Grilleta (parte I)

Los Aniquiladores de Planetas

Sistemas Limítrofes

Grilleta

“A veces la fuga es peor que la cárcel”

Primer cartucho. El infierno en el cerebro.

El proyecto llamado “Cárceles Productivas”, propuesto y ejecutado por el general Gregorio Antonov fue aceptado por los planetas integrantes de la Confederación de Sistemas, en especial, aquellos poseedores de problemas inmensos con criminales despiadados y escurridizos. Inclusive planetas que veías motivos de controversia en los métodos de la cárcel, fueron convencidos rápidamente de su buen uso y efectividad. Las Cárceles Productivas se integraron a Justicia y Tecnología, programas gemelos que la Confederación implantaba en sus mundos miembros, y por los cuales, muchísimos más anhelaban ingresar.

Con respecto a Justicia, no solo se incluyó el envío de reos a las Cárceles Productivas, sino además el establecimiento de la Comisión Impartidora de Justicia, un departamento interplanetario de investigación y aplicación de leyes, con jurisdicción superior a las policías locales, a las cuales, eventualmente, terminaría por absorber.  La Comisión Impartidora de Justicia, o CIJ, efectuó largas y sesudas sesiones de jurisprudencia para unificar códigos penales, definición de delitos, procesamiento más rápido de las condenas y cumplimiento efectivo de castigos y multas. Aunado a lo anterior, la CIJ se conformó como una policía especial, poseedora del mejor entrenamiento físico e intelectual, equipado con avanzadas tecnologías criminalísticas y una reputación intachable. Después de cierto tiempo, no quedaron lagunas en las legislaciones de los gobiernos planetarios bajo las cuales los criminales pudiesen ampararse. Las leyes se volvieron tan estrictas, que nadie en sus cabales osaría infringirlas. Velozmente, en el pensamiento popular, quedó claro que algo peor que arder en el averno por toda la eternidad, era cumplir condena en una Cárcel Productiva.

Pablo Castañón Weiss, originario y residente de la colonia Nueva Esperanza Terráquea, era un bandido consumado a sus 28 años.  Sus delitos incluían venta y distribución de narcóticos, extorsión, asesinato, asalto, violación y obstrucción intencional de la justicia. En cuanto su caso fue absorbido por la CIJ, se tardó dos ciclos planetarios en ser capturado. Opuso resistencia al arresto, hirió a un agente, y a él se le quebraron todos los huesos de la pierna derecha. La duración del juicio y establecimiento de la condena duró treinta minutos. Condena establecidas por el cuerpo de jueces de la Confederación: cinco cadenas perpetuas en Cárcel Productiva, es decir, de por vida.  Las malas mañas de Pablo le hacían creer que aún tenía oportunidad.

– ¡Soldado enlatado! ¡Hey! ¿Cuándo dejarán pasar a mi abogado? ¡¡Contéstame!!

Pablo estaba colgado de los barrotes, pues la armazón de recuperación mantenía su pierna multifracturada rígida para que los nanobots hicieran su trabajo. No era algo doloroso, pero sí muy incómodo.

– ¿Acaso eres mudo?

El guardia bajo la coraza de adanmátium permanecía firme a la entrada del área de detención temporal. El movió su cuerpo a la izquierda, dejando pasar al hombre que avanzó a paso firme a través de la estancia. El abogado de Pablo lucia consternado, casi aterrorizado.

– Llegas tarde, ¿Cuándo pensabas…?

Sin mirarlo, el abogado pasó de frente y entró a la siguiente puerta, justo delante de él, que lo llevó al departamento de investigaciones. Duró allí unos escasos minutos, y, al salir, trató de ignorar a Pablo, pero éste lo sujetó con violencia de la manga del saco.

– ¡A mi no me mandas al diablo! ¿Qué sucede contigo?

El abogado lo miró como si se tratase de un animal muerto.

– Suéltame.  Tengo que irme antes de que me relacionen contigo.

– Van a relacionarme contigo, lo quieras o no, ¡eres mi abogado, maldición! ¡Se supone que tienes que tienes que sacarme! ¿A cuanto asciende la fianza esta vez?

– ¡No hay fianza! ¡Ese concepto ni siquiera existe en las leyes de la Confederación! ¡No puedo sobornar a nadie porque no tengo la más mínima idea de quien o quienes te condenaron! El proceso ya esta cerrado, eres culpable, y van a encerrarte en una Cárcel Productiva, ahí acaba tu historia. ¡Si no  me alejo de ti, yo también iré!

– Tiene que haber una salida – dijo Pablo, enfriando el tono de voz. – Tienes que sacarme.

El abogado se apartó con energía y le dio la espalda. Fue hacia el imponente guardia con ojos suplicantes.

– Déjeme salir. Por favor. Yo no tengo nada que hacer aquí.

La llegada de la Estigyus, Cárcel Productiva asignada al sistema fue de solo tres ciclos. Las Cárceles Productivas están siempre en movimiento. Llevan todo lo necesario para su manutención y la asimilación de reos al sistema penitenciario. Gran parte de los alimentos se producían en el interior de la nave. Y eran en realidad una colonia viajante, acompañada por escoltas de la Confederación, naves de ciencia y alcanzada regularmente  por cargueros, quienes le suplían de refacciones y material científico. Fortalezas inhóspitas, surcando los territorios de la Confederación, amedrentando con su presencia a las corruptas consciencias.

El infierno electrónico anidando en tu iluso cerebro. Y sin marcha atrás, amiguito.

– ¡SENTADO!

Una alarma sonó, pero al prisionero no se le retiraron las esposas. Pablo creía que es una cárcel como todas en las que ha estado.

– Se procederá a leer las características de su condena. A las 1900 del día actual, usted será sometido a una operación a cráneo abierto para la implantación del regulador neurodigital de funciones primarias…

– ¡Oiga! Esto va contra de mis derechos naturales – dijo Pablo, tratando de hacerse el listo – No pueden operarme si yo no doy mi consentí…

– De acuerdo – interrumpió hastiado el guardia – Va de una vez. Olvídate del mundo exterior. Tu remedo de abogado no solo perdió el caso, sino que también esta en la mira de la CIJ. Apenas estornude de forma sospechosa, lo mandarán a hacerte compañía. Estarás aquí por el resto de tus días.

– Tengo derecho a apelar y a una revisión de la condena.

– ¿No te dijo nada? Debió decírtelo. El derecho de apelación fue suprimido bajo la enmienda 448-XC en el código penal y estatutos jurídicos de la Confederación. Perdiste. Fin. Vamos a poner ese chip en tu apestosa cabeza y picarás piedras hasta que se te deshagan las manos de podridas. – gritó ahora, dirigiéndose a otro compañero guardia apostado en la salida. – ¡El siguiente! ¡Llévense a este imbécil a la sala de operaciones!

Ver a los doctores lavarse las manos una y otra vez con cotidiana cordialidad era estresante. Los reos aguardaban su turno, apiñados en una habitación de paredes transparentes, con un par de puertas estrechas, colocadas en sitios opuestos. No había ventanas, ni guardias, pero el riesgo de escape era nulo. La habitación era fuertemente iluminada, carente de muebles, con un frío calador en su interior. Considerando que los reos solo tenían la ligera bata de cirugía sobre su desnudez, no les quedaba energía suficiente para que para tiritar, encogerse y acurrucarse entre si. Sin faltar las pláticas con los compañeros, esperando también su turno al quirófano.

