El Hechicero Metálico (parte XIII)

(continúa…)

– Continúo grabación. Hasta el momento los sistemas de energía periférica parecen estables – una mordida al emparedado – Debo continuar hasta encontrar los controles a distancia, es decir, los controles más importantes de el Deathbird entero. Entre más rápido, mejor.

Guarda sus aparatos en la mochila, revisa que no olvida nada y da un último vistazo a los indicadores de gravedad.

– Correcto.

Hay luz en el camino. Según los planos, el próximo objetivo está en el siguiente nivel. Derek se infunde ánimos.

<< Falta poco. Falta muy poco. >>

 

Mas tarde…

Thunder, Alex y Ranchi se dan cuenta de que Derek le lleva mucha ventaja. La sala de control rebosa de actividad.

– Pareciera que todos hubiesen salido a tomar café.

– ¿De que diablos estás hablando, Thunder?

– Digo, si no supera que fue el chiquillo quien prendió los aparatos, diría que aquí hay al menos una veintena de tipos trabajando.

– Sin embargo – dijo Alex en un tono enigmático – solo bastó con uno.

Las pantallas mostraban cantidades inmensas de datos, gráficas, imágenes, y las consolas en automático mandaban avisos y señales a operarios inexistentes. Lo más impresionante era el holograma detallado y colosal de un reactor, girando suavemente sobre su eje vertical, proyectado por haces de luz, provenientes de cinco procesadores dispuestos en los ángulos de un pentágono.

– ¿Qué es? – preguntó Thunder.

Ranchi se despojó del equipaje, y flotó para observarlo de cerca. Alex y Thunder la miraron con curiosidad por los primeros segundos.

– Supersoldado, estoy seguro de que a ti también se te olvidó que podía hacer eso.

La chica se percibió navegar dentro de una visión magnífica, flotando en el interior de los pensamientos de su hermanito, capaces de visualizar una obra compleja, precisa y hermosa. Ve hacia abajo, a través del holograma. Encuentra el pentágono de luz bajo ella, y un miedo incomprensible la inunda. ¿Qué era esta estructura, que poder ha desencadenado Derek, en su ansia descubridora?

– Alex… Alex…

El capitán se dedica a recolectar pistas. Ranchi desciende a su lado y lo interroga más de cerca.

– ¿Has encontrado algo?

Alex revisa los procesadores.

– Nunca creí que existiese.

– ¿Hablas del reactor maestro? ¿La fantástica fuente de energía del Deathbird que no pudieron encontrar?

– Reactor de fisión astral es su nombre correcto. Entiendo porqué nunca pudimos encontrarlo en los planos, porque éstos fueron alterados de forma tan elaborada que lo ocultaron frente a nuestros propios ojos. No eran cinco reactores distintos o cinco versiones modificadas del mismo, sino cinco reactores de antimateria dispuestos en serie, y, por lo que veo, su único fin es alimentar la fisión astral y planetesimal.

– Fisión astral me suena a estrella y planetesimal a planeta. – dijo Ranchi.

– Este reactor crea sistemas solares, e incluso galaxias en miniatura. Por su tamaño y complejidad, me aventuro a decir que quizás pudiese crear un universo.

– ¿!!Un universo!!?

– Un micro universo paralelo. Ranchi, eso va mucho más allá de lo que puedo siquiera entender. En teoría, crea soles y planetas para destruirlos en su interior, obtener su energía y, lo mejor de todo, reconstruirlos. Obviamente, hablamos de estrellas a nivel cuántico. Su energía compactada en gramos de materia, la destroza hasta los átomos, y reintegrándolos después.

– Semejante a las baterías de materia negra.

– El reactor de fisión astral es un sol, y las baterías de materia negra apenas alcanzarían a ser chispas.

Alex ve el complejo holograma moviéndose en el aire. La maquinaria fantasma esta activa, y las pantallas de los procesadores indican que está en plena secuencia de arranque.

– Tu hermano menor es un verdadero genio. – continúa Alex – El concepto mismo de esta tecnología es abrumador.

