Grilleta (parte VII)

continúa…

Nave Madre Deathbird. A un poco más de 800,000 km del sistema planetario Grilleta.

– Hace cinco minutos que no parpadeas.

El niño se frotó los ardorosos ojos apenas suelta el control del videojuego. Justificándose, respondió.

– Estaba aburrido.

– Tómate una siesta.

– Ranchi, el capitán me dijo que permaneciera todo el tiempo vigilando el estado del SIBS. La más leve desalineación va a arruinar todo el trabajo.

Una alerta se escuchó por los altavoces, a la vez que un mensaje apareció en las pantallas. Derek se abocó a las computadoras de inmediato, dejando a Ranchi limpiar el desorden alrededor, mientras observaba la actividad de su genio hermano.

– Debo correr un programa espejo bidireccional, además de infiltrarme en el sistema de comunicaciones, y también colocar al satélite con exactitud para que tanto las señales de entrada como las de salida nos lleguen a nosotros.

Mediante proyecciones tridimensionales, y las imágenes transmitidas por las microcámaras del SIBS, Derek alimentaba sus elaboradas ecuaciones mentales para deducir la posición correcta de la antena. Tomó de nuevo el control de su videojuego, esta vez para manejar los mecanismos de estabilización y propulsión del satélite.

– ¡Derek! ¿Usarás ese trasto?

Derek le dio una mirada suspicaz.

– Tiene las funciones suficientes.

– Pero es el control abollado, soldado y reparado con cinta de un videojuego pasado de moda.

– Trata de finalizar una misión de “Vortex de la Ruina” y me dices si consigues desarrollar la suficiente destreza cinética de coordinación ojo-corteza frontal-manos para manejar absolutamente todas las armas, y poder pasar por las puertas sin chocar con las esquinas. Entre eso y esto – puntualizó el niño al alzar su control, para hacerlo notar – no hay mucha diferencia.

Ranchi refunfuñó y decidió apurarse a levantar latas de cerveza y empaques de comida viejos. Solo volteó de nuevo cuando la computadora principal dio este mensaje.

“Despliegue de antena completo”

Posteriormente, Derek dio un sonoro bostezo y trató de acomodarse en el sillón como un gato.

– No, no, no – dijo Ranchi al ir hacia él y enderezarlo – Espera, traeré unas bolsas para dormir, comida y el saco de botas apestosas de Thunder.

– ¿También podrías agregar las cerraduras electrónicas pendientes?

– Ni se te ocurra decirme que…

– Si te digo, te vas a enojar, así que mejor no digo nada.

– ¡Derek! ¡Son más de veinte cerraduras!

El niño sonrió, mientras su demente hermana gritaba y sacudía los brazos.

– ¡Aun tengo que soldarlas! ¡Apúrate!

– ¿Me traes papas fritas?

– ¡De ninguna forma! – respondió al abrir uno de sus portales y perderse en él – ¡Vegetales!

Derek se estiró en el sillón, decidiendo que, mientras esperaba a Ranchi, encendería el monitor más grande del puente de navegación para ver su serie favorita de caricaturas.

 

Bajo la fría oscuridad de Grilleta, treinta minutos acabado el ocaso…

En su oído derecho, la voz digital de su microcomputadora susurró:

“Cámaras exteriores del complejo penitenciario desactivado. Sensores de vigilancia desactivados”

<< Thunder >>

<< ¿Qué cosa? >>

<< Alcanzamos tu punto de inserción en cincuenta segundos >>

El planeta carecía de lunas para alumbrar la noche. El Apokalipsis emitía un ruido semejante al respirar al viento,  mientras flotaba bajo la nave reclusorio Gamma, la cuarta del complejo Grilleta. Anclado de pie, sujeto a sus cadenas, Thunder  no tardó en localizar un ducto de ventilación.

<< Un poco más arriba… con eso  >>

A golpes de su arma, el endeble metal cedió, permitiendo a Thunder iniciar su parte del plan. No se despojó de ninguna parte de su equipo, abandonando únicamente las cadenas sobre la nave de Alex.

<< Voy para las celdas >>

<< Entendido >>

El pájaro silencioso dejó a su invitado, rodeando el resto de los módulos carcelarios. Al hacerlo, y utilizando proyectiles adhesivos, implantó cargas explosivas comandadas a distancia, justo en la cara inferior de las naves cárcel, cerca de la entrada de los ductos de combustible y suministros de supervivencia. Sin distracción, descendió al Apokalipsis al nivel de las plantas productoras de agua y oxígeno. Alex observó a través de la ventanilla del inmenso pico, excavado en sus raíces, oscura e incierta, confiada en sus sistemas de defensa automáticos y en el infalible hecho de que nadie se atrevería a escalar sobre navajas de cristal de roca. Alex se colocó la media máscara con ceremonia. Al retroceder la cubierta de la cabina, las cadenas de Thunder resbalaron. Alex las tomó antes de caer, y sin intención, observa las artesanías de Ranchi.

<< Intentémoslo >>

Con los ojos valorando el objetivo, ocupó sus manos con una cuchilla láser que corta las cadenas al tamaño correcto. Mientras se las enrollaba, una en cada brazo, decidió el siguiente movimiento. Cierra la cabina del Apokalipsis con un comando de voz, al saltar ágilmente, en dirección a la antecámara de su misión, pensando que, si las circunstancias se apegan a lo planeado, el asunto bien podría ponerse divertido.

 

Cuarto cartucho. Un oficio como cualquier otro.

