Grilleta (parte VI)

(continúa…)

Thunder estaba ya casi listo para partir, sentado en su silla de piloto con los cinturones, accionando interruptores y moviendo controles. Justo antes de colocar los motores al máximo de su potencia, un portal al mundo negativo se abre por sobre su cabeza y de él caen dos paquetes de su cerveza habitual.
– Esto era – dijo él, mientras los ponía a resguardo bajo su asiento – Ahora si ya no falta nada.

Las turbinas temblaron. El par de naves se eleva rápidamente del piso, y, en sincronía, salieron del interior del Deathbird, tomando sin demora, dirección a Grilleta.

Tercer cartucho. Sobre las espinas de roca.
La atmósfera era pobre en oxígeno, rica en gases a base de carbono y azufre. No existía agua en la corteza terrestre, ni en los estratos inferiores, por lo que la vida nativa no existía. Su superficie era única, pues no había terreno plano en todo el planeta. Montañas, picos, crestas, cordilleras, precipicios, corrían, chocaban y se separaban sin descanso, y entre las construcciones geológicas, alzándose entre ellas, habían afiladas lanzas pétreas, arañando las alturas o disparándose de los abismos, congregadas en espacios estrechos u ocupando interminables kilómetros, donde el sol de ese mundo se sacrificaba al atardecer en un lecho de clavos. Grilleta semejaba así la punzante piel de un erizo, un grisáceo cacto, repleto de espinas de roca.

Por ser el planeta más alejado de un sistema de cuatro elementos, sus temperaturas globales no tenían picos demasiado abruptos. Esto, y la presencia de gravedad aceptable, fueron los únicos puntos a favor que le permitieron ser seudocolonizable. Sin embargo, permanecía siendo un terreno agreste, hostil y solitario, castigo idóneo para criminales empedernidos, apartados de toda comprensión o piedad de los sistemas vecinos. Ahora bien, ¿Cómo era vivir en Grilleta? Eso depende. Si eras preso, es pésima. O muy buena, si eras guardia.

Si eras preso, eras golpeado, torturado y humillado sin motivo. Si eres guardia, puedes golpear, torturar o humillar a quien se te antoje. Confinado en celdas minúsculas, los reos vivían apiñados, comiendo alimentos descompuestos y agua sucia, con solo unos minutos de ejercicio y luz solar al día, encadenados en grupo. Los guardias contaban con ciertos privilegios, como camas individuales, víveres frescos, licor y mucho dinero por sobornos, ganado por poco trabajo y muchas amenazas. Dos tipos de vida que pronto acabarían, dado los futuros acontecimientos.

El Sistema Bactriana, aquel de donde provenían gran parte de los reos recluidos en Grilleta, trababa serias negociaciones para firmar el Tratado Tallgeese. Sus tres sistemas aliados, Antinea, Sumeria y Asöka, apoyaban firmemente a Bactriana, uniéndose a las negociaciones. Apenas se pusiesen bajo la tutela del Tratado, el programa Justicia entraría en vigor, volviendo a Grilleta obsoleta. En previsión de eso, la Cárcel Productiva Estigyus ya viajaba con rumbo a Grilleta, esperando tan solo la firma del Tratado para iniciar la asimilación de todos los presos. La CIJ (Comisión Impatidora de Justicia) investigaría concienzudamente al personal carcelario, y hallaría que los guardias eran tan o más criminales que los reos. Compartirían entonces sentencia y castigo, en ese entonces, ambas caras de la moneda, serían iguales y sufrirían las mismas terroríficas condiciones.

El complejo penitenciario del planeta Grilleta consistía en una serie de naves ancladas en los picos rocosos, manteniéndose suspendidas sobre la inhabitable superficie, enlazados entre sí mediante conductos, uno, sujeto en su parte inferior, que les suministraba combustible y medios de supervivencia para reos y guardias. Otro, más amplio, servía como transporte de personal entre las naves, con cerraduras tanto de entrada como de salida, existiendo uno en extremos opuestos de la nave. El tránsito entre la nave barracas y los módulos carcelarios era realizado a través de un tercer conducto, idéntico al anterior. El área de recepción de personal poseía así una sola entrada, siento que el conducto se bifurcaba un poco más adelante, con una rama al módulo carcelario vecino, y otra, más larga, a la nave barracas, en el centro de la circunferencia de naves, y por lo tanto, del complejo.

