El Hechicero Metálico (parte XVII)

(continúa…)

Poco después…

Desde afuera, lucía como una compuerta más, seguida de unas escaleras eléctricas, dando a una segunda entrada. Pero, al traspasarla, se dieron cuenta de las proporciones correctas de la situación.

– ¡Carajo!

Ranchi no era capaz de cerrar la boca. Miraba lentamente a su alrededor, tratando de convencerse de que solo era otra de sus visiones delirantes. Cuando por fin pudo articular palabra, repitió la atinada exclamación de Thunder.

– ¡Carajo!

Alex estaba impactado. Sus dos mejores laptops incinerándose encima de la computadora central. Y, por primera vez en toda la jornada, maldijo con su característico acento.

– ¡Carajo!

Fue presto a desconectarlas, pero, al revisar las pantallas, descubrió porque el niño estaba dispuesto a sacrificarlas. Ni siquiera se atrevió a acercar sus dedos a ellas.

– ¿Esas no son tus computadoras, Alex? – preguntó Ranchi al ver como las observaba con atención.

– Lo eran. Se las di a Derek para repararlas hace pocos días. Al parecer consideró necesario usarlas sin mi permiso.

Thunder miraba por la ventana.

– Supersoldado, ¿exactamente que están haciendo tus máquinas?

– Estabilizando la producción de los reactores, con el único fin de alimentar la fisión astral. Derek esta empeñado en conseguirlo.

– Aquí hay algo raro.

Thunder encuentra cerca los restos del dispositivo de interferencia. Pensar no es una de sus características más importantes, así que cuando lo hace, es fácil notarlo por lo gestos en su rostro. Levanta el metal corroído a la vista de su compañero.

– ¿No te recuerda esto a  las “minas de error”?

Alex le dedicó una fugaz mirada y explicó a Ranchi.

– Aparatos que encontramos en ciertos lugares del Deathbird. Producían colapsos en los sistemas informáticos.

– Aunque nunca entendimos bien la razón de las minas, porque no dilucidamos bien que carajos era lo que querían sabotear. Recuerda que nosotros no creíamos que el reactor estelar en realidad existiese. Y ya que lo tenemos frente a nuestras narices, las cosas toman sentido.

– Alteraron los planos – dijo Ranchi – sellaron los niveles, y plantaron minas de error. No deseaban que el reactor astral volviera a funcionar, ¿Por qué?

– Cualquiera que fuese el motivo – interrumpió Alex – no podemos permitir que Derek lo haga. Hay que alcanzarlo cuanto antes.

Ranchi mira el domo del reactor astral a través de la ventana, la disposición de los cinco caminos y el resto de las cámaras. La esfera oscura aún permanece inerte. Alex reinició la marcha y dejó las máquinas funcionar, al atravesar la compuerta de entrada al gran corredor de comunicación hacia el reactor astral. Tan solo se adelantaron unos pocos pasos, y la compuerta se cerró herméticamente. Luces rojas iluminaron los al menos doscientos metros de trayecto que les faltaba recorrer. El techo estaba a unos veinte metros por sobre sus cabezas, y en todos lados, había placas circulares casi sin espacio entre sí. La entrada al reactor estaba en perfecta línea recta.

– No es por darnos miedo, pero estamos encerrados. Otra vez.

– Además de mal agüero, es un comentario inútil, porque ya lo sabía, Ranchi.

– De acuerdo, cerraré la boca el resto del viaje, Thunder.

– Si es que puedes.

La entrada a la esfera del reactor astral estaba protegida por una inexpugnable cerradura electrónica. Alex la examinó desde varios ángulos, sacó su microcomputadora y empezó a decodificar la contraseña.

– Me extraña que no exista un brecha tecnológica tan pronunciada entre este sector del Deathbird y nosotros. – comentó Alex.

– Dos opciones. O lo usado aquí abajo era súper avanzado a su época, o tus juguetes son demasiado viejos, supersoldado.

– Un poco de ambas.

– ¿Qué? – exclamó Ranchi.

– La tecnología de aquí es la base para la nuestra. Claro, con mejorías en materiales y diseños, pero puedo reconocer los bloques básicos de la que esta compuesta. Por eso puedo infiltrarme en su seguridad sin mucho problema. Además de que, detesto reconocerlo, estoy algo atrasado en cibernética e informática. Mis aparatos aún son compatibles, en cierta forma. Quizás por eso Derek comprende fácilmente lo que sucede aquí.

– Sin olvidar que le ayuda ser un rajado genio.

Alex hizo un rápido movimiento con la ceja izquierda.

– Claro, descontando eso.

Varios minutos más tarde, una serie de números nace de la pequeña pantalla de la computadora de Alex, quien, sin titubear, ingresa la clave robada. El grito de Ranchi fue el más agudo de todos, cuando la pequeña pantalla sobre el teclado de la cerradura mostró el mensaje de:

“Contraseña inválida”

– Esto debe ser un error – dijo Alex con los ojos bien abiertos.

“Activando medidas defensivas.”

Tres de las placas metálicas empotradas en la pared se abrieron, y liberaron cada cual un brazo metálico largísimo, armados al final con garras poderosas, implantadas al final de un gran ojo rojo como la sangre y luminoso como el fuego. Uno para cada quien.

– Interesante.

Alex disparó automáticamente una de sus armas a la serpiente que se abalanzaba hacia él, haciendo estallar el único ojo alojado entre las zarpas. El bicho se detuvo en seco y postró inerte ante sus pies. Al mismo tiempo, Thunder desenfundó una de sus escopetas, y el disparo, además de empujarlo un poco hacia atrás, mandó volando los trozos de cabeza armada del brazo autómata. Ranchi tenía las garras metálicas arañándole el tórax, y ella las aferró con su anómala fuerza, doblándolas hacia adentro. El ojo rojo relampagueó de sorpresa, mientas la chica la agitaba de arriba abajo, creando una ondulación en aumento, que acabó arrancándola de raíz en la pared.

– Francamente – decía Thunder, al recargar su pesada arma – yo esperaba algo más… ¡AUGGG!!!

En los planos, Derek había estudiado el sistema de defensa. Resumió su funcionamiento con una sola palabra: Hydra. El monstruo de mitos arcaicos que tenía la particularidad de que, con cada cabeza cercenada, dos más crecían en su lugar.

– ¡THUNDER!!!

El brazo metálico saltó inesperadamente y lo golpeó. Una escopeta salió volando y el fortachón cayó al suelo con una herida en la espalda. En esos momentos, seis serpientes se retorcían a su alrededor, moviendo sus largos cuerpos por doquier, haciéndolos separarse al lanzarse a ellos, con las zarpas extendidas. Alex hacía muestra de hábiles movimientos, dándoles al tiempo instrucciones a sus camaradas.

– ¡No las destruyan! ¡Si una es desactivada, dos emergen de la estructura! ¡Tenemos que ingresar la clave correcta para anular el programa de defensa!

La camisa de Thunder estaba empapada de sangre, pero él giraba y rodaba rápidamente para ponerse a cubierto. Los tentáculos metálicos rompían el suelo, arañaban el aire y crujían sus mandíbulas, tratando, en vano, de capturar a los intrusos.

– ¡Alex! ¿Qué hacemos ahora?

Ranchi golpeaba a los brazos robóticos para apartarlos de su camino, intentando romper sus colmillos cuando conseguía asirlos. Volar o teletransportarse no le servía de mucho.

– Intentaré obtener de nuevo la contraseña, ¡ten cuidado!

La chica dio un puñetazo demasiado fuerte al ojo rojo de una serpiente que la tenía enganchada de la cintura. El ser artificial se sacudió violentamente, y la luz roja se desvaneció.

– ¡Maldición!

El par de relevo nació de puntos opuestos en las paredes. Uno de ellos tomó a Thunder y lo estrelló despiadadamente contra el muro. Su gemela atrapó una de las piernas de Alex, lanzándolo hacia las garras de varias serpientes ansiosas. No tuvo más remedio que disparar. Dos más brotaron en ese justo momento.

