El Hechicero Metálico (parte XIX)

(continúa…)

El aludido alza la mano, indicando que aceptaba el ofrecimiento, y la botella aterriza en su palma abierta. Toma un sorbo profundo y escucha como Thunder hace lo mismo con su cerveza. Después de eso, se dieron el lujo de quedarse en silencio y totalmente quietos.

XII. Una semana después

Thunder estaba atornillado la cubierta de un vehículo terrestre. Alex alineaba los cables del sistema de conducción, tratando de acomodarlos en el compartimiento a un lado del volante.

– Nos cumplió eso de siete días inconsciente. ¿Ya se ha levantado?

– Si – responde Thunder – fue a ver a Derek.

Ranchi salió de la habitación con sumo cuidado. El niño dormía. Regresó a su trabajo, para encontrarse a los dos hombres dándole los últimos arreglos a los vehículos más funcionales. Alex la interrogó con la mirada.

– Está bien. Asustando, avergonzado, pero bien. Sus heridas sanan rápidamente.

Ellos no dicen palabra y continúan con lo suyo.

– Ustedes – dice la chica tímidamente – ¿Van a castigarlo?

Alex es quien contesta.

– Haremos lo que tengamos que hacer.

Ranchi se acerca a ayudar a Thunder, levantando a manera de gato un pesado vehículo usando solo sus manos. Llevaba unos quince minutos en eso, cuando éste le dice que lo regrese al suelo.

– Se me olvidaba. Toma.

Le lanza al pecho una pequeña arma. Ranchi la atrapa con nerviosismo.

– Pero yo no se disparar.

– Me he dado cuenta de eso. Vas a tener prácticas de tiro, porque tu puntería es rajadamente pésima. Dos horas de práctica diaria. ¿Objeciones? Al diablo.

La chica examina de cerca su nueva pistola.

– Súper.

Durante la semana en que Ranchi dormía sin interrupciones, Derek se reponía e la aventura dentro de su habitación. Trataba de mantenerse solo y fuera de la vista de sus mayores, procurándose el mismo alimento y vestido, casi a hurtadillas. Cuando escuchó como tocaban a su puerta, dio un respingo encima de su cama, saliendo de su ensimismamiento y la infructífera observación de la lámpara del techo.

– ¿Ranchi?

– Quisieras. Abre.

Ese vozarrón hizo temblar de pánico al niño, quien presto fue a destrabar el seguro. Apenas liberó la puerta, regresó a esconderse entre las mantas. Thunder entró, cerró tras de sí, se acomodó a un lado del niño y destapó el bote de helado que traía en la mano.

– Te ofrecería un trago, pero Ranchi dice que es lo mas fuerte que tienes permitido tomar.

Sacó un par de cucharas de su chaqueta sin mangas, y el tomó el primer bocado.

– Más ron no le caería mal

Derek se quitó la sábana de la cabeza. Sujetó la cuchara limpia y probó un poco.

– Tienes que ser mas niño y menos genio – continúo Thunder – Ser listo no te obliga a solucionar cada problema que aparece. A veces se necesita experiencia, haber cometido montañas de errores y haber sobrevivido a ellos. O incluso solo basta con un poco de suerte.

El niño come más helado. Thunder le acerca el envase.

– Discúlpame si alguna vez te he gritado o presionado. Si uno no tiene cuidado, se transforma en lo que mas odia.

Derek mira al enorme hombre sentado a su lado. Grande como un volcán, fuerte como una ola de mar. Una sombra bajo la cual protegerse, más palpable y real que el tibio recuerdo amargo de sus padres. Quería decirle cuanto significaba para él, lo poderosas que eran sus palabras y sus gestos, pero, de momento, solo una frase era la más adecuada.

– Lo siento.

Thunder mira al pequeño niño acurrucado bajo su hombro. La ciencia, las máquinas, los aparentes milagros no significan nada para él. Porque desde el principio ha visto su verdadera naturaleza, un crío asustado, temeroso y perdido, necesitado de guía y protección. Una visión de lo que alguna vez conoció, de lo que fue el mismo, en épocas y lugares carentes de nombre y tiempo. ¿Cómo podría estar enojado o rabioso con ese ser indefenso? ¿Cómo siquiera atreverse a lastimarlo?

– Te acepto las disculpas si juras no volver a hacerlo.

– Juro no volver a hacerlo.

– Disculpas aceptadas.

Ambos comieron otra porción de helado. Derek se sentía capaz de mirarlo y un poco menos rígido.

– Por cierto – agregó Thunder – el supersoldado quiere verte.

Derek perdió el aliento y por poco se asfixia con el helado que tenía en la boca, recobrando la palidez del rostro.

– ¿Esta enojado?

– Es difícil saberlo. – Thunder tomo otra cucharada mientras pensaba en su respuesta – Nunca lo he visto enojado. O contento. O algo similar a ambas.

