Doncella de Venganza (parte XXII)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

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(continúa…)

– ¿Esta tratando de decirme que el capitán Alex tiene una especie de… percepción extrasensorial?
– Llámale como gustes, pero lo que si se es que si el supersoldado apuesta su vida en encontrar a tu hermana, es porque cree en ello y porque de alguna maldita manera va a conseguirlo. Ya te tocará verlo. ¡Aguanta, no me jales el pelo!
-¿A donde vamos?
– Escondimos la otra nave dentro del estadio. A Alex le gusta ese juguete de alta tecnología, pero a mi me gustan grandes y aguantadoras. Tanta explosión me dio hambre, espero haber guardado algo de pizza en el Nexus 1, ¿te gusta la pizza?
– Si, pero no la como mucho.
-Hay que arreglar eso cuando subamos al Deathbird. Va a gustarte. Te divertirás como loco.
Hombre y niño llegan a la nave, preparándose para olvidar ese mundo y seguir con sus vidas.

Octavo día.

Mañana.

<< ¿Qué es lo que hay en mis manos? >>
Ranchi no sabía donde estaba parada. Más allá de la espesa bruma gris rodeándola, nada se distinguía. El suelo estaba con una gruesa capa de polvo, la cual se alzaba en remolinos horizontales cada vez que ella daba un paso. Parecía nadar en un mar de polvo, sin fondo y sin final, elevándose en torbellinos delicados, descendiendo sobre sus dedos abiertos, como copos frágiles dispersándose solo con su aliento.
<< Es ceniza. >>
Formas difusas en la ceniza bailaban. Rostros incompletos, las alas de un pájaro. Sin saber a donde ir, Ranchi se recostó en esa cama de polvo y muy pronto éste la cubrió, como si se transformase poco a poco en una estatua de piedra. Columnas de ceniza subían a las alturas, miles de diminutas mariposas en formación, y mas allá de donde podía verse, una luz mortecina luchaba por separar las nubes oscuras. El viento soplaba tiernamente, no para arrastrar el polvo, si no para jugar con él.
<< Es hermoso. >>
Ranchi se sintió en paz. Extendió los brazos grises y sonrió. Por fin tenía silencio.
<< Las cenizas de un mundo corrupto. Los espíritus vuelan en ellas y regresan en casa. >>
Siluetas de hombres y mujeres formadas por el polvo se perdían al mínimo susurro del viento, originando nuevos torbellinos. Ranchi elevó ligeramente su mano, y rápidamente un pequeño cúmulo de polvo se agrupó en su palma.
<< Eres libre. >>
La chica sopló con dulzura, y el polvo se alzó para formar la figura de una joven de pelo largo, alegre como el sol.
<< Gracias. >>
El espectro miró a las nubes, para desintegrarse en espírales que subían al cielo.
<< Creo que es hora de volver. >>
Las nubes huyen y el viento aumenta su fuerza, llevándose consigo las cenizas las cuales acarician los oídos de Ranchi.
<< Gracias, Doncella de Venganza. >>
La luz se torna diferente, más intensa, artificial. Un frío repentino la hace acurrucarse y estremecerse. El ambiente se conforma, y aun cuando no puede ver, siente la dura superficie donde reposa, incluso la amplitud de la habitación. Esa luz sintética atraviesa sus párpados casi dolorosamente. Percibe unas pequeñas manitas cubriéndola con una sábana, y alguien moviendo objetos cerca de ella, con la presencia de una personita apostada frente a su cara. La luz no se va, pero el frío disminuye. El lecho continua demasiado rígido y estrecho. Ranchi tarda de ubicar los latidos de su corazón.
<< ¿Estaré muerta? >>
Las manitas le apartan el cabello de los ojos. Y Ranchi los abre.
– Sabía que despertarías.
