Doncella de Venganza (parte XII)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

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(continúa…)

La mano se detuvo a milímetros de la tráquea. Permaneció allí, tan solo por unos segundos, solo lo suficiente para hacerles notar de la que se habían salvado.

<<Títeres carentes de ama, de esta sociedad patética. Engendrados y moldeados en la fábrica del infierno, carne de molino. Inocentes, aún. >>

– No valen la pena. Al demonio con ustedes.

Dio la media vuelta y dejó la azotea. No se preocupó por la bizarra e inexplicable imagen dejada tras de sí. Unas voces le comentaban suavemente que estaban convencidas de que ese, seria el último día de escuela por el resto de su vida.

– Al demonio con todo. Con todos ustedes.

Tarde

Una hora antes de cenar, Ranchi entra al dormitorio de Derek lo más discretamente posible. El niño se encuentra frente a su cama, rotulando unos discos compactos.

– ¡Llegaste!

– Por supuesto, ni muerta te abandonaría con este problema. ¿Conseguiste lo que te pedí? No te has metido todavía en un problema del cual yo no pueda sacarte ¿o sí?

Derek sonríe gustoso, abraza a su hermana y le entrega la laptop.

– Planos. Esquemas, mapas, directorios de integrantes, agendas, programaciones de ataques, listas de armas, toda su información.

– ¿En qué forma…? Espera, no me digas. Eres un genio ¿podremos darle un vistazo?

Encendieron la computadora. Revisaron la abrumadora cantidad de archivos almacenados, algunas copias de respaldo del dispositivo que el mismo diseño.

– Por todos los cielos…

– Si tuviéramos más tiempo…

– Pero no lo tenemos. – Ranchi apagó bruscamente el sistema y tironeó el enchufe de la pared. – Si dices que se llevo los originales, imagino que te habrás arriesgado demasiado para obtener esto, y esos buitres sospecharán tarde o temprano. Tenemos que deshacernos lo más rápido de la evidencia. ¿Y las revistas?

Derek sacó de debajo de la cama un paquete envuelto en papel oscuro.

-Diecisiete números. Este…- el pequeño buscó valor y palabras correctas- ¿Es absoluta e imprescindiblemente necesario deshacerme de ellas también? Puedo esconderlas perfectamente, te aseguro que nadie se percatara de su existencia.

Ranchi suspiró. Las revistas eran la única válvula de escape a su hermanito, lo único remotamente divertido que tenía.

– Derek… lo se, pero si algo muy malo pasa y descubriesen…

El niño le entregó a su hermana el paquete, resignado.

– Papá me enjuiciaría y encarcelaría. De nada valdría ser su hijo y tener solo ocho años.

Ella distrajo a su hermano se ese sentimiento desamparador y llamó su atención a un estuche de más de cincuenta discos abierto sobre la colcha de la cama.

– ¿Y eso? – señaló la pila sin rotular aún afuera del estuche.

– Ah, eso. Más datos, la mayoría son diagramas de bombas nucleares e instrucciones de armado. Éstos – tomo seis de color negro, catalogados con etiquetas – contienen secuencias de treinta y dos números, agrupados en series de tres, aunados a otro código de diez dígitos. Estaban guardados con éste – y le mostró a Ranchi el séptimo disco, señalado por un signo de interrogación – Dean enloquecería si supiera que los tomé. No me permitía ni verlos. Aun que en realidad no tengo idea de su contenido.

– Despreocúpate. Quizás… – y calló súbitamente para no revelar sus íntimos pensamientos – escondámoslo todo ¿tienes una mochila grande?

Bombas nucleares sembradas en toda la superficie del planeta, dispositivos con armas biológicas ocultos en las ciudades, batallones de mercenarios traídos por Max Timlar desde el espacio ¿Con que  motivo?  Solo él lo sabría a ciencia cierta. Después de intercambiar unas palabras con el espejo del ropero, donde guardó la mochila con el material prohibido, un anuncio saca a Ranchi de tales lúgubres meditaciones. Es la hora de cenar, mamá y papá están en la Mansión Bates.

