Grilleta (parte I)

Los Aniquiladores de Planetas

Sistemas Limítrofes

Grilleta

“A veces la fuga es peor que la cárcel”

Primer cartucho. El infierno en el cerebro.

El proyecto llamado “Cárceles Productivas”, propuesto y ejecutado por el general Gregorio Antonov fue aceptado por los planetas integrantes de la Confederación de Sistemas, en especial, aquellos poseedores de problemas inmensos con criminales despiadados y escurridizos. Inclusive planetas que veías motivos de controversia en los métodos de la cárcel, fueron convencidos rápidamente de su buen uso y efectividad. Las Cárceles Productivas se integraron a Justicia y Tecnología, programas gemelos que la Confederación implantaba en sus mundos miembros, y por los cuales, muchísimos más anhelaban ingresar.

Con respecto a Justicia, no solo se incluyó el envío de reos a las Cárceles Productivas, sino además el establecimiento de la Comisión Impartidora de Justicia, un departamento interplanetario de investigación y aplicación de leyes, con jurisdicción superior a las policías locales, a las cuales, eventualmente, terminaría por absorber.  La Comisión Impartidora de Justicia, o CIJ, efectuó largas y sesudas sesiones de jurisprudencia para unificar códigos penales, definición de delitos, procesamiento más rápido de las condenas y cumplimiento efectivo de castigos y multas. Aunado a lo anterior, la CIJ se conformó como una policía especial, poseedora del mejor entrenamiento físico e intelectual, equipado con avanzadas tecnologías criminalísticas y una reputación intachable. Después de cierto tiempo, no quedaron lagunas en las legislaciones de los gobiernos planetarios bajo las cuales los criminales pudiesen ampararse. Las leyes se volvieron tan estrictas, que nadie en sus cabales osaría infringirlas. Velozmente, en el pensamiento popular, quedó claro que algo peor que arder en el averno por toda la eternidad, era cumplir condena en una Cárcel Productiva.

Pablo Castañón Weiss, originario y residente de la colonia Nueva Esperanza Terráquea, era un bandido consumado a sus 28 años.  Sus delitos incluían venta y distribución de narcóticos, extorsión, asesinato, asalto, violación y obstrucción intencional de la justicia. En cuanto su caso fue absorbido por la CIJ, se tardó dos ciclos planetarios en ser capturado. Opuso resistencia al arresto, hirió a un agente, y a él se le quebraron todos los huesos de la pierna derecha. La duración del juicio y establecimiento de la condena duró treinta minutos. Condena establecidas por el cuerpo de jueces de la Confederación: cinco cadenas perpetuas en Cárcel Productiva, es decir, de por vida.  Las malas mañas de Pablo le hacían creer que aún tenía oportunidad.

– ¡Soldado enlatado! ¡Hey! ¿Cuándo dejarán pasar a mi abogado? ¡¡Contéstame!!

Pablo estaba colgado de los barrotes, pues la armazón de recuperación mantenía su pierna multifracturada rígida para que los nanobots hicieran su trabajo. No era algo doloroso, pero sí muy incómodo.

– ¿Acaso eres mudo?

El guardia bajo la coraza de adanmátium permanecía firme a la entrada del área de detención temporal. El movió su cuerpo a la izquierda, dejando pasar al hombre que avanzó a paso firme a través de la estancia. El abogado de Pablo lucia consternado, casi aterrorizado.

– Llegas tarde, ¿Cuándo pensabas…?

Sin mirarlo, el abogado pasó de frente y entró a la siguiente puerta, justo delante de él, que lo llevó al departamento de investigaciones. Duró allí unos escasos minutos, y, al salir, trató de ignorar a Pablo, pero éste lo sujetó con violencia de la manga del saco.

– ¡A mi no me mandas al diablo! ¿Qué sucede contigo?

El abogado lo miró como si se tratase de un animal muerto.

– Suéltame.  Tengo que irme antes de que me relacionen contigo.

– Van a relacionarme contigo, lo quieras o no, ¡eres mi abogado, maldición! ¡Se supone que tienes que tienes que sacarme! ¿A cuanto asciende la fianza esta vez?

– ¡No hay fianza! ¡Ese concepto ni siquiera existe en las leyes de la Confederación! ¡No puedo sobornar a nadie porque no tengo la más mínima idea de quien o quienes te condenaron! El proceso ya esta cerrado, eres culpable, y van a encerrarte en una Cárcel Productiva, ahí acaba tu historia. ¡Si no  me alejo de ti, yo también iré!

– Tiene que haber una salida – dijo Pablo, enfriando el tono de voz. – Tienes que sacarme.

El abogado se apartó con energía y le dio la espalda. Fue hacia el imponente guardia con ojos suplicantes.

– Déjeme salir. Por favor. Yo no tengo nada que hacer aquí.

La llegada de la Estigyus, Cárcel Productiva asignada al sistema fue de solo tres ciclos. Las Cárceles Productivas están siempre en movimiento. Llevan todo lo necesario para su manutención y la asimilación de reos al sistema penitenciario. Gran parte de los alimentos se producían en el interior de la nave. Y eran en realidad una colonia viajante, acompañada por escoltas de la Confederación, naves de ciencia y alcanzada regularmente  por cargueros, quienes le suplían de refacciones y material científico. Fortalezas inhóspitas, surcando los territorios de la Confederación, amedrentando con su presencia a las corruptas consciencias.

El infierno electrónico anidando en tu iluso cerebro. Y sin marcha atrás, amiguito.

– ¡SENTADO!

Una alarma sonó, pero al prisionero no se le retiraron las esposas. Pablo creía que es una cárcel como todas en las que ha estado.

– Se procederá a leer las características de su condena. A las 1900 del día actual, usted será sometido a una operación a cráneo abierto para la implantación del regulador neurodigital de funciones primarias…

– ¡Oiga! Esto va contra de mis derechos naturales – dijo Pablo, tratando de hacerse el listo – No pueden operarme si yo no doy mi consentí…

– De acuerdo – interrumpió hastiado el guardia – Va de una vez. Olvídate del mundo exterior. Tu remedo de abogado no solo perdió el caso, sino que también esta en la mira de la CIJ. Apenas estornude de forma sospechosa, lo mandarán a hacerte compañía. Estarás aquí por el resto de tus días.

– Tengo derecho a apelar y a una revisión de la condena.

– ¿No te dijo nada? Debió decírtelo. El derecho de apelación fue suprimido bajo la enmienda 448-XC en el código penal y estatutos jurídicos de la Confederación. Perdiste. Fin. Vamos a poner ese chip en tu apestosa cabeza y picarás piedras hasta que se te deshagan las manos de podridas. – gritó ahora, dirigiéndose a otro compañero guardia apostado en la salida. – ¡El siguiente! ¡Llévense a este imbécil a la sala de operaciones!

Ver a los doctores lavarse las manos una y otra vez con cotidiana cordialidad era estresante. Los reos aguardaban su turno, apiñados en una habitación de paredes transparentes, con un par de puertas estrechas, colocadas en sitios opuestos. No había ventanas, ni guardias, pero el riesgo de escape era nulo. La habitación era fuertemente iluminada, carente de muebles, con un frío calador en su interior. Considerando que los reos solo tenían la ligera bata de cirugía sobre su desnudez, no les quedaba energía suficiente para que para tiritar, encogerse y acurrucarse entre si. Sin faltar las pláticas con los compañeros, esperando también su turno al quirófano.

– ¡Para! – Decía Pablo, castañeando los dientes – ¿Qué tanto te hacen? No es que te quiten un brazo o los ojos.

– Mucho peor, bastardo, mucho peor – su interlocutor se movía nervioso, su tez era exageradamente pálida, casi transparente – Nos pondrán un aparato en la cabeza, y después de eso, después de eso…

– ¿¡DESPUÉS DE ESO QUÉ?!

– Ya no eres tu mismo. Ellos te dicen cuando respirar, cuantas veces latirá tu corazón, ¡dejas de comer! ¡Nunca, nunca vuelves a saborear algo, a beber, a sentir! ¡A pensar! Te vuelves peor que un  muerto. Como muerto, tu mente descansa, pero aquí, te das cuenta como poco a poco te transformas en una llave de tuercas, y no dejas, ni por un segundo, de estar consciente de lo atrapado que estás.

Por fin, Pablo sintió miedo. Cuando fue su turno, temblaba. Sudaba a mares.

– ¡Buenas noches a todos! – varios saludos al unísono. El equipo parecía conocerse bien. – Hoy, Alexia invitará las bebidas.

