El Hechicero Metálico (parte XIV)

(continúa…)

– ¿Dónde estamos? – preguntó al levantarse con cuidado. Fue Alex quien le respondió.

– En la imaginación de Derek.

VIII. Hace 5 horas

Un ser sobrenatural y electrónico extiende sus extremidades corpóreas e incorpóreas, convocado por un pequeño hechicero metálico, quien ha descifrado los datos e ingresado los conjuros. El ser ruge, haciendo vibrar su recién despertado cuerpo, recordando el sentido de la vida y la posibilidad de poder infinito.

– Un temblor.

Derek está sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y una computadora encendida en cada mano, conectadas ambas por varios cables remendados con cinta a una consola problemática.

– Los reactores apenas están acumulando energía para la activación – sus manos no dejan de trabajar, mientras una porción de su magnífico cerebro se independiza del resto – Deberé revisar eso.

La sala de control no está encendida por completo. Los pendientes se acumulan y, el niño, a pesar de usar todo su genio, tiene la vaga impresión de que un poco de ayuda no estaría de más.

– Continúo grabación. Este es el resguardo del control a distancia, de donde es distribuida la energía producida por el reactor. Teóricamente, el proceso de encendido, apagado y monitoreo es manejable desde aquí, pero no he conseguido hacer funcionar los mandos a distancia y tampoco el panel de vigilancia remota  de los niveles de actividad de los reactores de arranque. Lo último es indispensable, pues, al parecer – mira a la pantalla de su izquierda – tienen importantes fluctuaciones. Es algo que debo solucionar lo más rápido posible.

Esta área albergaría al menos a cincuenta personas trabajando. En él, están los controles de los cinco reactores en línea, rodeando el gran centro de mando del reactor estelar. Pero están apagados, sin funcionamiento, tan fríos e inútiles como rocas amontonadas. Derek se acerca a las máquinas y las acaricia con dedos inquietos. Se recarga sobre la espalda del sillón operario del control correspondiente al tercer reactor. Entrecierra los ojos. Está pensando a toda velocidad.

– Redirigir selectivamente la energía ya no es una opción. La complejidad del sistema lo impide, y no tengo tiempo para descubrirlo mediante ensayo y error. Deberé encender el sistema completo, aún con la fluctuación de los reactores y el riesgo inherente de desabasto en circuitos vitales. Claro, cuando arranque el reactor estelar, esto ya no será un problema.

Regresa a la salida, cruza la puerta, gira a la izquierda, entre por un ducto de ventilación, trepa medio metro, avanza seis agazapado, y se descuelga en un área de mantenimiento. La pared norte está repleta de palancas y botones, iluminados ahora por la lámpara de Derek.

– Si tuviese más tiempo…

Entre desperdicios, el pequeño busca. Un generador electromagnético local alimenta a los interruptores maestros. Derek lo enciende y la energía comienza a fluir. La seña de “en espera” cambia a “listo”. El niño se alza de puntillas para sujetar uña manija roja en la posición de apagado.

<< No hay más opciones. >>

Al levantar los pies, el peso completo de Derek desciende lentamente la manija. La luz llega y el pequeño observa el momento preciso en que los interruptores maestros se accionan en secuencia, de uno en uno o varios grupos; los botones se pulsan por cuenta propia, y mientas esa inmensa consola cobra vida, sonidos y luces van apareciendo rápidamente en ese sector de la nave. Derek no espera a que la consola termine de activarse, él ya esta de regreso, para descubrir el resultado de su aventura.

– Es… justo como lo imaginé.

Cada instrumento en la sala esta listo para ser utilizado. Y los controles a distancia esperan pacientes a sus técnicos operativos, llenando el aire con proyecciones holográficas de datos y esquemas en tercera dimensión, mientas los teclados aguardan sus primeras indicaciones.

– Perfecto.

El sillón del operario correspondiente al reactor estelar le quedaba muy grande, así que tuvo que acomodarse de rodillas sobre el asiento para alcanzar los controles. Comenzó a ingresar comandos. Entonces, un terrible mensaje de error y sonido de alarma se materializaron, provenientes de los proyectores holográficos.

– ¡Imposible!

