Doncella de Venganza (parte XI)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

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(continúa…)

De vuelta a su cama abrazando la almohada, y el corazón a punto de salirse del pecho, Ranchi luchaba por ignorar las voces furiosas.

<< ¡Estúpida cobarde! ¡Te dije que lo mataras! >>

– Para ti es fácil decirlo. Estas muerta. Aun no.

<< ¡Diablos! ¡Te lo dije! ¿Qué estas esperando?

– Aun ni estoy lista. Todavía no. –

Abandonándose al sueño, murmuró dulcemente antes de dormirse profundamente.

– Desearía que mi caballero negro estuviese aquí, conmigo.

 

 

Quinto día.

“Viernes 22 de noviembre, año 226 después del Éxodo y Colonización”

Querido Diario:

La situación pasa de pésima a catastrófica. El mundo esta bullendo de problemas, sin paz por ninguna parte, acabándose los lugares seguros. Puedo ver como se mutilan entre sí, queman sus restos, profanan sus memorias. Degenerados, descompuestos, echados a perder. Puedo verlos, alrededor mío. Solo saben pedir una cosa: venganza. Solo desean venganza.”

 

Mañana.

 

Al despertar por el sonido de su radio, Ranchi siente el cuerpo hecho de jalea. No quiso levantarse hasta después de rodar varias veces bajo las sábanas, saboreando esa rica sensación.

<< De todas formas me cambio rápido y me teletransporto a la puerta. Esta mañana no tengo ganas de desayunar. >>

Hoy en el noticiero daba noticias importantes:

“… y persistió a pesar del notable descontento de la audiencia ante tales subversivas piezas su discurso, por parte del Viceministro Robinson quien finalmente aceptó salir de la sala, ante los innegables abucheos y muestras de disconformidad de la Cámara Popular. Una seria llamada de atención emitida por nuestro Primer Ministro, Wilhem Bates logró impedir que el Viceministro continuara difundiendo su mensaje durante la III Asamblea Gubernamental, celebrada ayer en Blackpool II, a la cual asistieron…”

Ranchi por fin se arrastró de la cama al cuarto de baño, y se daba una ducha para conseguir despertarse de una vez por todas. Cuando el radio fue audible de nuevo, relataban otra nota sangrienta del famoso movimiento anarquista Emancipación.

“…con un saldo de cincuenta y dos muertos, más una cantidad considerable de heridos, terminó el secuestro de la alcaldía perteneciente a Rotherham Épsilon, con el suicidio colectivo de los quince terroristas que mantuvieran en jaque por más de seis horas a las fuerzas policiales y militares presentes en el lugar de los hechos. Algunos sobrevivientes al sitio comentan:

– Fue espantoso – decía la voz de una mujer madura – disparaban sin compasión ante cualquier pretexto. Nos trataban como ganado para sacrificio.  – Solo Dios sabe lo que querían. – otro testigo, una voz masculina demasiado ronca – Entraron a cada departamento u oficina, los tomaron a todos y apilaron en el vestíbulo. Vi como esos desquiciados ejecutaban un rehén cada tres minutos, sin decirnos nada, solamente mataban.

Las pesquisas por parte del Ministerio de Justicia apuntan…”

La chica no prestó atención a esa parte del noticiero ya que estaba tratando de hacer que su lacio y largo cabello se mantuviera peinado. Cuando la gran cola de caballo quedo en su sitio, y justo antes de despedirse del espejo, escuchó la última noticia.

“-…aprovechará la oportunidad para dar una conferencia de prensa donde revelaron datos importantes de nuestra situación actual, además de los planes a seguir en política global, comentó el Primer Ministro Wilhem Bates.

– Ofreceré una recepción diplomática este domingo 24 de noviembre en la Mansión Bates, para intercambiar puntos de vista entre miembros del Parlamento, Cámara Popular, gobernadores y empresarios más participativos en lo que a economía panetería se refiere. Por supuesto, la prensa estará invitada.”

Ranchi apaga el despertador al dar un suspiro de resignación.

– Diablos, lo había olvidado. Odio las fiestas de mamá.

