Doncella de Venganza (parte VIII)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

(continúa…)

Al ponerse unas calcetas secas, le dio por comentar en voz alta.

– ¿Qué me pasó? No tengo la menor idea, creí que tu lo sabrías

<< ¿Yo? Yo estaba dormida >>

–  Por cierto, la chica del sueño que te conté la otra ocasión era yo. Siempre fui yo. Aunque sucede algo curioso.

<< ¿Qué cosa? >> Agregó el reflejo por pura cortesía, porque ya se estaba metiendo de nuevo a la cama cuando Ranchi continuaba sentada meditando.

– No recuerdo si estaba bailando.

 

Cuarto día.

“Jueves 21 de noviembre, año 226 después del Éxodo y Colonización””

Querido diario:

Hay ocasiones en las que verme al espejo origina en mí una oleada de pavor. Hay otras en las que empiezo a carcajearme fuera de control en el silencio. Situaciones en las cuales lloraba hasta quebrarme la cabeza, ahora me parecen patéticas y ridículas. Van a morir, lo he visto, todos van a morir.”

Mañana.

El cuerpo delgado de Ranchi continúa la rutina diaria, es decir, dejar la cama, ir al baño, vestirse, mientras su mente viaja por distantes mundos, regresando al suyo justo  en el momento de escuchar el noticiero. Dos palabras atraen su curiosidad, haciéndola acercarse al radio aún con el cepillo dental rebosante de espuma atrapado en su boca.

<< ¿Tratado Tallgeese? >>

“… es una situación insostenible. Es el momento de firmar el Tratado Tallgeese. Pretender que somos la única colonia terrestre en esta galaxia es absurdo. Han llegado los tiempos de aceptar que hay vida afuera de nuestro planeta, vida inteligente y desarrollada, con clara disposición además, de cooperación y respeto. Por otra parte, si persistimos en nuestra obsoleta actitud, seremos blanco atractivo de todos los criminales intersistemas que busquen planetas aislados con el único propósito de evadir la justicia de la Confederación. Maximiliam Timlar, terrorista de vocación y criminal por afición, es solo el más conocido de cientos de delincuentes que cada semana encuentran formas de llegar a nuestro mundo por medio de naves espaciales ilegales. De continuar con nuestra ceguera y egoísmo, no tardaremos en convertirnos en el sistema Therios y Nueva Standford Beta en el terriblemente famoso Planeta Sin…”

La comentarista interrumpe.

– Esto es un fragmento del polémico discurso del Viceministro Robinson ante el parlamento, dado ayer por la tarde, mientras se intentaba llegar a un acuerdo sobre ciertos ajustes a la legislación penal con respecto a los contactos extra terráqueos. El discurso fue interrumpido abruptamente por órdenes del Ministro Bates, quien tomo el sitio del orador y respondió severamente:

“El Gobierno Global de Nueva Standford, nunca, por ningún motivo firmará el Tratado Tallgeese. Este aumento en los índices de criminalidad y terroristas es una treta de la Confederación de Sistemas para atraernos a sus redes, con una falsa ilusión de protección. Mientras la Confederación persista con sus maniobras intimidatorias, el sistema de Nueva Standford se mantendrá más alejado de influencias externas a la Madre Tierra…”

– Así concluyó – continúo la comentarista – una acalorada sesión de debates en la Cámara Alta, mientras que las muestras de repudio a las ideas del Viceministro Robinson no se hicieron esperar. Pasando a otras noticias, la Dirección Planetaria de Justicia dictaminó…”

Ranchi tenía aún el sabor del desayuno cuando subió a la limosina con Derek. Ambos se hallaban absortos a sus ideas propias, hasta que sus miradas se encontraron por casualidad. Un apagado gesto fue su saludo.

– Hoy, a las cinco, en la biblioteca – dijo Derek suavemente.

– Hoy, a las cinco, en la biblioteca – repitió Ranchi.

Tomaron sus manos. Fuera cual fuera el problema de Derek, no importaría, pues era una oportunidad única para estar juntos.

En la hora del almuerzo, Ranchi comía su emparedado en la cafetería concurrida. Lo bueno de estar siempre sola es que puedes escuchar sin interrupciones las conversaciones de los demás, por tal motivo estaba completamente al tanto de lo dicho por Shermie y Jenny, las dos estudiantes a su espalda con la plática más interesante de todo el comedor.

– … espantoso, terrible, aun no puedo creerlo, ¿Qué clase de monstruos…? ¡Lo encubrieron todo! ¡Ni una palabra en la televisión! Dios…

– Cuéntame más, Shermie… no entiendo cómo es que tu hermano…

– ¡Despierta! – contestó bravamente la chica, mientras la voz se le quebraba – El derrumbe del túnel de salida a Knockville no fue un accidente, fue una obra de Emancipación, esos enfermos explotaron decenas de bombas, en la hora pico del tráfico, colapsando los tres pisos de la autopista.

– Pero en las noticias…

– Sí, yo también sé lo que dijeron: “un accidente…” Pero estaba… yo estaba hablando con mi hermano por celular y… lo último que le oí… las bombas… el vio estallar las bombas…

El llanto le impidió continuar. Ranchi dejó la mesa y fue a tirar su basura a un cesto cerca de la puerta, aprovechando el lugar para descubrir de qué hablaban tan excitadamente un grupo de muchachos.

– … lo de Knockville es poco comparado con Nueva Osborn.

– ¿Del otro lado del planeta?

– Una cuadra comercial, en la ciudad más grande del distrito. Repleta de gente. Desapareció hasta las raíces.

Varios murmullos de asombro.

– Creo que la mencionaron en las noticias de anoche ¿Cierto?

