APAGUEN ESTA MALDITA COSA!

La joven tiene al niño hecho un ovillo, cubriéndose con pavor el rostro, temblando incontrolablemente. En su mano continúan sus desarmadores, llevados hasta el máximo.

– Lo intentaste reparar tú solo, ¡tú solo! – dice ella con reproche, sacudiéndolo para hacerlo reaccionar, hacerle sentir que en realidad estaba a su lado – Tu solo…

Afuera, Alex trataba de mantenerse frío y racional. Asunto difícil dado lo caótico de la escena.

– Es muchísimo peor de lo que pude haber previsto. Causará nuclearización incontrolada, acumulando suficiente energía para una explosión masiva. Con lo que reste, creará un nuevo agujero negro en este sector de la galaxia.

Thunder deja de observar una constelación minúscula flotando antes de evaporarse.

– Repite lo último.

– Agujero negro.

– Antes de eso.

– ¿Nuclearización incontrolada?

Thunder salta como si hubiese recibido una descarga eléctrica. Vacía en el suelo el contenido de su maleta, desperdigando su variopinto contenido. Agazapado, comenzó a buscar algo entre cartuchos de escopeta, cables, pinzar, cinta de aislar y latas de cerveza.

– ¡Lo único que leí del jodido manual cuando me lo entregaron!

– Explícate.

– Nuclearización. Instrucciones o algo así. Solo recuerdo eso, “nuclearización”.

– ¡Dijiste que ese manual era inservible! – le espetó Alex

– ¡Y lo era! ¡En ese entonces! – Responde a voces mientras se levanta y aparta objetos a patadas. – ¡Ahí!

Recoge un libro pesado, de cubierta y hojas plásticas, apoyándose sobre un tablero roto. Pasa las páginas violentamente, tratando de encontrar aquellas a la cual le dedicó cinco minutos de su atención.

– Ridículamente obsoleto – dice Alex al acercarse y verlo a un lado de Thunder.

– Es práctico. No necesitas pantalla, computadora, energía o lector de datos. Solo una mano para abrirlo y ojos para leerlo.

– Además de un cerebro para entender lo que dice. ¿Esa es la página? ¿Apagado total de emergencia?

– Haz los honores, supersoldado.

Alex revisa rápidamente los primeros párrafos.

– Necesitamos un par de llaves.

Mientras Thunder busca, Alex localiza los controles principales. Teclea los códigos de emergencia mientras su compañero rompe la famosa cadena, y los centenares de llaves caen tintineando al suelo.

– ¡Carajo!

– Busca una placa de cristal y filamentos metálicos, es la llave de seguridad. Hay que quebrarla a la mitad para usarla.

Thunder está gateando de aquí a allá, en busca de la llave perdida, revolviendo con la mano y examinando las que toma a contraluz.

– Estoy en eso – responde con el rostro al piso. – ¿Tu como vas?

– Ingresando las primeras contraseñas.

La consola central indicaba falla inminente. El calor de la fisión traspasa el escudo, y la vibración de la sala es más intensa. Thunder se topa con un rectángulo opaco que cabe en la palma de su mano. Aún de rodillas, lo coloca en sus pulgares y aplica fuerza en el medio.

– ¡Mierda! ¿No tenían que ser iguales?

La luz amarilla de miles de pequeños soles brillaba con pasión, tratando de liberarse de su pequeña cápsula, luchando con ella, tambaleándola y sacudiéndola, haciéndola gemir mediante chirridos y el inquietante sonido del metal resquebrajándose. Alex y Thunder insertaron las llaves simultáneamente en las consolas correspondientes, girándolas según las instrucciones. Las computadoras encienden. Varias pantallas muestran una familia diferente de datos, mientras teclados holográficos flotan frente a ellos.

– Hemos activado el sistema de emergencia – explica Alex – Es un sistema oculto y fuertemente protegido para evitar que cualquiera desconecte los flujos de energía del reactor estelar. Se mantiene escondido y emerge para tomar el mando de los programas principales. De momento, solo lo hemos abierto.

– Tiene sentido – reflexiona Thunder en voz alta – Solo parece en extrema urgencia.

– A mi marca, damos los giros a las llaves, como lo vaya indicando. Prepárate.

– ¿Y eso será todo?

– Permíteme señalarte que estamos apagando un sistema alienígeno de alta tecnología, no una de tus oxidadas naves de tercera mano. Y antes de que preguntes, después de esto, debemos ingresar un código, dar terminación a los sistemas de protección, otra secuencia y código, antes de acceder por fin al sistema principal.

– ¡Con un maldito demonio!

El reactor trabaja a casi el máximo de su potencia. El pequeño universo que ha creado pelea ansiosamente por nacer. Una bola de fuego lanza flechas de luz ardiente que rebotan en la coraza transparente que la envuelve, y en la burbuja azul de Ranchi.

<< Hermanito. >>

Ranchi siente al pequeño Derek temblar de miedo entre sus brazos. Ella se concentra en mantener su escudo lo mas sólido posible.

<< No se cuanto pueda resistir más >>

Derek no cierra los ojos. Observa lo que ha echado a andar. El abominable terror que ha alimentado con su genio e inocencia. Las varillas se mueven a velocidades terribles, llenado la esfera de realidades alternas fallidas. Y el resto del mundo alrededor suyo, listo para destrozarse en pedazos.

– Supersoldado, el nivel entero esta temblando.

– Ya lo he notado.

Un panel de control holográfico en su totalidad  lleva ahora las riendas de la fisión astral. Sus indicadores señalan sobrecalentamiento crítico, además de carga excesiva en los circuitos de transmisión. Por si fuera poco, hay un pequeño detalle con los nuevos controles.

– ¡No entiendo un jodido carajo! Está en otro maldito idioma – maldice Thunder

– Maiar.

Alex manipula los controles con seguridad, acariciando esos fantasmas en el aire, moviendo imágenes de izquierda a derecha, pulsando interruptores inexistentes.

– ¿Sabes leer maiar?

Ignorándolo, Alex aparta un poco a Thunder, para trabajar en otra sección.

– Desactivando reactores periféricos. Liberando cargas masivas de hipercongelante – dice al manipular los hologramas – Encendiendo ventiladores mecánicos, liberando accesos de emergencia – Alex notó la mirada interrogadora de su camarada – Thunder, si no tienes otra cosa mejor que hacer, aparte de preguntarme acerca de mi pasado, te recomiendo que cierres la boca.

– No contestaste a mi pregunta.

Alex continúa concentrado en su labor.

– Cierto, no lo hice.

Thunder resopla y vuelve a dirigir su mirada al reactor.

– Parece que no esta funcionando. Luce como un sol encerrado en un balón de blitz ball.

Una masa de fuego y calor entabla batalla con su cáscara de cristal. Lucha con violencia, golpeando con sus innumerables brazos aquella cárcel, tratando de resquebrajarla. Solo quería lograr aquello para lo cual fue invocada, es decir, crecer y alimentarse hasta acabar con todo en una gran y hermosa explosión. A su alrededor, los arcos se calentaban y chirriaban.

– Aún faltan  un par de pasos. Estoy tratando de eliminar los excedentes de energía, pero aún resta apagar por completo la fisión astral. Encendiendo sistemas de enfriamiento masivo, ahora.

Se escucha el aliento de gigantescos aspersores de aire, y el zumbido de los motores eléctricos que bombearán hipercongelante e iluminarían las rutas de evacuación, utilizando el excedente de producción del reactor astral. Aún así el sol encerrado en el balón de blitz ball no dejaba de arder.

– Thunder, ven aquí.  Hay que ingresar una clave en sincronía.

– No se tú, pero estoy empezando a preocuparme por los chiquillos. Y por nosotros. Y por mi nave.

– Deja de pensar y actúa. El tiempo esta agotándose.

– Si tú dices eso, entonces las cosas van realmente mal.