Una tortura lenta y despiadada es cenar con los señores Bates. No muestran compasión o misericordia por la víctima inocente con la cual comparten la mesa. Apenas inicie el entremés,  los Bates lanzan el ataque, cruel, sin tregua, a los puntos débiles. Para el primer plato las defensas habrán caído a la par de la moral, y para el postre, el comensal seguramente suplicará a gritos terminar la comida con una muerte rápida. Cuando se trata de la familia, es decir, los niños Bates, porque no hay más allá de los niños Bates, los señores practican sus técnicas más insidiosas. Con alguien tienen que entrenar.

– La cena está servida, Srita. Bates.

<< Oh, vaya. Tengo un mal presentimiento cerca de esto. >>

<< Olvida la angustia. Estamos contigo. >>

Ranchi entra a pasos rápidos al comedor. Un murmullo apenas sale de sus labios.

– Un muy mal presentimiento.

El Sr. Wilhem Bates está en la cabecera, a su derecha, la Sra. Mildred Bates. Ranchi siente una manita aferrada a la suya. Derek recién acababa de llegar. Richard esta en la puerta, más serio de lo habitual.

– Por favor tomen asiento.

Aunque su “por favor” sonaba a un “apúrense, no me hagan perder el tiempo” los niños notaron como el mayordomo contenía la mayor parte de sus muestras de desprecio y despotismo. Los señores Bates estaban presentes, no podía correr riesgos. Ranchi y Derek ocupan el extremo opuesto de la mesa, testigos apartados de la conversación animada entre los esposos Bates.

– ¿El viceministro es soltero? – preguntaba la señora Bates, hurgando en vidas ajenas, como era su naturaleza.

– No – respondió el Sr. Bates, tratando de que su esposa olvidara el asunto – su mujer es joven. Y atractiva – añadió, sin poder ocultar lo preciso que era en esos menesteres.

– ¿Tiene hijos? – insistió la Sra. Bates

– Uno. – respondió él, casi con dolor – Cumplirá tres años en cuatro meses.

-¡Dios! – puso el suficiente énfasis en la oración para verse ridícula – Justo en este momento de la carrera de su marido. La compadezco, nada como el peso de un hijo para valorar la soltería.

<< La gente tiene hijos señora. Quizás a usted le hubiese convenido que la castraran. >>

<< ¡Ay, no! >> pensó Ranchi, clavando los ojos en el plato vacío <<Ustedes van a empezar y ni siquiera han servido la sopa. >>

– Seamus  es la persona mas crédula de Nueva Londres – prosiguió el Sr. Bates – desgraciadamente, existen enormidades de borregos tontos capaces de fascinarse con su optimismo estúpido. Intenté de sacarlo del escenario por años. Tratado de Tallgeese – soltó un resoplido despectivo – ¡Bah! Los reto a invadirnos. La Tierra vendrá de inmediato a reclamar lo que es suyo.

<< La Tierra está muerta. Todos están muertos. Polvo, olvido y nada más. >>

<<  ¿Lo quisiste matar también, zorro carroñero?>>

<< ¿Podrían callarse? >> intervino Ranchi a las voces mientras se metía a la boca la cuchara << Mi padre… >>

Vio el guante con la gema azul en el límite de su visión. Recordó el cuchillo y la sangre cerca. Ambas eran reales. Ambas ocurrieron. El gutural susurro de un hombre le dijo:

<< Lo ha hecho. Conmigo. >>

<< Varias veces. >>

<< Asesino. >>

Ranchi vio a su padre discretamente. Le atemorizaba, no lo dicho por los espíritus, sino que ella misma lo sabía ahora. Trataba de mantenerse enfocada, apartando la imagen de su propio padre dándoles ordenes a matones sin rostro. Escuchaba constantemente atrocidades de completos extraños, pero escucharlas de su progenitor era perturbador. Inútilmente, trataba de calmarse. Derek tampoco se veía contento. Callado, ausente, con su genial mente trabajando en laboratorios imaginarios, como si no quisiera estar allí. Porque en realidad no desea estarlo.