Una secuencia de números al azar, obtenidos al tirar un par de dados, era la base para las contraseñas producidas por el niño. El primer control, es decir, la segunda parte de la contraseña, sería la sumatoria de dichos números. El segundo control, aquel que efectivamente abriría la cerradura, consistía en ingresar la clave original pulsando primero los pares y luego los nones, en orden descendente, completando así las tres secuencias, las cuales deberán ser ingresadas en menos de treinta y seis segundos, de lo contrario, el sistema se reiniciaría, pidiendo ahora claves completamente distintas. Por si acaso, si todo lo anterior resultase demasiado fácil, o Ranchi soldara incorrectamente la cerradura al marco de la puerta, ella colocará una pesada viga a manera de traba, solo removible con su fuerza espectral.

<< Voy a terminar con esto antes de pedirle a Ranchi de comer >> pensó Derek << Así le dará más tiempo de ponerlos >>

Una parte del cerebro del pequeño estaba ocupado en desmantelar cuidadosamente el procesador y encriptador numérico. Otra, generaba el primer y segundo control de la contraseña, después de tirar los dados. Una más, recordaba los días en el agrio hogar familiar. Conocía perfectamente las ocupaciones de un diplomático, un sociólogo, un físico, un agrimensor, asesor financiero, e incontables profesiones más. Pero nunca jamás se imaginó a si mismo como cazarrecompensas. Visualizó a sus mayores ejerciendo su trabajo, quienes decían que para ellos, eso era un oficio como cualquier otro.

<< Quiero verlos >>

Derek atornilla un casi microscópico proyector láser a un cubo hecho de circuitos.

<<  Deber ser increíble. ¡Emociones fuertes! >>

Sobre las plantas de producción de suministros, no hace más de cinco minutos.

Justo antes de perder la señal, las cámaras registraron un tintineante borrón. La puerta principal se abrió totalmente. Un somnoliento guardia trata de reaccionar, al percibir algo, o a alguien, introducirse rápida y furtivamente. Pero, antes de moverse más de tres pasos, es interceptado por un duro golpe invisible. Quiso gritar, antes de que su cuello se despedazara sin tardanza entre dos giros de eslabones trenzados.

– ¡Hey! – gritaron desde la sala de controles, al fondo, justo al final del pasillo. – ¿Aún estas despierto?

El primero de los tres guardias apostados abre la puerta e inspecciona visualmente los alrededores. En el pasillo no hay nadie, y hasta allá, el vestíbulo de guardia tenía una luz encendida. No se alcanzaba a distinguir la silueta de su compañero. Decidió no ir a buscarlo, y al tratar de cerrar de nuevo la entrada, notó algo extraño.

– Idiota, deja de jugar.

– No estoy jugando.

– ¿Entonces porque rayos no dejas esa puerta de una maldita vez?

– ¡Esta basura esta trabada! ¡Como si alguien…!

Su cabeza se impulsó hacia atrás, mientras una herida aparecía y manchaba de sangre el piso y la pared. El par restante se asfixió en pánico, incapaces de ver qué degolló a su compañero.  Esa era la intención.

– ¡IDENTIFÍQUESE!

– ¡Da la alarma!

El guardia se volteó para encender el intercomunicador. Recibió un golpe en la nuca, hacíendolo desvanecerse, derribar y poner de rodillas.

– ¡Levántate!

– ¡Eso… eso…!

El rostro giró 180° grados. Las vértebras le estallaron.

– ¡Dios! ¡Dios! ¡Carajo!

El último mantenía el arma en alto, apuntado por doquier. Retrocedió torpemente, hasta sentir el choque contra una persona que no estaba allí. Giró violentamente y disparó, sin descubrir al enemigo.

– ¡Vamos gallina! ¡Enséñame tu fea cara!

Una punzada hirviente se clavó entre sus costillas, reventando su corazón, y ascendió, en el mismo movimiento, hasta la clavícula, partiendo en dos el hombro. El atacante se dibujó en el aire, al apagarse el filo de energía calorífica.

– Debió haber sido más difícil.

Alex no tardó en alterar los controles de las bombas, redirigiendo los flujos de producción al módulo carcelario Delta, después de poner al máximo las plantas generadoras, en especial las de oxígeno y combustible.

<< Tienen que estar al tope >>

Colocó varios explosivos compactos traídos en su equipo personal, distribuyéndolo por toda el área de controles.

<< Lo encantador de un generador de oxígeno es la facilidad para hacerlo estallar >>

Solamente al considerar las cosas en orden, da un toque final. Dedica un poco de interés al botón  de emergencia sobre una de las paredes. Rompió la cubierta protectora.

<< Pongámoslos en movimiento >>

Las estridentes bocinas sacuden el aire con alarmas y luces rojas intermitentes. Para Alex, no es difícil alterar la computadora, extendiendo la señal de peligro a todo el complejo carcelario, provocando que los guardias tomen medidas de evacuación.

<< Fase uno, completa >>

De vuelta al Apokalipsis, Alex lo usa como elevador para llegar al casco inferior de la nave barracas. Ubicándose bajo el enlace receptor, donde el cordón umbilical que mantenía a la nave atada a tierra desembocaba en las cisternas de almacenamiento, abrió su camino, con algo de esfuerzo y una navaja láser, hacia el interior. A pesar de exponerse a la noche de Grilleta, congelante y hostil, su traje lo protegía totalmente.

<< El detonador está calibrado en veinte minutos. Suficiente para dejar listo el módulo Delta >>

Sumergiéndose sin duda en los ductos enmarañados, inició su infiltración en la nave barracas.