– ¡Para! – Decía Pablo, castañeando los dientes – ¿Qué tanto te hacen? No es que te quiten un brazo o los ojos.

– Mucho peor, bastardo, mucho peor – su interlocutor se movía nervioso, su tez era exageradamente pálida, casi transparente – Nos pondrán un aparato en la cabeza, y después de eso, después de eso…

– ¿¡DESPUÉS DE ESO QUÉ?!

– Ya no eres tu mismo. Ellos te dicen cuando respirar, cuantas veces latirá tu corazón, ¡dejas de comer! ¡Nunca, nunca vuelves a saborear algo, a beber, a sentir! ¡A pensar! Te vuelves peor que un  muerto. Como muerto, tu mente descansa, pero aquí, te das cuenta como poco a poco te transformas en una llave de tuercas, y no dejas, ni por un segundo, de estar consciente de lo atrapado que estás.

Por fin, Pablo sintió miedo. Cuando fue su turno, temblaba. Sudaba a mares.

– ¡Buenas noches a todos! – varios saludos al unísono. El equipo parecía conocerse bien. – Hoy, Alexia invitará las bebidas.

Carcajadas joviales. Un doctor de cabello escaso y cano se encargaba de acomodar docenas de ámpulas multicolor sobre una plancha metálica. Mas al fondo, un joven trabajaba en una computadora holográfica. La enfermera afeitaba su cabeza con una máquina rasuradora.

– ¿Qué me van a hacer?

El asistente del anestesiólogo no oyó la pregunta de Pablo. O hizo caso omiso. Colocó sobre su rostro la mascarilla con oxígeno, inyectando un líquido plateado y denso en la vena más visible de su brazo izquierdo. Pablo trató de rebelarse.

– ¡Les acabo de preguntar, malnacidos que…!

Su ímpetu fue apagado por otra potente dosis de anestésico.

– Recuerda – decía el doctor de más edad en el equipo – que deben permanecer conscientes, así las lecturas del encefalograma serán mas acertadas. Pero antes de que te metas en problemas… Hito, ¿el chip esta listo? Perfecto. Procede con los trépanos, voy a sentarme un rato.

Pablo escuchó a los doctores hablar de banalidades, como si estuviesen cenando o metidos en cualquier otra actividad que no fuese agujerearle el cráneo y exponer sus sesos al aire libre.

– El lugar es encantador, sin embargo mi esposo opina lo contrario.

– Ese color te sienta, corazón.

– Gracias, amiga. Compraré uno para ti también. ¿Alguien quiere bizcochos o galletas para su café?

– Pastelillos de frutillas

– Paso. Ese té que traje del sistema Hobbo no combina con nada

– ¿Qué opina de los nuevos condominios?

– Seguros, y nada económicos…

– Dr. Evans, acabo de disecar las membranas…

Pablo se alegró de que por fin le prestasen atención. Al menos, a su cerebro.

– Inserta el chip en el cuerpo calloso, siguiendo el tallo encefálico, sin perder la vista en el escáner.  Espera, tu pulso tiembla. Déjame darte un empujón.

Pablo no sentía nada. Un poco de frío en la nuca.

– Según la imagen ya estamos en los núcleos cardíacos y respiratorios.  Iniciemos comprobación. Hito, haz los honores.

Súbitamente, sintió una fuerte opresión en el pecho. Asfixia, náuseas, mareo y al final, un aberrante dolor de cabeza. Al instante siguiente, las molestias desaparecieron.

– Comprobación finalizada. Unión neurodigital establecida.

-Acabamos. Gracias, Hito. Pones la tapa y cierras. ¿Hora, Sra. Hilde?

– 2239, Dr. Wong.

– ¡Imposible!  Debo irme, debo alcanzar al director para la firma de los documentos de traslado. ¡Me dará un infarto si no lo encuentro!

Ser un número. Una herramienta.

Aún se acariciaba la larga línea de puntos a través de su cabeza rapada, percatándose poco a poco de que toda su vida de satisfacciones físicas y crueldad animal había finalizado de golpe. Ahora era propiedad de la Confederación.

– ¡Atención, ratas!

Después de ser vestido con el austero uniforme penitenciario, fue enviado a un lugar semejante a un almacén mecánico. De pie, junto a otros cincuenta reos, escuchaba a quien debía ser el alcaide. No mencionó su nombre. Quizás no importaba.

– La anestesia ha de estar acabándoseles, por lo que explicaré esto de la forma más clara posible. Ese pequeño trozo de silicio que tienen en el cerebro es un rastreador y su única garantía de seguir viviendo. Solo podrán deshacerse de él abriéndose la cabeza con un martillo, pero no creo que sobrevivan. Háganse los listos y traten de provocarle un cortocircuito o locura similar y conseguirán freírse ustedes mismos una buena porción de cerebro. Si el dispositivo se funde o se apagan, ustedes se funden o se apaga. Más fríos que la tumba de mi madre.

Varios presos murmuraron de asombro, varios más de incredulidad.

– Y eso, gusanos, es una pequeña parte. De ahora hasta el resto de su maldita condena, estarán enlazados a un único y personal capullo robótico que los vigilará y  mantendrá a raya. Pórtense mal, golpeen, abusen, insulten o traten de amenazar a un guardia, y el capullo cocinará sus sesos en barbacoa. Aléjense cinco metros del capullo, y después de tres intentos,  éste mandará una señal para que su cabeza reviente como un globo. Más fríos que la tumba de mi madre.

Un miedo real e inevitable nació de los presos. Pablo no podía continuar evitándolo.

– Espero que se hayan olvidado del mundo exterior, porque también se despedirán de sus funciones orgánicas. El alimento es intravenoso, proporcionado por los capullos, adiós miradas raras al cocinero por otro plato de estofado. Dormirán en el interior de su capullo y únicamente cuando éste se los indique, nada de visitas cariñosas a la celda del vecino. En caso de no obedecer alas indicaciones de su capullo, ¡estarán más fríos que la tumba de mi madre! ¡LARGO!

Fueron puestos en fila. Varios técnicos preparaban los capullos. Evitaban hablar con los reos, únicamente pasaban un lector digital por la cabeza, tecleaban en sus computadoras e introducían al condenado en las entrañas del robot. Cuando Pablo fue el siguiente, estaba ansioso por gritar.

– CAP38789. Asignado al interno 5833761A-CB

El capullo era inmenso, negro como un ataúd flotante, quien lo esperaba con el vientre abierto. Parecía tener brazos y manos, pero lucían delgados y frágiles.

– Ingrese. De espaldas.

Colocó nerviosamente un pie dentro. La máquina no tenía en su interior donde sentarse o apoyarse, solo soportes para sujetar el cuello, los codos y las piernas. Pablo tenía el plan de tomarse todo el tiempo posible, pero apenas la máquina lo sintió en su seno, se cerró herméticamente. Su cuerpo embonó sin traba entre los dispositivos electrónicos, y se relajó, gracias a las ondas de sueño que lo mantuvieron inconsciente por tres semanas seguidas.