Derek ignora la señal e intenta continuar trabajando, pero el mensaje persiste.

“Error. Terminal inválida.”

– ¡No! ¡Con un… con un… DEMONIO!!! ¡No, no, no!

El niño le da una patada al sillón, con el único propósito de canalizar su frustración y evitar seguir gritando. Respiró hondo.

– Continúa grabación. Logré reactivar el sistema de mando a distancia, pero una contrariedad descomunal ha aparecido – va a la consola siguiente. Usa el teclado e inspecciona el resto de la computadora – Al parecer, estas unidades solo son capaces de recibir información, ¡no de enviarla! Es imposible desde aquí lograr los niveles correctos de distribución de energía y la coordinación entre los reactores de arranque y el reactor estelar. ¡Ni siquiera puedo encender el reactor estelar! Está de más decir que una profunda decepción me embarga.

Derek ve los hologramas flotando sobre su cabeza. Justo encima, se encuentra el mensaje de error, y girando alrededor, gráficas de funcionamiento, dibujos el desperfecto general de los cinco reactores, su incapacidad de acoplarse para nutrir al generador estelar. El pequeño tiene en sus manos un delgado destornillador, porque planeaba abrir una de esas consolas para tratar de estudiarla y arreglarla. Su cerebro lo sorprende a si mismo.

– No siempre la línea recta es la trayectoria más corta.

Su manita raya el piso con la punta del destornillador. Una pequeña marca permanece.

– Camino alterno. Siempre hay un camino alterno.

Agachado de rodillas, mediante el destornillador, extiende esa marca, haciéndola una línea, un dibujo, un mapa, y un poco después, anotaciones encima de los planos de cinco y medio metros de largo que trazó durante su epifanía frenética. El suelo ha quedado cubierto de imágenes complejas, que solo Derek es capaz de comprender.

– Aquí, siempre estuvo allí. Continúo grabación. He dilucidado una manera más directa de poner en sincronía los generadores y encender el reactor estelar, pero deberé bajar dos niveles más en la nave, lo más rápido posible. Entonces, si recuerdo un poco acerca de las instalaciones…

Se pone de pie para ir a otro segmento de piso aún liso y pulido. Usando toda vía el mismo destornillador, dibuja flechas y ductos, señales y puertas. Esta vez solo necesitó poco menos de tres metros para plasmar con holgura sus ideas.

– Es lo mejor que puedo hacer con tan poco tiempo e instrumentos. Si los demás hubiesen venido conmigo, sería más fácil.

<< Hermanita. >>

Derek extraña a sus compañeros, sus gritos, risas, incluso su silencio.

<< Pero no puedo darme por vencido. No ahora que estoy tan cerca de conseguirlo. Pensarán que soy un perdedor, como dice Thunder. O un cobarde, como dice Alex. Les demostraré mi valentía y mi ingenio. Hago esto por ayudarlos, para que todos seamos felices. >>

Limpiándose los ojos, de inmediato continúa los planes programados. Recolecta laptops, herramientas y revisa las pantallas.

– Sin remedio. Si puede hacerse, tiene que hacerse.

Va hacia la parte trasera del área, apartada y algo oscura. La puerta puede abrirse, pero no elige esa opción. Abajo, disimuladamente, colocada en una esquina, está una ventanilla de ventilación, pequeña y estrecha. Derek se pone en cuclillas y la abre con una ganzúa, rompiendo la cubierta. Saca su linterna de mano, y empuja la maleta con firmeza dentro del angosto ducto. Toma aire.

– Aquí voy.

El niño entra casi reptando en ese ducto, donde no puede alzar siquiera la cabeza o separar los codos del torso. Pero avanza lentamente hacia su menta, fiel a un complicado trayecto, el cual solo pudo ser concebido por él.

 

No mucho después…

– En la imaginación de Derek.

Ranchi se levanta adolorida de su más reciente caída, pero la magnitud de la escena la hace olvidar el estado de su cuerpo.

– Altares. – dice ella.

Los hombres le dedican una mirada de extrañeza vaga y cada uno se dedica a admirar por su propia cuenta la belleza inesperada de esa sala activada en todo su esplendor.