Carcajadas joviales. Un doctor de cabello escaso y cano se encargaba de acomodar docenas de ámpulas multicolor sobre una plancha metálica. Mas al fondo, un joven trabajaba en una computadora holográfica. La enfermera afeitaba su cabeza con una máquina rasuradora.

– ¿Qué me van a hacer?

El asistente del anestesiólogo no oyó la pregunta de Pablo. O hizo caso omiso. Colocó sobre su rostro la mascarilla con oxígeno, inyectando un líquido plateado y denso en la vena más visible de su brazo izquierdo. Pablo trató de rebelarse.

– ¡Les acabo de preguntar, malnacidos que…!

Su ímpetu fue apagado por otra potente dosis de anestésico.

– Recuerda – decía el doctor de más edad en el equipo – que deben permanecer conscientes, así las lecturas del encefalograma serán mas acertadas. Pero antes de que te metas en problemas… Hito, ¿el chip esta listo? Perfecto. Procede con los trépanos, voy a sentarme un rato.

Pablo escuchó a los doctores hablar de banalidades, como si estuviesen cenando o metidos en cualquier otra actividad que no fuese agujerearle el cráneo y exponer sus sesos al aire libre.

– El lugar es encantador, sin embargo mi esposo opina lo contrario.

– Ese color te sienta, corazón.

– Gracias, amiga. Compraré uno para ti también. ¿Alguien quiere bizcochos o galletas para su café?

– Pastelillos de frutillas

– Paso. Ese té que traje del sistema Hobbo no combina con nada

– ¿Qué opina de los nuevos condominios?

– Seguros, y nada económicos…

– Dr. Evans, acabo de disecar las membranas…

Pablo se alegró de que por fin le prestasen atención. Al menos, a su cerebro.

– Inserta el chip en el cuerpo calloso, siguiendo el tallo encefálico, sin perder la vista en el escáner.  Espera, tu pulso tiembla. Déjame darte un empujón.

Pablo no sentía nada. Un poco de frío en la nuca.

– Según la imagen ya estamos en los núcleos cardíacos y respiratorios.  Iniciemos comprobación. Hito, haz los honores.

Súbitamente, sintió una fuerte opresión en el pecho. Asfixia, náuseas, mareo y al final, un aberrante dolor de cabeza. Al instante siguiente, las molestias desaparecieron.

– Comprobación finalizada. Unión neurodigital establecida.

-Acabamos. Gracias, Hito. Pones la tapa y cierras. ¿Hora, Sra. Hilde?

– 2239, Dr. Wong.

– ¡Imposible!  Debo irme, debo alcanzar al director para la firma de los documentos de traslado. ¡Me dará un infarto si no lo encuentro!

Ser un número. Una herramienta.

Aún se acariciaba la larga línea de puntos a través de su cabeza rapada, percatándose poco a poco de que toda su vida de satisfacciones físicas y crueldad animal había finalizado de golpe. Ahora era propiedad de la Confederación.

– ¡Atención, ratas!

Después de ser vestido con el austero uniforme penitenciario, fue enviado a un lugar semejante a un almacén mecánico. De pie, junto a otros cincuenta reos, escuchaba a quien debía ser el alcaide. No mencionó su nombre. Quizás no importaba.

– La anestesia ha de estar acabándoseles, por lo que explicaré esto de la forma más clara posible. Ese pequeño trozo de silicio que tienen en el cerebro es un rastreador y su única garantía de seguir viviendo. Solo podrán deshacerse de él abriéndose la cabeza con un martillo, pero no creo que sobrevivan. Háganse los listos y traten de provocarle un cortocircuito o locura similar y conseguirán freírse ustedes mismos una buena porción de cerebro. Si el dispositivo se funde o se apagan, ustedes se funden o se apaga. Más fríos que la tumba de mi madre.

Varios presos murmuraron de asombro, varios más de incredulidad.

– Y eso, gusanos, es una pequeña parte. De ahora hasta el resto de su maldita condena, estarán enlazados a un único y personal capullo robótico que los vigilará y  mantendrá a raya. Pórtense mal, golpeen, abusen, insulten o traten de amenazar a un guardia, y el capullo cocinará sus sesos en barbacoa. Aléjense cinco metros del capullo, y después de tres intentos,  éste mandará una señal para que su cabeza reviente como un globo. Más fríos que la tumba de mi madre.

Un miedo real e inevitable nació de los presos. Pablo no podía continuar evitándolo.

– Espero que se hayan olvidado del mundo exterior, porque también se despedirán de sus funciones orgánicas. El alimento es intravenoso, proporcionado por los capullos, adiós miradas raras al cocinero por otro plato de estofado. Dormirán en el interior de su capullo y únicamente cuando éste se los indique, nada de visitas cariñosas a la celda del vecino. En caso de no obedecer alas indicaciones de su capullo, ¡estarán más fríos que la tumba de mi madre! ¡LARGO!

Fueron puestos en fila. Varios técnicos preparaban los capullos. Evitaban hablar con los reos, únicamente pasaban un lector digital por la cabeza, tecleaban en sus computadoras e introducían al condenado en las entrañas del robot. Cuando Pablo fue el siguiente, estaba ansioso por gritar.

– CAP38789. Asignado al interno 5833761A-CB

El capullo era inmenso, negro como un ataúd flotante, quien lo esperaba con el vientre abierto. Parecía tener brazos y manos, pero lucían delgados y frágiles.

– Ingrese. De espaldas.

Colocó nerviosamente un pie dentro. La máquina no tenía en su interior donde sentarse o apoyarse, solo soportes para sujetar el cuello, los codos y las piernas. Pablo tenía el plan de tomarse todo el tiempo posible, pero apenas la máquina lo sintió en su seno, se cerró herméticamente. Su cuerpo embonó sin traba entre los dispositivos electrónicos, y se relajó, gracias a las ondas de sueño que lo mantuvieron inconsciente por tres semanas seguidas.

(continuará…)

El Hechicero Metálico (parte XVIII)

(continúa…)

– ¡Carajo! ¡Con un maldito carajo! – Thunder corrió hacia la compuerta, seguido de Alex, quien hacía caso omiso del dolor en brazos y piernas – ¿Qué diablos…?

Ranchi gritaba, derrumbada en el suelo. Un terror incomprensible para ella la tenía presa. Ve fuego y cadáveres calcinados.

– El infierno… el infierno esta abierto…

– ¡Contrólate! – Alex la tomó y sacudió del hombro – ¡Mantente enfocada!

– ¡Derek esta liberando al infierno! – Ranchi estaba fuera de sí, tan desquiciada como en sus mejores días.

– ¡Mierda! – dijo Thunder – ¿No vas a hacer algo al jodido respecto?

La chica hiperventilaba. Veía las heridas y los moretones en los cuerpos de sus compañeros. Levantándose de un salto, y aún con los ojos desorbitados, se aferra al brazo musculoso de Thunder. Él aferra la pesada manija de la puerta. Así, los tres entran.

  1. Ahora

El sistema aún estaba acumulando energía para la activación. Faltaban escasos minutos para alcanzar el nivel mínimo necesario capaz de iniciar las fisiones estelares. Por esa razón, la esfera protectora externa, cristalina y perfecta, todavía permanece abierta. Está sostenida por cuatro arcos incompletos, firmemente anclados en la estructura de área circundante. El reactor, en conjunto, no debía pasar de los siete metros de altura.

<< El origen y final de la calamidad humana >> recordaba Derek al admirar la abandonada estructura << aguarda adentro. >>

Un vientre gestador de mundos, consciencia electrónica escritora de realidades a nivel de quantums, el plan digital de energía infinita y celestial, mostrábase ahora ante el niño genio, quien, a pesar de comprenderlo, no lo creía totalmente real.

– Hagamos algo de reconocimiento.

Se limpia de los labios el último sorbo de su cajita de jugo. Y agrega para sí.

– Alex lo haría.

En el polo superior, en el espacio entre los arcos de sujeción, emergían torrentes de cables conductores de energía fresca hacia los capacitores primarios, ocultos a la vista. De ese mismo punto, nacía hacia el interior un grueso cilindro de materiales tornasol. En su extremo contrario estaba sostenida una esfera de menor tamaño, cubierta de minúsculas perforaciones. En el interior, se llevaría a cabo la fisión astral y planetesimal. El poder mecánico de la Creación subatómica, aún dormía.

– Continúo grabación. – dice Derek al terminar su recorrido superficial. – El reactor permanece inactivo, y debo apresurarme a encenderlo manualmente. Los niveles de energía no se mantendrán estables mucho tiempo.

