El Hechicero Metálico (parte XVII)

(continúa…)

Poco después…

Desde afuera, lucía como una compuerta más, seguida de unas escaleras eléctricas, dando a una segunda entrada. Pero, al traspasarla, se dieron cuenta de las proporciones correctas de la situación.

– ¡Carajo!

Ranchi no era capaz de cerrar la boca. Miraba lentamente a su alrededor, tratando de convencerse de que solo era otra de sus visiones delirantes. Cuando por fin pudo articular palabra, repitió la atinada exclamación de Thunder.

– ¡Carajo!

Alex estaba impactado. Sus dos mejores laptops incinerándose encima de la computadora central. Y, por primera vez en toda la jornada, maldijo con su característico acento.

– ¡Carajo!

Fue presto a desconectarlas, pero, al revisar las pantallas, descubrió porque el niño estaba dispuesto a sacrificarlas. Ni siquiera se atrevió a acercar sus dedos a ellas.

– ¿Esas no son tus computadoras, Alex? – preguntó Ranchi al ver como las observaba con atención.

– Lo eran. Se las di a Derek para repararlas hace pocos días. Al parecer consideró necesario usarlas sin mi permiso.

Thunder miraba por la ventana.

– Supersoldado, ¿exactamente que están haciendo tus máquinas?

– Estabilizando la producción de los reactores, con el único fin de alimentar la fisión astral. Derek esta empeñado en conseguirlo.

– Aquí hay algo raro.

Thunder encuentra cerca los restos del dispositivo de interferencia. Pensar no es una de sus características más importantes, así que cuando lo hace, es fácil notarlo por lo gestos en su rostro. Levanta el metal corroído a la vista de su compañero.

– ¿No te recuerda esto a  las “minas de error”?

Alex le dedicó una fugaz mirada y explicó a Ranchi.

– Aparatos que encontramos en ciertos lugares del Deathbird. Producían colapsos en los sistemas informáticos.

– Aunque nunca entendimos bien la razón de las minas, porque no dilucidamos bien que carajos era lo que querían sabotear. Recuerda que nosotros no creíamos que el reactor estelar en realidad existiese. Y ya que lo tenemos frente a nuestras narices, las cosas toman sentido.

– Alteraron los planos – dijo Ranchi – sellaron los niveles, y plantaron minas de error. No deseaban que el reactor astral volviera a funcionar, ¿Por qué?

– Cualquiera que fuese el motivo – interrumpió Alex – no podemos permitir que Derek lo haga. Hay que alcanzarlo cuanto antes.

Ranchi mira el domo del reactor astral a través de la ventana, la disposición de los cinco caminos y el resto de las cámaras. La esfera oscura aún permanece inerte. Alex reinició la marcha y dejó las máquinas funcionar, al atravesar la compuerta de entrada al gran corredor de comunicación hacia el reactor astral. Tan solo se adelantaron unos pocos pasos, y la compuerta se cerró herméticamente. Luces rojas iluminaron los al menos doscientos metros de trayecto que les faltaba recorrer. El techo estaba a unos veinte metros por sobre sus cabezas, y en todos lados, había placas circulares casi sin espacio entre sí. La entrada al reactor estaba en perfecta línea recta.

– No es por darnos miedo, pero estamos encerrados. Otra vez.

– Además de mal agüero, es un comentario inútil, porque ya lo sabía, Ranchi.

– De acuerdo, cerraré la boca el resto del viaje, Thunder.

– Si es que puedes.

La entrada a la esfera del reactor astral estaba protegida por una inexpugnable cerradura electrónica. Alex la examinó desde varios ángulos, sacó su microcomputadora y empezó a decodificar la contraseña.

– Me extraña que no exista un brecha tecnológica tan pronunciada entre este sector del Deathbird y nosotros. – comentó Alex.

– Dos opciones. O lo usado aquí abajo era súper avanzado a su época, o tus juguetes son demasiado viejos, supersoldado.

– Un poco de ambas.

– ¿Qué? – exclamó Ranchi.

– La tecnología de aquí es la base para la nuestra. Claro, con mejorías en materiales y diseños, pero puedo reconocer los bloques básicos de la que esta compuesta. Por eso puedo infiltrarme en su seguridad sin mucho problema. Además de que, detesto reconocerlo, estoy algo atrasado en cibernética e informática. Mis aparatos aún son compatibles, en cierta forma. Quizás por eso Derek comprende fácilmente lo que sucede aquí.

– Sin olvidar que le ayuda ser un rajado genio.

Alex hizo un rápido movimiento con la ceja izquierda.

– Claro, descontando eso.

Varios minutos más tarde, una serie de números nace de la pequeña pantalla de la computadora de Alex, quien, sin titubear, ingresa la clave robada. El grito de Ranchi fue el más agudo de todos, cuando la pequeña pantalla sobre el teclado de la cerradura mostró el mensaje de:

“Contraseña inválida”

– Esto debe ser un error – dijo Alex con los ojos bien abiertos.

“Activando medidas defensivas.”

Tres de las placas metálicas empotradas en la pared se abrieron, y liberaron cada cual un brazo metálico largísimo, armados al final con garras poderosas, implantadas al final de un gran ojo rojo como la sangre y luminoso como el fuego. Uno para cada quien.

– Interesante.

Alex disparó automáticamente una de sus armas a la serpiente que se abalanzaba hacia él, haciendo estallar el único ojo alojado entre las zarpas. El bicho se detuvo en seco y postró inerte ante sus pies. Al mismo tiempo, Thunder desenfundó una de sus escopetas, y el disparo, además de empujarlo un poco hacia atrás, mandó volando los trozos de cabeza armada del brazo autómata. Ranchi tenía las garras metálicas arañándole el tórax, y ella las aferró con su anómala fuerza, doblándolas hacia adentro. El ojo rojo relampagueó de sorpresa, mientas la chica la agitaba de arriba abajo, creando una ondulación en aumento, que acabó arrancándola de raíz en la pared.

– Francamente – decía Thunder, al recargar su pesada arma – yo esperaba algo más… ¡AUGGG!!!

En los planos, Derek había estudiado el sistema de defensa. Resumió su funcionamiento con una sola palabra: Hydra. El monstruo de mitos arcaicos que tenía la particularidad de que, con cada cabeza cercenada, dos más crecían en su lugar.

– ¡THUNDER!!!

El brazo metálico saltó inesperadamente y lo golpeó. Una escopeta salió volando y el fortachón cayó al suelo con una herida en la espalda. En esos momentos, seis serpientes se retorcían a su alrededor, moviendo sus largos cuerpos por doquier, haciéndolos separarse al lanzarse a ellos, con las zarpas extendidas. Alex hacía muestra de hábiles movimientos, dándoles al tiempo instrucciones a sus camaradas.

– ¡No las destruyan! ¡Si una es desactivada, dos emergen de la estructura! ¡Tenemos que ingresar la clave correcta para anular el programa de defensa!

