Doncella de Venganza (parte XV)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

continúa…

Su propia voz la hizo reaccionar. Recordó de pronto sus dudas y angustias, la realidad de Ranchi Bates.

– Todavía no. Aun… tengo miedo. No se porque, no se a que, pero aun no puedo hacerlo. Todavía no estoy lista.

Un portal se abre y la traga. Nadie es testigo de su escapatoria. Los guardaespaldas, consternados, están petrificados del susto. Nuevamente, se esfumó.

– ¿De que diablos…? – y nadie se atrevió a decir nada.

Ranchi estaba en la acera de enfrente, esperando a su chofer. Cuando el resto del mundo le preguntó donde había estado y como había salido, repetía tercamente.

– Me fui hace horas. No me he movido de aquí desde entonces.

¿Qué caso tenía decir más? Sería inútil.

Tarde

La mochila siempre estuvo ahí. Mecánicamente, al acabar sus rituales matutinos, se le ajustó en la espalda. Cierto, tuvo que quitársela al probarse ropa, pero procuró no apartarse de ella más de un paso, tenerla frente todo el tiempo, y al terminar apenas con ese inútil suplicio, volvió a sujetársela con fuerza. Con solo pensar en su contenido, origen y destino, la carne se le ponía de gallina.

<< Una de las cosas más peligrosas e irracionales que he hecho. Puede que funcione. >>

En esos momentos viajaba sola con Andrew, su chofer, hacia la cita con la estilista Románika, a través de las interminables calles de la ciudad. La Señora Bates tenía rato ya de haber partido a otros compromisos.

<< Que horror. Seguramente mamá le habrá dicho que me corte el pelo hasta la nuca y lo tiña de rubio. Inclusive, hasta rizármelo ¿Por qué odiará mi cabello? A mi me gusta. >>

Tomo entre sus dedos un grueso mechón. Lo único que Ranchi apreciaba de sí misma era su cabello, largo hasta la cintura e intensamente negro.

<< ¿No deberías pensar en algo mas productivo? >>

Un sobresalto la sacó de su ensoñación. Estaba a punto de dormitar.

<< Cierto. Necesito un buen plan. Voy a volver a perderme, y por varias horas, lo menos que deseo es originar sospechas o preguntas indiscretas. Una idea podría ser…>>

El estómago le rugió. El desayuno quedó muy atrás y Ranchi no ha probado bocado desde entonces. Además, tener visiones espectrales a cada momento acaba abriendo el apetito.

<< Con un demonio, no voy a efectuar ningún escape secreto con hambre. Le diré ahora a ese enfermo que se detenga. Quizá hasta me desaparezca de una vez. >>

Vio a través de la ventanilla del automóvil en movimiento, buscando un lugar para comer, fuese donde fuese. Con sorpresa, Ranchi notó que no reconocía la calle donde viajaba. Miró y miró, pero nada le parecía familiar, solo la Torre Maxford, ubicada al lado del Parlamento, haciéndose más y más pequeña. Comprendió al instante que no se dirigían el centro de la ciudad, en realidad se dejaban de este.

– Andrew…

– ¿Si, señorita Bates?

– ¿Esta es la dirección correcta? Richard dijo al salir que el salón de Románika quedaba atrás de la Casa de la Opera, pero no la veo por ningún lado. Deberíamos ya haber llegado.

El corazón le latía violentamente. Sabía de antemano que la excusa sería una mentira.

– Recargaremos gasolina, señorita Bates. Será rápido.

Una viborilla de sudor frío corrió por la espalda de Ranchi, mientras un temblor frenético sacudía sus manos. Las voces explotaron con furia, entorpeciendo su juicio.

<< Es inevitable. >>

<< Tienes que matarlo. >>

Sintió claramente una aguja enterrándose en su frente, haciéndola llevar la cara al espejo retrovisor del conductor. El semáforo pasaba del verde al rojo, y Andrew la observaba.

<< No necesito esto. No ahora. >>

Cambió de posición agachándose sobre sus rodillas, por unos minutos.

<< Sabes lo que sucederá. >>

<< Puedes detenerlo. >>

<< Solo tienes que matarlo. >>

<< Olvida el miedo. >>

<< Solo tienes que matarlo. >>

<< ¿Y… si no puedo?>> interrogó Ranchi a los espíritus en silencio << ¿si no lo hago? >>

<< Sabes lo que sucederá. >>

Ella volvió a escudriñar alrededor, confirmando sus temores. Estaban dirigiéndose sin retrasos a la periferia de Nueva Londres Tercera, el cinturón de miseria, repleto de sitios solitarios, peligrosos y sin policías. El automóvil volvía a detenerse en otro cruce, y Ranchi contuvo las ganas irresistibles de gritar.