– Una salida más del carril y lo encerraré. Un magnífico ejemplo para revolucionarios rebeldes. Solo aguardo algo salido de su lengua mínimamente relacionado a Emancipación y – dio un fuerte puñetazo sobre la mesa, sacudiendo vasos, platos y cubiertos – ¡Bam! Lo mismo va para ese tal Timlar. Cuando consigan atraparlo será condenado a muerte sin demora. Pagará así el daño ocasionado a nuestro amado planeta.

<< La vanidad es tu perdición. Deseas dominar, controlar, sojuzgar. Cualquiera que te desobedezca es un criminal. >>

<< Tu padre es un tirano, Doncella. >>

Sirven el segundo plato. Ranchi y Derek ni siquiera respiran fuerte. Sin embargo, los niños Bates pasaban desapercibidos fácilmente. La voz de su madre, potente y aguda, acaparaba fácilmente la atención.

-…creo que estudiaba una de sus hermanas en el mismo colegio que Ranchi. Vivaracha y activa, ganaba en un parpadeo los corazones de los chicos. Al contrario de nuestro adefesio, desgraciadamente. La miro en ocasiones e ignoro a quien se parece, yo a su edad estaba llena de energía, amigos, ambiciones, diversión. Richard dice que está todo el día encerrada en su habitación, sin llamadas telefónicas por parte de nadie. ¿Diecisiete años sin vida social? Patético.

<< ¡Suficiente! >> replicaba Ranchi silenciosa  << ¡Basta! >>

<< Tienes alma y corazón. Un espíritu hambriento. Ella es solo carne y como tal, se desintegrará. >>

<< Muñeca inflable. >>

– Deberías sacarla de compras mas a menudo – dijo el Sr. Bates después de un sorbo de vino – la ropa que usa es horrenda. La edad que tiene y continúa sin usar maquillaje o tacones altos, debería darle vergüenza. Ni siquiera es capaz de peinarse decentemente. ¿Pretendes todavía mostrar “mi lado familiar” ante los medios, con ella luciendo así?

– Solo comenté que hubiera sido lindo llevarnos a ese banquete. Bien conoces mi estrecha agenda, pero este sábado la arreglaré correctamente, aun cuando haga el berrinche de su vida.

– Payton quiere presentarnos a sus hijas, de veintiún y veinticinco años, y lucen como todas las damas. Ranchi no volverá a avergonzarme.

La mano de Ranchi temblaba de rabia bajo la mesa

<< ¿Piensas seducirlas, maldito? >>

<< Ignora sus palabras o te envenenará >>

<< Tomar, tomar, tomar, dejarlos en los huesos, robar las esperanzas, la alegría. >>

<< Asqueroso hipócrita. >>

<< Es mi padre, es mi padre…>>

<< Pregúntale a sus secretarías. Lo que las ha vuelto. Las bestialidades cometidas con ellas. >>

<< ¡Es mi padre! >>

<<No. Nunca deseó serlo. Nunca lo ha sido>>

Los Bates hacían eso regularmente, hablar de ella como sí no estuviese allí criticándola y juzgándola, sin miramientos. Sentadas a lo lejos, ocupados en su charla, hablando de las inversiones y accesorios que son sus hijos, sin tomarles atención o preguntarles nada. Caretas parlantes.

– Mildred, espero tener ya listos los preparativos para la recepción. Debe ser perfecta.

– Por supuesto, Wilhem. Menú y música enteramente terráqueos, incluyendo las flores de los arreglos. Jeremiah organizará al resto de la servidumbre y Richard se asegurará de que Ranchi luzca presentable. Con Derek, no se que hacer.

– Sir Gideon quiere conocerlo. Asistirá.

– Niños, mal necesario.

-Son requisito para formar una familia. Formalidades. La campaña para gobernador iba mal, y tú proyectabas una imagen muy dulce estando embarazada. Gané puntos con eso. De haber sido varón, hubiese sido perfecto. Lástima que fue niña.

<< No te quisieron. Nunca te necesitaron. Una compra inútil. >>

– Derek en cambio, atrae la atención magníficamente. Preguntan diariamente por él. El juez Thomas tiene la intención de retarlo al ajedrez, y no solo él, docenas de personas.