(continuará…)

El Hechicero Metálico (parte XVIII)

(continúa…)

– ¡Carajo! ¡Con un maldito carajo! – Thunder corrió hacia la compuerta, seguido de Alex, quien hacía caso omiso del dolor en brazos y piernas – ¿Qué diablos…?

Ranchi gritaba, derrumbada en el suelo. Un terror incomprensible para ella la tenía presa. Ve fuego y cadáveres calcinados.

– El infierno… el infierno esta abierto…

– ¡Contrólate! – Alex la tomó y sacudió del hombro – ¡Mantente enfocada!

– ¡Derek esta liberando al infierno! – Ranchi estaba fuera de sí, tan desquiciada como en sus mejores días.

– ¡Mierda! – dijo Thunder – ¿No vas a hacer algo al jodido respecto?

La chica hiperventilaba. Veía las heridas y los moretones en los cuerpos de sus compañeros. Levantándose de un salto, y aún con los ojos desorbitados, se aferra al brazo musculoso de Thunder. Él aferra la pesada manija de la puerta. Así, los tres entran.

  1. Ahora

El sistema aún estaba acumulando energía para la activación. Faltaban escasos minutos para alcanzar el nivel mínimo necesario capaz de iniciar las fisiones estelares. Por esa razón, la esfera protectora externa, cristalina y perfecta, todavía permanece abierta. Está sostenida por cuatro arcos incompletos, firmemente anclados en la estructura de área circundante. El reactor, en conjunto, no debía pasar de los siete metros de altura.

<< El origen y final de la calamidad humana >> recordaba Derek al admirar la abandonada estructura << aguarda adentro. >>

Un vientre gestador de mundos, consciencia electrónica escritora de realidades a nivel de quantums, el plan digital de energía infinita y celestial, mostrábase ahora ante el niño genio, quien, a pesar de comprenderlo, no lo creía totalmente real.

– Hagamos algo de reconocimiento.

Se limpia de los labios el último sorbo de su cajita de jugo. Y agrega para sí.

– Alex lo haría.

En el polo superior, en el espacio entre los arcos de sujeción, emergían torrentes de cables conductores de energía fresca hacia los capacitores primarios, ocultos a la vista. De ese mismo punto, nacía hacia el interior un grueso cilindro de materiales tornasol. En su extremo contrario estaba sostenida una esfera de menor tamaño, cubierta de minúsculas perforaciones. En el interior, se llevaría a cabo la fisión astral y planetesimal. El poder mecánico de la Creación subatómica, aún dormía.

– Continúo grabación. – dice Derek al terminar su recorrido superficial. – El reactor permanece inactivo, y debo apresurarme a encenderlo manualmente. Los niveles de energía no se mantendrán estables mucho tiempo.

En el vestíbulo del reactor, se encontraban tres secciones de computadores y monitores, aún en estado de hibernación. Derek dedicó toda su atención a éstos, pues debía reiniciar todos los sistemas informáticos en sincronía, siendo este el primero y más sencillo de los problemas.

– Inicia preparación.

Comienza a manipular los controles, liberando el flujo de micromateria cósmica para su consolidación en el núcleo de la esfera menor, la cual desciende mediante un cable central, que, además de sostenerla, energiza su ambiente interno con plasma rico en átomos pesados. Al bajar la esfera, se descubre la boca inferior del cilindro tornasol, de donde se liberan unas largas varillas de tonalidades doradas.

– Estupendo. Continúo grabación. El escudo de vidrio blindado aún no se cierra, pero sin contar eso, faltan pocos minutos para el inicio de las fisiones. Solo se debe vigilar la secuencia de arranque. – observa unas advertencias en la pantalla frente a él. – Falla en los protocolos de autorregulación. Puede que eso demore el cierre del escudo.

De rodillas, abre varias consolas, usando su destornillador más entero. No necesitó explorar más allá de diez centímetros de profundidad en cables y circuitos para descubrir algo terrible.

– ¡Por todos los cielos! ¡Los planos no dicen nada de esto! ¡Nada! ¡Definitivamente imposible! ¿Qué clase de maniáticos suicidas enfermos harían algo como esto? ¿En que estarían pensando?

Derek libera las vísceras electrónicas de la consola, la cual aún esta en funcionamiento. Armado con una lámpara en la boca, un desarmador en la mano izquierda y una pinza maltrecha en la diestra, ataca a su nuevo enemigo, ese sabotaje colosal, que acabaría transformando al producto de sus esfuerzos y trabajos en una bomba magnífica. Una bomba capaz de destruir mundos, sistemas y estrellas.

– ¡Tiempo! ¡Necesito tiempo!

En base a los planos del reactor, almacenados en su memoria, trata de anular las alteraciones. Pero éstas son muchas, y él es solo un niño pequeño con una mente gigantesca.

– Continúo grabación. He descubierto modificaciones monstruosas a los sistemas de reactor astral, con el único fin de conducirlo a fallos catastróficos, ¡catastróficos! ¡Desde la destrucción total del Deathbird e implosión cósmica, hasta la reestructuración de un plano dimensional completo! ¿Por qué harían una locura semejante?

Nervioso, alza la cabeza. La esfera interna aún está sostenida por el cable central, pero las varillas robóticas han emergido por completo, deslizándose en el aire como serpientes de torsos rígidos, extendiéndose y recordando a los dedos de una mano que abrazan una bola de cristal. En su interior, conducidos por el cable que la sostiene, gases ricos en partículas energizan el germen del universo en miniatura.

– Una bomba. Lo han transformado en una bomba. – una máscara de incredulidad cubre su faz. – Ahora que ha arrancado, continuará las fisiones hasta el máximo de capacidad. Los controles están bloqueados para permanecerá a ese nivel de funcionamiento, volviéndose inestable el sistema en poco tiempo, rebasando fácilmente los márgenes de seguridad. Cuando eso ocurra, estallará.

La máquina comienza a revivir de su larga muerte. La luz cubre los antes negros rincones, mientras la energía eléctrica recorre los nervios y venas de cables, haciendo funcionar sus órganos sintéticos. El niño mete su cuerpo en la consola abierta. La realidad no concuerda con ninguno de los escenarios previstos. Ni siquiera con los más pesimistas. Aunque Derek trabaja a toda velocidad, acepta el hecho de no permitir que el reactor arranque por completo.

– ¡Diantre! ¡A tan poco! Continúo grabación. El proceso de fisión está al 57%, y a ese ritmo, no terminaré de enmendar los destrozos que lo convierten en una máquina suicida. Deberé detenerlo cuanto antes, y eso significa desbloquear el apagado de emergencia.

Abandona sus apresuradas reparaciones y corre hacia los arcos de sujeción del reactor. Atraviesa de un salto la esfera externa de protección, y busca un punto específico de la cara interna del arco más lejano. Sus deducciones, basadas en los planos, le indican que ahí está la falla principal. La esfera interna continúa llenándose de gas, y las varillas aguardas pacientes la siguiente indicación del cerebro informático del reactor.

– Voy a tener que descubrirlo por completo.

Usa su peso para arrancar la brillante cubierta. No es metal sólido de lo que están hechos los arcos, en realidad se tratan de extensiones electrónicas del reactor, circuitos complejos, pertenecientes a la gran máquina, cumpliendo funciones dentro de ella.

