De Transmetropolitan

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 Fuck you.

If anyone in this shithole city gave two tugs of a dead dogs’ cock about Truth, this wouldn’t be happening.

That’s Warren talking.

(Garth Ennis, acetca de Transmetropolitan)

Sosteniéndome de una viga en la pared, hago fuerza con los hombros y la espalda para elevar la mitad del torso y la cadera, justo el tiempo y altura necesarios. Mis piernas se encogen como resortes y liberan una potente patada a la minúscula ventana cerrada con barrotes. La pared maciza de la celda, vibra, regresándome un flujo de energía cinética, la cual rebota por mis talones, pantorrillas y columna vertebral.

La pared vibra. Unos pedacitos de tabique se desmorona como galletas rancias, me pareció ver que uno de los barrotes se desvío, unos milímetros.

Excelente.

He vuelto a las andadas, a patear esos malditos barrotes después de una temporada de apatía, la cual acabó en hastío y desesperación. Respiro profundamente. ¡Ah, putrefacción!

Por tal motivo, el tema es “Transmetropolitan”, serie publicada desde julio del 1997, hasta septiembre del 2002, escrito por Warren Ellis y recopilado actualmente en 10 tomos, por la línea Vértigo de DC.

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¿Y quién demonios es Warren Ellis?

Nacido el 16 de febrero 1968 en  Essex, Inglaterra. Su carrera se ha movido entre la corriente principal del cómic de superhéroes y la creación de pequeñas series limitadas de historias independientes, con lo primero (y lo último) que se le pasa por la cabeza, pero siempre con la crítica, la sátira y la ciencia ficción como grandes protagonistas. Su especialidad es la mezcla de crítica sociocultural, tecnología y ciencia ficción, y las palabras rudas.

Mi primer contacto con Warren Ellis, fue “Planetary”, con ciertos números de “The Autority”. Ambas estupendas, pero después de leer “Transmetropolitan”, su primer obra, tuve la impresión de que en las dos primeras mencionadas, se estaba conteniendo. “Extremis”, su redefinición de Iron Man, parece que la escribió dormido. En algún punto se apartó de los textos largos y diálogos abundantes, aunque persiste el cinismo y las frases fantacientíficas (ver nota 1). De alguna torcida manera, Ellis demuestra que es el lenguaje quien moldea al mundo,y si eres capaz de decirlo, eres capaz de pensarlo. Y, si lo piensas, ¿Por qué no podrías hacerlo?

Estoy leyendo además, “Trees” y “Fell” como reimpresiones en español, y aunque en ambas persiste el estilo cínico y agrio de Ellis – mucho más en “Fell” – , son mas irónicos y mucho menos corrosivos que “Transmetropolitan”.

Hubo una temporada en que el único sostén de Vertigo como linea editorial fue “Transmetropolitan”, un cómic postciberpunk en donde se destripa la sociedad y la vida política en el escenario de una ciudad futurista e increíblemente retorcida. Para aquellos que solo han visto en Google las imágenes del icónico Spider Jerusalem con sus lentes asimétricos, cara de rabia y cigarro en la boca, les servirá una escueta introducción.

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¿De que va “Transmetropolitan”?

La historia inicia con una llamada telefónica a un ermitaño demente que vive en una cabaña enclavada en las montañas – quien, y me tardé en atar cabos , se parece a Alan Moore – en la cual se le recuerda que tiene un contrato literario por cumplir y debe escribir dos libros, de lo contrario… sufrirá las consecuencias. El ermitaño decide bajar a la civilización (y usar pantalones) contra su voluntad, y dirigirse a la caótica, desenfrenada y bizarra Ciudad, para reportarse con su antiguo editor, Royce. Así, Spider Jerusalem vuelve a fastidiar personas. El es un reportero, un adicto a la verdad, alguien que se droga con información, y en su columna “I hate here”, se dedica a criticar y a diseccionar con láser la corrupción e insensatez de quien se le pare enfrente. Eventualmente, irá a meter las narices en el campo más traicionero del periodismo: la política.

Haré una pausa aquí. Si bien Transmetropolitan gira mayormente en una trama de candidatos presidenciales, y en el juego de votantes, ratings y escándalos, esos temas solo son usados como espejo para explorar las flaquezas humanas, flaquezas como el egoísmo, la avaricia, envidia, desidia, idiotez, en fin, las delicias que hacen al mundo como es. Analiza las debilidades del presente, usando la alegoría del futuro, dándonos el primer mensaje: no importa si es la edad prehispánica, la era digital o una cultura tecnoalienígena, mientras nuestras mentes y corazones no cambien, la humanidad seguirá yéndose al carajo.