Mas tarde…

El lugar favorito para intimidar de Alex era su biblioteca. Tenía cierto aire de cámara de interrogatorios que ponía los nervios de punta. El niño permaneció de pie con la cabeza gacha mientras el capitán permanece sentado con las piernas cruzadas y las yemas de los dedos apoyadas entre sí, alumbrado solo por la lámpara de lectura, dándole una elegante reprimenda y resumida narración de los peligros que pasaron para rescatarlo. Después de varios minutos y las formales disculpas de Derek, Alex aborda otro tema.

– Originalmente – dice, moviéndose un poco en el asiento – escuché las plegarias de tu hermana con respecto a dejarte tranquilo. Pero, dado que por poco causas una catástrofe cósmica por falta de supervisión, iniciarás un entrenamiento físico y mental exhaustivo, más algunos tópicos extra a tu educación. ¿Cuál es tu opinión al respeto?

– ¿Qué no tengo opción?

– Captaste el mensaje.

Alex se pone de pie y enciende las luces generales. Una preciosa colección de alrededor de doscientos tomos descansa en pulcro orden y anaqueles brillantes.

– Derek, ¿sabes porque me agradan los libros?

– Porque son difíciles de obtener, extremadamente caros y te dan un aire aristocrático.

– Cerca.

El capitán tomó con cuidado uno de esos preciosos volúmenes.

– Aún eres pequeño par asimilarlo, pero en algún momento comprenderás lo que significa tener un mundo y una historia encerrada en páginas, y que, para acceder a él, no necesitas ninguna máquina o dispositivo, como bien lo expreso Thunder recientemente, sino solo hojear algunas páginas, y dejar que tu mente e imaginación hagan el resto. Deposita tu confianza en el libro, y, a cambio, éste te entregará sus secretos.

Derek extendió su manita para tomar alguno de esos libros, pero se detuvo. Era como tocar una de las partes más íntimas del espíritu de Alex, y eso solo podía hacerlo con su consentimiento.

– La experiencia es una buena maestra. Pero no podemos tener cantidad infinita de experiencias, porque necesitaríamos cantidad infinita de vidas.

Colocó de nuevo el libro en su sitio, con extremo cuidado.

– Al leer, pues vivir otras vidas aparte de la tuya. Otras eras, sitios, circunstancias. Y claro, aprender de esas experiencias.

Seguido de su aprendiz, Alex se adelanta unos pocos pasos hacia otro estante.

– Pasaste de vivir en el pasado a moverte libremente en el futuro, y aparentemente te has adaptado bien. Eso es porque eres un niño. Plástico, moldeable.

Derek se acerca más a su nuevo maestro, mirándolo con veneración.

– Creo que es un buen momento para preguntártelo, ¿de dónde obtuviste los datos para descifrar el funcionamiento del reactor?

– Unas memorias viejas que me diste a borrar.

– Ya veo. ¿Y las leíste a fondo, o solo extrajiste la información que te interesaba?

– Esto… Un poco de ambas. Había una narración con datos históricos muy vagos.

– Datos históricos muy vagos. – repitió Alex, como si tratara de ironizar la frase.

Encuentra el libro que está buscando. Se lo acerca a Derek, que lo toma con cuidado.

– Es uno de los últimos en ser impresos. Después, todo se volvió formato digital, es decir, los medios a los que te has acostumbrado. Su publicación, si bien al principio fue libre, terminó siendo clandestina. Tener posesión de un ejemplar era prohibido. Las universidades y bibliotecas no guardaron respaldos de su información. Sus palabras se perdieron cuando los gobiernos de los sistemas los apilaron en túmulos y les prendieron fuego.

Derek tenía la boca abierta en auténtico asombro. Una mezcla abrumadora de emociones corría por su cuerpo, en parte excitación por tener acceso a ese libro misterioso, y en parte alegría, al ver como el capitán Alex se tomaba muy en serio su instrucción.

– Logré rescatar varias copias en buen estado del texto. Los hallé en una bodega maloliente, cuando Thunder y yo buscábamos municiones para armas descontinuadas.

El niño lee la portada del libro.

– Historia. Historia Terráquea. La estudié cuando vivía en Nueva Standford Beta.

– Por supuesto. Pero podría apostar que todo lo que te enseñaron no concuerda con “los datos históricos vagos” documentados en las memorias.

– ¿Cómo lo sabes?

– Tu mundo mantenía una gran mentira. Así que lo primero que voy a enseñarte es acerca de la naturaleza humana. Acerca de sus actos y errores.

Se da una pausa en la conversación. Derek abraza el libro, mientras Alex lo mira de reojo.

– Estudiaremos dos horas cada tercer día, más aparte el entrenamiento físico. ¿Entendido?

– Si.

– Fin de la sesión. Reintégrate a tus labores.

Así, Derek comprobó algo: el capitán Alex poseía muchos secretos bajo esa armadura congelada con la cual se protegía de los demás.

Ya en la noche…

– ¡Vaya día!

Ranchi le colocaba el pijama, y arreglaba la cama a un Derek muy incómodo.