Ranchi continúa protegiendo a Derek con su cuerpo y escudo, en unos minutos tan largos como siglos. Se aferraba a su hermano, conocedora de que, por encima de su burbuja, el calor evaporaría al metal mas resistente. La estructura estaba deformándose, el techo sobre sus cabezas parecía gotear e incinerarse. Y la luz ardiente arrasaba su mente, nublando su fortaleza y esperanza.  Aun así, resistía.

<< Y… ¿si pudiera teletransportarlo conmigo? >>

La cámara colapsaría de un momento a otro. La coraza de cristal externa estaba comenzando a fragmentarse, ahí donde los rayos de energía y calor atacaban con mas fuerza. La creación de estrellas estaba fuera de control, y cada daba un estallido desbordante de poder. Las paredes más sólidas parecían papel al viento. En medio de la inminente catástrofe, Alex y Thunder realizan los últimos ajustes al sistema, logrando abrir un compartimiento oculto en el interior de la consola, que posee un interruptor encapsulado, aquel que finalizaría de golpe con todos los problemas. Según el manual de Thunder.

– A mi marca, rompemos y accionamos. Atención. Tres, dos, uno. Marca.

Thunder da un puñetazo a la caja transparente, mientras Alex hace algo similar con su codo. Las llaves, que son en realidad segmentos de circuitos, descienden automáticamente. El sistema electrónico del apagado emergente es ensamblado y cumple sin demora su misión.

– ¡Carajo! – exclama Thunder al ver como la consola se activa y muestra los mensajes de “apagado urgente” – ¡Algo en esta maldita nave que por fin funciona y no trata de matarnos!

Guillotinas ocultas seccionan los cables conductores y de alimentación derivados del sector astral, haciendo gemir a la máquina, desde lo profundo de su armazón, aunando al sonido del caer de las navajas. El núcleo de la nave retumba, haciéndoles perder el equilibro a la pareja de hombres. Las varillas robóticas pierden vida y permanecen estáticas. Los soles condensados en la esfera de fisión aguardan allí por unos segundos, hasta que la quietud de las varillas los privó de la energía para seguir existiendo.

– Vendrá un fuerte descenso de la temperatura. El congelante molecular llegará en cualquier momento.

– Se está retrasando.

– En cualquier segundo…

El torrente de gel hipercongelante fluye murmurando por las paredes del sistema, absorbiendo todo el calor del ambiente, congelando las tuberías laberínticas. El cable conductor cae y sostiene la esfera de fisión, bañándolos con una ligera llovizna de congelante molecular, y después aspira el remanente del gas rico en partículas. Los planetas y soles colapsaron, cayendo sus restos en el polvo cósmico microscópico del cual brotaron. Los aspersores ventilan y enfrían el aire, gastando en energía mecánica toda la electricidad remanente de la familia moribunda de reactores.

– Corrimos con suerte.

Los datos en idioma maiar solo tienen sentido para Alex. Thunder, por su parte, se acerca a la ardiente y resquebrajada esfera de protección. Acerca su mano, y la retira con un grito apagado.

– Deja eso supersoldado. Tenemos una situación más urgente.  – Voltea y comprueba que Alex ya le presta atención. – ¿Cómo vamos a sacarlos de ahí?

Ranchi percibe un frío arrasador. Movió las piernas, aún con su hermano en brazos. Abre los ojos con miedo. La coraza protectora resistió la energía de miles de agujeros negros explotando. ¿Cómo podrían dos hombres exhaustos abrirla?

<< No puedo esperar. Se que encontrarán una manera. Lo conseguirán. Pero no quiero esperar. >>

– Hermanito, escúchame.

El niño mueve la cabeza.

– Cierra bien los ojos. Cierra bien los ojos, y sin importar lo que oigas o sientas, no los abras.

<< Ellos dijeron que podía llevar a uno conmigo. >>

– Derek, va a ser muy rápido, te lo prometo.

El portal oscuro al mundo negativo aguarda frente a ellos. Ranchi se levanta y da un paso adelante. La pierna izquierda los introduce en el vacío, mientras la derecha los saca de él. Está ahora justo en el centro del área de control, con Thunder y Alex mirándolos atónitos.

– Es la primera vez que lo hago.

Derek temblaba, con el rostro escondido entre el regazo de su hermana, cubriéndose con la mano herida. La pierna tenía una gran quemadura sangrante. Ranchi, al borde del colapso, se dejó caer sobre sus rodillas.

– Es la primera vez que lo hago.

– ¿Estás bien? – preguntó Alex.

– No – respondió ella – Voy a desmayarme por una semana. Pero antes de eso, me lo llevo.

Thunder hizo el demás de abrir la boca, aunque de inmediato se abstuvo, al ver la misteriosa expresión de Ranchi.

– Todo lo que quieran decirle a Derek, puede esperar.

Ranchi toma aliento sonoramente.

– Regresaré por ustedes.

Al apagarse las luces principales, los hermanos desaparecen. Los reactores de antimateria colapsan finalmente. Los hombres se sentaron en el piso, uno frente al otro, con la oscuridad rodeándolos.

– Es la primera vez que me siento así de agotado en mucho tiempo – comenta Alex al encender una pequeña bengala verde sacada de su chaleco. – Por fortuna, todo ha terminado.

Thunder responde desde su lugar.

– Esto amerita una cerveza. – tanteando alrededor suyo, encuentra una lata y no tarda en abrirla – Yo estoy contento de no haber volado en pedazos. – da un generoso y escandaloso trago. – ¿Tardará mucho Ranchi?

– Probablemente.

Alex cierra los ojos para descansar. Escucha a Thunder atragantarse y escupir con decisión.

– ¡Puaj! ¡Carajo! ¡Era de aceite!

Todavía con los ojos cerrados, Alex le lanza a su compañero una nueva bengala. Escucha su crujido al encenderse, y el ronroneo más constante de los ventiladores, y como varios objetos rodaban cerca de él.

– Las malditas luces de emergencia no sirven. El lugar está más negro que el estómago del demonio. ¿Quieres agua?

El aludido alza la mano, indicando que aceptaba el ofrecimiento, y la botella aterriza en su palma abierta. Toma un sorbo profundo y escucha como Thunder hace lo mismo con su cerveza. Después de eso, se dieron el lujo de quedarse en silencio y totalmente quietos.

(continuará…)

El Hechicero Metálico (parte XVII)

(continúa…)

Poco después…

Desde afuera, lucía como una compuerta más, seguida de unas escaleras eléctricas, dando a una segunda entrada. Pero, al traspasarla, se dieron cuenta de las proporciones correctas de la situación.

– ¡Carajo!

Ranchi no era capaz de cerrar la boca. Miraba lentamente a su alrededor, tratando de convencerse de que solo era otra de sus visiones delirantes. Cuando por fin pudo articular palabra, repitió la atinada exclamación de Thunder.

– ¡Carajo!

Alex estaba impactado. Sus dos mejores laptops incinerándose encima de la computadora central. Y, por primera vez en toda la jornada, maldijo con su característico acento.

– ¡Carajo!

Fue presto a desconectarlas, pero, al revisar las pantallas, descubrió porque el niño estaba dispuesto a sacrificarlas. Ni siquiera se atrevió a acercar sus dedos a ellas.

– ¿Esas no son tus computadoras, Alex? – preguntó Ranchi al ver como las observaba con atención.

– Lo eran. Se las di a Derek para repararlas hace pocos días. Al parecer consideró necesario usarlas sin mi permiso.

Thunder miraba por la ventana.

– Supersoldado, ¿exactamente que están haciendo tus máquinas?

– Estabilizando la producción de los reactores, con el único fin de alimentar la fisión astral. Derek esta empeñado en conseguirlo.

– Aquí hay algo raro.

Thunder encuentra cerca los restos del dispositivo de interferencia. Pensar no es una de sus características más importantes, así que cuando lo hace, es fácil notarlo por lo gestos en su rostro. Levanta el metal corroído a la vista de su compañero.

– ¿No te recuerda esto a  las “minas de error”?

Alex le dedicó una fugaz mirada y explicó a Ranchi.

