Doncella de Venganza (parte VI)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

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(continúa…)

Ranchi se metió a la cama sin cepillarse los dientes, abrazó su almohada, buscando refugio.
-Es… dices que todo está dentro de mi cabeza. Puede ser que… por fin perciba la realidad y lo que la conforma en su más completa y expresiva demencia; o eso encerrado dentro de mí ha comenzado a trastornar el mundo a donde quiera que vaya. O simplemente estoy enloqueciendo, para volverme la más desquiciada dentro de este planeta incoherente.
<< Caballero negro…>>
– De acuerdo…- murmuró sonriente.
Sus ojos se cerraron, un velo negro cayó sobre sus pensamientos, y no oyó o vio nada más hasta la luz de la mañana.

Tercer día

“Miércoles 20 de noviembre, año 226 después del Éxodo y Colonización.
Querido diario:
Loca o cuerda, ya no importa. Verdad o mentira, ambas son absurdas. La gente esta loca, pero soy la única que se da cuenta. Y las voces, las voces nunca cesan. Nunca se van, nunca callan. He olvidado cómo suena el silencio. Y están ellos, los que solo yo veo. Muertos, asesinados, destazados. Estan ahí todo el tiempo. Hoy obtuve una gema azul que no me puedo quitar. Pero ignoro lo que significa.”

Mañana.

Ranchi se levantó como todos los días anteriores, pero en esta ocasión pinchó su dedo índice con la punta de un lápiz hasta sacarse sangre y comprobar que en efecto estaba despierta. Después hizo lo acostumbrado, cambiarse, cepillarse y escuchar el noticiero.
“… se han levantado incontables cargos criminales al auto nombrado líder del movimiento rebelde, Emancipación, el Sr. Maximilian Timlar, por crímenes que van desde robo, daño a propiedades gubernamentales, actividades terroristas, y, desde el último ataque a un centro de oficinas en Walkden Segunda, asesinato en primer y segundo grado. El Ministro de Justicia, Dave Holm, comentó:
– Cuando este individuo altamente peligroso, sea capturado, será condenado a nada menor que tres o cuatro cadenas perpetuas, y créanme cuando digo que estamos buscando por todos los rincones de nuestro planeta.
Maximiliam Timlar, el cruel e irreflexivo líder de Emancipación ha causado ya por lo menos una docena de disturbios en Nueva Standford Beta, además de varias amenazas e intentos francos de asesinato a miembros del Gobierno Global. Ante esta actitud desafiante, nuestro Primer Ministro, Wilhem Bates, dio este comunicado a los medios en una conferencia de prensa:
“- Será prioridad mía y de mi mandato acabar de raíz con el movimiento rebelde de Emancipación. Nada ni nadie que atente contra la paz y nuestras amadas costumbres escapará libre y sin castigo. Cualquiera que sea relacionado directa o indirectamente con Timlar o sus asociados, será procesado como el peor de los criminales, condena de inmediato a pena máxima. Yo me encargará de que así sea, y preservar así nuestra querida identidad planetaria.”
La comentarista continúa:
“Se sospecha que Maximilian Timlar cuenta con una gran red terrorista, según comenta el Sr. Holm. Pasando a otras noticias, el XII Congreso de…”
Solo al escuchar todos los días el noticiero matutino, Ranchi recordaba como sonaba la voz de su padre.
Pudiera ser que su salud mental estuviera en declive, o en realidad ella se volviese más receptiva a lo paranormal, como fuese, los demás alrededor suyo empezaban a percatarse de su extraño comportamiento. El mayordomo Richard, notando su mirada ausente por todo el desayuno le preguntó varias veces si tenía fiebre o alguna dolencia física. Solo respondió insípidamente; con un tono de voz tan lejano que parecía hablar dormida.
-Estoy bien. Estoy bien.
Su hermano Derek también notó la desconexión con su entorno y la cuestionó tímidamente acerca de sus pesadillas en las noches previas. A lo que ella, si era totalmente ella en eso momento, contestó:
-He dejado de estar dormida, si esa es tu duda.