– Dementes.

Derek enfoca su atención en manos y circuitos. Ignora el siguiente paso del reactor, en donde las varillas se introducen cuidadosamente por los orificios del campo de fisión, preparándose para crear y destrozar estrellas.

– … esto parece un fideo, ¿se supone que es un puente para encubrir los niveles del sensor de fotorradiación? Que estúpidos. – el diminuto segmento de cable sale despedido por los aires – Redirigimos los flujos, una gota de soldadura funcionará. ¡Maldito cacharro de mierda! ¡Enciende! – agrega, en voz baja, al acabar su labor – Recordar lavarme la boca con jabón.

Un suave pitido en su oreja izquierda le indica que ha cumplido su objetivo. Derek dirige su mirada a las consolas, justo cuando la esfera exterior de protección se cierra por encima de su cabeza, atrapándolo al lado de su corazón de energía y poder.

– ¡NO! ¡nonononono!

El reactor está sellado ahora, minutos antes de su completa activación. El cable central se retira, y la cápsula de fisión es mantenida en el aire por las varillas robóticas, entrando y saliendo de su interior. Por un instante, Derek observa los extremos de las varillas, que, al moverse, imprimen energía cinética al cargado gas, condensando así astros minúsculos, los cuales serán automáticamente pulverizados y vueltos a reconstruir infinidad de veces, en el lapso del tiempo en que la mente humana es capaz de asimilarlo. La esfera central se mantiene en equilibrio por la acción de las varillas, que la hacen girar y moverse a velocidad asombrosa. Alrededor, dentro de la cápsula de protección, la temperatura asciende, sin miras a detenerse.

– ¡Tengo que salir de aquí! – aún cuando sabe que es inútil, pero impulsado por un terror incontenible, golpea con todas sus infantiles fuerzas la esfera de contención, sin soltar todavía sus herramientas. Libera un grito de auxilio, aún cuando de antemano sabe que también es inútil.

– ¡POR FAVOR! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE! ¡RANCHI!

Las varillas parecen un resplandor dorado, con brillos de diamante en donde se origina la reacción. El niño se agacha, protegiendo instintivamente su rostro del calor y la luz intensas.

– Estoy muerto, estoy muerto, estoy muerto… – siente apoyar las piernas en carbones ardiendo, pero, a pesar del dolor, no se atreve a mover, no se atreve siquiera a girar la cabeza – Una exhalación más, un latido más, y moriré.

Como un sorprendente rayo inesperado, otra voz sacude el ambiente, un relámpago de cabellera azabache irrumpe en la sala antes vacía.

– ¡¡DEREK!! ¡¡DEREK!!

– ¡Espera un segundo!

Sin hacer caso de Alex, Ranchi se teletransporta inmediatamente al lado de su hermano, rodeándolo con sus brazos y su escudo celeste.

– ¡Chica! ¡Regresa!

– Déjala Thunder. Ella tiene sus prioridades.

Los dos individuos son golpeados por la visión de la estructura de reactor, su complejidad inhumana, el prístino núcleo con agujas veloces condensando polvo cósmico microscópico en astros efímeros, los cuales se solidificaban, para contrahacerse y expandirse en milésimas de segundo, liberando su energía intrínseca. Imágenes reducidas y multiplicadas de la creación del Universo.

– Rompe todas las leyes de la astrofísica y mecánica cuántica – dice Alex

– ¿Es real? – dice Thunder.

– Es increíble.

La luz es enceguecedora, pero intermitente, con intensidad fluctuante, bañando el área de control. Una vibración convulsiona al marco con violencia, dando la pista de que algo andaba mal en los sistemas. Alex había caído hipnotizado por pequeños soles estando y creando minúsculos agujeros negros, cuando los gritos de Ranchi le hacen recuperar el control de sí.

– ¡APAGUEN ESTA MALDITA COSA!

La joven tiene al niño hecho un ovillo, cubriéndose con pavor el rostro, temblando incontrolablemente. En su mano continúan sus desarmadores, llevados hasta el máximo.

– Lo intentaste reparar tú solo, ¡tú solo! – dice ella con reproche, sacudiéndolo para hacerlo reaccionar, hacerle sentir que en realidad estaba a su lado – Tu solo…

Afuera, Alex trataba de mantenerse frío y racional. Asunto difícil dado lo caótico de la escena.

– Es muchísimo peor de lo que pude haber previsto. Causará nuclearización incontrolada, acumulando suficiente energía para una explosión masiva. Con lo que reste, creará un nuevo agujero negro en este sector de la galaxia.

Thunder deja de observar una constelación minúscula flotando antes de evaporarse.

– Repite lo último.

– Agujero negro.

– Antes de eso.

– ¿Nuclearización incontrolada?

Thunder salta como si hubiese recibido una descarga eléctrica. Vacía en el suelo el contenido de su maleta, desperdigando su variopinto contenido. Agazapado, comenzó a buscar algo entre cartuchos de escopeta, cables, pinzar, cinta de aislar y latas de cerveza.

– ¡Lo único que leí del jodido manual cuando me lo entregaron!

– Explícate.

– Nuclearización. Instrucciones o algo así. Solo recuerdo eso, “nuclearización”.

– ¡Dijiste que ese manual era inservible! – le espetó Alex

– ¡Y lo era! ¡En ese entonces! – Responde a voces mientras se levanta y aparta objetos a patadas. – ¡Ahí!

Recoge un libro pesado, de cubierta y hojas plásticas, apoyándose sobre un tablero roto. Pasa las páginas violentamente, tratando de encontrar aquellas a la cual le dedicó cinco minutos de su atención.

– Ridículamente obsoleto – dice Alex al acercarse y verlo a un lado de Thunder.

– Es práctico. No necesitas pantalla, computadora, energía o lector de datos. Solo una mano para abrirlo y ojos para leerlo.

– Además de un cerebro para entender lo que dice. ¿Esa es la página? ¿Apagado total de emergencia?

– Haz los honores, supersoldado.

Alex revisa rápidamente los primeros párrafos.

– Necesitamos un par de llaves.

Mientras Thunder busca, Alex localiza los controles principales. Teclea los códigos de emergencia mientras su compañero rompe la famosa cadena, y los centenares de llaves caen tintineando al suelo.

– ¡Carajo!

– Busca una placa de cristal y filamentos metálicos, es la llave de seguridad. Hay que quebrarla a la mitad para usarla.

Thunder está gateando de aquí a allá, en busca de la llave perdida, revolviendo con la mano y examinando las que toma a contraluz.

– Estoy en eso – responde con el rostro al piso. – ¿Tu como vas?

– Ingresando las primeras contraseñas.

La consola central indicaba falla inminente. El calor de la fisión traspasa el escudo, y la vibración de la sala es más intensa. Thunder se topa con un rectángulo opaco que cabe en la palma de su mano. Aún de rodillas, lo coloca en sus pulgares y aplica fuerza en el medio.

– ¡Mierda! ¿No tenían que ser iguales?

La luz amarilla de miles de pequeños soles brillaba con pasión, tratando de liberarse de su pequeña cápsula, luchando con ella, tambaleándola y sacudiéndola, haciéndola gemir mediante chirridos y el inquietante sonido del metal resquebrajándose. Alex y Thunder insertaron las llaves simultáneamente en las consolas correspondientes, girándolas según las instrucciones. Las computadoras encienden. Varias pantallas muestran una familia diferente de datos, mientras teclados holográficos flotan frente a ellos.

