Doncella de Venganza (parte XVI)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

(continúa…)

Mareada, confundida y con piernas de gelatina, inició su andar hacia la calle en busca de auxilio. Los ojos se le hacían pesados, sin embargo, pudo distinguir una motocicleta negra avanzando en dirección a ella. Ranchi alzo torpemente un brazo, mientras se detenía y el hombre que la conducía bajaba ágilmente, sus pasos tambaleantes se hacían cada vez más lentos.

-No aguanto más…

El hombre de negro fue rápidamente a su encuentro. Ranchi se ha detenido, permanece de pie, cubierta de polvo, a punto de desmayarse. Busca sus ojos tras las gafas oscuras, suplicando.

– Ayúdame

Finalmente, se desploma sin energías, su cuerpo y su mente están exhaustos, pues han hecho demasiado para su inexperiencia. Los brazos de él impiden que toque el suelo.

 

Noche.

Ranchi despierta. Esta muy oscuro, a excepción de la luz proveniente de la habitación vecina, llegando a través de una ventana muy alta. Girando el cuerpo, se ve recostada en una colchoneta delgada, arropada con una ligera manta gris. Su área esta limpia y vacía, y la puerta metálica luce nueva en comparación con el resto del lugar. Ranchi relaja el cuerpo, estrujando la manta sobre su pecho.

<< ¿Qué significa “siempre pura, jamás tocada”? >>

<< Vírgen. >>

<< En todos los aspectos. >>

Acomodándose de costado, observo la reluciente puerta. Perecía pesada.

<< Yo soy virgen. ¿Debo mantenerme así por siempre? ¿Besos y abrazos están incluidos? De hecho, tampoco he tenido ninguno de los dos>>

<< Lamento decirte que sí. >>

<< ¡Hey! >>

<< Vírgen, en todos los aspectos. >>

<< Nos perteneces. A nosotros y nadie más. >>

<< Mientras seas Doncella de Venganza. >>

Tuvo la impresión de que la habitación estaba siendo usada para otra cosa, pero fue vaciada precipitadamente. Podían verse arañazos en el suelo, dejados al arrastrar objetos pesados.

<< Esperen un momento. Hay algo que no entiendo ¿Cómo pudo él cargarme, tocarme? Con lo mucho que me gusta…>>

<< Porque te estaba protegiendo. >>

– ¿¡Es decir que tengo un cinturón de castidad del inframundo!?

Un par de voces masculinas llegan al oído de Ranchi, sentada en la colchoneta más atenta que nunca.

<< ¿Me habrán escuchado? No debí gritar.>>

Volvió a recostarse. Una molestia en la nuca le recordó su aterrizaje sobre la torre de ladrillos calientes. Enfocó la atención en la discusión entre los dos hombres. La primera era la voz de su protector, fue reconocida al instante, siendo una voz seria, profunda y sumamente concisa. La otra voz era más fuerte, agresiva, como un ataque de vocablos rudos, repleto de maldiciones, sin embargo más fluida, espontánea, con más energía. Y, usaba demasiado la palabra “rajado”.

La voz de su protector decía:

– … solo suposiciones.

– Mira, el hecho de que no sea un plan súper complicado no significa que sea estúpido

-Si que lo es. Tus métodos son estúpidos, tu plan es estúpido, tus razonamientos son estúpidos.

-¡Deja de llamarme estúpido, rajado engreído! Puedes ser lo suficientemente idiota para creer la basura escupida por ese malnacido, pero yo no dudo de que sea un rajado cuento de mierda. A ese bastardo no le creo ni la hora, aun cuando tenga el reloj clavado en la frente.

– Escucho tus opciones.

– Seguir moviendo piedras hasta dar con otro soplón. Este planeta de tarados se tragó enterita la pastilla de Maxie, para colmo, todas sus bolas de cañón están demasiado enajenadas para hacerles escupir la pasta.

– ¿Puedo recordarte que es el mismo plan que propusiste apenas aterrizamos en este planeta? ¿El mismo plan que no nos esta funcionando?

– Aja, mira, jodido señor-soy-demasiado-bueno-para-esta-mierda, ¿qué rayos tienes que decir tú acerca de…

Ranchi aguardaba de pie justo detrás de la puerta. Cierto, era nueva, metálica y muy pesada, pero en perfecto equilibrio con los goznes, necesitando solo un ligero empujón de la chica para abrirse por completo.

-…eso?

