Haha (parte VIII y última)

continúa…

Ella suspiró. Kurono la observó, bajo la esclarecedora luz del día, con el pelo recortado y recogido y la piel más morena. Se dio cuenta de que no tenía idea de quién era esa mujer, Akina, quien se estiraba como un gato sobre su silla reclinable. Y moría de ganas por conocerla.

– “¿Quién eres?” – dijo Akina con voz juguetona. – “¿Un maldito ninja?”

Sonrió. Era la primera vez que ella sonreía, en cualquiera de sus vidas.

XII. Pasándose de listo.

Bullock almorzaba en su escritorio, utilizando las carpetas de varios expedientes como mantel para evitar manchar su área de trabajo con catsup y mostaza con jalapeño. Y, salido de la nada, un joven detective se planta a su lado, tan emocionado como un novato al resolver su primer caso.

– Detective Bullock

– ¿Qué te traes, Smith? – saludó, antes de morder su segundo hot dog.

– La he encontrado. A la asesina serial.

– Tenemos muchas asesinas seriales en Gotham. Podríamos organizar un jodido desfile de modas con ellas.

– A la rusa. La asesina de León Smolensko y quien refundió en Arkham al padre de éste, Vanko.

Harvey Bullock, desconcertado, interrumpió su sorbo de soda.

– Repite eso.

– He localizado a Dunia Raskólnikov, alias Butcher. Se encuentra en…

– Para tu carro. ¿Quién carajo te dio autorización para investigar ese caso?

– Estaba abierto, señor. No tenía orden de cancelación.

– Mierda.

– A decir verdad, estaba en proceso de cerrarlo, solo faltaba interrogar a la psiquiatra de la señorita Raskolnikov, la doctora Akuta… Atu… Aka…

– La vieja japonesa.

– Precisamente. Fui a Arkham, al Hospital General, a la Facultad de Ciencias Médicas de Gotham y terminé en la embajada de Japón. Allí me informaron que la psiquiatra tenía ya varios meses de haber fallecido en su ciudad natal, Osaka. Su sobrino, quien laboró un corto tiempo en el Hospital General, subastó sus bienes y partió también a Japón.

El interés de Bullock estaba menguando, por lo que regresó a su tercer hot dog, sin embargo, la siguiente información de Smith casi lo atraganta.

– Entonces fui a Japón.

– ¿QUÉ? Ni creas que el comisionado aceptará pagarte un maldito viaje a Japón, ¿Cuánto te costó el condenado boleto? No, no me digas, no me interesa.

– Fue un viaje personal, detective. Es que verá, yo colecciono… bueno, no es necesario que lo mencione… pero pertenezco a un club en donde… de vez en vez… bueno, buscamos cierto tipo de… mercancías coleccionables… nada ilegal, por supuesto… pero el tenerlas de su país de origen aumenta mucho su valor…

– Ahórrate la basura. Me da igual si fuiste a comprar videojuegos o muñequitas… ¿Eso que tiene que ver con el caso?

– Como le decía, al fallecer la psiquiatra, el único posible testigo del caso era su sobrino, el doctor Kurono Akutagawa. Así que cuando salí de la convención…

Bullock torció los ojos, en una expresión que decía a todas luces “Enorme pedazo de idiota”. Smith se sonrojó desde el cuello hasta la raíz del cabello, pero continuó.

– Fue un golpe de suerte. Estaba yo en camino al aeropuerto, pues en la embajada no pudieron darme ningún tipo de información, cuando…

Smith sacó su celular del pantalón, pulsó un par de veces la pantalla, entregándoselo de inmediato a Bullock.

-… ahí estaba el doctor. Con su esposa embarazada, paseando. Y su esposa era Dunia. No hay duda. Los seguí casi todo el día. ES ella. Habla japonés, se viste como japonesa, escuché que el doctor la llamaba Akina, Daigo Akina. Incluso me las arreglé para acercarme lo suficiente, y fingí chocar con ella de frente para observarla bien. Estoy contactando a un amigo de Tokio para investigar si puedo hacer enlace con la policía nipona…

El detective Bullock sostuvo el teléfono cerca de su rostro, observando con atención.

– Responde. ¿Estás completamente seguro de que es ella?

– Si detective. Las fechas encajan. Comparé todos los registros que tenemos, todas las fotografías, los reportes de Arkham, todo. Desgraciadamente no pude conseguir un cabello suyo, lo necesito para las pruebas de ADN, para confirmar su identidad totalmente.