La camisa de Thunder estaba empapada de sangre, pero él giraba y rodaba rápidamente para ponerse a cubierto. Los tentáculos metálicos rompían el suelo, arañaban el aire y crujían sus mandíbulas, tratando, en vano, de capturar a los intrusos.

– ¡Alex! ¿Qué hacemos ahora?

Ranchi golpeaba a los brazos robóticos para apartarlos de su camino, intentando romper sus colmillos cuando conseguía asirlos. Volar o teletransportarse no le servía de mucho.

– Intentaré obtener de nuevo la contraseña, ¡ten cuidado!

La chica dio un puñetazo demasiado fuerte al ojo rojo de una serpiente que la tenía enganchada de la cintura. El ser artificial se sacudió violentamente, y la luz roja se desvaneció.

– ¡Maldición!

El par de relevo nació de puntos opuestos en las paredes. Uno de ellos tomó a Thunder y lo estrelló despiadadamente contra el muro. Su gemela atrapó una de las piernas de Alex, lanzándolo hacia las garras de varias serpientes ansiosas. No tuvo más remedio que disparar. Dos más brotaron en ese justo momento.

– ¡Ve a ver a Thunder! – gritó Alex a una Ranchi atónita.

Ella corrió, evitando los tentáculos, y arrastró a su amigo del boquete de fierros doblados.

– Ya te saco, ya te saco…

– Adiós a mis dos costillas de la suerte… – decía Thunder mientras se incorporaba lentamente.

– Déjame ayudarte – dijo Ranchi.

– Puedo moverme. Dame la maleta. – Ranchi le ayuda a poner la mochila sobre su herida espalda – Teletranspórtate con el supersoldado. Sospecho que ahora sí esta en problemas.

Cayendo de un portal, llego justo en el momento en que Alex trataba de eludir a dos de esos tentáculos con giros, volteretas y una pierna herida. Ranchi se interpuso entre ellos y tomó los colmillos de ambas serpientes.

– ¡Robots del diablo!

Logró domar los tentáculos y enredar sus garras entre sí, doblándolas en gancho. Las cabezas se alejaron, luchando por separarse.

– ¿Cuántas veces te he salvado la vida, eh? – dijo alegre Ranchi.

Las serpientes se sacudían con fiereza, y en su histeria por separarse, terminaron por arrancarse mutuamente los ojos rojos. Antes de que sus restos cayeran, cuatro más tomaron su lugar. Alex gruñó.

– No las suficientes.

– Dame la microcomputadora – dijo Ranchi, sin previo aviso – iré directamente a la compuerta y correré de nuevo el programa de infiltración. Tenemos a un montón de esas bestias tratando de comernos y… ¡atrás de ti!

Ambos saltaron en diferentes direcciones. La inteligencia artificial del sistema de defensa estaría furiosa mientras ellos permaneciesen con vida.

– Estás de broma – fue la respuesta de Alex – Ignoras cómo descifrar una secuencia encriptada, o tan siquiera encender una microcomputadora.

– ¡Supersoldado! – decía el grito de Thunder a varios metros de ellos, entre tres serpientes robóticas empeñadas en arrancarle los brazos – ¡Es la hermana de Derek! ¡Algo tuvo que aprender de él!

Las serpientes no dejaban que nadie se moviese con libertad. Alex dudaba de las capacidades y la salud mental de Ranchi, pero, ¿qué otra cosa podía hacerse?

– ¡Ranchi! ¡Aquí!

La pierna (probablemente fracturada) le dolía horrores y casi no podía usarla para sostenerse, además de haber perdido, cuando menos, medio litro de sangre. Si iba a aceptar ayuda, era un buen momento.

– Escucha – le decía a ella, apenas se materializó a su lado. Sacó rápidamente la computadora de su chaleco, y programó de inmediato varias funciones en la pantalla táctil. – Mantenla frente al lector óptico todo el tiempo que puedas.

– Aja – Ranchi llevaba a Alex del brazo de derecha a izquierda, permaneciendo lo más atenta posible mientras esquivaba los ataques.

– Solo pulsa “iniciar intromisión”. Espero…

Ranchi lo tiró al suelo, jalándolo de la camisa para evitar ser machacados por dos tentáculos estrellándose en la pared.

– … alcanzarte cuando finalice la descodificación.

– ¿Cuánto tardará?- Ranchi aferraba la computadora.

– De cinco a siete minutos. – Alex se alejó rodando por el suelo, pues ella se apartó de un salto. Los tentáculos eran persistentes. – Mantén el enlace el tiempo completo o la contraseña volverá a ser errónea.

– Entendido – y se teletransportó a la compuerta.

<< El infierno se esta abriendo. >>

<< ¡Déjenme en paz! ¡Largo! >> pensó Ranchi. Aún así, las voces permanecían.

<< El infierno. Su fuego y su odio están siendo liberados. >>

<< La invocación funcionó. >>

Ranchi apenas saltó de su portal cuando fue embestida por sorpresa, saliendo disparada hacia el muro, cayendo después al suelo. Segundos más tarde, tres tentáculos más cayeron sobre ella. Los repelió usando su escudo celeste, pero aún así sintió la fuerza de la embestida aplastándola. Su burbuja se hundía bajo sus pies, gracias a los ataques de los robots. Una tras otra, las cabezas coronadas de garras retumbaban contra la burbuja, y Ranchi tuvo que trazar un rápido plan de sobrevivencia. Cuando las tres cabezas estaban en el aire, desvaneció su escudo. La primera cayó en picada hacia ella, por lo que Ranchi la desvió de un certero golpe. Cuando la segunda y la tercer golpearon, el portal de la chica ya se había cerrado, llevándosela, agazapada, al portal.

– ¡Bien! Ahora, ¿Dónde dejé la…?

Su mano izquierda golpeó al robot. Y en su mano izquierda tenía un pequeño montón de cristales rotos y cables enredados.

– Alex se va a poner pesado.

Veía a Thunder arrinconado por racimos de tentáculos, tratando de dispararles a sus férreos cuellos. Alex, no muy lejos de él, resiste, disparando con una mano mientras la otra, lo ayudaba a sostenerse, rodeado de ojos rojos con garras. El tiempo se alentó, y de pronto, desaparecieron.

<< Oh, no. ¡No justo ahora! >>

El pasado llama a Ranchi. Cascadas de imágenes se agolpan en su mente. Los eventos actuales se esfuman como sueños, mientras las visiones antiguas parecen más vividas y reales. Épocas, sitios distintos. Ve a un equipo de soldados, parecido a su capitán Alex, por la forma en que se sincronizan y actúan. Ranchi los observa dentro del reactor estelar, trabajando rápidamente en los controles. Otros cubren la salida, atrincherados y disparando. Ranchi se acerca tímidamente a ellos, los oye hablar.

“- … sin remedio.

– Malditos, malditos sean.

– ¿Le comentaste al comandante?

– Efectivamente. La operación dará inicio en quince minutos.

