Grilleta (parte VII)

continúa…

Nave Madre Deathbird. A un poco más de 800,000 km del sistema planetario Grilleta.

– Hace cinco minutos que no parpadeas.

El niño se frotó los ardorosos ojos apenas suelta el control del videojuego. Justificándose, respondió.

– Estaba aburrido.

– Tómate una siesta.

– Ranchi, el capitán me dijo que permaneciera todo el tiempo vigilando el estado del SIBS. La más leve desalineación va a arruinar todo el trabajo.

Una alerta se escuchó por los altavoces, a la vez que un mensaje apareció en las pantallas. Derek se abocó a las computadoras de inmediato, dejando a Ranchi limpiar el desorden alrededor, mientras observaba la actividad de su genio hermano.

– Debo correr un programa espejo bidireccional, además de infiltrarme en el sistema de comunicaciones, y también colocar al satélite con exactitud para que tanto las señales de entrada como las de salida nos lleguen a nosotros.

Mediante proyecciones tridimensionales, y las imágenes transmitidas por las microcámaras del SIBS, Derek alimentaba sus elaboradas ecuaciones mentales para deducir la posición correcta de la antena. Tomó de nuevo el control de su videojuego, esta vez para manejar los mecanismos de estabilización y propulsión del satélite.

– ¡Derek! ¿Usarás ese trasto?

Derek le dio una mirada suspicaz.

– Tiene las funciones suficientes.

– Pero es el control abollado, soldado y reparado con cinta de un videojuego pasado de moda.

– Trata de finalizar una misión de “Vortex de la Ruina” y me dices si consigues desarrollar la suficiente destreza cinética de coordinación ojo-corteza frontal-manos para manejar absolutamente todas las armas, y poder pasar por las puertas sin chocar con las esquinas. Entre eso y esto – puntualizó el niño al alzar su control, para hacerlo notar – no hay mucha diferencia.

Ranchi refunfuñó y decidió apurarse a levantar latas de cerveza y empaques de comida viejos. Solo volteó de nuevo cuando la computadora principal dio este mensaje.

“Despliegue de antena completo”

Posteriormente, Derek dio un sonoro bostezo y trató de acomodarse en el sillón como un gato.

– No, no, no – dijo Ranchi al ir hacia él y enderezarlo – Espera, traeré unas bolsas para dormir, comida y el saco de botas apestosas de Thunder.

– ¿También podrías agregar las cerraduras electrónicas pendientes?

– Ni se te ocurra decirme que…

– Si te digo, te vas a enojar, así que mejor no digo nada.

– ¡Derek! ¡Son más de veinte cerraduras!

El niño sonrió, mientras su demente hermana gritaba y sacudía los brazos.

– ¡Aun tengo que soldarlas! ¡Apúrate!

– ¿Me traes papas fritas?

– ¡De ninguna forma! – respondió al abrir uno de sus portales y perderse en él – ¡Vegetales!

Derek se estiró en el sillón, decidiendo que, mientras esperaba a Ranchi, encendería el monitor más grande del puente de navegación para ver su serie favorita de caricaturas.

 

Bajo la fría oscuridad de Grilleta, treinta minutos acabado el ocaso…

En su oído derecho, la voz digital de su microcomputadora susurró:

“Cámaras exteriores del complejo penitenciario desactivado. Sensores de vigilancia desactivados”

<< Thunder >>

<< ¿Qué cosa? >>

<< Alcanzamos tu punto de inserción en cincuenta segundos >>

El planeta carecía de lunas para alumbrar la noche. El Apokalipsis emitía un ruido semejante al respirar al viento,  mientras flotaba bajo la nave reclusorio Gamma, la cuarta del complejo Grilleta. Anclado de pie, sujeto a sus cadenas, Thunder  no tardó en localizar un ducto de ventilación.

<< Un poco más arriba… con eso  >>

A golpes de su arma, el endeble metal cedió, permitiendo a Thunder iniciar su parte del plan. No se despojó de ninguna parte de su equipo, abandonando únicamente las cadenas sobre la nave de Alex.

<< Voy para las celdas >>

<< Entendido >>

El pájaro silencioso dejó a su invitado, rodeando el resto de los módulos carcelarios. Al hacerlo, y utilizando proyectiles adhesivos, implantó cargas explosivas comandadas a distancia, justo en la cara inferior de las naves cárcel, cerca de la entrada de los ductos de combustible y suministros de supervivencia. Sin distracción, descendió al Apokalipsis al nivel de las plantas productoras de agua y oxígeno. Alex observó a través de la ventanilla del inmenso pico, excavado en sus raíces, oscura e incierta, confiada en sus sistemas de defensa automáticos y en el infalible hecho de que nadie se atrevería a escalar sobre navajas de cristal de roca. Alex se colocó la media máscara con ceremonia. Al retroceder la cubierta de la cabina, las cadenas de Thunder resbalaron. Alex las tomó antes de caer, y sin intención, observa las artesanías de Ranchi.

<< Intentémoslo >>

Con los ojos valorando el objetivo, ocupó sus manos con una cuchilla láser que corta las cadenas al tamaño correcto. Mientras se las enrollaba, una en cada brazo, decidió el siguiente movimiento. Cierra la cabina del Apokalipsis con un comando de voz, al saltar ágilmente, en dirección a la antecámara de su misión, pensando que, si las circunstancias se apegan a lo planeado, el asunto bien podría ponerse divertido.

 

Cuarto cartucho. Un oficio como cualquier otro.

Una secuencia de números al azar, obtenidos al tirar un par de dados, era la base para las contraseñas producidas por el niño. El primer control, es decir, la segunda parte de la contraseña, sería la sumatoria de dichos números. El segundo control, aquel que efectivamente abriría la cerradura, consistía en ingresar la clave original pulsando primero los pares y luego los nones, en orden descendente, completando así las tres secuencias, las cuales deberán ser ingresadas en menos de treinta y seis segundos, de lo contrario, el sistema se reiniciaría, pidiendo ahora claves completamente distintas. Por si acaso, si todo lo anterior resultase demasiado fácil, o Ranchi soldara incorrectamente la cerradura al marco de la puerta, ella colocará una pesada viga a manera de traba, solo removible con su fuerza espectral.

<< Voy a terminar con esto antes de pedirle a Ranchi de comer >> pensó Derek << Así le dará más tiempo de ponerlos >>

Una parte del cerebro del pequeño estaba ocupado en desmantelar cuidadosamente el procesador y encriptador numérico. Otra, generaba el primer y segundo control de la contraseña, después de tirar los dados. Una más, recordaba los días en el agrio hogar familiar. Conocía perfectamente las ocupaciones de un diplomático, un sociólogo, un físico, un agrimensor, asesor financiero, e incontables profesiones más. Pero nunca jamás se imaginó a si mismo como cazarrecompensas. Visualizó a sus mayores ejerciendo su trabajo, quienes decían que para ellos, eso era un oficio como cualquier otro.