<< La fase dos deberá ser un buen reto, de lo contrario, todo el viaje habrá sido un despilfarro >>

Arriba, en el puente, los operarios enloquecieron ante la señal de alarma generalizada.

– ¿Quién fue la bestia que dio la alerta? ¿Eh? – gritó el supervisor en turno, ante la ausencia del alcaide – ¡Ubiquen el origen de la alarma! ¡Aun no doy autorización completa para las evacuaciones! ¡Que no dejen sus puestos!

– Señor, el origen se ubica en las plantas productoras. Están al tope de funcionamiento. Eso debió disparar la alerta.

– Comunícame de inmediato con los guardias en turno.

– Lo he intentado cuatro veces, señor. _

Otro operario interrumpe

– Señor, una nave se esta sobrecargando, probablemente los flujos estén desviados.

– ¿Cuál nave?

Alex levantó la muñeca para ver mejor su complejo reloj.

<< Veinte minutos exactos >>

La roca se resquebraja ante el bramido de la colosal explosión, destrozando el pico al que la nave barracas se anclaba. Las plantas generadoras se desintegraron entre fuego y astillas pétreas, y es cuestión de segundos para que las llamas asciendan por las mangueras y acaben con el complejo carcelario sin obstáculos.

– ¡Rompan las uniones! ¡Corten el enlace con la superficie!

La nave se sacudió ligeramente, al separarse del pico derrumbándose. Libre ya, dejó caer trozos de tubería ardiendo al sellar el casco inferior. El supervisor tenía la boca seca y pastosa. A pesar de mantener la templanza, en él germinaba la pequeña semilla de la desesperación.

-iniciaremos protocolo de desastre. Todos los presos a sus celdas, reúnan aquí a los guardias y solo mantengan grupos de cinco en cada modulo. – agregó alzando la voz amenazadoramente – ¡Necesito un informe para el alcalde Hiroyuki y lo necesito ahora!.

El traje fantasma terran le permitía ser invisible, además que su sistema espía lo hacía capaz de captar todas las transmisiones de datos en la zona. Apartado entre las cisternas de redistribución y la  ventilación a las turbinas propulsoras, Alex conversaba con su camarada.

<<Necesito escuchar que no estás retrasado>>

<<No estoy retrasado>>

<<Suena difícil de creer>>

<<Solo te digo lo que quieres oír. Cuando me indiques luz verde. Quiero saber cómo anda el nido de hormigas>>

<<Agitado>>

<<Demonios, problemas>>

<<Explícate>>

<<Luz verde>>

continuará…

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Grilleta (parte VI)

(continúa…)

Thunder estaba ya casi listo para partir, sentado en su silla de piloto con los cinturones, accionando interruptores y moviendo controles. Justo antes de colocar los motores al máximo de su potencia, un portal al mundo negativo se abre por sobre su cabeza y de él caen dos paquetes de su cerveza habitual.
– Esto era – dijo él, mientras los ponía a resguardo bajo su asiento – Ahora si ya no falta nada.

Las turbinas temblaron. El par de naves se eleva rápidamente del piso, y, en sincronía, salieron del interior del Deathbird, tomando sin demora, dirección a Grilleta.

Tercer cartucho. Sobre las espinas de roca.
La atmósfera era pobre en oxígeno, rica en gases a base de carbono y azufre. No existía agua en la corteza terrestre, ni en los estratos inferiores, por lo que la vida nativa no existía. Su superficie era única, pues no había terreno plano en todo el planeta. Montañas, picos, crestas, cordilleras, precipicios, corrían, chocaban y se separaban sin descanso, y entre las construcciones geológicas, alzándose entre ellas, habían afiladas lanzas pétreas, arañando las alturas o disparándose de los abismos, congregadas en espacios estrechos u ocupando interminables kilómetros, donde el sol de ese mundo se sacrificaba al atardecer en un lecho de clavos. Grilleta semejaba así la punzante piel de un erizo, un grisáceo cacto, repleto de espinas de roca.

Por ser el planeta más alejado de un sistema de cuatro elementos, sus temperaturas globales no tenían picos demasiado abruptos. Esto, y la presencia de gravedad aceptable, fueron los únicos puntos a favor que le permitieron ser seudocolonizable. Sin embargo, permanecía siendo un terreno agreste, hostil y solitario, castigo idóneo para criminales empedernidos, apartados de toda comprensión o piedad de los sistemas vecinos. Ahora bien, ¿Cómo era vivir en Grilleta? Eso depende. Si eras preso, es pésima. O muy buena, si eras guardia.

Si eras preso, eras golpeado, torturado y humillado sin motivo. Si eres guardia, puedes golpear, torturar o humillar a quien se te antoje. Confinado en celdas minúsculas, los reos vivían apiñados, comiendo alimentos descompuestos y agua sucia, con solo unos minutos de ejercicio y luz solar al día, encadenados en grupo. Los guardias contaban con ciertos privilegios, como camas individuales, víveres frescos, licor y mucho dinero por sobornos, ganado por poco trabajo y muchas amenazas. Dos tipos de vida que pronto acabarían, dado los futuros acontecimientos.

El Sistema Bactriana, aquel de donde provenían gran parte de los reos recluidos en Grilleta, trababa serias negociaciones para firmar el Tratado Tallgeese. Sus tres sistemas aliados, Antinea, Sumeria y Asöka, apoyaban firmemente a Bactriana, uniéndose a las negociaciones. Apenas se pusiesen bajo la tutela del Tratado, el programa Justicia entraría en vigor, volviendo a Grilleta obsoleta. En previsión de eso, la Cárcel Productiva Estigyus ya viajaba con rumbo a Grilleta, esperando tan solo la firma del Tratado para iniciar la asimilación de todos los presos. La CIJ (Comisión Impatidora de Justicia) investigaría concienzudamente al personal carcelario, y hallaría que los guardias eran tan o más criminales que los reos. Compartirían entonces sentencia y castigo, en ese entonces, ambas caras de la moneda, serían iguales y sufrirían las mismas terroríficas condiciones.