– De todas formas, acabamos aquí. Es turno del equipo Ceres.”

Ranchi permanece quieta mientras su entorno se transmuta en otro sector. Los cinco puestos de vigilancia, y ella esa ahora, junto a un grupo de hombres y mujeres, en el número tres. Observa como desmantelan las computadoras y soldan las “minas de error”, con cuidado y precisión. Al acabar, usan las ventanas inteligentes para comunicarse brevemente.

“- Listo, comandante.”

Todo se esfuma y toma forma de una salida desconocida del complejo. Ranchi corre entre soldados fuertemente armados y protegidos con cascos y corazas ligeras. Ella no logra saber si huían o perseguían, solo percibe esa urgencia y adrenalina en sus músculos. Hay seis hombres más, en una posición adelantada. Están acompañados de varios cadáveres en el suelo.

“- Reporte, soldado.

– Rebeldes, señor. Trataban de alcanzar el reactor. Logramos contenerlos sin sufrir bajas.

– ¿Eran un equipo de avanzada?

– No señor, al parecer actuaban por su cuenta. No comprobamos contacto con otras células rebeldes.

– Raro. ¿Sobrevivientes?

– Ninguno.

Ranchi miraba los cuerpos de los rebeldes. Eran totalmente diferentes a la milicia especializada que salía del complejo. Lucían como civiles y guerrilleros con armas de bajo poder y sin uniformes o distintivos. Tenían miedo en los rostros.

– Continúa la operación. Planta parásitos, y echa los cuerpos para alimentarlos. Sellen el nivel lo más rápido posible.”

Los cadáveres son lanzados al interior del área recién abandonada. Uno de los soldados saca de su indumentaria un tubo de ensaye tapado con caucho. Adentro unos gusanillos traslúcidos se retorcían. El soldado lanza el tubo y se le oye estrellarse, mientras cierran las compuertas y aplican las gruesas barras de metal para soldarlas al marco.

“- Reporte.

Por primera vez, Ranchi se transmuta a un lugar conocido. Están instalando la puerta de seguridad colu que casi los fríe antes de entrar a la cámara de controles a distancia del complejo de reactores. Curiosea un poco entre los soldados afanosos como abejas.

– Al noventa por ciento de la instalación. Diseñada a manera de respaldo, en caso de una nueva incursión rebelde. – Añade, casi como una confesión – Programe el cerrojo como lo pidieron los generales, una clave aleatoria cada 26 segundos. Cuando la cerremos, nadie tendrá la contraseña correcta. Los rebeldes sin un sistema decodificador no podrán cruzarla.

El comandante comenta al soldado más cercano a él.

– Y espero que nosotros tampoco.”

La chica es llevada a una evacuación, arrastrada por oleadas de personas que la empujan y asfixian. Cuando ella se siente sobrecogida por su terror, es de nuevo transportada a otra zona familiar. Los controles a distancia que Derek fue incapaz de reparar. Hay dos soldados por computadora, con el comandante en el control central. Plantan minas de error y alteran los programas. El comandante hace lo mismo, con una ayudante nerviosa.

“- ¿Esta de acuerdo con la decisión de los generales? ¿Anular así al reactor astral?

– Recién acoplamos los generadores eléctricos para soportes vitales indispensables. La nave será evacuada en máximo setecientas veinte horas. Después de eso, será regresada a los maiar. Nosotros permaneceremos en el planeta. Te recuerdo que cuando estemos abajo, ya no los llames ‘generales’.

– Lo haré, señor. – la ayudante se toma un tiempo en escuchar su audífono izquierdo – El equipo Balthus me ha enviado un informe. Terminaron de desensamblar las plantas purificadoras de aire, agua y desechos, para facilitar la colonización. El desembarco se inicio hace tres horas.

– Bien por ellos. – responde el comandante, sin apartar la vista del trabajo – ¿El equipo Lappa está llevando a los maiar a sus áreas de clonación y criogenia?

– Si señor. Interesante raza. Consideran que si solo uno de ellos sobrevive…

– … el alma de su pueblo alcanzará la inmortalidad. Condensan el conocimiento de una civilización entera en un solo individuo. No conocen el concepto de muerte individual. O si lo conocen, no les importa tanto como a nosotros.

La ayudante finaliza la instalación de la mina de error correspondiente.

– Señor… ¿Y los rebeldes?

– Los que estén prisioneros, bajarán al planeta con nosotros. Sin la nave, no podrán hacer mucho. Deberán adaptarse o morir.

– ¿Por qué el Consejo de Colonos no les permitió quedarse con la nave?

– Porque querían transformar el reactor astral en una bomba. Mas bien, porque transformaron el reactor astral en una bomba. Si activamos de nuevo la fisión, este sector de la galaxia se vaporizará, y el polvo cósmico restante será absorbido por un agujero negro.

– ¡Dios! – exclama ella, poniéndose pálida – ¿Cuál era el motivo entonces de robar la materia negra de las baterías? ¡Desarmamos cientos de ellas para evitar que la obtuvieran! ¿Iban a crear bombas portátiles?

– Y de más fácil manejo. – aclara él, mientras estira su espalda – Para entonces, tenían infiltrados en los controles del reactor. El daño que le hicieron… bueno, quizá no lo entiendas. La cuestión no es si podemos repararlo, sino si debemos repararlo.

– Lo arreglaremos, y otro, en algún futuro, volverá a transformarlo en arma. Quizás mate a millones. Estamos previniendo eso.

El comandante, quien a pesar de la amplia conversación no dejaba de teclear, sonríe amablemente.

– Me alegra que mi futura esposa sea tan perspicaz.

La ayudante toma un color rojizo en las mejillas al escuchar el comentario.

– Lástima de nave. Era estupenda.

– Existe otra – comentó el comandante, como de pasada – la Svantevit de Kiev. Es mantenida por una acaudalada colonia de la Tierra, como crucero intersistemas de batalla. Espero que le den buen uso.

Ranchi regresa al mismo segundo en que estaba al principio de su visión. Los tentáculos, la angustia, sus amigos en aprietos. El trance va acabando, la última imagen es de un soldado, exactamente donde ella esta parada, pulsando los botones numéricos de la cerradura electrónica. Ranchi extiende la mano y sobre la sobrepone a su alucinación. Los dedos se mueven sin voluntad o intención. El mensaje cambia.

“Contraseña aceptada”

<< El infierno. >>

– ¡Carajo! ¡Con un maldito carajo! – Thunder corrió hacia la compuerta, seguido de Alex, quien hacía caso omiso del dolor en brazos y piernas – ¿Qué diablos…?

Ranchi gritaba, derrumbada en el suelo. Un terror incomprensible para ella la tenía presa. Ve fuego y cadáveres calcinados.

– El infierno… el infierno esta abierto…

– ¡Contrólate! – Alex la tomó y sacudió del hombro – ¡Mantente enfocada!

– ¡Derek esta liberando al infierno! – Ranchi estaba fuera de sí, tan desquiciada como en sus mejores días.

