El Hechicero Metálico (parte III)

 

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

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continúa…

<< Mi familia. Mi nueva familia>>

  1. Hace un mes y medio.

En el espacio, el ciclo circadiano se descontrola, así que Alex y Thunder programaron el horario del Deathbird según el patrón estándar de la Confederación de Sistemas, un calendario de cronología sexagesimal con ciclos divididos en veinticuatro unidades, llamadas por tradición, horas. Cuatro de estas, las dedicaban al sueño, antes de la llegada de los hermanos. A Ranchi le permitían dormir cinco, y a Derek, por ser niño, seis. Sin embargo, estos horarios casi nunca se cumplían, pues el ambiente del Deathbird era nuevo para ambos. A ella le permitía expresarse libremente, utilizar sus inquietantes habilidades sin ningún disimulo. Cierto, tenía muchísimo trabajo, pero era gratificante volar con ligereza para atornillar tubos de gas neón a diez metros de altura, o alzar con una mano trescientos kilos de alambre para sacudir el polvo. En el caso de Derek, el cambio de aires era increíblemente estimulante. Su mente trabajaba a velocidades asombrosas, sin descanso, con cada actividad realizada. El genio que anteriormente solo absorbía y deducía conocimientos, ahora desarrollaba y creaba soluciones para cada problema ocurrido en el Deathbird, desde aquellos considerados insignificantes hasta los decididamente insondables. Semillas florecientes en el inquieto intelecto sobrehumano del pequeño, haciéndolo involucrarse tanto en sus trabajos hasta llevarlo a hiperactividad incontrolable. Podría parecer provechoso para el resto de la tripulación, a no ser porque Derek, literalmente, no dormía.

– ¡Deja de hacerle al imbécil y vete a acostar!!!

Colgado de un arnés a la cintura, Derek estaba bajo la oxidada carcaza levantada de una nave que apestaba a aceite.

– Thunder, estoy así – y apretó el pulgar e índice izquierdos, al aferrarse al voltímetro de bolsillo con la mano derecha – de reajustar los termostatos a los circuitos eléctricos del Nexus 2, por favor, dame…

– ¡De eso, nada! Este trabajo era para dos semanas. ¿Te bañaste?

– Un poco, pero…

– ¡A la cama! ¡Ranchi!

– ¡Quiero terminar con esto!

-¡Llevas veintidós horas despierto! ¡Ranchi!

– ¡Todavía falta probarlos!

– ¡A mí no me grites! ¡Ranchi, llévate a tu hermano!

– ¡No estoy cansado!

– ¡¡¡RANCHIIIII!!!!!

Al caer el Deathbird en su noche artificial, el pequeño Derek aprovechaba para continuar sus reparaciones. La emoción lo mantenía en vigila constante, y aunque trataba de trabajar en sigilo, tarde o temprano era descubierto por alguno de sus mayores, quien de algún modo intentaba llevarlo de nuevo a la cama.

– ¡Te dijimos que te durmieras! – Decía Ranchi, en pijama y con voz queda – ¡El te ordenó descansar tus seis horas seguidas! ¡Aparte de dejarnos dormir a nosotros también! ¡Deja de subir ese andamio! – continuar amortiguando el regaño era inútil, Derek estaba tan alto que seguramente no le oía nada. Así que Ranchi tuvo que gritar de nuevo – ¡Estas haciendo un escándalo infernal! ¡Despertarás a Thunder y nos matará a los dos! ¡Detente! ¡Cuando Alex se entere de donde estamos…! ¡DEREK! ¡NO HUYAS! ¡BAJA DE AHÍ! ¡Puedo volar, no se te olvide! ¡¡¡¡DEREK!!!

Ranchi era más suave que Thunder al momento de la disciplina. Él solo lo agarraba por sorpresa, tomaba de la camisa y metía bajo el brazo.

-¡Suéltame! ¡Que me sueltes!

– Si vuelves a despertarme, te amarraré a un poste después de dos dardos de sedantes.

– Fue un accidente, no creía que el condensador de gases fuese a explotar de esa forma.

Thunder abrió la habitación del niño, lo lanzó a la cama como un balón y cerró la puerta con energía.

– ¡Duérmete! ¡O al menos quédate quieto!

La última de esas noches, era la más pacífica de la actual temporada de calamidades. Las luces se apagaron en toda la nave, los sistemas pasaron al modo de hibernación, rompiendo el silencio un débil zumbido proveniente de los filtros de aire recién reparados. El capitán reposa en sus sábanas, el tipo rudo babea cojines remendados y la chica abraza una almohada enorme. De pronto, la iluminación se enciende al doble de la intensidad normal, apagándose casi instantáneamente. Se oyen varios estallidos sordos, un ligero temblor, pero es el inconfundible olor a plástico quemado lo que acaba de despertar a todos. Encontrar a Derek es fácil, pues el sonido del taladro en el puente delata su presencia. Thunder y Ranchi se encuentran bostezando con ganas, y comienzan a discutir a quien le tocaba arrastrarlo a su habitación. Alex atraviesa sus argumentos y rezongos a paso rápido, sin interrumpirlos o verlos siquiera. Le alcanzan a oír:

– Yo me encargaré.

No pasan más de cinco minutos desde que entra al puente, cuando el taladro se calla, las computadoras se desactivan y el lugar queda a oscuras. Derek sale corriendo con cara de asustado directo a su habitación, dejando muy atrás a Alex, tan tranquilo como si hubiese ido a servirse un vaso de agua.

– Espero que no lo hayas traumado.

– ¿¿Qué le dijiste??

– Unas pocas palabras. – respondió. Y no ahondó más.

