Grilleta (parte VII)

continúa…

Nave Madre Deathbird. A un poco más de 800,000 km del sistema planetario Grilleta.

– Hace cinco minutos que no parpadeas.

El niño se frotó los ardorosos ojos apenas suelta el control del videojuego. Justificándose, respondió.

– Estaba aburrido.

– Tómate una siesta.

– Ranchi, el capitán me dijo que permaneciera todo el tiempo vigilando el estado del SIBS. La más leve desalineación va a arruinar todo el trabajo.

Una alerta se escuchó por los altavoces, a la vez que un mensaje apareció en las pantallas. Derek se abocó a las computadoras de inmediato, dejando a Ranchi limpiar el desorden alrededor, mientras observaba la actividad de su genio hermano.

– Debo correr un programa espejo bidireccional, además de infiltrarme en el sistema de comunicaciones, y también colocar al satélite con exactitud para que tanto las señales de entrada como las de salida nos lleguen a nosotros.

Mediante proyecciones tridimensionales, y las imágenes transmitidas por las microcámaras del SIBS, Derek alimentaba sus elaboradas ecuaciones mentales para deducir la posición correcta de la antena. Tomó de nuevo el control de su videojuego, esta vez para manejar los mecanismos de estabilización y propulsión del satélite.

– ¡Derek! ¿Usarás ese trasto?

Derek le dio una mirada suspicaz.

– Tiene las funciones suficientes.

– Pero es el control abollado, soldado y reparado con cinta de un videojuego pasado de moda.

– Trata de finalizar una misión de “Vortex de la Ruina” y me dices si consigues desarrollar la suficiente destreza cinética de coordinación ojo-corteza frontal-manos para manejar absolutamente todas las armas, y poder pasar por las puertas sin chocar con las esquinas. Entre eso y esto – puntualizó el niño al alzar su control, para hacerlo notar – no hay mucha diferencia.

Ranchi refunfuñó y decidió apurarse a levantar latas de cerveza y empaques de comida viejos. Solo volteó de nuevo cuando la computadora principal dio este mensaje.

“Despliegue de antena completo”

Posteriormente, Derek dio un sonoro bostezo y trató de acomodarse en el sillón como un gato.

– No, no, no – dijo Ranchi al ir hacia él y enderezarlo – Espera, traeré unas bolsas para dormir, comida y el saco de botas apestosas de Thunder.

– ¿También podrías agregar las cerraduras electrónicas pendientes?

– Ni se te ocurra decirme que…

– Si te digo, te vas a enojar, así que mejor no digo nada.

– ¡Derek! ¡Son más de veinte cerraduras!

El niño sonrió, mientras su demente hermana gritaba y sacudía los brazos.

– ¡Aun tengo que soldarlas! ¡Apúrate!

– ¿Me traes papas fritas?

– ¡De ninguna forma! – respondió al abrir uno de sus portales y perderse en él – ¡Vegetales!

Derek se estiró en el sillón, decidiendo que, mientras esperaba a Ranchi, encendería el monitor más grande del puente de navegación para ver su serie favorita de caricaturas.

 

Bajo la fría oscuridad de Grilleta, treinta minutos acabado el ocaso…

En su oído derecho, la voz digital de su microcomputadora susurró:

“Cámaras exteriores del complejo penitenciario desactivado. Sensores de vigilancia desactivados”

<< Thunder >>

<< ¿Qué cosa? >>

<< Alcanzamos tu punto de inserción en cincuenta segundos >>

El planeta carecía de lunas para alumbrar la noche. El Apokalipsis emitía un ruido semejante al respirar al viento,  mientras flotaba bajo la nave reclusorio Gamma, la cuarta del complejo Grilleta. Anclado de pie, sujeto a sus cadenas, Thunder  no tardó en localizar un ducto de ventilación.

<< Un poco más arriba… con eso  >>

A golpes de su arma, el endeble metal cedió, permitiendo a Thunder iniciar su parte del plan. No se despojó de ninguna parte de su equipo, abandonando únicamente las cadenas sobre la nave de Alex.

<< Voy para las celdas >>

<< Entendido >>

El pájaro silencioso dejó a su invitado, rodeando el resto de los módulos carcelarios. Al hacerlo, y utilizando proyectiles adhesivos, implantó cargas explosivas comandadas a distancia, justo en la cara inferior de las naves cárcel, cerca de la entrada de los ductos de combustible y suministros de supervivencia. Sin distracción, descendió al Apokalipsis al nivel de las plantas productoras de agua y oxígeno. Alex observó a través de la ventanilla del inmenso pico, excavado en sus raíces, oscura e incierta, confiada en sus sistemas de defensa automáticos y en el infalible hecho de que nadie se atrevería a escalar sobre navajas de cristal de roca. Alex se colocó la media máscara con ceremonia. Al retroceder la cubierta de la cabina, las cadenas de Thunder resbalaron. Alex las tomó antes de caer, y sin intención, observa las artesanías de Ranchi.