– ¡Mierda! – dijo Thunder – ¿No vas a hacer algo al jodido respecto?

La chica hiperventilaba. Veía las heridas y los moretones en los cuerpos de sus compañeros. Levantándose de un salto, y aún con los ojos desorbitados, se aferra al brazo musculoso de Thunder. Él aferra la pesada manija de la puerta. Así, los tres entran.

(continuará…)

El Hechicero Metálico (parte XVI)

Logran ponerse en movimiento y calentar sus músculos. Ranchi está más nerviosa que cansada y es ella quien va ahora a la cabeza. Alcanzan el vestíbulo de la entrada al reactor uno de antimateria. Luz se escapa por los bordes de la compuerta. Está semiabierta, y es solo cuestión de empujarla. Thunder reacomoda sus gigantescas escopetas en la espalda.

– Con un demonio. Acabemos con esto.

 

  1. Hace una hora

 

Bidimensionalmente se leía un círculo rodeando a otro de menor tamaño. Los reactores de antimateria ocuparían el círculo exterior y el reactor de fisión astral, el interior. La clave radicaba en que no se trataban de círculos. Se trataban de esferas. Así, la esfera exterior, una estructura de rieles, era capaz de moverse. Y mover consigo a los cinco reactores de antimateria. Una estructura de complejidad sobrehumana, recién comenzaba a despertar.

– Nunca creí tener que llegar a las medidas desesperadas. Las planeé, cierto, pero nunca creí tener que llegar a ellas.

Las manos pequeñas del niño son perfectas para reparar este tipo especial de microcircuitos, utilizando un gastado lápiz de soldar y un juego incompleto de milimétricos desarmadores de precisión. Las guías de ensamblado, como siempre, en su cabeza. Tiene varias pequeñas laceraciones en los nudillos y las yemas de los dedos, pero no entorpecen su misión. De vez en vez, voltea a ver las laptops trabajando a toda su capacidad, enlazadas al procesador principal del reactor uno de antimateria. Pero ninguno de los sofisticados trucos de Derek lograba enmendar el problema.

– ¿Porqué? – gateaba fuera de la armazón perteneciente al a la consola que intentaba componer – ¿Por qué no consigo hacerla funcionar? Al menos – decía al limpiarse el sudor de la nariz – la vista es estupenda.

Una imagen indescriptible allana al espectador que atraviese con su mirada la ventana de observación perteneciente a la cámara de control del reactor de antimateria uno. Habrá notado, en primera instancia, que la cámara misma posee grandes proporciones, para garantizar la comodidad de la docena de operarios necesarios en el manejo de los controles. Después, que el material para los límites físicos era semitransparente, permitiendo admirar la intrincada estructura que lo mantenía por sobre el reactor de antimateria. Detenerse a ver por la amplia y cóncava ventana permitía hacerse una vaga idea de las aberrantes magnitudes titánicas del Deathbird. Una red de rieles gigantescos sostenía los andamios donde se alojaban las cámaras de control y vigilancia de los cinco reactores de antimateria. Los rieles eran tan grandes y resistentes que eran capaces de elevar o descender las cámaras enteras, en un movimiento unidireccional, ya sea para acceder al núcleo del reactor con rapidez y observar el comportamiento de la antimateria, o separarse hasta cien metros de altura en caso de sobrecalentamiento. Los reactores era conglomerados compactos y eficientes, magistralmente diseñados y construidos, consistentes en ductos, sistemas de enfriamiento, medidores de voltaje y temperatura, cubiertas aislantes , cerebros informáticos, paredes reforzadas, puentes de acceso, blindajes y cables que extraían la energía producida en ellos. Podía verse con relativa sencillez cuatro conductores de alto voltaje escabullirse de cada reactor, dirigiéndose con pocas interrupciones a los transformadores receptores del reactor de fisión astral. A pesar de que los reactores de antimateria podían desplazarse distancias razonables, ya sea arriba o abajo, esta conexión no se perdía, asegurándose el suministro perpetuo de energía. Sorprendía el hecho de no encontrar ni un milímetro desperdiciado en esos dos o tres kilómetros de brillante ingeniería. Derek gozaría del mejor día de su vida, si la endemoniada máquina dejara de darle dolores de cabeza.

– He revisado todo tres veces. Deberé regresar sobre mis pasos, y pensarlo de nuevo, etapa tras etapa.

Miraba bajo sus pies el reactor en funcionamiento. Emitía un sonido difícil de clasificar, semejante a un zumbido, mientras las reacciones internas lo alumbraban a ritmos erráticos. La ventana de observación era realmente un sistema de comunicación digital, y Derek, utilizando esa pantalla táctil semitransparente, miraba las cuatro cámaras restantes, separadas entre sí por una distancia aproximada de quinientos metros o más. La pantalla le permitía tener imágenes aumentadas de cada una, simultáneamente, o de cualquier otro sitio alcanzable a simple vista. El niño intuyó que debería haber miles de cámaras en los alrededores, pero estarían dañadas. A pesar de eso, la pantalla ofrecía datos de los controles vecinos, como nivel de actividad, número de ocupantes, y una opción de intercomunicación audio/video. Y todas ellas se movían independientemente, ocupadas en vigilar, y operar su reactor designado, sin dejar de formar un pentágono gigantesco, en cuyo centro estaba, indudablemente, el reactor de fisión astral.

– ¿Cuánto tendrá este de altura? – Divagó el pequeño – ¿Ochenta, cien metros? Parece que va a estallar. No me extrañaría. No me extrañaría que estallaran los cinco al mismo tiempo.

En esa posición era posible supervisar el trabajo de cada reactor. El área entera contaba con intercomunicación. Había conexión entre los sintetizadores de energía y entre las cámaras de vigilancia. Derek había explorado superficialmente los pasillos de enlace entre las cámaras cinco y dos, y bajado a la entrada del reactor uno. Peor no conseguía ubicar el origen exacto de los problemas, y sus investigaciones confirmaban que el desperfecto mayor estaba en las cámaras de vigilancia. Así que corrió de un lado a otro, olvidando las precauciones y el cuidado en el manejo de tecnología extraterrestre. Porque el niño ya sabía que inteligencias no humanas, hace demasiado tiempo, crearon esa maquinaria fantástica.

– Pensar. Tengo que relajarme y pensar.

Observa de nuevo por la ventana. Cada centro de control tendría enlace instantáneo con cualquier parte del complejo de reactores, facilitando la coordinación. El reactor oculto en su domo oscuro, estaba visible a un nivel debajo de él.

– Según mis lecturas, algo externo corrompe los datos en el programa de integración. Estoy seguro de que no es el software, pues acabo de instalar uno nuevo.

La mente de Derek explora todas las variables, en el tiempo necesario para que un impulso eléctrico atraviese una sinapsis.