El complejo penitenciario del planeta Grilleta consistía en una serie de naves ancladas en los picos rocosos, manteniéndose suspendidas sobre la inhabitable superficie, enlazados entre sí mediante conductos, uno, sujeto en su parte inferior, que les suministraba combustible y medios de supervivencia para reos y guardias. Otro, más amplio, servía como transporte de personal entre las naves, con cerraduras tanto de entrada como de salida, existiendo uno en extremos opuestos de la nave. El tránsito entre la nave barracas y los módulos carcelarios era realizado a través de un tercer conducto, idéntico al anterior. El área de recepción de personal poseía así una sola entrada, siento que el conducto se bifurcaba un poco más adelante, con una rama al módulo carcelario vecino, y otra, más larga, a la nave barracas, en el centro de la circunferencia de naves, y por lo tanto, del complejo.

Las naves periféricas, cuatro en este caso, podían ser piloteadas independientemente, si los enlaces se soltasen, moviéndose así libremente a través del planeta, tanto tiempo como durasen los suministros vitales. Estos suministros surgían únicamente de la nave más grande del complejo, la nave barracas, anclado firmemente a tierra y a las plantas productoras. La nave barracas era el centro de vigilancia y alojamiento de guardias, personal científico y administrativo. Ahí se regulaba el agua, oxígeno y combustible a cada cárcel, además de la producción de las fábricas químicas, única fuente de manutención en todo el planeta. Las fábricas yacían enclavadas en uno de los picos más altos de Grilleta, en la porción más gruesa, protegidas de temperaturas extremas y vientos violentos. Una red de tuberías, cuyas tomas eran gran parte del ancla de la nave barracas, llevaba los suministros a las cisternas de la nave, la cual decidiría a donde y cuando los bombearía de nuevo.

Complejo Carcelario Grilleta. Nave barracas y centro de control y vigilancia. Al ocaso.

El alcaide permanecía sentado a la mesa, sin tocar su cena. La miraba fijamente, sosteniendo la mandíbula con el dorso de los dedos. La sopa se enfriaba y la carne se endurecía, pero él continuaba absorto en sus pensamientos. Estaba arruinado. Junto con todos los demás.

– Malditos samas.

En un arranque, empezó a comer rápidamente. Al masticar, venía a su memoria el cómo trató de acercarse a los representantes confederados de la CIJ, llegados a Bactriana para iniciar el traspaso de poderes. Hizo alarde de ser el alcaide de Grilleta mejor posicionado a la fecha, pero fue inútil. El sistema penitenciario como tal sería desmantelado, Grilleta desaparecería, y él sería reasignado en la CIJ, solo si tenía un currículum aceptable, un historial limpio y demasiada suerte. Tenía vívido el perfecto rostro azul de Balder, un investigador sama de la CIJ, y todavía sentía un aguijonazo de rabia al recordar la respuesta obtenida al preguntarle si existía alguna remota posibilidad de mantener su puesto y beneficios:

“Existir significa cambiar. Vea esta circunstancia como una readaptación de su carrera – sonrió con su alegría juvenil y esos ojos ambarinos – Un renacimiento.”

Aún no era totalmente oficial, cierto. Bactriana podría negarse a firmar el tratado Tallgeese y dar marcha atrás. Pero esperar eso sería estúpido. La ceremonia para la firma ocurriría en días. Hubo reacciones negativas, como siempre las hay, pero fueron aplastadas por la inmensa mayoría que por todos los medios posibles hacían llegar petición de anexión de los cuatro sistemas a la Confederación. Los policías y detectives de la CIJ estaban ya investigando nexos y redes criminales, y no tardarían en descubrir las raíces de corrupción que mantenían a Grilleta saludable y vigorosa. Comprobó, con enojo, en su última visita a Antinea, que los samas son incorruptibles. Sencillamente, porque no eran humanos. Entonces, ¿Cómo encubrir los desfalcos, los fraudes, las estafas? ¿Habría manera?

– Siempre hay una manera. – dijo el alcaide a su vaso de nihonshu vacío. – Siempre la hay.

Era la hora de la inspección. Bajo la máscara de la rutina, el alcaide Hiku Hiroyuki ocultaba sus tribulaciones internas. En el cuarto principal, como todos los días, se dirigió a uno de los operadores del control maestro.
– Escucho su reporte
– La producción de las plantas se encuentra a niveles intermedios, señor. Nuestras cisternas recolectoras están a un 60% de su capacidad.
– ¿Los módulos carcelarios?
– Bajo control. Sin reportes de altercados o incidentes a quince minutos de terminar con el cambio de guardias.

El alcaide Hiroyuki revisó las cámaras de seguridad, caminando lentamente por la colección de monitores. Las celdas lucían cerradas y a oscuras. Podía verse el escaso movimiento en su interior, de los hombres intentando dormir.
– ¿Alguna señal proveniente de los sensores externos?
– Una pequeña lluvia de meteoritos, en el polo opuesto.