En el colegio, su situación no mejoró un ápice. Caminaba tambaleante, tanteando el piso a cada paso, apoyándose de las paredes, y al sentarse en las clases fijaba los ojos en el pizarrón o en su carpeta para permanecer totalmente quieta el tiempo restante. Al levantarse de su asiento, lo hacía sumamente despacio, o no se levantaba. La mofa de sus compañeros llegó puntualmente al momento, pero a Ranchi parecía no afectarle. Veía cosas horripilantes, sucesos e impresiones que no ocurrían ante los otros, tan solo dentro de los artificios de su mente. Por algún motivo, evitaba los espejos y superficies reflejantes. Hasta que por fin, una de sus maestras, desconcertada porque Ranchi logró pasar diez minutos corridos sin pestañear, le dijo que si deseaba ir a la enfermería. Ella no abrió la boca, dejó su silla como si saltara de un risco altísimo y se perdió en la puerta. Obviamente, ni el doctor o la enfermera encontraron algo malo o inusual, físicamente hablando, pero decidieron otorgarle permiso para ir a casa. Justo cuando iban a telefonear a la Mansión Bates, reaccionó súbitamente, como si en ese preciso instante hubiera recuperando la noción de donde estaba. Interrumpió a la enfermera al decir:
– No es necesario, preocupará a mis padres. Llamaré a mi chofer, él me recogerá a la salida.
Aún continuando con la mirada perdida y el paso indeciso, tuvo la suficiente astucia para fingir utilizar su arcaico celular, incluso una breve conversación inexistente con su chofer. Ya cerca de la salida, comenzó a expresarse con confianza, al irse paulatinamente aclarando sus sentidos. Incluso tenía ánimos para hablarse a ella misma en voz baja:
– Cállense, cállense, o terminaré de convencer al resto del mundo de que estoy loca. En especial tú, llorón. Denme cinco minutos de paz, por todos los cielos.
Pasó el acceso de salida con su vigilante para llegar a la calle trasera del gran colegio. Avanzó varias cuadras en sentido inverso al centro de la ciudad, mientras se despejaba.
-Lo voy a hacer, ya les dije que si. Desaparezcan porque no me dejan ver nada. Tuve suficiente con soportar toda la mañana sin vomitar al ver sus exhibiciones de dolor y miseria, lo único que quiero es concentrarse para tomar un taxi.
La alucinación de encontrarse en el interior de un matadero hediondo con reses recién destripadas colgando por doquier acababa de desvanecerse.
-¿A dónde?- preguntó el taxista, poco después de que Ranchi abordara

<<Charity and Mercy>> llegó a su mente. Y ella respondió.
-Charity and Mercy
No eran más de las once de la mañana la hora de su llegada al Rigley´s, un antro con apariencia de fumadero chino, atascado de cocainómanos y varias especies de drogadictos, tomando sus dosis a esa hora del día. Caminó frente al lugar lo más rápido posible, intentando ocultar la mirada y su nerviosismo. Llamaba particularmente la atención una colegiala solitaria andando sola por esos sitios, así que varias mujeres grotescas apostadas en una esquina la observaron con insistencia. Su corazón comenzó a latir ruidosamente.
<<Puedes matarlos, si quieres>>
Ranchi murmuro suavemente, al mirar a ambos lados
– No empiecen…
Enfrente se hallaba un edificio casi demolido. Todavía podía verse la inscripción en la fachada. “Museo Harrington”. Sin embargo, había dejado de ser museo hacía varios años, cuando la alcaldía de la ciudad decidió mover todos los objetos de valor al entonces recién construido Museo Terráqueo. En el abandonado Harrington, solo dejaron la basura, las ratas y el polvo. Las grandes y pintarrajeadas puertas de madera estaban aseguradas con una cadena de candados. Por lo visto, ni siquiera a los ladrones de la zona les interesó robar el edificio
<<Fácil>>
Ranchi tomó una sección de la cadena con ambas manos, y jaló en direcciones opuestas, usando toda su fuerza. Muy al principio, se sintió ridícula, pues no pasaba nada, pero solo un instante después, el metal comenzó a estirarse, y los eslabones estallaron. El resto se deslizó como una serpiente tintineante hasta caer al suelo. El rostro de la joven se coloreó de alegría al descubrir que al menos una de sus alucinaciones resultó cierta. Observó con gusto sus manos:
– Mi fuerza. Mi nueva fuerza.
