El Hechicero Metálico (parte XVII)

(continúa...) Poco después… Desde afuera, lucía como una compuerta más, seguida de unas escaleras eléctricas, dando a una segunda entrada. Pero, al traspasarla, se dieron cuenta de las proporciones correctas de la situación. - ¡Carajo! Ranchi no era capaz de cerrar la boca. Miraba lentamente a su alrededor, tratando de convencerse de que solo era … Sigue leyendo El Hechicero Metálico (parte XVII)

Anuncios

El Hechicero Metálico (parte XV)

La joven deshizo el nudo, y extrajo un paquete de galletas, único alimento que traía. Rompe el empaque y se mete una pieza entera a la boca. Un gruñir sordo retumba por las paredes. Una maquinaria gigantesca e invisible ha iniciado su marcha. Ranchi carga la maleta y devora su almuerzo apresuradamente, alcanzando a Thunder … Sigue leyendo El Hechicero Metálico (parte XV)

El Hechicero Metálico (parte XIII)

(continúa...) - Continúo grabación. Hasta el momento los sistemas de energía periférica parecen estables – una mordida al emparedado – Debo continuar hasta encontrar los controles a distancia, es decir, los controles más importantes de el Deathbird entero. Entre más rápido, mejor. Guarda sus aparatos en la mochila, revisa que no olvida nada y da … Sigue leyendo El Hechicero Metálico (parte XIII)

El Hechicero Metálico XI

VII.    Hace diez horas. Derek caminaba bajo la guía de su memoria. Tras pasar la puerta, y activar el elevador, lo conocido y confortable del Deathbird quedó atrás. Ingresaba en una nave distinta, hostil, donde el único camino era el concebido en la mente del pequeño. La lámpara que sujetaba con fuerza alumbraba sus … Sigue leyendo El Hechicero Metálico XI

Haha (parte VIII y última)

Bullock almorzaba en su escritorio, utilizando las carpetas de varios expedientes como mantel para evitar manchar su área de trabajo con catsup y mostaza con jalapeño. Y, salido de la nada, un joven detective se planta a su lado, tan emocionado como un novato al resolver su primer caso...

Haha (parte VII)

Akina aún no se acostumbraba al sol. Y si bien aún no hacía bastante calor, esa tibieza penetraba en su piel, una tibieza soñolienta que la adormilaba, efecto benéfico a los ojos de la doctora, quien la incitaba a tomar cuantas siestas desease. Sin embargo, es estos momentos no quería desconectarse del mundo y permitirle a su cerebro intoxicado de cordura asimilar todo el cúmulo de sensaciones nuevas, recién integradas a su sistema. Quería hablar con Kurono. Y Kurono quería hablar con ella.