El hechicero metálico (parte V)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01
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continúa…

Nave y niño parecían entenderse. El genio de éste no tenía límites, expandiéndose y diversificándose a las necesidades de su nueva amiga. Ella, de alguna manera, se comunicaba, induciendo al pequeño a hacer lo que ésta le pidiese, arreglándola aquí y allá, un problema a la vez, mientras el Deathbird aumentaba su rendimiento y su complejidad. Debajo de esa coraza oxidada poseída sin cuidado por Thunder, se vislumbraba el remanente de algo, en tiempos lejanos, grandioso. Alex reflexionaba, en sus momentos de soledad. ¿Alguien puede ser demasiado inteligente? ¿Constituiría esto un problema? Si fuese así ¿Qué clase de problema? ¿De control? ¿Cómo podría detenerse a un individuo capaz de calcular todas las variables, deducir todas las respuestas, predecir todas las reacciones? El sexto sentido de Alex, el detector de peligro, le sugería encontrar la respuesta. Y pronto.

III. Hace tres semanas

Esta era, por así decirse, una reparación especial. Los cuatro tripulantes del Deathbird estaban tratando de arreglar una batería de materia negra con unos doce metros de alto, y veinte toneladas en su haber. Alex y Derek inspeccionaban la cubierta, reemplazaban cableado y soldaban circuitos en los controles externos. Thunder revisaba los conductores eléctricos de salida y entrada a ambos lados de la batería, los termostatos y además de comprobar que el nivel de actividad nuclear en el interior estuviese en niveles mínimos. Ranchi tenía una tarea solamente: usando correas, cadenas y juegos de poleas, levantaría la batería el tiempo suficiente para que inspeccionaran la base de inserción, es decir, el conductor maestro, que debía desmantelarse a golpes, válvulas de enfriamiento, casi siempre congeladas y atascadas, el transformador termoeléctrico, de fácil reemplazo si estas dispuesto a perder como mínimo varios dedos y la mitad del brazo, y el cerebro informático de regulación, origen de la mayor parte de los desperfectos. Alex y Thunder escogían sus herramientas, dando un último vistazo a la batería. Derek se acercó a su hermana mientras ésta se estiraba como un gato.
– ¿Preparado?
– Y ansioso. Memoricé los esquemas al derecho y al revés.
– No entendí muy bien el funcionamiento de la batería. Tengo claro que produce energía eléctrica, a base de fisión nuclear…
– Aja…
– … como los reactores de la Tierra, pero utiliza un enfoque diferente, “materia negra” y eso es…
– Un material hiperdenso, hiperpesado y con un nivel de energía altísimo acumulado en su estructura molecular. De lo que están hechos, en teoría, los agujeros negros. Imagina la materia de un planeta compactada en un gramo de esa sustancia. En la batería no hay mas allá de unos picogramos, aun así, puede producir en un día, la energía calorífica de un sol joven, aproximadamente. Lo importante es que la batería esta capacitada para fusionar y fisionar la materia negra infinidad de veces.
– ¿Por eso decía Alex que las baterías de materia negra son eternas? ¿Se regeneran?
– En condiciones estándar, sí. La materia se transforma en energía, y luego vuelve a recomponerse en materia. El transductor convierte el calor en electricidad y el conductor saca la corriente fuera del sistema. Claro, si te pones muy estricto en términos termodinámicos…
– ¿Y las placas de metal?
Ranchi hace sonar con los nudillos un gigantesco cuadrado metálico, de los tantos que, a manera de baldosas, cubren las paredes del área. Para ser exactos, las paredes, pisos y techo del área, con solo un par de centímetros separando los perímetros.
– Seguridad, por si la batería se sobrecalienta o hay fuga de materiales. Si eso pasa, arderá como la maldita boca del infierno…
– Pasas demasiado tiempo con Thunder, ¿eh?