Después del incidente de ayer, el ambiente en el Colegio de Nuestra Señora de la Piedad era tan tenso que ni siquiera se podía respirar con confianza. El director cayó en un colapso nervioso, dimitió de su puesto, quedando el subdirector Jameson a cargo del plantel. Y no tan solo los maestros eran presos de la paranoia, también los alumnos. Miradas hirientes, empujones agresivos y acusaciones ridículas impedían enfocarse en las clases de los nerviosos profesores, quienes tenían la absurda consigna de actuar con total normalidad. A mitad de la mañana el presidente del consejo estudiantil tuvo una genial idea de solicitar al subdirector y prefectos otra revisión minuciosa de mochilas en busca de material peligroso. Cuando tocó el turno de Ranchi de ser examinada nuevamente, la voz invisible de una muchacha le dijo un comentario sarcástico tan atinado que empezó a reírse descontroladamente en el momento en que vaciaban su bolsa al escritorio. Ella ocultó su rostro entre las manos y escapó corriendo precipitadamente a la azotea del ala norte, único lugar solitario disponible. Ahí, liberó su boca y dejó escapar las carcajadas histéricas escalofriantes jamás escuchadas, cayendo al piso y retorciéndose a causa de los rictus de risa.

<< Basta, suficiente. Dije que ya fue suficiente. >>

Sin embargo, no se detenía. Pulmones y laringe continuaban emitiendo carcajadas siniestras, mientras su mandíbula comenzaba a desencajarse.

<< ¡Dejen de hacer eso! ¡Deténganse! >>

La respiración se alentaba y la risa se desvanecía en jadeos, la sonrisa final remanente en su boca dolorida pronto desapareció.

– Me duele el estómago… tú tienes la culpa ¿Qué te has creído? Menuda broma. Por favor, permanezcan callados un buen rato, tengo que planear lo de mañana y… ¿con quién diablos estoy hablando?

Las alturas hacen ver distintas las situaciones. Como si uno pudiese salir del mundo y obsérvalo bajo una lente de aumento, lejos de sus minúsculos problemas. Sin embargo, la claridad del día no ahuyenta la pesadumbre bajo la cual Ranchi está enterrada.

<< Tengo que lograr escaparme. Debo ayudar a Derek a toda costa, aun sí eso incluye detener a ese psicópata. >>

De pie justo en el borde de la azotea, con las  puntas de los zapatos apoyándose en el aire, observa el bullicio citadino alrededor del aislado colegio. Respiró profundo y dirigió su mirada a la lejanía. Nueva Londres se veía más deprimente de lo acostumbrado.

<< Encontrarlo y entregarle las pruebas, y pedirle que… es un total desconocido, ¿podré confiar en él? Dios, es ridículo ¿de qué forma? ¿Cómo lo encontraré? Ni siquiera se su nombre, o profesión, o sus intereses… ¿Y si no logro verlo? ¿Si no consigo convencerlo? ¿O lo que es peor, si él no es capaz de hacerlo? ¿De dónde obtuve la idea de que él podría ayudarme? Sin embargo, el lío gigantesco en que Derek está metido sobrepasa mis capacidades. Los espíritus dicen…>>

Por curiosidad y gusto, examina nuevamente a la luz solar esa joya que le dio por llamar Gema del Pacto. Brilla como un trozo de cielo cristalino, dotado de perfecta forma y color, siendo esta imagen la que trae gozo a su ánimo.

<<Los espíritus. Las voces… ¿Quién asegura que las voces…? Por ellas descubrí que él me seguía, y por ella obtuve esta joya. Existe, en mi mano, es real. La única prueba en mi poder de que no estoy enloqueciendo por completo. >>

El viento fresco agita su cabello junto con su falda. Ranchi siente latir sus tímpanos al ritmo de su corazón. Una gran emoción la embarga, enroscándose dentro de su pecho.