Dando una cabezada de conformidad, el alcaide Hiroyuki se retiró nuevamente a su oficina. De su mente aún no se esfumaban los samas y la Confederación. Contrariamente, se agregó una idea nueva.
<< El plan es absurdo. No confío en él. Pero actualmente no confío en nada ni nadie, así que da lo mismo. El cuento ese de la confesión…>>
Tomó asiento detrás de su escritorio. Clavó sus ojos en la pantalla de su computadora.
<< Probablemente no sirva de nada. Probablemente nos condenen. >>
Abrió los cajones automáticamente, sin buscar nada en especial. Dio con una botella de awamori y se sirvió un vaso.
<< Solo yo y ese patán debemos saberlo, sin testigos o soplones. Por mí, no hay problema, y él es una rata egoísta, que solo desea salvar su propio pellejo, así que no incluirá a nadie más. Pero permanezco receloso. ¿Quién sería lo bastante estúpido para aceptar? Aunque… >>
Bebió un trago. Miró de nuevo su pantalla. Los perímetros estaban asegurados. Los guardias en sus posiciones, los sensores de actividad cercanos permanecían silenciosos. Grilleta era impenetrable, segura en sus fortificaciones, soportando el caer de la noche sobre los cielos. El alcaide Hiroyuki dio un suspiro.
<< … siempre hay una manera. Siempre la hay. >>

Una hora posterior a la llegada de la negritud nocturna…

Dos naves se acercaban a Grilleta. Disminuyeron su velocidad.

<< Libera al SIBS >>

En órbita alta, una de ellas abre su compuerta de carga y trata de expulsar algo al espacio. Segundos después, a pesar de que nada ha salido, vuelve a cerrarse.

<< Cuidadosamente >>

<< ¡Lo estoy haciendo con toda la maldita delicadeza que tengo, carajo! >>

Thunder se balancea con los brazos en un segmento de tubería de gas, mientras da de coces con ambas piernas al carrito donde el SIBS está empotrado. Las pequeñas llantas se han atascado en los rieles y no avanzan hacia la salida.

<< ¿Lo estás golpeando para hacerlo funcionar? >>

<< Claro que no >>

Tomando impulso en el aire, da una magnífica patada que hace saltar al carrito, sacudir al SIBS y moverlo hacia adelante, evitando el bache en los rieles, al tiempo en que milagrosamente libera las ruedas.

<< ¿Lo estás pateando? >>

<< ¿Por qué preguntas algo que ya sabes? >>

Solo se necesitó un empujón más para ponerlo en camino, y Thunder corrió a cerrar la compuerta de seguridad, y abrir la exterior, cerciorándose por la escotilla de que el satélite desechara sus cubiertas plásticas, abriéndose así como una estrella de mar con membranas entre sus extremidades.

<< Ya está >>

<< Derek, inicia operaciones >>

<< A la orden, capitán >>

Desde el Deathbird, convenientemente estático fuera del alcance radial, activó los programas. Mediante control remoto, alineó emisores y receptores. Hizo un rápido diagnóstico de los generadores de frecuencia.

<< Sistema en línea. Mandando las señales de bloqueo. El radar orbitario estará inutilizado a partir de… ahora >>

<< Entendido >>

<< ¿Y yo que hago? >>

<< Salir de la línea, Ranchi >>

<< ¡Y ponerte a lustrar mis botas! >>

Un par de luceros rompieron la formación de constelaciones astrales. Alcanzaron la grieta más voraz de la tierra  y se detuvieron allí, fuera de vista. Solo una, la más grande, ascendió tímidamente, aventurándose sobre el valle de agujas. Con los motores en marcha mínima, su ocupante se alista para la acción.

<< A tu señal >>

<< Iniciaré el modo fantasma >>

Thunder utilizaba unos guantes de material aislante y provistos de sensores que le llegaban hasta el codo. Traía puesto un pesado casco con filtros atmosféricos y sistema de comunicación con recolección de datos, conectado por medio de mangueras a los tanques de aire que lleva a sus espaldas. Primero ajustó su chaleco blindado, antes de abrir la escotilla superior y exponer su espalda a la atmósfera de este mundo.

– ¡Con un carajo! Si que hace un endemoniado frío

Justo por encima de su cabeza, una aeronave negra lo esperaba. Dos cadenas son lanzadas alrededor de ella, a manera de riendas. Al cerrarse la escotilla del #1, Thunder colgaba del Apokalipsis, sujetándose con brazos y piernas.

<< Elévate. Tomaré mi lugar >>

<< Enterado. En rumbo al complejo carcelario >>

Acrobáticamente, Thunder se colocó sobre la sofisticada nave de Alex, boca abajo, como si montase un animal enorme. Usando las cadenas, logró mantenerse firme, aún cuando implacables ráfagas heladas lo azotaban con energía para derribarlo. Una de las características de Thunder es sobrevivir en situaciones en las que nadie esperaría hacerlo.

(continuará…)

Grilleta (parte V)

(continúa…)

El niño sujetó la lata con emoción.
– Pon el número uno. Porque esta es la primera nave que armo con ustedes dos.
Ranchi elevó a su hermano de los hombros para que pudiese pintar fácilmente y lo más vistoso posible el signo # y el numero 1. Al terminar, observaron juntos el resultado, agotados y regocijados, hasta que el pequeño le dijo a su hermana mayor:
– Ranchi
– ¿Si, Derek?
– Tengo sed
Y Thunder dijo entonces¬:
– Yo también.