– Sospechan de bombas nucleares. Están investigando.

– Estará difícil que atrapen a Timlar. Está más loco que una cabra, eso lo hace resbaladizo, yo digo…

Las conversaciones son interrumpidas por un aviso urgente en los altavoces. Solicitan a los alumnos quedarse donde están y la completa cooperación a una inspección policía emergente. Nadie esperaba eso, principalmente porque la gran mayoría de integrantes de Emancipación salían de las universidades. A pesar de las dudas y cuestionamientos por parte de los académicos, los  policías armados entraron al plantel, ocupando hasta los rincones más apartados. Podría oírse flotar por los pasillos la discusión abierta ante el profesor O´Connors y el jefe de policía Sanderson, moviéndose ambos rápidamente entre la muchedumbre nerviosa.

– ¡Esto es ridículo! -resoplaba el profesor al tratar de seguirle el paso al fornido teniente -¡Solo son muchachos! ¡Perderá su tiempo, aquí no hay ninguno de esos maniacos descarriados! Busque en la Magna Universidad de Nueva Standford, está infestada de ellos.

Dos policías llevan sujetos firmemente a tres alumnos de último grado. Los jóvenes se ven asustados, pero uno de ellos esta aterrorizado y no es capaz de levantar la vista de sus zapatos ante la presencia del director, ruborizado, perlado de sudor y mas tembloroso que sus compañeros. El teniente Sanderson examina las pruebas encontradas en sus bolsillos y mochilas: varios discos sin rótulo, propaganda escrita de Emancipación, planos de la escuela, y, ante la incredulidad del profesor, armas de fuego y cartuchos.

– ¿Qué es lo…? – exclamaba escandalizado el profesor O´Connors; no tardo en reconocer a su propio hijo, el más nervioso de los tres – ¿Bryan? ¿Tú…?

El jefe de policía está complacido y orgulloso como un pavo real, e interviene en la conversación sin pizca de tacto.

– Teníamos el informe de un posible atentado en este colegio. Aparentemente estos muchachos tomarían la escuela antes del arribo de Max Timlar y un grupo mayor de terroristas, pertenecientes a Emancipación. Por fortuna, logramos detenerlos justo a tiempo.

– ¿Es cierto eso? – el profesor O´Connors se encontraba en shock, era incapaz de creer que su propio vástago tuviese algo que ver con rebeldía – ¿Hijo?

Los policías comienzan a movilizarse bruscamente con los jóvenes sospechosos. El teniente satisfecho con su cacería, agregó.

– Serán interrogados y posteriormente sometidos a juicio por alta traición. Gracias a su edad, quizás eviten la pena de muerte. Lo mantendremos informado.

– ¿Bryan? ¿Mi Bryan? Dime… lo que sea…

El profesor buscaba ansiosamente los ojos del muchacho, caminando a un lado suyo, jaloneándolo del brazo para hacerlo reaccionar. Bryan temblaba un poco menos, y dirigió una última señal a sus compañeros antes de quemar las velas y tirarse por la borda.

– Vivimos en una celda, nuestros espíritus, nuestras mentes. Hay que liberarlos. Hay que salir de aquí.

Consiguieron zafarse de sus guardias, y mientras uno los golpeaba frenéticamente, los dos restantes sustraían .sus pistolas. Inútil fue la advertencia del padre y el grito de “¡Alto!” del teniente. Reeducados por Timlar, sabían escapar, luchar y matar. Elegirían el suicidio antes de traicionar a la causa. No era la primera vez que abrían fuego contra policías armados, pero si la primera en fallar. Dejaron de ser muchachos inocentes mucho tiempo atrás.

Ranchi escuchó en su salón los disparos ocurridos en el piso superior. Estaba apoyada de espaldas a la pared, ocupada con sus voces.

<< Venían por ti. >>

<< Ellos te quieren ¿Por qué razón crees que el caballero negro te sigue? >>

<< La hija del primer Ministro del Gobierno Global. >>

<< Morirán. >>

<< El mundo completo arderá. >>

Proveniente de la gema, nace una llamarada azul, una flama que crece y se expande a través de su ropa, de su cuerpo, por sus manos, los pisos, muros, techos, avanzando rápidamente, carcomiendo las superficies, las personas. El ambiente se torna lúgubre, nocturno y el fuego se magnifica hasta que todo está ardiendo, transformándose en cenizas y polvo. Sin embargo, nadie grita.

<< Otra ilusión. >>

Un serio policía se acerco a ella.

– ¿Señorita Bates? ¿Podría…?

El agente de la ley interrumpe su oración al notar la extraña expresión que poseía. Una mezcla de mirada amenazante, pero distante, con el rostro inclinado hacia la izquierda, los labios ligeramente entreabiertos, y los ojos más fríos que hubiese visto atravesando como si no existiera. En verdad, para Ranchi, no existía, era solo un esqueleto carbonizado andante en la mitad de una tormenta de fuego celeste consumiendo la tierra y las cosas sobre ella.

– ¿Señorita  Bates?

Los ojos giran independientes a la cara y se posan en él.

– Tercera fila, segunda banca contando desde el escritorio. Negra con cierres metálicos. Buen provecho – acercándose, alza los brazos permaneciendo con idéntica extravagante actitud – ¿Va a registrarme?

El policía da un paso atrás, asustado.

-No, no es necesario.

Ranchi camina dentro de su fuego, sin prestarles atención a las miradas incrédulas.

-Chico listo. Pero igual morirás. Todos van a morir.

Poco a poco recupera su tímida normalidad, y para cuando su auto regresa a la Mansión, es la misma chica asustadiza de siempre y el recuerdo de la inspección finalmente la hace temblar.

(continuará….)

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