<< ¿Por qué no simplemente creer? Los espíritus son más reales para mí que el resto del planeta. Es falso que mis padres se aman, que Nueva Standford es genial. Quizás si les abriese las puertas a la verdad, si aceptara la podredumbre de mi mundo, la mediocre autocomplacencia de mi familia, tendría una felicidad fuerte, duradera, resistente a los embates de los demás. Hay que aceptarlo, estoy enloqueciendo y mi vida es un asco, pero puedo sobrevivir a ello. >>

Las dudas se han esfumado. Y no por que fueran resueltas. Carecían de importancia, sentido. Ranchi cierra los ojos y relaja los brazos, permitiendo a los sonidos mundanos y estridentes de la ciudad atravesarla y mezclarse con las caóticas voces de su cabeza.

<< Confío en él porque deseo hacerlo, de la misma manera en que confío en los espíritus. Refugiarme en mi locura, a vivir desamparada y cuerda. Estar convencida ciegamente en ser la Doncella de…>>

Su momento de privacidad es interrumpido por un pequeño alboroto juguetón subiendo escandalosamente las escaleras. Pronto, salieron al encuentro de Ranchi un grupito de tres jovencitas acompañadas de un muchacho. Fueron a ella, quien continuaba dándoles la espalda, en el borde, observando los rascacielos en el centro de Nueva Londres Tercera. Ellos le gritaron, pero ella los ignoraba por completo. Incrédulos ante su falta de reacción.

– ¡Hey! ¡Llamando a la antisocial…!- Una de las chicas, le dio a Ranchi un empujón en el hombro demasiado fuerte. Ya que ella continuaba en una posición excéntrica, donde el equilibrio era vital, el golpe inesperado la hizo perder el balance y proyectarse fuera de la azotea. Antes de percatarse de su situación, estaba cayendo sin detenerse desde una altura de tres pisos. Pero los gritos oídos no eran suyos.

– ¡MALDICIÓN!

– ¿QUÉ HICISTE?

– No era mi intención… no… no quería… carajo…- balbuceaba la muchacha blanca de terror.

– ¡La hija del Primer Ministro! ¡Estás en problemas! ¡Vámonos!

Los cuatro jóvenes volvieron a padecer el susto de sus vidas, en el instante de comenzar a huir precipitadamente. Ranchi estaba un paso detrás de ellos, con un semblante oscuro. Lucía ciertamente diferente, más dura, intimidante. Sus ojos eran lanzas, y ningún rasgo de temor quedaba en su rostro. No podían lidiar con eso.

– Te vimos caer. – dijo una de ellas, escondiéndose tras el muchacho.

En el trayecto del descenso, no le fue nada difícil abrir un portal y regresar a la azotea. O bien, ir a cualquier sitio que le viniese la gana. Pero quería decir unas palabras, y mirarlos orinarse del miedo.

– ¿Qué tiene de divertido fastidiarme? ¿Les causa gracia? ¿Han pensando en matarse ustedes solas, taradas?

Los jóvenes carecían de respuesta. Ver cómo caía rápidamente a la tierra y luego tenerla justo a sus espaldas era lo suficientemente aterrador para mantenerlos asustados y con la boca cerrada. En especial porque Ranchi lucía tenebrosa, terrible, acercando lentamente su mano al cuello de Demian, el muchacho del grupo, detrás del cual las tres chicas temblaban tanto o más que el, quien no hacía por detenerla.

<< Sus sesos asquerosos desparramados por el pavimento, ahorcado en sus tripas, hacerlo comerse sus propios ojos, quitarles la piel a ellas para usarla de alfombra…>>

– ¿Ranchi? – tartamudeó Demian – ¿Ranchi? Fue un accidente, Jessica no quería para nada… ¿Ranchi? ¿Puedes…escucharme…?

La mano se detuvo a milímetros de la tráquea. Permaneció allí, tan solo por unos segundos, solo lo suficiente para hacerles notar de la que se habían salvado.

<<Títeres carentes de alma, de esta sociedad patética. Engendrados y moldeados en la fábrica del infierno, carne de molino. Inocentes, aún. >>

– No valen la pena. Al demonio con ustedes.

Dio la media vuelta y dejó la azotea. No se preocupó por la bizarra e inexplicable imagen dejada tras de sí. Unas voces le comentaban suavemente que estaban convencidas de que ese, seria el último día de escuela por el resto de su vida.

– Al demonio con todo. Con todos ustedes.

(continuará…)

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