Ella trata de incorporarse, pero poco le faltó para caerse. Estaba sobre una plancha de operaciones siendo la luz blanca proveniente de las lámparas del quirófano, con su ropa sucia, desgarrada y cubierta con costras de sangre. A su izquierda estaba una mesa baja repleta con pinzas, tijeras, bisturís, y más artículos médicos desconocidos para ella, que por fortuna, parecían no haber sido utilizados. En el piso estaba un reguero de campos plásticos estériles, unos sucios y otros no tanto. Para completar la escena, los tres monitores en la cabecera parpadeaban todavía con el mensaje de “muerte clínica”.
– Dime que no me morí.
– No te moriste. Ignóralas. – Derek señaló las pantallas.- Es que olvidé desconectarlas.
– Dime – ella se sobaba la nuca dolorida – que no me operaste.
– No te operé.
– Entonces ¿Por qué diablos me dejaste en la plancha?
– El capitán dijo que podrías estar seriamente herida. ¡Te encontró en el fondo de un cráter, con kilos de escombro encima, bañada de sangre! Pensamos que te habrías fracturado algún hueso, o estallado algún órgano, sin embargo te examinamos por completo y resultaste sana. ¡Sana! Así que te dejaron aquí, en lo que disponían de una habitación más confortable.
La chica preguntó, frotándose el rostro:
– ¿Qué hora es? ¿Qué día es hoy?
– En mi reloj, apenas es el mediodía, en lunes 25 de noviembre, año 226 después del Éxodo y la Colonización, pero creo que pronto dejaremos de usar ese calendario. Baja de ahí, te preparé un baño y un almuerzo. Te enterarás del resto mientras comes.
Ranchi tenía la sensación de que las piernas se le desprendían del torso al caminar, pero mejoró rápidamente cuando el agua caliente cubrió su entumido cuerpo. La cabina de la ducha estaba hecha de forma transparente, el inodoro casi triangular, también de algún material ligero y resistente, la regadera misma no sobrepasaría el tamaño de una moneda, pero dispersaba maravillosamente el agua. El jabón que usaba también era inusual, pues hacía poca espuma y no poseía aroma.
– ¡Tendrás que arreglártelas sin shampoo, hermanita! – gritaba Derek detrás de la puerta de estrecho baño – ¡Thunder no usa y Alex no quiso prestarme el suyo!
<< ¿Thunder? ¿Alex? >>
Ranchi solo se medio cubrió con la toalla blanca depositada cobre el lavabo y salió chorreando agua del cabello, cara y resto del cuerpo.
– ¿DÓNDE ESTAMOS, DEREK?
El niño recién terminaba de acomodar sobre una silla metálica la camiseta y el pantalón de hombre más pequeños que pudo conseguir para que Ranchi vistiera.
– Tu ropa vieja la deseché, a excepción de los zapatos. Con respecto a tu pregunta, de acuerdo, comenzaremos por ahí. Cuando los conociste, ¿te mencionaron el hecho de que poseían una nave?
– No. Al menos no explícitamente ¿A qué viene a cuento eso?
– Estamos en ella. La llaman Deathbird. Es una nave nodriza de colonización, es decir gigantesca, lo que significa…
– Lo que significa…
– … que estamos en el espacio. Mas precisamente, el hemisferio oculto de Selene, nuestro satélite natural, aunque el Deathbird es un poco más grande que ella… será mejor que te relate lo demás cuando tenga el estomago lleno.
Vistiendo la ropa limpia – donada por Alex – siguió a Derek hasta la cocina. Estaba segura de que una nave espacial no luciría como las que salen en las películas, sin embargo, aun así, su primer encuentro con el Deathbird mezcló decepción, asombro e incredulidad. Había cerraduras digitales que no funcionaban, puertas automáticas sostenidas con llaves de tuercas y secciones completas de paredes con cubiertas de titanio oxidadas y abolladas. Por otra parte, tenía tantos pasillos, salidas y áreas en blanco, que sin ayuda de Derek, se hubiese perdido en menos de cinco minutos. Cuando llegaron, Ranchi vio por fin lo que Derek llamaba cocina.
