Doncella de Venganza (parte X)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

 Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

continúa…

De entre los recuerdos de la semana emerge una imagen. Él.

– Arreglaré esto – una idea espontánea, brillante la arremetió inesperadamente y casi sonriendo, limpia las lágrimas del atribulado rostro infantil – pero quiero que dejes de creer que tienes la culpa, porque no es así ¿de acuerdo? Escúchame bien ¿Tienes copias, respaldos, de lo que armaste, lo que descubriste?

– Si…si, las tengo.

– Excelente. Necesito absolutamente toda la información de los planes concernientes de ese tal Dean. Planos, fotos, archivos, suposiciones, bocetos, no importa, almacenada en discos o memorias digitales. También necesitaré tu computadora y las revistas.

– ¿Vas a destruirlas?

– Voy a llevarlas a alguien que si podría averiguar el fondo de esto, incluso como detenerlos.

– ¿En serio? ¿De quién se trata?

Ranchi titubeó.

– Er… te contaré con más calma en otra ocasión. ¿Cuándo podrás dármela? -Agregó rápidamente para evitar el enigmático tema.

– Mañana, si me apresuro.

– Viernes, el sábado…bien. Veremos ese día.

Derek se aloja en el seno de Ranchi y libera un dulce respiro.

– Que lindo es tener una hermana mayor…

 

Noche

Eran alrededor de las dos de la mañana y Ranchi aún estaba sentada en una de las seis cocinas de la Mansión, apoyando la cabeza sobre sus brazos recogidos, encima de la fría barra de servicio, observando fijamente la lata abierta de soda de sabor fresa abierta frente a sus narices. En esta noche, voces y pensamientos no le permiten dormir. Tomó el último trago de refresco, bostezó como oso y volvió a acomodarse sobre la barra. Estaba helando, y ella solo traía puesta el pijama de franela.

– Daría lo que fuera por estar en mi cama.

Al añorar la tibieza de las sábanas y la suavidad de las almohadas, recordó la horrible sensación que la hizo tirarse de ahí, el percibir claramente incontables brazos aferrándola con fuerza, enterrándole sus uñas ardientes, jalándola salvajemente, como si desearán desgarrarla a pedazos mientras la dejaban sin aliento.

<< Rayos. Ahora sí que estoy agotada. >>

Vino a su memoria otra espantosa visión ocurrida en el baño, en donde la tina estaba rebosante de órganos humanos arrancados, corazones, pulmones, hígados, cerebros y demás vísceras, flotando como peces muertos en agua turbia, al tiempo que su lavamanos chorreaba una sustancia verdosa sanguinolenta, con un olor nauseabundo.

– Es el colmo.

Lo peor, por sí lo anterior era poco, era escuchar demasiadas voces al unísono, una gritería infernal que logró confundir sus sentidos hasta marearla y hacerla vomitar. A Ranchi le fastidiaba la idea de que precisamente a esas horas la Mansión Bates era el sitio más silencioso del planeta, siendo ella la única persona incapaz de disfrutarlo. Extrañaba el silencio.

<< Quiero dormir. >>

Cuando abría un cajón de su cómoda, la puerta del ropero, o un compartimiento de su tocador, la perseguía una insistente alucinación morbosa, incontables extremidades cercenadas como dedos, orejas y manos, cayendo sobre de ella o saltando hacía su cara, era capaz de sentirlos todavía tibios y latientes, húmedos e intentando moverse por su cuenta. En vista de que no podría permanecer tranquila en su habitación, decidió buscar aire fresco fuera de allí, abriendo un portal a la cocina que más conocía, y bebió algo para refrescar su boca.

– Siento como si me hubiesen devuelto la cabeza después de jugar rugby con ella.

Dejando aparte el silencio, extrañaba la oscuridad. El poder descansar los ojos en el negro vacío, carente de formas, movimientos o sonidos. Poder relajarse en la noche absorbente, con la seguridad de no esperar monstruos acechantes o terrores agazapados. Dejar de encontrar personas en lo oculto en las esquinas, o en las sombras inclinadas de los umbrales.

– Déjame decirte que no tengo miedo. Dejé de sentir miedo desde el principio. Es solo que ya me estoy hartando. Me gustaría que todo se esfumara para regresar a ser sorda, ciega y muda. Y dormida. ¿Tú también tienes sueño?

Buscó su reflejo en la plateada puerta del refrigerador, pero al parecer tenía otros planes acerca de cómo pasar la noche.

– Sería genial descubrir a donde se larga…

Parecía que por fin se dormiría. Sus párpados eran pesados y sus ideas más lentas, mientras un ligero entumecimiento trepaba por sus pantorrillas. Fundía recuerdos, impresiones, con fantasías, y podía verse volando lejos de allí, rodeada de relámpagos cayendo en sus manos, incendiarse cual una antorcha, el mar de petróleo poniéndose al rojo para llenar los cielos de fuego y humaradas tóxicas.