– Hemos activado el sistema de emergencia – explica Alex – Es un sistema oculto y fuertemente protegido para evitar que cualquiera desconecte los flujos de energía del reactor estelar. Se mantiene escondido y emerge para tomar el mando de los programas principales. De momento, solo lo hemos abierto.

– Tiene sentido – reflexiona Thunder en voz alta – Solo parece en extrema urgencia.

– A mi marca, damos los giros a las llaves, como lo vaya indicando. Prepárate.

– ¿Y eso será todo?

– Permíteme señalarte que estamos apagando un sistema alienígeno de alta tecnología, no una de tus oxidadas naves de tercera mano. Y antes de que preguntes, después de esto, debemos ingresar un código, dar terminación a los sistemas de protección, otra secuencia y código, antes de acceder por fin al sistema principal.

– ¡Con un maldito demonio!

El reactor trabaja a casi el máximo de su potencia. El pequeño universo que ha creado pelea ansiosamente por nacer. Una bola de fuego lanza flechas de luz ardiente que rebotan en la coraza transparente que la envuelve, y en la burbuja azul de Ranchi.

<< Hermanito. >>

Ranchi siente al pequeño Derek temblar de miedo entre sus brazos. Ella se concentra en mantener su escudo lo mas sólido posible.

<< No se cuanto pueda resistir más >>

Derek no cierra los ojos. Observa lo que ha echado a andar. El abominable terror que ha alimentado con su genio e inocencia. Las varillas se mueven a velocidades terribles, llenado la esfera de realidades alternas fallidas. Y el resto del mundo alrededor suyo, listo para destrozarse en pedazos.

– Supersoldado, el nivel entero esta temblando.

– Ya lo he notado.

Un panel de control holográfico en su totalidad  lleva ahora las riendas de la fisión astral. Sus indicadores señalan sobrecalentamiento crítico, además de carga excesiva en los circuitos de transmisión. Por si fuera poco, hay un pequeño detalle con los nuevos controles.

– ¡No entiendo un jodido carajo! Está en otro maldito idioma – maldice Thunder

– Maiar.

Alex manipula los controles con seguridad, acariciando esos fantasmas en el aire, moviendo imágenes de izquierda a derecha, pulsando interruptores inexistentes.

– ¿Sabes leer maiar?

Ignorándolo, Alex aparta un poco a Thunder, para trabajar en otra sección.

– Desactivando reactores periféricos. Liberando cargas masivas de hipercongelante – dice al manipular los hologramas – Encendiendo ventiladores mecánicos, liberando accesos de emergencia – Alex notó la mirada interrogadora de su camarada – Thunder, si no tienes otra cosa mejor que hacer, aparte de preguntarme acerca de mi pasado, te recomiendo que cierres la boca.

– No contestaste a mi pregunta.

Alex continúa concentrado en su labor.

– Cierto, no lo hice.

Thunder resopla y vuelve a dirigir su mirada al reactor.

– Parece que no esta funcionando. Luce como un sol encerrado en un balón de blitz ball.

Una masa de fuego y calor entabla batalla con su cáscara de cristal. Lucha con violencia, golpeando con sus innumerables brazos aquella cárcel, tratando de resquebrajarla. Solo quería lograr aquello para lo cual fue invocada, es decir, crecer y alimentarse hasta acabar con todo en una gran y hermosa explosión. A su alrededor, los arcos se calentaban y chirriaban.

– Aún faltan  un par de pasos. Estoy tratando de eliminar los excedentes de energía, pero aún resta apagar por completo la fisión astral. Encendiendo sistemas de enfriamiento masivo, ahora.

Se escucha el aliento de gigantescos aspersores de aire, y el zumbido de los motores eléctricos que bombearán hipercongelante e iluminarían las rutas de evacuación, utilizando el excedente de producción del reactor astral. Aún así el sol encerrado en el balón de blitz ball no dejaba de arder.

– Thunder, ven aquí.  Hay que ingresar una clave en sincronía.

– No se tú, pero estoy empezando a preocuparme por los chiquillos. Y por nosotros. Y por mi nave.

– Deja de pensar y actúa. El tiempo esta agotándose.

– Si tú dices eso, entonces las cosas van realmente mal.

Ranchi continúa protegiendo a Derek con su cuerpo y escudo, en unos minutos tan largos como siglos. Se aferraba a su hermano, conocedora de que, por encima de su burbuja, el calor evaporaría al metal mas resistente. La estructura estaba deformándose, el techo sobre sus cabezas parecía gotear e incinerarse. Y la luz ardiente arrasaba su mente, nublando su fortaleza y esperanza.  Aun así, resistía.

<< Y… ¿si pudiera teletransportarlo conmigo? >>

La cámara colapsaría de un momento a otro. La coraza de cristal externa estaba comenzando a fragmentarse, ahí donde los rayos de energía y calor atacaban con mas fuerza. La creación de estrellas estaba fuera de control, y cada daba un estallido desbordante de poder. Las paredes más sólidas parecían papel al viento. En medio de la inminente catástrofe, Alex y Thunder realizan los últimos ajustes al sistema, logrando abrir un compartimiento oculto en el interior de la consola, que posee un interruptor encapsulado, aquel que finalizaría de golpe con todos los problemas. Según el manual de Thunder.

– A mi marca, rompemos y accionamos. Atención. Tres, dos, uno. Marca.

Thunder da un puñetazo a la caja transparente, mientras Alex hace algo similar con su codo. Las llaves, que son en realidad segmentos de circuitos, descienden automáticamente. El sistema electrónico del apagado emergente es ensamblado y cumple sin demora su misión.

– ¡Carajo! – exclama Thunder al ver como la consola se activa y muestra los mensajes de “apagado urgente” – ¡Algo en esta maldita nave que por fin funciona y no trata de matarnos!

Guillotinas ocultas seccionan los cables conductores y de alimentación derivados del sector astral, haciendo gemir a la máquina, desde lo profundo de su armazón, aunando al sonido del caer de las navajas. El núcleo de la nave retumba, haciéndoles perder el equilibro a la pareja de hombres. Las varillas robóticas pierden vida y permanecen estáticas. Los soles condensados en la esfera de fisión aguardan allí por unos segundos, hasta que la quietud de las varillas los privó de la energía para seguir existiendo.

– Vendrá un fuerte descenso de la temperatura. El congelante molecular llegará en cualquier momento.

– Se está retrasando.

– En cualquier segundo…

El torrente de gel hipercongelante fluye murmurando por las paredes del sistema, absorbiendo todo el calor del ambiente, congelando las tuberías laberínticas. El cable conductor cae y sostiene la esfera de fisión, bañándolos con una ligera llovizna de congelante molecular, y después aspira el remanente del gas rico en partículas. Los planetas y soles colapsaron, cayendo sus restos en el polvo cósmico microscópico del cual brotaron. Los aspersores ventilan y enfrían el aire, gastando en energía mecánica toda la electricidad remanente de la familia moribunda de reactores.

– Corrimos con suerte.