– Altares de sacrificio. Rodeando… el pilar mayor.

Ranchi se despoja de la mochila para flotar como colibrí entre los mando a distancia de los reactores. Traspasa con sus dedos los hologramas que congestionan el ambiente. Sus ojos son alcanzados por una enigmática alucinación: cinco mesas de piedra cubierta de fuego, símbolos desconocidos rodean una columna robusta, centro de la invocación. Una esfera ardiente crece en su sima, el fuego nace de ella, agitándose con infinitos tentáculos. Ranchi puede ver el corazón de la esfera, unas fauces abiertas, un agujero maldito, un portal a los avernos. El fuego rojo se desliza del portal, cruel, avaricioso, terrible, voraz. Ella siente un miedo incontrolable. Afortunadamente, la visión se interrumpe por el grito de Thunder.

– ¡¡Por el rajado mosquete de mi jodida abuela!! ¡Niña batería, ven aquí!

Ranchi vuela hacia él, y desde la altura, comparte la estupefacción de Thunder, al observar el suelo bajo sus pies.

– ¡Dios! – la pura sorpresa la hizo descender y ponerse de rodillas. – ¿Qué es esto? ¿En donde aprendió esto?

– Esperaba que tú me lo dijeras. Tu hermano es un condenado genio. ¿Sabías que era capaz de hacer cosas así?

– ¡No! ¡Si! Es un genio, pero jamás, nunca llegué a tan solo imaginar… lo hizo el solo… emergió de su cabecita… el enigma completo.

La chica trata de seguir las líneas trazadas por el destornillador, pero se pierde instantáneamente. Una pintura abstracta, un nudo complejo y lógico permanecía allí, muestra de lo que el razonamiento de Derek creaba en momentos desesperados.

– Puedo suponer que esta parte es un mapa – señaló Thunder, de cuclillas y siguiendo el ejemplo de Ranchi – Indica vías de acceso y salida, desviaciones, lugares que el peque consideró importantes. Este de aquí – y giró la espalda empujando a su compañera – parece más un diagrama de flujos informáticos. Es el problema, y el otro, la forma de llegar a él.

– ¿Exactamente a qué?

La profunda voz de Alex los sobresaltó a los dos.

– Al reactor de fisión astral.

– ¡Auggg! – Ranchi se dio un sentón – ¡Woaaaa!!

– ¡Alex! – dijo Thunder tomando aliento – ¡Carajo, has algo de ruido al respirar!

El capitán hizo caso nulo de las reacciones de sus compañeros y continuó su información.

– Derek esta tratando de arrancarlo. Al principio creí que solo quería descubrir su ubicación exacta, pero sus intenciones son muchísimo mas ambiciosas. Esta tratando de arrancarlo él mismo. Por desgracia, los controles están bloqueados en este nivel. Si estoy en lo correcto, tratará de hacer funcionar los reactores de forma más directa.

– Los cinco reactores de antimateria… – comenzó Thunder

– … y el reactor de fisión astral. – terminó Ranchi.

Alex ya iba a la parte posterior, y deteniéndose ante la puerta, señaló el pequeño ducto de ventilación abierto.

– La puerta no ha sido tocada. Derek entró al ducto. ¿El porqué? Tendríamos que deducir el significado de su mapa, pero me aventuraré a decir que tomó un atajo.

Ranchi, la más delgada del grupo, trató de introducirse por él, pero sus hombros se atoran antes de que pueda meter las piernas y tuvo que zafarse por medio de un portal.

– Derek se habrá metido conteniendo el aliento. No pude ver nada.

– Esperaba algo así – dijo Alex – Nosotros tendremos que tomar este camino.

Y abrieron la puerta. Entraron a un pasillo maltrecho con varias salidas laterales, con una escalera a pocos pasos señalada con el rótulo “Nivel superior: Administrativo.”

– Subo – dijo Ranchi

– Yo aquí – dice Thunder, dirigiéndose aun acceso a su izquierda.

– Continúo – dice Alex.

Pasaron cinco minutos exactos antes de reencontrarse en el sitio donde se habían separado.

– Bloqueados dos y bodegas vacías los tres restantes. Nada – dijo Thunder.