Adentro del ruinoso y tétrico edificio, las cosas se veían pintadas con telarañas y mantos de mugre, derruido, maltrecho, abandonado a medio destruir. Había cajas de embalar sin cerrar por doquier.
– Basura y más basura- comentaba Ranchi con toda la libertad posible en ese vacío lugar, hurgando más al fondo del edificio, entre muebles desvencijados y paredes cubiertas de moho. Pasó varios pasillos sin rumbo establecido, encontrando solo salas huecas y cuartos estrechos que debieron ser oficinas. Llegó por fin a la parte posterior del caserón a una habitación con incontables trastos y tablas rotas.
– Quizás este era el almacén de mantenimiento. – dijo Ranchi al levantar varios baldes apilados entre sí. Había una escalera de caracol metálica, olvidada en una esquina.
<<Sube>>
Sus pasos retumban en ecos mientras asciende. Abre la siguiente puerta y entra a los restos de una cafetería, atravesándola rápidamente. Pero entre la cafetería y la siguiente área del museo el piso esta derrumbado, por lo menos, unos quince metros.
– Así que este era el gran agujero en el techo…
Ranchi no puede saltar esa distancia, y justo cuando sus quejas sobre el mal diseño y pésima construcción de viejo museo están por acabar, las voces le susurran:
<<Fácil>>
-¿Fácil? – responde – ¡Fácil! Solo si pudiera…oh… ya veo.
La primera vez que lo hizo sencillamente se dejó caer. Pero ahora se trataba de avanzar.
<<Solo un paso>>
<<Hazlo. Abre tu mente>>
Fue envuelta por un torbellino de voces, relajando sus músculos, desapareciendo la tensión. Podía sentí las vibraciones del viento, cada una de ella golpeando suavemente la piel bajo sus manos, como si el aire se condensare y volviese un espacio palpable. Percibió su cuerpo tan ligero, sumamente ligero, capaz de elevarse con solo retener el aliento usando el aire atrapado en sus pulmones. Así, inspiró lento y profundo, proyectando su pie derecho un poco más allá. No tocaba más el suelo. Luego, el otro pie. Y ya estaba flotando.
<<Calma. Uno no camina aquí, es mas como… nadar>>
Ranchi no sabía si lo que oía en su cabeza eran ideas propias o dichos de los espíritus. Aparecían palabras con o sin sentido, impersonales, adaptado o no a las circunstancias.
<<Permítele a tu deseo impulsarte. Déjalo llevarte a donde tu razón lo impide.>>
– Es desear…
Una tenue luz brilla en sus ojos, su cabello se agita en espirales alrededor de su torso, y Ranchi se alza levemente en medio del ambiente rancio del olvidado museo. Abandona el temor y la incredulidad, ella es extraña y sobrenatural, ha llegado el tiempo de aceptarlo, aceptarse a sí misma. Se ve desplazarse sobre el vacío hasta descender suavemente en el otro extremo de la sala, en una parte una entera del segundo piso. Sus pies tocan la firmeza del concreto, y la luz abandona sus ojos.
-¿Dónde estaré ahora?
Si esas eran las salas de exhibición, no lo parecen. La segunda planta está en peores condiciones que la primera. Hay paredes derrumbadas, puertas caídas y una monstruosa montaña de cajas de cartón ocupando todos los espacios vacíos. El único lugar medianamente entero es una maltrecha habitación, especie de oficina y archivero. Ranchi se abre paso entre las cajas roídas por cucarachas, tratando de ignorar la gruesa capa de polvo formadora de costras grises en los anaqueles y la pequeña ventana al exterior; en especial ese característico aroma a encerrado y desecho de roedores.
<< En el escritorio. Cajón izquierdo, inferior tómalo. >>
Lentamente, como el anuncio de una gran marea, fue apareciendo una ensordecedora cacofonía de sonidos, revolviéndole la cabeza. Todos decían cosas semejantes, señalando el escritorio y el cajón. Estaban aturdiéndola, por si fuera poco su fuerza se salía de control, y lo que debía ser un ligero empujón a un sillón de piel estorboso y oxidado, acabó en un hoyo nuevo en la pared.
– Concéntrate, vamos, enfócate a lo que haces…
Parecía que el escritorio estaba hecho de papel, pues se deformaba allí donde Ranchi ponía sus dedos. Arrancó el cajón de golpe, con un simple movimiento. Las voces eran gritos desgarradores, perforando sus pensamientos, vociferando frases idénticas, una y otra y otra vez.