– Deja de hacer eso.

– ¿Qué?

– Atenderme. Casi te mueres por mi culpa.

Ranchi mete a su hermanito bajo las sábanas y le planta un beso en la mejilla.

– En primera, eres mi hermano menor, en segunda, tú estás vivo y recuperado, y en tercera, yo siempre estoy al borde de la cordura y la muerte, así que arriesgar el pellejo para salvarte es lo menos que haría por ti.

Los hermanos se abrazan con cariño. No necesitan palabras para expresar sus pensamientos.

– Y bueno… – dice Ranchi – me comentó Thunder que Alex te ha dado clases.

– Solo una, la primera. Me prestó un libro para leer.

– ¿De que se trata?

– Del hombre. Historia. ¿Sabes? Nuestro planeta estaba lleno de mentiras. ¿Tenías idea de que ocurrieron cuatro guerras mundiales en la Madre Tierra? ¡Cuatro! Es como despertar de un sueño. Descubrir la cantidad de falsedades que nos hacían respetar. – Miró las manos de su hermana sosteniendo las suyas. – Tú siempre lo sospechaste. Cuando vivíamos allí.

– Los fantasmas me decían que el hombre tenía una naturaleza corrupta. Llevaba el odio en su espíritu y lo ha esparcido por el resto de las estrellas. Pero la pregunta sería su era naturaleza aún persiste en nosotros.

– Creo que Alex me enseñará – respondió el niño – a descubrirlo por mi mismo.

Derek toma su almohada y abre el cierre de la funda. Retira de entre el relleno la memoria digital que inició la aventura, entregándosela a su hermana.

– Léela.

Ranchi besa de nuevo a su hermano y lo recuesta. Acomoda a su lado un muñeco de felpa.

– Duerme. Sueña con helado.

Al salir, apaga la luz. El pequeño abraza al muñeco anaranjado de tres ojos saltones mientras se acomoda para dormir.

– Al parecer, señor Bepop, las cosas vuelven a su carril. Al menos por ahora.

A la mañana siguiente.

Un día ajetreado. Derek engulle un pan con jalea de naranja y un vaso grande de jugo de manzana mientras escucha los gritos de Thunder llamándolo al puente.

– ¡CUANDO DIGO AHORA, ES AHORA, NO CUANDO SE TE PEGA TU REGALADA GANA!

Con ayuda de la teleportación de Ranchi, y los descubrimientos de Derek, el Deathbird ha vuelto a ser operativo. Los motores por fin han encendido.

– ¡Con un maldito carajo! ¡Con un rajado y maldito carajo!

Thunder trataba de diseñar un plan de vuelo en la computadora de navegación, pero ninguno de sus cálculos cuadraba.

– ¿Estás seguro de que no se jodió el mapa estelar?

– Seguro – contestó Alex

– ¿A que tanto grito? – preguntaba Ranchi recién llegada con partes de repuesto para computadoras.

– Hay que ir a cazar lo más pronto posible. El dinero es un recurso no renovable. Hay que aprovechar que esta nave esta en marcha, así que tenemos que largarnos. Hemos holgazaneado demasiado.

– Holgazaneado, ¡ja! Entonces, según ti, nos hemos ido de fiesta en fiesta todo este período, en unas larguísimas vacaciones, porque hemos hecho de todo, menos trabajar.

– ¡Somos cazarrecompensas, no unos jodidos mecánicos! ¿Cómo crees que nos ganamos la plata? ¿Pegando remaches? ¿Destapando caños?

Alex ahoga la discusión con su siguiente orden.

– Tripulación, hay que dirigir el hipersalto y vigilar el nivel de funcionamiento de los propulsores. Ranchi, a los monitores, Derek, estado de los motores, Thunder, ¿terminaste con las guías de navegación?

– Están encendidas y acepto sugerencias de destino. De preferencia lugares con trabajos rápidos y que valgan la pena.

– Nada de la Confederación. – comentó Alex – Aún tenemos que poner más distancia entre nosotros y Nueva Standford antes de que empiecen a unir cabos sueltos.

Los monumentales propulsores rugían de expectación. El Deathbird había resucitado de su hibernación forzada, y estaba listo para viajar. Todo él aguardaba nerviosa el destino a donde la llevarían sus tripulantes más recientes, un destino enigmático, así como poco ortodoxo. Pero el Deathbird estaba seguro, a pesar de eso, de estar en buenas manos. Confiado y convencido, no había razón para negarse a cooperar con sus nuevos inquilinos, quienes descubrieron y liberaron su verdadero potencial.

– ¿Entonces? – preguntó Ranchi, mientras ocupaba asiento ante una hilera interminable de pantallas y teclados. Derek dirige la mirada hacia su capitán, quien, con las siguientes palabras, los llevaría a la próxima etapa de sus descarriadas vidas.

– A los Sistemas Limítrofes.

 FIN DE ESTA AVENTURA.

Anuncios

Animate! Deja un comentario. Todos son valiosos

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s