– Es la primera vez que te veo así de emocionado y nervioso – comentó Ranchi con ligereza. Alex recobró la rigidez.

– Te equivocas.

– Pero, bueno – continuó Ranchi – lograrás entenderlo. Eres la persona más inteligente que conozco. Aparte de Derek.

Tuvieron un breve intercambio de miradas. Y Alex dijo de repente:

– ¿Dónde está Thunder?

Fumando un cigarro y apoyado en una de sus escopetas, esperaba a sus compañeros en la encrucijada de pasillos. Cuando los vio venir, evitó los comentarios sarcásticos y fue directamente al tema.

– ¿Noticias malas o terroríficas?

Ranchi encontró un envoltorio cubierto de dulce con manchas de grasa.

– Estuvo aquí.

– No solo eso. Le metió mano al generador de gravedad.

– Repite eso – dijo Alex.

– Le metió mano al generador de gravedad.

– ¿Estás completamente seguro?

– Para nuestra jodida suerte, si.

– ¡Oye! – Interrumpió Ranchi – ¡Me dijeron que nunca le permitieron a Derek ayudarlos a reparar esos aparatos!

– Y no lo hicimos – dijo Alex.

– ¿De donde aprendió entonces a reparar un generador de gravedad?

Alex apretó un puño.

– En los diseños de mis computadoras. Le di varias para que las arreglara y no recordé en ese momento que clase de datos almacenaban. Por esos tiempos no sospeché que Derek fuese capaz de comprender los planos, ni mucho menos aprendérselos tan fielmente.

– Como fuese – interrumpió Thunder – lo no tan malo es que logró estabilizar la vibración… quita esa cara, Ranchi, ahora te explico… así que tenemos gravedad. Pero…

– Pero…

– ¿¿Pero qué?? – gritó Ranchi desesperada.

– Derek ignora que a veces no es suficiente recalibrar el temporizador, sino hay que reemplazar el sistema oscilatorio del núcleo completo. ¿Por qué carajos crees que Alex y yo tenemos tantos problemas con esa mierda??

– Derek pudo deducir eso de los diseños ¿cierto?

– Lo dudo chica. Eso es experiencia y maña nuestra.

Alex ya nos les presta atención. Con su computadora de bolsillo analiza ciertos datos del panel de monitoreo. Instala un dispositivo electrónico sobre el teclado.

– Coloqué un mando a distancia. Si el generador da demasiados problemas, lo apagaremos. De momento no podemos arriesgarnos. Un área con gravedad inconstante es clausurada por el sistema general. Deberemos apresurarnos y llegar a la siguiente antes de que empiece a fallar.

Salieron y regresaron al pasillo, alcanzando de nuevo la sala de control de los cinco reactores en línea. Ranchi iba con la maleta en la espalda al lado de Thunder, y éste le comentaba la raíz de sus preocupaciones.

– El asunto de no reemplazar el sistema oscilatorio es que la vibración tiene a volverse demasiado errática. Puede pasar de gravedad cero a siete u ocho G’s de fuerza sobre tu esqueleto.

– Es decir, hechos puré.

– Salsa. El puré tiene más consistencia.

Al atravesar la sala de control entran a un corredor amplio. Hay dos puertas a los lados y puede verse que llevan a un conglomerado de cubículos. Los letreros en los marcos decían: “Monitoreo”.

– ¿Monitoreo de qué? – preguntó Ranchi.

– Probablemente de energía – dice Alex.

Sus pasos se hacen lentos y los equipos pesados. Ranchi la asocia al agotamiento, pero los hombres tienen otra teoría.

– El generador de gravedad esta teniendo fallos.

De repente, comenzaron a flotar.

– ¡Weeeeeeeeeeeeee!

– Ranchi, contrólate.

– Esto es mala señal.

Alex y Thunder lucían un poco torpes, tratando de mantener su posición, al contrario de Ranchi, quien tenía la gracia y agilidad de una sirena. Avanzó contoneándose como un delfín hacia Thunder, y lo tomó de la muñeca, sin tardar en hacer lo mismo con Alex. Antes de que ellos pudieran darse cuenta, la chica los llevaba rápidamente hacia el final del corredor.

