El Hechicero Metálico (parte II)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

Continúa…

Derek deja sus memorias arrinconadas en lo más profundo de su prodigiosa mente. Iría al encuentro de su capitán, y, si la fortuna le sonreía, pasaría todo el día con él.

Alex es un tipo misterioso. Habla poco, y cuando lo hace, dice lo esencial. Tampoco su lenguaje corporal expresa mucho de él, normalmente luce serio y reservado, aparentando que nada del mundo exterior logra descongelar su semblante o impresionarlo lo suficiente para alterar su ánimo. Es difícil saber si Alex esta enojado, triste, alegre o tan siquiera notar que posee alguno de esos sentimientos. Lo único patente en su persona es esa férrea disciplina para consigo y los demás, una meticulosidad extrema y casi una obsesión por dejar muy en claro los límites de su espacio personal. Las habitaciones suyas – incluyendo dormitorio, biblioteca y gimnasio – son las mas pulcras del Deathbird, y nadie puede entrar sin su permiso, ni siquiera para realizar la limpieza. Para ser un cazarrecompensas declarado, tiene costumbres demasiado rígidas, casi militares: entrenar físicamente por tres horas al día, comer en absoluta soledad, una o dos horas de ciberinvestigación, revisar escrupulosamente su armamento, y, al final, encerrarse para una ducha y cuatro horas de sueño en total privacidad. Ranchi supo identificar viejas taras en Alex, delatando una época de opulencia, como toallas limpias a diario, cubiertos correctos al llevarle la cena, y un gusto por los libros de papel encuadernados en piel – cosa carísima y rarísima, haciéndole suponer a Ranchi que bien pudo haber robado o matado por conseguirlos. Otro detalle de Alex es que para él, no hay diferencia alguna entre los sexos, tanto los hombres como las mujeres tiene el mismo derecho de asesinar y ser asesinados. Para tranquilidad de Ranchi, su admiradora número uno, la única contemplación de Alex hacia el sexo débil era no dispararles sin una buena razón. Consideraba que las relaciones amorosas e íntimas son oportunidades perfectas para una emboscada. “En esos minutos pierdes la concentración, la visión de tu entorno, tus armas y los pantalones. Es un riesgo que prefiero no correr”. Los chicos se preguntaban donde había aprendido a matar a un hombre de ocho formas distintas usando solo la mano izquierda, pero la regla máxima de Alex era cero preguntas acerca de su pasado, y si Ranchi o Derek no deseaban recibir una de sus famosas miradas asesinas, debían dejar el tema por la paz, y aceptar, llanamente, que Alex es un tipo misterioso.

– Suficiente por hoy. – Dijo el capitán Alex al niño, después de varias horas de trabajo en las computadoras del puente – ve a auxiliar a Thunder a reparar los filtros de aire.

– Pero, capitán, yo aun no me agoto de esto. Puedo continuar depurando los programas de…

– Lo sé, Derek – interrumpió Alex – pero no es saludable para nadie permanecer sentado por tanto tiempo, y más concentrado de esa manera. Necesitas algo de actividad física.

Lo divertido de Thunder es que no era nada complicado conocerlo. Con un par de horas a su lado sabías a la perfección lo que haría el resto del día. Y, aún así, podía sorprenderte. A Thunder le gustaba lo práctico, las charlas cortas, la cerveza, los cigarros y la comida grasosa. Dice lo que piensa al momento en que la idea asoma por su cabeza. Profesa el no tener secretos, porque mantenerlos es un fastidio, pero tampoco es un gran relator de anécdotas. Si le preguntas cualquier dato de su existencia antes de volverse cazarrecompensas, solo contestará “larga historia”, su manera de decir que no dirá nada más al respecto. Ejemplo perfecto del macho alfa, lo único que separa a Thunder de los bravucones pervertidos es que no anda correteando a las mujeres. Trata a Ranchi como su fuese un chico, dejando de lado “los líos de la entrepierna” porque “he visto morir a muchos bastardos por bajar la guardia en momentos calenturientos como esos”. Hace tiempo tuvo afiches de chicas en bikini en su habitación, mas semejante a la bodega de un bar que a una recámara, pero los fue cubriendo poco a poco con diagramas de turbinas, esquemas de granadas, un pizarrón donde anota estadísticas del blitz-ball y los anuncios de “se busca”, pertenecientes a todos los tipos que ha atrapado, siendo tantos que las paredes y techo ya no se dan abasto. Es más rudo y resistente que la mayoría de maleantes con los que lidia, poseedor de un arrojo casi inconsciente, tan indisciplinado que nadie puede predecir su siguiente movimiento en una pelea. A pesar de su afición a maldecir, su manía de hacer explotar las cosas o su predilección por soluciones radicales y violentas, irradia una atmósfera de simpatía y seguridad que pocos lograr emitir. Ranchi y Derek lo percibieron como su protector, y le tienen la suficiente confianza para sentarse a su lado a ver el holovisor, comer de su mismo plato o preguntar tonterías sin temores. Thunder los trataba como hermanos pequeños, gritándoles para que se apuraran en sus tareas, o dándoles manazos afectuosos en la cabeza cada que cometían un error. Y es que al verlo, sabes que no te lastimará, a menos que lo provoques, y que no te mentirá, incluso si dice que va a arrancarte la lengua con un sacacorchos.