Da igual si te injertas genes de delfín o rinoceronte, o si tienes una colonia de parásitos venéreos, o si descargas a tu mente una nube de nanopartículas. Eres humano. Un humano exactamente igual a los humanos del pasado, a los humanos del presente, y Dios nos libre, al humano del futuro. Aunque hay algo de esperanza. Aun en una persona repleta de vicios y locura – el propio Spider Jerusalem – existe algo profundo y fuerte que ni cantidades tóxicas de narcóticos pueden apagar, el amor a la verdad. Ese sentimiento parecido a una indigestión que nos hacer tomar acciones cuando vemos que algo no esta bien. La voluntad de actuar.

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Y ya que estamos con los narcóticos, este cómic tiene cantidades indecentes de alcohol, drogas y sexo. Sencillamente indecentes. Pero no es el morbo, la causa de esta abundancia de referencias sexuales, adicciones y gente que fuma una cajetilla de cigarros antes del desayuno, lo que busca Ellis es saturarte hasta llegar a la saciedad. Hasta darte cuenta que esos son aspectos vanos del ser humano. Cosas tras las cuales la gente común se esconde, y no tienen nada que ver con su verdadero interior.

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¿En qué parte del futuro está ubicada “Transmetropolitan”?

Dejémonos llevar por la imaginación.

“Al principio, existió la Ciencia. La Ciencia era la protagonista llena de virtudes, de aventuras fantásticas en donde la lógica y el carácter eran solución suficiente para situaciones increíbles. Llegó al mar, al centro de la Tierra, al espacio, a la atmósfera. En algún punto, la Ciencia creó al Robot. El Robot no era una copia simple del hombre hecha en metal, el Robot poseía vida, alma, sentimientos. Y con el Robot, nació la Computadora, la inteligencia de silicio, calculadora y previsora de las variables de la humanidad.

El mundo se fue tecnificando, Robot, Hombre y Computadora coexistieron por siglos, las líneas divisorias entre los tres desaparecieron y se hicieron obsoletas, debido a catástrofes planetarias, guerras mundiales, e invasiones extraterrestres  forzaron a saltos evolutivos para sobrevivir. Los alienígenas, antes exóticos, fueron fagocitados a la cultura terrestre.

Así que la civilización se transformó, se derrumbó, se reconstruyó. El hombre luchó contra el hombre en las catástrofes ecológicas. El hombre luchó contra la máquina durante la hecatombe nuclear. Luchó contra la hipermente digital en las eras estériles. Y se unio a sus antiguos enemigos contra los ejércitos interdimensionales. Es el hombre quien los integró dentro de sí.

Sobrevivió y se adaptó. Hemos llegado a Trasmetropolitan.”

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Para ser más específicos, ¿en qué parte de la fantaciencia ubicamos a “Transmetropolitan”?

Mi compañero de aventuras dijo, cuando le pedí asesoría para nuevas historias, que el ciberpunk andaba medio desvalorizado. Como ya  saben, el ciberpunk tuvo un auge a mediados de los 90’s, cuando fue un grito contra el control absolutista de las computadoras sobre el destino de la humanidad, entendiéndose la tecnología como un medio de control de las clases poderosas de la sociedad y bla, bla, bla…

Pues que carajo, las computadoras ganaron. Sí, conquistaron al mundo.

En este punto, es donde Transmetropolitan da un paso adelante. Un paso más allá del imperio de programas dictatoriales, de los mundos radiactivos y la esclavitud por seres de otras galaxias. La pregunta es, ¿los humanos sobreviviremos? La respuesta es sí. Y seremos los mismos imbéciles de siempre.

Warren Ellis menciona que el tiempo en Transmetropolitan no se mide en años lineales. Se ha perdido el punto de referencia original. Se ha perdido, o se ha borrado voluntariamente. Los períodos son contados según acontecimientos relevantes – el asesinato de… la guerra tal…, la creación de… – haciendo de la calendarización algo irrelevante. Pero esto no solo ubica a Transmetropolitan en un futuro ambiguo y distante, funciona como una metáfora de la memoria humana moderna.

