El hechicero metálico (parte X)

(continúa…)

Sacó y sacudió un cilindro grande de plástico, una cadena rellena de llaves, y un libro tan grueso que tuvo que sostenerlo con ambas manos.

– Por las dudas, nos llevaremos los códigos de acceso y los rajados planos. Servirán de algo.

Ranchi estaba distraída, volteando discretamente hacia una caja alargada arrumbada en un rincón.

– Hay una voz aquí.

– Tú oyes voces adentro de la alacena. – El fortachón acomodó lo recién adquirido en la mochila.

– Esta es diferente. – ella sacudía ligeramente la cabeza, manteniendo la mirada en la caja – Melancólica.

– Sí, seguro. – Thunder se ponía un chaleco blindado.

– Dragón y desierto. – continúa Ranchi. Thunder se ajustó los últimos broches a la carrera, con una clara urgencia de irse.

– Alucinas.

– No – respondió ella, aún abstraída en sus pensamientos. – Habla de ti. ¿De ti? ¡De ti!

Thunder dio un respingo y trató de disimular su incomodidad con enfado.

– ¡Son tus malditas visiones psicóticas! ¡Hora de largarnos!

Alex había iniciado su examen de ese vacío corredor cuando vio llegar al fortachón jalando de la oreja a la lunática, quien traía puesta una pesada mochila sobre su aparente frágil espalda. Antes de abrir la boca, su camarada lo atajó de golpe con su frase preferida para evitar decir demasiado.

– Larga historia.

Ranchi se frotaba la nuca y la oreja pellizcada, sin ganas de pelear. Vio a Alex completamente de negro, con la media máscara puesta ya.

– ¿También te preparaste para lo peor?

– Hacía reconocimiento – dijo él dejando pasar el dejo sarcástico en la pregunta. Un cosquilleo en la nariz, acompañado de un aroma irritante, semejante al azufre, surgió de repente en el ambiente.

– ¿A que carajos huele? – dice Thunder – ¿Cuándo instalaste esos cables?

– Lo mismo iba a decirte.

Mientras se cubrían la nariz – solo Thunder y Ranchi, porque Alex estaba protegido por su máscara – repararon en una carretera de cables eléctricos de varios grosores, pegada a las paredes, sin inicio o destino visible a primera intención. Alguien los había conectado con cuidado, usando cinta, pegamento epóxico y puntos de soldadura.

– Es probable…

– ¿Con su tamaño?

– Le habrá llevado varios días. Semanas, así como su plan.

– ¿Tendrán corriente? Revisaré eso.

– Ranchi y yo investigaremos donde terminan.

Thunder torció ligeramente la boca, como si le molestase haber oído a Alex decir “Ranchi y yo”. Pero no hizo objeción alguna y se fue siguiendo la dirección de los cables. Alex y Ranchi caminaron en el oscuro corredor, y a pesar de la casi ausencia de luz, ella pudo sentir los ojos de él escudriñándole el semblante muy disimuladamente.

– Estoy bien – dijo ella – Thunder y yo discutimos por una nadería.

– ¿Se te acabaron las ganas de gritar?

– Mientras no encuentre a Derek, gritaré sin motivo y a la menor provocación.

Alex volvió al silencio, y esta vez, casi se funde a la oscuridad. Ranchi sintió un escalofrío y comenzó a tratar de dialogar con él, solo para no sentirse sola.

– Thunder habrá de conocer más al Deathbird que Derek, pues es suyo, y lo tenía desde mucho antes, ¿cierto? ¿O sabes algo más?

– El tiene en cuenta unas cosas y yo otras – respondió Alex, haciendo que su frente y pómulos blancos resaltaran en la negritud.

– ¿En verdad? ¿Qué sabes tú?

– Viajé en una parecida, hace muchos años. Una fortaleza pandimensional de guerra. Crucero interestelar de batalla. Imagino que el Deathbird habrá ejercido un propósito semejante. Aparte de la que te acabo de mencionar, la última enteramente funcional conocida, no existen más de su tipo.

– ¿Por qué dejaron de construirlas?

– La raza que las diseñaba desapareció como tal.

– Te referirás a una colonia humana

– No.