– ¿De donde sacas impulso?

– Volar es un acto antigravedad en sí, Alex. Depende de mis pensamientos, no del entorno, así que aprovecho estos momentos en que ustedes y su arsenal carecen de peso para enfocarme en volar y alcanzar la compuerta del fondo. – aguza la mirada y agrega – Espero tener el tiempo suficiente, desde aquí la veo cerrada.

– Ojala. – Dice Alex – Aunque, regularmente, después del periodo de gravedad cero, continua uno de…

Su peso regresó de golpe y fueron atraídos al piso con violencia. Ranchi recibió todo el impacto del equipaje en los riñones, Thunder escupió un poco de sangre, y Alex, mientras se incorporaba, revisó la integridad de sus costillas con la yema de los dedos, terminando la oración interrumpida.

-… gravedad aumentada.

Muy al principio, era imperceptible. Sus ropas y armas eran ligeramente más pesadas, y Ranchi no percibió ninguna diferencia. Pero mientras los segundos pasaban, y la gravedad excedía los rangos normales, todos notaron como sus cuerpos mismos se tornaban insoportables. Thunder sentía que sus dos escopetas pesaban como si fuesen enormes vigas. A pesar de las dificultades, llegaron a la compuerta, ignorando como la estructura del corredor se deformaba y algo en las alturas rechinaba misteriosamente.

– Es solo el seguro de mano – dijo Alex al agarrar la manija de la compuerta – pero me parece mover una tonelada.

Sentían ser compactados hacia un foco de de gravedad invisible. Ranchi usaba al máximo su fuerza aumentada. Al quitarse la mochila y dejarla caer, ésta retumbó como si llevara una montaña.

– Déjame intentarlo- dijo ella.

– ¡Carajo! – gritó Thunder de pronto – ¡Al suelo! ¡Cúbranse!

El rechinido se transformó en el sonido del metal rasgándose y el silbido de una caída. Un largo enrejado de lámparas se había desprendido del techo, atraído por la gravedad alterada, cayendo ahora, listo para inundar el corredor de chatarra. Alex y Thunder se lanzaron lo más cerca posible de la pared, cubriéndose la cabeza con las manos, y deseando tener la suficiente suerte para sobrevivir a una placa de fierros retorcidos con varias decenas de toneladas de peso. Apretaron los ojos justo antes de que tocara el suelo. Y permanecieron así, aguardando el impacto.

– ¡Muévanse! ¡RÁPIDO! ¡RÁPIDO!

Ranchi, la chica delgaducha, estrafalaria y despistada, sostenía con sus manos una mole de cables oxidados y vigas rotas de más de veinte toneladas en un ambiente donde pesaría más de cuarenta. Los hombres la observaban con la boca abierta, viendo cómo se estiraban su columna y brazos, tratando de ganar altura para ellos. Una fuerza inexplicable corría por sus miembros, haciéndola vibrar.

– ¿Qué demonios… están… esperando?

Alex y Thunder se arrastraron a la compuerta y usaron todas sus energías restantes abriéndola, asiendo ambos la manija de la compuerta, necesitando toda su viril fuerza para moverla los pocos centímetros necesarios para liberar el seguro. Cruzaron el umbral de milagro. Ranchi aún estaba adentro.

– Necesito un punto de referencia – impidiendo que la chatarra la aplastara ahora a ella – para teletransportarme… ¡Argg!

Al regresar unos pasos atrás para detener a la placa en su caída asesina, había quedado más lejos de la compuerta de salida que sus compañeros. Atrapada.

– ¡Ranchi! – gritó Alex – ¡La luz!

Afuera del corredor, la gravedad  paulatinamente regresaba a límites tolerables. Alex rompió una bengala de su chaleco, lanzándola al centro de la recién abierta sala. Justo a tiempo, pues la chica percibía a sus huesos triturarse, y solo giró el cuello para ubicar la bengala encendida al lado de un extraño aparato. No necesitó más.

