Doncella de Venganza (parte XVIII)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen © 

Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

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(continúa…)

La puerta se abre bruscamente, sorprendiendo a los niños. La alta silueta de Richard, recta y rígida, se impone en la intimidad de la habitación.

-Su madre, la señora Bates, solicita su presencia de inmediato.

Ranchi y Derek se toman de las manos para seguir a su carcelero. El pequeño, asustado camina casi adherido a la pierna de su hermana, sin embargo, Ranchi no tiene miedo. Esta ocupada con una idea singular que le brotó de repente

<<Puedo matarla, si quiero>>

Tarde.

Con cada paso, la Mansión Bates se tornaba… inquietante. Ranchi sabia que todo eso anidaba en su cabeza, pero es no era para nada ningún tipo de consuelo. Lo único ciertamente real era la mano de Derek aferrando la suya mientras el atardecer bermejo atravesaba los ventanales. Y era por Derek que no se perdía en sus alucinaciones, con el miedo mantenido a raya. Tenía fortaleza suficiente incluso para enfrentar a su terrorífica madre.

<< Solo cuando cierras los ojos, ves la verdad. >>

Creía haber caminado por días, subiendo y bajando escaleras dentro de la Mansión, siendo esta el aparato digestivo de un ser monstruoso, por lo cual, el ambiente se veía rojo, sanguinolento, reptante, los muebles moviéndose al ritmo del latir de unas venas gigantescas, o acompasado con unos pulmones inexistentes. A veces las puertas se deslizaban sobre las húmedas paredes, que no eran otra cosa que la cara exterior de órganos misteriosos, apelmazados entre sí. Las personas estaban allí, para ser digeridas y desechadas por la Mansión Bates, asimiladas y destruidas sin rebelión. U otros eran parásitos glorificando a la Mansión, adulándola, para que ella les otorgara una limosina suficiente para mantenerlos medio vivos, solo lo necesario para seguir arrastrándose en esas entrañas sofocantes. Y Ranchi metida ahí adentro, como una enfermedad latente, una pequeña espora aguardando el momento exacto para descubrirse, dar a conocer su existencia y matar a la Mansión Bates en el proceso.

– Una pequeña espora.

Derek le pellizcó la palma de la mano izquierda.

– Hermanita, lo hiciste de nuevo.

La señora Bates, en su acostumbrada pose de reina, elegantemente sentada en un sillón, escuchaba los reportes de la organización de la fiesta. Al notar la llegada de sus hijos, se dirigió a mayordomo Richard.

– ¿Qué…- murmuró Ranchi – hice de nuevo?

– Actuar raro.

Alejados varios pasos, los niños escuchaban a su madre hablar de ellos sin dirigirse a ellos

– …y a Derek, su mejor traje. El azul no, detesto el azul. El verde de lino, cruzado. Péinalo y que no se separe de ti. Con Ranchi… Dios… intenta ponerle el vestido lila de escote en la espalda, si no, el amarillo de encaje ceñido. Por último, si los anteriores no sirven, el café oscuro, largo, de tirantes. Te lo ruego, zapatillas a juego. Encárgasela a Sara, mi peinadora, ella sabrá como se las arregla. Un tocado alto, con adornos acorde al vestido.

– Si señora.

– Que no salgan hasta estar presentables. En especial Ranchi. Nuestra popularidad esta descendiendo y lo último que necesitamos es fotos de ella en fachas.

– Si señora.

– De acuerdo, continuemos con…

Ranchi soltó por un momento a Derek. Adelantándose a Richard, miro a su madre directo a los ojos.

– Aún estoy viva.

La señora Bates se llevó el susto de su existencia. Estaba a un gesto se tratar de ahuyentar a Ranchi como si fuese una mosca.

– ¿De que hablas?

Pero Ranchi firme en sus pies, con los puños cerrados y el rostro gélido, desafiante.

– Andrew no consiguió matarme, y tu tampoco.

Los demás presentes, servidumbre de los Bates, atestiguaban estupefactos. La señorita Bates nunca le había dirigido la palabra a su madre en ese tono. No solo eso, parecía a punto de golpearla. Ante la irrespetuosidad de Ranchi, la señora Bates derramó su cólera, tratando de apagar su rebeldía.