– Aparatos que encontramos en ciertos lugares del Deathbird. Producían colapsos en los sistemas informáticos.

– Aunque nunca entendimos bien la razón de las minas, porque no dilucidamos bien que carajos era lo que querían sabotear. Recuerda que nosotros no creíamos que el reactor estelar en realidad existiese. Y ya que lo tenemos frente a nuestras narices, las cosas toman sentido.

– Alteraron los planos – dijo Ranchi – sellaron los niveles, y plantaron minas de error. No deseaban que el reactor astral volviera a funcionar, ¿Por qué?

– Cualquiera que fuese el motivo – interrumpió Alex – no podemos permitir que Derek lo haga. Hay que alcanzarlo cuanto antes.

Ranchi mira el domo del reactor astral a través de la ventana, la disposición de los cinco caminos y el resto de las cámaras. La esfera oscura aún permanece inerte. Alex reinició la marcha y dejó las máquinas funcionar, al atravesar la compuerta de entrada al gran corredor de comunicación hacia el reactor astral. Tan solo se adelantaron unos pocos pasos, y la compuerta se cerró herméticamente. Luces rojas iluminaron los al menos doscientos metros de trayecto que les faltaba recorrer. El techo estaba a unos veinte metros por sobre sus cabezas, y en todos lados, había placas circulares casi sin espacio entre sí. La entrada al reactor estaba en perfecta línea recta.

– No es por darnos miedo, pero estamos encerrados. Otra vez.

– Además de mal agüero, es un comentario inútil, porque ya lo sabía, Ranchi.

– De acuerdo, cerraré la boca el resto del viaje, Thunder.

– Si es que puedes.

La entrada a la esfera del reactor astral estaba protegida por una inexpugnable cerradura electrónica. Alex la examinó desde varios ángulos, sacó su microcomputadora y empezó a decodificar la contraseña.

– Me extraña que no exista un brecha tecnológica tan pronunciada entre este sector del Deathbird y nosotros. – comentó Alex.

– Dos opciones. O lo usado aquí abajo era súper avanzado a su época, o tus juguetes son demasiado viejos, supersoldado.

– Un poco de ambas.

– ¿Qué? – exclamó Ranchi.

– La tecnología de aquí es la base para la nuestra. Claro, con mejorías en materiales y diseños, pero puedo reconocer los bloques básicos de la que esta compuesta. Por eso puedo infiltrarme en su seguridad sin mucho problema. Además de que, detesto reconocerlo, estoy algo atrasado en cibernética e informática. Mis aparatos aún son compatibles, en cierta forma. Quizás por eso Derek comprende fácilmente lo que sucede aquí.

– Sin olvidar que le ayuda ser un rajado genio.

Alex hizo un rápido movimiento con la ceja izquierda.

– Claro, descontando eso.

Varios minutos más tarde, una serie de números nace de la pequeña pantalla de la computadora de Alex, quien, sin titubear, ingresa la clave robada. El grito de Ranchi fue el más agudo de todos, cuando la pequeña pantalla sobre el teclado de la cerradura mostró el mensaje de:

“Contraseña inválida”

– Esto debe ser un error – dijo Alex con los ojos bien abiertos.

“Activando medidas defensivas.”

Tres de las placas metálicas empotradas en la pared se abrieron, y liberaron cada cual un brazo metálico largísimo, armados al final con garras poderosas, implantadas al final de un gran ojo rojo como la sangre y luminoso como el fuego. Uno para cada quien.

– Interesante.

Alex disparó automáticamente una de sus armas a la serpiente que se abalanzaba hacia él, haciendo estallar el único ojo alojado entre las zarpas. El bicho se detuvo en seco y postró inerte ante sus pies. Al mismo tiempo, Thunder desenfundó una de sus escopetas, y el disparo, además de empujarlo un poco hacia atrás, mandó volando los trozos de cabeza armada del brazo autómata. Ranchi tenía las garras metálicas arañándole el tórax, y ella las aferró con su anómala fuerza, doblándolas hacia adentro. El ojo rojo relampagueó de sorpresa, mientas la chica la agitaba de arriba abajo, creando una ondulación en aumento, que acabó arrancándola de raíz en la pared.

– Francamente – decía Thunder, al recargar su pesada arma – yo esperaba algo más… ¡AUGGG!!!

En los planos, Derek había estudiado el sistema de defensa. Resumió su funcionamiento con una sola palabra: Hydra. El monstruo de mitos arcaicos que tenía la particularidad de que, con cada cabeza cercenada, dos más crecían en su lugar.

– ¡THUNDER!!!

El brazo metálico saltó inesperadamente y lo golpeó. Una escopeta salió volando y el fortachón cayó al suelo con una herida en la espalda. En esos momentos, seis serpientes se retorcían a su alrededor, moviendo sus largos cuerpos por doquier, haciéndolos separarse al lanzarse a ellos, con las zarpas extendidas. Alex hacía muestra de hábiles movimientos, dándoles al tiempo instrucciones a sus camaradas.

– ¡No las destruyan! ¡Si una es desactivada, dos emergen de la estructura! ¡Tenemos que ingresar la clave correcta para anular el programa de defensa!

La camisa de Thunder estaba empapada de sangre, pero él giraba y rodaba rápidamente para ponerse a cubierto. Los tentáculos metálicos rompían el suelo, arañaban el aire y crujían sus mandíbulas, tratando, en vano, de capturar a los intrusos.

– ¡Alex! ¿Qué hacemos ahora?

Ranchi golpeaba a los brazos robóticos para apartarlos de su camino, intentando romper sus colmillos cuando conseguía asirlos. Volar o teletransportarse no le servía de mucho.

– Intentaré obtener de nuevo la contraseña, ¡ten cuidado!

La chica dio un puñetazo demasiado fuerte al ojo rojo de una serpiente que la tenía enganchada de la cintura. El ser artificial se sacudió violentamente, y la luz roja se desvaneció.

– ¡Maldición!

El par de relevo nació de puntos opuestos en las paredes. Uno de ellos tomó a Thunder y lo estrelló despiadadamente contra el muro. Su gemela atrapó una de las piernas de Alex, lanzándolo hacia las garras de varias serpientes ansiosas. No tuvo más remedio que disparar. Dos más brotaron en ese justo momento.

– ¡Ve a ver a Thunder! – gritó Alex a una Ranchi atónita.

Ella corrió, evitando los tentáculos, y arrastró a su amigo del boquete de fierros doblados.

– Ya te saco, ya te saco…

– Adiós a mis dos costillas de la suerte… – decía Thunder mientras se incorporaba lentamente.

– Déjame ayudarte – dijo Ranchi.

– Puedo moverme. Dame la maleta. – Ranchi le ayuda a poner la mochila sobre su herida espalda – Teletranspórtate con el supersoldado. Sospecho que ahora sí esta en problemas.

Cayendo de un portal, llego justo en el momento en que Alex trataba de eludir a dos de esos tentáculos con giros, volteretas y una pierna herida. Ranchi se interpuso entre ellos y tomó los colmillos de ambas serpientes.

– ¡Robots del diablo!

Logró domar los tentáculos y enredar sus garras entre sí, doblándolas en gancho. Las cabezas se alejaron, luchando por separarse.

– ¿Cuántas veces te he salvado la vida, eh? – dijo alegre Ranchi.

Las serpientes se sacudían con fiereza, y en su histeria por separarse, terminaron por arrancarse mutuamente los ojos rojos. Antes de que sus restos cayeran, cuatro más tomaron su lugar. Alex gruñó.

– No las suficientes.

– Dame la microcomputadora – dijo Ranchi, sin previo aviso – iré directamente a la compuerta y correré de nuevo el programa de infiltración. Tenemos a un montón de esas bestias tratando de comernos y… ¡atrás de ti!

Ambos saltaron en diferentes direcciones. La inteligencia artificial del sistema de defensa estaría furiosa mientras ellos permaneciesen con vida.

– Estás de broma – fue la respuesta de Alex – Ignoras cómo descifrar una secuencia encriptada, o tan siquiera encender una microcomputadora.

