Reporte #6

Estado

Hoy hice unos pequeños globos terráqueos para un trabajo escolar.

No se dibujar, así que me fui guiando de un mapamundi. Y mi memoria.

Pensaba en cada país al dibujar su orilla. 

Empecé en México, Baja California, la península de Yucatán, el Golfo. De ahí me fui a Florida, Cuba, las Antillas. Subí por la costa oeste, hasta Canadá. Y luego por la costa este, hasta llegar a Alaska y di con el estrecho de Bering. Continúe por Panamá, y pense en todos los países centroamericanos por los que iba pasando, Venezuela, Bolivia, Argentina (hogar de Borges y la pampa), hasta la exuberante Brasil.

Dibujar el continente euroasiático seria un problema, pero seguí la línea del estrecho de Bering hasta llegar s las costas filipinas y el archipiélago japonés, que no podía faltar, así como Australia y Nueva Zelanda, donde no puedes hacer bromas del Señor de los Anillos. Encontré Indochina y me vi en una barca surcando hacia la India y el golfo de Bengala. Llegue a la península arábiga y al golfo Pérsico. Y de ahí, el continente salvaje, la gran África, enorme, retador. Pero conseguí darle la vuelta y llegue al estrecho de Gibraltar y a España, que afortunadamente quedo mas o menos alineada al Golfo de México, para que Colón pudiera hacer su viaje. Luego, Francia, Inglaterra y dibujé algo parecido a Escocia para dejar al Imperio completo. Luego, los países nórdicos, también medio alineados con lo que seria Vinland para los vikingos. Bordear Rusia fue más fácil, además de redondear el mediterráneo, incluyendo Italia y Gracia.

Le había dado la vuelta al mundo. Y todo dentro de mi cabeza.

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Reporte #5

Estado

Estoy convencida de que uno no “aprende” a ser escritor. Aprendes las técnicas, la ortografía, la sintaxis, las metáforas. Sin embargo, aquello que impulsa a un escritor no son puramente las letras. Son las historias.

Un escritor, antes que nada, es un narrador. Y uno no “aprende” artificialmente a narrar. Esa capacidad nace y crece con nosotros.

Pondré un ejemplo. Venia yo en autobús, escuchando a Ordo Funebris o a Ataraxia, mientras recordaba los hechos antes de iniciar el viaje. Había algo complejo que me incomodaba, bastante. 

Cayó la palabra a mi cabeza. Responsabilidad.

Un padre (o madre) debe ser responsable. Seguí pensando en eso. ¿Es responsable permitir una acción de evasión a los problemas? ¿Ofrecer un escondite? Y, si alguien quiere comportarse como padre, ¿implacaria decir lo correcto aunque duela? 

El “y si” es una palabra mágica para el narrador. Cuando “¿y si…?” estuvo en mi hilo del pensamiento, la historia cayó en cascada:

“… El chico esta huyendo de su madre, pero no huye solamente de ella, si no de la soledad producida por su indiferencia… Pero ella también esta dolida y lo deja irse horas y horas de casa porque piensa que el la extrañara… Ambos están enfrascados en juegos de orgullos y silencios, todo acabaría con un ‘te amo y te perdono’… Entonces, ¿seguir manteniendo al chico en la casa del árbol, donde se engaña a si mismo creyendo ser feliz con sus juguetes, protegido del monstruo del vacío? ¿Que sentirá la madre ante la ausencia de su hijo?…”

Pude haber seguido el hilo del relato, pero de momento estoy metida con druidas y dioses, así que esa historia tendrá que esperar.

Por otro lado, la vida real da como quita, y las cosas siguen igual de dementes, pero ya me estoy acostumbrando, y eso es ganancia. 

Si no resulta me iré del otro lado del espejo, a una dimensión paralela o de plano finjo mi muerte.

Seguiré reportando.

Reporte #4

Estado

¿En serio? Mis palabras se vuelven en contra mía

Los problemas nunca acaban.

Con todo lo que me esta sucediendo, ahora existe la posibilidad de que sea inquilina de mi propia casa. Por tiempo indefinido. Así que he quedado recluida en mi estudio, con un colchón de aire (tuve una epifanía al comprarlo hace seis meses) y mi ropa amontonada en un par de mochilas. 

Hagamos un recuento de los recursos en mi bunker:

  1. Cómics
  2. Libros
  3. Material para escritura
  4. Material para el trabajo
  5. Archivo
  6. Computadora
  7. Equipo audiovisual (unas 80 películas, reproductores y estéreo)
  8. Materiales de relajación (cesta de tejido y rompecabezas)
  9. Juguetes
  10. Ropa, plancha, zapatos
  11. Artículos de higiene y belleza (aunque no se donde quedaron los profilácticos y toallas sanitarias)
  12. Medicamentos
  13. Muchos cojines
  14. Sábanas
  15. Sillón y un par de sillas
  16. Café, tazas y stevia
  17. Cama para la gata
  18. Maceta con planta de sombra
  19. Espejo de cuerpo entero

    Estoy tentada a poner una foto, pero imaginen la lista anterior abarrotada en una habitación con ventana y puerta a la calle. Con un colchón matrimonial en el piso. 

    Creo que tengo lo suficiente para sobrevivir por un mes, para encerrarme y trabajar en mi proyecto.

    Seguiré reportando.