– ¡Chica! ¿Dónde estás? – llamaba Thunder.

El alud de metal cayó y clausuró el corredor, y podía oírse el rechinar del metal estrujándose entre sí. Alex decidió, al sentir de nuevo como la gravedad se elevaba, apagar el generador.

– Aquí…

Ranchi estaba de rodilla a un lado de la luz moribunda. Lucía exhausta, y dijo, en un hilo de voz:

– Creí que me habían metido en un extractor de jugos…

– Podré decir que eres una chiquilla demente – dijo Thunder mientras la ayudaba a ponerse de píe – con un escuálido trasero, pero nunca más me oirás llamarte debilucha.

– Es bueno saber que mis esfuerzos son recompensados.

Alex estaba aún cerca de la compuerta, en cuclillas, revisando la pantalla de su computadora.

– ¿Pasa algo? – le preguntó Ranchi.

– Desconecté el generador gravitacional mediante el mando a distancia que instalé. Percibía la gravedad del sector, y parece normal. Eso me dice dos cosas, primero, que los demás generadores funcionan de forma correcta, y segundo, que Derek seguramente fue quien los encendió.

– Nos lleva mucha ventaja.

– O está activando sectores de vital importancia para el Deathbird. Lugares donde puede controlar todo usando una misma central de datos.

– A propósito – dijo Thunder – ¿Dónde diablos estamos?

Habían llegado a un vestíbulo amplio, semejante a una sala de espera o recepción. Hay filas de sillas adosadas a las paredes, maceteros llenos de polvo e incluso varias máquinas que pudieron ser expendedoras de bebidas y golosinas, cuyo contenido era ahora irreconocible. Se hallaban también los armazones de varias pantallas destinadas quizás para entretener o informar al público, anuncios, y carteles vistosos a un lado de un mapa colorido. Señales de salidas de emergencia, entradas y números de oficinas o departamentos. El hecho de que estuviese diseñado para contener a un gran número de personas inquietas, hacía un escalofriante contraste con su actual estado, vacío, en ruinas y absolutamente silencioso. Ranchi caminaba entre las sillas.

– Vivía aquí mucha gente – decía – De muchas edades. Puedo percibir los remanentes de su presencia, los murmullos de los latidos de sus corazones.

Thunder, con arma en mano, entró a curiosear en uno de esos cubículos. Poseían escritorio, computadora, archiveros y un par de sillas. Parecía que el lugar comenzara a derruirse mucho después de ser abandonado. Trató de leer unos documentos, pero apenas rozarlos con el cañón de su pistola, éstos se desintegraron.

– Vengan.

Ale presenció algo que no debía suceder. Estaba en un cubículo, a dos pasos de la salida posterior.

– Miren.

– ¿Qué?

Thunder mira con atención la pantalla. Esquina inferior izquierda. Una pequeña línea de luz que parpadea. Un cursor esperando comandos.

– ¡Imposible! – Exclamó Ranchi – ¡Este sector no tiene energía!

– Aguarden, ¿tenemos idea de que exactamente hacía este sector?

– Es el Centro de Regulación, Vigilancia y Distribución de Energía. – dijo Alex. – Encontré el nombre en un rótulo sobre uno de los cuatro accesos a este bloque de cubículos. Cientos de técnicos trabajaban aquí, obteniendo y enviando datos a los diferentes sectores. Lo más probable es que también se encargaran de vigilar al reactor estelar.

– ¡¡Reactor estelar!! – Gritó Thunder sorprendido – ¿¡Tenemos uno!?

– Casi llegamos a él.

Al acabar el intrincado camino entre los cubículos, se encontraba un acceso que contrastaba bastante con el anterior ambiente amigable. Era el marco de una entrada aun pasillo luminoso, estrecho y amenazador, justo a la derecha de una oficina, aparentemente inocua.

– Y no solo eso – prosiguió Alex.