<< Cámaras. >>

– Continúa grabación. ¿Porqué solo las cámaras de los límites externos están anuladas? Porque querían entrar a las instalaciones. Pero no para destruirlas. Las necesitaban íntegras. Para… para…

En un frenesí, vacía nuevamente su mochila, en completo desorden. Busca algo ansiosamente.

– ¡Lo metí! Por aquí… ¡Juraría haberlo guardado!

De entre el revoltijo de alambres, piezas metálicas y envoltorios de dulces, aparece un cilindro negro, el cual apenas cabe en la palma de su mano. En realidad es un sistema óptico de obtención de datos visuales, provisto de varios juegos de lentes y amplificadores digitales, que analizan, transforman y envían las imágenes captadas del ambiente, directamente a la retina del usuario, mediante un haz luminoso de datos atravesando el globo ocular. Es capaz de detectar todas las longitudes de onda posibles, además de radiaciones. Se trata de uno de los googles inseparables de Alex, quien los dio por perdidos, después de romperlos en una misión. Cierto, dos de los tres cilindros estaban arruinados, pero el último aún era útil, y Derek consideró justo apropiárselo después de repararlo. Ahora, tenía la capacidad de ver lo que su capitán vería en esos momentos, si estuviese a su lado.

– Ajustar… ¡Sí! – a modo de monóculo, cerrando el ojo izquierdo y colocando el cilindro sobre el derecho, reinicia la inspección de las instalaciones. – Continúo grabación. Estoy revisando el cableado oculto, tanto de entrada como de salida, en busca de algo que no deba estar ahí. Los controles fueron bloqueados y ahora mismo, un dispositivo electrónico sabotea a los reactores. Alguien hizo ambas cosas – se agacha y abre un panel en el suelo. Derek introduce su mano entre los cables, jalándolos suavemente para comprobar su tensión – Aunque no puedo dilucidar con claridad el porqué.

Todavía con el ojo electrónico en la mano, continua varios pasos. Alza la mirada. Un cubo que emite interferencias esta empotrado dentro de un gabinete sellado. No solo emite interferencias, sino que se muestra como una imagen en negativo, un vacío entre todas las cosas que lo rodean. Niega su existencia, pero en lugar de integrarse a la realidad, borra parte de ella.

– ¡AHÍ ESTA!

Recupera su ganzúa deformada  y ataca con furia la cubierta protectora. Al arrancarla, no encuentra más que placas de circuitos y conexiones, sin embargo, no se desanima. Escarba entre esos estorbos hasta dar con la caja negra soldada en la parte posterior del gabinete. Tenía cientos de entradas en cada una de sus caras. Parecía haber sido implantada en el sitio.

– Tiene que ser. Debe de ser. Ahora, lo más urgente, ¿Cómo lo saco de ahí?

Regresa a buscar una pistola de aire comprimido, la cual carga con cápsulas de ácido, usado para desintegrar el metal en puntos específicos. Con una máscara de gas compacta en el rostro, dispara sus últimos ocho cartuchos a los puntos de unión del cubo con las raíces eléctricas. Derek no espera a la neutralización espontánea del ácido y retira el caparazón roído y humeante, acabando así de arruinar la ganzúa. Los vapores corrosivos se disipan y examina, entonces, superficialmente, el dispositivo encontrado.

– Continúa grabación. Al parecer he descubierto algún tipo, una especie de unida de hackeo ininterrumpida o emisor de interferencias, instalado en el sistema de integración informática de las fuentes periféricas en energía. – lo voltea con ayuda de los restos de la ganzúa – Primera pregunta, ¿Quién instaló el dispositivo? Posiblemente la misma persona o personas que desconectaron las cámaras externas al complejo, para infiltrarse a los centros de control. No aparece ninguna mención del evento en los planos o la bitácora. Al menos no específicamente.

El niño se retira la máscara.

– Segunda pregunta, ¿Cuál es el propósito de alterar un sistema de vital importancia para el reactor estelar? La bitácora solo habla de una codificación extra en el código de acceso, pero no ahonda más. Ahora no tengo tiempo para dilucidar las respuestas. Tendré que resolverlo después.

Tal como un invitado espera a que su anfitrión termine de hablar para poder partir, la luz y la energía se esfumaron apenas Derek pronunció la última sílaba de su oración. Por lo que, semejante a su maestro, exclamó:

– ¡¡ME LLEVA EL DIABLO!!

A tientas, alcanza sus fieles maquinas. Activa la microcomputadora en su pecho para tratar de mandar las órdenes correctas y retomar las riendas.

– ¡Por supuesto! ¡Todos los sistemas informáticos están hackeados! Habrá que reiniciarlos…

Sus dedos golpean los teclados velozmente. Ya no expresa verbalmente sus ideas, pues estas son tan complejas y tan efímeras que no vale la pena expresarlas. Afortunada o desafortunadamente, su plan funciona.

– Continúo grabación. Medidas desesperadas segunda fase. Trasladé los controladores virtuales de regulación a mis laptops y al computador maestro del reactor uno. Manejarán como puedan a los cinco reactores. De hecho, lo único que necesito es un nivel estable de producción para la activación de la fisión estelar. Mantendré los reactores de antimateria al mínimo.

Derek no solo ejecutaba milagros con las computadoras y las máquinas, sino iba más allá. Podía transformarlas en lo que quisiera. Su urgencia residía en que, si no se lograba encender el reactor estelar, los apagones continuarían y el daño a los reactores de antimateria por inestabilidad y sobrecalentamiento alcanzaría rangos críticos. Derek encendería el reactor astral, colocaría su producción en rangos medios y apagaría inmediatamente los reactores de antimateria. En teoría podía hacerse, aunque la primera lección práctica del niño le decía que la teoría puede ser muy diferente de la realidad.

– Dios, el hardware no aguatará mucho, pero si resisten los procesadores sin derretirse hasta que encienda el reactor estelar, me doy por bien servido.

Un mensaje salta de sus pantallas:

“Coordinación alcanzada. Los cinco reactores están sincronizados. Almacenado energía para secuencia de arranque del reactor astral… 10%, 25%, 32%, 46%…”

– ¡SI!

El niño salta de la emoción, y va a pegar su nariz contra la ventana de observación, tratando de notar algún tipo de actividad en la omnipresente esfera negra. Sin importar la altura actual del centro de control y observación del reactor uno, la cápsula protectora del reactor de fisión astral y planetesimal podía verse con claridad, una esfera perfecta de cuarenta y cinco metros de diámetro, sostenida por los cinco corredores de comunicación a las puertas de acceso de los cuartos de control. A pesar de la libertad con la que podían observarse las actividades de los reactores circundantes, la opacidad de esa coraza guardiana era clara prueba de que sucesos incomprensibles se desarrollaban en su interior.

– Tengo que ir allá. – decía Derek al retirarse e ir a las palancas mecánicas de altura en el centro de control, y activar el descenso al hacerlas bajar.