– … porque el calor fundirá las placas como si fuesen queso, bañando al reactor, sellando la fuga y contaminando la materia negra, para hacerla perder su estabilidad. Así dispersa su energía molecular, y elimina la probabilidad de que nazca un agujero negro en esta zona de la galaxia. La materia negra, si no se vigila minuciosamente, genera atracciones gravitacionales terribles, lo que la vuelve delicada y muy peligrosa.
– No lo pareciera, a decir de cómo patea Thunder la recubierta del reactor.
En efecto, Thunder desquitaba su frustración con la batería descompuesta.
– ¡Maldita basura! ¿Por qué… -le da una patada – tenías – otra patada – que averiarte, lata de frijoles?? – la última definitivamente deja una abolladura en la carcomida superficie.
– Mejor voy a distraerlo antes de que se rompa la pierna. – dijo Derek y salió corriendo.
Ranchi permaneció a la distancia, sujetando el conglomerado de cadenas. Alex la vio sola y se acercó también.
– Se que lo hemos ensayado antes pero quisiera preguntarte si te sientes capaz de hacerlo.
La chica enrolló varias cadenas en sus brazos y puños, haciéndolos tintinear hasta la argolla que las sostenía en el lejano alto.
– ¿Dudas si podré levantar mas de veinte toneladas como solo mis manos?
Alex arqueó la ceja izquierda.
– Dame una oportunidad para probártelo- Ranchi tenía una sonrisa llena de seguridad.
– Espera mi señal.
Todos están en posiciones. A la cuenta de tres, Ranchi jalará de los amarres, permitiéndoles revisar a cada quien lo que le corresponde, Thunder el conductor maestro, Derek, el cerebro informático y Alex, estado de blindaje. Antes de intentarlo, saben que no será ni remotamente fácil. Thunder se tronaba los nudillos cuando Alex regresó a su lado.
– ¿Hablaste con ella, supersoldado?
– Si
– ¿Te dijo que lo haría?
– Si.
– ¿Te aseguró que lo haría?
– Si
– ¿Tu confías en que lo haga?
Alex le mostró su expresión de “si me haces una pregunta más…”
– No desconfío de ella, propiamente dicho, pero, ¡mírala! Parece una chiquilla enclenque con un escuálido tra…
– ¿Listo, Thunder?
Derek estaba a sus espaldas, enterrándole ojos de navaja. El aludido interrumpió su perorata con una mueca de sonrisa que enseñaba todos los dientes.
– Iniciando cuenta – dijo Alex – Ranchi. Uno, dos…
– ¡Allá voy! – respondió ella desde su apartada posición.
Las cadenas crujieron y corrieron. La joven alzaba con cada brazada, centímetro a centímetro, ese peso tremendo, consiguiendo antes de lo previsto separarla dos metros del piso. Lo más impresionante es que sostenía la altura alcanzada. Los tres restantes no perdieron tiempo y se concentraron en sus tareas. En coordinación, desmantelaron el conductor, repisaron el procesador de datos interno, los circuitos y cualquier cosa que estuviese en la base de la batería. Cuando terminaron de convencerse del perfecto funcionamiento de los componentes, empezaron los problemas.
– ¡Ranchi! ¡Mantenla firme!
– ¡No puedo!
– ¿Por qué?
– ¡Se rompieron dos cadenas!
– ¡Este no es un buen momento para bromas!
– ¡Se rompieron dos cadenas! ¡Ahora tres! ¡Cuatro! ¡Cinco! ¡Seis! ¡Siete, una soga y cuatro poleas!
La batería se bamboleó ligeramente y descendió medio metro, confirmando la cuenta de Ranchi.
– Aborten – ordenó Alex – ¡Fuera de aquí!
Él ya tenía el torso fuera de la excavación, pero Thunder debía antes desenredarse de un pulpo de cables. Derek se puso muy nervioso con los chirridos de las sogas reventadas corriendo por los amarres de la batería y metió la pierna en un tubo vacío de ventilación, hasta más arriba de la rodilla. El zapato se le atascó con unos alambres adentro del tubo, y el pequeño estaba desesperado por librarse.
