El hechicero metálico (parte VIII)

continúa…

La chica rasgó un agujero imperceptible en esa oscuridad y se perdió en él. Alex volvió a quedarse solo. Abrió una botella de agua y tomó un breve sorbo. Pensó:

<< Figura paterna. Eso podría serme útil. >>

IV. La noche anterior.

Ante el lento transcurrir del tiempo, la situación del Deathbird no mejoraba ni empeoraba. Una serie de averías en el sistema hidráulico ponía a Thunder de un humor de perros, lo cual resultaba gracioso. Alex se volvía más exigente y detallista ante cada insignificancia, por lo que a veces era mejor ni verlo, asunto que acababa poniéndose irritante. Ranchi era inmune a los gritos y maldiciones, pues se distraía charlando con fantasmas invisibles, algo normal en ella. Por otro lado, Derek se comportaba a las mil maravillas, no alegaba, no preguntaba de más, hacía únicamente sus obligaciones, e inclusive se iba a la cama temprano. Y eso era definitivamente extraño. Tanto o más extraño como la cena de esa noche, donde Ranchi discutió alrededor de quince minutos con una salchicha antes de ponerla en la parrilla.

– … sal de allí ¡ahora! ¡Ya! Ese no es un cuerpo, envase kármico o receptor espectral… ¿Qué esperabas encontrar en una salchicha? ¡Sal de ahí o juro que te comeré con cebolla y mostaza! Hallaremos algo… solo a ti se te ocurriría…

Derek la miraba anonadado, sin atreverse a interrumpir, y así los encontró Thunder, quien obedeció la señal del niño acerca de sentarse y no decir ni pío. Ranchi, aunque trataba de ser más discreta, continuaba atrayendo la atención.

– ¡Fuera! Tanta vagancia por el plano etéreo te ha zafado los engranes. Tú lo pediste, ¿quieres sentir algo? ¡Siente esto!

Azotó la gorda y jugosa salchicha sobre la parrilla al rojo sin compasión. Thunder y Derek esperaron por un instante oír el grito desgarrador del indefenso embutido al ser ejecutado. Por supuesto, no se oye nada, pero la actuación de Ranchi era demasiado convincente.

– ¿Peleas con la comida regularmente? – preguntó Thunder ignorando la patada de Derek por debajo de la mesa.

– Para nada. – Respondió Ranchi tan tranquilamente como si la hubiese interrogado acerca de su día – Un viejo fantasma medio chiflado salió de la novena bodega, se metió al refrigerador y trato de habitar en el paquete de carnes frías. Espero que se haya ido, el cobarde.

La chica volteaba esa salchicha para dorarla uniformemente, mirándola con cierto recelo, como esperando algún ataque de su parte. Thunder tenía ganas de seguirla molestando, a pesar de que Derek le decían insistentemente, con susurros y gestos: “¡ya no le des cuerda!”

– Ranchi… ¡Ranchi!

– ¿Qué? – la joven sacaba unos bollos y botellas de salsas y condimentos de los cajones de la alacena.

– Es solo una salchicha, ¿entiendes? Una simple e inocente salchicha. Los fantasmas no se meten en ellas.

Ranchi respondió, con un franco gesto de incredulidad.

– Si tú lo dices…

Las luces se apagaron, una explosión hizo vibrar el piso, y los objetos junto con las personas flotaron libremente por los aires, haciendo que la cocina estuviese más desordenada que de costumbre. El vaso de soda de Ranchi y la cerveza de Thunder se vaciaban en grandes gotas de abajo hacia arriba. El efecto duró unos segundos hasta el retorno de las luces y la energía, con lo que todo volvió a caer en un sitio muy cercano al original. Thunder dio un puñetazo a la mesa.

– ¡El maldito generador de gravedad! ¡CARAJO! El supersoldado ya estará iniciando la reparación. Ustedes dos – señala a los chicos- permanezcan aquí. Ese condenado trasto a veces se nos pone difícil. – deja la silla y toma el resto de su cerveza, checando de reojo la cena que no se comerá. – Guárdame seis de esos. – y salió casi corriendo.

Ranchi y Derek se quedaron en la cocina haciendo una torre de perros calientes para los presentes y los ausentes. El niño habló muy poco durante la comida y lucía preocupado. De repente le pidió permiso a su hermana mayor para irse a su habitación.

– ¿Hablas en serio? Solo te terminaste uno.

– No tengo mucha hambre. La verdad, trabajé bastante con los sistemas del puente.

– Casi trece horas, cierto…

– … y quiero descansar.

– Vale, aprovecha el apagón para dormir.

– ¿Habrá otro apagón?

– Tenlo por seguro – dijo Ranchi al guiñarle un ojo.

Afortunadamente, no hubo ninguno que interrumpiera el trabajo febril del niño, durante su encierro a oscuras. Tecleaba sin tregua cuando una mano abatió de golpe la pantalla de la computadora, haciéndolo gritar del susto. Atrás de la mano, estaba Ranchi.

– Curiosa forma de descansar de las computadoras, ¿Qué estás haciendo?

– Nada.

