El Hechicero Metálico (parte XV)

La joven deshizo el nudo, y extrajo un paquete de galletas, único alimento que traía. Rompe el empaque y se mete una pieza entera a la boca. Un gruñir sordo retumba por las paredes. Una maquinaria gigantesca e invisible ha iniciado su marcha. Ranchi carga la maleta y devora su almuerzo apresuradamente, alcanzando a Thunder y a Alex justo cuando abren y entran al siguiente elevador. Han descubierto que éste tan solo puede descender, lo que significa que Derek continúa su bajada. Tratan de alentarse con la idea de que el niño empiece a estar tan agotado como ellos.

 

  1. Hace tres horas.

 

Un corazón late más allá de sus límites anatomofisiológicos. Un pequeño corazón frenético, convulsionando dentro de sí, enviando sangre espumeante al órgano más importante de ese infantil cuerpo, alimentando así a cada una de las células de su cerebro excepcional. Un cerebro que nunca para de crear.

– Nota… nota a mi mismo – Derek resuella – Mejorar condición física.

Tose sin saliva y el costado lo mata. Pero no puede dejar de correr. No si quiere aprovechar cada minuto en tratar de controlar los demonios que ha soltado de la jaula.

– Continúo grabación. Estoy a unos trescientos metros de la entrada al reactor de antimateria… – el pequeño se agacha y apoya sobre sus rodillas para tomar aire – He tenido que correr durante los primeros cuatrocientos, pues… – respira con un poco más de profundidad y calma – el sector del reactor estelar solo cuenta con un único acceso a casi un kilómetro de distancia… fue el más cercano que pude desbloquear.

En ese mismo sitio, el primer peldaño de una larga e intrincada escalera, se sienta y abre la maleta.

– ¿Y porque estoy corriendo? Porque, debo admitirlo, las lecturas que estoy recibiendo, bueno, son espantosas.

Enciende su par de laptops. Ya no hay expectación o alegría en su rostro. Cansancio y pesadumbre.

– Continuo grabación… reactor cuatro, con escape de material radioactivo… al parecer los reactores no trabajan únicamente con antimateria, en realidad son conglomerados increíblemente complejos de distintos métodos masivos de obtención de energía, por supuesto, la antimateria es el factor común y predominante. Nuevas notificaciones… sobrecalentamiento general en reactor cinco, dos, y cuatro, uniéndose ahora el tres a la falla… error en los conductores… la ausencia de coordinación alcanza niveles críticos. Un reactor se reporta ineficaz y los otros cuatro aumentan el índice de fisiones para suplir al defectuoso, llegando a temperaturas cercanas a la fundición. Mas sin embargo, repentinamente…

Derek tecleó en sus laptops. Saca de su chaleco, semejante a los usados por Alex y Thunder, una microcomputadora que alguna vez perteneciera a su capitán, adaptándole al momento un dispositivo auricular y micrófono, un pequeño receptor de señales remotas y una funda elástica para adosarla a sus costillas izquierdas.

– Continúo grabación. Usaré comandos de voz y mis dos terminales, y espero poder contener este desastre. Iniciar diagnóstico sobre la integridad de los acopladores de datos. Tengo una teoría… puede existir un problema en la integración de la información recibida de los centros periféricos de producción energética por parte del reactor estelar. Es decir, la producción de energía aparece en los indicadores casi nula, y al segundo siguiente… – en cada mano trabaja con una computadora, realizando operaciones diferentes. Sus ojos van de pantalla a pantalla, al pulir sus hipótesis. – aparece a más del cien por ciento de productividad, sin ascenso gradual. Físicamente imposible. Entonces, es casi seguro de que se trate de una falla en los acopladores de datos. Diagnóstico finalizado… integración informática incompleta.

Derek no ha movido más músculos que los de sus brazos y dedos. Las piernas se le entumen y la espalda le duele, pero eso no llama su interés ahora. Bajo la luz errante y los temblores breves y ocasionales, continua.

– Activar protocolos de enfriamiento de emergencia. Encender las bombas del congelante molecular y dirigir los flujos a sectores más allá de los cinco millones kelvin. Abortar reacciones caloríficas en módulos épsilon, kappa y ómicron del reactor cinco. Iniciar descenso de fisiones de tritio y elementos relacionados.

Suspira. Nada de eso será suficiente. Él lo sabe muy bien.

– Mal, mal, mal… debo llegar a la consola integradora de datos, y de ahí, iniciar el arranque del reactor estelar. La consola más cerca está en el reactor uno de antimateria.