Cinco días más tarde. Armería norte, sección de explosivos.
La tripulación se fue involucrando en los preparativos de la misión. Derek trabajaba intensamente en el satélite, solicitando la ayuda de quien estuviese disponible. Fragmento a fragmento, el SIBS recuperaba su utilidad, faltando solo un par de detalles para iniciar las sesiones de prueba, tan esperadas para Alex. Ranchi también tenía mucho trabajo, pues debía asistir a los demás, aparte de mantenerlos alimentados y vestidos. En su tiempo libre, se dedicaba a la recolección de pertrechos. Alex y Thunder, ser mantenía enfrascados en la planeación, manteniéndose fuera de vista, hasta hoy.
– Veamos, aquí se necesita un sello.
Derek estaba sentado frente al satélite de unos tres metros de alto por cuatro y medio de ancho, rodeado de paquetes con piezas, herramientas, dispositivos electrónicos, dos computadoras portátiles y un horno fundidor miniatura.
– Hay uno… -el niño buscaba entre las cajas de metal, hurgando entre los repuestos. – Estupendo. ¡Oh, no! ¡Es circular!
– ¿Cuál es el problema? – Ranchi trabaja cerca de ahí, apartando los contenedores vacíos y tratando de ordenar los llenos.
– El sello que necesito es cuadrado. – Derek levantó sobre sus hombros la pieza de caucho negra, con su diminuto orificio central, para que ella la viera. – Ayúdame. Solo esto y terminaré.
– De acuerdo.
Derek introdujo con mucho cuidado la pieza de caucho a la fundidora, solo lo suficiente para que ésta se reblandeciera. Y reblandecer es un decir, porque, a falta de prensa industrial, Ranchi utilizó su fuerza aumentada para moldearla, protegiendo sus manos con guantes aislantes. Por como fruncía el ceño y sudaba su frente, era seguro que usaba gran parte de su poder.
– Ese borde más recto, Ranchi.
– Ajá.
– En ángulo de 90°, las aristas…
– Ajá
– No tan curvo en…
– ¡Se la diferencia entre un círculo y un cuadrado, Derek!
Después de muchos esfuerzos, metió la pieza en un balde de congelante, haciendo que recuperara la dureza. Apenas lo secó y atemperó, cayó en las manos del niño. El sello se introdujo sin problemas en la varilla que lo sostenía en su sitio.
– ¡Perfecto! Le haré unas pruebas de funcionamiento y luego, ¿quieres pintarlo conmigo?
– ¿Pintarlo?
– De aislante. Después usaré un aerosol protector.
– Será divertido. – dijo Ranchi sacudiéndose las manos. – Como si fuese un proyecto de ciencias.
– Uno que realmente valga la pena – recalcó Derek, contento y concentrado en sus computadoras y lectores. – Hey, ¿Qué están haciendo el capitán y el señor Thunder? Lucen ocupados.
– Es verdad. – respondió ella, mientras agitaba un bote de pintura – Preparado las maletas.
Las voces de Alex y Thunder rondaban cerca. Alex empujaba una carretilla, mientras Thunder ponía cosas en ellas. Explosivos, para ser más exactos. Podía escucharse el abrir y cerrar de contenedores, acompañando su conversación.
– ¿Microfisión? – preguntaba Thunder
– Muy potente – respondía Alex.
– ¿Químicas a base de daxtrón?
– Nubes tóxicas.
– ¿A base de 6-7 deshidroxipirenio?
– Asfixiantes
– ¿Incendiarias?
– Problemáticas
– ¿Pulsos G dirigidos?
– Inútiles en esta ocasión.
– Carajo, eres muy exigente, supersoldado ¿Trinitolueno?
– Podría ser.
– ¿Fragmentación o metralla simple?
Ranchi y Derek estaban ya dándole brochazos al SIBS, volviéndolo de un uniforme color gris nacarado, cuando los dos hombres llegaron a unos pasos en su búsqueda de armas. Alex vio el trabajo casi finalizado con interés.
– ¿Realizaste las comprobaciones, Derek?
– Tres veces. Ninguna falla.
– Es imprescindible no dejar ningún detalle sin revisar. Lo último que deseamos es que la Confederación nos pille. – dijo Alex al darles la espalda y volverse a concentrar en su colección de bombas y granadas. Thunder comentó, al sacer una nueva caja de cartuchos de escopeta:
– Por el bien de nosotros ese nuevo juguete debe funcionar, si no, vamos a estar más jodidos que los pobres diablos encerrados en Grilleta.
– Parece que a ustedes – dijo Derek, inocentemente – lo único que les asusta es la Confederación de Sistemas.
Al unísono, Thunder y Alex voltearon sus cabezas y gritaron:
– ¡NO!
Derek palideció y Ranchi abrió la boca de asombro. Los hombres, con un tono de voz mas bajo, corrigieron y ampliaron su respuesta.
– No es miedo – dijo Thunder – Es…
– Respeto – dijo Alex
– Consideración
– Cautela
– Precaución
– Prevención
Y finalizaron los dos, enfatizando la oración.
– ¡Pero de ninguna manera le tememos a la Confederación!
Ranchi y Derek se miraron, mientras ellos volvían a lo suyo. La chica le dijo a su hermanito, con voz queda:
– ¿Qué te parece si continuamos trabajando calladitos y sin movernos más de lo necesario, hasta que ellos terminen de irse?
Derek susurró, haciendo bocina con la mano izquierda:
– Buena idea.