Las miradas de los tres se cruzaron y a ella le dieron ganas de evaporarse. Paseaba la vista por la abarrotada habitación, atascada de objetos usuales e inusuales, como cajas de cartón, pilas de periódicos, latas de cerveza vacías y apachurradas, empaques de comida, bolsas con ropa, armas, muchas armas, municiones de todo tipo, unas granadas colgando del techo en racimos, refacciones de automóviles, televisiones, galones de gasolina, e incluso varios modelos de computadoras portátiles desconocidas para Ranchi. Y, contra toda ley de la física, estaba una mesa tapizada de papeles, revólveres e incontables cartuchos. No tardo en darse cuenta de donde estaban todas esas cosas que sacaron a la carrera de su habitación.

– Bu… bu… bu…- tartamudeó Ranchi antes de ser interrumpida por su salvador.

– Buenas noches, señorita Bates. Lo mejor para usted es regresar ahora mismo a su cuarto. Entre menos sepa de nosotros y nuestros objetivos, más segura estará.

Un fugaz recuerdo sacude a la chica.

– ¡LA MOCHILA! – Ranchi busca histéricamente en sus hombros encontrando las cintas de la bolsa, gritando entonces ante la incrédula mirada de los hombres

– ¡SI! ¡Entera! – La ofrece a su caballero negro a manera de trofeo -¡A ti te buscaba! ¡Debes tener esto! ¡Necesito tu ayuda!

– Señorita Bates…

– Llámame Ranchi, por favor, escúchame…

– Srita. Bates, escúcheme usted primero a mí. Si supiera lo que somos, y de donde venimos, su prehistórico Gobierno Global la quemaría por brujería. Voy a pedírselo muy cortésmente, regrese a su cuarto es este mismo instante, o me obligará a amarrarla para meterla en un saco y devolverla de inmediato a la Mansión Bates.

– Por favor, antes tienes que oírme, mucha vidas…

– Lo sentimos – interrumpió el otro individuo, mas alto y musculoso, sentado aún a la mesa sobre una motor renegrido – Somos… es decir, no somos un maldito ejército de salvación desinteresada. Se suponía que no tendríamos ningún contacto con los objetivos – y dirigió una acusadora mirada a su compañero – así que iremos los dos a dejarla lo antes posible a su mansión. ¡Y quise decir los dos, supersoldado!

Sin embargo, Ranchi no lo dejó levantarse del motor. No tenía opción, jugaría verdad por verdad.

– Mi hermano, el niño genio Derek Bates, fue manipulado por un tal Dean, quien estoy segura pertenece a Emancipación, para diseñar y fabricar un detonador universal, con el fin de ser implantado en el corazón. Muy probablemente, el corazón de Timlar. Este detonador activaría los cientos de bombas nucleares traídas por ese enfermo a mi mundo. – Y detuvo su recitación por agotársele el aliento. Apenas tomo aire, continuó sin tregua – Toda la información, los planos del dispositivo, la ubicación de las bombas, y sabrá Dios cuanto más, esta dentro de esta mochila.

La lanzó al centro de la desordenada mesa, derribando montones de cartuchos y ríos de papeles por el suelo. El fortachón adoptó una expresión de alegre y genuina sorpresa, mientras que el caballero negro de Ranchi permanecía aun de pie con actitud amenazadora.

– ¿Por qué nos dices esto?

– No lo quiero, no lo necesito. Confío en ti. Se que puedes detener esta locura

– No me conoces.

– No necesitas siempre conocer a alguien  a la perfección para depositarle tu confianza.

Ambos fueron interrumpidos por una innegable sensación de ser examinados cuidadosamente. En efecto, el tipo fornido miraba sin disimulo a Ranchi de los pies hasta la cabeza, y luego se volteó para escudriñar el semblante de su camarada. Levanto la ceja derecha y dijo por fin:

– ¿Hay algo que yo deba saber y que casualmente olvidaste mencionarme?

Su amigo respondió con seguridad y una mirada asesina.

– No.

El estómago de Ranchi rompió la tensión, dando el gruñido más grande que puedo emitir.

– Augg…

El fortachón rebuscó por debajo de la mesa y sacó un empaque de una caja térmica, mientras el otro escarba entre los cachivaches para desenterrar un banco.

– ¿Quieres una hamburguesa?

Es curioso como cambian las situaciones. Hace un par de minutos se olfateaba un terrible asesinato a punto de cometerse, y ahora están los tres sentados en sus asuntos, Ranchi comiendo sin pudor, el tipo grandote bebiendo cerveza, y el misterioso protector tecleando en la computadora hallada en la mochila.