– ¡Ve a ver a Thunder! – gritó Alex a una Ranchi atónita.

Ella corrió, evitando los tentáculos, y arrastró a su amigo del boquete de fierros doblados.

– Ya te saco, ya te saco…

– Adiós a mis dos costillas de la suerte… – decía Thunder mientras se incorporaba lentamente.

– Déjame ayudarte – dijo Ranchi.

– Puedo moverme. Dame la maleta. – Ranchi le ayuda a poner la mochila sobre su herida espalda – Teletranspórtate con el supersoldado. Sospecho que ahora sí esta en problemas.

Cayendo de un portal, llego justo en el momento en que Alex trataba de eludir a dos de esos tentáculos con giros, volteretas y una pierna herida. Ranchi se interpuso entre ellos y tomó los colmillos de ambas serpientes.

– ¡Robots del diablo!

Logró domar los tentáculos y enredar sus garras entre sí, doblándolas en gancho. Las cabezas se alejaron, luchando por separarse.

– ¿Cuántas veces te he salvado la vida, eh? – dijo alegre Ranchi.

Las serpientes se sacudían con fiereza, y en su histeria por separarse, terminaron por arrancarse mutuamente los ojos rojos. Antes de que sus restos cayeran, cuatro más tomaron su lugar. Alex gruñó.

– No las suficientes.

– Dame la microcomputadora – dijo Ranchi, sin previo aviso – iré directamente a la compuerta y correré de nuevo el programa de infiltración. Tenemos a un montón de esas bestias tratando de comernos y… ¡atrás de ti!

Ambos saltaron en diferentes direcciones. La inteligencia artificial del sistema de defensa estaría furiosa mientras ellos permaneciesen con vida.

– Estás de broma – fue la respuesta de Alex – Ignoras cómo descifrar una secuencia encriptada, o tan siquiera encender una microcomputadora.

– ¡Supersoldado! – decía el grito de Thunder a varios metros de ellos, entre tres serpientes robóticas empeñadas en arrancarle los brazos – ¡Es la hermana de Derek! ¡Algo tuvo que aprender de él!

Las serpientes no dejaban que nadie se moviese con libertad. Alex dudaba de las capacidades y la salud mental de Ranchi, pero, ¿qué otra cosa podía hacerse?

– ¡Ranchi! ¡Aquí!

La pierna (probablemente fracturada) le dolía horrores y casi no podía usarla para sostenerse, además de haber perdido, cuando menos, medio litro de sangre. Si iba a aceptar ayuda, era un buen momento.

– Escucha – le decía a ella, apenas se materializó a su lado. Sacó rápidamente la computadora de su chaleco, y programó de inmediato varias funciones en la pantalla táctil. – Mantenla frente al lector óptico todo el tiempo que puedas.

– Aja – Ranchi llevaba a Alex del brazo de derecha a izquierda, permaneciendo lo más atenta posible mientras esquivaba los ataques.

– Solo pulsa “iniciar intromisión”. Espero…

Ranchi lo tiró al suelo, jalándolo de la camisa para evitar ser machacados por dos tentáculos estrellándose en la pared.

– … alcanzarte cuando finalice la descodificación.

– ¿Cuánto tardará?- Ranchi aferraba la computadora.

– De cinco a siete minutos. – Alex se alejó rodando por el suelo, pues ella se apartó de un salto. Los tentáculos eran persistentes. – Mantén el enlace el tiempo completo o la contraseña volverá a ser errónea.

– Entendido – y se teletransportó a la compuerta.

<< El infierno se esta abriendo. >>

<< ¡Déjenme en paz! ¡Largo! >> pensó Ranchi. Aún así, las voces permanecían.

<< El infierno. Su fuego y su odio están siendo liberados. >>

<< La invocación funcionó. >>

Ranchi apenas saltó de su portal cuando fue embestida por sorpresa, saliendo disparada hacia el muro, cayendo después al suelo. Segundos más tarde, tres tentáculos más cayeron sobre ella. Los repelió usando su escudo celeste, pero aún así sintió la fuerza de la embestida aplastándola. Su burbuja se hundía bajo sus pies, gracias a los ataques de los robots. Una tras otra, las cabezas coronadas de garras retumbaban contra la burbuja, y Ranchi tuvo que trazar un rápido plan de sobrevivencia. Cuando las tres cabezas estaban en el aire, desvaneció su escudo. La primera cayó en picada hacia ella, por lo que Ranchi la desvió de un certero golpe. Cuando la segunda y la tercer golpearon, el portal de la chica ya se había cerrado, llevándosela, agazapada, al portal.

– ¡Bien! Ahora, ¿Dónde dejé la…?

Su mano izquierda golpeó al robot. Y en su mano izquierda tenía un pequeño montón de cristales rotos y cables enredados.

– Alex se va a poner pesado.

Veía a Thunder arrinconado por racimos de tentáculos, tratando de dispararles a sus férreos cuellos. Alex, no muy lejos de él, resiste, disparando con una mano mientras la otra, lo ayudaba a sostenerse, rodeado de ojos rojos con garras. El tiempo se alentó, y de pronto, desaparecieron.

<< Oh, no. ¡No justo ahora! >>

El pasado llama a Ranchi. Cascadas de imágenes se agolpan en su mente. Los eventos actuales se esfuman como sueños, mientras las visiones antiguas parecen más vividas y reales. Épocas, sitios distintos. Ve a un equipo de soldados, parecido a su capitán Alex, por la forma en que se sincronizan y actúan. Ranchi los observa dentro del reactor estelar, trabajando rápidamente en los controles. Otros cubren la salida, atrincherados y disparando. Ranchi se acerca tímidamente a ellos, los oye hablar.

“- … sin remedio.

– Malditos, malditos sean.

– ¿Le comentaste al comandante?

– Efectivamente. La operación dará inicio en quince minutos.

– De todas formas, acabamos aquí. Es turno del equipo Ceres.”

Ranchi permanece quieta mientras su entorno se transmuta en otro sector. Los cinco puestos de vigilancia, y ella esa ahora, junto a un grupo de hombres y mujeres, en el número tres. Observa como desmantelan las computadoras y soldan las “minas de error”, con cuidado y precisión. Al acabar, usan las ventanas inteligentes para comunicarse brevemente.

“- Listo, comandante.”

Todo se esfuma y toma forma de una salida desconocida del complejo. Ranchi corre entre soldados fuertemente armados y protegidos con cascos y corazas ligeras. Ella no logra saber si huían o perseguían, solo percibe esa urgencia y adrenalina en sus músculos. Hay seis hombres más, en una posición adelantada. Están acompañados de varios cadáveres en el suelo.

“- Reporte, soldado.

– Rebeldes, señor. Trataban de alcanzar el reactor. Logramos contenerlos sin sufrir bajas.

– ¿Eran un equipo de avanzada?

– No señor, al parecer actuaban por su cuenta. No comprobamos contacto con otras células rebeldes.

– Raro. ¿Sobrevivientes?

– Ninguno.

Ranchi miraba los cuerpos de los rebeldes. Eran totalmente diferentes a la milicia especializada que salía del complejo. Lucían como civiles y guerrilleros con armas de bajo poder y sin uniformes o distintivos. Tenían miedo en los rostros.

– Continúa la operación. Planta parásitos, y echa los cuerpos para alimentarlos. Sellen el nivel lo más rápido posible.”

Los cadáveres son lanzados al interior del área recién abandonada. Uno de los soldados saca de su indumentaria un tubo de ensaye tapado con caucho. Adentro unos gusanillos traslúcidos se retorcían. El soldado lanza el tubo y se le oye estrellarse, mientras cierran las compuertas y aplican las gruesas barras de metal para soldarlas al marco.

“- Reporte.