<< Quiero verlos >>

Derek atornilla un casi microscópico proyector láser a un cubo hecho de circuitos.

<<  Deber ser increíble. ¡Emociones fuertes! >>

Sobre las plantas de producción de suministros, no hace más de cinco minutos.

Justo antes de perder la señal, las cámaras registraron un tintineante borrón. La puerta principal se abrió totalmente. Un somnoliento guardia trata de reaccionar, al percibir algo, o a alguien, introducirse rápida y furtivamente. Pero, antes de moverse más de tres pasos, es interceptado por un duro golpe invisible. Quiso gritar, antes de que su cuello se despedazara sin tardanza entre dos giros de eslabones trenzados.

– ¡Hey! – gritaron desde la sala de controles, al fondo, justo al final del pasillo. – ¿Aún estas despierto?

El primero de los tres guardias apostados abre la puerta e inspecciona visualmente los alrededores. En el pasillo no hay nadie, y hasta allá, el vestíbulo de guardia tenía una luz encendida. No se alcanzaba a distinguir la silueta de su compañero. Decidió no ir a buscarlo, y al tratar de cerrar de nuevo la entrada, notó algo extraño.

– Idiota, deja de jugar.

– No estoy jugando.

– ¿Entonces porque rayos no dejas esa puerta de una maldita vez?

– ¡Esta basura esta trabada! ¡Como si alguien…!

Su cabeza se impulsó hacia atrás, mientras una herida aparecía y manchaba de sangre el piso y la pared. El par restante se asfixió en pánico, incapaces de ver qué degolló a su compañero.  Esa era la intención.

– ¡IDENTIFÍQUESE!

– ¡Da la alarma!

El guardia se volteó para encender el intercomunicador. Recibió un golpe en la nuca, hacíendolo desvanecerse, derribar y poner de rodillas.

– ¡Levántate!

– ¡Eso… eso…!

El rostro giró 180° grados. Las vértebras le estallaron.

– ¡Dios! ¡Dios! ¡Carajo!

El último mantenía el arma en alto, apuntado por doquier. Retrocedió torpemente, hasta sentir el choque contra una persona que no estaba allí. Giró violentamente y disparó, sin descubrir al enemigo.

– ¡Vamos gallina! ¡Enséñame tu fea cara!

Una punzada hirviente se clavó entre sus costillas, reventando su corazón, y ascendió, en el mismo movimiento, hasta la clavícula, partiendo en dos el hombro. El atacante se dibujó en el aire, al apagarse el filo de energía calorífica.

– Debió haber sido más difícil.

Alex no tardó en alterar los controles de las bombas, redirigiendo los flujos de producción al módulo carcelario Delta, después de poner al máximo las plantas generadoras, en especial las de oxígeno y combustible.

<< Tienen que estar al tope >>

Colocó varios explosivos compactos traídos en su equipo personal, distribuyéndolo por toda el área de controles.

<< Lo encantador de un generador de oxígeno es la facilidad para hacerlo estallar >>

Solamente al considerar las cosas en orden, da un toque final. Dedica un poco de interés al botón  de emergencia sobre una de las paredes. Rompió la cubierta protectora.

<< Pongámoslos en movimiento >>

Las estridentes bocinas sacuden el aire con alarmas y luces rojas intermitentes. Para Alex, no es difícil alterar la computadora, extendiendo la señal de peligro a todo el complejo carcelario, provocando que los guardias tomen medidas de evacuación.

<< Fase uno, completa >>

De vuelta al Apokalipsis, Alex lo usa como elevador para llegar al casco inferior de la nave barracas. Ubicándose bajo el enlace receptor, donde el cordón umbilical que mantenía a la nave atada a tierra desembocaba en las cisternas de almacenamiento, abrió su camino, con algo de esfuerzo y una navaja láser, hacia el interior. A pesar de exponerse a la noche de Grilleta, congelante y hostil, su traje lo protegía totalmente.

<< El detonador está calibrado en veinte minutos. Suficiente para dejar listo el módulo Delta >>

Sumergiéndose sin duda en los ductos enmarañados, inició su infiltración en la nave barracas.

<< La fase dos deberá ser un buen reto, de lo contrario, todo el viaje habrá sido un despilfarro >>

Arriba, en el puente, los operarios enloquecieron ante la señal de alarma generalizada.

– ¿Quién fue la bestia que dio la alerta? ¿Eh? – gritó el supervisor en turno, ante la ausencia del alcaide – ¡Ubiquen el origen de la alarma! ¡Aun no doy autorización completa para las evacuaciones! ¡Que no dejen sus puestos!

– Señor, el origen se ubica en las plantas productoras. Están al tope de funcionamiento. Eso debió disparar la alerta.

– Comunícame de inmediato con los guardias en turno.

– Lo he intentado cuatro veces, señor. _

Otro operario interrumpe

– Señor, una nave se esta sobrecargando, probablemente los flujos estén desviados.

– ¿Cuál nave?

Alex levantó la muñeca para ver mejor su complejo reloj.

<< Veinte minutos exactos >>

La roca se resquebraja ante el bramido de la colosal explosión, destrozando el pico al que la nave barracas se anclaba. Las plantas generadoras se desintegraron entre fuego y astillas pétreas, y es cuestión de segundos para que las llamas asciendan por las mangueras y acaben con el complejo carcelario sin obstáculos.

– ¡Rompan las uniones! ¡Corten el enlace con la superficie!

La nave se sacudió ligeramente, al separarse del pico derrumbándose. Libre ya, dejó caer trozos de tubería ardiendo al sellar el casco inferior. El supervisor tenía la boca seca y pastosa. A pesar de mantener la templanza, en él germinaba la pequeña semilla de la desesperación.

-iniciaremos protocolo de desastre. Todos los presos a sus celdas, reúnan aquí a los guardias y solo mantengan grupos de cinco en cada modulo. – agregó alzando la voz amenazadoramente – ¡Necesito un informe para el alcalde Hiroyuki y lo necesito ahora!.

El traje fantasma terran le permitía ser invisible, además que su sistema espía lo hacía capaz de captar todas las transmisiones de datos en la zona. Apartado entre las cisternas de redistribución y la  ventilación a las turbinas propulsoras, Alex conversaba con su camarada.

<<Necesito escuchar que no estás retrasado>>

<<No estoy retrasado>>

<<Suena difícil de creer>>

<<Solo te digo lo que quieres oír. Cuando me indiques luz verde. Quiero saber cómo anda el nido de hormigas>>

<<Agitado>>

<<Demonios, problemas>>

<<Explícate>>

<<Luz verde>>

continuará…

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El Hechicero Metálico (parte XV)

La joven deshizo el nudo, y extrajo un paquete de galletas, único alimento que traía. Rompe el empaque y se mete una pieza entera a la boca. Un gruñir sordo retumba por las paredes. Una maquinaria gigantesca e invisible ha iniciado su marcha. Ranchi carga la maleta y devora su almuerzo apresuradamente, alcanzando a Thunder y a Alex justo cuando abren y entran al siguiente elevador. Han descubierto que éste tan solo puede descender, lo que significa que Derek continúa su bajada. Tratan de alentarse con la idea de que el niño empiece a estar tan agotado como ellos.