En el vestíbulo del reactor, se encontraban tres secciones de computadores y monitores, aún en estado de hibernación. Derek dedicó toda su atención a éstos, pues debía reiniciar todos los sistemas informáticos en sincronía, siendo este el primero y más sencillo de los problemas.

– Inicia preparación.

Comienza a manipular los controles, liberando el flujo de micromateria cósmica para su consolidación en el núcleo de la esfera menor, la cual desciende mediante un cable central, que, además de sostenerla, energiza su ambiente interno con plasma rico en átomos pesados. Al bajar la esfera, se descubre la boca inferior del cilindro tornasol, de donde se liberan unas largas varillas de tonalidades doradas.

– Estupendo. Continúo grabación. El escudo de vidrio blindado aún no se cierra, pero sin contar eso, faltan pocos minutos para el inicio de las fisiones. Solo se debe vigilar la secuencia de arranque. – observa unas advertencias en la pantalla frente a él. – Falla en los protocolos de autorregulación. Puede que eso demore el cierre del escudo.

De rodillas, abre varias consolas, usando su destornillador más entero. No necesitó explorar más allá de diez centímetros de profundidad en cables y circuitos para descubrir algo terrible.

– ¡Por todos los cielos! ¡Los planos no dicen nada de esto! ¡Nada! ¡Definitivamente imposible! ¿Qué clase de maniáticos suicidas enfermos harían algo como esto? ¿En que estarían pensando?

Derek libera las vísceras electrónicas de la consola, la cual aún esta en funcionamiento. Armado con una lámpara en la boca, un desarmador en la mano izquierda y una pinza maltrecha en la diestra, ataca a su nuevo enemigo, ese sabotaje colosal, que acabaría transformando al producto de sus esfuerzos y trabajos en una bomba magnífica. Una bomba capaz de destruir mundos, sistemas y estrellas.

– ¡Tiempo! ¡Necesito tiempo!

En base a los planos del reactor, almacenados en su memoria, trata de anular las alteraciones. Pero éstas son muchas, y él es solo un niño pequeño con una mente gigantesca.

– Continúo grabación. He descubierto modificaciones monstruosas a los sistemas de reactor astral, con el único fin de conducirlo a fallos catastróficos, ¡catastróficos! ¡Desde la destrucción total del Deathbird e implosión cósmica, hasta la reestructuración de un plano dimensional completo! ¿Por qué harían una locura semejante?

Nervioso, alza la cabeza. La esfera interna aún está sostenida por el cable central, pero las varillas robóticas han emergido por completo, deslizándose en el aire como serpientes de torsos rígidos, extendiéndose y recordando a los dedos de una mano que abrazan una bola de cristal. En su interior, conducidos por el cable que la sostiene, gases ricos en partículas energizan el germen del universo en miniatura.

– Una bomba. Lo han transformado en una bomba. – una máscara de incredulidad cubre su faz. – Ahora que ha arrancado, continuará las fisiones hasta el máximo de capacidad. Los controles están bloqueados para permanecerá a ese nivel de funcionamiento, volviéndose inestable el sistema en poco tiempo, rebasando fácilmente los márgenes de seguridad. Cuando eso ocurra, estallará.

La máquina comienza a revivir de su larga muerte. La luz cubre los antes negros rincones, mientras la energía eléctrica recorre los nervios y venas de cables, haciendo funcionar sus órganos sintéticos. El niño mete su cuerpo en la consola abierta. La realidad no concuerda con ninguno de los escenarios previstos. Ni siquiera con los más pesimistas. Aunque Derek trabaja a toda velocidad, acepta el hecho de no permitir que el reactor arranque por completo.

– ¡Diantre! ¡A tan poco! Continúo grabación. El proceso de fisión está al 57%, y a ese ritmo, no terminaré de enmendar los destrozos que lo convierten en una máquina suicida. Deberé detenerlo cuanto antes, y eso significa desbloquear el apagado de emergencia.

Abandona sus apresuradas reparaciones y corre hacia los arcos de sujeción del reactor. Atraviesa de un salto la esfera externa de protección, y busca un punto específico de la cara interna del arco más lejano. Sus deducciones, basadas en los planos, le indican que ahí está la falla principal. La esfera interna continúa llenándose de gas, y las varillas aguardas pacientes la siguiente indicación del cerebro informático del reactor.

– Voy a tener que descubrirlo por completo.

Usa su peso para arrancar la brillante cubierta. No es metal sólido de lo que están hechos los arcos, en realidad se tratan de extensiones electrónicas del reactor, circuitos complejos, pertenecientes a la gran máquina, cumpliendo funciones dentro de ella.

– Dementes.

Derek enfoca su atención en manos y circuitos. Ignora el siguiente paso del reactor, en donde las varillas se introducen cuidadosamente por los orificios del campo de fisión, preparándose para crear y destrozar estrellas.

– … esto parece un fideo, ¿se supone que es un puente para encubrir los niveles del sensor de fotorradiación? Que estúpidos. – el diminuto segmento de cable sale despedido por los aires – Redirigimos los flujos, una gota de soldadura funcionará. ¡Maldito cacharro de mierda! ¡Enciende! – agrega, en voz baja, al acabar su labor – Recordar lavarme la boca con jabón.

Un suave pitido en su oreja izquierda le indica que ha cumplido su objetivo. Derek dirige su mirada a las consolas, justo cuando la esfera exterior de protección se cierra por encima de su cabeza, atrapándolo al lado de su corazón de energía y poder.

– ¡NO! ¡nonononono!

El reactor está sellado ahora, minutos antes de su completa activación. El cable central se retira, y la cápsula de fisión es mantenida en el aire por las varillas robóticas, entrando y saliendo de su interior. Por un instante, Derek observa los extremos de las varillas, que, al moverse, imprimen energía cinética al cargado gas, condensando así astros minúsculos, los cuales serán automáticamente pulverizados y vueltos a reconstruir infinidad de veces, en el lapso del tiempo en que la mente humana es capaz de asimilarlo. La esfera central se mantiene en equilibrio por la acción de las varillas, que la hacen girar y moverse a velocidad asombrosa. Alrededor, dentro de la cápsula de protección, la temperatura asciende, sin miras a detenerse.

– ¡Tengo que salir de aquí! – aún cuando sabe que es inútil, pero impulsado por un terror incontenible, golpea con todas sus infantiles fuerzas la esfera de contención, sin soltar todavía sus herramientas. Libera un grito de auxilio, aún cuando de antemano sabe que también es inútil.

– ¡POR FAVOR! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE! ¡RANCHI!

Las varillas parecen un resplandor dorado, con brillos de diamante en donde se origina la reacción. El niño se agacha, protegiendo instintivamente su rostro del calor y la luz intensas.

– Estoy muerto, estoy muerto, estoy muerto… – siente apoyar las piernas en carbones ardiendo, pero, a pesar del dolor, no se atreve a mover, no se atreve siquiera a girar la cabeza – Una exhalación más, un latido más, y moriré.

Como un sorprendente rayo inesperado, otra voz sacude el ambiente, un relámpago de cabellera azabache irrumpe en la sala antes vacía.

– ¡¡DEREK!! ¡¡DEREK!!

– ¡Espera un segundo!

Sin hacer caso de Alex, Ranchi se teletransporta inmediatamente al lado de su hermano, rodeándolo con sus brazos y su escudo celeste.

– ¡Chica! ¡Regresa!

– Déjala Thunder. Ella tiene sus prioridades.

Los dos individuos son golpeados por la visión de la estructura de reactor, su complejidad inhumana, el prístino núcleo con agujas veloces condensando polvo cósmico microscópico en astros efímeros, los cuales se solidificaban, para contrahacerse y expandirse en milésimas de segundo, liberando su energía intrínseca. Imágenes reducidas y multiplicadas de la creación del Universo.

– Rompe todas las leyes de la astrofísica y mecánica cuántica – dice Alex

– ¿Es real? – dice Thunder.

– Es increíble.

La luz es enceguecedora, pero intermitente, con intensidad fluctuante, bañando el área de control. Una vibración convulsiona al marco con violencia, dando la pista de que algo andaba mal en los sistemas. Alex había caído hipnotizado por pequeños soles estando y creando minúsculos agujeros negros, cuando los gritos de Ranchi le hacen recuperar el control de sí.

– ¡APAGUEN ESTA MALDITA COSA!

La joven tiene al niño hecho un ovillo, cubriéndose con pavor el rostro, temblando incontrolablemente. En su mano continúan sus desarmadores, llevados hasta el máximo.

