Grilleta (parte VIII)

(… continúa)

La nave se sacudió ligeramente, al separarse del pico derrumbándose. Libre ya, dejó caer trozos de tubería ardiendo al sellar el casco inferior. El supervisor tenía la boca seca y pastosa. A pesar de mantener la templanza, en él germinaba la pequeña semilla de la desesperación.

-Iniciaremos protocolo de desastre. Todos los presos a sus celdas, reúnan aquí a los guardias y solo mantengan grupos de cinco en cada modulo. – agregó alzando la voz amenazadoramente – ¡Necesito un informe para el alcalde Hiroyuki y lo necesito ahora!.

El traje fantasma terran le permitía ser invisible, además que su sistema espía lo hacía capaz de captar todas las transmisiones de datos en la zona. Apartado entre las cisternas de redistribución y la  ventilación a las turbinas propulsoras, Alex conversaba con su camarada.

<<Necesito escuchar que no estás retrasado>>

<<No estoy retrasado>>

<<Suena difícil de creer>>

<<Solo te digo lo que quieres oír. Cuando me indiques luz verde. Quiero saber cómo anda el nido de hormigas>>

<<Agitado>>

<<Demonios, problemas>>

<<Explícate>>

<<Luz verde>>

Thunder apresura la carrera. Se ha escabullido por entre los ductos transportadores de oxigeno y combustible, dejando atrás las cisternas de almacenaje, y terminado de escalar la espiral ascendente que conforma el área de celdas. Le importa un bledo que los presos peguen sus rostros a los barrotes. Admiran el escándalo de sus pasos retumbando sobre el piso metálico, y él confronta sin miedo a los vigilantes apenas los tiene a la vista. Ellos tratan de detenerlo. Como si pudiesen.

-¿De dónde carajos saliste?

-¡No eres uno de los nuestros!

Sin bajar la velocidad, escopeta en mano, dispara. Al primero de los guardias le revienta el abdomen, y los otros tratan de dar la alarma.

-¡Ah no!- grita Thunder -¡Esto es solo entre ustedes y yo!

Dispara  nuevamente, y el proyectil que perfora  limpiamente aquel que trataba de pedir auxilio, destruye el intercomunicador. -¡Necesito otro voluntario! ¡Tú! – señala al vigilante mas cercano a su derecha. – ¡Luces saludable!

La culata de su escopeta fractura su cráneo, un puñetazo a la quijada lleva a la inconsciencia al cuarto, y Thunder cae de rodillas para evitar el disparo del quinto.

-Ahora voy yo- dice, desenfundando otra arma de su chaleco multiusos. Aun no termina de caer el cuerpo del último guardia cuando Thunder aborda el panel de control.

-¡Demonios! Necesito un código para liberar los cerrojos.

Descuelga de su cinturón un dispositivo similar a  la microcomputadora de Alex, pero mucho más elemental, y recubierta por las orillas con cinta aislante. Lo conecta  a la terminal, sin necesitar más de quince segundos para que su monocromática pantalla descubra la serie de números correcta.

-¡Ya!- dice Thunder al escuchar como las rejas del modulo completo se deslizan. Vuelve así tras sus propios pasos, llamando a los reos entre insultos y vociferaciones.

-¡Salgan imbéciles! ¡Lo menos que tenemos es tiempo! ¡Muévanse, jodidas tortugas!

Peculiarmente, la ansiedad del libertador  se transforma en incredulidad de los rescatados. Estos sacaban  tímidamente la cabeza de sus jaulas, y, con miedo, se aventuraban un par de pasos mas allá. Desconfiados, seguían a Thunder solo con la mirada, y, animados un poco por sus eufóricos gritos, comenzaron a agruparse como ovejas nerviosas.

-¡Con un rajado demonio!  ¿Qué diablos pasa con ustedes?

-Antes que nada- increpa uno de los reos – dinos quién diablos eres y de donde saliste.

-¡No podemos irnos, los guardas nos mataran!

-¡Olvídense de los estúpidos guardias! ¿Acaso van a decirme…?

Una idea se activa en los pensamientos de Thunder. Sin embargo, este no era un buen momento para confirmar sospechas nefastas. Era el momento para correr como endemoniados.