– Contigo las sorpresas nunca terminan, supersoldado.

Alex levantó entre sus dedos una servilleta manchada de catsup y mostaza.

– ¡Pequeño demonio! – Arremetió Thunder – ¡Se comió mi cena!

– Las señales indican que Derek pasó por aquí. La seguridad no habrá estado activada en ese entonces.

– Bueno – continuó Ranchi – ¿Qué tan malo puede ser?

Una voz computarizada resonó por unos altavoces escondidos.

– Brecha de seguridad en nivel 2. Activando medidas defensivas. Se ha detectado actividad no autorizada en consola 13, 15, 3, 4, 6, 8, 39, 56, 201, 18, y 16. Intromisión al sistema de arranque matriz. Medida defensivas reforzadas.

El pasillo tenía ahora hileras de luces verdes, recorriendo sus esquinas. No podía verse el final de él, porque doblaba a la derecha, punto en donde claramente se veía el origen de las luces verdes, cientos de dispositivos pequeños y esféricos, semejantes a ojos. Alex tomó una silla de oficina cercana y la lanzó al interior del pasillo. Esta se vaporizó antes de tocar el sueño.

– Muy malo.

– Ya probamos su potencia – dijo Thunder – veamos su velocidad. Disparos a destiempo.

Ambos dispararon sus armas, observando como los láser trabajaban en conjunto, a diferentes alturas y movimientos, impidiendo que las balas llegaran a su destino. De hecho, las destruían en plena trayectoria, carbonizándolas en el acto.

– Revelador – dijo Ranchi. Se quitó la mochila y la aventó a los brazos de Thunder. – Voy a probar.

– ¿Estás loca? – dijo él, con una mirada de extrañeza.

– Evidentemente – agregó Alex, viendo la larga cabellera azabache de la chica introducirse voluntariamente a la trampa.

Apenas puso un pie, los lásers la atacaron girando sus pupilas mortales hacia ella. Pero el escudo apareció, y el rayo de energía fue detenido. Dio otro paso y más lásers se unieron al ataque. Ranchi lucía demasiado concentrada, y, entonces, los lásers se reacomodaron para rodearla desde todos los ángulos. Una cápsula azul rodeaba ahora a la chica, mientras los rayos aumentaban de intensidad, hasta ser un fulgor insoportable. Ranchi trató de continuar, pero le fue imposible. Abrió un portal y salió por el, reapareciendo a la espalda de Thunder. Realmente se veía agotada y sudorosa.

– Es demasiado fuerte. Tengo que usar toda mi energía… me desmayaría antes de llegar a la salida… aún no poseo suficiente poder.

Alex sacó de un bolsillo algo parecido a una granada, pero más pequeña y aplanada.

– Apártense, espero que no tengan nada digital o electrónico de importancia.

– ¿Qué hay de ti? – preguntó Ranchi.

Alex golpeó con sus nudillos el chaleco que lo protegía mientras lanzaba la granda con el seguro liberado al interior del pasillo. Una luz intensa los hizo voltear, y el sonido de una explosión sin fuego los hizo cerrar los ojos.

– Granada compacta de PEM – explicó Alex. – Desactivará todos los sistemas por al menos diez minutos.

El pasillo había quedado a oscuras y los tres entraron confiados, ya que, efectivamente, los lásers permanecían estáticos y apagados. Pero a medio trayecto, Alex se detuvo un instante, y luego partió a correr, susurrando algo con su enigmática voz.

– Algo está mal.

Ranchi y Thunder lo alcanzaron al trote hasta el final del pasillo. La puerta de salida también estaba desactivada, y Alex, sin demora, sujetó la manija y quitó el seguro para abrirla.

– ¡Con un carajo! – soltó Thunder.

– ¿Cómo… como sabías? – tartamudeó Ranchi atónita.

– Su rajado sexto sentido, chica – dijo Thunder – es especialmente bueno para las calamidades.

Una sólida barrera aguardaba delante de ellos, con trancas pesadas e impresionantes. Por la luz de “activado” podía deducirse que la granada de PEM no le causó ningún efecto.