Ellis percibe que a la persona promedio no le interesa el pasado (le dedica un episodio completo al tema). Al hombre no le interesa ya lo ocurrido un año antes, las lecciones se olvidan y se desechan. La memoria colectiva esta perdiendo su capacidad de almacenar a largo plazo, enfocándose en estridentes fenómenos efímeros. Tampoco presta atención al futuro, es decir, a las consecuencias de sus acciones. En Transmetropolitan solo existe el presente. Un presente caótico, atemporal, y, por lo tanto, perpetuo. Al carecer de historia lineal, en donde se enlacen las causas con los efectos, el presente es una expresión espontánea de las acciones humanas. Y al no existir futuro, desaparece la consciencia de continuidad, aquella que proporciona sentido a la existencia.

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Spider Jerusalem está metido hasta las narices en una ciudad bombardeada de noticias, atascada de gente, datos y variables, que el individuo “normal”, es decir, un género o tipo de persona estadísticamente similar, no existe. Una sociedad que nunca ha llegado al extremo opuesto de la ciudad, donde viven los pobres y los marginados. Y no llega no porque sean “apáticos”. La sociedad no se autoexplora, porque vive el presente, las necesidades inmediatas, el flujo de información de lo actual es abrumador. Al llegar el tiempo de reflexionar sobre lo asimilado, de reflexionar y comprender, ya es información del pasado. Y por lo tanto, se descarta.

Spider resume en tres palabras sus pensamientos sobre esta sociedad. “I hate here.”

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En Trasmetropolitan se usa un tipo muy particular de narrativa. Ellis no lo vuelve a utilizar con tanta abundancia en ninguna otra parte de sus obras posteriores, salvo en contadas ocasiones. Trataré de explicárselos.

Un escritor mediocre utiliza dos componentes básicos: adjetivos y sustantivos (ojo, dije “mediocre”, los mas expertos se avientan con los adverbios), y poseen una lista de ambas. Si es un escritor con poquísima imaginación y vocabulario, unirá los adjetivos con su contraparte lógica (mar inmenso, trueno fuerte), o puede ponerlos invertidos para sonar poético (atronador trueno, pacífico ratón).  Un escritor con mediocre vocabulario y algo de originalidad, coloca los adjetivos de manera ilógica, (fuerte estrella, pacífico trueno), tanto al derecho como al revés (mar verde, ratón atronador), creando imágenes peculiares de ideas ya conocidas.

En Transmetropolitan, Ellis agrega aparte de los adjetivos ( las maldiciones cuentan como adjetivos) definiciones, oraciones descriptivas, o sustantivos adjetivados y los empata con CUALQUIER sustantivo. Por ejemplo:

“El secreto de mi infestación por gusanos venéreos inteligentes permanece seguro por otro horrible día”

“Me ha sido revelado para mi por los jefes secretos del mundo que yo soy mas sexy que Buda y más duro que Jesús.”

“La pata de silla de la verdad ha hablado”

“Los perros se orinan en los árboles porque ellos pueden sentir la verdad”

De hecho, la explicación que hace de Extremis, en Iron Man, no tiene ningún sentido. Es fantaciencia pura. Sin embargo, el como empata las siguientes cuatro palabras medianamente relacionadas…

“ADN”, “hackear”, “biológico”, “sistema operativo”

… en la oración:

“Hackear el sistema operativo de un ser vivo a través de su ADN”

Suena tan cool que nos la tragamos.

Y resulta atractivo – y creíble – porque no son adjetivos meramente descriptivos o decorativos, ni mucho menos ordinarios o usados de manera lógica. Son oraciones que evocan algo mucho más complejo. Al recrear estas imágenes, des las cuales nosotros solo obtenemos el nombre, nos proporciona un sentido de solidez y profundidad, a través del lenguaje, se cuenta la historia de Transmetropolitan, mediante oraciones, maldiciones o insultos.

Maldiciones. Ellis no se contiene. No es políticamente correcto. Dice las cosas como se le aparecen, y de una forma que hace reir, horrorizar, y pensar al mismo tiempo. Utiliza el idioma como una pistola de .50mm disparando sin siquiera apuntar. Porque así es la verdad. A la verdad no hay que disfrazarla. Las palabras hieren porque son reales. Alguien que roba, es un ladrón, quien mata, asesino, y lo mismo va para los drogadictos, prostitutas, corruptos e hipócritas. “Al carajo con todos ustedes”, dice Ellis-Spider.

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Tengo una teoría (mas bien, los psicólogos tienen una teoría y yo solo hago paráfrasis de ella) en la cual se entiende que el exceso de violencia solo puede ser tolerado con humor. Y no precisamente hacerlo gracioso, pero exponerlo de una tal que nuestro cerebro racional lo asimile, en lugar de rechazarlo por ser demasiado aberrante. Nuestra psique se protege. De lo contrario todos seríamos Spider Jerusalem.

