Doncella de Venganza (parte IX)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen © 

Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

 Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

(continúa…)

Ranchi camina dentro de su fuego, sin prestarles atención a las miradas incrédulas.

-Chico listo. Pero igual morirás. Todos van a morir.

Poco a poco recupera su tímida normalidad, y para cuando su auto regresa a la Mansión, es la misma chica asustadiza de siempre y el recuerdo de la inspección finalmente la hace temblar.

Tarde

Inquieta por las insistentes y en aumento, insinuaciones de su chofer, Ranchi se excusa de la servidumbre y Richard, para encerrarse en la biblioteca, con una hora de adelanto a la cita con Derek. Con el fin de tranquilizarse, conversa con el espejo de cuerpo entero colocado cerca de la entrada.

– Me parece detestable. ¿Te percataste como nos miraba?

<< Malnacido. Incluso se relamió los labios. >>

– Podríamos decirle a Richard. ¡A quien sea!

<< No nos creerían. Se ha metido en la bolsa a todos en la Mansión incluyendo a nuestros padres. Estúpido gato zalamero. >>

– Como sea, no podemos dejarlo así. Tratará de tocarnos…

<< ¡Tocarnos! ¡Violarnos! ¡Es obvio! ¡Lo ha hecho antes y hay que detenerlo! >>

– ¿Cómo?

<< Partiéndole la maldita cabeza. Estrangularlo hasta reventarle el cuello. >>

– Soy incapaz de hacer cosas así.

<<Oh, si lo eres. En realidad, aun no te has dado cuenta>>

– No sabes los que dices- respondió groseramente al darse la media vuelta, sin embargo, su reflejo aun le respondió:

<< ¿Lo crees? ¿No será al revés? >>

Ranchi abandonó el espejo y fue a sentarse en un mullido sillón. Sacó una libreta de su mochila con una pluma para continuar la inconclusa redacción

“Yo, mi familia y mi entorno” abandonada por más de cuatro días.

-Veamos… – y comenzó a escribir.

“El planeta Nueva Standford Beta se caracteriza por la abundancia de combustible fósil, es decir, petróleo, el cual es aún utilizado por la Madre Tierra en muchos de sus territorios. Por tal motivo, continuamos con nuestro deber de extraerlo, refinarlo y procesarlo para su envío a nuestro planeta natal por naves automatizadas.”

Revisó un esquema en un libro básico de geografía de Nueva Standford Beta.

<< Básicamente son obleas de tierra flotando en mares de petróleo. El mundo entero está hecho de petróleo. Perfores donde perfores, vas a encontrarlo a borbotones. >>

Miro su mano. La gema azul seguía ahí. Antes, trató de cortar el guante con tijeras, con navajas, trato de quemarla o corroerla con ácido. Inútil. Intentó golpear la joya con objetos pesados, rayarla con clavos o mancharla con pintura. Inútil también.

–          Por si fuera poco, tengo esta piedra encima. Parece que los fantasmas me hablan a través de esta cosa, cuando no pueden meterse a mi cerebro. Y ya que no te vas a ir pronto – curiosamente, Ranchi desarrolló habilidad para monólogos y soliloquios – voy a ponerte un nombre. Gema de…

<< Gema del Pacto >>

–          De acuerdo, sea quien seas, voz salida de mi cabeza. Gema del Pacto. ¿Porque se supone que tengo un pacto con ustedes los muertos?

<< Así es >>

–          Genial. Ahora aparte de soportar a los vivos, deberé lidiar con fantasmas.

Unos pasos cortos y rápidos se acercan a su sillón. Sacada de sus enigmáticos pensamientos, consigue recuperar la compostura. Su hermanito Derek se encuentra con ella, quien nota la pesada mochila a su espalda. Ambos se abrazaban y Ranchi le da un beso en la frente.

– ¿Y bien? – dice ella dejando su confusión atrás – ¿De dónde sacas que papá va a matarte?

-De esto.

Emerge de su mochila una computadora portátil. Tecnología del año 2028 de la Madre Tierra.

– ¡Guau! Le va a dar un ataque si te ve usarla ¿Como la obtuviste? – dijo Ranchi

– Me la dio la misma persona que me dio éstas.

Vaciando la bolsa en la mesa, dejo caer varias revistas. Por ningún motivo eran ejemplares comunes, sino de la publicación más popular y económica de los sistemas exteriores.

-¡Los cien más buscados en la galaxia! – exclamó Ranchi pálida de la sorpresa – ¡DEREK! ¡Material extra terráqueo! ¡Prohibido!