<<¡HAZLO! ¡TERMINA CON LO QUE EMPECÉ!>>
<< Entrégalo, úsalo>>
<< La verdad debe salir a la luz>>
Ranchi ha sacado una bolsa de plástico. En el interior, hay un guante de tela, de caballero, con manchas de sangre. A un lado, un cuchillo, también ensangrentado. Una nota aún es legible:
“Esta prueba vale diez millones de euros planetarios. Deposite el dinero a la cuenta que ya le indicamos, o el planeta entero sabrá que el futuro Primer Ministro colecciona mujeres muertas”
– ¡NO! ¡DIOS! ¡NO!
<< Asesino. Un maldito asesino>>
<< Ahí está la prueba, tienes que matarlo>>
<< La policía no servirá de nada ahora. ¿Tienes idea de cuantas…?>>
– ¡NO! ¡Malditos, malditos sean! ¡Me han traído aquí para esto! ¡Yo no quería saber! ¡Yo no quería saber!
Los sentimientos de la chica y el dolor de la vergüenza azotan su frágil mente. Cae de rodillas, cierra los ojos, y el mundo alrededor suyo se arma y destruye en infinitos espejismos. Un vértigo monstruoso que consumía su realidad.
– ¿Por qué…?
<< La verdad te hace libre>>
<< La verdad es asquerosa. >>
<< Dimos, ¿eras más feliz antes, ignorante y ciega?>>
<< Debes vengarnos. Debes vengar a esas mujeres muertas >>
<< Sabes que lo que él es. >>
<< Lo sabes >>
– Es mi padre….
Trata de levantarse y caminar. Una sinfonía espeluznante nublaba los sentidos de Ranchi, haciéndola incapaz de oír otra cosa que las voces incontrolables, o los sonidos tétricos de renovadas visiones. Sus ojos tenían imágenes existentes solo en su delirio, transportándola de la oficina derruida, a un anfiteatro, una sala de disecciones, o una azotea oscura, y a otros lugares dignos de pesadilla.
– ¡Basta! ¡Deténganse! ¡Por favor! ¡BASTA!
<< No se detendrá >>
<< No de detendrá jamás >>
<< Hasta que tu lo pares >>
<< Hasta que lo hagas con tus propias manos >>
Ella cae. El entorno se esfuma. No hay más allá que las voces en su mente. Busca en el fondo de su corazón alguna razón para no hacer caso a esas palabras, una razón para callarlas y contradecirlas. Debe existir un motivo importante para que ella no mate a su propio padre. Alguna pizca de amor, un detalle de cariño. Quizás comprensión alguna vez, un toque de dulzura o apoyo. Pero por más que piensa, por más que examina sus recuerdos, no encuentra ninguna. Ranchi carece de razones para no matar a su padre.
<< Aún no. Aún no puedo >>
Su propia voz en débil, comparada con las voces de los muertos.
<< No te preocupes, pequeña, lo harás cuando estés lista>>
<<Porque nosotros te hicimos>>
<< Y a nosotros nos perteneces >>
En su mano derecha, una nube de vapores celestes cada vez más brillantes, se enrolla entre sus dedos, dispersándose rápidamente en el aire, abandonando así un gran zafiro de bordes ovalados en el dorso de su mano, engarzado en un guantelete de piel negra. La gema liberaba listones de luz azul que buscaban a Ranchi y la abrazaban, estrechándose unas y dispersándose otras. Magia desconocida liberándose por fin.
<< ¿Qué es esto? ¿De dónde ha salido?>>
<< Un regalo.>>
<< Un recordatorio de lo que eres>>
<< La venganza de los muertos>>
Su alma desbordó por la boca. El grito liberado hace vibrar el edificio entero. Confundida, trató de escapar. Sin embargo, olvidó donde estaba y el cómo había llegado hasta allí, así que corrió a ciegas y cayó por el agujero del suelo hasta golpear la planta baja, haciendo un ruido seco. La mente y el cuerpo, por fin se separan.