<< Intentémoslo >>

Con los ojos valorando el objetivo, ocupó sus manos con una cuchilla láser que corta las cadenas al tamaño correcto. Mientras se las enrollaba, una en cada brazo, decidió el siguiente movimiento. Cierra la cabina del Apokalipsis con un comando de voz, al saltar ágilmente, en dirección a la antecámara de su misión, pensando que, si las circunstancias se apegan a lo planeado, el asunto bien podría ponerse divertido.

 

Cuarto cartucho. Un oficio como cualquier otro.

Una secuencia de números al azar, obtenidos al tirar un par de dados, era la base para las contraseñas producidas por el niño. El primer control, es decir, la segunda parte de la contraseña, sería la sumatoria de dichos números. El segundo control, aquel que efectivamente abriría la cerradura, consistía en ingresar la clave original pulsando primero los pares y luego los nones, en orden descendente, completando así las tres secuencias, las cuales deberán ser ingresadas en menos de treinta y seis segundos, de lo contrario, el sistema se reiniciaría, pidiendo ahora claves completamente distintas. Por si acaso, si todo lo anterior resultase demasiado fácil, o Ranchi soldara incorrectamente la cerradura al marco de la puerta, ella colocará una pesada viga a manera de traba, solo removible con su fuerza espectral.

<< Voy a terminar con esto antes de pedirle a Ranchi de comer >> pensó Derek << Así le dará más tiempo de ponerlos >>

Una parte del cerebro del pequeño estaba ocupado en desmantelar cuidadosamente el procesador y encriptador numérico. Otra, generaba el primer y segundo control de la contraseña, después de tirar los dados. Una más, recordaba los días en el agrio hogar familiar. Conocía perfectamente las ocupaciones de un diplomático, un sociólogo, un físico, un agrimensor, asesor financiero, e incontables profesiones más. Pero nunca jamás se imaginó a si mismo como cazarrecompensas. Visualizó a sus mayores ejerciendo su trabajo, quienes decían que para ellos, eso era un oficio como cualquier otro.

<< Quiero verlos >>

Derek atornilla un casi microscópico proyector láser a un cubo hecho de circuitos.

<<  Deber ser increíble. ¡Emociones fuertes! >>

Sobre las plantas de producción de suministros, no hace más de cinco minutos.

Justo antes de perder la señal, las cámaras registraron un tintineante borrón. La puerta principal se abrió totalmente. Un somnoliento guardia trata de reaccionar, al percibir algo, o a alguien, introducirse rápida y furtivamente. Pero, antes de moverse más de tres pasos, es interceptado por un duro golpe invisible. Quiso gritar, antes de que su cuello se despedazara sin tardanza entre dos giros de eslabones trenzados.

– ¡Hey! – gritaron desde la sala de controles, al fondo, justo al final del pasillo. – ¿Aún estas despierto?

El primero de los tres guardias apostados abre la puerta e inspecciona visualmente los alrededores. En el pasillo no hay nadie, y hasta allá, el vestíbulo de guardia tenía una luz encendida. No se alcanzaba a distinguir la silueta de su compañero. Decidió no ir a buscarlo, y al tratar de cerrar de nuevo la entrada, notó algo extraño.

– Idiota, deja de jugar.

– No estoy jugando.

– ¿Entonces porque rayos no dejas esa puerta de una maldita vez?

– ¡Esta basura esta trabada! ¡Como si alguien…!

Su cabeza se impulsó hacia atrás, mientras una herida aparecía y manchaba de sangre el piso y la pared. El par restante se asfixió en pánico, incapaces de ver qué degolló a su compañero.  Esa era la intención.

– ¡IDENTIFÍQUESE!

– ¡Da la alarma!

El guardia se volteó para encender el intercomunicador. Recibió un golpe en la nuca, hacíendolo desvanecerse, derribar y poner de rodillas.

– ¡Levántate!

– ¡Eso… eso…!

El rostro giró 180° grados. Las vértebras le estallaron.

– ¡Dios! ¡Dios! ¡Carajo!

El último mantenía el arma en alto, apuntado por doquier. Retrocedió torpemente, hasta sentir el choque contra una persona que no estaba allí. Giró violentamente y disparó, sin descubrir al enemigo.