Por primera vez, Ranchi se transmuta a un lugar conocido. Están instalando la puerta de seguridad colu que casi los fríe antes de entrar a la cámara de controles a distancia del complejo de reactores. Curiosea un poco entre los soldados afanosos como abejas.

– Al noventa por ciento de la instalación. Diseñada a manera de respaldo, en caso de una nueva incursión rebelde. – Añade, casi como una confesión – Programe el cerrojo como lo pidieron los generales, una clave aleatoria cada 26 segundos. Cuando la cerremos, nadie tendrá la contraseña correcta. Los rebeldes sin un sistema decodificador no podrán cruzarla.

El comandante comenta al soldado más cercano a él.

– Y espero que nosotros tampoco.”

La chica es llevada a una evacuación, arrastrada por oleadas de personas que la empujan y asfixian. Cuando ella se siente sobrecogida por su terror, es de nuevo transportada a otra zona familiar. Los controles a distancia que Derek fue incapaz de reparar. Hay dos soldados por computadora, con el comandante en el control central. Plantan minas de error y alteran los programas. El comandante hace lo mismo, con una ayudante nerviosa.

“- ¿Esta de acuerdo con la decisión de los generales? ¿Anular así al reactor astral?

– Recién acoplamos los generadores eléctricos para soportes vitales indispensables. La nave será evacuada en máximo setecientas veinte horas. Después de eso, será regresada a los maiar. Nosotros permaneceremos en el planeta. Te recuerdo que cuando estemos abajo, ya no los llames ‘generales’.

– Lo haré, señor. – la ayudante se toma un tiempo en escuchar su audífono izquierdo – El equipo Balthus me ha enviado un informe. Terminaron de desensamblar las plantas purificadoras de aire, agua y desechos, para facilitar la colonización. El desembarco se inicio hace tres horas.

– Bien por ellos. – responde el comandante, sin apartar la vista del trabajo – ¿El equipo Lappa está llevando a los maiar a sus áreas de clonación y criogenia?

– Si señor. Interesante raza. Consideran que si solo uno de ellos sobrevive…

– … el alma de su pueblo alcanzará la inmortalidad. Condensan el conocimiento de una civilización entera en un solo individuo. No conocen el concepto de muerte individual. O si lo conocen, no les importa tanto como a nosotros.

La ayudante finaliza la instalación de la mina de error correspondiente.

– Señor… ¿Y los rebeldes?

– Los que estén prisioneros, bajarán al planeta con nosotros. Sin la nave, no podrán hacer mucho. Deberán adaptarse o morir.

– ¿Por qué el Consejo de Colonos no les permitió quedarse con la nave?

– Porque querían transformar el reactor astral en una bomba. Mas bien, porque transformaron el reactor astral en una bomba. Si activamos de nuevo la fisión, este sector de la galaxia se vaporizará, y el polvo cósmico restante será absorbido por un agujero negro.

– ¡Dios! – exclama ella, poniéndose pálida – ¿Cuál era el motivo entonces de robar la materia negra de las baterías? ¡Desarmamos cientos de ellas para evitar que la obtuvieran! ¿Iban a crear bombas portátiles?

– Y de más fácil manejo. – aclara él, mientras estira su espalda – Para entonces, tenían infiltrados en los controles del reactor. El daño que le hicieron… bueno, quizá no lo entiendas. La cuestión no es si podemos repararlo, sino si debemos repararlo.

– Lo arreglaremos, y otro, en algún futuro, volverá a transformarlo en arma. Quizás mate a millones. Estamos previniendo eso.

El comandante, quien a pesar de la amplia conversación no dejaba de teclear, sonríe amablemente.

– Me alegra que mi futura esposa sea tan perspicaz.

La ayudante toma un color rojizo en las mejillas al escuchar el comentario.

– Lástima de nave. Era estupenda.

– Existe otra – comentó el comandante, como de pasada – la Svantevit de Kiev. Es mantenida por una acaudalada colonia de la Tierra, como crucero intersistemas de batalla. Espero que le den buen uso.

Ranchi regresa al mismo segundo en que estaba al principio de su visión. Los tentáculos, la angustia, sus amigos en aprietos. El trance va acabando, la última imagen es de un soldado, exactamente donde ella esta parada, pulsando los botones numéricos de la cerradura electrónica. Ranchi extiende la mano y sobre la sobrepone a su alucinación. Los dedos se mueven sin voluntad o intención. El mensaje cambia.

“Contraseña aceptada”

<< El infierno. >>

– ¡Carajo! ¡Con un maldito carajo! – Thunder corrió hacia la compuerta, seguido de Alex, quien hacía caso omiso del dolor en brazos y piernas – ¿Qué diablos…?

Ranchi gritaba, derrumbada en el suelo. Un terror incomprensible para ella la tenía presa. Ve fuego y cadáveres calcinados.

– El infierno… el infierno esta abierto…

– ¡Contrólate! – Alex la tomó y sacudió del hombro – ¡Mantente enfocada!

– ¡Derek esta liberando al infierno! – Ranchi estaba fuera de sí, tan desquiciada como en sus mejores días.

– ¡Mierda! – dijo Thunder – ¿No vas a hacer algo al jodido respecto?

La chica hiperventilaba. Veía las heridas y los moretones en los cuerpos de sus compañeros. Levantándose de un salto, y aún con los ojos desorbitados, se aferra al brazo musculoso de Thunder. Él aferra la pesada manija de la puerta. Así, los tres entran.

(continuará…)

El Hechicero Metálico (parte XV)

La joven deshizo el nudo, y extrajo un paquete de galletas, único alimento que traía. Rompe el empaque y se mete una pieza entera a la boca. Un gruñir sordo retumba por las paredes. Una maquinaria gigantesca e invisible ha iniciado su marcha. Ranchi carga la maleta y devora su almuerzo apresuradamente, alcanzando a Thunder y a Alex justo cuando abren y entran al siguiente elevador. Han descubierto que éste tan solo puede descender, lo que significa que Derek continúa su bajada. Tratan de alentarse con la idea de que el niño empiece a estar tan agotado como ellos.

 

  1. Hace tres horas.

 

Un corazón late más allá de sus límites anatomofisiológicos. Un pequeño corazón frenético, convulsionando dentro de sí, enviando sangre espumeante al órgano más importante de ese infantil cuerpo, alimentando así a cada una de las células de su cerebro excepcional. Un cerebro que nunca para de crear.

– Nota… nota a mi mismo – Derek resuella – Mejorar condición física.

Tose sin saliva y el costado lo mata. Pero no puede dejar de correr. No si quiere aprovechar cada minuto en tratar de controlar los demonios que ha soltado de la jaula.

– Continúo grabación. Estoy a unos trescientos metros de la entrada al reactor de antimateria… – el pequeño se agacha y apoya sobre sus rodillas para tomar aire – He tenido que correr durante los primeros cuatrocientos, pues… – respira con un poco más de profundidad y calma – el sector del reactor estelar solo cuenta con un único acceso a casi un kilómetro de distancia… fue el más cercano que pude desbloquear.

En ese mismo sitio, el primer peldaño de una larga e intrincada escalera, se sienta y abre la maleta.

– ¿Y porque estoy corriendo? Porque, debo admitirlo, las lecturas que estoy recibiendo, bueno, son espantosas.

Enciende su par de laptops. Ya no hay expectación o alegría en su rostro. Cansancio y pesadumbre.

– Continuo grabación… reactor cuatro, con escape de material radioactivo… al parecer los reactores no trabajan únicamente con antimateria, en realidad son conglomerados increíblemente complejos de distintos métodos masivos de obtención de energía, por supuesto, la antimateria es el factor común y predominante. Nuevas notificaciones… sobrecalentamiento general en reactor cinco, dos, y cuatro, uniéndose ahora el tres a la falla… error en los conductores… la ausencia de coordinación alcanza niveles críticos. Un reactor se reporta ineficaz y los otros cuatro aumentan el índice de fisiones para suplir al defectuoso, llegando a temperaturas cercanas a la fundición. Mas sin embargo, repentinamente…

Derek tecleó en sus laptops. Saca de su chaleco, semejante a los usados por Alex y Thunder, una microcomputadora que alguna vez perteneciera a su capitán, adaptándole al momento un dispositivo auricular y micrófono, un pequeño receptor de señales remotas y una funda elástica para adosarla a sus costillas izquierdas.