<< ¿Dónde estoy? >>
<< Abre los ojos >>
Una mar negro se extendió bajo sus pies, atravesando el horizonte. Ranchi estaba flotando sobre esa pacífica inmensidad, tomando un poco de su calma. Pero no es agua estática lo que está allí abajo. Era un líquido negro, oleoso y denso. Lo tocó en su zapato
<< Parece petróleo. >>
<<Son recuerdos. Almacenados aquí para no disolverse jamás. >>
Inclinó ligeramente su cabeza, inspeccionando la superficie. Parecía tener un oleaje muy lento, pues su reflejo casi no se mueve. Bajo una mirada más cuidadosa, descubrió otras imágenes más que la suya propia. Sucesos pasados, personas hablando, desconocidos en varios tipos de acciones, algunas en movimiento, como trozos de películas al azar. Una cantidad infinita de impresiones fugaces de vidas sucedidas. Ranchi no dejó de observar.
<< Recuerdos >>
De pronto, el sol emerge en la lejanía, con una luz rojiza llena de violencia. El calor del amanecer aumenta demasiado rápido. Ranchi descubre que no es la luz del día lo que avanza hacia ella, pues en el punto donde la oscuridad del mar recibió al sol, un fuego nace sin frenos, corriendo hacia a ella, alimentándose de la negritud líquida. Oleadas de llamas voraces se dirigen hacia Ranchi, quien solo cubre su rostro con los brazos. Todo está rebosante de fuego, no hay alguna escapatoria.
<< Este es el origen de tu poder. Ira contenida en los recuerdos, ardiendo fuera de control. Deseos de venganza aún sin cumplir. >>
El fuego la bañaba, y no tardaría en consumirla hasta los huesos. El mar tranquilo que Ranchi vio al principio, era ya una tormenta despiadada de llamas y furia. Y eso fue lo último que vio.
<< Levántate. Hora de irnos. >>
<< Este no es lugar para ti. >>
Con un dolor insoportable en cada centímetro de su cuerpo, especialmente la cabeza, Ranchi deja el suelo. En esta ocasión no se encuentra con el fuego abrasador devorándola, o las sábanas desarregladas de su cama o incluso en el pupitre del colegio. Despierta justamente en el último lugar donde se quedó: el desvencijado interior del Museo Harrington
– Curioso. Era muy parecido al petróleo. Se veía y olía igual, además de incendiarse de la misma manera, como si hubiese estado metida en las entradas de Nueva Standford – comentó para si, sacudiéndose el polvo. – Demonios… no se su podré caminar…
Revisó su reloj de pulsera, increíblemente intacto, y con asombro se percató que solo pasaron cuarenta y cinco minutos desde haber bajado del taxi a las afueras de Rigley´s. Al parecer, no paso mucho tiempo inconsciente.
– Si me apresuro, podré llamar al chofer justo a la hora de la salida del colegio -No será difícilmente inventarle algún pretexto.
Avanzó hacia la calle principal, al principio con lentitud. El dolor se dispersaba con facilidad, y pronto tuvo otras cosas en qué preocuparse. Tan enfrascada estaba en sus planes que no se dio cuenta de tres hombres observándola a una cuadra de distancia, siguiéndola en cuanto ella comenzó a moverse. Por mala suerte Ranchi tenía que atravesar un callejón apartado como atajo en su ruta, momento justo en que los hombres se le fueron encima. Uno le sujetó del cuello, torciéndole el brazo, y los otros dos revisaban su mochila.
– ¡Vamos niña estúpida! ¿Dónde traes dinero?
– ¡Maldita sea! – Dijo uno al ver solo sus libros – ¡Algo que valga la pena!
– Yo no… – tartamudeo Ranchi – no traigo mucho efectivo.
– Eso lo dirán tus bolsillos. ¡Vacíenlos!
Solo salió de ellos su celular, un par de billetes de poco valor, y su cartera con identificaciones, lo cual enfureció a los tipos.
-¡Miren esto! – dijo uno de ellos al ver su credencial de estudiante -¡Tenemos a nada más ni nada menos que la hija del…
La bala entró en el ojo izquierdo aun antes de que acabara de oírse el disparo con silenciador. Sus compañeros asustados miran para todos lados desenfundando navajas.
-¿Quién carajos esta allí? ¡Muéstrate!
Ranchi sonríe. El susto valió la pena.
