Ensayo·Escritos·Reseña de cómics

Tres cuentos de Neil Gaiman sobre Lovecraft.

Curiosamente, si una persona con escasa imaginación, y cero inventiva, lee los relatos de Lovecraft, los encontrará bastante aburridos. No hay evolución de personajes – quizás de cuerdos a dementes -, ausencia de intereses amorosos y conflictos familiares, ni crítica social, lenguaje rebuscado y obsoleto, es más, horrores que no se pueden ver, lugares a los que no se puede ir, y nombres que ni se pueden pronunciar. No pocos escritores “serios” han relegado su obra a la curiosidad pulp.

Pero a aquellos de nosotros que nos gusta imaginar realidades alternas, que fantaseamos en nuestra vida diaria, logramos captar el profundo horror de las palabras de H. P. Lovecraft. Nosotros tenemos la capacidad de confrontar a los realistas y decirles, sin ningún temblor en la voz, que su visión es estrecha, efímera, y, casi seguramente, inútil.

Tenemos la capacidad de ver la “realidad bajo la realidad”. Los relatos de Lovecraft nos hablan de que el horror no es aquello que vemos con los ojos abiertos, como la sangre o las vísceras. Lo terrorífico de sus relatos es que cosas más siniestras y monumentales están escondidas justo debajo de nosotros, siendo lo peor de todo, nuestra incapacidad siquiera de comprenderlo. Nunca podremos defendernos de aquello que ignoramos que existe.

Neil Gaiman es un fantasioso como nosotros, con una asombrosa capacidad de contar historias. Ha visitado las tierras de Lovecraft en tres ocasiones, en pequeños relatos para antologías. Vamos a darle un vistazo.

Shoggot’s Old peculiar.

La premisa inicial de este corto, pero bastante divertido relato, es el viaje a una región desconocida del mapa que solo aparece al peregrino perdido, quien termina en otro lado apenas despierta. Un recurso bastante popular en la literatura fantástica, pero usado con habilidad por el maestro Gaiman. El protagonista, Benjamin Lassiter, un texano turista en el deprimente litoral inglés, esta a la mitad de un calamitoso viaje, cuando encuentra un pueblo maloliente llamado Innsmouth, Si, el Innsmouth original, no es a copia de las colonias británicas en América, de la que siempre habla un tal H. P. Lovecraft, quien enfurece a los pobladores de Innmouth británica por usar palabras raras para cosas simples.

Es un cuento hasta cierto punto cómico, que salpica por aquí y por allá referencias a las obras más populares de Lovecraft, como el Gran Cthulu, Sunken R´lyeh, Nayarlathotep, los hombres pez… Uno podría pensar que la gracia la hace a costa de esos conceptos, pero es todo lo contrario. Los graciosos somos los humanos, quienes caminamos en medio de esos horrores cósmicos y ni nos damos por enterados.

Este cuento lo encontré en la recopilación “Humo y Espejos” de editorial Salamandra.

Es solo el fin del mundo otra vez

La primera vez que leí este cuento, fue en una recopilación en ingles llamada Lovecraft’s Monsters (algún día hablaré de ella), para después encontrarla adaptada a novela gráfica por parte de Dark Horse, en el proyecto The Neil Gaiman Library, el cual consiste básicamente en tomar relatos de Gaiman y hacerlos cómic. “Only the end of the World Again” fue dibujado por Troy Nixey y adaptado por P. Craig Russell. También aparece, ya en español, en la recopilación de cuentos “Humo y espejos”, por la editorial Salamandra, en España.

Como el anterior, no es un relato muy largo. De hecho, me enfadó un poco que, en la adaptación gráfica un tercio de las páginas fuese el cómic como tal, siendo las otras dos terceras partes, material extra. Lawrence Talbot, un ajustador, (es como un investigador privado, que puede tomar todo tipo de casos) llega a Innsmouth temporalmente para pescar algo de trabajo. Sin embargo, los habitantes de ese insano lugar detectan sin problemas que Talbot posee cualidades únicas, las cuales pueden ser remediadas con balas de plata. Las piezas para un evento muy importante se están acomodando en Innsmouth, donde vidente, un hombre obeso y un barman guían a Talbot hacia la luna llena…

Los cuentos de Gaiman con como joyas de anticuario. Pequeñas, con cualidad especial, brillantes. A pesar de su breve extensión, retoma los conceptos ya usados en “Shoggot’s Old peculiar” para crear una historia más compleja y, ahora sí, terrorífica. La maldición que puede ser una bendición. Pero al final de cuentas, siempre producirá terror.

Un estudio en esmeralda

Este cuento relato ganó el Hugo Award en 2004, y se volvió rápidamente popular, pues fue publicado en Internet a manera de tabloide victoriano, Está en la recopilación de cuentos Fragile Things (“Objetos frágiles” de Editorial Roca, en España) y fue parte de la mencionada The Neil Gaiman Library, adaptada por Rafael Albuquerque con ayuda en el guión de Rafael Scavone.

Creo que para disfrutar al máximo este relato hay que ser un gran, gran conocedor de las aventuras de Sherlock Holmes y la obra de H. P. Lovecraft a partes iguales. La maestría de Gaiman en crear una Londres victoriana PARALELA en apenas unos párrafos, en tomar el tejido de el primer caso de Holmes (“Estudio en escarlata”) y sustituir las hebras necesarias para que el caso sea similar, con las necesarias vueltas de tuerca para que el final sea completamente distinto a lo que habíamos deducido, hacen de éste uno de sus mejores relatos.

La verdad, me está costando mucho discernir entre que decirles y que no decirles. Quizás la palabra clave sea “detalles”. Este cuento rebosa detalles. Detalles para los conocedores de Lovecraft, para los conocedores de Holmes, para los lectores asiduos de la literatura fantástica inglesa de finales del siglo XIX, para aquellos que sólo buscan un relato policíaco, para los que tratan de imaginar una distopía. Incluso, el único gran problema que le encuentro a la adaptación es que tuvo, irremediablemente, dibujar los rostros de los protagonistas. No porque sean malos, si no porque enturbian el proceso imaginativo inducido por el relato. Si lo lees, sin imágenes, la forma en que visualizas a los personajes te lleva por ciertas deducciones a las cuales no llegas cuando te los presentan de forma gráfica. Si, otra palabra clave sería “deducciones”. Gaiman hace que los lectores también alcancen sus propias conclusiones en base a lo que ya conocen, adentro y fuera del relato.

El final es típico de una aventura de Sherlock Holmes, con un regusto de victoria sobre la injusticia, donde se celebra no la fuerza, sino la inteligencia y voluntad de los héroes. Pero, de ninguna manera, es una victoria total, si no una pausa, como en los relatos de Lovecraft. Una pausa momentánea antes del ataque implacable que, algún dia, llegará.

Como conclusión…

Dado que Neil Gaiman tiene sus propios caminos narrativos, optó por honrar el legado literario de Lovecraft, sin alterar demasiado los conceptos originales. Sus cuentos son homenajes al escritor que creó por si mismo un subgénero fantástico, y así deben leerse. Gaiman tiene el poder de ubicarse en un lugar y narrar una historia acerca de esa visita.

Ojalá regrese a Innsmouth en el futuro. O a Providence.

Consiéntanse un poco y lean estos cuentos. Dejen que Gaiman los guíe. Quizás encuentre algo que les fascine… o les horrorice. No olviden que están viajando al mundo del maestro Lovecraft, un lugar apartado de las limitaciones de la salud mental y esa cosa sobrevaloradísima que llaman realidad.

H. P. Lovecraft

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