– Continúo grabación. Usaré comandos de voz y mis dos terminales, y espero poder contener este desastre. Iniciar diagnóstico sobre la integridad de los acopladores de datos. Tengo una teoría… puede existir un problema en la integración de la información recibida de los centros periféricos de producción energética por parte del reactor estelar. Es decir, la producción de energía aparece en los indicadores casi nula, y al segundo siguiente… – en cada mano trabaja con una computadora, realizando operaciones diferentes. Sus ojos van de pantalla a pantalla, al pulir sus hipótesis. – aparece a más del cien por ciento de productividad, sin ascenso gradual. Físicamente imposible. Entonces, es casi seguro de que se trate de una falla en los acopladores de datos. Diagnóstico finalizado… integración informática incompleta.

Derek no ha movido más músculos que los de sus brazos y dedos. Las piernas se le entumen y la espalda le duele, pero eso no llama su interés ahora. Bajo la luz errante y los temblores breves y ocasionales, continua.

– Activar protocolos de enfriamiento de emergencia. Encender las bombas del congelante molecular y dirigir los flujos a sectores más allá de los cinco millones kelvin. Abortar reacciones caloríficas en módulos épsilon, kappa y ómicron del reactor cinco. Iniciar descenso de fisiones de tritio y elementos relacionados.

Suspira. Nada de eso será suficiente. Él lo sabe muy bien.

– Mal, mal, mal… debo llegar a la consola integradora de datos, y de ahí, iniciar el arranque del reactor estelar. La consola más cerca está en el reactor uno de antimateria.

Recoge sus cosas frenéticamente y continúa la carrera. Toma las escaleras de bajada frente a él, alojadas en un espacio amplio y oscuro. Arriba pueden verse los andamios de niveles superiores, con una ominosa sensación de vacío presente por doquier. Derek está cansado y nervioso. Después de un trecho considerablemente largo, tropieza y cae rodando unos veinte peldaños.

– ¡Arggg! ¡Rayos!

Termina boca abajo y con solo un corte en la rodilla, además de varios golpes en el resto del cuerpo, pero aún así, le cuesta trabajo reincorporarse. Es invadido por una urgencia de llorar a lágrima viva, y sin embargo, se resiste a ella.

– Fuerte. Debo ser fuerte.

Extraña los mimos de su hermana, quien acudiría gritando hacia él. Thunder lo levantaría del cuello de la camisa, y Alex, frío e inexpresivo, le curaría la herida. Ese corte en la piel no es tan doloroso para el pequeño como saber que se encuentra solo, extraviado y lejos de cualquier ayuda posible, enfrascado en un terrible problema que él mismo originó. Desgraciadamente, su computadora insiste en seguir dándole malas noticias.

<< No se han completado los parámetros para asegurar una fisión astral estable. >> recitaba la diminuta voz electrónica en su oído izquierdo << Niveles periféricos de energía erráticos. Reactor astral en estado de latencia. >>

– Tengo que seguir, no puedo abandonar el proyecto, mucho menos en estas condiciones.

Busca en su contrahecho equipaje algo para vendarse la rodilla. Cojeando, reinicia la marcha, aumentando poco a poco la velocidad de sus pasos. Las escaleras lo han llevado hasta la entrada principal del reactor uno de antimateria, primera parada de Derek antes de alcanzar el reactor estelar. Un recuerdo inconexo, una oración tomada de ese cúmulo de información perdida que originó la travesía del niño, emerge.

<< El origen y solución de la calamidad humana, aguarda adentro. >>

Derek avanza, con más decisión.

– He llegado muy lejos. Si puede hacerse ¿Por qué no hacerlo?

Con el único apoyo de su genialidad, Derek se lanza a si mismo al espíritu incandescente del demonio.

 

Momentos después…

– Bonita remodelación – dice Thunder.

Los tres camaradas han caminado bastante desde que abandonaron el último elevador funcional. Están ahora en un largo corredor de aspecto peculiar. Por las paredes, corren extensos tramos de tuberías, las que se unen y ramifican por doquier. A primera vista, esta instalación fue colocada después de la construcción del nivel, pues los tubos cubren incluso las salidas clausuradas. Segmentos de suelo, en donde emergen bastantes de esos troncos metálicos, fueron destrozados sin cuidado y sin reparación posterior.

– Mi pregunta – decía Ranchi – es el porqué de esta tubería. ¿Se habrán equivocado al diseñar el nivel?

– Lo dudo. – dijo Thunder – Más parece un remiendo de urgencia.

Ranchi camina cerca de una de esas tuberías. Ve pequeños agujeros que casi la perforan.

<< Balas. >>

Introduce la punta de su dedo en uno de esos orificios. Llegan a su mente extractos de su historia.

<< Humanos contra humanos. Guerra entre los bienaventurados en el viaje al paraíso. Los soldados disparan, y los muertos caen con las armas calientes en las manos. Aquí, un batallón luchó para defender la entrada olvidada. Falleció protegiéndola. Los gritos y el tronar de los disparos, perforan las paredes y las almas. Nadie debía pasar por esa entrada. Muchos hombres entregaron su vida para conseguirlo. Al final, solo sobrevivió el frío. >>

– ¡Despierta! ¿Qué es eso que tienes ahí?

Ranchi sacude su cabeza, saliendo del trance. Su dedo aún está en el agujero. Percibe algo móvil en el fondo. Con un poco de esfuerzo, logra sacarlo.

– Una bala.

Alex y Thunder miran curiosos el pequeño objeto recién descubierto, y se dan tiempo para examinarla por separado.

– Interesante – dice Alex.

– No reconozco el material – agrega Thunder – y eso que he visto muchas balas en mi vida. – y se la regresa a Alex.

– Habrá que investigarlo con calma – mira a Ranchi – ¿Me permitirías…?

La chica tarda un poco en entender que se refería a conservar la bala.

– Claro, claro. – Respondió apenada – No hay problema.

Continuaron avanzando.

– Thunder…

– ¿Qué quieres, Ranchi?

– ¿Por qué dices que no reconoces el material de esa bala?

– Es común hacer balas con los metales que tengas a la mano, y recuerda que no todas las armas continúan utilizándolas. Hay lásers, pulsos gravitacionales, electromagnéticos, tú nombra.

– Ya lo recuerdo. Aún me extraña que ustedes dos sigan usándolas.

– Economía. Endemoniadamente baratas. Las armas son casi desechables, así que si perdemos media docena en misión no nos afecta demasiado. Compramos un fundidor y lo llenamos con cuanta chatarra recolectemos. Salen aleaciones raras, pero en general son buenas balas.

Ranchi es presa momentánea de un escalofrío que la hace tiritar y frotarse los brazos.

– Brrr…. Eso me pasa por no usar traje térmico.

Thunder también nota un descenso en la temperatura. Alex lo comprueba al retirarse su media máscara y exhalar una columna de vaho.

– No es normal.

Un ruido de fluir, un murmullo húmedo se escucha aumentar lentamente de volumen. Muchos ductos vibran, y una presión interna ensancha los codos y coyunturas. Alex examina uno de esos ductos, al seguir su trayecto por varios metros.

– Congelante molecular, en gel líquido. Eso explicaría el frío repentino. Hay que alejarnos lo más posible de él.