– ¡Ayuda! ¡Ayúdenme! ¡Por favor!!
Thunder no tardó en asistirlo, intentando sacarle la pierna a la fuerza.
– ¿Qué pasa? – preguntó Alex, ya afuera, al notar la ligera tardanza.
– ¡El enano! ¡Esta atorado!
La argolla que mantenía a la batería colgando del techo crujido amenazadoramente. Cada vez menos cadenas y poleas ayudaban a Ranchi a mantenerla altura, hasta que en un momento ésta descendió de golpe, haciendo que Alex y Thunder se tiraran de bruces.
– Se… me… esta… escapando…
Las últimas cadenas enteras huían de los dedos de Ranchi. Hora de medidas suicidas. Estaba volviéndose buena en eso.
– ¡Oigan! ¡Tiraré con todas mis fuerzas y a todo lo que resista el sistema de amarre! ¡Apenas empieza a elevarse, saquen a Derek!
En cuatro impulsos incomprensibles, lleva velozmente la batería a las alturas, hasta hacerla chocar contra el techo. Un segundo más tarde, las cadenas se revientan, los cilindros de las poleas salieron disparados y la pesada y gruesa argolla que sostenía el sistema entero se quebró como si fuese de barro. La batería de materia negra con sus veinte toneladas inició una caída sin freno hacia los dos tipos empeñados en sacar a un chiquillo de una pieza. Por fortuna, lograron soltarlo apenas el suficiente tiempo para eludir el peso aplastante detrás de sus espaldas. Thunder llevaba a Derek en su brazo izquierdo y ambos cayeron boca abajo después de un salto excepcional. Hasta Alex lucia ligeramente asustado.
– Por poco.
– Por casi nada.
La batería azotó el suelo con energía, dando un retumbo, estrellando sus nueve capas de bruñido adanmátium, torciéndose a la derecha y encontrando el equilibrio en una precaria posición inclinada.
– Mierda.
Los cuatro recuperaron el aliento entre resuellos y jadeos, hasta que Alex preguntó.
– ¿Tienen las piernas completas? – los demás afirmaron como pudieron – Bien. El blindaje del reactor se ha hecho polvo. Corran.
Derek vio con horror como a través de las pequeñas hendiduras el calor producido por la fragmentación atómica de la materia negra volvía líquidos los recubrimientos de protección a base de uno de los minerales más fuertes del Universo. Un calor sin llamas liquidificaba la maltrecha batería, deformándola y haciéndola parecer un cubo de hielo depositado en una sartén caliente. Corrían ellos a todo, con el calor arañándoles la espalda. Ranchi veía como el metal antes sólido y resistente, caía de los techos como lluvia plateada, volviéndose un gas pardo antes de tocar el reactor. Alcanzaron y pasaron la entrada de forma circular. Alex y Thunder trataron de deslizar la inmensa escotilla de seguridad para cerrar el área.
– ¡No hay manera! ¡La maldita esta atascada!
– ¡Por todos los cielos! – Intervino Ranchi desesperada – ¡Apártense!
La chica asió firmemente la gruesa manija y de un empujón, movió la puerta de casi tres veces su altura y dos metros de grosor, con una facilidad abrumante. Al encajar de golpe en su sitio, varios seguros embonaron en su perímetro, tres vigas la atravesaron, encendiéndose un termómetro junto con la señal de “área protegida”.
– ¿Será suficiente?
El termómetro comenzó a elevarse. Y a elevarse y a elevarse, hasta llegar a los ochocientos mil grados. La compuerta se calentó, pasó al rojo vivo hasta ablandarse. Retomaron la huida antes de que esta fallida barrera de contención se derritiese por completo. Ranchi volvió a las ideas suicidas.
– Continúen, cerraré las demás compuertas, trataré de reforzarlas con lo que encuentre.
– Hermana…
– Derek, conozco estos rumbos, me teletransportaré antes de quedar rostizada. ¡Anden! ¡Lárguense lo más rápido que puedan!