-Explicaciones luego – dice en la pausa necesaria para cargar su escopeta – soy quien va  a sacar sus traseros de este calabozo. Si quieren saber cómo, tendrán que aguantar el paso.

Todos han llegado a la pequeña cabina de observación, justo por encima de la espiral de celdas. Thunder solo pasa por ahí para verificar que no se haya activado la señal de auxilio.

-Vamos bien – cuenta  a los reos al instante – ¿Solo dieciocho?

– Han reubicado a muchos en el resto de las naves – responde uno de ellos.

La cabina de observación estaba comunicada por un corredor al área de vigilancia, zona segura de los guardias, adjunta a los controladores de pilotaje. Thunder decide que ya no hay nada digno de interés, y toma la dirección opuesta del corredor, que en su primera porción los llevaría de nuevo a las celdas. Un pitido suena en su pesada muñequera.

-Otra cosa. Esta es la última en que voy lento. Si se atrasan, aténganse a las consecuencias.

Los reos miran con desdén a su supuesto libertador.

-Sigues sin decirnos de dónde demonios saliste- comenta el más alto y musculoso del grupo. Uno, con rasgos no del todo humanos, continua:

-Danos una buena razón para seguirte. ¿Y si nos llevas a una trampa?

Thunder responde que se dirige a la única intersección presente, hacia la zona habitacional de los guardias.

–Iré al grano, ratas. Volar en miles de pedazos solo por quedarme a dar explicaciones a unos desagradecidos, no es mi idea de una muerte que valga la pena. Así que mejor continúo mi ruta y los dejo para que piensen con calma. Cuando estén seguros de que quieren sobrevivir y largarse de Grilleta, alcáncenme.

Dicho esto, apresuro el paso. Los reos lo siguen de mala gana, después al trote y finalmente corriendo. Dejan atrás la cocina, los dormitorios, y miraban con goloseria las cajas repletas de munición amontonadas en la armería, retrasando el escape. Thunder el pastor furioso de ese rebaño descarriado, los arrea sin escrúpulos.

-¡Maldita sea! ¡Sin ninguna maldita distracción!

Los presos enfurecen. Unos le gritan a Thunder y otros se escabullen  para elegir lo que mas les convenga.

Los presos más adelantados se desvían hacia la nave barracas, tomando la bifurcación del conducto.

-¡Por ahí no idiotas!- grita Thunder – línea recta. Esta con llave por ese lado. Lo único que conseguirán será alertar a los guardias, antes de morir acribillados. Nadie de ustedes quiere eso, ¿cierto? ¡Así, que andando!

-¡Explícanos tu plan!

-¡Ni creas que serás el único que cargara herramientas!

-¡Cada quien debe agarrar un arma!

-¡NI HABLAR! ¡Hora de irnos!

-¿Por qué no?

-¡Por que no las necesitan estúpidos! – responde Thunder de espaldas  y con prisa – ¡los segundos están contados!

Ante sus ojos tienen la presencia de la compuerta cerrada del ducto de personal. Al parecer, las claves no removieron todos los seguros. El reo más quejumbroso del grupo, flacucho y con incisivos pronunciados, es rápido en abrir la boca.

-¡Nos trajiste como idiotas para esto! ¡Esta…!

Sin dar tiempo a  finalizar la oración, Thunder descuelga de su hombro una de sus escopetas de triple cañón, carga, apunta y dispara.

-Estaba.

El seguro inservible abandonado por el disparo se desmorona a un lado de un agujero renegrido, y continúan el viaje por el endeble conducto de metro y medio de alto, vía de la comunicación de la nave Gamma con la nave Alfa. Ignorando el hecho de avanzar en el interior de un puente cilíndrico el cual se sacudía con cada zancada dada, o el grupo de reos iracundos arrastrándose tras su sombra, Thunder sigue concentrado en el tiempo.

-¡Esfuércense señoritas! ¡Tenemos menos de un rajado minuto! La compuerta de salida también sede ante Thunder y su escopeta, quien vuela por el área de personal y se refugia tras la puerta fortificada de la armería.

<<Te debo una,  súper soldado>>

-¡Siete, seis…!