<< Fuerza aumentada. Teleportación. Electroquinesis. Hipersonía >>

<< Mientras no practiques, solo podrás utilizar una habilidad a la vez. >>

Ranchi parpadea varias veces, incorporándose lentamente. Notó un cambio en el estilo de las voces, quienes continúan emitiendo fases sueltas, pero más semejantes a fragmentos de lecciones, comenzando con su susurro disimulado entre esa cacofonía escalofriante, y yendo en aumento hasta ser entendibles, para fundirse de nuevo con las demás. Ella se despabiló un poco y prestó atención.

<< Aquí y allá, si lo ves, puedes estar…>>

<<… ¡Los insectos! ¡Los insectos!…>>

<<…déjanos en paz, este no es el momento para eso…>>

<<… solo puedes llevar uno. De lo contrario, te succionará el alma por los ojos…>>

<<…destruirlo todo solo con dejarlo salir…>>

<<…tú guarda silencio, la confundes…>>

<<…al principio podrás mover cien veces tu peso. Aunque con un poco de práctica…>>

<<…exageras, siempre haces lo mismo. Solo lo importante…>>

<<…cuando quieras gritar, hazlo. Entonces ellos tendrán su castigo…>>

<<…sin límites, veloz, hasta la noche y de regreso. Que tu mente te lleve y el viento te sostenga…>>

<<… ¡Los insectos!…>>

Ranchi siente un cosquilleo sobre sus brazos que avanza en dirección a la palma de sus manos. Observa y descubre miles de animalitos arrastrándose por su piel, una variedad increíble de gusanos, cochinillas, lombrices, hormigas, cucarachas, unos que ni la misma Ranchi conocía, cuanto bicho rastrero existiese, devorando su ropa, entrando y saliendo de su carne al roer sus huesos.

– Esta es una nueva – dice, al sacudir los dedos.

Deseando asegurarse de que no es real, cierra los ojos y rápidamente los abre de nuevo. Nada.

-¡Ja! ¡Lo sabía!

Escucha unos pasos acercándose. Ella sale de su somnolencia y aguza el oído. La desgarrada voz de una chica grita, opacando a sus compañeras.

<< ¡Cerdo! ¡Maldito! ¡Mátalo! ¡Mátalo! >>

Dubitativa, tarda en ponerse de pie. A la puerta aparece su chófer, vestido informalmente con sudadera y jeans, presa también de sed nocturna.

– Buenas noches, Srita. Bates – saluda amablemente al entrar.

– Buenas noches…eh… – respondió ella tímidamente. Había olvidado su nombre.

– Andrew. – parecía amable y cortés, pero Ranchi no baja la guardia. Él abre el refrigerador y toma una botella de agua -¿Me creería si le dijera que usted era la última persona que esperaría encontrar por aquí?

<< Eso no puede ser bueno. >> pensó

Andrew se acercó, apoyándose en la barra de servicio, en el lado opuesto.

– En algo tenía que parecerse a su madre – continuó con expresión amigable – La Sra. Bates es mala para recordar nombres. Afortunadamente, excusando ese insignificante detalle, usted es radicalmente diferente. Mucho más simpática, desde donde yo lo veo.

<< Definitivamente no es nada bueno. >>

El hombre no paraba de observarla, parecía que trataba de adivinar lo que traía puesto debajo de la ropa. En sus ojos había peligro, una amenaza perturbadora.

-Y, al contrario de la señora, usted prefiere la soledad. ¿Se ofendería si le pregunto porque?

Esa era la señal de Ranchi para tener que liberarse de él lo más pronto posible.

– Ah… yo…pues… creo que mejor me iré a la ca… es decir…- trastabillando de nervios, emprendió la escapatoria dando los pasos más largos de su vida a la puerta de salida. – Buenas noches, hasta mañana.

– Entonces buenas noches- respondió Andrew quien comenzó a seguirla – ¿me permitiría…?

En el momento en que Ranchi salió de la cocina, giró a la izquierda, entró presurosa a un corredor oscuro y atravesó un de sus portales directo a su habitación. Cuando él terminó la frase “¿me permitiría acompañarla a su cuarto?, ella ya había desaparecido. Contrariado, decidió dejarlo para después y esperar la siguiente oportunidad.

-Por poco…

De vuelta a su cama abrazando la almohada, y el corazón a punto de salirse del pecho, Ranchi luchaba por ignorar las voces furiosas.

<< ¡Estúpida cobarde! ¡Te dije que lo mataras! >>

– Para ti es fácil decirlo. Estas muerta. Aun no.

<< ¡Diablos! ¡Te lo dije! ¿Qué estas esperando?

– Aun no estoy lista. Todavía no. –

Abandonándose al sueño, murmuró dulcemente antes de dormirse profundamente.

– Desearía que mi caballero negro estuviese aquí, conmigo.

continuará…

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