– ¡Supersoldado! – decía el grito de Thunder a varios metros de ellos, entre tres serpientes robóticas empeñadas en arrancarle los brazos – ¡Es la hermana de Derek! ¡Algo tuvo que aprender de él!

Las serpientes no dejaban que nadie se moviese con libertad. Alex dudaba de las capacidades y la salud mental de Ranchi, pero, ¿qué otra cosa podía hacerse?

– ¡Ranchi! ¡Aquí!

La pierna (probablemente fracturada) le dolía horrores y casi no podía usarla para sostenerse, además de haber perdido, cuando menos, medio litro de sangre. Si iba a aceptar ayuda, era un buen momento.

– Escucha – le decía a ella, apenas se materializó a su lado. Sacó rápidamente la computadora de su chaleco, y programó de inmediato varias funciones en la pantalla táctil. – Mantenla frente al lector óptico todo el tiempo que puedas.

– Aja – Ranchi llevaba a Alex del brazo de derecha a izquierda, permaneciendo lo más atenta posible mientras esquivaba los ataques.

– Solo pulsa “iniciar intromisión”. Espero…

Ranchi lo tiró al suelo, jalándolo de la camisa para evitar ser machacados por dos tentáculos estrellándose en la pared.

– … alcanzarte cuando finalice la descodificación.

– ¿Cuánto tardará?- Ranchi aferraba la computadora.

– De cinco a siete minutos. – Alex se alejó rodando por el suelo, pues ella se apartó de un salto. Los tentáculos eran persistentes. – Mantén el enlace el tiempo completo o la contraseña volverá a ser errónea.

– Entendido – y se teletransportó a la compuerta.

<< El infierno se esta abriendo. >>

<< ¡Déjenme en paz! ¡Largo! >> pensó Ranchi. Aún así, las voces permanecían.

<< El infierno. Su fuego y su odio están siendo liberados. >>

<< La invocación funcionó. >>

Ranchi apenas saltó de su portal cuando fue embestida por sorpresa, saliendo disparada hacia el muro, cayendo después al suelo. Segundos más tarde, tres tentáculos más cayeron sobre ella. Los repelió usando su escudo celeste, pero aún así sintió la fuerza de la embestida aplastándola. Su burbuja se hundía bajo sus pies, gracias a los ataques de los robots. Una tras otra, las cabezas coronadas de garras retumbaban contra la burbuja, y Ranchi tuvo que trazar un rápido plan de sobrevivencia. Cuando las tres cabezas estaban en el aire, desvaneció su escudo. La primera cayó en picada hacia ella, por lo que Ranchi la desvió de un certero golpe. Cuando la segunda y la tercer golpearon, el portal de la chica ya se había cerrado, llevándosela, agazapada, al portal.

– ¡Bien! Ahora, ¿Dónde dejé la…?

Su mano izquierda golpeó al robot. Y en su mano izquierda tenía un pequeño montón de cristales rotos y cables enredados.

– Alex se va a poner pesado.

Veía a Thunder arrinconado por racimos de tentáculos, tratando de dispararles a sus férreos cuellos. Alex, no muy lejos de él, resiste, disparando con una mano mientras la otra, lo ayudaba a sostenerse, rodeado de ojos rojos con garras. El tiempo se alentó, y de pronto, desaparecieron.

<< Oh, no. ¡No justo ahora! >>

El pasado llama a Ranchi. Cascadas de imágenes se agolpan en su mente. Los eventos actuales se esfuman como sueños, mientras las visiones antiguas parecen más vividas y reales. Épocas, sitios distintos. Ve a un equipo de soldados, parecido a su capitán Alex, por la forma en que se sincronizan y actúan. Ranchi los observa dentro del reactor estelar, trabajando rápidamente en los controles. Otros cubren la salida, atrincherados y disparando. Ranchi se acerca tímidamente a ellos, los oye hablar.

“- … sin remedio.

– Malditos, malditos sean.

– ¿Le comentaste al comandante?

– Efectivamente. La operación dará inicio en quince minutos.

– De todas formas, acabamos aquí. Es turno del equipo Ceres.”

Ranchi permanece quieta mientras su entorno se transmuta en otro sector. Los cinco puestos de vigilancia, y ella esa ahora, junto a un grupo de hombres y mujeres, en el número tres. Observa como desmantelan las computadoras y soldan las “minas de error”, con cuidado y precisión. Al acabar, usan las ventanas inteligentes para comunicarse brevemente.

“- Listo, comandante.”

Todo se esfuma y toma forma de una salida desconocida del complejo. Ranchi corre entre soldados fuertemente armados y protegidos con cascos y corazas ligeras. Ella no logra saber si huían o perseguían, solo percibe esa urgencia y adrenalina en sus músculos. Hay seis hombres más, en una posición adelantada. Están acompañados de varios cadáveres en el suelo.

“- Reporte, soldado.

– Rebeldes, señor. Trataban de alcanzar el reactor. Logramos contenerlos sin sufrir bajas.

– ¿Eran un equipo de avanzada?

– No señor, al parecer actuaban por su cuenta. No comprobamos contacto con otras células rebeldes.

– Raro. ¿Sobrevivientes?

– Ninguno.

Ranchi miraba los cuerpos de los rebeldes. Eran totalmente diferentes a la milicia especializada que salía del complejo. Lucían como civiles y guerrilleros con armas de bajo poder y sin uniformes o distintivos. Tenían miedo en los rostros.

– Continúa la operación. Planta parásitos, y echa los cuerpos para alimentarlos. Sellen el nivel lo más rápido posible.”

Los cadáveres son lanzados al interior del área recién abandonada. Uno de los soldados saca de su indumentaria un tubo de ensaye tapado con caucho. Adentro unos gusanillos traslúcidos se retorcían. El soldado lanza el tubo y se le oye estrellarse, mientras cierran las compuertas y aplican las gruesas barras de metal para soldarlas al marco.

“- Reporte.

Por primera vez, Ranchi se transmuta a un lugar conocido. Están instalando la puerta de seguridad colu que casi los fríe antes de entrar a la cámara de controles a distancia del complejo de reactores. Curiosea un poco entre los soldados afanosos como abejas.

– Al noventa por ciento de la instalación. Diseñada a manera de respaldo, en caso de una nueva incursión rebelde. – Añade, casi como una confesión – Programe el cerrojo como lo pidieron los generales, una clave aleatoria cada 26 segundos. Cuando la cerremos, nadie tendrá la contraseña correcta. Los rebeldes sin un sistema decodificador no podrán cruzarla.

El comandante comenta al soldado más cercano a él.

– Y espero que nosotros tampoco.”

La chica es llevada a una evacuación, arrastrada por oleadas de personas que la empujan y asfixian. Cuando ella se siente sobrecogida por su terror, es de nuevo transportada a otra zona familiar. Los controles a distancia que Derek fue incapaz de reparar. Hay dos soldados por computadora, con el comandante en el control central. Plantan minas de error y alteran los programas. El comandante hace lo mismo, con una ayudante nerviosa.

“- ¿Esta de acuerdo con la decisión de los generales? ¿Anular así al reactor astral?

– Recién acoplamos los generadores eléctricos para soportes vitales indispensables. La nave será evacuada en máximo setecientas veinte horas. Después de eso, será regresada a los maiar. Nosotros permaneceremos en el planeta. Te recuerdo que cuando estemos abajo, ya no los llames ‘generales’.

– Lo haré, señor. – la ayudante se toma un tiempo en escuchar su audífono izquierdo – El equipo Balthus me ha enviado un informe. Terminaron de desensamblar las plantas purificadoras de aire, agua y desechos, para facilitar la colonización. El desembarco se inicio hace tres horas.

– Bien por ellos. – responde el comandante, sin apartar la vista del trabajo – ¿El equipo Lappa está llevando a los maiar a sus áreas de clonación y criogenia?

– Si señor. Interesante raza. Consideran que si solo uno de ellos sobrevive…

– … el alma de su pueblo alcanzará la inmortalidad. Condensan el conocimiento de una civilización entera en un solo individuo. No conocen el concepto de muerte individual. O si lo conocen, no les importa tanto como a nosotros.