Los datos en idioma maiar solo tienen sentido para Alex. Thunder, por su parte, se acerca a la ardiente y resquebrajada esfera de protección. Acerca su mano, y la retira con un grito apagado.

– Deja eso supersoldado. Tenemos una situación más urgente.  – Voltea y comprueba que Alex ya le presta atención. – ¿Cómo vamos a sacarlos de ahí?

Ranchi percibe un frío arrasador. Movió las piernas, aún con su hermano en brazos. Abre los ojos con miedo. La coraza protectora resistió la energía de miles de agujeros negros explotando. ¿Cómo podrían dos hombres exhaustos abrirla?

<< No puedo esperar. Se que encontrarán una manera. Lo conseguirán. Pero no quiero esperar. >>

– Hermanito, escúchame.

El niño mueve la cabeza.

– Cierra bien los ojos. Cierra bien los ojos, y sin importar lo que oigas o sientas, no los abras.

<< Ellos dijeron que podía llevar a uno conmigo. >>

– Derek, va a ser muy rápido, te lo prometo.

El portal oscuro al mundo negativo aguarda frente a ellos. Ranchi se levanta y da un paso adelante. La pierna izquierda los introduce en el vacío, mientras la derecha los saca de él. Está ahora justo en el centro del área de control, con Thunder y Alex mirándolos atónitos.

– Es la primera vez que lo hago.

Derek temblaba, con el rostro escondido entre el regazo de su hermana, cubriéndose con la mano herida. La pierna tenía una gran quemadura sangrante. Ranchi, al borde del colapso, se dejó caer sobre sus rodillas.

– Es la primera vez que lo hago.

– ¿Estás bien? – preguntó Alex.

– No – respondió ella – Voy a desmayarme por una semana. Pero antes de eso, me lo llevo.

Thunder hizo el demás de abrir la boca, aunque de inmediato se abstuvo, al ver la misteriosa expresión de Ranchi.

– Todo lo que quieran decirle a Derek, puede esperar.

Ranchi toma aliento sonoramente.

– Regresaré por ustedes.

Al apagarse las luces principales, los hermanos desaparecen. Los reactores de antimateria colapsan finalmente. Los hombres se sentaron en el piso, uno frente al otro, con la oscuridad rodeándolos.

– Es la primera vez que me siento así de agotado en mucho tiempo – comenta Alex al encender una pequeña bengala verde sacada de su chaleco. – Por fortuna, todo ha terminado.

Thunder responde desde su lugar.

– Esto amerita una cerveza. – tanteando alrededor suyo, encuentra una lata y no tarda en abrirla – Yo estoy contento de no haber volado en pedazos. – da un generoso y escandaloso trago. – ¿Tardará mucho Ranchi?

– Probablemente.

Alex cierra los ojos para descansar. Escucha a Thunder atragantarse y escupir con decisión.

– ¡Puaj! ¡Carajo! ¡Era de aceite!

Todavía con los ojos cerrados, Alex le lanza a su compañero una nueva bengala. Escucha su crujido al encenderse, y el ronroneo más constante de los ventiladores, y como varios objetos rodaban cerca de él.

– Las malditas luces de emergencia no sirven. El lugar está más negro que el estómago del demonio. ¿Quieres agua?

El aludido alza la mano, indicando que aceptaba el ofrecimiento, y la botella aterriza en su palma abierta. Toma un sorbo profundo y escucha como Thunder hace lo mismo con su cerveza. Después de eso, se dieron el lujo de quedarse en silencio y totalmente quietos.

(continuará…)

El Hechicero Metálico (parte XV)

La joven deshizo el nudo, y extrajo un paquete de galletas, único alimento que traía. Rompe el empaque y se mete una pieza entera a la boca. Un gruñir sordo retumba por las paredes. Una maquinaria gigantesca e invisible ha iniciado su marcha. Ranchi carga la maleta y devora su almuerzo apresuradamente, alcanzando a Thunder y a Alex justo cuando abren y entran al siguiente elevador. Han descubierto que éste tan solo puede descender, lo que significa que Derek continúa su bajada. Tratan de alentarse con la idea de que el niño empiece a estar tan agotado como ellos.

 

  1. Hace tres horas.

 

Un corazón late más allá de sus límites anatomofisiológicos. Un pequeño corazón frenético, convulsionando dentro de sí, enviando sangre espumeante al órgano más importante de ese infantil cuerpo, alimentando así a cada una de las células de su cerebro excepcional. Un cerebro que nunca para de crear.

– Nota… nota a mi mismo – Derek resuella – Mejorar condición física.

Tose sin saliva y el costado lo mata. Pero no puede dejar de correr. No si quiere aprovechar cada minuto en tratar de controlar los demonios que ha soltado de la jaula.

– Continúo grabación. Estoy a unos trescientos metros de la entrada al reactor de antimateria… – el pequeño se agacha y apoya sobre sus rodillas para tomar aire – He tenido que correr durante los primeros cuatrocientos, pues… – respira con un poco más de profundidad y calma – el sector del reactor estelar solo cuenta con un único acceso a casi un kilómetro de distancia… fue el más cercano que pude desbloquear.

En ese mismo sitio, el primer peldaño de una larga e intrincada escalera, se sienta y abre la maleta.

– ¿Y porque estoy corriendo? Porque, debo admitirlo, las lecturas que estoy recibiendo, bueno, son espantosas.

Enciende su par de laptops. Ya no hay expectación o alegría en su rostro. Cansancio y pesadumbre.

– Continuo grabación… reactor cuatro, con escape de material radioactivo… al parecer los reactores no trabajan únicamente con antimateria, en realidad son conglomerados increíblemente complejos de distintos métodos masivos de obtención de energía, por supuesto, la antimateria es el factor común y predominante. Nuevas notificaciones… sobrecalentamiento general en reactor cinco, dos, y cuatro, uniéndose ahora el tres a la falla… error en los conductores… la ausencia de coordinación alcanza niveles críticos. Un reactor se reporta ineficaz y los otros cuatro aumentan el índice de fisiones para suplir al defectuoso, llegando a temperaturas cercanas a la fundición. Mas sin embargo, repentinamente…

Derek tecleó en sus laptops. Saca de su chaleco, semejante a los usados por Alex y Thunder, una microcomputadora que alguna vez perteneciera a su capitán, adaptándole al momento un dispositivo auricular y micrófono, un pequeño receptor de señales remotas y una funda elástica para adosarla a sus costillas izquierdas.

– Continúo grabación. Usaré comandos de voz y mis dos terminales, y espero poder contener este desastre. Iniciar diagnóstico sobre la integridad de los acopladores de datos. Tengo una teoría… puede existir un problema en la integración de la información recibida de los centros periféricos de producción energética por parte del reactor estelar. Es decir, la producción de energía aparece en los indicadores casi nula, y al segundo siguiente… – en cada mano trabaja con una computadora, realizando operaciones diferentes. Sus ojos van de pantalla a pantalla, al pulir sus hipótesis. – aparece a más del cien por ciento de productividad, sin ascenso gradual. Físicamente imposible. Entonces, es casi seguro de que se trate de una falla en los acopladores de datos. Diagnóstico finalizado… integración informática incompleta.

Derek no ha movido más músculos que los de sus brazos y dedos. Las piernas se le entumen y la espalda le duele, pero eso no llama su interés ahora. Bajo la luz errante y los temblores breves y ocasionales, continua.