– ¿Ya acabaste, enano?

Thunder puso a Derek a desarmar, limpiar y engrasar unas complicadas piezas mecánicas. No solo hizo lo indicado, las armó de nuevo sin ayuda del manual, e inclusive, reparó algunas.

– Esta es la última – plantó en la mesa algo semejante a un dado metálico con numerosas entradas.

– Bien – Thunder dio un profundo suspiro y revisó por millonésima vez el diagrama de ensamblaje, un plano cubierto de símbolos de casi tres metros de largo. Miró agobiado la mesa cubierta de cables, pernos, tornillos y segmentos largos de tubería ligera – El problema será volver a darle pies y cabeza a esta mierda, carajo. Estúpidos filtros. Son excelentes nidos de parásitos, pero los condenados no sirven para otra cosa.

Derek se veía tierno sentado encima de la larguísima mesa con las piernas cruzadas, en medio de las tripas eléctricas del filtro de aire que intentaban reparar.

– Descansa un poco y yo seguiré con esto.

– ¿Cómo crees? – contestó el fortachón frotándose la frente. Derek se sintió contrariado.

– ¿Dudas de mi capacidad?

– Yo no dije eso. Se trata de mi trabajo, y no soy tan descarado para dejarte solo con este problema… y una soldadora de fisión.

El niño contestó:

– Estoy seguro de ser capaz.

Thunder se rascó la barriga y cambió el tema, cosa en lo que era particularmente hábil.

– Creo que es hora de la cena. Ayuda a tu hermana, dejaremos esto por la paz. Voy a ver a Alex, me avisas cuando este la comi…

Un círculo negro bordeado de descargas eléctricas apareció frente a ellos, y Ranchi salió a través de él.

– Hasta que los encuentro. Tengo un problema con la compactadora de basura y voy a tardarme un poco. Derek ¿Te importaría descongelar un par de pizzas?

– Para nada.

– ¡Gracias! Los veo en la cocina.

La cabellera de Ranchi se perdió en la redondeada oscuridad, y el orificio interespacial se contrajo instantáneamente hasta desaparecer. Aunque desde su llegada al Deathbird ella utilizaba con frecuencia los portales hacia el mundo negativo, a los demás todavía les causaba escalofríos ver sus habilidades sobrenaturales.

– Peque, ¿tu hermana era así de… de…?

– ¿Extraña?

– ¿… cuando estaba en su planeta?

– No. Era normal. – Y agregó Derek con una gran sonrisa – Y aburrida.

Ranchi estaba más loca que una cabra, indudablemente, y cualquiera que se atreviera a negarlo era ciego, estúpido o más demente que ella. Sin embargo, a pesar de la evidente precariedad de su salud mental, eso no le impedía realizar el triple de actividades y cumplir con las tremendas responsabilidades que nunca hubiese soñado adquirir cuando estaba en su juicio. Forzada a adoptar un rol más maternal, a reforzar con acero su antes débil carácter, el bienestar de Derek era su principal preocupación, cuidándolo como le hubiese gustado que sus mismos padres lo hicieran. Mientras, reinventaba su personalidad, intentando que las susurrantes voces en su cabeza no la distrajesen demasiado, aprendiendo con rapidez a realizar sus funciones, sobrellevando su caótica psique, atacada esporádicamente por crípticos pensamientos desconocidos, o imágenes aterradores de cosas inexistentes. Hablaba sola al cocinar, o miraba de reojo las áreas vacías en su recorrido de limpieza, a veces interrumpía de momento la recolección de basura por carcajear o llorar histéricamente sin ningún motivo. Derek amaba intensamente a su trastornada hermana, disfrutando más a esta nueva y bizarra Ranchi, que a su anterior versión, mustia y apagada, cuya sombra impresionaba más que su propia persona. Pensándolo un poco ¿quien podría mantenerse cuerdo en plena adolescencia, con espíritus aullando todo el tiempo y una carga abrumadora de peligrosas tareas?

Derek vuelve a estar acostado en su cama, reflexionando al mirar el techo de su habitación. Esta agotado, adolorido y sumamente feliz. Nunca había oído a su hermana reírse tanto en la cena. Aunque Thunder lo regañó por perderse un rato para ver caricaturas en el holovisor, era genial saber que alguien se preocupaba por él. Y con solo sentir la presencia de Alex en la misma área, era suficiente para darse cuenta de la infinidad de cosas que ignoraba, aun como genio, y de las cuales el capitán demostraba completo dominio a través de su impenetrable silencio. Derek se voltea y cierra los ojos.

<< Mi familia. Mi nueva familia>>

(continuará…)

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