<< ¡Es él! ¡Las voces tenían razón! >>
De una sombra apartada sobresale un hombre alto, completamente vestido de negro, cubierto hasta por encima de la nariz con una máscara, negra también. Uno de los ladrones se lanza intempestivamente a atacarlo con la navaja por delante, pero el caballero de Ranchi se aparta lo suficiente para cogerlo en movimiento, sujetarle la cabeza, y quebrarle el cuello. El último en pie está congelado de miedo. Balbucea torpemente, mientras su puño armado baila por doquier.
-¿Quién eres? ¿Qué pasa contigo?
Lo que siguió fue demasiado rápido. Impulsado por el pavor, el ladrón trató de atacar al desconocido, quien sin ningún tipo de esfuerzo sujetó su antebrazo, jalándolo hacía si, enterrando el cañón de su pistola entra las costillas del adversario.
– Asaltando niñas. Escoria.
Un disparo más y el peligro para Ranchi hacia concluido. Ella estaba radiante de emoción, al contrario de él, quien se notaba serio y distante. Al despojarse de su máscara y guardar el arma, hizo el primer comentario.
– Creí que eras inteligente. Escaparte de tu escuela a lugares así, en tiempos como éstos, indica unas ganas locas de suicidarte.
Ranchi tratando de no tartamudear, responde con una pregunta.
– ¿Cómo te llamas?
El hombre sonríe secamente, pareciendo más una mueca que una expresión genuina.
– No importa – y agrega haciendo de menos la duda de Ranchi- ¿Dónde te encontrarás con tu chofer?
– ¿De qué forma averiguaste eso? – responde sorprendida.
– Tampoco importa- dijo él, hiriente como el filo de un cuchillo- Debemos irnos de aquí lo más rápido posible.
La tomó del brazo con rudeza y la llevó casi a rastras en dirección a la avenida principal.
– ¿Cuál es la prisa? – dijo Ranchi al percibir la mano fuerte de su caballero apretando sus huesos – Aún no te he dicho donde encontraré al chofer.
-Déjame adivinar. La parada de autobuses a seis bloques de aquí, en la Avenida Tercera.
-¿Estabas espiándome?- preguntó ella simulando estar ofendida, pues en realidad le encantaba la idea que su enigmático protector la observase de cerca.
– Es demasiado peligroso que andes sola por ahí – contestó él.
– ¿Eso importa?
Parecía que el caballero negro de Ranchi estaba pensando su respuesta. Después de un par de minutos, dijo al fin:
-Podría decirse que sí
Al principio de la caminata era él quien la estaba jalando con sus grandes y firmes pasos. Gradualmente, sin un cambio perceptible, Ranchi aumentó su velocidad y la amplitud de sus zancadas, para ir ahora con él, a su lado, como si los dos hubiesen acordado moverse juntos, avanzando al unísono. El silencioso hombre de negro se extrañó de esa actitud, al verla como se esforzaba para caminar al paso suyo, sin hacer mas preguntas, concentrada en el simple hecho de acompañarlo. Al tener cerca el punto acordado, es decir, la parada de autobús, la soltó.
– Espera aquí y mantente quieta. Estarás segura.
Era el momento de la despedida, y Ranchi se sonrojó, al bajar apenada la mirada.
– Gracias por ayudarme allá y… me gustaría saber, claro, si es posible que yo lo sepa, ya que no quieres darme tu nombre… no se porque… si algún día – entre más hablaba, se tornaba más roja e inquieta -si algún día, podré volver a verte. Volver a…
El recurrió nuevamente a su mueca imitadora de sonrisa
– Si todo sale bien, nunca volverás a saber de mí.
Era una calle transitada, y justo en ese momento, el autobús histórico llegó a la parada y una multitud bajó de él, mezclándose con otra pequeña multitud que se abalanzó para subir, haciendo que el hombre de negro se perdiese con facilidad. Ranchi vuelve a quedar sola con sus voces.
– Entonces, te llamaré Caballero Negro
El sonido de un claxon conocido la saca de sus pensamientos. Durante todo el trayecto a la Mansión permanece callada, apática y ausente. Al desvestirse del uniforme del colegio en su cuarto, repara que su mano derecha pesa más de lo usual. Cuando la alza a la vista, la golpean los recuerdos del museo. Aún tiene la joya alojada en el guantelete que tiene puesto. La gema está en su mano y no puede quitársela.

(continuará…)

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