Dos días después. Sala de juntas con mesa holográfica.
Antes, la sala holográfica era una ruina. Con la llegada de los hermanos, la situación mejoró. Limpiada y arreglada, era un sitio atractivo para sentarse y ponerse a discutir.
– Sigue sin gustarme tu idea. Tu nueva, en sentido figurado, nave #1, no va a resistir el viaje de ida y regreso. Y no pienso permitir que acerques esa porquería a la cárcel.
– Dame una buena razón
– Los guardias la verían de inmediato.
– Recuerda que yo seré quien saque a esos setenta malnacidos. De acuerdo, dirigiré la caída de un módulo carcelario y lograré que esos patanes hagan una proeza para subir al #1, mientras uno se cae y el otro flota al margen del radar. Pero, antes de que lleguemos a eso, ¿Cómo diantres llegaré a la cárcel si tú viajas en el Apokalipsis y yo dejo al #1 anclado en la base de los riscos?
Alex apoyó la barbilla en el ángulo formado por los pulgares y los índices de ambas manos juntas.
– Dos cambios. Habrás de chocar el módulo carcelario muy cerca del #1. Y para llegar a tu punto de inserción, tendré que llevarte yo. Usarás el equipo de…
Ranchi y Derek entraron a la sala, lentamente, pues era obvio que interrumpían la conversación. Pero a Alex parecía no afectarle, y Thunder tenía más interés en hablar con los chicos.
– Tomen asiento – dijo Alex
– Continúen – dijo Derek
– Está bien –dijo Thunder – ya entendí el punto de Alex y me parece bien. Tenemos cosas que discutir con ustedes.
– Ranchi – inició Alex. Ella dio un respingo disimulado – Estoy cerca de decir la verdad si afirmo que estás al tanto de nuestra misión.
– Ignoro los detalles – respondió la chica – pero, por lo que oí, en general, se trata de rescatar a unos presos.
– Ayudar a unos presos a fugarse, exactamente. Actividad altamente ilegal según los códigos de la Confederación. Por tal motivo, deberemos ser rápidos y efectivos, sin dejar ningún tipo de pista que nos relacione con el trabajo.
– ¡Entendido! – afirmó Ranchi enérgicamente – ¿Cuál será mi parte?
– Quedarte en la nave a lustrar mis botas – dijo Thunder.
Ranchi aguantó el puñetazo en el aire – porque de lo contrario destrozaría la mesa recién ensamblada – y solo alcanzó a gritar
– ¡ES INJUSTO!
– ¡Mis botas necesitan ser lustradas! – insistío Thunder – Además, debe alguien quedarse a vigilar a Derek.
– ¿Por qué yo?
– ¡Porque eres su hermana mayor!
– Regresemos al inicio de nuestra conversación – Alex intervino para enfriar los ánimos – Vamos a dejarlos en el Deathbird, a una distancia segura, para evitar ser reconocidos. Yo y Thunder viajaremos a Grilleta, haremos el trabajo en menos de doce horas y de inmediato volveremos con los reclusos. Ustedes deberán preparar la nave para su llegada.
– Porque de ninguna manera voy a permitir que una manada de imbéciles se pasee por mi nave como su fuese su maldita casa. – agregó Thunder – Prepararán su alojamiento.
Derek preguntó.
– ¿Con alojamiento te refieres a camas y comida?
– Con alojamiento me refiero a una bodega vacía donde encerrarlos y seguros electrónicos por todas partes. Eso te toca a ti. – aclaró Thunder.
Alex le pasó al niño una lista de sitios donde instalar cerraduras digitales, pero antes de que la tomase, Ranchi la interceptó en el camino, y exclamó, mientras la agitaba con la mano.
– Al diablo. Lo haré yo.
– ¿Segura?
– No permitiré que a Derek le toque el trabajo más laborioso. Lo haremos en equipo. El las programa y yo las soldaré a las puertas.
– Existe una tarea más – continuó Alex – Deberán vigilar al SIBS.
– Déjemelo a mí, capitán – dijo Derek – Habrá que mantenerlo alineado, depurar las líneas y vigilar las señales entrantes y salientes. Pan comido.
– Me alegra oírlo. Puedes retirarte, Derek, Ranchi ven conmigo.
El niño dejó su asiento alegremente y salió corriendo. Thunder, al ver partir a Alex y Ranchi, no resistió las ganas de añadir la última oración.
– ¡Todavía tienes que lustrar mis botas, niña demente!
El hombre y la joven caminaban rápidos por los pasillos de la nave, bajando escaleras y abriendo compuertas. El corazón de Ranchi no cesaba de dar vuelcos, pero por mala fortuna, a Alex le molestaba que ella actuase como una adolescente atolondrada. Así que Ranchi se esforzaba el doble por mantenerse enfocada, profesional y cuerda.
– Necesito que memorices la cabina del piloto de la nave chatarra de Thunder – dijo Alex cuando entraban a la bahía de naves, donde se le proporcionaban los últimos ajustes. – cada detalle, para que los tengas con exactitud en tu mente.
La puerta estaba abierta, por lo que entraron fácilmente a la #1, y, apartando las distracciones, llegaron a la estrecha cabina del piloto. Alex se puso a sus espaldas, mientras ella miraba con detenimiento cada peculiaridad del sitio. No tenía gran cosa, así que pudo capturar la imagen con claridad. Antes de que Ranchi hablara, Alex dijo:
– Tu poder de teleportación incluye todos los lugares que conoces ¿Qué distancia máxima abarca?
Ranchi se tomó un minuto para responder.
– Depende más de mi nivel de energía en ese momento. Cuando estoy descansada y concentrada, he logrado ir de extremo a extremo de la nave. Cuando no, bueno, me desmayo, aún en trechos cortos.
– Memoriza la cabina – repitió Alex – Eres el plan de escape.