– El piso de “Administrativo” – reportó Ranchi – está sellado por fuera. Traté de forzar la compuerta, pero esas vigas soldadas son testarudas.

– Nos espera un elevador… – dijo Alex.

– ¿Otro?

– Ranchi, no me interrumpas. Conduce a una planta procesadora de desechos tóxicos.

El elevador lucía peligroso, pero lo peor era que no ascendía. Solo descendía.

– ¿Segura que el nivel superior está sellado?

– Aja.

– Eso explica que solo podamos bajar.

– De igual forma, no creo que Derek quisiera subir, más bien todo lo contrario.

Mientras se movían, la maquinaria rechinaba, al sumergirse lentamente el olvidado corazón del Deathbird, mediante bandas metálicas. Alex y Thunder inician una especie de charla acerca de donde provenía la electricidad que activaba las luces y el elevador, pero Ranchi no les prestaba atención.

<< Pregúntales del Éxodo. >>

Alex nota que ella voltea varias ocasiones hacia los lados, parpadeando.

– ¿Pasa algo?

– Nada es claro aquí. La nave se siente muy vieja.

– Es una nave vieja – confirmó Thunder.

– ¿Qué saben del Éxodo y Colonización?

Alex suspiró y Thunder se recargó de espaldas.

– Que es historia – respondió Alex.

– El calendario de mi mundo solo nos ubicaba a doscientos años del Éxodo. Pero esta nave… pareciera ser muchísimo más vieja. Casi quinientos años…

– Yo solo se que al menos ocho generaciones de mi familia, una familia longeva, han vivido en el espacio. Haz el cálculo.

– ¿Tienes familia, supersoldado?

– Cierra la boca, patán.

Thunder se ríe y agrega.

– En mi caso serían unas diez o doce generaciones. Matrimonios y muertes rápidas.

– Pero, en ese entonces, ¿Cuándo…?

– Niña – cortó Alex en seco – ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que tu corrupto, arcaico y retrógrado gobierno pudo se capaz de alterar las fechas pera que todos creyeran que el famoso Éxodo era un evento reciente?

Ranchi se acariciaba la barbilla y guiñaba un ojo mientras cavilaba.

– Buen punto.

Son liberados por el elevador en un vestíbulo oscuro, el cual solo posee un único pasillo accesible, llevándolos directamente a una escalera metálica. La primera porción descendente acaba, antes de girar en sentido contrario, en la entrada a un nivel clausurado. Y la segunda porción, que supuestamente conduce a la planta procesadora, finaliza en tres o cuatro placas de acrílico, sostenidas por un precario andamio que acaricia el borde del precipicio. Frente a ellos, donde debería estar la maquinaria de la planta en sí, se hallaba una selva de alambres y cables, arrancados y enredados caóticamente, de tal manera que era imposible ver más allá de dos o tres metros, y bajo tal maraña, una película plástica, más delgada que el papel, era el sustituto frágil del piso inexistente.

– ¿Qué habrá sucedido con la planta? – dijo Ranchi.

– Debió de haber sido desensamblada por completo y extraída pieza a pieza. Deduzco que por arriba de nosotros.

Los tres alzaron las cabezas y comprobaron la total ausencia de niveles superiores tan solo en esa área, reemplazados por trozos colgantes de tuberías torcidas, hilos metálicos que creaban enorme telarañas, alimentado al completo desastre frente a sus narices. Alex hizo un último comentario.

– Debo admitirlo, una planta así es muy útil.

– ¿Adonde tenemos que ir? – preguntó Thunder.

Alex se acomodó los googles que traía en la frente, y las lentes de éstos enfocaron a la distancia, examinando el lugar.

– Aproximadamente a sesenta o setenta metros a la izquierda. Hay luz.

– Carajo. Derek ya estará ahí.

– Derek ya se fue de ahí – dijo Ranchi. Permíteme, quizás pueda teletransportarme si ubico algún punto en particular.

– Olvídalo. La luz acaba de apagarse – dijo Alex sin voltear a verla.

– ¿Cómo dices? ¿Por qué?

