Reflexión al madrugar

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Creo que uno de los cambios más profundos que he tenido en mi vida ha sido en la manera de cómo me relaciono con los demás. Hubo una época, hace ya tiempo, en que tenía una timidez y una inseguridad que me hacían tener miedo de hablar. Temblaba cuando tenia que interactuar con cajeras, con despachadores o vendedores de mostrador. Y cuando empecé a laborar como docente, tenía que poner demasiado de mi empeño para dirigirme a los alumnos, y era muy mala imponiendo disciplina en clase.

Un escritor llamado Neil Gaiman dijo alguna vez “se sabio, y si no puedes ser sabio, haz lo que un sabio haría”. Mi cambio inició con “fingir” que no me daba miedo hablar con algún desconocido en la calle para pedir la hora o alguna dirección. Respiraba profundo, repasaba mentalmente mis líneas y me lanzaba a hablar. Poco a poco, deje de “fingir” y la interacción surgía más naturalmente, Con los alumnos, “imaginaba” como se comportaría el maestro que mas me influyo para aprender y trababa de darme a respetar como él lo haría.
Lo curioso es que funcionó, y actualmente, el último grupo que tengo se queda quieto y en silencio cuando digo en voz alta a aquel que pone la distracción en la clase “hoy no estoy de humor para eso”.
Creanme, hace apenas unos años eso no hubiese funcionado.

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Reporte #6

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Hoy hice unos pequeños globos terráqueos para un trabajo escolar.

No se dibujar, así que me fui guiando de un mapamundi. Y mi memoria.

Pensaba en cada país al dibujar su orilla. 

Empecé en México, Baja California, la península de Yucatán, el Golfo. De ahí me fui a Florida, Cuba, las Antillas. Subí por la costa oeste, hasta Canadá. Y luego por la costa este, hasta llegar a Alaska y di con el estrecho de Bering. Continúe por Panamá, y pense en todos los países centroamericanos por los que iba pasando, Venezuela, Bolivia, Argentina (hogar de Borges y la pampa), hasta la exuberante Brasil.

Dibujar el continente euroasiático seria un problema, pero seguí la línea del estrecho de Bering hasta llegar s las costas filipinas y el archipiélago japonés, que no podía faltar, así como Australia y Nueva Zelanda, donde no puedes hacer bromas del Señor de los Anillos. Encontré Indochina y me vi en una barca surcando hacia la India y el golfo de Bengala. Llegue a la península arábiga y al golfo Pérsico. Y de ahí, el continente salvaje, la gran África, enorme, retador. Pero conseguí darle la vuelta y llegue al estrecho de Gibraltar y a España, que afortunadamente quedo mas o menos alineada al Golfo de México, para que Colón pudiera hacer su viaje. Luego, Francia, Inglaterra y dibujé algo parecido a Escocia para dejar al Imperio completo. Luego, los países nórdicos, también medio alineados con lo que seria Vinland para los vikingos. Bordear Rusia fue más fácil, además de redondear el mediterráneo, incluyendo Italia y Gracia.

Le había dado la vuelta al mundo. Y todo dentro de mi cabeza.

Reporte #5

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Estoy convencida de que uno no “aprende” a ser escritor. Aprendes las técnicas, la ortografía, la sintaxis, las metáforas. Sin embargo, aquello que impulsa a un escritor no son puramente las letras. Son las historias.

Un escritor, antes que nada, es un narrador. Y uno no “aprende” artificialmente a narrar. Esa capacidad nace y crece con nosotros.

Pondré un ejemplo. Venia yo en autobús, escuchando a Ordo Funebris o a Ataraxia, mientras recordaba los hechos antes de iniciar el viaje. Había algo complejo que me incomodaba, bastante. 

Cayó la palabra a mi cabeza. Responsabilidad.

Un padre (o madre) debe ser responsable. Seguí pensando en eso. ¿Es responsable permitir una acción de evasión a los problemas? ¿Ofrecer un escondite? Y, si alguien quiere comportarse como padre, ¿implacaria decir lo correcto aunque duela? 

El “y si” es una palabra mágica para el narrador. Cuando “¿y si…?” estuvo en mi hilo del pensamiento, la historia cayó en cascada:

“… El chico esta huyendo de su madre, pero no huye solamente de ella, si no de la soledad producida por su indiferencia… Pero ella también esta dolida y lo deja irse horas y horas de casa porque piensa que el la extrañara… Ambos están enfrascados en juegos de orgullos y silencios, todo acabaría con un ‘te amo y te perdono’… Entonces, ¿seguir manteniendo al chico en la casa del árbol, donde se engaña a si mismo creyendo ser feliz con sus juguetes, protegido del monstruo del vacío? ¿Que sentirá la madre ante la ausencia de su hijo?…”

Pude haber seguido el hilo del relato, pero de momento estoy metida con druidas y dioses, así que esa historia tendrá que esperar.

Por otro lado, la vida real da como quita, y las cosas siguen igual de dementes, pero ya me estoy acostumbrando, y eso es ganancia. 

Si no resulta me iré del otro lado del espejo, a una dimensión paralela o de plano finjo mi muerte.

Seguiré reportando.