– ¿Qué hacen los aristócratas – preguntó el fortachón al pasarle a Ranchi una botella de agua – cuando conocen a alguien por primera vez?

– Presentarse – contestó parcamente Ranchi mientras decidía el trozo de hamburguesa que mordería.

– ¿Y eso que es? – replicó el fortachón

– Dicen su nombre. – respondió ella, en una pausa de masticación con la boca llena – A veces, también su profesión – y tragó ruidosamente.

– Supersoldado.

– ¿Sí? – murmuró él sin apartarse de la pantalla

– ¿Ya te presentaste con la señorita Bates?

– No.

– ¿Cuándo piensas…? Olvídalo, lo haré por ti. Yo soy Thunder X, y mi alegre compañero de parrandas es Alex T. Somos cazarrecompensas intersistemas en busca de oportunidades y dinero fácil. ¿Qué me dices de ti?

– Bueno – tomó un sorbo de agua – creo que ya me conocen. Ranchi Bates, hija del Primer Ministro del Gobierno Global, la Heredera Bates…

– ¡Heredera! ¿De…?

–  Presuntamente cuando mis padres mueran me quedaré con todo.

– ¿Falta mucho?

– Thunder…- dijo Alex sin moverse de su posición, sacándole involuntariamente una risa a Ranchi.

– Accidentes pasan – continuó el aludido – Como éstas tan metida en esto igual que nosotros, te daré un amplio panorama de la situación. – Pero entonces descubrió los números donados por Derek de “Los cien más buscados de la galaxia”, perdiendo el hilo de la conversación -¡Mira! ¡Me faltaban estas dos! – abocándose inmediatamente a leerlas.

– Al parecer, Thunder es el único capaz de considerar coleccionar esa basura -dijo Alex a Ranchi, apagando la computadora. – Trató de decirte que nosotros vinimos por  Timlar. Es un peligroso criminal, fichado y buscado por la Confederación de Sistemas. La recompensa por su cabeza alcanza seis cifras de créditos

– ¿Créditos? – preguntó Ranchi.

– Moneda de la Confederación. Maximiliam Timlar se dedica a crear revoluciones en cada sistema que pisa. No es nada ortodoxo en sus métodos, así que su lista de crímenes abarca todas las permutaciones conocidas de la palabra terrorismo.

– En Granada 3 – agregó Thunder, dejando las revistas de lado – casi gana. Lástima que las bombas de neutrinos mataron a la población entera.

– Megalomaníaco, paranoico y obsesivo. Quiere su imperio personal cueste lo que cueste. Ha causado millones de muertes…

– …pero es mas resbaloso que un pez. Siempre escapa.

– En esta ocasión fue un poco más listo de lo usual, y decidió venir a sembrar a la anarquía en un sistema no integrado a la Confederación, es decir, Sistema Nueva Standford.

– Resumiendo, buscamos la cabeza del maldito. Venimos de incógnito. Déjame decirte que aterrizar en tu planeta es endemoniadamente fácil, deberían poner satélites de vigilancia o algo parecido, de lo contrario…

– Te vigilábamos. Eras un blanco atractivo para Timlar. Sin embargo, aun no se te ha acercado.

Ranchi había terminado de comer. Ellos dos le inspiraban simpatía, haciéndola sentir sumamente cómoda. Deseó no apartarse de ellos, encontrar una medida extrema para mantenerse a su lado, olvidarse de la aristocracia, de su mundo. Pero eso sería injusto, pensó ella, sería cruel, el no traer a Derek. Debía regresar, al menos por él.

<< Ellos se irán, apenas atrapen a Timlar. Yo me quedaré. No hay alternativa.>>

Alex termino de guardar los discos examinados. Mirándola como si no quisiera hacerlo, dijo:

– Nos quedaremos con la información. Voy a darte una nota con lo que  debes decir ante la policía y tu servicio de seguridad ¿entendido?

– Si…

– Sigue…

– ¿Puedo ir al baño? – dijo Ranchi tímidamente. Quería retrasarse para grabarlos en sus recuerdos un poco más. Alex puso los ojos en blanco y le señalo una puerta escondida tras unas tablas rotas. Y ya adentro lo único que hizo fue mirarse al espejo.

<< Todo resuelto, lo encontré y me ayudará. Todo funcionará. Puede que hasta salvemos o Nueva Standford. >>

Su reflejo parecía molesto.