Derek no volvió a despertarlos, forzado a trabajar en proyectos que puede manejar desde el interior de su recámara, a través de su computadora personal. Entonces, tuvo un cambio de enfoques. No bastaba con arreglar fragmentos del Deathbird, había que rehabilitarlo desde el fondo. Se dedicó a analizar el origen de los problemas, su estructura interna, y los pocos datos conocidos de su historia. En resumen, y no se necesitaba ser genio para llegar a esa conclusión, la gran mayoría de fallas en el Deathbird se refería a una escasez de energía. Una epidemia de apagones interrumpía constantemente las labores de mantenimiento. Derek observó que la nave era muchísimo mas vieja de lo que sus dueños suponían, pues existían grandes segmentos de la misma sellados por dentro y por fuera, distintos en arquitectura e inclusive en materiales, a las áreas habitadas del Deathbird. Siendo honestos, ni Alex o Thunder lograron utilizar más del dos por ciento de la nave. El resto, mas allá de los elevadores clausurados y los seguros soldados, era un gran enigma. Thunder, el propietario original, no soltaba si una sílaba de cómo o de quien la obtuvo, diciendo lo suficiente para hacerla funcionar y mantenerla entera. Aunque no todos escuchaban bien las instrucciones.

Una voz atronadora reverbera por los intercomunicadores:

– ¡TRAE TU JODIDO TRASERO PARANORMAL AL ÁREA DOS DE MANTENIMIENTO! ¡PUEDES TELETRANSPORTARTE, ASI QUE TE DOY CINCO RAJADOS SEGUNDOS!

Cinco segundos después…

– ¡EXPLICA ESTO!

La lavadora había estallado. No descompuesto, o roto, o con cables chamuscados. Estallado. Es decir, cacharros humeantes e irreconocibles, debajo de una enorme mancha de hollín en la metálica pared. Thunder trató de no gritar, respirando hondo y golpeándose la frente.

– ¿Cómo demonios, Ranchi, hiciste explotar la lavadora? La lavadora. ¡¡LA JODIDA LAVADORA!!

– ¡Solo oprimí un botón! El de arranque ¿o autodestrucción? Pero… ¿necesita una lavadora autodestruirse? El caso es que hizo ¡BUM! Y voló en pedazos ¡Así como así!

– ¡Conoces muy bien las consecuencias de fastidiar maquinaria, y más en estos días! ¿Tiene tu demente cabeza idea de lo que significa?

– ¿Qué no tendrás calzoncillos limpios en bastante tiempo? Eso no te afecta ¿o si?

– ¡SIGNIFICA QUE SON OTRAS CUATRO HORAS ARREGLANDO ESTA BASURA! ¡Cuatro horas en las que puedo reparar cosas más importantes como el purificador de agua o el generador gravitacional! Nueva regla, quien lo descompone, lo compone. Así que tú vas a arreglar esta mierda, porque tú eres la que lava y es tu responsabilidad la limpieza de la nave.

-¡Olvídalo! Tú arreglas lo mecánico y Alex lo eléctrico, ¡ese es el trato!

– ¡NO VOY A PERDER MAS TIEMPO TRATANDO DE HACER ANDAR ESTA PORQUERÍA Y MUCHO MENOS PELEANDO CONTIGO! – Le lanza una pesada bolsa de herramientas – ¡Ten! ¡Ingéniatelas! ¡Y si no, ya encontrarás forma de lavar la ropa!

– ¡Espera un momento! He visto en el holovisor al menos una docena de modelos de robots para hacer todo el trabajo que me quieren endilgar a mí. ¿Por qué no se compran uno de esos?

– ¿Tienes idea del dineral que cuestan esas estupideces? Además – Thunder ya iba para la salida – el trabajo manual es parte de tu entrenamiento.

– ¿Y que se supone que voy a aprender con esto???

– ¡A NO METER LA PATA!

Como despedida, un portazo. Ranchi no sabía que hacer. Estaba enojada, pero sabía que si había cometido un error al no revisar escrupulosamente los bolsillos de Thunder, en especial después de su advertencia sobre la presencia de granadas en algunos de sus pantalones sucios. Y debía de salir de ese embrollo lo más rápido posible. Estaba rascándose la nuca cuando Derek llegó a ella, como de costumbre, corriendo.

– ¡Ranchi! Vi a Thunder romper su récord de maldiciones por minuto. Esta hecho un ogro, ¿ocurrió algo?

– Estallé la lavadora.

– ¿Estallaste la lavadora? – Derek reconoció la escena del crimen, y exclamó – ¡Por todos los cielos! ¡Estallaste la lavadora! De seguro se te olvido sacar las granadas de…

– El asunto es que debo componerla, y rápido o me voy a retrasar semanas. ¿Tienes idea de la mugre acumulada por esos dos?

– A decir verdad, no me imagino a Alex cerrando agujeros de bala o quitando las manchas de sangre de sus camisas.

– Robaron un cargamento de prendas no hace mucho. Con cargamento me refiero a dos o tres toneladas de camisetas, calzoncillos, calcetines y semejantes. Después de usarlos, los amontonaban hediondos en una bodega. Esta llena un poco más de la mitad.

– ¿El hangar vacío que huele a rayos?

– ¡Exacto! Huele a rayos, pero por desgracia no esta nada vacío. Alex me encargó lavarla toda. ¡TODA! El problema es que no es mi única tarea.

Derek vació la bolsa de herramientas a los pies de su hermana, y se sentó en el desorden, como si de dispusiera a jugar con una montaña de juguetes.

– Adelanta tus otros trabajos, Yo he acabado lo mío por hoy, y veré que puedo hacer con esto.

– ¿Seguro? Alex va a buscarte para…

– Termine con eso hace una hora.

– Y Thunder te quiere para…

– Hecho también. Anda, ve.

continuará…

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