Ellis incorpora el humor negro a Transmetropolitan como una manera de expresar lo ridículo de las preocupaciones y problemas humanos, cuando tenemos cosas mas serias amenazando nuestras vidas. Si pudiésemos verlo desde arriba, nuestra existencia gira alrededor de nimiedades risibles.

La página en donde Spider patea a la anciana cumple con los requisitos psicológicos del chiste, la sorpresa, uno de ellos. Ellis es uno de los pocos escritores que tiene la capacidad de hacerte babear de la risa mediante una paliza propinada con la pata de una silla. Dice las cosas y muestra las cosas tal cual son, grotescas, para hacernos cabrear, o estúpidas, para reírnos de nosotros mismos.

No necesita explicarnos absolutamente nada. No hay historias de trasfondo, quizás referencias vagas, ocasionales. Toda la vida de Transmetropolitan está en el lenguaje.  Esta es la marca de los excelentes escritores.

Warren Ellis lo es.

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Epílogo…

“El mundo es una cloaca.”

La oración da vueltas en mi cabeza, porque se que estan cierta como falsa. No, no es una cloaca. No si no deseamos que lo sea.

Este primer cómic de Ellis nos dice eso. El mundo, el ser humano, es corrupto y retorcido. Cocainómanos vendiendo a sus hijos a pedófilos solo por otra dosis. Ese es el mundo de Spider Jerusalem, y él mismo es receptorio de vicios y fallas perfectamente humanos.

SIN EMBARGO…

Habmeos algunos de nosotros en los cuales esa rabia y desesperación no es originada por el instinto animal de la superviviencia. Al contrario. Tenemos ganas de arrancarles los párpados a arañazos a todos aquellos ciegos de mediocridad. Gritamos,, maldecimos, pateamos, nos intoxicamos para mantenernos lúcidos y con sufieicnete energía para el ataque. En el Fondo, Spider y yo sabes que con tan solo UNA persona abra los ojos. Hemos ganado. Deseamos crear una reacción en cadena para afectar la conciencia primate de la sociedad. ¿Qué tal si mis patadas a los barrotes, no son para salir de mi celda, si no, al contrario, para sacarlos a ustedes, lectores?

¿Qué tal si los han engañado, y les han hecho creer que gente como yo somos los locos, y ustedes, los cuerdos?

Porque, ¿Quién en su sano juicio renunciaría a su libertad para servir a criminales a cambio de baratijas y estupideces materiales? ¿Quién renunciaría a su vida para ponerse una cadena al cuello por doce horas a cambio de un televisor? ¿Qué tarado se pude voluntariamente el hígado, pulmón, cerebro, metiendose sustancias tóxicas? ¿Quién quita la vida a cambio de puñados de polvo venenoso y fajos de papeles devaluados?

Estas palabras, son mis patadas. Estoy tratando de sacarlos. Y si los he incomodado, así como Spider Jerusalem incomoda, felicidades. Ese asco que sienten es el mundo que han creado.

Bienvenidos a Transmetropolitan.

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Nota 1. Tratar de explicar esto es algo complicado y redundante, pero útil para entender mejor el estilo de Ellis. “Ciencia ficción”, en su acepción más pura, es el desarrollo de conceptos científicos reales hacia temas de momento inexistentes. En su momento, los submarinos fueron ciencia ficción, así como los satélites. Teóricamente, solo se consideraría como ciencia ficción un relato si tiene bases científicas comprobables, por ejemplo, la exploración espacial. Isaac  Asimov y Arthur C. Clark, y por supuesto, Jules Verne, trabajaron en el dominio de la ciencia ficción. “Fantaciencia”, un término no muy conocido y mucho menos utilizado, se refiere a los relatos en donde se hace uso de términos científicos, pero que de ninguna manera podrían ser reales o podrían llegar a realizarse, digamos, colocar fantasmas en ampolletas. Mucho de lo que se clasifica como ciencia ficción en los medios, en realidad pertenece a la fantaciencia. Por fortuna para la ciencia ficción, y para la fantaciencia, los conocimientos tecnológicos actuales avanzan tan rápido que carecemos de certeza de cuales “hechos científicos” de los relatos serán alcanzables o no (la computadora Hal 3000 de “Odisea del espacio” parecía ser pan comido) por lo que esta clasificación, como dije al inicio, resulta redundante.

Pero hay cosas en “Transmetropolitan” pertenecientes definitivamente a la fantaciencia, y saber que el autor las maneja no como una glorificación al progreso, sino, al contrario, una exposición de los males de la tecnología, nos hace verlas como realmente son, fantasía.

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