– Activar protocolos de enfriamiento de emergencia. Encender las bombas del congelante molecular y dirigir los flujos a sectores más allá de los cinco millones kelvin. Abortar reacciones caloríficas en módulos épsilon, kappa y ómicron del reactor cinco. Iniciar descenso de fisiones de tritio y elementos relacionados.

Suspira. Nada de eso será suficiente. Él lo sabe muy bien.

– Mal, mal, mal… debo llegar a la consola integradora de datos, y de ahí, iniciar el arranque del reactor estelar. La consola más cerca está en el reactor uno de antimateria.

Recoge sus cosas frenéticamente y continúa la carrera. Toma las escaleras de bajada frente a él, alojadas en un espacio amplio y oscuro. Arriba pueden verse los andamios de niveles superiores, con una ominosa sensación de vacío presente por doquier. Derek está cansado y nervioso. Después de un trecho considerablemente largo, tropieza y cae rodando unos veinte peldaños.

– ¡Arggg! ¡Rayos!

Termina boca abajo y con solo un corte en la rodilla, además de varios golpes en el resto del cuerpo, pero aún así, le cuesta trabajo reincorporarse. Es invadido por una urgencia de llorar a lágrima viva, y sin embargo, se resiste a ella.

– Fuerte. Debo ser fuerte.

Extraña los mimos de su hermana, quien acudiría gritando hacia él. Thunder lo levantaría del cuello de la camisa, y Alex, frío e inexpresivo, le curaría la herida. Ese corte en la piel no es tan doloroso para el pequeño como saber que se encuentra solo, extraviado y lejos de cualquier ayuda posible, enfrascado en un terrible problema que él mismo originó. Desgraciadamente, su computadora insiste en seguir dándole malas noticias.

<< No se han completado los parámetros para asegurar una fisión astral estable. >> recitaba la diminuta voz electrónica en su oído izquierdo << Niveles periféricos de energía erráticos. Reactor astral en estado de latencia. >>

– Tengo que seguir, no puedo abandonar el proyecto, mucho menos en estas condiciones.

Busca en su contrahecho equipaje algo para vendarse la rodilla. Cojeando, reinicia la marcha, aumentando poco a poco la velocidad de sus pasos. Las escaleras lo han llevado hasta la entrada principal del reactor uno de antimateria, primera parada de Derek antes de alcanzar el reactor estelar. Un recuerdo inconexo, una oración tomada de ese cúmulo de información perdida que originó la travesía del niño, emerge.

<< El origen y solución de la calamidad humana, aguarda adentro. >>

Derek avanza, con más decisión.

– He llegado muy lejos. Si puede hacerse ¿Por qué no hacerlo?

Con el único apoyo de su genialidad, Derek se lanza a si mismo al espíritu incandescente del demonio.

 

Momentos después…

– Bonita remodelación – dice Thunder.

Los tres camaradas han caminado bastante desde que abandonaron el último elevador funcional. Están ahora en un largo corredor de aspecto peculiar. Por las paredes, corren extensos tramos de tuberías, las que se unen y ramifican por doquier. A primera vista, esta instalación fue colocada después de la construcción del nivel, pues los tubos cubren incluso las salidas clausuradas. Segmentos de suelo, en donde emergen bastantes de esos troncos metálicos, fueron destrozados sin cuidado y sin reparación posterior.

– Mi pregunta – decía Ranchi – es el porqué de esta tubería. ¿Se habrán equivocado al diseñar el nivel?

– Lo dudo. – dijo Thunder – Más parece un remiendo de urgencia.

Ranchi camina cerca de una de esas tuberías. Ve pequeños agujeros que casi la perforan.

<< Balas. >>

Introduce la punta de su dedo en uno de esos orificios. Llegan a su mente extractos de su historia.

<< Humanos contra humanos. Guerra entre los bienaventurados en el viaje al paraíso. Los soldados disparan, y los muertos caen con las armas calientes en las manos. Aquí, un batallón luchó para defender la entrada olvidada. Falleció protegiéndola. Los gritos y el tronar de los disparos, perforan las paredes y las almas. Nadie debía pasar por esa entrada. Muchos hombres entregaron su vida para conseguirlo. Al final, solo sobrevivió el frío. >>

– ¡Despierta! ¿Qué es eso que tienes ahí?

Ranchi sacude su cabeza, saliendo del trance. Su dedo aún está en el agujero. Percibe algo móvil en el fondo. Con un poco de esfuerzo, logra sacarlo.

– Una bala.

Alex y Thunder miran curiosos el pequeño objeto recién descubierto, y se dan tiempo para examinarla por separado.

– Interesante – dice Alex.

– No reconozco el material – agrega Thunder – y eso que he visto muchas balas en mi vida. – y se la regresa a Alex.

– Habrá que investigarlo con calma – mira a Ranchi – ¿Me permitirías…?

La chica tarda un poco en entender que se refería a conservar la bala.

– Claro, claro. – Respondió apenada – No hay problema.

Continuaron avanzando.

– Thunder…

– ¿Qué quieres, Ranchi?

– ¿Por qué dices que no reconoces el material de esa bala?

– Es común hacer balas con los metales que tengas a la mano, y recuerda que no todas las armas continúan utilizándolas. Hay lásers, pulsos gravitacionales, electromagnéticos, tú nombra.

– Ya lo recuerdo. Aún me extraña que ustedes dos sigan usándolas.

– Economía. Endemoniadamente baratas. Las armas son casi desechables, así que si perdemos media docena en misión no nos afecta demasiado. Compramos un fundidor y lo llenamos con cuanta chatarra recolectemos. Salen aleaciones raras, pero en general son buenas balas.

Ranchi es presa momentánea de un escalofrío que la hace tiritar y frotarse los brazos.

– Brrr…. Eso me pasa por no usar traje térmico.

Thunder también nota un descenso en la temperatura. Alex lo comprueba al retirarse su media máscara y exhalar una columna de vaho.

– No es normal.

Un ruido de fluir, un murmullo húmedo se escucha aumentar lentamente de volumen. Muchos ductos vibran, y una presión interna ensancha los codos y coyunturas. Alex examina uno de esos ductos, al seguir su trayecto por varios metros.

– Congelante molecular, en gel líquido. Eso explicaría el frío repentino. Hay que alejarnos lo más posible de él.

Siguieron moviéndose hasta escuchar un pequeño estallido detrás. Una fuga saltaba de los puntos de unión entre dos ductos. El gel congelante tenía un comportamiento peculiar. No goteaba, ni escurría, sino crecía como los brotes de una planta, extendiéndose y ramificándose, inmune a la gravedad, formando una telaraña azarosa y cristalina. Con la presión de flujo, varias fisuras aparecieron en el sistema de tuberías, y uno de esos escapes de gel se desarrollaba al lado de Ranchi.

– Genial… ¡Miren, chicos!

Un delicado y frágil gusanillo se estiraba al liberar bifurcaciones por doquier, y uno de ellos terminó en un redondo y diminuto botón, a milímetros del dedo extendido de la chica, quien miraba embelezada el fenómeno. El botón se abrió para liberar un copo de intrincadas combinaciones geométricas, enmarcados en una figura pentagonal. Alex tiró de la espalda de Ranchi con tanta fuerza que casi la tira al suelo.

