Reflexión al madrugar

Creo que uno de los cambios más profundos que he tenido en mi vida ha sido en la manera de cómo me relaciono con los demás. Hubo una época, hace ya tiempo, en que tenía una timidez y una inseguridad que me hacían tener miedo de hablar. Temblaba cuando tenia que interactuar con cajeras, con despachadores o vendedores de mostrador. Y cuando empecé a laborar como docente, tenía que poner demasiado de mi empeño para dirigirme a los alumnos, y era muy mala imponiendo disciplina en clase.

Un escritor llamado Neil Gaiman dijo alguna vez “se sabio, y si no puedes ser sabio, haz lo que un sabio haría”. Mi cambio inició con “fingir” que no me daba miedo hablar con algún desconocido en la calle para pedir la hora o alguna dirección. Respiraba profundo, repasaba mentalmente mis líneas y me lanzaba a hablar. Poco a poco, deje de “fingir” y la interacción surgía más naturalmente, Con los alumnos, “imaginaba” como se comportaría el maestro que mas me influyo para aprender y trababa de darme a respetar como él lo haría.
Lo curioso es que funcionó, y actualmente, el último grupo que tengo se queda quieto y en silencio cuando digo en voz alta a aquel que pone la distracción en la clase “hoy no estoy de humor para eso”.
Creanme, hace apenas unos años eso no hubiese funcionado.

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