– Lo intentaste reparar tú solo, ¡tú solo! – dice ella con reproche, sacudiéndolo para hacerlo reaccionar, hacerle sentir que en realidad estaba a su lado – Tu solo…

Afuera, Alex trataba de mantenerse frío y racional. Asunto difícil dado lo caótico de la escena.

– Es muchísimo peor de lo que pude haber previsto. Causará nuclearización incontrolada, acumulando suficiente energía para una explosión masiva. Con lo que reste, creará un nuevo agujero negro en este sector de la galaxia.

Thunder deja de observar una constelación minúscula flotando antes de evaporarse.

– Repite lo último.

– Agujero negro.

– Antes de eso.

– ¿Nuclearización incontrolada?

Thunder salta como si hubiese recibido una descarga eléctrica. Vacía en el suelo el contenido de su maleta, desperdigando su variopinto contenido. Agazapado, comenzó a buscar algo entre cartuchos de escopeta, cables, pinzar, cinta de aislar y latas de cerveza.

– ¡Lo único que leí del jodido manual cuando me lo entregaron!

– Explícate.

– Nuclearización. Instrucciones o algo así. Solo recuerdo eso, “nuclearización”.

– ¡Dijiste que ese manual era inservible! – le espetó Alex

– ¡Y lo era! ¡En ese entonces! – Responde a voces mientras se levanta y aparta objetos a patadas. – ¡Ahí!

Recoge un libro pesado, de cubierta y hojas plásticas, apoyándose sobre un tablero roto. Pasa las páginas violentamente, tratando de encontrar aquellas a la cual le dedicó cinco minutos de su atención.

– Ridículamente obsoleto – dice Alex al acercarse y verlo a un lado de Thunder.

– Es práctico. No necesitas pantalla, computadora, energía o lector de datos. Solo una mano para abrirlo y ojos para leerlo.

– Además de un cerebro para entender lo que dice. ¿Esa es la página? ¿Apagado total de emergencia?

– Haz los honores, supersoldado.

Alex revisa rápidamente los primeros párrafos.

– Necesitamos un par de llaves.

Mientras Thunder busca, Alex localiza los controles principales. Teclea los códigos de emergencia mientras su compañero rompe la famosa cadena, y los centenares de llaves caen tintineando al suelo.

– ¡Carajo!

– Busca una placa de cristal y filamentos metálicos, es la llave de seguridad. Hay que quebrarla a la mitad para usarla.

Thunder está gateando de aquí a allá, en busca de la llave perdida, revolviendo con la mano y examinando las que toma a contraluz.

– Estoy en eso – responde con el rostro al piso. – ¿Tu como vas?

– Ingresando las primeras contraseñas.

La consola central indicaba falla inminente. El calor de la fisión traspasa el escudo, y la vibración de la sala es más intensa. Thunder se topa con un rectángulo opaco que cabe en la palma de su mano. Aún de rodillas, lo coloca en sus pulgares y aplica fuerza en el medio.

– ¡Mierda! ¿No tenían que ser iguales?

La luz amarilla de miles de pequeños soles brillaba con pasión, tratando de liberarse de su pequeña cápsula, luchando con ella, tambaleándola y sacudiéndola, haciéndola gemir mediante chirridos y el inquietante sonido del metal resquebrajándose. Alex y Thunder insertaron las llaves simultáneamente en las consolas correspondientes, girándolas según las instrucciones. Las computadoras encienden. Varias pantallas muestran una familia diferente de datos, mientras teclados holográficos flotan frente a ellos.

– Hemos activado el sistema de emergencia – explica Alex – Es un sistema oculto y fuertemente protegido para evitar que cualquiera desconecte los flujos de energía del reactor estelar. Se mantiene escondido y emerge para tomar el mando de los programas principales. De momento, solo lo hemos abierto.

– Tiene sentido – reflexiona Thunder en voz alta – Solo parece en extrema urgencia.

– A mi marca, damos los giros a las llaves, como lo vaya indicando. Prepárate.

– ¿Y eso será todo?

– Permíteme señalarte que estamos apagando un sistema alienígeno de alta tecnología, no una de tus oxidadas naves de tercera mano. Y antes de que preguntes, después de esto, debemos ingresar un código, dar terminación a los sistemas de protección, otra secuencia y código, antes de acceder por fin al sistema principal.

– ¡Con un maldito demonio!

El reactor trabaja a casi el máximo de su potencia. El pequeño universo que ha creado pelea ansiosamente por nacer. Una bola de fuego lanza flechas de luz ardiente que rebotan en la coraza transparente que la envuelve, y en la burbuja azul de Ranchi.

<< Hermanito. >>

Ranchi siente al pequeño Derek temblar de miedo entre sus brazos. Ella se concentra en mantener su escudo lo mas sólido posible.

<< No se cuanto pueda resistir más >>

Derek no cierra los ojos. Observa lo que ha echado a andar. El abominable terror que ha alimentado con su genio e inocencia. Las varillas se mueven a velocidades terribles, llenado la esfera de realidades alternas fallidas. Y el resto del mundo alrededor suyo, listo para destrozarse en pedazos.

– Supersoldado, el nivel entero esta temblando.

– Ya lo he notado.

Un panel de control holográfico en su totalidad  lleva ahora las riendas de la fisión astral. Sus indicadores señalan sobrecalentamiento crítico, además de carga excesiva en los circuitos de transmisión. Por si fuera poco, hay un pequeño detalle con los nuevos controles.

– ¡No entiendo un jodido carajo! Está en otro maldito idioma – maldice Thunder

– Maiar.

Alex manipula los controles con seguridad, acariciando esos fantasmas en el aire, moviendo imágenes de izquierda a derecha, pulsando interruptores inexistentes.

– ¿Sabes leer maiar?

Ignorándolo, Alex aparta un poco a Thunder, para trabajar en otra sección.

– Desactivando reactores periféricos. Liberando cargas masivas de hipercongelante – dice al manipular los hologramas – Encendiendo ventiladores mecánicos, liberando accesos de emergencia – Alex notó la mirada interrogadora de su camarada – Thunder, si no tienes otra cosa mejor que hacer, aparte de preguntarme acerca de mi pasado, te recomiendo que cierres la boca.

– No contestaste a mi pregunta.

Alex continúa concentrado en su labor.

– Cierto, no lo hice.

Thunder resopla y vuelve a dirigir su mirada al reactor.

– Parece que no esta funcionando. Luce como un sol encerrado en un balón de blitz ball.

Una masa de fuego y calor entabla batalla con su cáscara de cristal. Lucha con violencia, golpeando con sus innumerables brazos aquella cárcel, tratando de resquebrajarla. Solo quería lograr aquello para lo cual fue invocada, es decir, crecer y alimentarse hasta acabar con todo en una gran y hermosa explosión. A su alrededor, los arcos se calentaban y chirriaban.

– Aún faltan  un par de pasos. Estoy tratando de eliminar los excedentes de energía, pero aún resta apagar por completo la fisión astral. Encendiendo sistemas de enfriamiento masivo, ahora.

Se escucha el aliento de gigantescos aspersores de aire, y el zumbido de los motores eléctricos que bombearán hipercongelante e iluminarían las rutas de evacuación, utilizando el excedente de producción del reactor astral. Aún así el sol encerrado en el balón de blitz ball no dejaba de arder.

– Thunder, ven aquí.  Hay que ingresar una clave en sincronía.

– No se tú, pero estoy empezando a preocuparme por los chiquillos. Y por nosotros. Y por mi nave.

– Deja de pensar y actúa. El tiempo esta agotándose.

– Si tú dices eso, entonces las cosas van realmente mal.

Ranchi continúa protegiendo a Derek con su cuerpo y escudo, en unos minutos tan largos como siglos. Se aferraba a su hermano, conocedora de que, por encima de su burbuja, el calor evaporaría al metal mas resistente. La estructura estaba deformándose, el techo sobre sus cabezas parecía gotear e incinerarse. Y la luz ardiente arrasaba su mente, nublando su fortaleza y esperanza.  Aun así, resistía.

<< Y… ¿si pudiera teletransportarlo conmigo? >>

La cámara colapsaría de un momento a otro. La coraza de cristal externa estaba comenzando a fragmentarse, ahí donde los rayos de energía y calor atacaban con mas fuerza. La creación de estrellas estaba fuera de control, y cada daba un estallido desbordante de poder. Las paredes más sólidas parecían papel al viento. En medio de la inminente catástrofe, Alex y Thunder realizan los últimos ajustes al sistema, logrando abrir un compartimiento oculto en el interior de la consola, que posee un interruptor encapsulado, aquel que finalizaría de golpe con todos los problemas. Según el manual de Thunder.