– No se parece a las que teníamos en la Mansión.
– Sonará cínico – dijo Ranchi – pero me alegro.
Era un espacio muy pequeño, cubierto de anaqueles y módulos, despensas y cajoneras, interrumpido por varios electrodomésticos descompuestos. El aparato más semejante al horno yacía estallado por dentro, quizás a la primera vez que intentaron usarlo. Lo único que no estaba averiado era el equivalente a refrigerador, de una proporción descomunal para el resto de la cocina, la cual evidentemente nunca habían usado de la forma correcta. Ranchi tomó lugar en la pequeña mesa de aluminio, mientras Derek encendía un horno de microondas acomodado sobre lo que debía ser el área de preparación de alimentos.
– Este se lo compraron al llegar a Nueva Standford. También se abastecieron generosamente de comida congelada, por lo que necesitaron el microondas. Dicen que los víveres son muy baratos en el sistema, y no podían dejar pasar la oportunidad, así que comeremos de lo nuestro por unos seis meses y después, no se… – el horno dio un pitido y Derek sacó la primera porción de spaghetti con albóndigas. – ¡Listo! Supongo que tendrás hambre. De beber solo hay agua purificada o cerveza. Un par de hombres rudos no son buenos en la cocina.
Ranchi devoraba ávidamente, por lo que mientras durara el plato, se limitó a escuchar. Y el plato duró mucho, pues Derek preparó también barritas de pescado, cuadritos de pizza y macarrones con queso, todos del gusto de ella.
– Timlar tenía otros medios para activar los dispositivos nucleares. Aun cuando el chip instalado en su corazón fue desactivado – Derek hizo una pequeña pausa y tragó saliva – el sistema de respaldo inició el conteo final. Cuando Alex te sacó de los restos de la Mansión, justo al otro lado del planeta, Oxford Quinta fue borrado de la superficie. ¿Recuerdas las clases de geografía?
– Recuerdo lo orgulloso que estaba el profesor – respondió Ranchi masticando un gran cucharada de pasta – de que Nueva Standford estuviese rellena de petróleo como un caramelo de licor.
– El petróleo se incendió, calentando el subsuelo, acelerando así la detonación del resto de las bombas nucleares. Soho Segunda, Nueva Gales, Durkheim y Large Sidmouth son historia. Lo peor es que todavía hay bombas activas y enterradas por el resto del planeta, Por su programación o por el crudo ardiendo, explotarán.
Ranchi permaneció con la vista en el plato. Derek continuó.
– Algo bueno salió de esto.
– ¿En serio? ¿De la destrucción de un planeta?
– El chivo expiatorio de nuestro padre, el Viceministro Robinson, acaba de organizar la evacuación de los sobrevivientes, hace no más de media hora, según oí en las señales de emergencia. Supongo que utilizan los viejos transbordadores interplanetarios destinados a la Tierra que aún funcionan, viajando ahora a Nuevas Standford Primera y Tercera, cargadas de gente en lugar de petróleo. Restablecieron comunicación con esas colonias y al parecer, ellos también tienen medios para sacar a todos los que puedan. Las leyes absurdas de papá fueron desechadas inmediatamente, al igual que su Gobierno Global. Para todos nosotros, es un nuevo inicio.
El niño sacó del refrigerador un bote de helado, sirviendo dos abundantes porciones en cuencos plásticos transparentes. Eran casi cuadrados y captaron la atención de Ranchi por unos segundos.