<< ¡Aun no estoy lista! >>

De golpe, abrió la portezuela a su derecha, saltando a la carretera, y emprendió la huida tan rápidamente como le permitían sus débiles piernas. Estaba repleta de miedo, miedo a Andrew, a las calles oscuras y miedo a ser brutalmente asesinada. Pero le tenía más miedo a sí misma, a ese momento ineludible, en el cual el lúgubre poder que aguarda encadenado en su alma lograra soltarse, carente de frenos, guías, ley. Sentía la amenaza arañándole la espalda, y escuchó a alguien persiguiéndola, sin embargo no volteó a mirar.

<< Por favor, así no puedo. Por favor no me pidan matarlo con mis manos desnudas. Aún no se como hacerlo. >>

La velocidad de su carrera disminuía, pues un dolor en el costado dificultaba su respiración. Ranchi no tenía entrenamiento para mantenerse calmada y concentrada en situaciones de pánico, el terror nublaba sus ideas fácilmente. Pronto, perdió completamente la orientación, metiéndose en callejuelas vacías, entre condominios derruidos y abandonados. Las voces gritaban tanto en su cerebro que le impedían poner atención en su entorno.

<< Ustedes solo piden y ruegan, piden y ruegan, pero soy yo quien va a poner sus manos en él, sentir su piel, y apretarle el cuello, y la sangre me va a bañar, y sus huesos van a quebrarse entre mis dedos, ¿Qué tal si con todo eso…? Y si tengo que golpearlo, abrirle la cabeza, y verlo a los ojos, y que si me pide misericordia… y yo no pueda matarlo… porque sentiré culpa y no quiero sentir culpa, o tener su rostro ensangrentado y desecho acosándome en mis pesadillas… ¿y que si no lo mato? ¿Qué pasaría si soy incapaz de matar a nadie, por más que lo intente? ¿Qué pasaría si no sirvo para eso?

Ranchi sabía que era la Doncella de Venganza pero ¿eso que implicaba? ¿En que se transformaría? ¿Un monstruo enajenado, un espíritu terrorífico? A pesar de moverse sin descanso, la presencia tras Ranchi se acercaba sin remedio. La  chica estaba tratando de esconderse entre unos botes de basura cuando una mano imprevista le sujetó el cabello, tiró de él, aferrando a la vez la nuca y estrellándole el rostro contra una pared. No pensó en defenderse, sino en que nunca antes había sentido tanto dolor en un instante tan minúsculo. Sin oportunidad a reaccionar su brazo izquierdo fue torcido cruelmente.

<< Puedo y debo matarlo, pero todavía tengo miedo. >>

El atacante golpeo de nuevo la cabeza de Ranchi contra el muro. Fue innecesario ver la cara del maldito. Antes de desmayarse, estaba segura de que se trataba de Andrew. La negritud lleno su mirada, y Ranchi se perdió en su interior.

<< ¡Rápido! ¡Rápido! ¡Levántate! >>

<< Despierta, Doncella. >>

Sus pies no podían separarse y percibía perfectamente como éstos, sus piernas y la parte baja de su espalda eran arrastrados por el pavimento. Cuando quiso mover las manos, escuchó el tintinear de unas esposas. La boca le sabía a trapo, pero al menos puedo abrir los ojos. Estando tan cerca del suelo, las cosas como tomas de agua y automóviles, lucen inmensas.

<< Diablos. >>

Andrew la llevaba como un fardo, tomada de las axilas a un garaje sucio y mal cuidado, iluminado únicamente por una bombilla amarillenta en el indefinido fondo. Ahí adentro, estaba estacionado un auto distinto al de la familia Bates. En una inoportuna epifanía, Ranchi dedujo el ardid de Andrew: la violaría, asesinaría y dejaría su cuerpo desgarrado en el auto de algún enemigo político del señor Bates, quien fácilmente adjudicaría el crimen a Emancipación, y a Timlar, lo cual no seria increíble, ya que ellos habían predicado en incontables ocasiones hacer exactamente lo mismo. Así, la señora Bates por fin se libraría de su estorbo, el señor Bates eliminaría a otro más de sus impotentes contrincantes, y Andrew tendría una noche de diversión y una muesca más en su cinturón. Ranchi se maravilló con lo lógico y práctico de la situación. Andrew la cargó sin esfuerzo, y no tuvo problemas en meterla al asiento trasero. Dejó la portezuela abierta y corrió a cerrar una cortina metálica del garaje. Había un penetrable olor a gasolina revolviéndole el estómago y la mente.