La ayudante finaliza la instalación de la mina de error correspondiente.

– Señor… ¿Y los rebeldes?

– Los que estén prisioneros, bajarán al planeta con nosotros. Sin la nave, no podrán hacer mucho. Deberán adaptarse o morir.

– ¿Por qué el Consejo de Colonos no les permitió quedarse con la nave?

– Porque querían transformar el reactor astral en una bomba. Mas bien, porque transformaron el reactor astral en una bomba. Si activamos de nuevo la fisión, este sector de la galaxia se vaporizará, y el polvo cósmico restante será absorbido por un agujero negro.

– ¡Dios! – exclama ella, poniéndose pálida – ¿Cuál era el motivo entonces de robar la materia negra de las baterías? ¡Desarmamos cientos de ellas para evitar que la obtuvieran! ¿Iban a crear bombas portátiles?

– Y de más fácil manejo. – aclara él, mientras estira su espalda – Para entonces, tenían infiltrados en los controles del reactor. El daño que le hicieron… bueno, quizá no lo entiendas. La cuestión no es si podemos repararlo, sino si debemos repararlo.

– Lo arreglaremos, y otro, en algún futuro, volverá a transformarlo en arma. Quizás mate a millones. Estamos previniendo eso.

El comandante, quien a pesar de la amplia conversación no dejaba de teclear, sonríe amablemente.

– Me alegra que mi futura esposa sea tan perspicaz.

La ayudante toma un color rojizo en las mejillas al escuchar el comentario.

– Lástima de nave. Era estupenda.

– Existe otra – comentó el comandante, como de pasada – la Svantevit de Kiev. Es mantenida por una acaudalada colonia de la Tierra, como crucero intersistemas de batalla. Espero que le den buen uso.

Ranchi regresa al mismo segundo en que estaba al principio de su visión. Los tentáculos, la angustia, sus amigos en aprietos. El trance va acabando, la última imagen es de un soldado, exactamente donde ella esta parada, pulsando los botones numéricos de la cerradura electrónica. Ranchi extiende la mano y sobre la sobrepone a su alucinación. Los dedos se mueven sin voluntad o intención. El mensaje cambia.

“Contraseña aceptada”

<< El infierno. >>

– ¡Carajo! ¡Con un maldito carajo! – Thunder corrió hacia la compuerta, seguido de Alex, quien hacía caso omiso del dolor en brazos y piernas – ¿Qué diablos…?

Ranchi gritaba, derrumbada en el suelo. Un terror incomprensible para ella la tenía presa. Ve fuego y cadáveres calcinados.

– El infierno… el infierno esta abierto…

– ¡Contrólate! – Alex la tomó y sacudió del hombro – ¡Mantente enfocada!

– ¡Derek esta liberando al infierno! – Ranchi estaba fuera de sí, tan desquiciada como en sus mejores días.

– ¡Mierda! – dijo Thunder – ¿No vas a hacer algo al jodido respecto?

La chica hiperventilaba. Veía las heridas y los moretones en los cuerpos de sus compañeros. Levantándose de un salto, y aún con los ojos desorbitados, se aferra al brazo musculoso de Thunder. Él aferra la pesada manija de la puerta. Así, los tres entran.

(continuará…)

El Hechicero Metálico (parte XIV)

(continúa…)

– ¿Dónde estamos? – preguntó al levantarse con cuidado. Fue Alex quien le respondió.

– En la imaginación de Derek.

VIII. Hace 5 horas

Un ser sobrenatural y electrónico extiende sus extremidades corpóreas e incorpóreas, convocado por un pequeño hechicero metálico, quien ha descifrado los datos e ingresado los conjuros. El ser ruge, haciendo vibrar su recién despertado cuerpo, recordando el sentido de la vida y la posibilidad de poder infinito.

– Un temblor.

Derek está sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y una computadora encendida en cada mano, conectadas ambas por varios cables remendados con cinta a una consola problemática.

– Los reactores apenas están acumulando energía para la activación – sus manos no dejan de trabajar, mientras una porción de su magnífico cerebro se independiza del resto – Deberé revisar eso.

La sala de control no está encendida por completo. Los pendientes se acumulan y, el niño, a pesar de usar todo su genio, tiene la vaga impresión de que un poco de ayuda no estaría de más.

– Continúo grabación. Este es el resguardo del control a distancia, de donde es distribuida la energía producida por el reactor. Teóricamente, el proceso de encendido, apagado y monitoreo es manejable desde aquí, pero no he conseguido hacer funcionar los mandos a distancia y tampoco el panel de vigilancia remota  de los niveles de actividad de los reactores de arranque. Lo último es indispensable, pues, al parecer – mira a la pantalla de su izquierda – tienen importantes fluctuaciones. Es algo que debo solucionar lo más rápido posible.

Esta área albergaría al menos a cincuenta personas trabajando. En él, están los controles de los cinco reactores en línea, rodeando el gran centro de mando del reactor estelar. Pero están apagados, sin funcionamiento, tan fríos e inútiles como rocas amontonadas. Derek se acerca a las máquinas y las acaricia con dedos inquietos. Se recarga sobre la espalda del sillón operario del control correspondiente al tercer reactor. Entrecierra los ojos. Está pensando a toda velocidad.

– Redirigir selectivamente la energía ya no es una opción. La complejidad del sistema lo impide, y no tengo tiempo para descubrirlo mediante ensayo y error. Deberé encender el sistema completo, aún con la fluctuación de los reactores y el riesgo inherente de desabasto en circuitos vitales. Claro, cuando arranque el reactor estelar, esto ya no será un problema.

Regresa a la salida, cruza la puerta, gira a la izquierda, entre por un ducto de ventilación, trepa medio metro, avanza seis agazapado, y se descuelga en un área de mantenimiento. La pared norte está repleta de palancas y botones, iluminados ahora por la lámpara de Derek.

– Si tuviese más tiempo…

Entre desperdicios, el pequeño busca. Un generador electromagnético local alimenta a los interruptores maestros. Derek lo enciende y la energía comienza a fluir. La seña de “en espera” cambia a “listo”. El niño se alza de puntillas para sujetar uña manija roja en la posición de apagado.

<< No hay más opciones. >>

Al levantar los pies, el peso completo de Derek desciende lentamente la manija. La luz llega y el pequeño observa el momento preciso en que los interruptores maestros se accionan en secuencia, de uno en uno o varios grupos; los botones se pulsan por cuenta propia, y mientas esa inmensa consola cobra vida, sonidos y luces van apareciendo rápidamente en ese sector de la nave. Derek no espera a que la consola termine de activarse, él ya esta de regreso, para descubrir el resultado de su aventura.

– Es… justo como lo imaginé.

Cada instrumento en la sala esta listo para ser utilizado. Y los controles a distancia esperan pacientes a sus técnicos operativos, llenando el aire con proyecciones holográficas de datos y esquemas en tercera dimensión, mientas los teclados aguardan sus primeras indicaciones.

– Perfecto.

El sillón del operario correspondiente al reactor estelar le quedaba muy grande, así que tuvo que acomodarse de rodillas sobre el asiento para alcanzar los controles. Comenzó a ingresar comandos. Entonces, un terrible mensaje de error y sonido de alarma se materializaron, provenientes de los proyectores holográficos.

– ¡Imposible!

Derek ignora la señal e intenta continuar trabajando, pero el mensaje persiste.

“Error. Terminal inválida.”

– ¡No! ¡Con un… con un… DEMONIO!!! ¡No, no, no!

El niño le da una patada al sillón, con el único propósito de canalizar su frustración y evitar seguir gritando. Respiró hondo.

– Continúa grabación. Logré reactivar el sistema de mando a distancia, pero una contrariedad descomunal ha aparecido – va a la consola siguiente. Usa el teclado e inspecciona el resto de la computadora – Al parecer, estas unidades solo son capaces de recibir información, ¡no de enviarla! Es imposible desde aquí lograr los niveles correctos de distribución de energía y la coordinación entre los reactores de arranque y el reactor estelar. ¡Ni siquiera puedo encender el reactor estelar! Está de más decir que una profunda decepción me embarga.