– Tuvimos que tenerlos a ambos. Pero no volvería a embarazarme. Detesto estar en cinta. Es odioso.

– En cambio – el Sr. Bates ignoró a su esposa – sería capaz de llevar a Ranchi a mis reuniones, si fuera más guapa y extrovertida.

<< Un juguete defectuoso. Estorbo. Lastre. >>

<< Usted considera la lujuria muestra de vida y energía, cuando no es más que el fondo hambriento de su propia degradación. >>

Tenía ansias de explotar, llorar amargamente hasta disolverse en lágrimas, levantarse de la mesa, saltar encima y desahogar su frustración en vociferaciones y violencia. Unas voces la incitaban a hacerlo, pero Ranchi estaba convencida de la inutilidad de mantener la mentira bajo la cual se cobijaba su vida y su cordura. Ahí no hay amor, nunca lo habría. Traídos ella y su hermano para llenar los huecos de las sillas, para que los reporteros pudiesen decir que los Bates eran una familia, aun cuando no quisiesen serlo. Los niños eran un estorbo y así se les hacía sentir durante cada uno de los momentos de su corta vida. Ni siquiera eran considerados dignos de recibir insultos o maltratos. La indiferencia dolía, y de nada servirían los gritos angustiantes de la trastornada Ranchi. Los Sres. Bates no la escucharían, pues para ellos no existía. Sus únicos compañeros, eran las voces.

<< Olvídalos. El fuego los devorará. >>

<< Todos van a morir. >>

<< Tu eres la Doncella de la Venganza. >>

El Sr. Bates levantó la mano derecha y chasqueó prepotentemente los dedos. El mayordomo Richard acudió solicitud a su lado.

– ¿Desea algo?

– ¿Cómo está la agenda de Derek para mañana en la mañana? – dijo al sorber el café – El rector de la Universidad hablará con él acerca de sus materias.

El niño está a la perspectiva. Sus vivos ojos negros se prenden en la distante figura de su padre, quien, al parecer, lo ignora.

– Sesión de estudio con el doctor Finnegan, física cuántica aplicada.

– ¿Y su desempeño es…?

– Excelente. El joven señor adelanta a su maestro.

– Suspéndela. Concreta una cita con el rector.

– Entendido, Sr. Bates.

Bajo su semblante inexpresivo, Ranchi ocultaba fastidio, viendo a sus padres con tristeza y decepción.

<< ¿Por qué no le preguntas a Derek? ¡Está frente a ti! ¡Al menos dirígele la mirada! ¡Por Dios! ¡Solo tiene ocho años! >>

<< Traicionero, adúltero, carente de escrúpulos, abusador de poder, dispone de vidas y muertes a su egoísta voluntad. >>

<< Soy incapaz de seguir soportándolo. >>

Semejante a una televisión prendida o a un radio al máximo volumen, los Bates hablan de su fea e inaceptable hija, destrozándola con palabras y gestos. Ranchi Bates es un requisito social, y no más.

– Tiene tiempo que no probaba esta tarta – decía la Sra. Bates al cortar un minúsculo trozo – Exquisito, sencillamente exquisito

– Entonces, ¿harás los arreglos? – pregunta su esposo.

– Lo intentaré. Con Ranchi no puedo asegurarte nada. Es engorroso tener todavía a su edad que preocuparnos por ella.

– Pierdo fácilmente la paciencia. Pienso que por ese motivo no se me da la paternidad.

– Cuando alcancen la mayoría de edad, recuperaremos la libertad. Esperaremos unos pocos años más.

<< Con gusto se desharían de ti. >>

<< Ignóralos. >>

<< Ellos ya están muertos. >>

<< Su verdadera naturaleza esta ante tus ojos. >>

Ranchi alza la cabeza y la dirige a sus padres. Dos manchas de tinta, borrones negros sin forma o sustancia. Como torres de humo sumamente denso y pesado. Ocupan sus asientos y de ellos emergen voces, temblando imperceptiblemente al viento.

<<.El color de sus almas. >>

Ranchi y Derek permanecieron en sus asientos, mientras les retiran los postres a medio comer. Los niños Bates son un estorbo y así se les hace sentir.

(continuará…)

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