– ¡Mocosa desagradecida! ¡Cómo te atreves a dirigirte así a tu madre! ¡Eres un engendro inútil! ¡Un aborto fallido!

El odio y el desprecio eran para camuflar el miedo, un miedo a lo inexplicable. Los recuerdo de lo anormal de la llegada de Ranchi y sus éxitos de supervivencia, asustaban a la señora Bates, quien no comprendía como su hija, desde su propio vientre, y aun indefensa en la cuna, era más poderosa que ella misma. Eso la asustaba. Y Ranchi lo sabía.

– Aún estoy viva.

<< Y por mucho mas tiempo que tú. >>

Sin esperar respuesta o reacción, Ranchi dio la media vuelta, y la pasar al lado de Richard, le espetó.

– Vete al carajo, malnacido.

Regresó con Derek a paso vigoroso, tomándolo entonces del brazo para salir de la habitación, y regresar así a los intestinos de la Mansión Bates

<< Prefiero mis rajadas alucinaciones a continuar soportando a esas hienas. >>

Derek estaba sorprendido.

– ¡Hermana! ¿En realidad mamá trató de asesinarte? ¿Cuándo? ¿Por qué?

– Espera un momento, – dijo ella, al detenerse ambos en un pasillo casi a oscuras – necesito hacer algo.

Sin preámbulos, procedió a vomitar sobre una planta de interior

<< Creo que lo espíritus no se referían a esto cuando me decían “Libera tu interior”. >>

– ¡Por los cielos, Ranchi! ¡Realmente estas enferma!

Ella se limpiaba la boca con la manga del suéter, respirando trabajosamente.

– Acaba de darme sed.

-¡Claro! Recién… ven, necesitas descansar.

El pequeño Derek condujo de nuevo a su hermana a otra vacía habitación de huéspedes, haciéndola recostarse en la cama y ofreciéndole un vaso de agua.

– Tómatela toda y permanece tranquila.

Ser atendido es una agradable sensación. Al tener a su hermanito a su lado haciendo lo posible para confortarla, Ranchi comprendió que su deber consistía en defenderlo, resguardarlo de demonios invisibles y criminales sin castigo. Si para garantizar su felicidad, tendría que sumergirse en la locura, bien valdría el precio.

<< El único inocente en un mundo corrupto. >>

Derek toca la frente de Ranchi, examina sus pupilas, y toma el pulso de su muñeca. Parece saber lo que esta haciendo.

– ¿También eres doctor, Derek?

– Puedo serlo si quiero. Abre la boca – Ranchi le muestra juguetonamente la lengua – Como si fuera tan difícil.

<< Tú no eres la única presa de Timlar. >>

<< El único inocente en un mundo corrupto. >>

<< El último día. >>

<< Los fantasmas de la Mansión Bates te engendraron. >>

<< Es hora de que lo sepas. >>

<< Ira contenida en los recuerdos, ardiendo fuera de control. >>

<< Deseos de venganza aún sin cumplir. >>

<< Necesitaban un vehículo. Te crearon a ti. >>

<< En el vientre de Mildred Bates. >>

<< La futura madre. >>

<< Aun no aceptas tu naturaleza, por eso puedes verme. >>

<< Quizás sea para lo que estas hecha. >>

<< Es inevitable. >>

Ranchi busca un espejo.  Hay uno de cuerpo entero, pegado a la puerta del ropero sin usar, junto a la cama. Ambas se miran con cariño, extendiendo sus manos para tocarse con gentileza. Derek no interrumpe a su hermana, observándola curioso de su actitud.

<< ¿Entonces? >>

<< Lo tomo. El poder, la insanidad. Ustedes son reales. Los fantasmas en mi cabeza. Porque no puedo seguir negándolo, escondiéndome en mi interior. Yo soy tu. ¿No es así? >>

<< Así es. >>

<< Voy a extrañarte. >>

<< Oh no. Nos encontraremos cada vez que mires tu reflejo. >>

Los rostros gemelos comparten una idéntica sonrisa. Un único pensamiento funde los espíritus, antes divididos por la duda y el temor. Nunca más.