Derek ve los hologramas flotando sobre su cabeza. Justo encima, se encuentra el mensaje de error, y girando alrededor, gráficas de funcionamiento, dibujos el desperfecto general de los cinco reactores, su incapacidad de acoplarse para nutrir al generador estelar. El pequeño tiene en sus manos un delgado destornillador, porque planeaba abrir una de esas consolas para tratar de estudiarla y arreglarla. Su cerebro lo sorprende a si mismo.

– No siempre la línea recta es la trayectoria más corta.

Su manita raya el piso con la punta del destornillador. Una pequeña marca permanece.

– Camino alterno. Siempre hay un camino alterno.

Agachado de rodillas, mediante el destornillador, extiende esa marca, haciéndola una línea, un dibujo, un mapa, y un poco después, anotaciones encima de los planos de cinco y medio metros de largo que trazó durante su epifanía frenética. El suelo ha quedado cubierto de imágenes complejas, que solo Derek es capaz de comprender.

– Aquí, siempre estuvo allí. Continúo grabación. He dilucidado una manera más directa de poner en sincronía los generadores y encender el reactor estelar, pero deberé bajar dos niveles más en la nave, lo más rápido posible. Entonces, si recuerdo un poco acerca de las instalaciones…

Se pone de pie para ir a otro segmento de piso aún liso y pulido. Usando toda vía el mismo destornillador, dibuja flechas y ductos, señales y puertas. Esta vez solo necesitó poco menos de tres metros para plasmar con holgura sus ideas.

– Es lo mejor que puedo hacer con tan poco tiempo e instrumentos. Si los demás hubiesen venido conmigo, sería más fácil.

<< Hermanita. >>

Derek extraña a sus compañeros, sus gritos, risas, incluso su silencio.

<< Pero no puedo darme por vencido. No ahora que estoy tan cerca de conseguirlo. Pensarán que soy un perdedor, como dice Thunder. O un cobarde, como dice Alex. Les demostraré mi valentía y mi ingenio. Hago esto por ayudarlos, para que todos seamos felices. >>

Limpiándose los ojos, de inmediato continúa los planes programados. Recolecta laptops, herramientas y revisa las pantallas.

– Sin remedio. Si puede hacerse, tiene que hacerse.

Va hacia la parte trasera del área, apartada y algo oscura. La puerta puede abrirse, pero no elige esa opción. Abajo, disimuladamente, colocada en una esquina, está una ventanilla de ventilación, pequeña y estrecha. Derek se pone en cuclillas y la abre con una ganzúa, rompiendo la cubierta. Saca su linterna de mano, y empuja la maleta con firmeza dentro del angosto ducto. Toma aire.

– Aquí voy.

El niño entra casi reptando en ese ducto, donde no puede alzar siquiera la cabeza o separar los codos del torso. Pero avanza lentamente hacia su menta, fiel a un complicado trayecto, el cual solo pudo ser concebido por él.

 

No mucho después…

– En la imaginación de Derek.

Ranchi se levanta adolorida de su más reciente caída, pero la magnitud de la escena la hace olvidar el estado de su cuerpo.

– Altares. – dice ella.

Los hombres le dedican una mirada de extrañeza vaga y cada uno se dedica a admirar por su propia cuenta la belleza inesperada de esa sala activada en todo su esplendor.

– Altares de sacrificio. Rodeando… el pilar mayor.

Ranchi se despoja de la mochila para flotar como colibrí entre los mando a distancia de los reactores. Traspasa con sus dedos los hologramas que congestionan el ambiente. Sus ojos son alcanzados por una enigmática alucinación: cinco mesas de piedra cubierta de fuego, símbolos desconocidos rodean una columna robusta, centro de la invocación. Una esfera ardiente crece en su sima, el fuego nace de ella, agitándose con infinitos tentáculos. Ranchi puede ver el corazón de la esfera, unas fauces abiertas, un agujero maldito, un portal a los avernos. El fuego rojo se desliza del portal, cruel, avaricioso, terrible, voraz. Ella siente un miedo incontrolable. Afortunadamente, la visión se interrumpe por el grito de Thunder.

– ¡¡Por el rajado mosquete de mi jodida abuela!! ¡Niña batería, ven aquí!

Ranchi vuela hacia él, y desde la altura, comparte la estupefacción de Thunder, al observar el suelo bajo sus pies.

– ¡Dios! – la pura sorpresa la hizo descender y ponerse de rodillas. – ¿Qué es esto? ¿En donde aprendió esto?

– Esperaba que tú me lo dijeras. Tu hermano es un condenado genio. ¿Sabías que era capaz de hacer cosas así?

– ¡No! ¡Si! Es un genio, pero jamás, nunca llegué a tan solo imaginar… lo hizo el solo… emergió de su cabecita… el enigma completo.

La chica trata de seguir las líneas trazadas por el destornillador, pero se pierde instantáneamente. Una pintura abstracta, un nudo complejo y lógico permanecía allí, muestra de lo que el razonamiento de Derek creaba en momentos desesperados.

– Puedo suponer que esta parte es un mapa – señaló Thunder, de cuclillas y siguiendo el ejemplo de Ranchi – Indica vías de acceso y salida, desviaciones, lugares que el peque consideró importantes. Este de aquí – y giró la espalda empujando a su compañera – parece más un diagrama de flujos informáticos. Es el problema, y el otro, la forma de llegar a él.

– ¿Exactamente a qué?

La profunda voz de Alex los sobresaltó a los dos.

– Al reactor de fisión astral.

– ¡Auggg! – Ranchi se dio un sentón – ¡Woaaaa!!

– ¡Alex! – dijo Thunder tomando aliento – ¡Carajo, has algo de ruido al respirar!

El capitán hizo caso nulo de las reacciones de sus compañeros y continuó su información.

– Derek esta tratando de arrancarlo. Al principio creí que solo quería descubrir su ubicación exacta, pero sus intenciones son muchísimo mas ambiciosas. Esta tratando de arrancarlo él mismo. Por desgracia, los controles están bloqueados en este nivel. Si estoy en lo correcto, tratará de hacer funcionar los reactores de forma más directa.

– Los cinco reactores de antimateria… – comenzó Thunder

– … y el reactor de fisión astral. – terminó Ranchi.

Alex ya iba a la parte posterior, y deteniéndose ante la puerta, señaló el pequeño ducto de ventilación abierto.

– La puerta no ha sido tocada. Derek entró al ducto. ¿El porqué? Tendríamos que deducir el significado de su mapa, pero me aventuraré a decir que tomó un atajo.

Ranchi, la más delgada del grupo, trató de introducirse por él, pero sus hombros se atoran antes de que pueda meter las piernas y tuvo que zafarse por medio de un portal.

– Derek se habrá metido conteniendo el aliento. No pude ver nada.

– Esperaba algo así – dijo Alex – Nosotros tendremos que tomar este camino.

Y abrieron la puerta. Entraron a un pasillo maltrecho con varias salidas laterales, con una escalera a pocos pasos señalada con el rótulo “Nivel superior: Administrativo.”

– Subo – dijo Ranchi

– Yo aquí – dice Thunder, dirigiéndose aun acceso a su izquierda.

– Continúo – dice Alex.

Pasaron cinco minutos exactos antes de reencontrarse en el sitio donde se habían separado.

– Bloqueados dos y bodegas vacías los tres restantes. Nada – dijo Thunder.

– El piso de “Administrativo” – reportó Ranchi – está sellado por fuera. Traté de forzar la compuerta, pero esas vigas soldadas son testarudas.

– Nos espera un elevador… – dijo Alex.

– ¿Otro?

– Ranchi, no me interrumpas. Conduce a una planta procesadora de desechos tóxicos.

El elevador lucía peligroso, pero lo peor era que no ascendía. Solo descendía.