– Exploré la nave todo lo que pude. No he dormido desde que subí con Thunder. Aparte del microondas no tienen ningún aparato eléctrico que conozca. Ese de allá parece un procesador de alimentos, o una licuadora, pero no funciona. Lo repararé para poder hacernos malteadas. Cuando veas el resto de Deathbird, te encantará. Computadoras con pantalla táctil de pared, navajas láser, televisión holográfica, ¡la nave de Alex se hace invisible! ¡Es como si hubiésemos viajado al futuro! – Añadió, algo mas calmado, mientras miraba los restos renegridos de lo que pudo haber sido una tostadora – Un futuro descompuesto.
– ¿Malteadas? – Respondió Ranchi con una sonrisa, probando el helado violeta intenso – Este lugar te ha fascinado.
Derek metió una montañita de helado en su boca.
– No pensarás en regresar a Nueva Londres después de lo ocurrido, ¿cierto? Con respecto a Nuevas Standford Primera y Tercera, no son mucho mejores, además… papá y mamá… Alex no los encontró. Quedamos huérfanos. Que no es tan malo, desde cierta perspectiva, pero, por el otro lado, eran la única familia que teníamos. Después de todo, los Bates no éramos muy apreciados. Nuestra dichosa herencia, era la Mansión, y los miles de millones de euros planetarios que valían nuestras extensísimas reservas de crudo familiar estarán quemándose por siglos. No estamos seguros allí. Imagina nuestro regreso, los que no quieran asesinarnos, querrán manipularnos.
Ranchi apartó su tazón y escondió la cabeza bajo los brazos. Un planeta aniquilado, la muerte de sus padres, desamparo, caos, destrucción. Ella era la responsable, así como también de su futuro vagabundo, de esconderse y arreglárselas para sobrevivir. ¿Ese era el deseo de los espíritus para ella y su hermano? ¿Sacrificar la vida propia, la de los seres que amaba, por ser la Doncella de Venganza?
<< ¿Fuiste tu quien sembró con cientos de bombas tu propio planeta? >>
<< No. >>
<< Desencadenaste lo impostergable. El ya pagó el precio. Aguarda. >>
<< Te falta saber una cosa más. >>
– ¿Ranchi? ¿Estás triste?
– Si – respondió con la cara pegada a la mesa
– Ah… bueno. Yo no creo que fuese tu culpa. Por lo que vi… bueno, ese enfermo hubiese acabado con Nueva Standford por cualquier excusa. Por lo que vi… tú salvaste mi vida. Con respecto a papá y mamá… nunca nos criaron… realmente. Siempre fue Richard.
Ranchi volvió a erguirse, apoyándose en la silla, frotándose los ojos. Derek estaba tan animado que contagiaba energía.
– Yo creo que estaremos mejor sin ellos. Adiós gritos, ropa incómoda, y docenas de viejos chiflados poniéndome a resolver problemas como un simio entrenado. ¿Ves? ¡Hasta hablo con más libertad!
Los hermanos rieron con ganas y Ranchi volvió a su helado. Derek aún tenía temas que ventilar.
– Los convenceré de que nos lleven con ellos.
– ¿Queeeeee? – Ranchi se atragantó con la última gota de helado.
– Si. En algo seremos útiles. El Deathbird es genial y definitivamente nunca, nunca regresaré a Nueva Standford. A ninguna de las tres. Se que será difícil, pero, quiero quedarme. Aunque tú eres la mayor y es tu decisión.
La camiseta de Alex se sentía cálida y acogedora. Los pantalones le quedaban anchos, pero con tijeras, grapas y cinta de aislar… frotó sus manos contra el pecho, disfrutando el contacto de la tela, e imaginando que, en algún momento, él la traía puesta…
– Nos quedamos
– ¡EXCELENTE!
Derek bajó de un salto, y jaló a su hermana de la mano, tirándola de la silla.
– ¡Ven! ¡Te enseñaré lo que descubrí apenas esta mañana! ¡Por allá esta la armería #23, esta es una salida al hangar más cercano! ¡La sala de comunicaciones es espectacular!
Ranchi y Derek exploraron el interior de la nave, un futuro que sus padres les negaban continuamente, no solo a ellos, sino a un mundo entero. El futuro estaba ahí, solo tenían que extender las manos y alcanzarlo, para sumergirse en él.

(continuará…)

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