Las naves periféricas, cuatro en este caso, podían ser piloteadas independientemente, si los enlaces se soltasen, moviéndose así libremente a través del planeta, tanto tiempo como durasen los suministros vitales. Estos suministros surgían únicamente de la nave más grande del complejo, la nave barracas, anclado firmemente a tierra y a las plantas productoras. La nave barracas era el centro de vigilancia y alojamiento de guardias, personal científico y administrativo. Ahí se regulaba el agua, oxígeno y combustible a cada cárcel, además de la producción de las fábricas químicas, única fuente de manutención en todo el planeta. Las fábricas yacían enclavadas en uno de los picos más altos de Grilleta, en la porción más gruesa, protegidas de temperaturas extremas y vientos violentos. Una red de tuberías, cuyas tomas eran gran parte del ancla de la nave barracas, llevaba los suministros a las cisternas de la nave, la cual decidiría a donde y cuando los bombearía de nuevo.

Complejo Carcelario Grilleta. Nave barracas y centro de control y vigilancia. Al ocaso.

El alcaide permanecía sentado a la mesa, sin tocar su cena. La miraba fijamente, sosteniendo la mandíbula con el dorso de los dedos. La sopa se enfriaba y la carne se endurecía, pero él continuaba absorto en sus pensamientos. Estaba arruinado. Junto con todos los demás.

– Malditos samas.

En un arranque, empezó a comer rápidamente. Al masticar, venía a su memoria el cómo trató de acercarse a los representantes confederados de la CIJ, llegados a Bactriana para iniciar el traspaso de poderes. Hizo alarde de ser el alcaide de Grilleta mejor posicionado a la fecha, pero fue inútil. El sistema penitenciario como tal sería desmantelado, Grilleta desaparecería, y él sería reasignado en la CIJ, solo si tenía un currículum aceptable, un historial limpio y demasiada suerte. Tenía vívido el perfecto rostro azul de Balder, un investigador sama de la CIJ, y todavía sentía un aguijonazo de rabia al recordar la respuesta obtenida al preguntarle si existía alguna remota posibilidad de mantener su puesto y beneficios:

“Existir significa cambiar. Vea esta circunstancia como una readaptación de su carrera – sonrió con su alegría juvenil y esos ojos ambarinos – Un renacimiento.”

Aún no era totalmente oficial, cierto. Bactriana podría negarse a firmar el tratado Tallgeese y dar marcha atrás. Pero esperar eso sería estúpido. La ceremonia para la firma ocurriría en días. Hubo reacciones negativas, como siempre las hay, pero fueron aplastadas por la inmensa mayoría que por todos los medios posibles hacían llegar petición de anexión de los cuatro sistemas a la Confederación. Los policías y detectives de la CIJ estaban ya investigando nexos y redes criminales, y no tardarían en descubrir las raíces de corrupción que mantenían a Grilleta saludable y vigorosa. Comprobó, con enojo, en su última visita a Antinea, que los samas son incorruptibles. Sencillamente, porque no eran humanos. Entonces, ¿Cómo encubrir los desfalcos, los fraudes, las estafas? ¿Habría manera?

– Siempre hay una manera. – dijo el alcaide a su vaso de nihonshu vacío. – Siempre la hay.

Era la hora de la inspección. Bajo la máscara de la rutina, el alcaide Hiku Hiroyuki ocultaba sus tribulaciones internas. En el cuarto principal, como todos los días, se dirigió a uno de los operadores del control maestro.
– Escucho su reporte
– La producción de las plantas se encuentra a niveles intermedios, señor. Nuestras cisternas recolectoras están a un 60% de su capacidad.
– ¿Los módulos carcelarios?
– Bajo control. Sin reportes de altercados o incidentes a quince minutos de terminar con el cambio de guardias.

El alcaide Hiroyuki revisó las cámaras de seguridad, caminando lentamente por la colección de monitores. Las celdas lucían cerradas y a oscuras. Podía verse el escaso movimiento en su interior, de los hombres intentando dormir.
– ¿Alguna señal proveniente de los sensores externos?
– Una pequeña lluvia de meteoritos, en el polo opuesto.