– ¿Segura que el nivel superior está sellado?

– Aja.

– Eso explica que solo podamos bajar.

– De igual forma, no creo que Derek quisiera subir, más bien todo lo contrario.

Mientras se movían, la maquinaria rechinaba, al sumergirse lentamente el olvidado corazón del Deathbird, mediante bandas metálicas. Alex y Thunder inician una especie de charla acerca de donde provenía la electricidad que activaba las luces y el elevador, pero Ranchi no les prestaba atención.

<< Pregúntales del Éxodo. >>

Alex nota que ella voltea varias ocasiones hacia los lados, parpadeando.

– ¿Pasa algo?

– Nada es claro aquí. La nave se siente muy vieja.

– Es una nave vieja – confirmó Thunder.

– ¿Qué saben del Éxodo y Colonización?

Alex suspiró y Thunder se recargó de espaldas.

– Que es historia – respondió Alex.

– El calendario de mi mundo solo nos ubicaba a doscientos años del Éxodo. Pero esta nave… pareciera ser muchísimo más vieja. Casi quinientos años…

– Yo solo se que al menos ocho generaciones de mi familia, una familia longeva, han vivido en el espacio. Haz el cálculo.

– ¿Tienes familia, supersoldado?

– Cierra la boca, patán.

Thunder se ríe y agrega.

– En mi caso serían unas diez o doce generaciones. Matrimonios y muertes rápidas.

– Pero, en ese entonces, ¿Cuándo…?

– Niña – cortó Alex en seco – ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que tu corrupto, arcaico y retrógrado gobierno pudo se capaz de alterar las fechas pera que todos creyeran que el famoso Éxodo era un evento reciente?

Ranchi se acariciaba la barbilla y guiñaba un ojo mientras cavilaba.

– Buen punto.

Son liberados por el elevador en un vestíbulo oscuro, el cual solo posee un único pasillo accesible, llevándolos directamente a una escalera metálica. La primera porción descendente acaba, antes de girar en sentido contrario, en la entrada a un nivel clausurado. Y la segunda porción, que supuestamente conduce a la planta procesadora, finaliza en tres o cuatro placas de acrílico, sostenidas por un precario andamio que acaricia el borde del precipicio. Frente a ellos, donde debería estar la maquinaria de la planta en sí, se hallaba una selva de alambres y cables, arrancados y enredados caóticamente, de tal manera que era imposible ver más allá de dos o tres metros, y bajo tal maraña, una película plástica, más delgada que el papel, era el sustituto frágil del piso inexistente.

– ¿Qué habrá sucedido con la planta? – dijo Ranchi.

– Debió de haber sido desensamblada por completo y extraída pieza a pieza. Deduzco que por arriba de nosotros.

Los tres alzaron las cabezas y comprobaron la total ausencia de niveles superiores tan solo en esa área, reemplazados por trozos colgantes de tuberías torcidas, hilos metálicos que creaban enorme telarañas, alimentado al completo desastre frente a sus narices. Alex hizo un último comentario.

– Debo admitirlo, una planta así es muy útil.

– ¿Adonde tenemos que ir? – preguntó Thunder.

Alex se acomodó los googles que traía en la frente, y las lentes de éstos enfocaron a la distancia, examinando el lugar.

– Aproximadamente a sesenta o setenta metros a la izquierda. Hay luz.

– Carajo. Derek ya estará ahí.

– Derek ya se fue de ahí – dijo Ranchi. Permíteme, quizás pueda teletransportarme si ubico algún punto en particular.

– Olvídalo. La luz acaba de apagarse – dijo Alex sin voltear a verla.

– ¿Cómo dices? ¿Por qué?

– Estando aquí no tengo muchas opciones para responderte – gruñó Alex – No consigo encontrar de nuevo la salida – su índice izquierdo rozaba ligeramente el borde de los cristales verdes, ajustando funciones – Sin embargo, estoy seguro de haberla descubierto.

– ¿Entonces, que haremos? – preguntó la chica.

– Confiar en mí – respondió él al retirarse los googles de los ojos y devolverlos a su frente.

– Estarás más loco que la niña paranormal si acaso intentas lo que estás pensando. – dijo Thunder.

Sin embargo, Alex estaba ya adentrándose en ese mar de alambres, moviéndose con precisión para evitar quedar atorado. La superficie bajo sus pies se estrellaba y rompía con facilidad, por lo que permanecer estático por más de varios segundos era mala idea. Thunder fue el segundo en entrar, siendo su peso un problema, pero, al igual que su camarada, tenía una agilidad sorprendente. Ranchi dudó en iniciar la operación, porque estaba segura de que a pesar de que ellos dos hacían verla relativamente fácil, era muchísimo más peligrosa de lo que ella supusiese.

– Vamos – se animó a si misma – si no me apresuro, voy a perderme ahí adentro.

La bota de Ranchi rozó el piso semitransparente, rompiéndolo instantáneamente. Alcanzó a sostenerse con ambas manos, de unos cables que detuvieron su caída, antes de romperse e impulsarla a saltar hacia delante. Los alambres estaban tan viejos y podridos que se deshacían al menor contacto. A unos veinticinco o treinta metros más al interior, la telaraña se tornó densa y sofocante. Alex tenía la gracia de un gimnasta, seguido por Thunder, quien no lo hacía nada mal, y un poco más atrás por Ranchi, alcanzándolos con algo de torpeza, aprendiendo el truco de columpiarse y aferrarse a cualquier cosa que estuviese a su alcance.

– Existe un olor – comenta Alex en voz alta – Mezcla de amoniaco, ácido sulfúrico y … – toma una pausa para balancearse de un alambre a otro – algún compuesto biológico o tipo de feromona. Estén atentos.

Ranchi se sostiene con ambas manos, de una tubería sobre su cabeza, para impulsarse como un péndulo y caer sobre una red de fibras ópticas.

– Se que Alex no tiene sentido del humor, pero ¡debe de estar bromeando! – dijo al dar dos o tres pasos y volver a colgarse. Thunder estaba concentrado en planear su ruta entre los cables que se veían más resistentes y solo alcanzó a contestarle:

– No… no lo está.

Sin agregar más, caminó en perfecto equilibrio sobre el borde de un tubo, saltó hacia unas vigas torcidas, aprovechando la inercia como un trapecista y cayó sobre el frágil suelo, solo lo suficiente para agarrar una gran porción del enredo por encima de su cabeza, justo a tiempo para detener su desplome. Alex les hace una señal levantando el puño cerrado.

– Se están acercando.

Entonces, se escuchan crujidos y el chasquido de tenazas emergiendo bajo ellos.

– Mierda – dijo Thunder – Mierda, mierda y más mierda. Justo lo que nos faltaba.

– ¿Cómo dices que se llaman? – preguntó Ranchi.

– Parásitos insectoides de los cables. – respondió Alex – Por como se oyen, pertenecen a la variedad gigante.

Los insectos han detectado el inconfundible olor de la carne fresca, aderezada con sangre tibia y ricamente oxigenada. Ansiosos acuden a ellos, pues, hartos de comerse entre sí, desean degustar una especie diferente. Unas patas largas y filosas trepan por los cables, y sus antenas, las cuales durante mucho tiempo solo han tocado aire estático y metales corrompiéndose, detectan fácilmente la anómala existencia de una ser viviente. Uno de esos grillos infernales brota cerca de Ranchi, asustándola de muerte. Ella grita con tanta violencia que la simple fuerza de su voz lo hace retroceder y estallar como un globo. Thunder y Alex, después de destaparse lo oídos, desenfunda con rapidez sus armas. El primero, una de sus pesadas escopetas de triple cañón, y el segundo, dos pistolas de gran calibre, y ambos comienzan a disparar contra la manada de bichos abriéndose paso desde el nivel inferior y a través de la maraña de alambres para ir a comérselos sin demora.

– No hay que detenerse – dice Alex, moviéndose y utilizando ambas armas al mismo tiempo. Thunder se emparejó a su posición, y con solo disparo de su escopeta los hacía volar en trozos, apenas lo tuviese en la mira.