Recoge sus cosas frenéticamente y continúa la carrera. Toma las escaleras de bajada frente a él, alojadas en un espacio amplio y oscuro. Arriba pueden verse los andamios de niveles superiores, con una ominosa sensación de vacío presente por doquier. Derek está cansado y nervioso. Después de un trecho considerablemente largo, tropieza y cae rodando unos veinte peldaños.

– ¡Arggg! ¡Rayos!

Termina boca abajo y con solo un corte en la rodilla, además de varios golpes en el resto del cuerpo, pero aún así, le cuesta trabajo reincorporarse. Es invadido por una urgencia de llorar a lágrima viva, y sin embargo, se resiste a ella.

– Fuerte. Debo ser fuerte.

Extraña los mimos de su hermana, quien acudiría gritando hacia él. Thunder lo levantaría del cuello de la camisa, y Alex, frío e inexpresivo, le curaría la herida. Ese corte en la piel no es tan doloroso para el pequeño como saber que se encuentra solo, extraviado y lejos de cualquier ayuda posible, enfrascado en un terrible problema que él mismo originó. Desgraciadamente, su computadora insiste en seguir dándole malas noticias.

<< No se han completado los parámetros para asegurar una fisión astral estable. >> recitaba la diminuta voz electrónica en su oído izquierdo << Niveles periféricos de energía erráticos. Reactor astral en estado de latencia. >>

– Tengo que seguir, no puedo abandonar el proyecto, mucho menos en estas condiciones.

Busca en su contrahecho equipaje algo para vendarse la rodilla. Cojeando, reinicia la marcha, aumentando poco a poco la velocidad de sus pasos. Las escaleras lo han llevado hasta la entrada principal del reactor uno de antimateria, primera parada de Derek antes de alcanzar el reactor estelar. Un recuerdo inconexo, una oración tomada de ese cúmulo de información perdida que originó la travesía del niño, emerge.

<< El origen y solución de la calamidad humana, aguarda adentro. >>

Derek avanza, con más decisión.

– He llegado muy lejos. Si puede hacerse ¿Por qué no hacerlo?

Con el único apoyo de su genialidad, Derek se lanza a si mismo al espíritu incandescente del demonio.

 

Momentos después…

– Bonita remodelación – dice Thunder.

Los tres camaradas han caminado bastante desde que abandonaron el último elevador funcional. Están ahora en un largo corredor de aspecto peculiar. Por las paredes, corren extensos tramos de tuberías, las que se unen y ramifican por doquier. A primera vista, esta instalación fue colocada después de la construcción del nivel, pues los tubos cubren incluso las salidas clausuradas. Segmentos de suelo, en donde emergen bastantes de esos troncos metálicos, fueron destrozados sin cuidado y sin reparación posterior.

– Mi pregunta – decía Ranchi – es el porqué de esta tubería. ¿Se habrán equivocado al diseñar el nivel?

– Lo dudo. – dijo Thunder – Más parece un remiendo de urgencia.

Ranchi camina cerca de una de esas tuberías. Ve pequeños agujeros que casi la perforan.

<< Balas. >>

Introduce la punta de su dedo en uno de esos orificios. Llegan a su mente extractos de su historia.

<< Humanos contra humanos. Guerra entre los bienaventurados en el viaje al paraíso. Los soldados disparan, y los muertos caen con las armas calientes en las manos. Aquí, un batallón luchó para defender la entrada olvidada. Falleció protegiéndola. Los gritos y el tronar de los disparos, perforan las paredes y las almas. Nadie debía pasar por esa entrada. Muchos hombres entregaron su vida para conseguirlo. Al final, solo sobrevivió el frío. >>

– ¡Despierta! ¿Qué es eso que tienes ahí?

Ranchi sacude su cabeza, saliendo del trance. Su dedo aún está en el agujero. Percibe algo móvil en el fondo. Con un poco de esfuerzo, logra sacarlo.

– Una bala.

Alex y Thunder miran curiosos el pequeño objeto recién descubierto, y se dan tiempo para examinarla por separado.

– Interesante – dice Alex.

– No reconozco el material – agrega Thunder – y eso que he visto muchas balas en mi vida. – y se la regresa a Alex.

– Habrá que investigarlo con calma – mira a Ranchi – ¿Me permitirías…?

La chica tarda un poco en entender que se refería a conservar la bala.

– Claro, claro. – Respondió apenada – No hay problema.

Continuaron avanzando.

– Thunder…

– ¿Qué quieres, Ranchi?

– ¿Por qué dices que no reconoces el material de esa bala?

– Es común hacer balas con los metales que tengas a la mano, y recuerda que no todas las armas continúan utilizándolas. Hay lásers, pulsos gravitacionales, electromagnéticos, tú nombra.