– Pienso que pegarse a una máquina no es una buena forma de recuperar energías.

– Trabajo en un proyecto.

– ¿Para Alex?

– Si y no.

– ¿Para mí? ¿Para Thunder?

– Si y no. Para todos nosotros.

Ranchi dejó la ofensiva.

– Recuerdo cuando nuestro carcelero Richard trataba de sacarnos las verdades a tirabuzón. Estaba comportándome así, ¿cierto?

– Un poco.

– No era divertido.

Con la computadora cerrada, solo los iluminaba la lámpara de otra mesa aparte, tapizada de documentos y herramientas electrónicas.

– Es magia – dijo Ranchi

– ¿De que hablas? – pregunta Derek

– De lo que haces. Es como magia. Tocas un aparato y ¡abracadabra! Vuelve a funcionar. A veces me sorprendes, a veces no te entiendo. Pero nunca dejo de quererte.

El niño sonrió. No tenía respuesta.

– Un hechicero metálico – continuó Ranchi – haces magia con silicio y electricidad.

– Estas halagándome. Soy incapaz de hacer magia, al menos en el sentido literal de la palabra. Como tú. Tú si haces…

– El chiste es que funciona. Por cierto ¿sabías que el pentágono es una de las figuras místicas más poderosas? – Ranchi movió ambas manos para ilustrar su comentario, tratando de delinear la figura con los dedos – Una estrella de cinco puntas. En cada vértice un conjuro invocador o acumulación de poder. En el centro se abre el abismo a los avernos. Bueno, eso me dijo una anciana podrida escondida en los hangares. Parecía ser bruja y no deseaba ir al más allá porque estaba segura de que Mephisto le comería la cabeza.

Derek preguntó, sin ánimo de ofender.

– ¿Aún la encuentras allí?

– La convencí de irse. Era fastidioso oírla gemir y lamentarse mientras pintaba la cubierta de las naves.

El niño escuchaba a su hermana con suma paciencia, pues a veces sus delirios se ponían interesantes. Ranchi notó que su hermano estaba llevándole la corriente y retomó el sentido de la visita inesperada.

– Basta de charla y a dormir. Mañana será otro pesadísimo día. Por si las dudas, me llevaré esto.

– ¡Espera!

La joven aferró la computadora contra el pecho y jaló de los cables desconectándola de la pared, desapareciendo por un portal antes de que Derek reaccionara y luchara por sus juguetes. El niño ya no tenía en que trabajar, pero su mente no dejaba de moverse.

<< El pentágono. >>

Tomó un lápiz, un papel y dibujó cinco puntos uniéndolos con una línea para cerrar el pentágono. Partiendo de ahí, trazó los brazos y vértices de una estrella en su interior. Justo en el centro, colocó otro pequeño punto.

<< El abismo a los avernos. >>

Los planos, los acertijos, las cuestiones y las dificultades cobraron sentido. Esta era la respuesta.

– Lo encontré – dijo Derek a la oscura soledad – lo encontré.

Revolvió ansiosamente los esquemas de metros y metros dispersos por el piso, puso unos sobre otros, recortándolos y uniéndolos con cinta en algún abstracto orden dictado en su mente por esa arrebatada epifanía, realizando a la vez cálculos monstruosos en el pensamiento y con un trozo de lápiz sobre cuadernos saciados de letras y números. Al final, la respuesta persistía.

– Lo encontré. Sé donde está.

Preparó una maleta con lo necesario, escabulléndose en el cuarto de Ranchi mientras ésta dormía tan profundamente que parecía estar muerta.

<< Lo siento, pero la necesito. >>

Recuperó su computadora, y fue a la cocina. Aparentemente ninguno de los hombres tuvo ganas de cenar, pues los perros calientes continuaban metidos en el horno. Derek trató de ignorarlos al tomar cajitas de jugo y leche, un paquete de galletas, caramelos y un emparedado de jalea.

<< Seguro no les importará si me llevo uno. O dos. Thunder no sabe cuántos le apartamos y creo que al capitán ni le gustan. >>

La bolsa estaba cerrada. Abordó su moto infantil, con el único propósito de ayudarle a cargar su equipaje. El inicio de la aventura no quedaba a gran distancia. Y a donde iría, no podría llevarla.

<< Acabaré pronto. Cuando este encendido y en marcha, los problemas terminarán de una vez por todas. El capitán y Thunder tendrán las cosas más sencillas. Ranchi se pondrá muy contenta cuando vea lo que conseguí. Todos estaremos muy contentos, igual que esas familias felices que salen en el holovisor. Sí, yo puedo hacerlo. Los tres se pondrán muy orgullosos y contentos. >>

– Bien, ya estoy aquí. Inicio grabación. Afortunadamente, mis indagaciones previas acertaron en lugar y métodos. De momento, lo único que tengo que hacer es encontrar las modificaciones que hice…

El pequeño Derek bajó de la moto y cargó la mochila a su espalda, antes de caminar, carente de miedos, en la negrura. La luz de su lámpara de mano se esfumó rápidamente en los rumbos inexplorados del colosal Deathbird.

(continuará…)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01
Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.
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