Doncella de Venganza (XXI)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

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(continúa…)

Justo en el peor momento, justo en el peor lugar, un boquete en el plano físico se abre entre los dos adversarios. Ranchi calculo mal el sitio de teletransportación y su rostro salió del agujero negro a centímetros del cañón humeante de Timlar.

– Demonios

Estaba a merced del maniático, estorbaba la línea de tiro del cazarrecompensas con su espalda, y lo peor de la situación era que no tenía la más mínima idea de lo que estaba haciendo. Timlar tuvo un golpe de suerte.

– Vaya, vaya. Te esperaba.

– Déjala.

Ranchi reconoció inmediatamente la voz de su caballero negro, y le dieron ganas de ir a esconderse tras su espalda.

– Asesino – continuó Timlar – quizás a ti si te importe la princesita. Tira el arma.

Se escuchó el caer de la pistola de Alex.

<< ¡Se preocupa por mi! ¡Se preocupa por mí! >>

<< Estupendo. Ahora preocúpate por ti misma. >>

– Mocosa estúpida – le decía Timlar marcándole la frente con su arma – ¿De donde sacaste ese desplazador espacial? Se ve que no tiene ni idea de cómo usarlo.

Ranchi replicó con otra pregunta.

– ¿Por qué haces esto?

Timlar sonríe. Le encanta exponer sus motivos

– Este planeta necesitaba ser sacado del medioevo. Solo encausé a los colonos que deseaban hacerlo.

– Pero causaste mucho sufrimiento, vidas perdidas, ciudades destruidas…

– Reses para el sacrificio. En las guerras siempre hay bajas. Si vas a cambiar algo, debes demoler lo anterior, la plebe no reacciona hasta no ver sangre. Además, les hice un favor en terminar sus ridículas existencias.

Ranchi buscaba los ojos de Timlar, pero le parecía ver dos orificios vacíos, ocupado con cristales opacos y deslucidos. No había alma en esos ojos.

<< Verlos en su verdadera forma. >>

Parpadeó y encontró frente a ella un hombre que no era un hombre, una mancha amorfa de tinta negra, en cuya superficie viajaban hilillos granate. Maldad mezclada con la sangre robada de millones de victimas. Ranchi le hizo una confesión a ese espectro nebuloso, oscuro y tenebroso semejante a la raíz de un terrible abismo.

– Tengo que matarte.

La carcajada de Timlar retumbó por la Sala Magna.

– Y… exactamente, ¿Cómo piensas hacerlo? Niña boba. Crees que conoces el sufrimiento porque mami y papi te hicieron la vida miserable. A pesar de tu ridícula existencia, eres valiente. Una valiente sin cerebro.

Timlar espera que Ranchi discuta o rompa a llorar. Pero encuentra en la chica una fuerza indescriptible, la cual hace brillar delicadamente sus ojos, como titilantes estrellas de zafiro.

– Escapaste de la justicia. No de la venganza.

La chica lanza su brazo derecho, atravesando sin dificultad el tórax de Timlar con el crujir de sus costillas. El esternón se parte en fragmentos, y, por la espalda, a un lado de la columna, una mano emerge con su sangrante trofeo.

– Tengo que matarte.

Por segunda vez en menos de una hora, el heraldo de la libertad ve algo sorprendente: su propio corazón dando los últimos latidos en el puño de la niña Bates, quien, impactada por sus propias acciones, lo deja caer.

<< Ya esta. >>

<< Aún no. >>

<< Ustedes dijeron, que esto era el final. Lo maté, lo hice. >>

<< Aun no. >>

<< No comprendo… ustedes pedían…>>

<< Míralos en su verdadera forma. >>

Ranchi sentía como Alex la sacudía de los hombros, al hablarle rápidamente, incluso percibir parte de su emoción, la exasperación que le causaba verla absorta, poseída. Ella, sin embargo, escuchaba las infinitas voces alojadas en su cabeza, presenciando trozos de odiosos recuerdos, fundidos en la visión de almas corruptas, una galería de bestias escondidas dentro de cuerpos humanos.

<< Víbora enjoyada. Maldita traidora. Se lo dijo a todos. No me dejo otra más que suicidarme. Ponzoña asquerosa. >>

<< Corrompió a mi hijo, pervirtió a mi hija, sedujo a mi esposa y me mando a la tumba. Hijo de perra. >>

<< Déspota, malagradecido. Ordeno que me tiraran al basurero con una roca atada al cuello. Falso. Dos caras. >>

<< Matarme como un animal. Solo por estorbarle. >>

<< ¡Cerdos, culpables, pecadores! >>

<< Ratas crueles, alimañas infectas. >>

<< ¡Merecen morir! ¡Todos y cada uno de ellos! >>

Ranchi pasaba de una decadente fiesta al fondo de un sucio río, del llanto de una madre ante su bebe muerto, a las risas obscenas de un grupo de ebrios. Viajo por un hotel suntuoso a una fábrica olvidada, de los gritos desgarradores de una mujer, a un hombre que suplicaba por su vida, también por un lote baldío donde enterraban a alguien vivo, y a el interior de una limosina pintarrajeada con sangre. Vio a su padre cubierto de sudor y una expresión diabólica, y vio a su madre recostada en un diván, con un cigarrillo en la boca y una jeringa en el brazo.