– Estando aquí no tengo muchas opciones para responderte – gruñó Alex – No consigo encontrar de nuevo la salida – su índice izquierdo rozaba ligeramente el borde de los cristales verdes, ajustando funciones – Sin embargo, estoy seguro de haberla descubierto.

– ¿Entonces, que haremos? – preguntó la chica.

– Confiar en mí – respondió él al retirarse los googles de los ojos y devolverlos a su frente.

– Estarás más loco que la niña paranormal si acaso intentas lo que estás pensando. – dijo Thunder.

Sin embargo, Alex estaba ya adentrándose en ese mar de alambres, moviéndose con precisión para evitar quedar atorado. La superficie bajo sus pies se estrellaba y rompía con facilidad, por lo que permanecer estático por más de varios segundos era mala idea. Thunder fue el segundo en entrar, siendo su peso un problema, pero, al igual que su camarada, tenía una agilidad sorprendente. Ranchi dudó en iniciar la operación, porque estaba segura de que a pesar de que ellos dos hacían verla relativamente fácil, era muchísimo más peligrosa de lo que ella supusiese.

– Vamos – se animó a si misma – si no me apresuro, voy a perderme ahí adentro.

La bota de Ranchi rozó el piso semitransparente, rompiéndolo instantáneamente. Alcanzó a sostenerse con ambas manos, de unos cables que detuvieron su caída, antes de romperse e impulsarla a saltar hacia delante. Los alambres estaban tan viejos y podridos que se deshacían al menor contacto. A unos veinticinco o treinta metros más al interior, la telaraña se tornó densa y sofocante. Alex tenía la gracia de un gimnasta, seguido por Thunder, quien no lo hacía nada mal, y un poco más atrás por Ranchi, alcanzándolos con algo de torpeza, aprendiendo el truco de columpiarse y aferrarse a cualquier cosa que estuviese a su alcance.

– Existe un olor – comenta Alex en voz alta – Mezcla de amoniaco, ácido sulfúrico y … – toma una pausa para balancearse de un alambre a otro – algún compuesto biológico o tipo de feromona. Estén atentos.

Ranchi se sostiene con ambas manos, de una tubería sobre su cabeza, para impulsarse como un péndulo y caer sobre una red de fibras ópticas.

– Se que Alex no tiene sentido del humor, pero ¡debe de estar bromeando! – dijo al dar dos o tres pasos y volver a colgarse. Thunder estaba concentrado en planear su ruta entre los cables que se veían más resistentes y solo alcanzó a contestarle:

– No… no lo está.

Sin agregar más, caminó en perfecto equilibrio sobre el borde de un tubo, saltó hacia unas vigas torcidas, aprovechando la inercia como un trapecista y cayó sobre el frágil suelo, solo lo suficiente para agarrar una gran porción del enredo por encima de su cabeza, justo a tiempo para detener su desplome. Alex les hace una señal levantando el puño cerrado.

– Se están acercando.

Entonces, se escuchan crujidos y el chasquido de tenazas emergiendo bajo ellos.

– Mierda – dijo Thunder – Mierda, mierda y más mierda. Justo lo que nos faltaba.

– ¿Cómo dices que se llaman? – preguntó Ranchi.

– Parásitos insectoides de los cables. – respondió Alex – Por como se oyen, pertenecen a la variedad gigante.

Los insectos han detectado el inconfundible olor de la carne fresca, aderezada con sangre tibia y ricamente oxigenada. Ansiosos acuden a ellos, pues, hartos de comerse entre sí, desean degustar una especie diferente. Unas patas largas y filosas trepan por los cables, y sus antenas, las cuales durante mucho tiempo solo han tocado aire estático y metales corrompiéndose, detectan fácilmente la anómala existencia de una ser viviente. Uno de esos grillos infernales brota cerca de Ranchi, asustándola de muerte. Ella grita con tanta violencia que la simple fuerza de su voz lo hace retroceder y estallar como un globo. Thunder y Alex, después de destaparse lo oídos, desenfunda con rapidez sus armas. El primero, una de sus pesadas escopetas de triple cañón, y el segundo, dos pistolas de gran calibre, y ambos comienzan a disparar contra la manada de bichos abriéndose paso desde el nivel inferior y a través de la maraña de alambres para ir a comérselos sin demora.