– A mi marca, rompemos y accionamos. Atención. Tres, dos, uno. Marca.

Thunder da un puñetazo a la caja transparente, mientras Alex hace algo similar con su codo. Las llaves, que son en realidad segmentos de circuitos, descienden automáticamente. El sistema electrónico del apagado emergente es ensamblado y cumple sin demora su misión.

– ¡Carajo! – exclama Thunder al ver como la consola se activa y muestra los mensajes de “apagado urgente” – ¡Algo en esta maldita nave que por fin funciona y no trata de matarnos!

Guillotinas ocultas seccionan los cables conductores y de alimentación derivados del sector astral, haciendo gemir a la máquina, desde lo profundo de su armazón, aunando al sonido del caer de las navajas. El núcleo de la nave retumba, haciéndoles perder el equilibro a la pareja de hombres. Las varillas robóticas pierden vida y permanecen estáticas. Los soles condensados en la esfera de fisión aguardan allí por unos segundos, hasta que la quietud de las varillas los privó de la energía para seguir existiendo.

– Vendrá un fuerte descenso de la temperatura. El congelante molecular llegará en cualquier momento.

– Se está retrasando.

– En cualquier segundo…

El torrente de gel hipercongelante fluye murmurando por las paredes del sistema, absorbiendo todo el calor del ambiente, congelando las tuberías laberínticas. El cable conductor cae y sostiene la esfera de fisión, bañándolos con una ligera llovizna de congelante molecular, y después aspira el remanente del gas rico en partículas. Los planetas y soles colapsaron, cayendo sus restos en el polvo cósmico microscópico del cual brotaron. Los aspersores ventilan y enfrían el aire, gastando en energía mecánica toda la electricidad remanente de la familia moribunda de reactores.

– Corrimos con suerte.

Los datos en idioma maiar solo tienen sentido para Alex. Thunder, por su parte, se acerca a la ardiente y resquebrajada esfera de protección. Acerca su mano, y la retira con un grito apagado.

– Deja eso supersoldado. Tenemos una situación más urgente.  – Voltea y comprueba que Alex ya le presta atención. – ¿Cómo vamos a sacarlos de ahí?

Ranchi percibe un frío arrasador. Movió las piernas, aún con su hermano en brazos. Abre los ojos con miedo. La coraza protectora resistió la energía de miles de agujeros negros explotando. ¿Cómo podrían dos hombres exhaustos abrirla?

<< No puedo esperar. Se que encontrarán una manera. Lo conseguirán. Pero no quiero esperar. >>

– Hermanito, escúchame.

El niño mueve la cabeza.

– Cierra bien los ojos. Cierra bien los ojos, y sin importar lo que oigas o sientas, no los abras.

<< Ellos dijeron que podía llevar a uno conmigo. >>

– Derek, va a ser muy rápido, te lo prometo.

El portal oscuro al mundo negativo aguarda frente a ellos. Ranchi se levanta y da un paso adelante. La pierna izquierda los introduce en el vacío, mientras la derecha los saca de él. Está ahora justo en el centro del área de control, con Thunder y Alex mirándolos atónitos.

– Es la primera vez que lo hago.

Derek temblaba, con el rostro escondido entre el regazo de su hermana, cubriéndose con la mano herida. La pierna tenía una gran quemadura sangrante. Ranchi, al borde del colapso, se dejó caer sobre sus rodillas.

– Es la primera vez que lo hago.

– ¿Estás bien? – preguntó Alex.

– No – respondió ella – Voy a desmayarme por una semana. Pero antes de eso, me lo llevo.

Thunder hizo el demás de abrir la boca, aunque de inmediato se abstuvo, al ver la misteriosa expresión de Ranchi.

– Todo lo que quieran decirle a Derek, puede esperar.

Ranchi toma aliento sonoramente.

– Regresaré por ustedes.

Al apagarse las luces principales, los hermanos desaparecen. Los reactores de antimateria colapsan finalmente. Los hombres se sentaron en el piso, uno frente al otro, con la oscuridad rodeándolos.

– Es la primera vez que me siento así de agotado en mucho tiempo – comenta Alex al encender una pequeña bengala verde sacada de su chaleco. – Por fortuna, todo ha terminado.

Thunder responde desde su lugar.

– Esto amerita una cerveza. – tanteando alrededor suyo, encuentra una lata y no tarda en abrirla – Yo estoy contento de no haber volado en pedazos. – da un generoso y escandaloso trago. – ¿Tardará mucho Ranchi?

– Probablemente.

Alex cierra los ojos para descansar. Escucha a Thunder atragantarse y escupir con decisión.

– ¡Puaj! ¡Carajo! ¡Era de aceite!

Todavía con los ojos cerrados, Alex le lanza a su compañero una nueva bengala. Escucha su crujido al encenderse, y el ronroneo más constante de los ventiladores, y como varios objetos rodaban cerca de él.

– Las malditas luces de emergencia no sirven. El lugar está más negro que el estómago del demonio. ¿Quieres agua?

El aludido alza la mano, indicando que aceptaba el ofrecimiento, y la botella aterriza en su palma abierta. Toma un sorbo profundo y escucha como Thunder hace lo mismo con su cerveza. Después de eso, se dieron el lujo de quedarse en silencio y totalmente quietos.

(continuará…)

El Hechicero Metálico (parte XIV)

(continúa…)

– ¿Dónde estamos? – preguntó al levantarse con cuidado. Fue Alex quien le respondió.

– En la imaginación de Derek.

VIII. Hace 5 horas

Un ser sobrenatural y electrónico extiende sus extremidades corpóreas e incorpóreas, convocado por un pequeño hechicero metálico, quien ha descifrado los datos e ingresado los conjuros. El ser ruge, haciendo vibrar su recién despertado cuerpo, recordando el sentido de la vida y la posibilidad de poder infinito.

– Un temblor.

Derek está sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y una computadora encendida en cada mano, conectadas ambas por varios cables remendados con cinta a una consola problemática.

– Los reactores apenas están acumulando energía para la activación – sus manos no dejan de trabajar, mientras una porción de su magnífico cerebro se independiza del resto – Deberé revisar eso.

La sala de control no está encendida por completo. Los pendientes se acumulan y, el niño, a pesar de usar todo su genio, tiene la vaga impresión de que un poco de ayuda no estaría de más.

– Continúo grabación. Este es el resguardo del control a distancia, de donde es distribuida la energía producida por el reactor. Teóricamente, el proceso de encendido, apagado y monitoreo es manejable desde aquí, pero no he conseguido hacer funcionar los mandos a distancia y tampoco el panel de vigilancia remota  de los niveles de actividad de los reactores de arranque. Lo último es indispensable, pues, al parecer – mira a la pantalla de su izquierda – tienen importantes fluctuaciones. Es algo que debo solucionar lo más rápido posible.

Esta área albergaría al menos a cincuenta personas trabajando. En él, están los controles de los cinco reactores en línea, rodeando el gran centro de mando del reactor estelar. Pero están apagados, sin funcionamiento, tan fríos e inútiles como rocas amontonadas. Derek se acerca a las máquinas y las acaricia con dedos inquietos. Se recarga sobre la espalda del sillón operario del control correspondiente al tercer reactor. Entrecierra los ojos. Está pensando a toda velocidad.

– Redirigir selectivamente la energía ya no es una opción. La complejidad del sistema lo impide, y no tengo tiempo para descubrirlo mediante ensayo y error. Deberé encender el sistema completo, aún con la fluctuación de los reactores y el riesgo inherente de desabasto en circuitos vitales. Claro, cuando arranque el reactor estelar, esto ya no será un problema.

Regresa a la salida, cruza la puerta, gira a la izquierda, entre por un ducto de ventilación, trepa medio metro, avanza seis agazapado, y se descuelga en un área de mantenimiento. La pared norte está repleta de palancas y botones, iluminados ahora por la lámpara de Derek.

– Si tuviese más tiempo…

Entre desperdicios, el pequeño busca. Un generador electromagnético local alimenta a los interruptores maestros. Derek lo enciende y la energía comienza a fluir. La seña de “en espera” cambia a “listo”. El niño se alza de puntillas para sujetar uña manija roja en la posición de apagado.