 

  1. Hace tres horas.

 

Un corazón late más allá de sus límites anatomofisiológicos. Un pequeño corazón frenético, convulsionando dentro de sí, enviando sangre espumeante al órgano más importante de ese infantil cuerpo, alimentando así a cada una de las células de su cerebro excepcional. Un cerebro que nunca para de crear.

– Nota… nota a mi mismo – Derek resuella – Mejorar condición física.

Tose sin saliva y el costado lo mata. Pero no puede dejar de correr. No si quiere aprovechar cada minuto en tratar de controlar los demonios que ha soltado de la jaula.

– Continúo grabación. Estoy a unos trescientos metros de la entrada al reactor de antimateria… – el pequeño se agacha y apoya sobre sus rodillas para tomar aire – He tenido que correr durante los primeros cuatrocientos, pues… – respira con un poco más de profundidad y calma – el sector del reactor estelar solo cuenta con un único acceso a casi un kilómetro de distancia… fue el más cercano que pude desbloquear.

En ese mismo sitio, el primer peldaño de una larga e intrincada escalera, se sienta y abre la maleta.

– ¿Y porque estoy corriendo? Porque, debo admitirlo, las lecturas que estoy recibiendo, bueno, son espantosas.

Enciende su par de laptops. Ya no hay expectación o alegría en su rostro. Cansancio y pesadumbre.

– Continuo grabación… reactor cuatro, con escape de material radioactivo… al parecer los reactores no trabajan únicamente con antimateria, en realidad son conglomerados increíblemente complejos de distintos métodos masivos de obtención de energía, por supuesto, la antimateria es el factor común y predominante. Nuevas notificaciones… sobrecalentamiento general en reactor cinco, dos, y cuatro, uniéndose ahora el tres a la falla… error en los conductores… la ausencia de coordinación alcanza niveles críticos. Un reactor se reporta ineficaz y los otros cuatro aumentan el índice de fisiones para suplir al defectuoso, llegando a temperaturas cercanas a la fundición. Mas sin embargo, repentinamente…

Derek tecleó en sus laptops. Saca de su chaleco, semejante a los usados por Alex y Thunder, una microcomputadora que alguna vez perteneciera a su capitán, adaptándole al momento un dispositivo auricular y micrófono, un pequeño receptor de señales remotas y una funda elástica para adosarla a sus costillas izquierdas.

– Continúo grabación. Usaré comandos de voz y mis dos terminales, y espero poder contener este desastre. Iniciar diagnóstico sobre la integridad de los acopladores de datos. Tengo una teoría… puede existir un problema en la integración de la información recibida de los centros periféricos de producción energética por parte del reactor estelar. Es decir, la producción de energía aparece en los indicadores casi nula, y al segundo siguiente… – en cada mano trabaja con una computadora, realizando operaciones diferentes. Sus ojos van de pantalla a pantalla, al pulir sus hipótesis. – aparece a más del cien por ciento de productividad, sin ascenso gradual. Físicamente imposible. Entonces, es casi seguro de que se trate de una falla en los acopladores de datos. Diagnóstico finalizado… integración informática incompleta.

Derek no ha movido más músculos que los de sus brazos y dedos. Las piernas se le entumen y la espalda le duele, pero eso no llama su interés ahora. Bajo la luz errante y los temblores breves y ocasionales, continua.

– Activar protocolos de enfriamiento de emergencia. Encender las bombas del congelante molecular y dirigir los flujos a sectores más allá de los cinco millones kelvin. Abortar reacciones caloríficas en módulos épsilon, kappa y ómicron del reactor cinco. Iniciar descenso de fisiones de tritio y elementos relacionados.

Suspira. Nada de eso será suficiente. Él lo sabe muy bien.

– Mal, mal, mal… debo llegar a la consola integradora de datos, y de ahí, iniciar el arranque del reactor estelar. La consola más cerca está en el reactor uno de antimateria.

Recoge sus cosas frenéticamente y continúa la carrera. Toma las escaleras de bajada frente a él, alojadas en un espacio amplio y oscuro. Arriba pueden verse los andamios de niveles superiores, con una ominosa sensación de vacío presente por doquier. Derek está cansado y nervioso. Después de un trecho considerablemente largo, tropieza y cae rodando unos veinte peldaños.

– ¡Arggg! ¡Rayos!

Termina boca abajo y con solo un corte en la rodilla, además de varios golpes en el resto del cuerpo, pero aún así, le cuesta trabajo reincorporarse. Es invadido por una urgencia de llorar a lágrima viva, y sin embargo, se resiste a ella.

– Fuerte. Debo ser fuerte.

Extraña los mimos de su hermana, quien acudiría gritando hacia él. Thunder lo levantaría del cuello de la camisa, y Alex, frío e inexpresivo, le curaría la herida. Ese corte en la piel no es tan doloroso para el pequeño como saber que se encuentra solo, extraviado y lejos de cualquier ayuda posible, enfrascado en un terrible problema que él mismo originó. Desgraciadamente, su computadora insiste en seguir dándole malas noticias.

<< No se han completado los parámetros para asegurar una fisión astral estable. >> recitaba la diminuta voz electrónica en su oído izquierdo << Niveles periféricos de energía erráticos. Reactor astral en estado de latencia. >>

– Tengo que seguir, no puedo abandonar el proyecto, mucho menos en estas condiciones.

Busca en su contrahecho equipaje algo para vendarse la rodilla. Cojeando, reinicia la marcha, aumentando poco a poco la velocidad de sus pasos. Las escaleras lo han llevado hasta la entrada principal del reactor uno de antimateria, primera parada de Derek antes de alcanzar el reactor estelar. Un recuerdo inconexo, una oración tomada de ese cúmulo de información perdida que originó la travesía del niño, emerge.

<< El origen y solución de la calamidad humana, aguarda adentro. >>

Derek avanza, con más decisión.

– He llegado muy lejos. Si puede hacerse ¿Por qué no hacerlo?

Con el único apoyo de su genialidad, Derek se lanza a si mismo al espíritu incandescente del demonio.

 

Momentos después…

– Bonita remodelación – dice Thunder.

Los tres camaradas han caminado bastante desde que abandonaron el último elevador funcional. Están ahora en un largo corredor de aspecto peculiar. Por las paredes, corren extensos tramos de tuberías, las que se unen y ramifican por doquier. A primera vista, esta instalación fue colocada después de la construcción del nivel, pues los tubos cubren incluso las salidas clausuradas. Segmentos de suelo, en donde emergen bastantes de esos troncos metálicos, fueron destrozados sin cuidado y sin reparación posterior.

– Mi pregunta – decía Ranchi – es el porqué de esta tubería. ¿Se habrán equivocado al diseñar el nivel?