Siguieron moviéndose hasta escuchar un pequeño estallido detrás. Una fuga saltaba de los puntos de unión entre dos ductos. El gel congelante tenía un comportamiento peculiar. No goteaba, ni escurría, sino crecía como los brotes de una planta, extendiéndose y ramificándose, inmune a la gravedad, formando una telaraña azarosa y cristalina. Con la presión de flujo, varias fisuras aparecieron en el sistema de tuberías, y uno de esos escapes de gel se desarrollaba al lado de Ranchi.

– Genial… ¡Miren, chicos!

Un delicado y frágil gusanillo se estiraba al liberar bifurcaciones por doquier, y uno de ellos terminó en un redondo y diminuto botón, a milímetros del dedo extendido de la chica, quien miraba embelezada el fenómeno. El botón se abrió para liberar un copo de intrincadas combinaciones geométricas, enmarcados en una figura pentagonal. Alex tiró de la espalda de Ranchi con tanta fuerza que casi la tira al suelo.

– Ese gel nulifica la energía cinética a nivel de neutrinos. Cero absoluto termodinámico. Si llegases a tocarlo, tus células se cristalizarían casi de inmediato. No debemos retrasarnos más.

El frío se intensifica, alimentado por el mayor número y magnitud de las fugas, provenientes de esa red de tuberías en pésimo estado. El aire se llenaba de hielo, y el gel seguía expandiéndose, ocupando lo espacios posibles, imposibilitándoles los movimientos a los tres viajeros ansiosos por salir de ahí. Thunder, un hombre que se jactaba de tener combustible ardiendo en las venas, tiritaba sin escrúpulos.

– ¡De…monios! ¡Nunca…había… sentido… tanto rajado frío!!

– Derek debió… – Alex también, a pesar de su traje aislante, padecía del descenso abismal de temperatura – activar los sistemas de enfriamiento. Estará distribuyendo cantidades masivas del gel congelante a los cinco reactores.

– Aunque con estos… jodidos escapes, – continuó Thunder – no ayudarán de mucho. El resto del red de distribución… brrr, carajo… estará igual o peor.

Estaban cerca de la salida, peo el creciente frío era una cadena pesada colgando de sus cuellos. Ranchi tenía la extraña sensación de que el tiempo mismo se detenía. Y las cosas volvieron a moverse cuando, anunciado por un quebrar y un borboteo, un lago de gel congelante inundaba el piso, corriendo rápidamente hacia sus pies.

– ¡Escalen lo más alto que puedan! – gritó Alex.

Thunder logró dar un salto para encaramarse a varios tubos en la pared, y Alex hizo lo mismo con algo más de estilo, mientras le dice a Ranchi.

– Dame el equipaje, – ella se lo lanza a los brazos de inmediato – necesitarás…

Ranchi esta flotando sobre las garras heladas que tratan inútilmente de alcanzarla estirándose desde los suelos.

– … volar.

El frío es insoportable. Ella puede ver el dintel de la salida, a varios metros de distancia, coronado de varias fisuras que alimentan a un cristal gélido, el cual emerge sellando su futuro escape. Y el largo camino que dejó atrás, esta sellado por las creaciones fantásticas del congelante, fuertes y castillos brillantes como gemas heladas.

– La realidad se congela. – menciona Ranchi al encoger las piernas y abrazar las rodillas en el aire, jurando percibir como la energía de la vida se consume. – Hay silencio, todo se vuelve estático…. ¿Chicos?

Ranchi ve las extremidades de Thunder anormalmente rígidas, al tratar de alcanzar algo de su cinturón. Alex definitivamente no se mueve. La chica sabe que se están congelando en vida.

– ¡NO!

Un plan descabellado se le ocurre de inmediato. Va a liberar cuatro granadas del armamento de Thunder. Son las granadas de alto poder que fueron usadas para esterilizar un nivel y freír un cubil atestado de parásitos caníbales. Aunque en esa ocasión solo fueron necesarias dos.

<< Espero que con esto baste. >>

Arranca los seguros, permaneciendo al lado de sus compañeros, con los ojos cerrados y las granadas en sus manos. La explosión no tarda en bañarlos y acogerlos, guerreando contra el gel, llevando calor y energía a los recién adquiridos dominios del frío inmóvil. El fuego destruye sus construcciones y lo hace debilitarse y retroceder, transformado montañas de hielo en mareas incontenibles, las cuales se vaporizan casi al instante. Aun así, el poder del gel todavía es capaz de absorber una onda expansiva abrasadora y volverla una ventisca caliente, haciendo que la masa de vapor lance a Ranchi contra la pared y derrumba a los hombres de sus posiciones, dejándolos caer al charco de gel disuelto, rígidos y silenciosos. La joven toma de los brazos a sus amigos y jala de ellos, al ponerse de nuevo el equipaje a los hombros, mas por costumbre que por necesidad, y los arrastra hacia la salida lo más rápido posible, ahora que el sello congelado se ha disuelto, tratando de alejarse del sitio, antes de que el gel recupere su función.

– Vamos, vamos, ¿Por qué no despiertan?

Dejó atrás el primer gran peldaño de una escalera y varios pasos más de descenso. El vapor comienza a ganar densidad, asentándose en el piso y volviéndose liquido de nuevo. El hipercongelante se condensaba otra vez, formando gotas, charcas y  mareas que perseguían a Ranchi por las escaleras interminables, cayendo detrás de ella, como pequeñas cascadas. Ranchi se detiene a la mitad del camino, en un espacio lo suficientemente amplio para tener a sus compañeros acostados. Golpea el pecho de Alex y lo siente como una placa de concreto. Se arrodilla entre ellos y hace un vano intento por encontrar algo de vida en esos cuerpos.

– No…

Llora. Llora con desesperación y angustia, sintiendo la tibieza de sus solloza caer por su rostro. Sin embargo, no son lágrimas las que nacen de los ojos tristes de la chica. Es fuego. Fuego azul.

– ¡Argg! – Grita aterrorizada – ¿Desde cuando puedo hacer esto?

Ranchi da un respingo al verse cubierta de flamas, la cuales recorren sus brazos y alcanzan a sus compañeros congelados. Ella ve al fuego alimentarse del frío, mientras escucha las voces que tiene adentro de su cabeza.

<< La furia de nuestra justicia negada. >>

<< Está en ti. >>

<< Nunca se apaga. >>

Ella percibe la alas de la llamas revolotear y evaporarse en el ambiente. Al partir, arrancan el frío, devorando al hielo, destruye al enemigo sin dejar nada a cambio. No es el fuego espectral quien alimenta al calor que brota de los cuerpos reanimados, sino la vida atrapada en ellos, liberándose e incitando los latidos de ese par de corazones.

<< Nunca se apaga. >>

Thunder da unas violentas sacudidas al volver en sí, botando escarcha por doquier. Alex logra incorporarse más rápidamente, retirándose la máscara para toser y expulsar fragmentos de hielo por la boca. Ranchi permanecía aún de rodillas entre los dos, observando las últimas flamas celestes desvanecerse entre sus manos abiertas.

– ¡Maldita sea! – farfullaba Thunder – ¡Lo voy a matar! ¡No, eso es poco! ¡Lo voy a castigar por cincuenta años, lo voy a torturar por otros cincuenta y después voy a matarlo! ¡Le daré una paliza legendaria! – un acceso de tos interrumpió su retahíla – ¡Carajo!

La estructura vibra intensamente. Frente a ellos, se encuentra el conjunto de escaleras que el pequeño acaba de recorrer.

– Vámonos – dice Alex- Derek intentará activar el reactor de fisión astral, y dada las condiciones de la infraestructura, no será menos que una catástrofe.

Logran ponerse en movimiento y calentar sus músculos. Ranchi está más nerviosa que cansada y es ella quien va ahora a la cabeza. Alcanzan el vestíbulo de la entrada al reactor uno de antimateria. Luz se escapa por los bordes de la compuerta. Está semiabierta, y es solo cuestión de empujarla. Thunder reacomoda sus gigantescas escopetas en la espalda.

– Con un demonio. Acabemos con esto.