<< Yo soy la Doncella de la Venganza. >>

Busca aún que su reflejo actué por cuenta propia, pero no tarda en comprobar lo inútil de sus acciones. Mueve los brazos, gira la cabeza, y el reflejo se comporta igual que ella. Con seguridad, también piensa lo mismo.

<< Tengo tanto sueño…>>

– ¿Te duele algo?

El niño continúa atento. Las poses anormales, en lugar de alejarlo, lo instan a ayudarla más.

– El cuello, un poco.

– Un analgésico podría ayudarte.

Efusivamente, Ranchi toma a su hermanito de la cintura y lo sube a su lado en la cama.

– ¡El cariño de un niño es la mejor medicina que existe!

– ¡Aguarda! ¡Me haces cosquillas! – dice Derek entre risas y retozos – Oye, ¿te puedo preguntar algo?

– Adelante

– ¿A quien le entregaste…?

– ¡Hey! Tardaste en investigar eso. ¡Creí que me acribillarías de preguntas desde la noche anterior!

– A decir verdad, no quería abrumarte. Entonces, ¿me dirás…?

– Esta en buenas manos.

– ¿Puedes contarme algo más?

– No.

– ¿En serio?

– Muy en serio.

– ¿De verdad?

– De verdad.

– ¿Por qué?

Ranchi rió con ganas. Derek era su única alegría.

– Esta en buenas manos

– Me gustaría conocerlo – dijo resignado – sospecho que es alguien genial.

– Lo es Derek, lo es.

Ranchi permanece acostada, con los ojos cerrados, y en el hueco de sus brazos Derek encuentra su lugar. Ella va durmiéndose lentamente, al escuchar el arrullo de la respiración corta y rápida del niño. Una tranquilidad arrebatada. Afuera, el confundido  agotado policía inspecciona los papeles de una camioneta perteneciente al servicio de banquetes. El chofer, un hombre corpulento parecía confiado, sin llamar la atención. Era el joven sentado en el asiento del copiloto quien despertó sospechas del agente de orden. No por su actitud, relajada y distante, tampoco por usar gafas amarillas, tan de moda entre los muchachos. Lucia normal. Tal vez, demasiado normal. No, eran las coincidencias más que las diferencias, aquellas que intrigaban al policía. Todos los días repasaba con la comandancia entera la descripción física de Maximiliam Timlar, y, cada vez que la memorizaba, le parecían aun más vagas y confusas. Individuo masculino, entre veinticinco y veintinueve años de edad, estatura aproximada, un metro setenta y cinco centímetros. Complexión atlética, cabello aparentemente rubio, sin deformidades físicas aparentes, cicatrices visibles o tatuajes. Color de ojos, características de la dentadura desconocidos. Una descripción con la que encajarían millones de personas en el planeta. Incluyendo este.

–  ¿Podría quitarse la gorra y los anteojos?

El muchacho, aunque a segunda vista, parece más inmaduro, busca al policía a través del conductor, preguntando, con un gesto amable.

– ¿Por alguna razón en especial?

Antes de responder, un concierto de bocinas, cláxones e improperios cayó sobre el policía.

–  ¡Esto se está derritiendo! ¿Sabe lo que cuesta esta maldita escultura de hielo?

– ¡Me faltan dos entregas más!

– ¡Llevo aquí  tres horas! ¡Los mariscos empezaron a apestar!

– ¡De allá adentro no dejan de llamarme por la radio! ¡Creen que tuve un accidente!

Sin otra opción, el policía se apartó del camino.

– Continúe, continúe….

El chofer corpulento y el joven de gafas amarillas entraron por la puerta de servicio, y descargaron varias cajas de la camioneta, uniéndose a otros compañeros suyos, que llegaron previamente a la mansión.

– Estamos listos. Tyrone se encargó de la electricidad, Adam de los teléfonos, con lo que trajiste, metimos todas.

– ¿Todas? – el joven se quita el gorro, peinando con la mano sus cabellos dorados, apartándose después las gafas – ¿los demás están en posición?

– Esperan tu orden. Dana ya aseguro el objetivo, y el resto de los hombres ocupan ya la mansión. Max, estamos listos.

Maximilian Timlar abre con un patada la caja de manteles frente a él, y saca un pesado revolver, del puñado de armas escondidas dentro. Verifica que este cargado.

– Cambiemos un mundo.

(continuará…)

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