<< No hay más opciones. >>

Al levantar los pies, el peso completo de Derek desciende lentamente la manija. La luz llega y el pequeño observa el momento preciso en que los interruptores maestros se accionan en secuencia, de uno en uno o varios grupos; los botones se pulsan por cuenta propia, y mientas esa inmensa consola cobra vida, sonidos y luces van apareciendo rápidamente en ese sector de la nave. Derek no espera a que la consola termine de activarse, él ya esta de regreso, para descubrir el resultado de su aventura.

– Es… justo como lo imaginé.

Cada instrumento en la sala esta listo para ser utilizado. Y los controles a distancia esperan pacientes a sus técnicos operativos, llenando el aire con proyecciones holográficas de datos y esquemas en tercera dimensión, mientas los teclados aguardan sus primeras indicaciones.

– Perfecto.

El sillón del operario correspondiente al reactor estelar le quedaba muy grande, así que tuvo que acomodarse de rodillas sobre el asiento para alcanzar los controles. Comenzó a ingresar comandos. Entonces, un terrible mensaje de error y sonido de alarma se materializaron, provenientes de los proyectores holográficos.

– ¡Imposible!

Derek ignora la señal e intenta continuar trabajando, pero el mensaje persiste.

“Error. Terminal inválida.”

– ¡No! ¡Con un… con un… DEMONIO!!! ¡No, no, no!

El niño le da una patada al sillón, con el único propósito de canalizar su frustración y evitar seguir gritando. Respiró hondo.

– Continúa grabación. Logré reactivar el sistema de mando a distancia, pero una contrariedad descomunal ha aparecido – va a la consola siguiente. Usa el teclado e inspecciona el resto de la computadora – Al parecer, estas unidades solo son capaces de recibir información, ¡no de enviarla! Es imposible desde aquí lograr los niveles correctos de distribución de energía y la coordinación entre los reactores de arranque y el reactor estelar. ¡Ni siquiera puedo encender el reactor estelar! Está de más decir que una profunda decepción me embarga.

Derek ve los hologramas flotando sobre su cabeza. Justo encima, se encuentra el mensaje de error, y girando alrededor, gráficas de funcionamiento, dibujos el desperfecto general de los cinco reactores, su incapacidad de acoplarse para nutrir al generador estelar. El pequeño tiene en sus manos un delgado destornillador, porque planeaba abrir una de esas consolas para tratar de estudiarla y arreglarla. Su cerebro lo sorprende a si mismo.

– No siempre la línea recta es la trayectoria más corta.

Su manita raya el piso con la punta del destornillador. Una pequeña marca permanece.

– Camino alterno. Siempre hay un camino alterno.

Agachado de rodillas, mediante el destornillador, extiende esa marca, haciéndola una línea, un dibujo, un mapa, y un poco después, anotaciones encima de los planos de cinco y medio metros de largo que trazó durante su epifanía frenética. El suelo ha quedado cubierto de imágenes complejas, que solo Derek es capaz de comprender.

– Aquí, siempre estuvo allí. Continúo grabación. He dilucidado una manera más directa de poner en sincronía los generadores y encender el reactor estelar, pero deberé bajar dos niveles más en la nave, lo más rápido posible. Entonces, si recuerdo un poco acerca de las instalaciones…

Se pone de pie para ir a otro segmento de piso aún liso y pulido. Usando toda vía el mismo destornillador, dibuja flechas y ductos, señales y puertas. Esta vez solo necesitó poco menos de tres metros para plasmar con holgura sus ideas.

– Es lo mejor que puedo hacer con tan poco tiempo e instrumentos. Si los demás hubiesen venido conmigo, sería más fácil.

<< Hermanita. >>

Derek extraña a sus compañeros, sus gritos, risas, incluso su silencio.

<< Pero no puedo darme por vencido. No ahora que estoy tan cerca de conseguirlo. Pensarán que soy un perdedor, como dice Thunder. O un cobarde, como dice Alex. Les demostraré mi valentía y mi ingenio. Hago esto por ayudarlos, para que todos seamos felices. >>

Limpiándose los ojos, de inmediato continúa los planes programados. Recolecta laptops, herramientas y revisa las pantallas.

– Sin remedio. Si puede hacerse, tiene que hacerse.

Va hacia la parte trasera del área, apartada y algo oscura. La puerta puede abrirse, pero no elige esa opción. Abajo, disimuladamente, colocada en una esquina, está una ventanilla de ventilación, pequeña y estrecha. Derek se pone en cuclillas y la abre con una ganzúa, rompiendo la cubierta. Saca su linterna de mano, y empuja la maleta con firmeza dentro del angosto ducto. Toma aire.

– Aquí voy.

El niño entra casi reptando en ese ducto, donde no puede alzar siquiera la cabeza o separar los codos del torso. Pero avanza lentamente hacia su menta, fiel a un complicado trayecto, el cual solo pudo ser concebido por él.

 

No mucho después…

– En la imaginación de Derek.

Ranchi se levanta adolorida de su más reciente caída, pero la magnitud de la escena la hace olvidar el estado de su cuerpo.

– Altares. – dice ella.

Los hombres le dedican una mirada de extrañeza vaga y cada uno se dedica a admirar por su propia cuenta la belleza inesperada de esa sala activada en todo su esplendor.

– Altares de sacrificio. Rodeando… el pilar mayor.

Ranchi se despoja de la mochila para flotar como colibrí entre los mando a distancia de los reactores. Traspasa con sus dedos los hologramas que congestionan el ambiente. Sus ojos son alcanzados por una enigmática alucinación: cinco mesas de piedra cubierta de fuego, símbolos desconocidos rodean una columna robusta, centro de la invocación. Una esfera ardiente crece en su sima, el fuego nace de ella, agitándose con infinitos tentáculos. Ranchi puede ver el corazón de la esfera, unas fauces abiertas, un agujero maldito, un portal a los avernos. El fuego rojo se desliza del portal, cruel, avaricioso, terrible, voraz. Ella siente un miedo incontrolable. Afortunadamente, la visión se interrumpe por el grito de Thunder.

– ¡¡Por el rajado mosquete de mi jodida abuela!! ¡Niña batería, ven aquí!

Ranchi vuela hacia él, y desde la altura, comparte la estupefacción de Thunder, al observar el suelo bajo sus pies.

– ¡Dios! – la pura sorpresa la hizo descender y ponerse de rodillas. – ¿Qué es esto? ¿En donde aprendió esto?

– Esperaba que tú me lo dijeras. Tu hermano es un condenado genio. ¿Sabías que era capaz de hacer cosas así?

– ¡No! ¡Si! Es un genio, pero jamás, nunca llegué a tan solo imaginar… lo hizo el solo… emergió de su cabecita… el enigma completo.

La chica trata de seguir las líneas trazadas por el destornillador, pero se pierde instantáneamente. Una pintura abstracta, un nudo complejo y lógico permanecía allí, muestra de lo que el razonamiento de Derek creaba en momentos desesperados.

– Puedo suponer que esta parte es un mapa – señaló Thunder, de cuclillas y siguiendo el ejemplo de Ranchi – Indica vías de acceso y salida, desviaciones, lugares que el peque consideró importantes. Este de aquí – y giró la espalda empujando a su compañera – parece más un diagrama de flujos informáticos. Es el problema, y el otro, la forma de llegar a él.

– ¿Exactamente a qué?

La profunda voz de Alex los sobresaltó a los dos.

– Al reactor de fisión astral.

– ¡Auggg! – Ranchi se dio un sentón – ¡Woaaaa!!

– ¡Alex! – dijo Thunder tomando aliento – ¡Carajo, has algo de ruido al respirar!

El capitán hizo caso nulo de las reacciones de sus compañeros y continuó su información.

– Derek esta tratando de arrancarlo. Al principio creí que solo quería descubrir su ubicación exacta, pero sus intenciones son muchísimo mas ambiciosas. Esta tratando de arrancarlo él mismo. Por desgracia, los controles están bloqueados en este nivel. Si estoy en lo correcto, tratará de hacer funcionar los reactores de forma más directa.

– Los cinco reactores de antimateria… – comenzó Thunder

– … y el reactor de fisión astral. – terminó Ranchi.

Alex ya iba a la parte posterior, y deteniéndose ante la puerta, señaló el pequeño ducto de ventilación abierto.

– La puerta no ha sido tocada. Derek entró al ducto. ¿El porqué? Tendríamos que deducir el significado de su mapa, pero me aventuraré a decir que tomó un atajo.

Ranchi, la más delgada del grupo, trató de introducirse por él, pero sus hombros se atoran antes de que pueda meter las piernas y tuvo que zafarse por medio de un portal.