– Lo dudo. – dijo Thunder – Más parece un remiendo de urgencia.

Ranchi camina cerca de una de esas tuberías. Ve pequeños agujeros que casi la perforan.

<< Balas. >>

Introduce la punta de su dedo en uno de esos orificios. Llegan a su mente extractos de su historia.

<< Humanos contra humanos. Guerra entre los bienaventurados en el viaje al paraíso. Los soldados disparan, y los muertos caen con las armas calientes en las manos. Aquí, un batallón luchó para defender la entrada olvidada. Falleció protegiéndola. Los gritos y el tronar de los disparos, perforan las paredes y las almas. Nadie debía pasar por esa entrada. Muchos hombres entregaron su vida para conseguirlo. Al final, solo sobrevivió el frío. >>

– ¡Despierta! ¿Qué es eso que tienes ahí?

Ranchi sacude su cabeza, saliendo del trance. Su dedo aún está en el agujero. Percibe algo móvil en el fondo. Con un poco de esfuerzo, logra sacarlo.

– Una bala.

Alex y Thunder miran curiosos el pequeño objeto recién descubierto, y se dan tiempo para examinarla por separado.

– Interesante – dice Alex.

– No reconozco el material – agrega Thunder – y eso que he visto muchas balas en mi vida. – y se la regresa a Alex.

– Habrá que investigarlo con calma – mira a Ranchi – ¿Me permitirías…?

La chica tarda un poco en entender que se refería a conservar la bala.

– Claro, claro. – Respondió apenada – No hay problema.

Continuaron avanzando.

– Thunder…

– ¿Qué quieres, Ranchi?

– ¿Por qué dices que no reconoces el material de esa bala?

– Es común hacer balas con los metales que tengas a la mano, y recuerda que no todas las armas continúan utilizándolas. Hay lásers, pulsos gravitacionales, electromagnéticos, tú nombra.

– Ya lo recuerdo. Aún me extraña que ustedes dos sigan usándolas.

– Economía. Endemoniadamente baratas. Las armas son casi desechables, así que si perdemos media docena en misión no nos afecta demasiado. Compramos un fundidor y lo llenamos con cuanta chatarra recolectemos. Salen aleaciones raras, pero en general son buenas balas.

Ranchi es presa momentánea de un escalofrío que la hace tiritar y frotarse los brazos.

– Brrr…. Eso me pasa por no usar traje térmico.

Thunder también nota un descenso en la temperatura. Alex lo comprueba al retirarse su media máscara y exhalar una columna de vaho.

– No es normal.

Un ruido de fluir, un murmullo húmedo se escucha aumentar lentamente de volumen. Muchos ductos vibran, y una presión interna ensancha los codos y coyunturas. Alex examina uno de esos ductos, al seguir su trayecto por varios metros.

– Congelante molecular, en gel líquido. Eso explicaría el frío repentino. Hay que alejarnos lo más posible de él.

Siguieron moviéndose hasta escuchar un pequeño estallido detrás. Una fuga saltaba de los puntos de unión entre dos ductos. El gel congelante tenía un comportamiento peculiar. No goteaba, ni escurría, sino crecía como los brotes de una planta, extendiéndose y ramificándose, inmune a la gravedad, formando una telaraña azarosa y cristalina. Con la presión de flujo, varias fisuras aparecieron en el sistema de tuberías, y uno de esos escapes de gel se desarrollaba al lado de Ranchi.

– Genial… ¡Miren, chicos!

Un delicado y frágil gusanillo se estiraba al liberar bifurcaciones por doquier, y uno de ellos terminó en un redondo y diminuto botón, a milímetros del dedo extendido de la chica, quien miraba embelezada el fenómeno. El botón se abrió para liberar un copo de intrincadas combinaciones geométricas, enmarcados en una figura pentagonal. Alex tiró de la espalda de Ranchi con tanta fuerza que casi la tira al suelo.

– Ese gel nulifica la energía cinética a nivel de neutrinos. Cero absoluto termodinámico. Si llegases a tocarlo, tus células se cristalizarían casi de inmediato. No debemos retrasarnos más.

El frío se intensifica, alimentado por el mayor número y magnitud de las fugas, provenientes de esa red de tuberías en pésimo estado. El aire se llenaba de hielo, y el gel seguía expandiéndose, ocupando lo espacios posibles, imposibilitándoles los movimientos a los tres viajeros ansiosos por salir de ahí. Thunder, un hombre que se jactaba de tener combustible ardiendo en las venas, tiritaba sin escrúpulos.

– ¡De…monios! ¡Nunca…había… sentido… tanto rajado frío!!

– Derek debió… – Alex también, a pesar de su traje aislante, padecía del descenso abismal de temperatura – activar los sistemas de enfriamiento. Estará distribuyendo cantidades masivas del gel congelante a los cinco reactores.

– Aunque con estos… jodidos escapes, – continuó Thunder – no ayudarán de mucho. El resto del red de distribución… brrr, carajo… estará igual o peor.

Estaban cerca de la salida, peo el creciente frío era una cadena pesada colgando de sus cuellos. Ranchi tenía la extraña sensación de que el tiempo mismo se detenía. Y las cosas volvieron a moverse cuando, anunciado por un quebrar y un borboteo, un lago de gel congelante inundaba el piso, corriendo rápidamente hacia sus pies.

– ¡Escalen lo más alto que puedan! – gritó Alex.

Thunder logró dar un salto para encaramarse a varios tubos en la pared, y Alex hizo lo mismo con algo más de estilo, mientras le dice a Ranchi.

– Dame el equipaje, – ella se lo lanza a los brazos de inmediato – necesitarás…

Ranchi esta flotando sobre las garras heladas que tratan inútilmente de alcanzarla estirándose desde los suelos.

– … volar.

El frío es insoportable. Ella puede ver el dintel de la salida, a varios metros de distancia, coronado de varias fisuras que alimentan a un cristal gélido, el cual emerge sellando su futuro escape. Y el largo camino que dejó atrás, esta sellado por las creaciones fantásticas del congelante, fuertes y castillos brillantes como gemas heladas.

– La realidad se congela. – menciona Ranchi al encoger las piernas y abrazar las rodillas en el aire, jurando percibir como la energía de la vida se consume. – Hay silencio, todo se vuelve estático…. ¿Chicos?

Ranchi ve las extremidades de Thunder anormalmente rígidas, al tratar de alcanzar algo de su cinturón. Alex definitivamente no se mueve. La chica sabe que se están congelando en vida.

– ¡NO!

Un plan descabellado se le ocurre de inmediato. Va a liberar cuatro granadas del armamento de Thunder. Son las granadas de alto poder que fueron usadas para esterilizar un nivel y freír un cubil atestado de parásitos caníbales. Aunque en esa ocasión solo fueron necesarias dos.