– Ya lo recuerdo. Aún me extraña que ustedes dos sigan usándolas.

– Economía. Endemoniadamente baratas. Las armas son casi desechables, así que si perdemos media docena en misión no nos afecta demasiado. Compramos un fundidor y lo llenamos con cuanta chatarra recolectemos. Salen aleaciones raras, pero en general son buenas balas.

Ranchi es presa momentánea de un escalofrío que la hace tiritar y frotarse los brazos.

– Brrr…. Eso me pasa por no usar traje térmico.

Thunder también nota un descenso en la temperatura. Alex lo comprueba al retirarse su media máscara y exhalar una columna de vaho.

– No es normal.

Un ruido de fluir, un murmullo húmedo se escucha aumentar lentamente de volumen. Muchos ductos vibran, y una presión interna ensancha los codos y coyunturas. Alex examina uno de esos ductos, al seguir su trayecto por varios metros.

– Congelante molecular, en gel líquido. Eso explicaría el frío repentino. Hay que alejarnos lo más posible de él.

Siguieron moviéndose hasta escuchar un pequeño estallido detrás. Una fuga saltaba de los puntos de unión entre dos ductos. El gel congelante tenía un comportamiento peculiar. No goteaba, ni escurría, sino crecía como los brotes de una planta, extendiéndose y ramificándose, inmune a la gravedad, formando una telaraña azarosa y cristalina. Con la presión de flujo, varias fisuras aparecieron en el sistema de tuberías, y uno de esos escapes de gel se desarrollaba al lado de Ranchi.

– Genial… ¡Miren, chicos!

Un delicado y frágil gusanillo se estiraba al liberar bifurcaciones por doquier, y uno de ellos terminó en un redondo y diminuto botón, a milímetros del dedo extendido de la chica, quien miraba embelezada el fenómeno. El botón se abrió para liberar un copo de intrincadas combinaciones geométricas, enmarcados en una figura pentagonal. Alex tiró de la espalda de Ranchi con tanta fuerza que casi la tira al suelo.

– Ese gel nulifica la energía cinética a nivel de neutrinos. Cero absoluto termodinámico. Si llegases a tocarlo, tus células se cristalizarían casi de inmediato. No debemos retrasarnos más.

El frío se intensifica, alimentado por el mayor número y magnitud de las fugas, provenientes de esa red de tuberías en pésimo estado. El aire se llenaba de hielo, y el gel seguía expandiéndose, ocupando lo espacios posibles, imposibilitándoles los movimientos a los tres viajeros ansiosos por salir de ahí. Thunder, un hombre que se jactaba de tener combustible ardiendo en las venas, tiritaba sin escrúpulos.

– ¡De…monios! ¡Nunca…había… sentido… tanto rajado frío!!

– Derek debió… – Alex también, a pesar de su traje aislante, padecía del descenso abismal de temperatura – activar los sistemas de enfriamiento. Estará distribuyendo cantidades masivas del gel congelante a los cinco reactores.

– Aunque con estos… jodidos escapes, – continuó Thunder – no ayudarán de mucho. El resto del red de distribución… brrr, carajo… estará igual o peor.

Estaban cerca de la salida, peo el creciente frío era una cadena pesada colgando de sus cuellos. Ranchi tenía la extraña sensación de que el tiempo mismo se detenía. Y las cosas volvieron a moverse cuando, anunciado por un quebrar y un borboteo, un lago de gel congelante inundaba el piso, corriendo rápidamente hacia sus pies.

– ¡Escalen lo más alto que puedan! – gritó Alex.

Thunder logró dar un salto para encaramarse a varios tubos en la pared, y Alex hizo lo mismo con algo más de estilo, mientras le dice a Ranchi.

– Dame el equipaje, – ella se lo lanza a los brazos de inmediato – necesitarás…

Ranchi esta flotando sobre las garras heladas que tratan inútilmente de alcanzarla estirándose desde los suelos.

– … volar.

El frío es insoportable. Ella puede ver el dintel de la salida, a varios metros de distancia, coronado de varias fisuras que alimentan a un cristal gélido, el cual emerge sellando su futuro escape. Y el largo camino que dejó atrás, esta sellado por las creaciones fantásticas del congelante, fuertes y castillos brillantes como gemas heladas.

– La realidad se congela. – menciona Ranchi al encoger las piernas y abrazar las rodillas en el aire, jurando percibir como la energía de la vida se consume. – Hay silencio, todo se vuelve estático…. ¿Chicos?

Ranchi ve las extremidades de Thunder anormalmente rígidas, al tratar de alcanzar algo de su cinturón. Alex definitivamente no se mueve. La chica sabe que se están congelando en vida.