Sin dejar oportunidad a más, Alex dejó a Ranchi sola, adentro del #1. Ella, apoyada sobre el respaldo de la silla del piloto, miraba su entorno con atención. Sus pensamientos burbujeaban.
<< Plan de escape. La nave de Thunder. Reos. Manada de imbéciles. La escoria condenada de un sistema. Thunder, encerrado con la escoria de un sistema. >>
Tronó los dedos al sonreír. Lo comprendió tan rápido que ni siquiera necesitó razonarlo.
<< Yo soy el plan de escape >>
Diez horas después. Hangar superior oeste.
Las naves estaban listas. En la #1 habían metido todo el equipo de Alex y Thunder pudiesen necesitar, como combustible, refacciones, municiones, explosivos y Derek acomodó de contrabando un botiquín armado de último minuto. Los compañeros de armas entraron al hangar con paso firme, encendiendo sus luces y abriendo las compuertas. Ahí, a un lado de sus vehículos, sentado sobre tres enormes y pesadas cajas, estaba Derek. A su lado, enrollando una cadena sobre un carrete metálico, estaba Ranchi. Thunder dijo, al verlos.
– No me digan que vinieron a despedirse
– Esto…- musitó Derek
– ¿A desearles suerte? – completó Ranchi
Alex vestía su traje fantasma terran de combate. Todavía no se colocaba su media máscara, pero usaba el resto del equipo, es decir, fusil de largo alcance, navajas ocultas y la tríada de googles coronando su cabeza. Thunder traía un par de pesadas botas, pantalones de mezclilla, camiseta y chaleco antibalas reglamentario. Del pecho y cinturón colgaban al menos treinta granadas.
– Enano – dijo Thunder – ven y échale un ojo al giroscopio y al generador compacto de gravedad. Han de tener unas piezas sueltas. – extendió los musculosos brazos. – Lánzate.
Derek acompañó a su fornido protector sobre sus hombros, mientras Alex y Ranchi quedaron a solas unos momentos. Ella preguntó:
– ¿Qué te parecen? – y le acercó una sección de cadena – Thunder me puso a hacerlas. Dice que me servirá como terapia ocupacional.
Alex reparó en el rollo de cadenas que Ranchi tenía preparado. Tomó un extremo suelto y lo examinó con cuidado. Dos eslabones unidos a otros dos, uniformes en grosor y tamaño, cosa de admirar, pues estaban forjados por los dedos de Ranchi. Estiró un segmento con fuerza y la cadena vibró.
– Metal reciclado – anotó ella – Hice varillas a base de golpes y calor. Luego corté segmentos y los anudé. Así de simple, como si fuesen de papel.
– De todas las personas con las que he trabajado – dijo él – nunca había conocido a alguien que hiciese cadenas con las manos desnudas.
Sus ojos se miraron mutuamente, a lo profundo, por un pequeño instante.
– ¡Ranchi! ¡Pásame mi arma y ocho metros de la cruzada doble! – gritó Thunder desde el interior de la nave.
La chica parpadeó y Alex giró en seco y fue directo hacia la suya. Ella preparó el bulto de cadenas y con el brazo libre, tomó la monumental escopeta de triple cañón de Thunder, equipada además para lanzar morteros. Una belleza de arma, tan explosiva como su dueño. Pero la llevaba del gatillo, y hasta Thunder advirtió lo peligroso que era.
¬- Fíjate en lo que haces. Trae acá. – apartándosela de la mano, continuó. – Por encima – señaló arriba del gatillo- hay un pequeño botón que tienen que accionar antes de disparar. Si no lo hacen…
Thunder acciona el arma apoyándose en los cañones, y, con un sonoro chasquido, una filosa y larga navaja, tan gruesa como el mango de la escopeta, saltó de la culata.
– … les cortará el brazo.
– ¡Espectacular! – exclamó Derek – ¿Tú diseñaste el dispositivo?
– Es para que, cuando se me acabe el parque, pueda seguir siendo un arma decente y no un garrote de alta tecnología.
– ¿Le has cortado la cabeza a alguien con eso? – preguntó Ranchi.
– No sería un arma decente si no pudiese hacerlo.
Las turbinas del Apokalipsis interrumpieron la conversación. Thunder colocó su escopeta en la cabina del piloto e hizo un chequeo en voz alta del cargamento.
– Explosivo plástico, listo. Munición, ya. Amarres, ya. El juguete de Derek, ahí anda.
El SIBS estaba también adentro de la #1, empacado y listo para funcionar, Derek lo había probado una veintena de veces sin falla, inclusive para las escrupulosas exigencias de Alex.
– Con una mierda – continuaba Thunder, no puedo dejar de sentir que olvido algo importante.
Alex había accionado las alertas a control remoto. Ranchi y Derek estaban ya a resguardo en el interior de la nave, mientras la compuerta de entrada se cerraba lentamente, frente a ellos. Una guía de luces rojas indicaba que pronto se abriría la compuerta exterior, anulando la gravedad, mientras los seguros mecánicos que mantenían a las naves en su sitio se liberaban, y el vacío del espacio los absorbería al despegar.
Thunder estaba ya casi listo para partir, sentado en su silla de piloto con los cinturones, accionando interruptores y moviendo controles. Justo antes de colocar los motores al máximo de su potencia, un portal al mundo negativo se abre por sobre su cabeza y de él caen dos paquetes de su cerveza habitual.
– Esto era – dijo él, mientras los ponía a resguardo bajo su asiento – Ahora si ya no falta nada.
Las turbinas temblaron. El par de naves se eleva rápidamente del piso, y, en sincronía, salieron del interior del Deathbird, tomando sin demora, dirección a Grilleta.

(continuará…)