<< ¡Mátalos a todos! >>

Las voces de los fantasmas, una tormenta de odio azotando el frágil espíritu de Ranchi, la hicieron derrumbarse sobre sus rodillas, cubriéndose con ansia los oídos, intentando opacar así los gritos, aminorar el dolor

<< Esta dentro de ti. >>

La rabia y la desesperación provenían de ella. Al igual que la bruma azul brotando por sus pies, plasma eléctrico envolviéndola lentamente, mientras una delicada burbuja se alzaba alrededor, encerrando y conteniendo la energía. Alex recibió un latigazo de carga electrostática, y dejo de gritarle. Intentó acercarse de nuevo, pero la burbuja era dura como el metal, y liberaba descargas eléctricas al mínimo contacto. Se estaba encapsulando dentro, el plasma casi llega a sus hombros, permaneciendo agachada, aferrando sus hombros, como si una agonía intensa la agobiara al mover su cuerpo. Por fin, Ranchi es capaz de escuchar las palabras de su caballero

– ¡Señorita Bates! ¿Qué ocurre? ¿Usa algún tipo de arma? ¡Por favor dígame!

– Todos van a morir. Es inevitable. No puedo soportarlo más, ya no…

– ¿De que esta hablando? ¡Dígame!

Alex esta más cerca de la peligrosa esfera, atestiguando el último intento de liberación de la chica. Las delgadas manos golpean el interior de su jaula, con los cabellos flotando en luminosidad azul. Los ojos negros centellean furiosamente, fríos terribles.

– Llévate a mi hermano. Váyanse.

Thunder llegan retrasado a la Sala Magna. Ve el caos y el reguero de cuerpos, pero el sol azul, tan grande que casi toca el techo, es demasiado para el. No puedo creer que niña Bates este metida adentro. Alex retrocede paso a paso, jalando a Derek, quien aun no se levanta totalmente del piso

– ¡Supersoldado! ¿Qué carajos es eso?

Alex sigue su costumbre de ignorar a Thunder y permanece atento a Ranchi. Derek se escuda entre las piernas de su nuevo protector.

– Explíquese.

– Corran.

– ¿Ranchi?

– Corran.

– Señorita Bates…

El grito, mas allá de la capacidad humana, es un estruendo deformado y amplificado por los fantasmas. Miles de almas aúllan por su garganta.

– ¡¡CORRAN!!

Alex sujetaba al niño de la cintura, cargándolo con un solo brazo. Detrás de ellos va Thunder, aún confundido por la inexplicable situación. Esta demás decir que salen de la Mansión lo mas rápido que pueden

– ¿Qué diablos? – decía Thunder durante la huída.

– Hay que largarnos – Alex bajaba a saltos las escaleras.

– ¡Aguanta! ¡¿Y el bastardo de…?!

– ¡¡Hay que largarnos!!

Derek trataba de escabullirse, sin éxito, considerando su tamaño y la fuerza del brazo de Alex.

– ¡MI HERMANITA! ¿Qué LE VA A PASAR A MI HEMANITA? ¡Debo quedarme con ella! ¡Suéltame! ¡Suéltame!

Subieron al auto, lanzando al niño al asiento trasero, quien aun permanecía histérico y berreando ansiosamente. Alex conducía a toda velocidad por la ciudad con un dominio increíble.

– ¡Maldita sea! ¿De que diablos estamos huyendo?

– No lo se. Enciende los propulsores extras.

– ¿Más rápido? ¡Con una mierda…! – voltea hacia Derek e interrumpe sus gritos de “¡Ranchi! ¡Ranchi!” – ¡deja de ladrar! ¡Ponte el rajado cinturón de seguridad o te partirás la cabeza al caerte del asiento! – ve de nuevo a Alex – ¿Podrías al menos contarme lo que viste?

– Lo suficiente para convencerme de mantenernos lo mas alejados posible de la Mansión Bates.

– Viniendo de ti…

– Algo me dijo que las amenazas de la señorita Bates son ciertas.

– ¿Cuáles?

– Los matará. Sinceramente, no tengo ganas de averiguar como lo va a hacer.

La burbuja de Ranchi estaba repleta. Aquellos que no pudieron escapar no daban crédito al magnifico fenómeno ocurriendo en ese momento.

– Finalmente.

Ranchi era el conductor de esa misteriosa energía, concentrándola alrededor suyo.