– ¡NO!

Un plan descabellado se le ocurre de inmediato. Va a liberar cuatro granadas del armamento de Thunder. Son las granadas de alto poder que fueron usadas para esterilizar un nivel y freír un cubil atestado de parásitos caníbales. Aunque en esa ocasión solo fueron necesarias dos.

<< Espero que con esto baste. >>

Arranca los seguros, permaneciendo al lado de sus compañeros, con los ojos cerrados y las granadas en sus manos. La explosión no tarda en bañarlos y acogerlos, guerreando contra el gel, llevando calor y energía a los recién adquiridos dominios del frío inmóvil. El fuego destruye sus construcciones y lo hace debilitarse y retroceder, transformado montañas de hielo en mareas incontenibles, las cuales se vaporizan casi al instante. Aun así, el poder del gel todavía es capaz de absorber una onda expansiva abrasadora y volverla una ventisca caliente, haciendo que la masa de vapor lance a Ranchi contra la pared y derrumba a los hombres de sus posiciones, dejándolos caer al charco de gel disuelto, rígidos y silenciosos. La joven toma de los brazos a sus amigos y jala de ellos, al ponerse de nuevo el equipaje a los hombros, mas por costumbre que por necesidad, y los arrastra hacia la salida lo más rápido posible, ahora que el sello congelado se ha disuelto, tratando de alejarse del sitio, antes de que el gel recupere su función.

– Vamos, vamos, ¿Por qué no despiertan?

Dejó atrás el primer gran peldaño de una escalera y varios pasos más de descenso. El vapor comienza a ganar densidad, asentándose en el piso y volviéndose liquido de nuevo. El hipercongelante se condensaba otra vez, formando gotas, charcas y  mareas que perseguían a Ranchi por las escaleras interminables, cayendo detrás de ella, como pequeñas cascadas. Ranchi se detiene a la mitad del camino, en un espacio lo suficientemente amplio para tener a sus compañeros acostados. Golpea el pecho de Alex y lo siente como una placa de concreto. Se arrodilla entre ellos y hace un vano intento por encontrar algo de vida en esos cuerpos.

– No…

Llora. Llora con desesperación y angustia, sintiendo la tibieza de sus solloza caer por su rostro. Sin embargo, no son lágrimas las que nacen de los ojos tristes de la chica. Es fuego. Fuego azul.

– ¡Argg! – Grita aterrorizada – ¿Desde cuando puedo hacer esto?

Ranchi da un respingo al verse cubierta de flamas, la cuales recorren sus brazos y alcanzan a sus compañeros congelados. Ella ve al fuego alimentarse del frío, mientras escucha las voces que tiene adentro de su cabeza.

<< La furia de nuestra justicia negada. >>

<< Está en ti. >>

<< Nunca se apaga. >>

Ella percibe la alas de la llamas revolotear y evaporarse en el ambiente. Al partir, arrancan el frío, devorando al hielo, destruye al enemigo sin dejar nada a cambio. No es el fuego espectral quien alimenta al calor que brota de los cuerpos reanimados, sino la vida atrapada en ellos, liberándose e incitando los latidos de ese par de corazones.

<< Nunca se apaga. >>

Thunder da unas violentas sacudidas al volver en sí, botando escarcha por doquier. Alex logra incorporarse más rápidamente, retirándose la máscara para toser y expulsar fragmentos de hielo por la boca. Ranchi permanecía aún de rodillas entre los dos, observando las últimas flamas celestes desvanecerse entre sus manos abiertas.

– ¡Maldita sea! – farfullaba Thunder – ¡Lo voy a matar! ¡No, eso es poco! ¡Lo voy a castigar por cincuenta años, lo voy a torturar por otros cincuenta y después voy a matarlo! ¡Le daré una paliza legendaria! – un acceso de tos interrumpió su retahíla – ¡Carajo!

La estructura vibra intensamente. Frente a ellos, se encuentra el conjunto de escaleras que el pequeño acaba de recorrer.

– Vámonos – dice Alex- Derek intentará activar el reactor de fisión astral, y dada las condiciones de la infraestructura, no será menos que una catástrofe.

Logran ponerse en movimiento y calentar sus músculos. Ranchi está más nerviosa que cansada y es ella quien va ahora a la cabeza. Alcanzan el vestíbulo de la entrada al reactor uno de antimateria. Luz se escapa por los bordes de la compuerta. Está semiabierta, y es solo cuestión de empujarla. Thunder reacomoda sus gigantescas escopetas en la espalda.

– Con un demonio. Acabemos con esto.

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