Los cinco accesos al parea de control de fisión astral eran inamovibles. Para entrar a ellos, debían acoplarse con las cámaras de los reactores de antimateria, quienes ascendían o descendían para enlazarse al pasillo de entrada. No todas las cámaras de control se encontraban siempre niveladas, por que el acceso siempre era posible a través de una o dos de ellas. Aunque, cuando se trataba de un evento importante, el espectáculo de las cinco cámaras uniéndose a la estructura del reactor estelar era digno de verse.

– Continua grabación. Estoy al nivel del acceso correspondiente al reactor uno. Los niveles de energía permanecen en sincronía. Lo único malo de esto es que no podré llevarme las laptops.

El niño esta recogiendo del suelo sus desperdigadas pertenencias, mientras piensa levemente en los pasos a seguir. Trataba de recordar lo memorizada en los planos. Unirse a las cámaras de vigilancia de los reactores periféricos no era la única función de las cinco prolongaciones del domo protector del reactor astral. Éstos, aparte de mantenerlo estable y firme, tenías la característica de una construcción más sólida, incluso fortificada. Contenía sistemas de defensa de ingreso a los sistemas de mando del reactor astral. Sus paredes eran las más gruesas de todo el sector, de casi el quíntuplo del promedio, además de no estar hechas de material traslúcido de las cámaras de vigilancia, sino totalmente opacas, manteniendo así el secreto de su función, la única traba al poder infinito.

La sucia mochila, más vacía que al inicio del viaje, cuelga ya de la espalda de Derek.

– He hecho cuanto he podido. Debo ir a encender el reactor astral de manera manual, y rápida, o si no…

El pequeño suspira y observa por la ventana. Ahora es posible notar los cables encargados de transportar la energía producida por el reactor astral, naciendo de la base de la esfera, perdiéndose en las profundidades ignotas cuyo freno visual consistía solamente en un enrejado que sostenía las bases cilíndricas de lo reactores de antimateria. Debajo de él, nada se veía.

– Continúo grabación – Derek estaba frente a la primera puerta con dirección al corredor misterioso que lo llevaría a una de las entradas. – Aquí, las cerraduras están desactivadas. No creo que suceda lo mismo al final del trayecto. De todas maneras, tengo la clave correcta de acceso.

La puerta cede anta la presión de Derek, al empujar la manilla. Había logrado reanimar el corazón eléctrico de la nave. Un ahuecamiento en su estructura sólida y ordenada, donde una geometría anómala dictaba las reglas del lugar. Las cosas y los hombres se movían momento a momento, como un pulpo retorciendo sus tentáculos, correspondiendo la cabeza de este monstruo a la esfera negra en el centro del pentágono de energía. El demonio liberado por un hechizo de invocación.

El Hechicero Metálico (parte XV)

La joven deshizo el nudo, y extrajo un paquete de galletas, único alimento que traía. Rompe el empaque y se mete una pieza entera a la boca. Un gruñir sordo retumba por las paredes. Una maquinaria gigantesca e invisible ha iniciado su marcha. Ranchi carga la maleta y devora su almuerzo apresuradamente, alcanzando a Thunder y a Alex justo cuando abren y entran al siguiente elevador. Han descubierto que éste tan solo puede descender, lo que significa que Derek continúa su bajada. Tratan de alentarse con la idea de que el niño empiece a estar tan agotado como ellos.

 

  1. Hace tres horas.

 

Un corazón late más allá de sus límites anatomofisiológicos. Un pequeño corazón frenético, convulsionando dentro de sí, enviando sangre espumeante al órgano más importante de ese infantil cuerpo, alimentando así a cada una de las células de su cerebro excepcional. Un cerebro que nunca para de crear.

– Nota… nota a mi mismo – Derek resuella – Mejorar condición física.

Tose sin saliva y el costado lo mata. Pero no puede dejar de correr. No si quiere aprovechar cada minuto en tratar de controlar los demonios que ha soltado de la jaula.

– Continúo grabación. Estoy a unos trescientos metros de la entrada al reactor de antimateria… – el pequeño se agacha y apoya sobre sus rodillas para tomar aire – He tenido que correr durante los primeros cuatrocientos, pues… – respira con un poco más de profundidad y calma – el sector del reactor estelar solo cuenta con un único acceso a casi un kilómetro de distancia… fue el más cercano que pude desbloquear.

En ese mismo sitio, el primer peldaño de una larga e intrincada escalera, se sienta y abre la maleta.

– ¿Y porque estoy corriendo? Porque, debo admitirlo, las lecturas que estoy recibiendo, bueno, son espantosas.

Enciende su par de laptops. Ya no hay expectación o alegría en su rostro. Cansancio y pesadumbre.

– Continuo grabación… reactor cuatro, con escape de material radioactivo… al parecer los reactores no trabajan únicamente con antimateria, en realidad son conglomerados increíblemente complejos de distintos métodos masivos de obtención de energía, por supuesto, la antimateria es el factor común y predominante. Nuevas notificaciones… sobrecalentamiento general en reactor cinco, dos, y cuatro, uniéndose ahora el tres a la falla… error en los conductores… la ausencia de coordinación alcanza niveles críticos. Un reactor se reporta ineficaz y los otros cuatro aumentan el índice de fisiones para suplir al defectuoso, llegando a temperaturas cercanas a la fundición. Mas sin embargo, repentinamente…

Derek tecleó en sus laptops. Saca de su chaleco, semejante a los usados por Alex y Thunder, una microcomputadora que alguna vez perteneciera a su capitán, adaptándole al momento un dispositivo auricular y micrófono, un pequeño receptor de señales remotas y una funda elástica para adosarla a sus costillas izquierdas.

– Continúo grabación. Usaré comandos de voz y mis dos terminales, y espero poder contener este desastre. Iniciar diagnóstico sobre la integridad de los acopladores de datos. Tengo una teoría… puede existir un problema en la integración de la información recibida de los centros periféricos de producción energética por parte del reactor estelar. Es decir, la producción de energía aparece en los indicadores casi nula, y al segundo siguiente… – en cada mano trabaja con una computadora, realizando operaciones diferentes. Sus ojos van de pantalla a pantalla, al pulir sus hipótesis. – aparece a más del cien por ciento de productividad, sin ascenso gradual. Físicamente imposible. Entonces, es casi seguro de que se trate de una falla en los acopladores de datos. Diagnóstico finalizado… integración informática incompleta.

Derek no ha movido más músculos que los de sus brazos y dedos. Las piernas se le entumen y la espalda le duele, pero eso no llama su interés ahora. Bajo la luz errante y los temblores breves y ocasionales, continua.

– Activar protocolos de enfriamiento de emergencia. Encender las bombas del congelante molecular y dirigir los flujos a sectores más allá de los cinco millones kelvin. Abortar reacciones caloríficas en módulos épsilon, kappa y ómicron del reactor cinco. Iniciar descenso de fisiones de tritio y elementos relacionados.

Suspira. Nada de eso será suficiente. Él lo sabe muy bien.

– Mal, mal, mal… debo llegar a la consola integradora de datos, y de ahí, iniciar el arranque del reactor estelar. La consola más cerca está en el reactor uno de antimateria.