Dando una cabezada de conformidad, el alcaide Hiroyuki se retiró nuevamente a su oficina. De su mente aún no se esfumaban los samas y la Confederación. Contrariamente, se agregó una idea nueva.
<< El plan es absurdo. No confío en él. Pero actualmente no confío en nada ni nadie, así que da lo mismo. El cuento ese de la confesión…>>
Tomó asiento detrás de su escritorio. Clavó sus ojos en la pantalla de su computadora.
<< Probablemente no sirva de nada. Probablemente nos condenen. >>
Abrió los cajones automáticamente, sin buscar nada en especial. Dio con una botella de awamori y se sirvió un vaso.
<< Solo yo y ese patán debemos saberlo, sin testigos o soplones. Por mí, no hay problema, y él es una rata egoísta, que solo desea salvar su propio pellejo, así que no incluirá a nadie más. Pero permanezco receloso. ¿Quién sería lo bastante estúpido para aceptar? Aunque… >>
Bebió un trago. Miró de nuevo su pantalla. Los perímetros estaban asegurados. Los guardias en sus posiciones, los sensores de actividad cercanos permanecían silenciosos. Grilleta era impenetrable, segura en sus fortificaciones, soportando el caer de la noche sobre los cielos. El alcaide Hiroyuki dio un suspiro.
<< … siempre hay una manera. Siempre la hay. >>

Una hora posterior a la llegada de la negritud nocturna…

Dos naves se acercaban a Grilleta. Disminuyeron su velocidad.

<< Libera al SIBS >>

En órbita alta, una de ellas abre su compuerta de carga y trata de expulsar algo al espacio. Segundos después, a pesar de que nada ha salido, vuelve a cerrarse.

<< Cuidadosamente >>

<< ¡Lo estoy haciendo con toda la maldita delicadeza que tengo, carajo! >>

Thunder se balancea con los brazos en un segmento de tubería de gas, mientras da de coces con ambas piernas al carrito donde el SIBS está empotrado. Las pequeñas llantas se han atascado en los rieles y no avanzan hacia la salida.

<< ¿Lo estás golpeando para hacerlo funcionar? >>

<< Claro que no >>

Tomando impulso en el aire, da una magnífica patada que hace saltar al carrito, sacudir al SIBS y moverlo hacia adelante, evitando el bache en los rieles, al tiempo en que milagrosamente libera las ruedas.

<< ¿Lo estás pateando? >>

<< ¿Por qué preguntas algo que ya sabes? >>

Solo se necesitó un empujón más para ponerlo en camino, y Thunder corrió a cerrar la compuerta de seguridad, y abrir la exterior, cerciorándose por la escotilla de que el satélite desechara sus cubiertas plásticas, abriéndose así como una estrella de mar con membranas entre sus extremidades.

<< Ya está >>

<< Derek, inicia operaciones >>

<< A la orden, capitán >>

Desde el Deathbird, convenientemente estático fuera del alcance radial, activó los programas. Mediante control remoto, alineó emisores y receptores. Hizo un rápido diagnóstico de los generadores de frecuencia.

<< Sistema en línea. Mandando las señales de bloqueo. El radar orbitario estará inutilizado a partir de… ahora >>

<< Entendido >>

<< ¿Y yo que hago? >>

<< Salir de la línea, Ranchi >>

<< ¡Y ponerte a lustrar mis botas! >>

Un par de luceros rompieron la formación de constelaciones astrales. Alcanzaron la grieta más voraz de la tierra  y se detuvieron allí, fuera de vista. Solo una, la más grande, ascendió tímidamente, aventurándose sobre el valle de agujas. Con los motores en marcha mínima, su ocupante se alista para la acción.

<< A tu señal >>

<< Iniciaré el modo fantasma >>

Thunder utilizaba unos guantes de material aislante y provistos de sensores que le llegaban hasta el codo. Traía puesto un pesado casco con filtros atmosféricos y sistema de comunicación con recolección de datos, conectado por medio de mangueras a los tanques de aire que lleva a sus espaldas. Primero ajustó su chaleco blindado, antes de abrir la escotilla superior y exponer su espalda a la atmósfera de este mundo.

– ¡Con un carajo! Si que hace un endemoniado frío

Justo por encima de su cabeza, una aeronave negra lo esperaba. Dos cadenas son lanzadas alrededor de ella, a manera de riendas. Al cerrarse la escotilla del #1, Thunder colgaba del Apokalipsis, sujetándose con brazos y piernas.

<< Elévate. Tomaré mi lugar >>

<< Enterado. En rumbo al complejo carcelario >>

Acrobáticamente, Thunder se colocó sobre la sofisticada nave de Alex, boca abajo, como si montase un animal enorme. Usando las cadenas, logró mantenerse firme, aún cuando implacables ráfagas heladas lo azotaban con energía para derribarlo. Una de las características de Thunder es sobrevivir en situaciones en las que nadie esperaría hacerlo.

(continuará…)

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