El Hechicero Metálico (parte XIII)

(continúa…)

– Continúo grabación. Hasta el momento los sistemas de energía periférica parecen estables – una mordida al emparedado – Debo continuar hasta encontrar los controles a distancia, es decir, los controles más importantes de el Deathbird entero. Entre más rápido, mejor.

Guarda sus aparatos en la mochila, revisa que no olvida nada y da un último vistazo a los indicadores de gravedad.

– Correcto.

Hay luz en el camino. Según los planos, el próximo objetivo está en el siguiente nivel. Derek se infunde ánimos.

<< Falta poco. Falta muy poco. >>

 

Mas tarde…

Thunder, Alex y Ranchi se dan cuenta de que Derek le lleva mucha ventaja. La sala de control rebosa de actividad.

– Pareciera que todos hubiesen salido a tomar café.

– ¿De que diablos estás hablando, Thunder?

– Digo, si no supera que fue el chiquillo quien prendió los aparatos, diría que aquí hay al menos una veintena de tipos trabajando.

– Sin embargo – dijo Alex en un tono enigmático – solo bastó con uno.

Las pantallas mostraban cantidades inmensas de datos, gráficas, imágenes, y las consolas en automático mandaban avisos y señales a operarios inexistentes. Lo más impresionante era el holograma detallado y colosal de un reactor, girando suavemente sobre su eje vertical, proyectado por haces de luz, provenientes de cinco procesadores dispuestos en los ángulos de un pentágono.

– ¿Qué es? – preguntó Thunder.

Ranchi se despojó del equipaje, y flotó para observarlo de cerca. Alex y Thunder la miraron con curiosidad por los primeros segundos.

– Supersoldado, estoy seguro de que a ti también se te olvidó que podía hacer eso.

La chica se percibió navegar dentro de una visión magnífica, flotando en el interior de los pensamientos de su hermanito, capaces de visualizar una obra compleja, precisa y hermosa. Ve hacia abajo, a través del holograma. Encuentra el pentágono de luz bajo ella, y un miedo incomprensible la inunda. ¿Qué era esta estructura, que poder ha desencadenado Derek, en su ansia descubridora?

– Alex… Alex…

El capitán se dedica a recolectar pistas. Ranchi desciende a su lado y lo interroga más de cerca.

– ¿Has encontrado algo?

Alex revisa los procesadores.

– Nunca creí que existiese.

– ¿Hablas del reactor maestro? ¿La fantástica fuente de energía del Deathbird que no pudieron encontrar?

– Reactor de fisión astral es su nombre correcto. Entiendo porqué nunca pudimos encontrarlo en los planos, porque éstos fueron alterados de forma tan elaborada que lo ocultaron frente a nuestros propios ojos. No eran cinco reactores distintos o cinco versiones modificadas del mismo, sino cinco reactores de antimateria dispuestos en serie, y, por lo que veo, su único fin es alimentar la fisión astral y planetesimal.

– Fisión astral me suena a estrella y planetesimal a planeta. – dijo Ranchi.

– Este reactor crea sistemas solares, e incluso galaxias en miniatura. Por su tamaño y complejidad, me aventuro a decir que quizás pudiese crear un universo.

– ¿!!Un universo!!?

– Un micro universo paralelo. Ranchi, eso va mucho más allá de lo que puedo siquiera entender. En teoría, crea soles y planetas para destruirlos en su interior, obtener su energía y, lo mejor de todo, reconstruirlos. Obviamente, hablamos de estrellas a nivel cuántico. Su energía compactada en gramos de materia, la destroza hasta los átomos, y reintegrándolos después.

– Semejante a las baterías de materia negra.

– El reactor de fisión astral es un sol, y las baterías de materia negra apenas alcanzarían a ser chispas.

Alex ve el complejo holograma moviéndose en el aire. La maquinaria fantasma esta activa, y las pantallas de los procesadores indican que está en plena secuencia de arranque.

– Tu hermano menor es un verdadero genio. – continúa Alex – El concepto mismo de esta tecnología es abrumador.

– Es la primera vez que te veo así de emocionado y nervioso – comentó Ranchi con ligereza. Alex recobró la rigidez.

– Te equivocas.

– Pero, bueno – continuó Ranchi – lograrás entenderlo. Eres la persona más inteligente que conozco. Aparte de Derek.

Tuvieron un breve intercambio de miradas. Y Alex dijo de repente:

– ¿Dónde está Thunder?

Fumando un cigarro y apoyado en una de sus escopetas, esperaba a sus compañeros en la encrucijada de pasillos. Cuando los vio venir, evitó los comentarios sarcásticos y fue directamente al tema.

– ¿Noticias malas o terroríficas?

Ranchi encontró un envoltorio cubierto de dulce con manchas de grasa.

– Estuvo aquí.

– No solo eso. Le metió mano al generador de gravedad.

– Repite eso – dijo Alex.

– Le metió mano al generador de gravedad.

– ¿Estás completamente seguro?

– Para nuestra jodida suerte, si.

– ¡Oye! – Interrumpió Ranchi – ¡Me dijeron que nunca le permitieron a Derek ayudarlos a reparar esos aparatos!

– Y no lo hicimos – dijo Alex.

– ¿De donde aprendió entonces a reparar un generador de gravedad?

Alex apretó un puño.

– En los diseños de mis computadoras. Le di varias para que las arreglara y no recordé en ese momento que clase de datos almacenaban. Por esos tiempos no sospeché que Derek fuese capaz de comprender los planos, ni mucho menos aprendérselos tan fielmente.

– Como fuese – interrumpió Thunder – lo no tan malo es que logró estabilizar la vibración… quita esa cara, Ranchi, ahora te explico… así que tenemos gravedad. Pero…

– Pero…

– ¿¿Pero qué?? – gritó Ranchi desesperada.

– Derek ignora que a veces no es suficiente recalibrar el temporizador, sino hay que reemplazar el sistema oscilatorio del núcleo completo. ¿Por qué carajos crees que Alex y yo tenemos tantos problemas con esa mierda??

– Derek pudo deducir eso de los diseños ¿cierto?

– Lo dudo chica. Eso es experiencia y maña nuestra.

Alex ya nos les presta atención. Con su computadora de bolsillo analiza ciertos datos del panel de monitoreo. Instala un dispositivo electrónico sobre el teclado.

– Coloqué un mando a distancia. Si el generador da demasiados problemas, lo apagaremos. De momento no podemos arriesgarnos. Un área con gravedad inconstante es clausurada por el sistema general. Deberemos apresurarnos y llegar a la siguiente antes de que empiece a fallar.

Salieron y regresaron al pasillo, alcanzando de nuevo la sala de control de los cinco reactores en línea. Ranchi iba con la maleta en la espalda al lado de Thunder, y éste le comentaba la raíz de sus preocupaciones.

– El asunto de no reemplazar el sistema oscilatorio es que la vibración tiene a volverse demasiado errática. Puede pasar de gravedad cero a siete u ocho G’s de fuerza sobre tu esqueleto.

– Es decir, hechos puré.

– Salsa. El puré tiene más consistencia.

Al atravesar la sala de control entran a un corredor amplio. Hay dos puertas a los lados y puede verse que llevan a un conglomerado de cubículos. Los letreros en los marcos decían: “Monitoreo”.

– ¿Monitoreo de qué? – preguntó Ranchi.

– Probablemente de energía – dice Alex.

Sus pasos se hacen lentos y los equipos pesados. Ranchi la asocia al agotamiento, pero los hombres tienen otra teoría.

– El generador de gravedad esta teniendo fallos.

De repente, comenzaron a flotar.

– ¡Weeeeeeeeeeeeee!

– Ranchi, contrólate.

– Esto es mala señal.

Alex y Thunder lucían un poco torpes, tratando de mantener su posición, al contrario de Ranchi, quien tenía la gracia y agilidad de una sirena. Avanzó contoneándose como un delfín hacia Thunder, y lo tomó de la muñeca, sin tardar en hacer lo mismo con Alex. Antes de que ellos pudieran darse cuenta, la chica los llevaba rápidamente hacia el final del corredor.