– No hay que detenerse – dice Alex, moviéndose y utilizando ambas armas al mismo tiempo. Thunder se emparejó a su posición, y con solo disparo de su escopeta los hacía volar en trozos, apenas lo tuviese en la mira.

– ¡Oigan! ¡Yo no tengo revólver! – gritó Ranchi, al ir tras ellos.

– ¡Usa tu imaginación! – le respondió Thunder, al momento de eliminar a dos parásitos que iban directo a él.

– Que graciosos… – Otro parásito saltó cerca de un costado de Ranchi, y la hizo superar su nivel de asco. Ella le arrancó una larga pata, y tuvo el suficiente estómago para usarla a manera de lanza y ensartarlo con su propia extremidad arrancada. Considerando que los golpes propinados a los insectos que se le acercaban demasiado era con fuerza aumentada, en realidad eran tan o más efectivos que un balazo.

– ¡Carajo, realmente tienen hambre! – Thunder logró rechazar a varios que lo rodeaban, con la suficiente velocidad para evitar que la malla de fibras ópticas soportándolo no se viniera abajo – ¡Sus chillidos me erizan los vellos de la nuca! ¡Parece que se están atragantando! ¡Para colmo, los malnacidos no dejan de venir!

Los tres estaban tan concentrados en conservar sus pellejos que no tenían tiempo para caer en la desesperación.

– Allá.

Alex disparaba a los lados y esquivaba los zarpazos de los insectos, cuando vislumbró la estrecha plataforma que antecedía a la compuerta de salida. Afortunadamente, la cantidad de parásitos carnívoros parecía menguar, pero aún así, debió efectuar acrobacias increíbles para alcanzar la plataforma y matar a cuanto insecto pudiera en el proceso, incluyendo un par de saltos mortales hacia atrás al disparar y quedar colgado de cabeza sobre varios parásitos particularmente salvajes. Cuando pisa la plataforma, Ranchi, jadeante y manchada con fluidos verdosos, llega a su lado.

– Thunder viene detrás de mí.

Efectivamente, Thunder solo estaba a un par de pasos. Y de repente, un parásito salta destrozando el endeble suelo, y se lanza contra él, silbando de furia, amenazándolo con sus mandíbulas asesinas. Thunder gira y le vuela la cabeza sin problemas con su poderosa arma. Pero al caer el cadáver del insecto sobre la delicada superficie, ésta se rompe en pedazos, justo debajo del cazador muerto y la presa sobreviviente.

– ¡THUNDER!!!

Su compañero cae en el desconocido vacío, logrando que Ranchi y Alex piensen en sincronía. La chica deja caer la maleta y se lanza en picada, mientras él dispara una pistola de aire comprimido. Ve a Ranchi perderse en la negritud, acompañada por los espirales de la soga ultra delgada y resistente anclada al arpón que usa para alcanzar sitios altos. Alex no pierde concentración en imaginar lo que pasará ahí abajo y corre a buscar un punto de agarre, sujetando con fuerza su punta correspondiente de la soga. Apenas sus manos tocan el grueso metal del firme marco de la compuerta, siente los  cien kilos. de Thunder tirar de él y arrastrarlo de regreso. Y ni siquiera pasan más de cinco segundos cuando Ranchi se materializa a través de uno de sus portales, yendo hacia él exaltada y farfullante, luciendo más lunática que nunca.

– ¡El nido! ¡Nido! ¡Nido!

– ¿De que estas hablando?

– ¡Arggggg!!

– ¡Ranchi!

-¡Abajo! – La chica toma de la cuerda y hala de ella con todas sus incomprensibles fuerzas – ¡Cientos, miles de ellos! ¡Parásitos! ¡Arggggg!!! ¡Capullos! ¡Huevos! ¡HUEVOS! ¡Son asquerosos! ¡Asquerosos!!

– Nos hemos metido en su madriguera. – dice Alex con tono monocorde.

– ¡Gusanos! ¿Y que diablos estoy tratando de decirte? ¡Asco!

Pronto escuchan las maldiciones y disparos de Thunder subiendo de altura y volumen.