Recoge sus cosas frenéticamente y continúa la carrera. Toma las escaleras de bajada frente a él, alojadas en un espacio amplio y oscuro. Arriba pueden verse los andamios de niveles superiores, con una ominosa sensación de vacío presente por doquier. Derek está cansado y nervioso. Después de un trecho considerablemente largo, tropieza y cae rodando unos veinte peldaños.

– ¡Arggg! ¡Rayos!

Termina boca abajo y con solo un corte en la rodilla, además de varios golpes en el resto del cuerpo, pero aún así, le cuesta trabajo reincorporarse. Es invadido por una urgencia de llorar a lágrima viva, y sin embargo, se resiste a ella.

– Fuerte. Debo ser fuerte.

Extraña los mimos de su hermana, quien acudiría gritando hacia él. Thunder lo levantaría del cuello de la camisa, y Alex, frío e inexpresivo, le curaría la herida. Ese corte en la piel no es tan doloroso para el pequeño como saber que se encuentra solo, extraviado y lejos de cualquier ayuda posible, enfrascado en un terrible problema que él mismo originó. Desgraciadamente, su computadora insiste en seguir dándole malas noticias.

<< No se han completado los parámetros para asegurar una fisión astral estable. >> recitaba la diminuta voz electrónica en su oído izquierdo << Niveles periféricos de energía erráticos. Reactor astral en estado de latencia. >>

– Tengo que seguir, no puedo abandonar el proyecto, mucho menos en estas condiciones.

Busca en su contrahecho equipaje algo para vendarse la rodilla. Cojeando, reinicia la marcha, aumentando poco a poco la velocidad de sus pasos. Las escaleras lo han llevado hasta la entrada principal del reactor uno de antimateria, primera parada de Derek antes de alcanzar el reactor estelar. Un recuerdo inconexo, una oración tomada de ese cúmulo de información perdida que originó la travesía del niño, emerge.

<< El origen y solución de la calamidad humana, aguarda adentro. >>

Derek avanza, con más decisión.

– He llegado muy lejos. Si puede hacerse ¿Por qué no hacerlo?

Con el único apoyo de su genialidad, Derek se lanza a si mismo al espíritu incandescente del demonio.

 

Momentos después…

– Bonita remodelación – dice Thunder.

Los tres camaradas han caminado bastante desde que abandonaron el último elevador funcional. Están ahora en un largo corredor de aspecto peculiar. Por las paredes, corren extensos tramos de tuberías, las que se unen y ramifican por doquier. A primera vista, esta instalación fue colocada después de la construcción del nivel, pues los tubos cubren incluso las salidas clausuradas. Segmentos de suelo, en donde emergen bastantes de esos troncos metálicos, fueron destrozados sin cuidado y sin reparación posterior.

– Mi pregunta – decía Ranchi – es el porqué de esta tubería. ¿Se habrán equivocado al diseñar el nivel?

– Lo dudo. – dijo Thunder – Más parece un remiendo de urgencia.

Ranchi camina cerca de una de esas tuberías. Ve pequeños agujeros que casi la perforan.

<< Balas. >>

Introduce la punta de su dedo en uno de esos orificios. Llegan a su mente extractos de su historia.

<< Humanos contra humanos. Guerra entre los bienaventurados en el viaje al paraíso. Los soldados disparan, y los muertos caen con las armas calientes en las manos. Aquí, un batallón luchó para defender la entrada olvidada. Falleció protegiéndola. Los gritos y el tronar de los disparos, perforan las paredes y las almas. Nadie debía pasar por esa entrada. Muchos hombres entregaron su vida para conseguirlo. Al final, solo sobrevivió el frío. >>

– ¡Despierta! ¿Qué es eso que tienes ahí?

Ranchi sacude su cabeza, saliendo del trance. Su dedo aún está en el agujero. Percibe algo móvil en el fondo. Con un poco de esfuerzo, logra sacarlo.

– Una bala.

Alex y Thunder miran curiosos el pequeño objeto recién descubierto, y se dan tiempo para examinarla por separado.

– Interesante – dice Alex.

– No reconozco el material – agrega Thunder – y eso que he visto muchas balas en mi vida. – y se la regresa a Alex.

– Habrá que investigarlo con calma – mira a Ranchi – ¿Me permitirías…?

La chica tarda un poco en entender que se refería a conservar la bala.

– Claro, claro. – Respondió apenada – No hay problema.

Continuaron avanzando.

– Thunder…

– ¿Qué quieres, Ranchi?

– ¿Por qué dices que no reconoces el material de esa bala?

– Es común hacer balas con los metales que tengas a la mano, y recuerda que no todas las armas continúan utilizándolas. Hay lásers, pulsos gravitacionales, electromagnéticos, tú nombra.

– Ya lo recuerdo. Aún me extraña que ustedes dos sigan usándolas.

– Economía. Endemoniadamente baratas. Las armas son casi desechables, así que si perdemos media docena en misión no nos afecta demasiado. Compramos un fundidor y lo llenamos con cuanta chatarra recolectemos. Salen aleaciones raras, pero en general son buenas balas.

Ranchi es presa momentánea de un escalofrío que la hace tiritar y frotarse los brazos.

– Brrr…. Eso me pasa por no usar traje térmico.

Thunder también nota un descenso en la temperatura. Alex lo comprueba al retirarse su media máscara y exhalar una columna de vaho.

– No es normal.

Un ruido de fluir, un murmullo húmedo se escucha aumentar lentamente de volumen. Muchos ductos vibran, y una presión interna ensancha los codos y coyunturas. Alex examina uno de esos ductos, al seguir su trayecto por varios metros.

– Congelante molecular, en gel líquido. Eso explicaría el frío repentino. Hay que alejarnos lo más posible de él.

Siguieron moviéndose hasta escuchar un pequeño estallido detrás. Una fuga saltaba de los puntos de unión entre dos ductos. El gel congelante tenía un comportamiento peculiar. No goteaba, ni escurría, sino crecía como los brotes de una planta, extendiéndose y ramificándose, inmune a la gravedad, formando una telaraña azarosa y cristalina. Con la presión de flujo, varias fisuras aparecieron en el sistema de tuberías, y uno de esos escapes de gel se desarrollaba al lado de Ranchi.

– Genial… ¡Miren, chicos!

Un delicado y frágil gusanillo se estiraba al liberar bifurcaciones por doquier, y uno de ellos terminó en un redondo y diminuto botón, a milímetros del dedo extendido de la chica, quien miraba embelezada el fenómeno. El botón se abrió para liberar un copo de intrincadas combinaciones geométricas, enmarcados en una figura pentagonal. Alex tiró de la espalda de Ranchi con tanta fuerza que casi la tira al suelo.

– Ese gel nulifica la energía cinética a nivel de neutrinos. Cero absoluto termodinámico. Si llegases a tocarlo, tus células se cristalizarían casi de inmediato. No debemos retrasarnos más.