– Ese gel nulifica la energía cinética a nivel de neutrinos. Cero absoluto termodinámico. Si llegases a tocarlo, tus células se cristalizarían casi de inmediato. No debemos retrasarnos más.

El frío se intensifica, alimentado por el mayor número y magnitud de las fugas, provenientes de esa red de tuberías en pésimo estado. El aire se llenaba de hielo, y el gel seguía expandiéndose, ocupando lo espacios posibles, imposibilitándoles los movimientos a los tres viajeros ansiosos por salir de ahí. Thunder, un hombre que se jactaba de tener combustible ardiendo en las venas, tiritaba sin escrúpulos.

– ¡De…monios! ¡Nunca…había… sentido… tanto rajado frío!!

– Derek debió… – Alex también, a pesar de su traje aislante, padecía del descenso abismal de temperatura – activar los sistemas de enfriamiento. Estará distribuyendo cantidades masivas del gel congelante a los cinco reactores.

– Aunque con estos… jodidos escapes, – continuó Thunder – no ayudarán de mucho. El resto del red de distribución… brrr, carajo… estará igual o peor.

Estaban cerca de la salida, peo el creciente frío era una cadena pesada colgando de sus cuellos. Ranchi tenía la extraña sensación de que el tiempo mismo se detenía. Y las cosas volvieron a moverse cuando, anunciado por un quebrar y un borboteo, un lago de gel congelante inundaba el piso, corriendo rápidamente hacia sus pies.

– ¡Escalen lo más alto que puedan! – gritó Alex.

Thunder logró dar un salto para encaramarse a varios tubos en la pared, y Alex hizo lo mismo con algo más de estilo, mientras le dice a Ranchi.

– Dame el equipaje, – ella se lo lanza a los brazos de inmediato – necesitarás…

Ranchi esta flotando sobre las garras heladas que tratan inútilmente de alcanzarla estirándose desde los suelos.

– … volar.

El frío es insoportable. Ella puede ver el dintel de la salida, a varios metros de distancia, coronado de varias fisuras que alimentan a un cristal gélido, el cual emerge sellando su futuro escape. Y el largo camino que dejó atrás, esta sellado por las creaciones fantásticas del congelante, fuertes y castillos brillantes como gemas heladas.

– La realidad se congela. – menciona Ranchi al encoger las piernas y abrazar las rodillas en el aire, jurando percibir como la energía de la vida se consume. – Hay silencio, todo se vuelve estático…. ¿Chicos?

Ranchi ve las extremidades de Thunder anormalmente rígidas, al tratar de alcanzar algo de su cinturón. Alex definitivamente no se mueve. La chica sabe que se están congelando en vida.

– ¡NO!

Un plan descabellado se le ocurre de inmediato. Va a liberar cuatro granadas del armamento de Thunder. Son las granadas de alto poder que fueron usadas para esterilizar un nivel y freír un cubil atestado de parásitos caníbales. Aunque en esa ocasión solo fueron necesarias dos.

<< Espero que con esto baste. >>

Arranca los seguros, permaneciendo al lado de sus compañeros, con los ojos cerrados y las granadas en sus manos. La explosión no tarda en bañarlos y acogerlos, guerreando contra el gel, llevando calor y energía a los recién adquiridos dominios del frío inmóvil. El fuego destruye sus construcciones y lo hace debilitarse y retroceder, transformado montañas de hielo en mareas incontenibles, las cuales se vaporizan casi al instante. Aun así, el poder del gel todavía es capaz de absorber una onda expansiva abrasadora y volverla una ventisca caliente, haciendo que la masa de vapor lance a Ranchi contra la pared y derrumba a los hombres de sus posiciones, dejándolos caer al charco de gel disuelto, rígidos y silenciosos. La joven toma de los brazos a sus amigos y jala de ellos, al ponerse de nuevo el equipaje a los hombros, mas por costumbre que por necesidad, y los arrastra hacia la salida lo más rápido posible, ahora que el sello congelado se ha disuelto, tratando de alejarse del sitio, antes de que el gel recupere su función.

– Vamos, vamos, ¿Por qué no despiertan?

Dejó atrás el primer gran peldaño de una escalera y varios pasos más de descenso. El vapor comienza a ganar densidad, asentándose en el piso y volviéndose liquido de nuevo. El hipercongelante se condensaba otra vez, formando gotas, charcas y  mareas que perseguían a Ranchi por las escaleras interminables, cayendo detrás de ella, como pequeñas cascadas. Ranchi se detiene a la mitad del camino, en un espacio lo suficientemente amplio para tener a sus compañeros acostados. Golpea el pecho de Alex y lo siente como una placa de concreto. Se arrodilla entre ellos y hace un vano intento por encontrar algo de vida en esos cuerpos.

– No…

Llora. Llora con desesperación y angustia, sintiendo la tibieza de sus solloza caer por su rostro. Sin embargo, no son lágrimas las que nacen de los ojos tristes de la chica. Es fuego. Fuego azul.

– ¡Argg! – Grita aterrorizada – ¿Desde cuando puedo hacer esto?

Ranchi da un respingo al verse cubierta de flamas, la cuales recorren sus brazos y alcanzan a sus compañeros congelados. Ella ve al fuego alimentarse del frío, mientras escucha las voces que tiene adentro de su cabeza.

<< La furia de nuestra justicia negada. >>

<< Está en ti. >>

<< Nunca se apaga. >>

Ella percibe la alas de la llamas revolotear y evaporarse en el ambiente. Al partir, arrancan el frío, devorando al hielo, destruye al enemigo sin dejar nada a cambio. No es el fuego espectral quien alimenta al calor que brota de los cuerpos reanimados, sino la vida atrapada en ellos, liberándose e incitando los latidos de ese par de corazones.

<< Nunca se apaga. >>

Thunder da unas violentas sacudidas al volver en sí, botando escarcha por doquier. Alex logra incorporarse más rápidamente, retirándose la máscara para toser y expulsar fragmentos de hielo por la boca. Ranchi permanecía aún de rodillas entre los dos, observando las últimas flamas celestes desvanecerse entre sus manos abiertas.

– ¡Maldita sea! – farfullaba Thunder – ¡Lo voy a matar! ¡No, eso es poco! ¡Lo voy a castigar por cincuenta años, lo voy a torturar por otros cincuenta y después voy a matarlo! ¡Le daré una paliza legendaria! – un acceso de tos interrumpió su retahíla – ¡Carajo!

La estructura vibra intensamente. Frente a ellos, se encuentra el conjunto de escaleras que el pequeño acaba de recorrer.

– Vámonos – dice Alex- Derek intentará activar el reactor de fisión astral, y dada las condiciones de la infraestructura, no será menos que una catástrofe.

Logran ponerse en movimiento y calentar sus músculos. Ranchi está más nerviosa que cansada y es ella quien va ahora a la cabeza. Alcanzan el vestíbulo de la entrada al reactor uno de antimateria. Luz se escapa por los bordes de la compuerta. Está semiabierta, y es solo cuestión de empujarla. Thunder reacomoda sus gigantescas escopetas en la espalda.

– Con un demonio. Acabemos con esto.