– ¿No? Entonces, ¿los creadores de estas fortalezas no eran humanos? ¿Se trataban de alienígenas? ¿Qué clase de alienígenas?

– Maiar.

La conversación se interrumpió por el golpeteo repetitivo de las pesadas botas de Thunder al golpear el suelo mientras corría. La luz se había encendido en el corredor, y Ranchi se alegró al poder ver por fin donde tenía las manos y los pies. Alex no estaba tan entusiasta con la mejora, parecía sentirse más cómodo en las penumbras.

<< Ambos solo quieren protegerte. >> decía uno de los tantos amigos invisibles de Ranchi.

<< ¿Quién de quien? >> preguntó al visitante fantasmagórico en sus pensamientos.

<< Thunder de Alex y Alex de Thunder. >>

La chica sonrió en secreto. Thunder la había llevado consigo para cargar la maleta con el propósito de que olvidara su enfado con Alex, y Alex la llevó a ver el corredor pues él pensaba que Ranchi estaba furiosa, sí, pero con Thunder. La idea le causaba gracia, y la relajaría, si no fuera porque Derek continuaba perdido, y el temor a lo que podría pasarle era mayor que cualquier otro sentimiento que pudiese tener.

– Están conectadas a una batería de materia negra del sector. Puse la alimentación al máximo para mantener funcionando el elevador. Derek habrá desviado momentáneamente la energía para descender.

– ¿Y porque lo habrá dejado apagado?

– Quizás porque planea…

– Oh, mierda.

Ranchi reparó en la moto abandonada de su hermano, justo en el punto donde Derek inició su aventura.

– Este es el único sitio donde podría ingresar a los niveles más antiguos del Deathbird. – comentó Alex – Nosotros habitamos la corteza, la parte más superficial y moderna.

Ranchi observaba el elevador.

– Aquí se viaja al pasado.

– Por así decirse. – Alex se dirigió a Thunder – ¿Trajiste los planos?

Desplegándolos, los tres trataron de encontrarle sentido antes de seguir los pasos del niño. Buscaban atajos, pistas, caminos alternos para cortarle el paso a Derek y alcanzarlo lo antes posible. Pero ninguno vio lo que el genio si pudo ver, siendo Ranchi la última en desanimarse, volteando una y otra vez los planos en varios sentidos, tratando de mirarlos a través de la luz, o unos encima de otros, formando imágenes superpuestas.

– No me explico – decía Thunder – que esperaba obtener el enano de esto. Y más el porqué lo esta haciendo solo.

– Quizás ustedes dos no sean capaces de captarlo – respondió Ranchi examinando un plano con los brazos extendidos – porque ni siquiera tuvieron seres queridos o si fue así, ni los recuerdan. Para mi hermanito ustedes dos son lo más semejante a una familia, por eso desea complacerlos y hacerlos sentir orgullosos, y creo que eso está fuera de su entendimiento, par de brutos. ¡Carajo, no entiendo nada!

– Te dije que dejaras de buscar el reactor principal porque no está. El niño es un maldito genio.

– Un pentágono.

La chica volvió a revolotear los planos, explicando casi para sí.

– Le di esa idea. Una estrella de cinco puntas, un pentágono… ¡¿Dónde?!

– Lo único que encontramos relacionado con el número cinco – dijo Thunder – fueron cinco modificaciones subsecuentes de un reactor de antimateria.

– Pentágono…

Alex estaba ocupado en algo mejor que oír los pensamientos de Ranchi. Había inspeccionado el elevador cuidadosamente, descubriendo cosas interesantes.

– Ustedes dos – les dijo – dejen eso y vengan acá.

Ranchi y Thunder alcanzaron al capitán rápidamente.

– Había restos de ácido industrial en el sello del elevador. Derek disolvió, literalmente, las barras de acero soldadas que impedían abrir la puerta, confirmando mis sospechas de que bajó por aquí. No tenemos más opción que seguirlo.

Los tres entraron a la cabina y pulsaron el botón de descenso. La única esperanza de regresar enteros y con vida, era orar porque Derek supiera lo que estaba haciendo.

(continuará…)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen © 
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01
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