– Venganza

La burbuja se resquebrajo rápidamente, como el cristal de un estanque, y por las fisuras se escapa luz y electricidad celeste, relámpagos quemando al toque. El fuego nace y se expande, arrasando, transformando en cenizas las riquezas y en polvo los lujos. Los señores Bates se consumen como varitas secas y el resto del Parlamento desaparece en un remolino ascendente de aire caliente. El fuego destruye a los hombres y sus recuerdos, desvaneciéndolos en una ráfaga violenta. La Mansión Bates es devorada por los rayos, estallando a los vientos como si sus macizas paredes no fueses más que trocitos de papel. La tierra tiembla ante el nacimiento de una estrella, preámbulo a la destrucción de un planeta. Luz azul y fuego azul, iluminando el corazón de la ciudad, para después bañarla con vapores negros y una onda de catástrofe. Los gritos de los culpables se suman al bramido de la explosión, un canto de liberación para los espíritus deseosos de venganza. Así, un gran trozo de Nueva Londres Tercera se había evaporado, sin quedar nada en su lugar, quizás solo una vaga memoria del magnifico edificio ahora, inexistente.

Derek y sus dos acompañantes adultos presenciaron el derrumbe de la Mansión Bates con las dos cuadras que la rodeaban, las llamas y los escombros ardientes volando incluso hasta la distancia segura donde se hallaban. La nube de humo tardó algo de tiempo en disiparse mostrando al terminar los restos irreconocibles de una de las construcciones más antiguas del planeta. Donde se erigía el símbolo de la poderosa aristocracia, estaba un calcinado terreno sembrado de cacharros retorcidos. Derek lloraba a un lado de Thunder. Era imposible creer que Ranchi sobreviviese.

– Sugerencias,  supersoldado.

El auto de su escape se había estrellado en una de las columnas de la entrada de un estadio deportivo, a las orillas de la ciudad. Fuera de cualquier pronóstico, estaban ilesos. Alex, apartándose del niño, dijo:

– Regresaré a buscarla.

– Repite eso.

– Tengo un fuerte presentimiento

– ¿Eres ciego? ¡Eso recién…!

– No, vi perfectamente como un niño acaba de perder a su familia – y le regresó un revelador gesto diciendo “fíjate en tus palabras, animal” – especialmente a su única hermana. Tengo el fuerte presentimiento de que podré encontrarla. -alzó el tono de su voz para que Derek escuchara más fácilmente – Algo me dice que así será. Regreso en dos horas.

-¡Claro! Tomate todo el tiempo necesario. No aguarda, recién me acuerdo de que… ¡ah, sí! ¡El famoso dispositivo de ese tarado de Timlar volará Nueva Londres en menos de treinta minutos! ¡Junto al resto de ciudadanos en este rajado planeta!

Alex lanza a las manos de Thunder un chip con retos de sangre seca.

– Conté con la oportunidad de extraerlo. No preguntes como. Estoy bastante seguro de haberlo sacado antes de la última contracción.

La vocecilla del pequeño Derek, palidecía comparada a la de estos hombres rudos.

– Existe un sistema de respaldo.

Alex y Thunder voltearon a verlo. El pequeño limpiaba sus lágrimas

– Se activarán al azar y en secuencia. Aun cuando lograsen desarmar la mayoría de las bombas, bastará que una estalle en el manto de petróleo para incendiarlo, y hacer que el planeta, literalmente, hierva. El petróleo arderá por siglos debajo de la superficie, volviendo a Nueva Standford inhabitable. Este mundo esta condenado.

– Y nosotros estamos jodidos – añadió Thunder – ¿Cuánto falta para que se active la primera?

– Seis horas. Sospecho.

– ¿Entonces?

Alex señaló discretamente a Derek, al sacar un pequeño control del chaleco.

– Nos lo llevamos. Usaré el Apokalipse. Los veré allá arriba.

Una nave apareció de la nada y Alex abordó en ella, despegando. Derek estaba muy triste y no opuso resistencia cuando Thunder lo tomó de las axilas y lo montó en sus anchos hombros.

– ¿Quieres que te cuente un secreto?

Derek asintió.

– El supersoldado, capitán Alex para ti, a veces tiene un sexto sentido bárbaro.

– No te entiendo

-Si, hay ocasiones en que percibe a un enemigo por la espalda, un sitio peligroso cerca o cuando un aparato se va a descomponer, antes de que ocurra. Y hay otras ocasiones en que esta seguro de cosas que nadie creería, y esas también ocurren. La mayor parte del tiempo son calamidades, pero, en tu caso, pueden ser buenas.

– ¿Esta tratando de decirme que el capitán Alex tiene una especie de… percepción extrasensorial?

– Llámale como gustes, pero lo que si se es que si el supersoldado apuesta su vida en encontrar a tu hermana, es porque cree en ello y porque de alguna maldita manera va a conseguirlo. Ya te tocará verlo. ¡Aguanta, no me jales el pelo!

-¿A donde vamos?

– Escondimos la otra nave dentro del estadio. A Alex le gusta ese juguete de alta tecnología, pero a mi me gustan grandes y aguantadoras. Tanta explosión me dio hambre, espero haber guardado algo de pizza en el Nexus 1, ¿te gusta la pizza?

– Si, pero no la como mucho.

-Hay que arreglar eso cuando subamos al Deathbird. Va a gustarte. Te divertirás como loco.

Hombre y niño llegan a la nave, preparándose para olvidar ese mundo y seguir con sus vidas.

(continuará…)

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