– ¡Vamos gallina! ¡Enséñame tu fea cara!

Una punzada hirviente se clavó entre sus costillas, reventando su corazón, y ascendió, en el mismo movimiento, hasta la clavícula, partiendo en dos el hombro. El atacante se dibujó en el aire, al apagarse el filo de energía calorífica.

– Debió haber sido más difícil.

Alex no tardó en alterar los controles de las bombas, redirigiendo los flujos de producción al módulo carcelario Delta, después de poner al máximo las plantas generadoras, en especial las de oxígeno y combustible.

<< Tienen que estar al tope >>

Colocó varios explosivos compactos traídos en su equipo personal, distribuyéndolo por toda el área de controles.

<< Lo encantador de un generador de oxígeno es la facilidad para hacerlo estallar >>

Solamente al considerar las cosas en orden, da un toque final. Dedica un poco de interés al botón  de emergencia sobre una de las paredes. Rompió la cubierta protectora.

<< Pongámoslos en movimiento >>

Las estridentes bocinas sacuden el aire con alarmas y luces rojas intermitentes. Para Alex, no es difícil alterar la computadora, extendiendo la señal de peligro a todo el complejo carcelario, provocando que los guardias tomen medidas de evacuación.

<< Fase uno, completa >>

De vuelta al Apokalipsis, Alex lo usa como elevador para llegar al casco inferior de la nave barracas. Ubicándose bajo el enlace receptor, donde el cordón umbilical que mantenía a la nave atada a tierra desembocaba en las cisternas de almacenamiento, abrió su camino, con algo de esfuerzo y una navaja láser, hacia el interior. A pesar de exponerse a la noche de Grilleta, congelante y hostil, su traje lo protegía totalmente.

<< El detonador está calibrado en veinte minutos. Suficiente para dejar listo el módulo Delta >>

Sumergiéndose sin duda en los ductos enmarañados, inició su infiltración en la nave barracas.

<< La fase dos deberá ser un buen reto, de lo contrario, todo el viaje habrá sido un despilfarro >>

Arriba, en el puente, los operarios enloquecieron ante la señal de alarma generalizada.

– ¿Quién fue la bestia que dio la alerta? ¿Eh? – gritó el supervisor en turno, ante la ausencia del alcaide – ¡Ubiquen el origen de la alarma! ¡Aun no doy autorización completa para las evacuaciones! ¡Que no dejen sus puestos!

– Señor, el origen se ubica en las plantas productoras. Están al tope de funcionamiento. Eso debió disparar la alerta.

– Comunícame de inmediato con los guardias en turno.

– Lo he intentado cuatro veces, señor. _

Otro operario interrumpe

– Señor, una nave se esta sobrecargando, probablemente los flujos estén desviados.

– ¿Cuál nave?

Alex levantó la muñeca para ver mejor su complejo reloj.

<< Veinte minutos exactos >>

La roca se resquebraja ante el bramido de la colosal explosión, destrozando el pico al que la nave barracas se anclaba. Las plantas generadoras se desintegraron entre fuego y astillas pétreas, y es cuestión de segundos para que las llamas asciendan por las mangueras y acaben con el complejo carcelario sin obstáculos.

– ¡Rompan las uniones! ¡Corten el enlace con la superficie!

La nave se sacudió ligeramente, al separarse del pico derrumbándose. Libre ya, dejó caer trozos de tubería ardiendo al sellar el casco inferior. El supervisor tenía la boca seca y pastosa. A pesar de mantener la templanza, en él germinaba la pequeña semilla de la desesperación.

-iniciaremos protocolo de desastre. Todos los presos a sus celdas, reúnan aquí a los guardias y solo mantengan grupos de cinco en cada modulo. – agregó alzando la voz amenazadoramente – ¡Necesito un informe para el alcalde Hiroyuki y lo necesito ahora!.

El traje fantasma terran le permitía ser invisible, además que su sistema espía lo hacía capaz de captar todas las transmisiones de datos en la zona. Apartado entre las cisternas de redistribución y la  ventilación a las turbinas propulsoras, Alex conversaba con su camarada.

<<Necesito escuchar que no estás retrasado>>

<<No estoy retrasado>>

<<Suena difícil de creer>>

<<Solo te digo lo que quieres oír. Cuando me indiques luz verde. Quiero saber cómo anda el nido de hormigas>>

<<Agitado>>

<<Demonios, problemas>>

<<Explícate>>

<<Luz verde>>

continuará…

Anuncios

Animate! Deja un comentario. Todos son valiosos

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.