– Calladita, pequeña perra. – Andrew estaba casi sobre Ranchi, acercando su boca a la de ella – La señora se alegrará cuando le cuente todo lo que te hice…

El tener a ese bastardo encima de su frágil cuerpo, la distraía de sus capacidades sobrenaturales, haciéndola creerse indefensa y desprotegida. El aliento ardiente del hombre escocía sus mejillas. Mientras tanto, las voces aullaban, bufaban clamando por sangre, por venganza.

<< ¡Nos perteneces! >>

La lasciva lengua de Andrew se acercaba al cuello de Ranchi, quien asqueada trataba de evitar al horrible contacto. Entonces, las voces cesaron inexplicablemente. El microscópico silencio de su cabeza fue roto por el dulce murmullo de un niño.

<< Siempre pura. Jamás tocada. >>

Un rayo apocalíptico, portador de fuerza destructora completamente imparable desborda de los cielos, atraviesa las nubes, y el edificio entero, cayendo con todo su poder sobre la cabeza del maldito, justo antes de tocar a Ranchi, pulverizándolo instantáneamente.

<< ¡Invoca tu escudo! >>

Ranchi finalmente logra enfocarse para ordenar mentalmente a la gema liberar la esfera azul alrededor suyo. Aún estaba esposada y amordazada, veía con claridad el fuego azul nacido del rayo bañar velozmente los restos retorcidos del auto. Aun en ese estado de confusión, estaba segura de recordar que fuego y gasolina, no eran una sana combinación.

<< ¡Concéntrate! ¡Concéntrate! >>

Tuvo la oportunidad de ver el centro mismo de una tremenda explosión. Incrédula, se percibió envuelta en una vorágine de destrucción, protegida por algo tan delgado como una burbuja de jabón. Los trozos de auto sobre los cuales aún estaba recostada se sacudieron y temblaron, el techo carbonizado voló entre las llamas, junto con varias partes de la carrocería, permaneciendo solamente el asiento renegrido bajo la espalda de Ranchi. La cortina metálica explotó de adentro hacia afuera, escupiendo fuego azul y humo negro. Cuando el calor descendió un poco, y las llamas se agotaron, abandonando restos cenicientos e irreconocibles de un infame garaje olvidado, los muros crujieron peligrosamente y Ranchi sabía que no podía hacer otra cosa que continuar esforzándose con vehemencia, pues lo único que la mantenía a salvo era su escudo paranormal, y no tenía tiempo para intentar liberarse.

<< Un poco más. >>

El piso entero se le desmoronó encima, pedazos gigantescos de concreto rompiéndose sobre su caparazón cristalino, y pronto la construcción completa cayó estrepitosamente como un castillo de naipes. Ranchi permanecía en su posición, atada, encerrada y sepultada en el interior de su burbuja, lo único que impedía a toneladas de escombro aplastarla como un insecto.

<< Tranquila. Piensa. >>

<< Libérate. >>

<< ¡Soy una tarada! ¡Mi fuerza aumentada! >>

Tardo más en recordarlo que en hacerlo. Las esposas y cuerdas se desgarraron igual que tiras de papel.

– Estoy olvidando algo…Cielos… ¡un portal!

El espacio de vacío se abrió bajo ella, tomándola entera, soltándola en el sitio más nítido y cercano que había en su memoria, una vieja cabina telefónica frente a la entrada de garaje. Pero en su lugar estaba una montaña de escombros humeantes, haciendo que la caída de Ranchi no fuese nada cómoda.

-¡Augg! ¡Maldición!- una varilla le arañó la espalda y su cabeza rebotó como un balón sobre unos tabiques. Para colmo, las voces regresaron.

<< Siempre pura. Jamás tocada. >>

<< Nos perteneces. >>

Mareada, confundida y con piernas de gelatina, inició su andar hacia la calle en busca de auxilio. Los ojos se le hacían pesados, sin embargo, pudo distinguir una motocicleta negra avanzando en dirección a ella. Ranchi alzo torpemente un brazo, mientras se detenía y el hombre que la conducía bajaba ágilmente, sus pasos tambaleantes se hacían cada vez más lentos.

-No aguanto más…

El hombre de negro fue rápidamente a su encuentro. Ranchi se ha detenido, permanece de pie, cubierta de polvo, a punto de desmayarse. Busca sus ojos tras las gafas oscuras, suplicando.

– Ayúdame

Finalmente, se desploma sin energías, su cuerpo y su mente están exhaustos, pues han hecho demasiado para su inexperiencia. Los brazos de él impiden que toque el suelo.

continuará…

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