<< No lo entiendes. >>

<< ¿Qué pasa contigo? Todo estará bien. >>

<< No. Es inevitable. >>

<< ¿Qué es inevitable? >>

<< Todos van a morir. >>

El fuego brotó del espejo, desbordándose del marco, cayendo por el lavamanos y pintando las paredes, naciendo el reflejo de Ranchi, quien ardía como una antorcha azul, y este fuego corrió por doquier, apoderándose de la realidad, ante la impotente mirada de la Ranchi del exterior, quien, asustada, cayo de espaldas en el estrecho baño.

<< Es inevitable. >>

-¡¿Vas a tardarte mucho?!

Los toquidos bruscos de Thunder borraron la visión. Ella se levantó, mojó su cara y trato de serenarse.

<< ¿Qué es inevitable? >>

Al salir, vio a Thunder de nuevo sentado en el motor, abriendo otra lata de cerveza. La chica trató de despedirse adecuadamente.

-Yo… quisiera…

– Se fue por allá. – señaló una puerta recién descubierta, tras unos anaqueles Ranchi no necesitó mas.

– De acuerdo ¡Gracias!

Tras bajar corriendo las escaleras, encontró un estacionamiento vacío, y a Alex afinando una motocicleta. Él, al verla llegar, le señaló una chamarra de cuero y un casco, descansando encima de un tonel.

– Póntelos, y esconde tu cabello. Nadie debe reconocerte.

Ella se acercó a Alex, quedando la motocicleta como barrera entre los dos. La chamarra le quedaba algo grande.

– ¿Puedo hacerte una pregunta?

Alex no le prestó atención. Aun así, Ranchi continuó.

– Tu… te vi matar a esos ladrones. Por la forma en que lo hiciste… sospecho que ya has matado antes ¿cierto?

El permanecía ocupado con sus herramientas. Ella no desistió.

– Quería preguntarte… quiero saber… si es posible… yo tengo que hacerlo, pero el miedo… no quiero tener miedo, a sentirme culpable, a arrepentirme, y… deseo saber… si es posible… algún día, dejar de sentir temor. Es decir, hacerlo, y no sentir nada. Solo hacerlo. Como tú.

Sin apartarse de la llanta trasera, Alex preguntó

– ¿Hacer que?

– Matar

Una lúgubre sonrisa, casi diabólica, aparecía en la boca de Alex, haciéndolo verse más atractivo, y a la vez, con un toque de perversidad.

– ¿Por qué querría una chiquilla matar a alguien?

– Soy incapaz de decírtelo. No me creerías.

– Claro que no te creería. Seguramente esa fue una de las preguntas que hacen las damas cuando quieren interesar a alguien cautivante, o para hacerse ver así mismas atrevidas y arrojadas. Una niña aristócrata no tiene idea de la muerte ¿Dime, has visto un cadáver, o sangre, alguna vez? ¿Te desmayaste?

Ranchi tenía una mezcla de ofensa y decepción. Buena parte de ella  la impulsaba a estrellarle la motocicleta en la cabeza. Aun así, no podía culparlo por ser escéptico. A decir verdad, incluso a ella misma le cuesta trabajo asimilarlo. Se limitó a mostrarse furiosa.

– He visto cosas capaces de matarte de temor.

Ranchi se puso a trenzar su largo cabello. Alex sacó de su chaqueta una computadora de bolsillo, y alargó la mano para acercársela a ella, evitando cualquier tipo de contacto visual.

-Marca la mansión en el mapa. Nos ayudará a evitar a la policía.

La chica tomo bruscamente la microcomputadora y se la guardó en la chamarra. Regresó a su trenza incompleta sin decir palabra. Alex, desde abajo, no resistió la curiosidad, y alzo los ojos para mirarla. Ella no era como las mujeres fatales y voluptuosas que él evitaba siempre, sino todo lo contrario. Miró sus zapatos cerrados, sus calcetas antes blancas, ahora sucias de polvo y grasa, llegándole hasta las pantorrillas. La falda larga azul marino, de tablones amplios, semejante a un uniforme colegial. La chamarra cubría el pecho, pero como no estaba cerrada, podía notarse el suéter de estambre agujereado que traía puesto originalmente. El rostro de Ranchi era lo más enigmático ante Alex. En ese justo momento, tenía la pantalla de la computadora justo a la altura de su nariz, y ella hacía ese gesto característico de cuando uno esta tratando de ver claramente algo diminuto. Alex viajo por su larga cabellera brillante, hasta terminar en sus ojos negros. Negros como la noche, negros azabache, negros como el vacío. Dada la actitud de Ranchi, daban ternura, pero el estaba seguro de que si sus ojos tuviesen rabia, y lo mirasen, serían terribles. Ella proyectaba una inocencia peligrosa. Semejante a un pozo profundo de boca oscura, inofensivo en el exterior, tenebroso en las profundidades, el cual atrae a mirar, a agacharse, y, por último, a caer dentro de él, descendiendo al fondo interminable con la seguridad de haber hecho lo correcto.