El frío se intensifica, alimentado por el mayor número y magnitud de las fugas, provenientes de esa red de tuberías en pésimo estado. El aire se llenaba de hielo, y el gel seguía expandiéndose, ocupando lo espacios posibles, imposibilitándoles los movimientos a los tres viajeros ansiosos por salir de ahí. Thunder, un hombre que se jactaba de tener combustible ardiendo en las venas, tiritaba sin escrúpulos.

– ¡De…monios! ¡Nunca…había… sentido… tanto rajado frío!!

– Derek debió… – Alex también, a pesar de su traje aislante, padecía del descenso abismal de temperatura – activar los sistemas de enfriamiento. Estará distribuyendo cantidades masivas del gel congelante a los cinco reactores.

– Aunque con estos… jodidos escapes, – continuó Thunder – no ayudarán de mucho. El resto del red de distribución… brrr, carajo… estará igual o peor.

Estaban cerca de la salida, peo el creciente frío era una cadena pesada colgando de sus cuellos. Ranchi tenía la extraña sensación de que el tiempo mismo se detenía. Y las cosas volvieron a moverse cuando, anunciado por un quebrar y un borboteo, un lago de gel congelante inundaba el piso, corriendo rápidamente hacia sus pies.

– ¡Escalen lo más alto que puedan! – gritó Alex.

Thunder logró dar un salto para encaramarse a varios tubos en la pared, y Alex hizo lo mismo con algo más de estilo, mientras le dice a Ranchi.

– Dame el equipaje, – ella se lo lanza a los brazos de inmediato – necesitarás…

Ranchi esta flotando sobre las garras heladas que tratan inútilmente de alcanzarla estirándose desde los suelos.

– … volar.

El frío es insoportable. Ella puede ver el dintel de la salida, a varios metros de distancia, coronado de varias fisuras que alimentan a un cristal gélido, el cual emerge sellando su futuro escape. Y el largo camino que dejó atrás, esta sellado por las creaciones fantásticas del congelante, fuertes y castillos brillantes como gemas heladas.

– La realidad se congela. – menciona Ranchi al encoger las piernas y abrazar las rodillas en el aire, jurando percibir como la energía de la vida se consume. – Hay silencio, todo se vuelve estático…. ¿Chicos?

Ranchi ve las extremidades de Thunder anormalmente rígidas, al tratar de alcanzar algo de su cinturón. Alex definitivamente no se mueve. La chica sabe que se están congelando en vida.

– ¡NO!

Un plan descabellado se le ocurre de inmediato. Va a liberar cuatro granadas del armamento de Thunder. Son las granadas de alto poder que fueron usadas para esterilizar un nivel y freír un cubil atestado de parásitos caníbales. Aunque en esa ocasión solo fueron necesarias dos.

<< Espero que con esto baste. >>

Arranca los seguros, permaneciendo al lado de sus compañeros, con los ojos cerrados y las granadas en sus manos. La explosión no tarda en bañarlos y acogerlos, guerreando contra el gel, llevando calor y energía a los recién adquiridos dominios del frío inmóvil. El fuego destruye sus construcciones y lo hace debilitarse y retroceder, transformado montañas de hielo en mareas incontenibles, las cuales se vaporizan casi al instante. Aun así, el poder del gel todavía es capaz de absorber una onda expansiva abrasadora y volverla una ventisca caliente, haciendo que la masa de vapor lance a Ranchi contra la pared y derrumba a los hombres de sus posiciones, dejándolos caer al charco de gel disuelto, rígidos y silenciosos. La joven toma de los brazos a sus amigos y jala de ellos, al ponerse de nuevo el equipaje a los hombros, mas por costumbre que por necesidad, y los arrastra hacia la salida lo más rápido posible, ahora que el sello congelado se ha disuelto, tratando de alejarse del sitio, antes de que el gel recupere su función.

– Vamos, vamos, ¿Por qué no despiertan?

Dejó atrás el primer gran peldaño de una escalera y varios pasos más de descenso. El vapor comienza a ganar densidad, asentándose en el piso y volviéndose liquido de nuevo. El hipercongelante se condensaba otra vez, formando gotas, charcas y  mareas que perseguían a Ranchi por las escaleras interminables, cayendo detrás de ella, como pequeñas cascadas. Ranchi se detiene a la mitad del camino, en un espacio lo suficientemente amplio para tener a sus compañeros acostados. Golpea el pecho de Alex y lo siente como una placa de concreto. Se arrodilla entre ellos y hace un vano intento por encontrar algo de vida en esos cuerpos.

– No…

Llora. Llora con desesperación y angustia, sintiendo la tibieza de sus solloza caer por su rostro. Sin embargo, no son lágrimas las que nacen de los ojos tristes de la chica. Es fuego. Fuego azul.

– ¡Argg! – Grita aterrorizada – ¿Desde cuando puedo hacer esto?

Ranchi da un respingo al verse cubierta de flamas, la cuales recorren sus brazos y alcanzan a sus compañeros congelados. Ella ve al fuego alimentarse del frío, mientras escucha las voces que tiene adentro de su cabeza.

<< La furia de nuestra justicia negada. >>

<< Está en ti. >>

<< Nunca se apaga. >>

Ella percibe la alas de la llamas revolotear y evaporarse en el ambiente. Al partir, arrancan el frío, devorando al hielo, destruye al enemigo sin dejar nada a cambio. No es el fuego espectral quien alimenta al calor que brota de los cuerpos reanimados, sino la vida atrapada en ellos, liberándose e incitando los latidos de ese par de corazones.

<< Nunca se apaga. >>

Thunder da unas violentas sacudidas al volver en sí, botando escarcha por doquier. Alex logra incorporarse más rápidamente, retirándose la máscara para toser y expulsar fragmentos de hielo por la boca. Ranchi permanecía aún de rodillas entre los dos, observando las últimas flamas celestes desvanecerse entre sus manos abiertas.

– ¡Maldita sea! – farfullaba Thunder – ¡Lo voy a matar! ¡No, eso es poco! ¡Lo voy a castigar por cincuenta años, lo voy a torturar por otros cincuenta y después voy a matarlo! ¡Le daré una paliza legendaria! – un acceso de tos interrumpió su retahíla – ¡Carajo!

La estructura vibra intensamente. Frente a ellos, se encuentra el conjunto de escaleras que el pequeño acaba de recorrer.

– Vámonos – dice Alex- Derek intentará activar el reactor de fisión astral, y dada las condiciones de la infraestructura, no será menos que una catástrofe.

Logran ponerse en movimiento y calentar sus músculos. Ranchi está más nerviosa que cansada y es ella quien va ahora a la cabeza. Alcanzan el vestíbulo de la entrada al reactor uno de antimateria. Luz se escapa por los bordes de la compuerta. Está semiabierta, y es solo cuestión de empujarla. Thunder reacomoda sus gigantescas escopetas en la espalda.

– Con un demonio. Acabemos con esto.