Por fin, los presos se intoxican con pánico. El tropel irregular hace bailar el conducto, y varios de ellos, los más atrasados, salen de ahí ayudándose con las manos. Encuentran a su guía en la armería, quien cierra la puerta al comprobar que han llegado todos, sentándose justo después frente a ella. Uno de ellos en susurros, continúa inconscientemente la cuenta truncada.

-… cuatro, tres, dos…

Al unísono, en la nave barracas.

-Recibo lecturas anormales del modulo Gamma. Sobrecargas en los tanques. – anuncia un operario sin apartar la vista de su monitor.

– Con lo sucedido en las plantas productoras es norma l- comenta el supervisor – revisa el funcionamiento de los motores.

Alex revisa nuevamente su reloj.

<<La primera carga debe activarse en este instante>>

Como un globo de helio pinchando con un fosforo encendido, la nave cárcel Gamma revienta, haciendo llover metal. El fuego en su interior, es liberado a borbotones, destrozando los propulsores y haciendo que la carcaza renegrida remanente cayera a trozos en los principios de Grilleta. La nave barracas alcanzo a liberar la manguera de combustible que la unía a ella observando cómo los conductos de personal de la nave cárcel se incendiaban y flotaban al viento como hojas delgadas de papel.

En el Deathbird, no mucho antes.

Ranchi estaba de rodillas en el piso, terminando una lata de soda sabor  fresa, frente a un esquema rápidamente dibujado con plumón lavable sobre una irregular hoja plástica. Había encontrado el lugar perfecto para alojar a sus inquilinos temporales y estaba planeando donde soldar las cerraduras.

– Al norte, tendrán la entrada ¿O salida? No importa, el acceso sellado, que según Derek lleva  a una ruta alterna al reactor estelar. Así que ellos no podrán abrirlo. Y si lo hacen, tendrán una muerte atroz.

Realiza un trazo en su mapa y trata de aplanar la hoja con la palma de su mano.

-Al este, algo semejante a una puerta de tres metros de alto. ¿A dónde comunicara? ni idea, pero seguramente no a un lugar lindo. Cerradura doble.

El dibujo va tomando forma. Toma un sorbo de su soda antes de proseguir.

-Oeste. Acceso a la bodega desechos tóxicos. Los que se escondan ahí, mueren por radiación o se transforman en mutantes. Otra cerradura doble.

La última sección en blanco. La lata de soda esta vacía.

-Nos queda el sureste, una pequeña entrada, medianamente accesible. Comunica con el deshuesadero de vehículos. Triple cerradura y una barra de adanmatium de dos metros de grosor por ocho de largo.

Ranchi voltea. Las voces se hacen insistentes.

<<Alguien quiere decirte algo>>

El cuerpo es apartado de la mente, y ella, en plena conciencia, se siente derrumbarse como un flácido títere.

<<¡AHORA NO! ¡LO UNICO QUE ME FALTABA! >>

El torso arrastra a los brazos, pero la cabeza aun cuelga sin nada de resistencia en el cuello. A mano derecha parece buscar algo a tientas, hasta que da con el borde afilado de una pequeña segueta para vidrio.

<<¡Idiota! ¡Usa el plumón! ¡El plumón! ¡Ni siquiera lo intentes! ¡Imbécil! ¡Dolerá cuando regrese!>>

El dedo índice izquierdo tiene una larga herida, y la sangre que libera es usada para escribir sobre el suelo. Únicamente la mano que guía al dedo parece tener voluntad, mientras, el resto permanece pasivo e inmóvil, con la cabeza cayendo de atrás hacia adelante. Apenas la palabra es terminada, Ranchi recupera el autocontrol, mediante un alarido y un estremecimiento visceral.

-¡Augg! ¡Fantasmas estúpidos! ¿Nunca piensan que puedo estar haciendo algo peligroso? – chupó su dedo herido al ponerse de pie -¡Odio las posesiones!

A sus pies, roja y fresca, esta la palabra  “TRAICION”. Ella lee y relee, pero, por más que trata, no encuentra sentido. Quizá en otro sitio, con otro tipo de personas…

(continuará…)

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