– Estoy lista – y se puso el casco. Alex parpadeó un par de veces y subió a la moto. Ella se sentó detrás de él, pero no la tocó.

– Sujétate – Alex suavizó un poco su tono de voz tratando de parecer amable -Puedes tomarme de la cintura, si gustas.

<< Solamente me llevará a la mansión. Por favor, no le tiren un rayo encima.>>

El viaje con Alex en motocicleta a toda velocidad por las calles de Nueva Londres fue espectacular. Atravesaron túneles, calles en sentido contrario, vueltas temerarias en la autopista, y lo más genial de la travesía fue saltar del puente levadizo del gran río de Támesis II, en el centro de la ciudad, justo cuando éste empezaba a elevarse. Ranchi se prendía en la chaqueta de Alex, apartando la cabeza contra su espalda, ignorando el vértigo y las ganas de vomitar. La vista, estupenda, valió la pena. Cuando Alex la sintió tan cerca de sí, percibió una chica indefensa y temerosa, perdida en un sitio enfermo. Bien podría ser cierto, se dijo a si mismo, ser el único interesado en defenderla.

– Llegamos.

Deteniéndose dos cuadras antes de la Mansión, Ranchi bajó y le devolvió el casco con la chamarra, dándose unos minutos para memorizar la nota.

– Veamos… “Fue un intento de secuestro por parte de Emancipación,… pelea local… escapé en la confusión… mi chofer muerto…“ Fácil. Creo que es el fin. Gracias por…

Alex la interrumpió inesperadamente, con manos y ojos en el volante.

-Es una habilidad. Una capacidad inherente a los seres humanos, oculta en nuestro interior. Esta dentro de ti. La diferencia en nosotros es que desarrollamos esa habilidad, como si fuese cualquier otra. Habilidades artísticas, igual a pintores, habilidades de razonamiento, dan científicos. Nosotros desarrollamos nuestra capacidad de matar a otras personas. Entrenas el cuerpo, la mente, y a base de práctica y disciplina, te percatas de que es un oficio, solo eso. Las primeras muertes son difíciles, por supuesto, pero la práctica, igual que en el resto de los oficios, te hace superarlo. Si como mencionaste, es algo obligatorio para ti, tienes parte del camino adelantado. Confía en tus capacidades y libera tu potencial. Quizás sea para lo que estas hecha.

La actitud de Ranchi volvió a la ensoñadora adoración del principio. Alex le sonrió sutilmente.

– Gracias – dijo ella.

– Ve a casa, tus padres estarán preocupados.

<< Ni se te ocurra. >>

<< ¿Viste lo sucedido al cerdo? ¡A el también le pasará! >>

<< Imposible. >>

Ranchi deja de acercarse lentamente, absteniéndose de pedirle un beso.

-Oh, no… ellos no estarán preocupados. Le pagan a gente para hacer eso. Mi hermanito, sí.

<< Es la última vez que lo veré. Por favor. Solo  uno. >>

<< No. >>

<< Nunca volveré a encontrarlo. >>

<< No. >>

Alex permanece imperturbable. Obviamente, la chica intenta algo, pero él se mantiene firme en su norma personal de no involucrarse con nada ni nadie. Ranchi, sonrojada, se retira varios pasos.

– Adiós.

A pesar de haberla tenido tan cerca de casi poder ver el fondo de sus ojos, Alex se mantiene frío. Así ha sido siempre y así tiene que ser.

<< A veces los sentimientos son mas peligrosos que las armas. >>

– Adiós.

La motocicleta partió y  Ranchi caminó a paso vivo hacia la Mansión.

<<Deseo que este estúpido mundo se vaya al demonio. Así estaré cerca de él una vez más. >>

Alcanzó el bullicio de las patrullas, los policías enloquecidos moviéndose por doquier como hormigas salvajes, interrogando a cuanto transeúnte pasase de allí. Al tenerla a la vista, se le fueron encima como buitres, pero Ranchi no les prestó atención a ninguna de sus preguntas, ni se dignó a declarar nada hasta ver a su hermano Derek junto a ella. Cuando lo abrazó, comprendió que el resto del planeta no le importaba en absoluto, y, sin duda alguna, podía irse al demonio.

(continuará….)

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