– ¡Carajo! ¡Maldita sea! ¡Vete a tragar a uno de tus hermanos!

El fortachón traía prendido de la camiseta a uno de esos desesperados insectos, pero apenas alcanzó la plataforma, logró asirlo de las patas, quitárselo de encima y tirarlo al piso para aplastarlo de una patada. El tiro de su escopeta fue sólo para estar seguros. Los pedazos restantes del insecto aún se retorcían cuanto Thunder sacó algo de su equipo de combate.

– ¡Chúpense esto, rajadas alimañas! ¡Dejen de comerse mi nave, con un demonio!

Alex reparó en el par de granadas de alto poder que Thunder tenía en la mano, pero apenas separó los labios para sugerir que era una mala idea, salieron disparadas y sin seguro hacia el centro del nivel. Y Thunder les dijo:

– Yo de ustedes me apartaría.

Una iracunda explosión sacudió los límites del área, mientras las llamaradas vaporizaban la enredada selva de cables recién atravesada, y en el fondo, entre el rugir del humo y los golpes del fuego, podían distinguirse los bramidos de los parásitos al ser asados vivos. Alex no se alejó cuando una nube ardiente voló a la compuerta abierta, simplemente se cubrió los ojos, única parte desprotegida de su cuerpo, con el antebrazo. Ranchi tampoco se movió gran cosa. Cuando el calor los alcanzó, su burbuja celeste la cubrió de inmediato. Thunder les dio la espalda a las llamas, y la chica pudo ver la alegría expresada en su amplia sonrisa. La onda de impacto los empujó unos pocos centímetros, así que, a fin de cuentas, resultaron intactos. El chaleco de Thunder humeaba, pero parecía no importarle.

– ¿Piromaniaco? – dijo Ranchi a Alex, de forma disimulada.

– Esa es su faceta amable – respondió Alex, también veladamente – Puedes considerarlo una afición.

– Nada como una buena explosión para animar las cosas – dijo Thunder, sacando uno de sus puros y encendiéndolo.

– Además de clausurar nuestra vía de retorno – dijo Alex – ¿O conoces otra ruta que nos lleve de nuevo a la superficie del Deathbird? ¿Cuál era la urgencia de hacer volar ese nido de parásitos?

– Así, en el sentido estricto, ninguna. Pero pensé que después de habernos olido, no nos dejarían largarnos tan fácilmente, y saldría a buscarnos la manada entera.

Alex dejó que Thunder se adelante en explorar el corredor. Repara en su bota izquierda. Uno de los apéndices abdominales, pertenecientes al insecto machacado, está cerca de su pie, y se agacha a tomarlo con su mano enguantada. Lo observa por unos segundos antes de llamar a Ranchi.

– Abre la maleta.

– ¿Qué buscas?

– Algo para envolver esto.

Saca un trozo de papel plástico y cinta de aislar, enrollando el apéndice cuidadosamente.

– ¡Hey! – Repara Thunder al regresar a buscarlos – ¡No quiero la pata de un jodido bicho mutante muerto junto a mis cervezas!

– Tengo curiosidad – responde, mientras guarda el paquete recién hecho en el fondo del equipaje. – Quiero analizarla, tengo una teoría.

Alex y Thunder van por el pasillo, intercambiando impresiones y reclamos, bajo la luz parpadeante, hacia la compuerta que los espera para llevarlos al siguiente elevador. Ranchi se retrasa un poco al cerrar la maleta y rememorar la fuerte voz de Thunder:

“… ¡la pata de un jodido bicho mutante muerto…!”

– Mejor me las como ahora.

La joven deshizo el nudo, y extrajo un paquete de galletas, único alimento que traía. Rompe el empaque y se mete una pieza entera a la boca. Un gruñir sordo retumba por las paredes. Una maquinaria gigantesca e invisible ha iniciado su marcha. Ranchi carga la maleta y devora su almuerzo apresuradamente, alcanzando a Thunder y a Alex justo cuando abren y entran al siguiente elevador. Han descubierto que éste tan solo puede descender, lo que significa que Derek continúa su bajada. Tratan de alentarse con la idea de que el niño empiece a estar tan agotado como ellos.

(continuará…)

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