– ¿Jodidamente seguro?

Smith comenzó a ponerse nervioso. Bullock lo atravesaba con la mirada.

– Si, detective.

Apenas se escuchó el “sí”, Bullock pulsó la pantalla y borró la foto.

– ¿QUÉ ESTÁ HACIENDO?

Y, con la mayor intimidación posible, Bullock dijo:

– Escucha bien, niñato. La demente debe quedarse donde está. Si la traes a Gotham el infierno se saldrá de la lata. ¿Oíste? ¡DE LA LATA! Tengo la palabra de alguien garantizándome que mientras Butcher siga con los amarillos allá, estará tranquila y bien vigilada. ¿No se te ocurre alguna razón por la que el sobrino de su loquera se haya casado con ella? ¡Para mantenerla controlada!

El joven detective tragó saliva, impresionado por la feroz actitud de Bullock, a pesar de su terrible aliento a cebolla.

– Investiga, si deseas, cuantos asesinatos por despanzurramiento han ocurrido en Japón desde la llegada de Butcher. Yo ya lo he hecho. Ninguno.

– Pero, detective, ¿está seguro de eso?

– La están vigilando. Asunto de capas y mallas. Él me dio su palabra.

– ¿”Él”?

A manera de respuesta, Bullock puso sus índices levantados al lado de las sienes, y agregó.

– Capucha negra y el resto del disfraz. ¿Lo captas?

Smith retrocedió en su silla, recordándose a si mismo que tenía que respirar.

– Es como… hace siglos, existía el castigo del exilio. – dijo Bullock, un poco más amistoso

– No era la muerte, pero el culpable era condenado a errar hasta deshacerse de viejo. Velo así. Dunia vivió y se adaptó perfectamente a Gotham. A veces me pregunto cómo dejaron su cerebro para que ella tolerase vivir en un sitio del otro lado del mundo.

– ¿Y… él… aceptó un trato así? ¿Por qué no la entregó a nosotros? Ya la había llevado a Arkham antes.

– No tengo ni una puñetera idea.

Giró la cabeza hacia el escritorio, poniendo los ojos a descansar sobre las torres de folios y documentos pacientes. En realidad, se estaba dando un momento para recordar.

– Parece frío, pero tiene sentimientos. Alcanzó a decirme que la anciana rogó por la chica. Rogó y lloró, incluso llegó a arrodillarse ante él. Como una madre lo haría por su única hija.

Entonces se hizo una pausa algo inusual para una oficina de policía abarrotada, pausa que Smith rompió, con la palabra…

– “Haha”

– ¿Qué carajo dijiste?

– “Haha” significa madre en japonés. Tiene sentido, la doctora se enlazó sentimentalmente con su paciente…

– Al demonio con eso. Ese caso está cerrado, ¿oíste? Si por ahí me entero de que andas sacando otra vez cadáveres de sus tumbas, vas a meterte en líos. Así que vas ahorita y me borras toda la información, fotos y supuesta evidencia que obtuviste, y vuelves a enterrar el asunto.

Tomo tres o cuatro abultados expedientes, les sacudió las migajas de pan y gotas de salsa, antes de lanzarlos al pecho de Smith.

– Ten, para que te entretengas y dejes de andar de curioso. Unos asaltos raros, asesinato múltiple y creo que te di uno de una banda de payasos secuestradores, que se yo. Ya que te sientes tan capaz… En una semana me dices como vas con los casos. ¿Cómo les dicen a los que juntan cosas japonesas como tú?

– ¿Se refiere a “otaku”?

– Eso. Agarra tu trasero de otaku, cállate y lárgate.
Smith torció la boca antes de sonreír discretamente, saliendo con paso rápido de la oficina del detective Bullock. Si bien éste le había delegado unos pocos expedientes, aún tenía una extenuante perspectiva de crímenes esperándolo.

De pronto, una explosión sacudió su escritorio y las ventanas. Las alarmas sonaron inmediatamente. Todo el cuerpo policial se puso en alerta de inmediato, los radios empezaron a sonar, mientras los hombres se equipaban con sus armas y chalecos antibalas, pues los reportes de un tiroteo impresionante ocurrido justo al otro lado de la ciudad llegaban a caudales a la estación.

– Lo único que falta son los cocodrilos gigantes. Ah, no, a esos los atraparon la semana pasada.

Tomó media taza de café, mientras ajustaba su revólver cargado en la funda de su pecho.

– Cosa de todos los días, si vives en Gotham.

FIN

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