“Los cien más buscados en la galaxia” era algo menos que un pasquín. La vendían en todas las estaciones de combustible espaciales, e inclusive algunas las regalaban en la compra de un six-pack de cervezas. Tenía cupones para descuentos en licor, anuncios para refacciones de reactores de antimateria en pésimas condiciones, el tablero de resultados de las ligas más populares del blitz ball, promociones en comida rápida irken, descuentos en armas y municiones… aparte de una lista actualizada de los más escurridizos criminales buscados por la Confederación de Sistemas, a través de la DCSR – Dirección de Crímenes sin Resolver. Hecha de papel de plástico, atascada de hologramas con chips de datos, cualquiera en el resto de la galaxia la tiraría a la basura después de la segunda leída. Pero para este par de chicos de Nueva Standford era material novedoso, increíble, fascinante y sumamente peligroso, lo que las hacía aun más atractivas.

– No es todo -dijo Derek

– ¿Ah no?

-No. Mira.

La computadora mostraba varios planos pertenecientes a artefactos demasiado complejos como para que ella lograra entender a primera vista de que se trataba. Podía intuirse, a la velocidad en la que desfilaban por la pantalla, su gran extensión y su número de cientos. Ranchi tragó saliva, se acomodó en su asiento,  y con la expresión más seria que tenía, dijo:

– Bien, Derek. Estoy lista para escuchar tu versión de la historia.

El pequeño se sentó a su lado, inhaló profundamente y relató:

– Son bombas nucleares, doscientas noventa y siete bombas nucleares de las que al menos  yo sé de su existencia. Conocí a un tal Dean… y – ella sujeto su mano, estrechándola – se que siempre me han dicho que no hable con extraños, pero es que me sentía tan solo…

– Prosigue, no te preocupes.

– El consiguió hacerse mi amigo, me llevaba las computadoras, videojuegos, y dulces, y estas revistas… y… bueno, un día me pidió un favor. Dijo que esa era una tesis, un protocolo… el diseño de un detonador universal, y no uno cualquiera, quería uno para implantarse en el endocardio, en los tejidos de conducción eléctrica. Capaz de activarse al cesar los latidos del corazón. – El niño se lanza a los brazos de su hermana, completamente asustado – ¡Te juro que yo no lo sabía! ¡Creía que solo era teoría! ¡Nunca pensé que en verdad fuera a construirlo! ¡Ahora tengo mucho miedo!

Ranchi lo abrazaba con cariño, colmándolo de besos y caricias.

-Eres un niño, hermanito, no lo olvides, ese malvado te manipuló, eres inocente, no tienes la culpa de nada, absolutamente de nada…

Derek sollozaba, acurrucado en el pecho de su hermana.

– Me arrebato los originales, amenazó con matarme si le contaba a la policía… creo que es un criminal intersistemas o, lo peor, un integrante de Emancipación.

– Calma, calma…

– En cuanto me enteré de lo ocurrido en Nueva Osborn, comprendí lo que había hecho, la gente con la que estaba tratando, no era teoría… eran bombas reales, destinadas a matar gente inocente… me dio mucho miedo.

– Tranquilo – interrumpió Ranchi – es mi turno de ponerme a pensar.

– ¿Le dirás a mi papá? ¿A la policía?

– Ni a uno ni al otro. Tiene que existir alguien en quien se pueda confiar.

De entre los recuerdos de la semana emerge una imagen. Él.

– Arreglaré esto – una idea espontánea, brillante la arremetió inesperadamente y casi sonriendo, limpia las lágrimas del atribulado rostro infantil – pero quiero que dejes de creer que tienes la culpa, porque no es así ¿de acuerdo? Escúchame bien ¿Tienes copias, respaldos, de lo que armaste, lo que descubriste?

– Si…si, las tengo.

– Excelente. Necesito absolutamente toda la información de los planes concernientes de ese tal Dean. Planos, fotos, archivos, suposiciones, bocetos, no importa, almacenada en discos o memorias digitales. También necesitaré tu computadora y las revistas.

– ¿Vas a destruirlas?

– Voy a llevarlas a alguien que si podría averiguar el fondo de esto, incluso como detenerlos.

– ¿En serio? ¿De quién se trata?

Ranchi titubeó.

– Er… te contaré con más calma en otra ocasión. ¿Cuándo podrás dármela? -Agregó rápidamente para evitar el enigmático tema.

– Mañana, si me apresuro.

– Viernes, el sábado…bien. Veremos ese día.

Derek se aloja en el seno de Ranchi y libera un dulce respiro.

– Que lindo es tener una hermana mayor…

(continuará…) 

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