Estaban ya a más de la mitad de la sala, una bodega atascada de basura, y la entrada a la siguiente, donde tenían muy pocas cosas, se acercaba a ellos. Alex tomó a Derek y lo puso en su espalda. El niño atestiguó como su hermana se rezagaba para correr la gigantesca compuerta.
– Por favor – murmuraba Derek angustiado – que se detenga.
Thunder, por su tamaño, podría parecer torpe, pero corría con la misma agilidad que Alex, evitaba y saltaba los obstáculos con la misma destreza, e inclusive, mantenía igual velocidad.
– ¿Dónde esta el maldito congelante cuando lo necesitas? ¡Deberían estar cayendo cascadas de esa porquería!
– Las tuberías estarán averiadas. – Contestó Alex sin verlo – Si eso no es, el congelante se agotó.
– Con nuestra suerte…
Sin embargo, el calor seguía tras ellos, incinerando todo lo que alcanzaba, con el techo ampollándose y reventando para lanzar esquirlas ardientes. La compuerta cerrada segundos atrás por Ranchi terminaba en un charco de metal hirviendo cuando alcanzaron la siguiente, y ella no estaba allí.
– ¿Ranchi? ¿Dónde te has metido?
– ¡Aquí!
La chica apareció justo a tiempo, en le deshuesadero de vehículos. Ranchi lanzó las chatarras a la compuerta apenas la hubo cerrado, tan fácilmente como si jugara con globos.
– ¡Suban por la escalera! ¡Trataré de reforzar la puerta!
Ascendieron dejando a la chica atrás, por una estrecha escalerilla adosada a la pared, llevándolos al nivel superior. Thunder fue directo a revisar las válvulas de congelante, Alex bajó a Derek de su espalda y realizó un diagnóstico de sistemas mediante su computadora portátil. Derek solo pensaba en que su hermana saliese con vida.
– No te tardes, no te tardes, no te tardes…
Solo dos minutos después, Ranchi cayó de un portal junto a la compuerta abierta sobre la escalera de acceso. Ella solo la jaló con suficiente fuerza para activar los seguros. Ya que estaban en un nivel arriba del desastre, podían sentir el calor en sus pies.
– Abajo ha quedado un montón de escoria renegrida. Salí apenas comenzó a caer el congelante.
El termómetro de la compuerta llegó a los mil grados, y se detuvo. La misma se calentó tanto que nadie podía acercársele y tuvieron que salir de esa bodega porque parecía un horno. Pero compuerta y el resto de las estructuras mantuvo sus formas y funciones. Estaban a salvo. Thunder no tardó en volver.
– Podemos afirmar que el nivel 4 se ha ido al infierno.
– Este es el escaneo holográfico de la zona – Alex les mostró la proyección mediante su microcomputadora. – Fundida por completo. Por fortuna, el nivel 5, aunque inaccesible, esta parcialmente intacto. El nivel 3 también ha quedado sin bastantes salidas, pero con daños moderados. Nunca creí alegrarme por decir esto: – comentó mientras apagaba la proyección – la batería esta totalmente corrompida e inactiva. Ranchi…
La chica sonrió tímidamente, al asentir.
– ¿Si?
– … buen trabajo.
Por otro lado, Derek parecía al borde del llanto, y Alex se percató de eso.
– Buen trabajo también, Derek. – Aunque el comentario no tuvo mucho éxito – Iré al puente a verificar los datos. Resto del día libre.
Mientras Alex se retiraba, Thunder, Ranchi y Derek permanecieron en sus sitios, entre sentados y recostados, hasta que ella cayó de bruces profundamente dormida. Derek le movió la cabeza, le habló varias veces y le picó las costillas.
– ¿Nada? – Preguntó Thunder – ¿Al menos se retuerce?
– Está inconsciente.
– Hay que cubrirla con algo o…
– ¿Piensas dejarla aquí?
Thunder se rasca la cabeza.
– Tienes razón. Después de lo que hizo, no sería muy amable de nuestra parte.

(continuará…)

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