– Derek se habrá metido conteniendo el aliento. No pude ver nada.

– Esperaba algo así – dijo Alex – Nosotros tendremos que tomar este camino.

Y abrieron la puerta. Entraron a un pasillo maltrecho con varias salidas laterales, con una escalera a pocos pasos señalada con el rótulo “Nivel superior: Administrativo.”

– Subo – dijo Ranchi

– Yo aquí – dice Thunder, dirigiéndose aun acceso a su izquierda.

– Continúo – dice Alex.

Pasaron cinco minutos exactos antes de reencontrarse en el sitio donde se habían separado.

– Bloqueados dos y bodegas vacías los tres restantes. Nada – dijo Thunder.

– El piso de “Administrativo” – reportó Ranchi – está sellado por fuera. Traté de forzar la compuerta, pero esas vigas soldadas son testarudas.

– Nos espera un elevador… – dijo Alex.

– ¿Otro?

– Ranchi, no me interrumpas. Conduce a una planta procesadora de desechos tóxicos.

El elevador lucía peligroso, pero lo peor era que no ascendía. Solo descendía.

– ¿Segura que el nivel superior está sellado?

– Aja.

– Eso explica que solo podamos bajar.

– De igual forma, no creo que Derek quisiera subir, más bien todo lo contrario.

Mientras se movían, la maquinaria rechinaba, al sumergirse lentamente el olvidado corazón del Deathbird, mediante bandas metálicas. Alex y Thunder inician una especie de charla acerca de donde provenía la electricidad que activaba las luces y el elevador, pero Ranchi no les prestaba atención.

<< Pregúntales del Éxodo. >>

Alex nota que ella voltea varias ocasiones hacia los lados, parpadeando.

– ¿Pasa algo?

– Nada es claro aquí. La nave se siente muy vieja.

– Es una nave vieja – confirmó Thunder.

– ¿Qué saben del Éxodo y Colonización?

Alex suspiró y Thunder se recargó de espaldas.

– Que es historia – respondió Alex.

– El calendario de mi mundo solo nos ubicaba a doscientos años del Éxodo. Pero esta nave… pareciera ser muchísimo más vieja. Casi quinientos años…

– Yo solo se que al menos ocho generaciones de mi familia, una familia longeva, han vivido en el espacio. Haz el cálculo.

– ¿Tienes familia, supersoldado?

– Cierra la boca, patán.

Thunder se ríe y agrega.

– En mi caso serían unas diez o doce generaciones. Matrimonios y muertes rápidas.

– Pero, en ese entonces, ¿Cuándo…?

– Niña – cortó Alex en seco – ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que tu corrupto, arcaico y retrógrado gobierno pudo se capaz de alterar las fechas pera que todos creyeran que el famoso Éxodo era un evento reciente?

Ranchi se acariciaba la barbilla y guiñaba un ojo mientras cavilaba.

– Buen punto.

Son liberados por el elevador en un vestíbulo oscuro, el cual solo posee un único pasillo accesible, llevándolos directamente a una escalera metálica. La primera porción descendente acaba, antes de girar en sentido contrario, en la entrada a un nivel clausurado. Y la segunda porción, que supuestamente conduce a la planta procesadora, finaliza en tres o cuatro placas de acrílico, sostenidas por un precario andamio que acaricia el borde del precipicio. Frente a ellos, donde debería estar la maquinaria de la planta en sí, se hallaba una selva de alambres y cables, arrancados y enredados caóticamente, de tal manera que era imposible ver más allá de dos o tres metros, y bajo tal maraña, una película plástica, más delgada que el papel, era el sustituto frágil del piso inexistente.

– ¿Qué habrá sucedido con la planta? – dijo Ranchi.

– Debió de haber sido desensamblada por completo y extraída pieza a pieza. Deduzco que por arriba de nosotros.

Los tres alzaron las cabezas y comprobaron la total ausencia de niveles superiores tan solo en esa área, reemplazados por trozos colgantes de tuberías torcidas, hilos metálicos que creaban enorme telarañas, alimentado al completo desastre frente a sus narices. Alex hizo un último comentario.

– Debo admitirlo, una planta así es muy útil.

– ¿Adonde tenemos que ir? – preguntó Thunder.

Alex se acomodó los googles que traía en la frente, y las lentes de éstos enfocaron a la distancia, examinando el lugar.

– Aproximadamente a sesenta o setenta metros a la izquierda. Hay luz.

– Carajo. Derek ya estará ahí.

– Derek ya se fue de ahí – dijo Ranchi. Permíteme, quizás pueda teletransportarme si ubico algún punto en particular.

– Olvídalo. La luz acaba de apagarse – dijo Alex sin voltear a verla.

– ¿Cómo dices? ¿Por qué?

– Estando aquí no tengo muchas opciones para responderte – gruñó Alex – No consigo encontrar de nuevo la salida – su índice izquierdo rozaba ligeramente el borde de los cristales verdes, ajustando funciones – Sin embargo, estoy seguro de haberla descubierto.

– ¿Entonces, que haremos? – preguntó la chica.

– Confiar en mí – respondió él al retirarse los googles de los ojos y devolverlos a su frente.

– Estarás más loco que la niña paranormal si acaso intentas lo que estás pensando. – dijo Thunder.

Sin embargo, Alex estaba ya adentrándose en ese mar de alambres, moviéndose con precisión para evitar quedar atorado. La superficie bajo sus pies se estrellaba y rompía con facilidad, por lo que permanecer estático por más de varios segundos era mala idea. Thunder fue el segundo en entrar, siendo su peso un problema, pero, al igual que su camarada, tenía una agilidad sorprendente. Ranchi dudó en iniciar la operación, porque estaba segura de que a pesar de que ellos dos hacían verla relativamente fácil, era muchísimo más peligrosa de lo que ella supusiese.

– Vamos – se animó a si misma – si no me apresuro, voy a perderme ahí adentro.

La bota de Ranchi rozó el piso semitransparente, rompiéndolo instantáneamente. Alcanzó a sostenerse con ambas manos, de unos cables que detuvieron su caída, antes de romperse e impulsarla a saltar hacia delante. Los alambres estaban tan viejos y podridos que se deshacían al menor contacto. A unos veinticinco o treinta metros más al interior, la telaraña se tornó densa y sofocante. Alex tenía la gracia de un gimnasta, seguido por Thunder, quien no lo hacía nada mal, y un poco más atrás por Ranchi, alcanzándolos con algo de torpeza, aprendiendo el truco de columpiarse y aferrarse a cualquier cosa que estuviese a su alcance.

– Existe un olor – comenta Alex en voz alta – Mezcla de amoniaco, ácido sulfúrico y … – toma una pausa para balancearse de un alambre a otro – algún compuesto biológico o tipo de feromona. Estén atentos.

Ranchi se sostiene con ambas manos, de una tubería sobre su cabeza, para impulsarse como un péndulo y caer sobre una red de fibras ópticas.

– Se que Alex no tiene sentido del humor, pero ¡debe de estar bromeando! – dijo al dar dos o tres pasos y volver a colgarse. Thunder estaba concentrado en planear su ruta entre los cables que se veían más resistentes y solo alcanzó a contestarle:

– No… no lo está.

Sin agregar más, caminó en perfecto equilibrio sobre el borde de un tubo, saltó hacia unas vigas torcidas, aprovechando la inercia como un trapecista y cayó sobre el frágil suelo, solo lo suficiente para agarrar una gran porción del enredo por encima de su cabeza, justo a tiempo para detener su desplome. Alex les hace una señal levantando el puño cerrado.

– Se están acercando.

Entonces, se escuchan crujidos y el chasquido de tenazas emergiendo bajo ellos.

– Mierda – dijo Thunder – Mierda, mierda y más mierda. Justo lo que nos faltaba.

– ¿Cómo dices que se llaman? – preguntó Ranchi.

– Parásitos insectoides de los cables. – respondió Alex – Por como se oyen, pertenecen a la variedad gigante.

Los insectos han detectado el inconfundible olor de la carne fresca, aderezada con sangre tibia y ricamente oxigenada. Ansiosos acuden a ellos, pues, hartos de comerse entre sí, desean degustar una especie diferente. Unas patas largas y filosas trepan por los cables, y sus antenas, las cuales durante mucho tiempo solo han tocado aire estático y metales corrompiéndose, detectan fácilmente la anómala existencia de una ser viviente. Uno de esos grillos infernales brota cerca de Ranchi, asustándola de muerte. Ella grita con tanta violencia que la simple fuerza de su voz lo hace retroceder y estallar como un globo. Thunder y Alex, después de destaparse lo oídos, desenfunda con rapidez sus armas. El primero, una de sus pesadas escopetas de triple cañón, y el segundo, dos pistolas de gran calibre, y ambos comienzan a disparar contra la manada de bichos abriéndose paso desde el nivel inferior y a través de la maraña de alambres para ir a comérselos sin demora.