– ¿De donde sacas impulso?

– Volar es un acto antigravedad en sí, Alex. Depende de mis pensamientos, no del entorno, así que aprovecho estos momentos en que ustedes y su arsenal carecen de peso para enfocarme en volar y alcanzar la compuerta del fondo. – aguza la mirada y agrega – Espero tener el tiempo suficiente, desde aquí la veo cerrada.

– Ojala. – Dice Alex – Aunque, regularmente, después del periodo de gravedad cero, continua uno de…

Su peso regresó de golpe y fueron atraídos al piso con violencia. Ranchi recibió todo el impacto del equipaje en los riñones, Thunder escupió un poco de sangre, y Alex, mientras se incorporaba, revisó la integridad de sus costillas con la yema de los dedos, terminando la oración interrumpida.

-… gravedad aumentada.

Muy al principio, era imperceptible. Sus ropas y armas eran ligeramente más pesadas, y Ranchi no percibió ninguna diferencia. Pero mientras los segundos pasaban, y la gravedad excedía los rangos normales, todos notaron como sus cuerpos mismos se tornaban insoportables. Thunder sentía que sus dos escopetas pesaban como si fuesen enormes vigas. A pesar de las dificultades, llegaron a la compuerta, ignorando como la estructura del corredor se deformaba y algo en las alturas rechinaba misteriosamente.

– Es solo el seguro de mano – dijo Alex al agarrar la manija de la compuerta – pero me parece mover una tonelada.

Sentían ser compactados hacia un foco de de gravedad invisible. Ranchi usaba al máximo su fuerza aumentada. Al quitarse la mochila y dejarla caer, ésta retumbó como si llevara una montaña.

– Déjame intentarlo- dijo ella.

– ¡Carajo! – gritó Thunder de pronto – ¡Al suelo! ¡Cúbranse!

El rechinido se transformó en el sonido del metal rasgándose y el silbido de una caída. Un largo enrejado de lámparas se había desprendido del techo, atraído por la gravedad alterada, cayendo ahora, listo para inundar el corredor de chatarra. Alex y Thunder se lanzaron lo más cerca posible de la pared, cubriéndose la cabeza con las manos, y deseando tener la suficiente suerte para sobrevivir a una placa de fierros retorcidos con varias decenas de toneladas de peso. Apretaron los ojos justo antes de que tocara el suelo. Y permanecieron así, aguardando el impacto.

– ¡Muévanse! ¡RÁPIDO! ¡RÁPIDO!

Ranchi, la chica delgaducha, estrafalaria y despistada, sostenía con sus manos una mole de cables oxidados y vigas rotas de más de veinte toneladas en un ambiente donde pesaría más de cuarenta. Los hombres la observaban con la boca abierta, viendo cómo se estiraban su columna y brazos, tratando de ganar altura para ellos. Una fuerza inexplicable corría por sus miembros, haciéndola vibrar.

– ¿Qué demonios… están… esperando?

Alex y Thunder se arrastraron a la compuerta y usaron todas sus energías restantes abriéndola, asiendo ambos la manija de la compuerta, necesitando toda su viril fuerza para moverla los pocos centímetros necesarios para liberar el seguro. Cruzaron el umbral de milagro. Ranchi aún estaba adentro.

– Necesito un punto de referencia – impidiendo que la chatarra la aplastara ahora a ella – para teletransportarme… ¡Argg!

Al regresar unos pasos atrás para detener a la placa en su caída asesina, había quedado más lejos de la compuerta de salida que sus compañeros. Atrapada.

– ¡Ranchi! – gritó Alex – ¡La luz!

Afuera del corredor, la gravedad  paulatinamente regresaba a límites tolerables. Alex rompió una bengala de su chaleco, lanzándola al centro de la recién abierta sala. Justo a tiempo, pues la chica percibía a sus huesos triturarse, y solo giró el cuello para ubicar la bengala encendida al lado de un extraño aparato. No necesitó más.

– ¡Chica! ¿Dónde estás? – llamaba Thunder.

El alud de metal cayó y clausuró el corredor, y podía oírse el rechinar del metal estrujándose entre sí. Alex decidió, al sentir de nuevo como la gravedad se elevaba, apagar el generador.

– Aquí…

Ranchi estaba de rodilla a un lado de la luz moribunda. Lucía exhausta, y dijo, en un hilo de voz:

– Creí que me habían metido en un extractor de jugos…

– Podré decir que eres una chiquilla demente – dijo Thunder mientras la ayudaba a ponerse de píe – con un escuálido trasero, pero nunca más me oirás llamarte debilucha.

– Es bueno saber que mis esfuerzos son recompensados.

Alex estaba aún cerca de la compuerta, en cuclillas, revisando la pantalla de su computadora.

– ¿Pasa algo? – le preguntó Ranchi.

– Desconecté el generador gravitacional mediante el mando a distancia que instalé. Percibía la gravedad del sector, y parece normal. Eso me dice dos cosas, primero, que los demás generadores funcionan de forma correcta, y segundo, que Derek seguramente fue quien los encendió.

– Nos lleva mucha ventaja.

– O está activando sectores de vital importancia para el Deathbird. Lugares donde puede controlar todo usando una misma central de datos.

– A propósito – dijo Thunder – ¿Dónde diablos estamos?

Habían llegado a un vestíbulo amplio, semejante a una sala de espera o recepción. Hay filas de sillas adosadas a las paredes, maceteros llenos de polvo e incluso varias máquinas que pudieron ser expendedoras de bebidas y golosinas, cuyo contenido era ahora irreconocible. Se hallaban también los armazones de varias pantallas destinadas quizás para entretener o informar al público, anuncios, y carteles vistosos a un lado de un mapa colorido. Señales de salidas de emergencia, entradas y números de oficinas o departamentos. El hecho de que estuviese diseñado para contener a un gran número de personas inquietas, hacía un escalofriante contraste con su actual estado, vacío, en ruinas y absolutamente silencioso. Ranchi caminaba entre las sillas.

– Vivía aquí mucha gente – decía – De muchas edades. Puedo percibir los remanentes de su presencia, los murmullos de los latidos de sus corazones.

Thunder, con arma en mano, entró a curiosear en uno de esos cubículos. Poseían escritorio, computadora, archiveros y un par de sillas. Parecía que el lugar comenzara a derruirse mucho después de ser abandonado. Trató de leer unos documentos, pero apenas rozarlos con el cañón de su pistola, éstos se desintegraron.

– Vengan.

Ale presenció algo que no debía suceder. Estaba en un cubículo, a dos pasos de la salida posterior.

– Miren.

– ¿Qué?

Thunder mira con atención la pantalla. Esquina inferior izquierda. Una pequeña línea de luz que parpadea. Un cursor esperando comandos.

– ¡Imposible! – Exclamó Ranchi – ¡Este sector no tiene energía!

– Aguarden, ¿tenemos idea de que exactamente hacía este sector?

– Es el Centro de Regulación, Vigilancia y Distribución de Energía. – dijo Alex. – Encontré el nombre en un rótulo sobre uno de los cuatro accesos a este bloque de cubículos. Cientos de técnicos trabajaban aquí, obteniendo y enviando datos a los diferentes sectores. Lo más probable es que también se encargaran de vigilar al reactor estelar.

– ¡¡Reactor estelar!! – Gritó Thunder sorprendido – ¿¡Tenemos uno!?

– Casi llegamos a él.

Al acabar el intrincado camino entre los cubículos, se encontraba un acceso que contrastaba bastante con el anterior ambiente amigable. Era el marco de una entrada aun pasillo luminoso, estrecho y amenazador, justo a la derecha de una oficina, aparentemente inocua.

– Y no solo eso – prosiguió Alex.

– Contigo las sorpresas nunca terminan, supersoldado.