<< Espero que con esto baste. >>

Arranca los seguros, permaneciendo al lado de sus compañeros, con los ojos cerrados y las granadas en sus manos. La explosión no tarda en bañarlos y acogerlos, guerreando contra el gel, llevando calor y energía a los recién adquiridos dominios del frío inmóvil. El fuego destruye sus construcciones y lo hace debilitarse y retroceder, transformado montañas de hielo en mareas incontenibles, las cuales se vaporizan casi al instante. Aun así, el poder del gel todavía es capaz de absorber una onda expansiva abrasadora y volverla una ventisca caliente, haciendo que la masa de vapor lance a Ranchi contra la pared y derrumba a los hombres de sus posiciones, dejándolos caer al charco de gel disuelto, rígidos y silenciosos. La joven toma de los brazos a sus amigos y jala de ellos, al ponerse de nuevo el equipaje a los hombros, mas por costumbre que por necesidad, y los arrastra hacia la salida lo más rápido posible, ahora que el sello congelado se ha disuelto, tratando de alejarse del sitio, antes de que el gel recupere su función.

– Vamos, vamos, ¿Por qué no despiertan?

Dejó atrás el primer gran peldaño de una escalera y varios pasos más de descenso. El vapor comienza a ganar densidad, asentándose en el piso y volviéndose liquido de nuevo. El hipercongelante se condensaba otra vez, formando gotas, charcas y  mareas que perseguían a Ranchi por las escaleras interminables, cayendo detrás de ella, como pequeñas cascadas. Ranchi se detiene a la mitad del camino, en un espacio lo suficientemente amplio para tener a sus compañeros acostados. Golpea el pecho de Alex y lo siente como una placa de concreto. Se arrodilla entre ellos y hace un vano intento por encontrar algo de vida en esos cuerpos.

– No…

Llora. Llora con desesperación y angustia, sintiendo la tibieza de sus solloza caer por su rostro. Sin embargo, no son lágrimas las que nacen de los ojos tristes de la chica. Es fuego. Fuego azul.

– ¡Argg! – Grita aterrorizada – ¿Desde cuando puedo hacer esto?

Ranchi da un respingo al verse cubierta de flamas, la cuales recorren sus brazos y alcanzan a sus compañeros congelados. Ella ve al fuego alimentarse del frío, mientras escucha las voces que tiene adentro de su cabeza.

<< La furia de nuestra justicia negada. >>

<< Está en ti. >>

<< Nunca se apaga. >>

Ella percibe la alas de la llamas revolotear y evaporarse en el ambiente. Al partir, arrancan el frío, devorando al hielo, destruye al enemigo sin dejar nada a cambio. No es el fuego espectral quien alimenta al calor que brota de los cuerpos reanimados, sino la vida atrapada en ellos, liberándose e incitando los latidos de ese par de corazones.

<< Nunca se apaga. >>

Thunder da unas violentas sacudidas al volver en sí, botando escarcha por doquier. Alex logra incorporarse más rápidamente, retirándose la máscara para toser y expulsar fragmentos de hielo por la boca. Ranchi permanecía aún de rodillas entre los dos, observando las últimas flamas celestes desvanecerse entre sus manos abiertas.

– ¡Maldita sea! – farfullaba Thunder – ¡Lo voy a matar! ¡No, eso es poco! ¡Lo voy a castigar por cincuenta años, lo voy a torturar por otros cincuenta y después voy a matarlo! ¡Le daré una paliza legendaria! – un acceso de tos interrumpió su retahíla – ¡Carajo!

La estructura vibra intensamente. Frente a ellos, se encuentra el conjunto de escaleras que el pequeño acaba de recorrer.

– Vámonos – dice Alex- Derek intentará activar el reactor de fisión astral, y dada las condiciones de la infraestructura, no será menos que una catástrofe.

Logran ponerse en movimiento y calentar sus músculos. Ranchi está más nerviosa que cansada y es ella quien va ahora a la cabeza. Alcanzan el vestíbulo de la entrada al reactor uno de antimateria. Luz se escapa por los bordes de la compuerta. Está semiabierta, y es solo cuestión de empujarla. Thunder reacomoda sus gigantescas escopetas en la espalda.

– Con un demonio. Acabemos con esto.

El Hechicero Metálico (parte XIII)

(continúa…)

– Continúo grabación. Hasta el momento los sistemas de energía periférica parecen estables – una mordida al emparedado – Debo continuar hasta encontrar los controles a distancia, es decir, los controles más importantes de el Deathbird entero. Entre más rápido, mejor.

Guarda sus aparatos en la mochila, revisa que no olvida nada y da un último vistazo a los indicadores de gravedad.

– Correcto.

Hay luz en el camino. Según los planos, el próximo objetivo está en el siguiente nivel. Derek se infunde ánimos.

<< Falta poco. Falta muy poco. >>

 

Mas tarde…

Thunder, Alex y Ranchi se dan cuenta de que Derek le lleva mucha ventaja. La sala de control rebosa de actividad.

– Pareciera que todos hubiesen salido a tomar café.

– ¿De que diablos estás hablando, Thunder?

– Digo, si no supera que fue el chiquillo quien prendió los aparatos, diría que aquí hay al menos una veintena de tipos trabajando.

– Sin embargo – dijo Alex en un tono enigmático – solo bastó con uno.

Las pantallas mostraban cantidades inmensas de datos, gráficas, imágenes, y las consolas en automático mandaban avisos y señales a operarios inexistentes. Lo más impresionante era el holograma detallado y colosal de un reactor, girando suavemente sobre su eje vertical, proyectado por haces de luz, provenientes de cinco procesadores dispuestos en los ángulos de un pentágono.

– ¿Qué es? – preguntó Thunder.

Ranchi se despojó del equipaje, y flotó para observarlo de cerca. Alex y Thunder la miraron con curiosidad por los primeros segundos.

– Supersoldado, estoy seguro de que a ti también se te olvidó que podía hacer eso.

La chica se percibió navegar dentro de una visión magnífica, flotando en el interior de los pensamientos de su hermanito, capaces de visualizar una obra compleja, precisa y hermosa. Ve hacia abajo, a través del holograma. Encuentra el pentágono de luz bajo ella, y un miedo incomprensible la inunda. ¿Qué era esta estructura, que poder ha desencadenado Derek, en su ansia descubridora?

– Alex… Alex…

El capitán se dedica a recolectar pistas. Ranchi desciende a su lado y lo interroga más de cerca.

– ¿Has encontrado algo?

Alex revisa los procesadores.

– Nunca creí que existiese.

– ¿Hablas del reactor maestro? ¿La fantástica fuente de energía del Deathbird que no pudieron encontrar?

– Reactor de fisión astral es su nombre correcto. Entiendo porqué nunca pudimos encontrarlo en los planos, porque éstos fueron alterados de forma tan elaborada que lo ocultaron frente a nuestros propios ojos. No eran cinco reactores distintos o cinco versiones modificadas del mismo, sino cinco reactores de antimateria dispuestos en serie, y, por lo que veo, su único fin es alimentar la fisión astral y planetesimal.