– ¡Oigan! ¡Yo no tengo revólver! – gritó Ranchi, al ir tras ellos.

– ¡Usa tu imaginación! – le respondió Thunder, al momento de eliminar a dos parásitos que iban directo a él.

– Que graciosos… – Otro parásito saltó cerca de un costado de Ranchi, y la hizo superar su nivel de asco. Ella le arrancó una larga pata, y tuvo el suficiente estómago para usarla a manera de lanza y ensartarlo con su propia extremidad arrancada. Considerando que los golpes propinados a los insectos que se le acercaban demasiado era con fuerza aumentada, en realidad eran tan o más efectivos que un balazo.

– ¡Carajo, realmente tienen hambre! – Thunder logró rechazar a varios que lo rodeaban, con la suficiente velocidad para evitar que la malla de fibras ópticas soportándolo no se viniera abajo – ¡Sus chillidos me erizan los vellos de la nuca! ¡Parece que se están atragantando! ¡Para colmo, los malnacidos no dejan de venir!

Los tres estaban tan concentrados en conservar sus pellejos que no tenían tiempo para caer en la desesperación.

– Allá.

Alex disparaba a los lados y esquivaba los zarpazos de los insectos, cuando vislumbró la estrecha plataforma que antecedía a la compuerta de salida. Afortunadamente, la cantidad de parásitos carnívoros parecía menguar, pero aún así, debió efectuar acrobacias increíbles para alcanzar la plataforma y matar a cuanto insecto pudiera en el proceso, incluyendo un par de saltos mortales hacia atrás al disparar y quedar colgado de cabeza sobre varios parásitos particularmente salvajes. Cuando pisa la plataforma, Ranchi, jadeante y manchada con fluidos verdosos, llega a su lado.

– Thunder viene detrás de mí.

Efectivamente, Thunder solo estaba a un par de pasos. Y de repente, un parásito salta destrozando el endeble suelo, y se lanza contra él, silbando de furia, amenazándolo con sus mandíbulas asesinas. Thunder gira y le vuela la cabeza sin problemas con su poderosa arma. Pero al caer el cadáver del insecto sobre la delicada superficie, ésta se rompe en pedazos, justo debajo del cazador muerto y la presa sobreviviente.

– ¡THUNDER!!!

Su compañero cae en el desconocido vacío, logrando que Ranchi y Alex piensen en sincronía. La chica deja caer la maleta y se lanza en picada, mientras él dispara una pistola de aire comprimido. Ve a Ranchi perderse en la negritud, acompañada por los espirales de la soga ultra delgada y resistente anclada al arpón que usa para alcanzar sitios altos. Alex no pierde concentración en imaginar lo que pasará ahí abajo y corre a buscar un punto de agarre, sujetando con fuerza su punta correspondiente de la soga. Apenas sus manos tocan el grueso metal del firme marco de la compuerta, siente los  cien kilos. de Thunder tirar de él y arrastrarlo de regreso. Y ni siquiera pasan más de cinco segundos cuando Ranchi se materializa a través de uno de sus portales, yendo hacia él exaltada y farfullante, luciendo más lunática que nunca.

– ¡El nido! ¡Nido! ¡Nido!

– ¿De que estas hablando?

– ¡Arggggg!!

– ¡Ranchi!

-¡Abajo! – La chica toma de la cuerda y hala de ella con todas sus incomprensibles fuerzas – ¡Cientos, miles de ellos! ¡Parásitos! ¡Arggggg!!! ¡Capullos! ¡Huevos! ¡HUEVOS! ¡Son asquerosos! ¡Asquerosos!!

– Nos hemos metido en su madriguera. – dice Alex con tono monocorde.

– ¡Gusanos! ¿Y que diablos estoy tratando de decirte? ¡Asco!

Pronto escuchan las maldiciones y disparos de Thunder subiendo de altura y volumen.

– ¡Carajo! ¡Maldita sea! ¡Vete a tragar a uno de tus hermanos!

El fortachón traía prendido de la camiseta a uno de esos desesperados insectos, pero apenas alcanzó la plataforma, logró asirlo de las patas, quitárselo de encima y tirarlo al piso para aplastarlo de una patada. El tiro de su escopeta fue sólo para estar seguros. Los pedazos restantes del insecto aún se retorcían cuanto Thunder sacó algo de su equipo de combate.

– ¡Chúpense esto, rajadas alimañas! ¡Dejen de comerse mi nave, con un demonio!

Alex reparó en el par de granadas de alto poder que Thunder tenía en la mano, pero apenas separó los labios para sugerir que era una mala idea, salieron disparadas y sin seguro hacia el centro del nivel. Y Thunder les dijo:

– Yo de ustedes me apartaría.

Una iracunda explosión sacudió los límites del área, mientras las llamaradas vaporizaban la enredada selva de cables recién atravesada, y en el fondo, entre el rugir del humo y los golpes del fuego, podían distinguirse los bramidos de los parásitos al ser asados vivos. Alex no se alejó cuando una nube ardiente voló a la compuerta abierta, simplemente se cubrió los ojos, única parte desprotegida de su cuerpo, con el antebrazo. Ranchi tampoco se movió gran cosa. Cuando el calor los alcanzó, su burbuja celeste la cubrió de inmediato. Thunder les dio la espalda a las llamas, y la chica pudo ver la alegría expresada en su amplia sonrisa. La onda de impacto los empujó unos pocos centímetros, así que, a fin de cuentas, resultaron intactos. El chaleco de Thunder humeaba, pero parecía no importarle.

– ¿Piromaniaco? – dijo Ranchi a Alex, de forma disimulada.

– Esa es su faceta amable – respondió Alex, también veladamente – Puedes considerarlo una afición.

– Nada como una buena explosión para animar las cosas – dijo Thunder, sacando uno de sus puros y encendiéndolo.

– Además de clausurar nuestra vía de retorno – dijo Alex – ¿O conoces otra ruta que nos lleve de nuevo a la superficie del Deathbird? ¿Cuál era la urgencia de hacer volar ese nido de parásitos?

– Así, en el sentido estricto, ninguna. Pero pensé que después de habernos olido, no nos dejarían largarnos tan fácilmente, y saldría a buscarnos la manada entera.

Alex dejó que Thunder se adelante en explorar el corredor. Repara en su bota izquierda. Uno de los apéndices abdominales, pertenecientes al insecto machacado, está cerca de su pie, y se agacha a tomarlo con su mano enguantada. Lo observa por unos segundos antes de llamar a Ranchi.

– Abre la maleta.

– ¿Qué buscas?

– Algo para envolver esto.

Saca un trozo de papel plástico y cinta de aislar, enrollando el apéndice cuidadosamente.

– ¡Hey! – Repara Thunder al regresar a buscarlos – ¡No quiero la pata de un jodido bicho mutante muerto junto a mis cervezas!

– Tengo curiosidad – responde, mientras guarda el paquete recién hecho en el fondo del equipaje. – Quiero analizarla, tengo una teoría.

Alex y Thunder van por el pasillo, intercambiando impresiones y reclamos, bajo la luz parpadeante, hacia la compuerta que los espera para llevarlos al siguiente elevador. Ranchi se retrasa un poco al cerrar la maleta y rememorar la fuerte voz de Thunder:

“… ¡la pata de un jodido bicho mutante muerto…!”

– Mejor me las como ahora.

La joven deshizo el nudo, y extrajo un paquete de galletas, único alimento que traía. Rompe el empaque y se mete una pieza entera a la boca. Un gruñir sordo retumba por las paredes. Una maquinaria gigantesca e invisible ha iniciado su marcha. Ranchi carga la maleta y devora su almuerzo apresuradamente, alcanzando a Thunder y a Alex justo cuando abren y entran al siguiente elevador. Han descubierto que éste tan solo puede descender, lo que significa que Derek continúa su bajada. Tratan de alentarse con la idea de que el niño empiece a estar tan agotado como ellos.

(continuará…)