Alex levantó entre sus dedos una servilleta manchada de catsup y mostaza.

– ¡Pequeño demonio! – Arremetió Thunder – ¡Se comió mi cena!

– Las señales indican que Derek pasó por aquí. La seguridad no habrá estado activada en ese entonces.

– Bueno – continuó Ranchi – ¿Qué tan malo puede ser?

Una voz computarizada resonó por unos altavoces escondidos.

– Brecha de seguridad en nivel 2. Activando medidas defensivas. Se ha detectado actividad no autorizada en consola 13, 15, 3, 4, 6, 8, 39, 56, 201, 18, y 16. Intromisión al sistema de arranque matriz. Medida defensivas reforzadas.

El pasillo tenía ahora hileras de luces verdes, recorriendo sus esquinas. No podía verse el final de él, porque doblaba a la derecha, punto en donde claramente se veía el origen de las luces verdes, cientos de dispositivos pequeños y esféricos, semejantes a ojos. Alex tomó una silla de oficina cercana y la lanzó al interior del pasillo. Esta se vaporizó antes de tocar el sueño.

– Muy malo.

– Ya probamos su potencia – dijo Thunder – veamos su velocidad. Disparos a destiempo.

Ambos dispararon sus armas, observando como los láser trabajaban en conjunto, a diferentes alturas y movimientos, impidiendo que las balas llegaran a su destino. De hecho, las destruían en plena trayectoria, carbonizándolas en el acto.

– Revelador – dijo Ranchi. Se quitó la mochila y la aventó a los brazos de Thunder. – Voy a probar.

– ¿Estás loca? – dijo él, con una mirada de extrañeza.

– Evidentemente – agregó Alex, viendo la larga cabellera azabache de la chica introducirse voluntariamente a la trampa.

Apenas puso un pie, los lásers la atacaron girando sus pupilas mortales hacia ella. Pero el escudo apareció, y el rayo de energía fue detenido. Dio otro paso y más lásers se unieron al ataque. Ranchi lucía demasiado concentrada, y, entonces, los lásers se reacomodaron para rodearla desde todos los ángulos. Una cápsula azul rodeaba ahora a la chica, mientras los rayos aumentaban de intensidad, hasta ser un fulgor insoportable. Ranchi trató de continuar, pero le fue imposible. Abrió un portal y salió por el, reapareciendo a la espalda de Thunder. Realmente se veía agotada y sudorosa.

– Es demasiado fuerte. Tengo que usar toda mi energía… me desmayaría antes de llegar a la salida… aún no poseo suficiente poder.

Alex sacó de un bolsillo algo parecido a una granada, pero más pequeña y aplanada.

– Apártense, espero que no tengan nada digital o electrónico de importancia.

– ¿Qué hay de ti? – preguntó Ranchi.

Alex golpeó con sus nudillos el chaleco que lo protegía mientras lanzaba la granda con el seguro liberado al interior del pasillo. Una luz intensa los hizo voltear, y el sonido de una explosión sin fuego los hizo cerrar los ojos.

– Granada compacta de PEM – explicó Alex. – Desactivará todos los sistemas por al menos diez minutos.

El pasillo había quedado a oscuras y los tres entraron confiados, ya que, efectivamente, los lásers permanecían estáticos y apagados. Pero a medio trayecto, Alex se detuvo un instante, y luego partió a correr, susurrando algo con su enigmática voz.

– Algo está mal.

Ranchi y Thunder lo alcanzaron al trote hasta el final del pasillo. La puerta de salida también estaba desactivada, y Alex, sin demora, sujetó la manija y quitó el seguro para abrirla.

– ¡Con un carajo! – soltó Thunder.

– ¿Cómo… como sabías? – tartamudeó Ranchi atónita.

– Su rajado sexto sentido, chica – dijo Thunder – es especialmente bueno para las calamidades.

Una sólida barrera aguardaba delante de ellos, con trancas pesadas e impresionantes. Por la luz de “activado” podía deducirse que la granada de PEM no le causó ningún efecto.

– Tecnología colu – dijo Alex – Esto fue instalado sobre la salida, en épocas posteriores a la construcción de este sector de la nave. Derek debió activarla sin darse cuenta. Trabaja demasiado rápido – aquí pareció hablar apretando los dientes – mueve los sistemas y enciende los dispositivos anti intrusos, al parecer, involuntariamente.

– Pues por su bien espero que sea involuntariamente, porque la próxima vez que lo vea, le daré una tunda.

– En lugar de despotricar contra él – interrumpió Ranchi molesta – mejor intentemos abrir esta puerta, ¿les parece?

– Esta diseñada para absorber los ataques electrónicos o mecánicos – dijo Alex – Costará algo de trabajo.

– Hay que comprobar eso – dijo la chica, y lanzó un certero puñetazo a donde parecía ser la cerradura. No solo resultó intacta, sino que liberó una potente descarga electrostática, mandándola lejos y de espaldas hasta rebotar contra la pared.

– Quiero una de ésas para mi habitación – dijo Thunder.

La luz regresó, al mismo tiempo, en que la voz digital de la nave anuncia:

– Reiniciando sistema de seguridad— PEM anulado… daños reparados en los circuitos… Sistemas de seguridad funcionales en 9 minutos 45 segundos y contando…

Alex estaba ya trabajando en violar la seguridad usando varios cables colocados sobre los seguros de la barrar y su computadora de bolsillo.

– Tardaré 9 minutos y 30 segundos – fue su comentario tranquilizador.

– Eso o acabaremos mas fritos que los guisos de Ranchi – dijo Thunder.

– ¡Hey! – exclamó la chica.

– Pónganse a hacer algo útil – les recriminó Alex.

Lo más útil que Ranchi y Thunder podían hacer era destruir tantos lásers como pudiesen, mientras permanecían apagados. Así que la chica recibió su primera lección práctica de manejo de armas.

– Agárrala con las dos manos – le decía Thunder al lanzarle una pesada pistola que descolgó del cinturón – apuntas con la mira y jalas del gatillo. Trata de que no te tiemble el pulso. Si le atinas a tres seguidas, te doy un premio.

– Bueno, no puede ser tan difícil. – dijo la chica, levantando el arma y apuntando con un ojo y disparando. La bala ni siquiera se acercó al láser en cuestión, sino que golpeó el techo, hizo un baile de rebotes, pasó zumbando la pierna de Thunder, esquivó por solo dos centímetros la oreja izquierda de Alex, terminando después de varios rebotes más, en el suelo.

– Oups.

– Como no mataste a nadie – dijo Thunder entre enojado y divertido – no te regañaré, ¡pero trata de no meter la pata, maldita sea!!

Bastantes lásers cayeron ante los disparos de Thunder, y algunos bajo los de Ranchi, pero el tiempo de tregua acabó y la voz volvió.

– Sistema activado.

Los lásers se reacomodaron, viajando por guías metálicas con intersecciones, buscando al intruso, localizándolo, y planeando una estrategia en contra suya. Ranchi y Thunder estaban de espaldas a Alex, quien seguía concentrado en hackear la clave de acceso.

– Alex…

– No me presiones.

Los lásers se conglomeraron frente a ellos, reagrupándose y llenando los huecos hechos por los disparos, dirigiéndoles sus pupilas brillantes.

– ¡Supersolda…!

La barrera se abrió al mismo tiempo que el rayo verde de 583 lásers los embiste. Ranchi recibe el impacto, pero éste es tal, que la hace empujar a Thunder y éste a Alex por la salida, proyectándolos un par de metros en el aire, antes de caer en la nueva sección inexplorada. La barrera volvió a cerrarse inmediatamente. Ranchi permaneció un momento recostada de lado, aturdida y sobándose la cabeza, sin ver a sus compañeros.

– ¿Dónde estamos? – preguntó al levantarse con cuidado. Fue Alex quien le respondió.

– En la imaginación de Derek.

(continuará…)