– Fisión astral me suena a estrella y planetesimal a planeta. – dijo Ranchi.

– Este reactor crea sistemas solares, e incluso galaxias en miniatura. Por su tamaño y complejidad, me aventuro a decir que quizás pudiese crear un universo.

– ¿!!Un universo!!?

– Un micro universo paralelo. Ranchi, eso va mucho más allá de lo que puedo siquiera entender. En teoría, crea soles y planetas para destruirlos en su interior, obtener su energía y, lo mejor de todo, reconstruirlos. Obviamente, hablamos de estrellas a nivel cuántico. Su energía compactada en gramos de materia, la destroza hasta los átomos, y reintegrándolos después.

– Semejante a las baterías de materia negra.

– El reactor de fisión astral es un sol, y las baterías de materia negra apenas alcanzarían a ser chispas.

Alex ve el complejo holograma moviéndose en el aire. La maquinaria fantasma esta activa, y las pantallas de los procesadores indican que está en plena secuencia de arranque.

– Tu hermano menor es un verdadero genio. – continúa Alex – El concepto mismo de esta tecnología es abrumador.

– Es la primera vez que te veo así de emocionado y nervioso – comentó Ranchi con ligereza. Alex recobró la rigidez.

– Te equivocas.

– Pero, bueno – continuó Ranchi – lograrás entenderlo. Eres la persona más inteligente que conozco. Aparte de Derek.

Tuvieron un breve intercambio de miradas. Y Alex dijo de repente:

– ¿Dónde está Thunder?

Fumando un cigarro y apoyado en una de sus escopetas, esperaba a sus compañeros en la encrucijada de pasillos. Cuando los vio venir, evitó los comentarios sarcásticos y fue directamente al tema.

– ¿Noticias malas o terroríficas?

Ranchi encontró un envoltorio cubierto de dulce con manchas de grasa.

– Estuvo aquí.

– No solo eso. Le metió mano al generador de gravedad.

– Repite eso – dijo Alex.

– Le metió mano al generador de gravedad.

– ¿Estás completamente seguro?

– Para nuestra jodida suerte, si.

– ¡Oye! – Interrumpió Ranchi – ¡Me dijeron que nunca le permitieron a Derek ayudarlos a reparar esos aparatos!

– Y no lo hicimos – dijo Alex.

– ¿De donde aprendió entonces a reparar un generador de gravedad?

Alex apretó un puño.

– En los diseños de mis computadoras. Le di varias para que las arreglara y no recordé en ese momento que clase de datos almacenaban. Por esos tiempos no sospeché que Derek fuese capaz de comprender los planos, ni mucho menos aprendérselos tan fielmente.

– Como fuese – interrumpió Thunder – lo no tan malo es que logró estabilizar la vibración… quita esa cara, Ranchi, ahora te explico… así que tenemos gravedad. Pero…

– Pero…

– ¿¿Pero qué?? – gritó Ranchi desesperada.

– Derek ignora que a veces no es suficiente recalibrar el temporizador, sino hay que reemplazar el sistema oscilatorio del núcleo completo. ¿Por qué carajos crees que Alex y yo tenemos tantos problemas con esa mierda??

– Derek pudo deducir eso de los diseños ¿cierto?

– Lo dudo chica. Eso es experiencia y maña nuestra.

Alex ya nos les presta atención. Con su computadora de bolsillo analiza ciertos datos del panel de monitoreo. Instala un dispositivo electrónico sobre el teclado.

– Coloqué un mando a distancia. Si el generador da demasiados problemas, lo apagaremos. De momento no podemos arriesgarnos. Un área con gravedad inconstante es clausurada por el sistema general. Deberemos apresurarnos y llegar a la siguiente antes de que empiece a fallar.

Salieron y regresaron al pasillo, alcanzando de nuevo la sala de control de los cinco reactores en línea. Ranchi iba con la maleta en la espalda al lado de Thunder, y éste le comentaba la raíz de sus preocupaciones.

– El asunto de no reemplazar el sistema oscilatorio es que la vibración tiene a volverse demasiado errática. Puede pasar de gravedad cero a siete u ocho G’s de fuerza sobre tu esqueleto.

– Es decir, hechos puré.

– Salsa. El puré tiene más consistencia.

Al atravesar la sala de control entran a un corredor amplio. Hay dos puertas a los lados y puede verse que llevan a un conglomerado de cubículos. Los letreros en los marcos decían: “Monitoreo”.

– ¿Monitoreo de qué? – preguntó Ranchi.

– Probablemente de energía – dice Alex.

Sus pasos se hacen lentos y los equipos pesados. Ranchi la asocia al agotamiento, pero los hombres tienen otra teoría.

– El generador de gravedad esta teniendo fallos.

De repente, comenzaron a flotar.

– ¡Weeeeeeeeeeeeee!

– Ranchi, contrólate.

– Esto es mala señal.

Alex y Thunder lucían un poco torpes, tratando de mantener su posición, al contrario de Ranchi, quien tenía la gracia y agilidad de una sirena. Avanzó contoneándose como un delfín hacia Thunder, y lo tomó de la muñeca, sin tardar en hacer lo mismo con Alex. Antes de que ellos pudieran darse cuenta, la chica los llevaba rápidamente hacia el final del corredor.

– ¿De donde sacas impulso?

– Volar es un acto antigravedad en sí, Alex. Depende de mis pensamientos, no del entorno, así que aprovecho estos momentos en que ustedes y su arsenal carecen de peso para enfocarme en volar y alcanzar la compuerta del fondo. – aguza la mirada y agrega – Espero tener el tiempo suficiente, desde aquí la veo cerrada.

– Ojala. – Dice Alex – Aunque, regularmente, después del periodo de gravedad cero, continua uno de…

Su peso regresó de golpe y fueron atraídos al piso con violencia. Ranchi recibió todo el impacto del equipaje en los riñones, Thunder escupió un poco de sangre, y Alex, mientras se incorporaba, revisó la integridad de sus costillas con la yema de los dedos, terminando la oración interrumpida.

-… gravedad aumentada.

Muy al principio, era imperceptible. Sus ropas y armas eran ligeramente más pesadas, y Ranchi no percibió ninguna diferencia. Pero mientras los segundos pasaban, y la gravedad excedía los rangos normales, todos notaron como sus cuerpos mismos se tornaban insoportables. Thunder sentía que sus dos escopetas pesaban como si fuesen enormes vigas. A pesar de las dificultades, llegaron a la compuerta, ignorando como la estructura del corredor se deformaba y algo en las alturas rechinaba misteriosamente.

– Es solo el seguro de mano – dijo Alex al agarrar la manija de la compuerta – pero me parece mover una tonelada.

Sentían ser compactados hacia un foco de de gravedad invisible. Ranchi usaba al máximo su fuerza aumentada. Al quitarse la mochila y dejarla caer, ésta retumbó como si llevara una montaña.

– Déjame intentarlo- dijo ella.

– ¡Carajo! – gritó Thunder de pronto – ¡Al suelo! ¡Cúbranse!