– No hay que detenerse – dice Alex, moviéndose y utilizando ambas armas al mismo tiempo. Thunder se emparejó a su posición, y con solo disparo de su escopeta los hacía volar en trozos, apenas lo tuviese en la mira.

– ¡Oigan! ¡Yo no tengo revólver! – gritó Ranchi, al ir tras ellos.

– ¡Usa tu imaginación! – le respondió Thunder, al momento de eliminar a dos parásitos que iban directo a él.

– Que graciosos… – Otro parásito saltó cerca de un costado de Ranchi, y la hizo superar su nivel de asco. Ella le arrancó una larga pata, y tuvo el suficiente estómago para usarla a manera de lanza y ensartarlo con su propia extremidad arrancada. Considerando que los golpes propinados a los insectos que se le acercaban demasiado era con fuerza aumentada, en realidad eran tan o más efectivos que un balazo.

– ¡Carajo, realmente tienen hambre! – Thunder logró rechazar a varios que lo rodeaban, con la suficiente velocidad para evitar que la malla de fibras ópticas soportándolo no se viniera abajo – ¡Sus chillidos me erizan los vellos de la nuca! ¡Parece que se están atragantando! ¡Para colmo, los malnacidos no dejan de venir!

Los tres estaban tan concentrados en conservar sus pellejos que no tenían tiempo para caer en la desesperación.

– Allá.

Alex disparaba a los lados y esquivaba los zarpazos de los insectos, cuando vislumbró la estrecha plataforma que antecedía a la compuerta de salida. Afortunadamente, la cantidad de parásitos carnívoros parecía menguar, pero aún así, debió efectuar acrobacias increíbles para alcanzar la plataforma y matar a cuanto insecto pudiera en el proceso, incluyendo un par de saltos mortales hacia atrás al disparar y quedar colgado de cabeza sobre varios parásitos particularmente salvajes. Cuando pisa la plataforma, Ranchi, jadeante y manchada con fluidos verdosos, llega a su lado.

– Thunder viene detrás de mí.

Efectivamente, Thunder solo estaba a un par de pasos. Y de repente, un parásito salta destrozando el endeble suelo, y se lanza contra él, silbando de furia, amenazándolo con sus mandíbulas asesinas. Thunder gira y le vuela la cabeza sin problemas con su poderosa arma. Pero al caer el cadáver del insecto sobre la delicada superficie, ésta se rompe en pedazos, justo debajo del cazador muerto y la presa sobreviviente.

– ¡THUNDER!!!

Su compañero cae en el desconocido vacío, logrando que Ranchi y Alex piensen en sincronía. La chica deja caer la maleta y se lanza en picada, mientras él dispara una pistola de aire comprimido. Ve a Ranchi perderse en la negritud, acompañada por los espirales de la soga ultra delgada y resistente anclada al arpón que usa para alcanzar sitios altos. Alex no pierde concentración en imaginar lo que pasará ahí abajo y corre a buscar un punto de agarre, sujetando con fuerza su punta correspondiente de la soga. Apenas sus manos tocan el grueso metal del firme marco de la compuerta, siente los  cien kilos. de Thunder tirar de él y arrastrarlo de regreso. Y ni siquiera pasan más de cinco segundos cuando Ranchi se materializa a través de uno de sus portales, yendo hacia él exaltada y farfullante, luciendo más lunática que nunca.

– ¡El nido! ¡Nido! ¡Nido!

– ¿De que estas hablando?

– ¡Arggggg!!

– ¡Ranchi!

-¡Abajo! – La chica toma de la cuerda y hala de ella con todas sus incomprensibles fuerzas – ¡Cientos, miles de ellos! ¡Parásitos! ¡Arggggg!!! ¡Capullos! ¡Huevos! ¡HUEVOS! ¡Son asquerosos! ¡Asquerosos!!

– Nos hemos metido en su madriguera. – dice Alex con tono monocorde.

– ¡Gusanos! ¿Y que diablos estoy tratando de decirte? ¡Asco!

Pronto escuchan las maldiciones y disparos de Thunder subiendo de altura y volumen.

– ¡Carajo! ¡Maldita sea! ¡Vete a tragar a uno de tus hermanos!

El fortachón traía prendido de la camiseta a uno de esos desesperados insectos, pero apenas alcanzó la plataforma, logró asirlo de las patas, quitárselo de encima y tirarlo al piso para aplastarlo de una patada. El tiro de su escopeta fue sólo para estar seguros. Los pedazos restantes del insecto aún se retorcían cuanto Thunder sacó algo de su equipo de combate.

– ¡Chúpense esto, rajadas alimañas! ¡Dejen de comerse mi nave, con un demonio!

Alex reparó en el par de granadas de alto poder que Thunder tenía en la mano, pero apenas separó los labios para sugerir que era una mala idea, salieron disparadas y sin seguro hacia el centro del nivel. Y Thunder les dijo:

– Yo de ustedes me apartaría.

Una iracunda explosión sacudió los límites del área, mientras las llamaradas vaporizaban la enredada selva de cables recién atravesada, y en el fondo, entre el rugir del humo y los golpes del fuego, podían distinguirse los bramidos de los parásitos al ser asados vivos. Alex no se alejó cuando una nube ardiente voló a la compuerta abierta, simplemente se cubrió los ojos, única parte desprotegida de su cuerpo, con el antebrazo. Ranchi tampoco se movió gran cosa. Cuando el calor los alcanzó, su burbuja celeste la cubrió de inmediato. Thunder les dio la espalda a las llamas, y la chica pudo ver la alegría expresada en su amplia sonrisa. La onda de impacto los empujó unos pocos centímetros, así que, a fin de cuentas, resultaron intactos. El chaleco de Thunder humeaba, pero parecía no importarle.

– ¿Piromaniaco? – dijo Ranchi a Alex, de forma disimulada.

– Esa es su faceta amable – respondió Alex, también veladamente – Puedes considerarlo una afición.

– Nada como una buena explosión para animar las cosas – dijo Thunder, sacando uno de sus puros y encendiéndolo.

– Además de clausurar nuestra vía de retorno – dijo Alex – ¿O conoces otra ruta que nos lleve de nuevo a la superficie del Deathbird? ¿Cuál era la urgencia de hacer volar ese nido de parásitos?

– Así, en el sentido estricto, ninguna. Pero pensé que después de habernos olido, no nos dejarían largarnos tan fácilmente, y saldría a buscarnos la manada entera.

Alex dejó que Thunder se adelante en explorar el corredor. Repara en su bota izquierda. Uno de los apéndices abdominales, pertenecientes al insecto machacado, está cerca de su pie, y se agacha a tomarlo con su mano enguantada. Lo observa por unos segundos antes de llamar a Ranchi.

– Abre la maleta.

– ¿Qué buscas?

– Algo para envolver esto.

Saca un trozo de papel plástico y cinta de aislar, enrollando el apéndice cuidadosamente.

– ¡Hey! – Repara Thunder al regresar a buscarlos – ¡No quiero la pata de un jodido bicho mutante muerto junto a mis cervezas!

– Tengo curiosidad – responde, mientras guarda el paquete recién hecho en el fondo del equipaje. – Quiero analizarla, tengo una teoría.

Alex y Thunder van por el pasillo, intercambiando impresiones y reclamos, bajo la luz parpadeante, hacia la compuerta que los espera para llevarlos al siguiente elevador. Ranchi se retrasa un poco al cerrar la maleta y rememorar la fuerte voz de Thunder:

“… ¡la pata de un jodido bicho mutante muerto…!”

– Mejor me las como ahora.

La joven deshizo el nudo, y extrajo un paquete de galletas, único alimento que traía. Rompe el empaque y se mete una pieza entera a la boca. Un gruñir sordo retumba por las paredes. Una maquinaria gigantesca e invisible ha iniciado su marcha. Ranchi carga la maleta y devora su almuerzo apresuradamente, alcanzando a Thunder y a Alex justo cuando abren y entran al siguiente elevador. Han descubierto que éste tan solo puede descender, lo que significa que Derek continúa su bajada. Tratan de alentarse con la idea de que el niño empiece a estar tan agotado como ellos.

(continuará…)