– Tecnología colu – dijo Alex – Esto fue instalado sobre la salida, en épocas posteriores a la construcción de este sector de la nave. Derek debió activarla sin darse cuenta. Trabaja demasiado rápido – aquí pareció hablar apretando los dientes – mueve los sistemas y enciende los dispositivos anti intrusos, al parecer, involuntariamente.

– Pues por su bien espero que sea involuntariamente, porque la próxima vez que lo vea, le daré una tunda.

– En lugar de despotricar contra él – interrumpió Ranchi molesta – mejor intentemos abrir esta puerta, ¿les parece?

– Esta diseñada para absorber los ataques electrónicos o mecánicos – dijo Alex – Costará algo de trabajo.

– Hay que comprobar eso – dijo la chica, y lanzó un certero puñetazo a donde parecía ser la cerradura. No solo resultó intacta, sino que liberó una potente descarga electrostática, mandándola lejos y de espaldas hasta rebotar contra la pared.

– Quiero una de ésas para mi habitación – dijo Thunder.

La luz regresó, al mismo tiempo, en que la voz digital de la nave anuncia:

– Reiniciando sistema de seguridad— PEM anulado… daños reparados en los circuitos… Sistemas de seguridad funcionales en 9 minutos 45 segundos y contando…

Alex estaba ya trabajando en violar la seguridad usando varios cables colocados sobre los seguros de la barrar y su computadora de bolsillo.

– Tardaré 9 minutos y 30 segundos – fue su comentario tranquilizador.

– Eso o acabaremos mas fritos que los guisos de Ranchi – dijo Thunder.

– ¡Hey! – exclamó la chica.

– Pónganse a hacer algo útil – les recriminó Alex.

Lo más útil que Ranchi y Thunder podían hacer era destruir tantos lásers como pudiesen, mientras permanecían apagados. Así que la chica recibió su primera lección práctica de manejo de armas.

– Agárrala con las dos manos – le decía Thunder al lanzarle una pesada pistola que descolgó del cinturón – apuntas con la mira y jalas del gatillo. Trata de que no te tiemble el pulso. Si le atinas a tres seguidas, te doy un premio.

– Bueno, no puede ser tan difícil. – dijo la chica, levantando el arma y apuntando con un ojo y disparando. La bala ni siquiera se acercó al láser en cuestión, sino que golpeó el techo, hizo un baile de rebotes, pasó zumbando la pierna de Thunder, esquivó por solo dos centímetros la oreja izquierda de Alex, terminando después de varios rebotes más, en el suelo.

– Oups.

– Como no mataste a nadie – dijo Thunder entre enojado y divertido – no te regañaré, ¡pero trata de no meter la pata, maldita sea!!

Bastantes lásers cayeron ante los disparos de Thunder, y algunos bajo los de Ranchi, pero el tiempo de tregua acabó y la voz volvió.

– Sistema activado.

Los lásers se reacomodaron, viajando por guías metálicas con intersecciones, buscando al intruso, localizándolo, y planeando una estrategia en contra suya. Ranchi y Thunder estaban de espaldas a Alex, quien seguía concentrado en hackear la clave de acceso.

– Alex…

– No me presiones.

Los lásers se conglomeraron frente a ellos, reagrupándose y llenando los huecos hechos por los disparos, dirigiéndoles sus pupilas brillantes.

– ¡Supersolda…!

La barrera se abrió al mismo tiempo que el rayo verde de 583 lásers los embiste. Ranchi recibe el impacto, pero éste es tal, que la hace empujar a Thunder y éste a Alex por la salida, proyectándolos un par de metros en el aire, antes de caer en la nueva sección inexplorada. La barrera volvió a cerrarse inmediatamente. Ranchi permaneció un momento recostada de lado, aturdida y sobándose la cabeza, sin ver a sus compañeros.

– ¿Dónde estamos? – preguntó al levantarse con cuidado. Fue Alex quien le respondió.

– En la imaginación de Derek.

(continuará…)

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