El rechinido se transformó en el sonido del metal rasgándose y el silbido de una caída. Un largo enrejado de lámparas se había desprendido del techo, atraído por la gravedad alterada, cayendo ahora, listo para inundar el corredor de chatarra. Alex y Thunder se lanzaron lo más cerca posible de la pared, cubriéndose la cabeza con las manos, y deseando tener la suficiente suerte para sobrevivir a una placa de fierros retorcidos con varias decenas de toneladas de peso. Apretaron los ojos justo antes de que tocara el suelo. Y permanecieron así, aguardando el impacto.

– ¡Muévanse! ¡RÁPIDO! ¡RÁPIDO!

Ranchi, la chica delgaducha, estrafalaria y despistada, sostenía con sus manos una mole de cables oxidados y vigas rotas de más de veinte toneladas en un ambiente donde pesaría más de cuarenta. Los hombres la observaban con la boca abierta, viendo cómo se estiraban su columna y brazos, tratando de ganar altura para ellos. Una fuerza inexplicable corría por sus miembros, haciéndola vibrar.

– ¿Qué demonios… están… esperando?

Alex y Thunder se arrastraron a la compuerta y usaron todas sus energías restantes abriéndola, asiendo ambos la manija de la compuerta, necesitando toda su viril fuerza para moverla los pocos centímetros necesarios para liberar el seguro. Cruzaron el umbral de milagro. Ranchi aún estaba adentro.

– Necesito un punto de referencia – impidiendo que la chatarra la aplastara ahora a ella – para teletransportarme… ¡Argg!

Al regresar unos pasos atrás para detener a la placa en su caída asesina, había quedado más lejos de la compuerta de salida que sus compañeros. Atrapada.

– ¡Ranchi! – gritó Alex – ¡La luz!

Afuera del corredor, la gravedad  paulatinamente regresaba a límites tolerables. Alex rompió una bengala de su chaleco, lanzándola al centro de la recién abierta sala. Justo a tiempo, pues la chica percibía a sus huesos triturarse, y solo giró el cuello para ubicar la bengala encendida al lado de un extraño aparato. No necesitó más.

– ¡Chica! ¿Dónde estás? – llamaba Thunder.

El alud de metal cayó y clausuró el corredor, y podía oírse el rechinar del metal estrujándose entre sí. Alex decidió, al sentir de nuevo como la gravedad se elevaba, apagar el generador.

– Aquí…

Ranchi estaba de rodilla a un lado de la luz moribunda. Lucía exhausta, y dijo, en un hilo de voz:

– Creí que me habían metido en un extractor de jugos…

– Podré decir que eres una chiquilla demente – dijo Thunder mientras la ayudaba a ponerse de píe – con un escuálido trasero, pero nunca más me oirás llamarte debilucha.

– Es bueno saber que mis esfuerzos son recompensados.

Alex estaba aún cerca de la compuerta, en cuclillas, revisando la pantalla de su computadora.

– ¿Pasa algo? – le preguntó Ranchi.

– Desconecté el generador gravitacional mediante el mando a distancia que instalé. Percibía la gravedad del sector, y parece normal. Eso me dice dos cosas, primero, que los demás generadores funcionan de forma correcta, y segundo, que Derek seguramente fue quien los encendió.

– Nos lleva mucha ventaja.

– O está activando sectores de vital importancia para el Deathbird. Lugares donde puede controlar todo usando una misma central de datos.

– A propósito – dijo Thunder – ¿Dónde diablos estamos?

Habían llegado a un vestíbulo amplio, semejante a una sala de espera o recepción. Hay filas de sillas adosadas a las paredes, maceteros llenos de polvo e incluso varias máquinas que pudieron ser expendedoras de bebidas y golosinas, cuyo contenido era ahora irreconocible. Se hallaban también los armazones de varias pantallas destinadas quizás para entretener o informar al público, anuncios, y carteles vistosos a un lado de un mapa colorido. Señales de salidas de emergencia, entradas y números de oficinas o departamentos. El hecho de que estuviese diseñado para contener a un gran número de personas inquietas, hacía un escalofriante contraste con su actual estado, vacío, en ruinas y absolutamente silencioso. Ranchi caminaba entre las sillas.

– Vivía aquí mucha gente – decía – De muchas edades. Puedo percibir los remanentes de su presencia, los murmullos de los latidos de sus corazones.

Thunder, con arma en mano, entró a curiosear en uno de esos cubículos. Poseían escritorio, computadora, archiveros y un par de sillas. Parecía que el lugar comenzara a derruirse mucho después de ser abandonado. Trató de leer unos documentos, pero apenas rozarlos con el cañón de su pistola, éstos se desintegraron.

– Vengan.

Ale presenció algo que no debía suceder. Estaba en un cubículo, a dos pasos de la salida posterior.

– Miren.

– ¿Qué?

Thunder mira con atención la pantalla. Esquina inferior izquierda. Una pequeña línea de luz que parpadea. Un cursor esperando comandos.

– ¡Imposible! – Exclamó Ranchi – ¡Este sector no tiene energía!

– Aguarden, ¿tenemos idea de que exactamente hacía este sector?

– Es el Centro de Regulación, Vigilancia y Distribución de Energía. – dijo Alex. – Encontré el nombre en un rótulo sobre uno de los cuatro accesos a este bloque de cubículos. Cientos de técnicos trabajaban aquí, obteniendo y enviando datos a los diferentes sectores. Lo más probable es que también se encargaran de vigilar al reactor estelar.

– ¡¡Reactor estelar!! – Gritó Thunder sorprendido – ¿¡Tenemos uno!?

– Casi llegamos a él.

Al acabar el intrincado camino entre los cubículos, se encontraba un acceso que contrastaba bastante con el anterior ambiente amigable. Era el marco de una entrada aun pasillo luminoso, estrecho y amenazador, justo a la derecha de una oficina, aparentemente inocua.

– Y no solo eso – prosiguió Alex.

– Contigo las sorpresas nunca terminan, supersoldado.

Alex levantó entre sus dedos una servilleta manchada de catsup y mostaza.

– ¡Pequeño demonio! – Arremetió Thunder – ¡Se comió mi cena!

– Las señales indican que Derek pasó por aquí. La seguridad no habrá estado activada en ese entonces.

– Bueno – continuó Ranchi – ¿Qué tan malo puede ser?

Una voz computarizada resonó por unos altavoces escondidos.

– Brecha de seguridad en nivel 2. Activando medidas defensivas. Se ha detectado actividad no autorizada en consola 13, 15, 3, 4, 6, 8, 39, 56, 201, 18, y 16. Intromisión al sistema de arranque matriz. Medida defensivas reforzadas.

El pasillo tenía ahora hileras de luces verdes, recorriendo sus esquinas. No podía verse el final de él, porque doblaba a la derecha, punto en donde claramente se veía el origen de las luces verdes, cientos de dispositivos pequeños y esféricos, semejantes a ojos. Alex tomó una silla de oficina cercana y la lanzó al interior del pasillo. Esta se vaporizó antes de tocar el sueño.

– Muy malo.

– Ya probamos su potencia – dijo Thunder – veamos su velocidad. Disparos a destiempo.

Ambos dispararon sus armas, observando como los láser trabajaban en conjunto, a diferentes alturas y movimientos, impidiendo que las balas llegaran a su destino. De hecho, las destruían en plena trayectoria, carbonizándolas en el acto.

– Revelador – dijo Ranchi. Se quitó la mochila y la aventó a los brazos de Thunder. – Voy a probar.

– ¿Estás loca? – dijo él, con una mirada de extrañeza.

– Evidentemente – agregó Alex, viendo la larga cabellera azabache de la chica introducirse voluntariamente a la trampa.

Apenas puso un pie, los lásers la atacaron girando sus pupilas mortales hacia ella. Pero el escudo apareció, y el rayo de energía fue detenido. Dio otro paso y más lásers se unieron al ataque. Ranchi lucía demasiado concentrada, y, entonces, los lásers se reacomodaron para rodearla desde todos los ángulos. Una cápsula azul rodeaba ahora a la chica, mientras los rayos aumentaban de intensidad, hasta ser un fulgor insoportable. Ranchi trató de continuar, pero le fue imposible. Abrió un portal y salió por el, reapareciendo a la espalda de Thunder. Realmente se veía agotada y sudorosa.

– Es demasiado fuerte. Tengo que usar toda mi energía… me desmayaría antes de llegar a la salida… aún no poseo suficiente poder.

Alex sacó de un bolsillo algo parecido a una granada, pero más pequeña y aplanada.

– Apártense, espero que no tengan nada digital o electrónico de importancia.

– ¿Qué hay de ti? – preguntó Ranchi.

Alex golpeó con sus nudillos el chaleco que lo protegía mientras lanzaba la granda con el seguro liberado al interior del pasillo. Una luz intensa los hizo voltear, y el sonido de una explosión sin fuego los hizo cerrar los ojos.

– Granada compacta de PEM – explicó Alex. – Desactivará todos los sistemas por al menos diez minutos.

El pasillo había quedado a oscuras y los tres entraron confiados, ya que, efectivamente, los lásers permanecían estáticos y apagados. Pero a medio trayecto, Alex se detuvo un instante, y luego partió a correr, susurrando algo con su enigmática voz.

– Algo está mal.

Ranchi y Thunder lo alcanzaron al trote hasta el final del pasillo. La puerta de salida también estaba desactivada, y Alex, sin demora, sujetó la manija y quitó el seguro para abrirla.

– ¡Con un carajo! – soltó Thunder.

– ¿Cómo… como sabías? – tartamudeó Ranchi atónita.

– Su rajado sexto sentido, chica – dijo Thunder – es especialmente bueno para las calamidades.

Una sólida barrera aguardaba delante de ellos, con trancas pesadas e impresionantes. Por la luz de “activado” podía deducirse que la granada de PEM no le causó ningún efecto.

– Tecnología colu – dijo Alex – Esto fue instalado sobre la salida, en épocas posteriores a la construcción de este sector de la nave. Derek debió activarla sin darse cuenta. Trabaja demasiado rápido – aquí pareció hablar apretando los dientes – mueve los sistemas y enciende los dispositivos anti intrusos, al parecer, involuntariamente.

– Pues por su bien espero que sea involuntariamente, porque la próxima vez que lo vea, le daré una tunda.

– En lugar de despotricar contra él – interrumpió Ranchi molesta – mejor intentemos abrir esta puerta, ¿les parece?

– Esta diseñada para absorber los ataques electrónicos o mecánicos – dijo Alex – Costará algo de trabajo.

– Hay que comprobar eso – dijo la chica, y lanzó un certero puñetazo a donde parecía ser la cerradura. No solo resultó intacta, sino que liberó una potente descarga electrostática, mandándola lejos y de espaldas hasta rebotar contra la pared.

– Quiero una de ésas para mi habitación – dijo Thunder.

La luz regresó, al mismo tiempo, en que la voz digital de la nave anuncia:

– Reiniciando sistema de seguridad— PEM anulado… daños reparados en los circuitos… Sistemas de seguridad funcionales en 9 minutos 45 segundos y contando…

Alex estaba ya trabajando en violar la seguridad usando varios cables colocados sobre los seguros de la barrar y su computadora de bolsillo.

– Tardaré 9 minutos y 30 segundos – fue su comentario tranquilizador.

– Eso o acabaremos mas fritos que los guisos de Ranchi – dijo Thunder.

– ¡Hey! – exclamó la chica.

– Pónganse a hacer algo útil – les recriminó Alex.

Lo más útil que Ranchi y Thunder podían hacer era destruir tantos lásers como pudiesen, mientras permanecían apagados. Así que la chica recibió su primera lección práctica de manejo de armas.

– Agárrala con las dos manos – le decía Thunder al lanzarle una pesada pistola que descolgó del cinturón – apuntas con la mira y jalas del gatillo. Trata de que no te tiemble el pulso. Si le atinas a tres seguidas, te doy un premio.

– Bueno, no puede ser tan difícil. – dijo la chica, levantando el arma y apuntando con un ojo y disparando. La bala ni siquiera se acercó al láser en cuestión, sino que golpeó el techo, hizo un baile de rebotes, pasó zumbando la pierna de Thunder, esquivó por solo dos centímetros la oreja izquierda de Alex, terminando después de varios rebotes más, en el suelo.

– Oups.

– Como no mataste a nadie – dijo Thunder entre enojado y divertido – no te regañaré, ¡pero trata de no meter la pata, maldita sea!!

Bastantes lásers cayeron ante los disparos de Thunder, y algunos bajo los de Ranchi, pero el tiempo de tregua acabó y la voz volvió.

– Sistema activado.

Los lásers se reacomodaron, viajando por guías metálicas con intersecciones, buscando al intruso, localizándolo, y planeando una estrategia en contra suya. Ranchi y Thunder estaban de espaldas a Alex, quien seguía concentrado en hackear la clave de acceso.

– Alex…

– No me presiones.

Los lásers se conglomeraron frente a ellos, reagrupándose y llenando los huecos hechos por los disparos, dirigiéndoles sus pupilas brillantes.

– ¡Supersolda…!

La barrera se abrió al mismo tiempo que el rayo verde de 583 lásers los embiste. Ranchi recibe el impacto, pero éste es tal, que la hace empujar a Thunder y éste a Alex por la salida, proyectándolos un par de metros en el aire, antes de caer en la nueva sección inexplorada. La barrera volvió a cerrarse inmediatamente. Ranchi permaneció un momento recostada de lado, aturdida y sobándose la cabeza, sin ver a sus compañeros.

– ¿Dónde estamos? – preguntó al levantarse con cuidado. Fue Alex quien le respondió.

– En la imaginación de Derek.

(continuará…)