Doncella de Venganza (parte V)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

(continúa….)

-Caballero negro…
La sonrisa dulce del encuentro sobrevive el retorno a la Mansión Bates, porque lo ha visto dos veces ya, y si mañana se dirige al sitio mencionado por la voz de la anciana, tendría oportunidad de verlo una tercera. Reflexionado, se dio cuenta de que hasta ese momento, las voces no habían mentido. Tampoco parecían querer dañarla.
<< Mañana. Iré mañana. >>
Valdría la pena intentarlo.

Tarde.

Ranchi está metida en la bañera. No tiene hambre ni ganas de hacer los deberes. Relaja su cuerpo y su mente en el agua perfumada, disfrutando de un inesperado silencio. Hunde por completo su cuerpo en la espuma, conteniendo la respiración. De pronto, la temperatura baja demasiado, tanto, que parece estar metida en un cubo de hielos.
<< ¿Olvidé dejar abierta la llave del agua caliente? >>
Al sacar la cabeza y tomar una bocanada de aire, descubre que todo ha cambiado. Esta sumergida en un líquido espeso y pardo, con partes corporales cercenadas. Su baño no es el mismo ya. Esta oscuro, como si fuera la noche madura, las paredes de mosaico están ruinosas y manchadas, con arañazos profundos, por doquier. El lavabo, espejo, retrete y demás muebles se ven desvencijados, rotos con toneladas de óxido.
<<No…>>
Su respiración se hace más pausada y profunda, puede verse el vaho que sale. Toca su rostro, empapado en esa sustancia viscosa. Algo borbotea desde el fondo de su bañera. Un cadáver se levanta, semi-descompuesto, con la mitad del rostro arrancado; podría parecer que en vida se trataba de una mujer, pues conserva mechones de cabello largo y su torso se ve delgado y delicado. El único ojo que conservaba era verde, y miraba sin parpadear a Ranchi, inyectado de sangre. Comienza a hablar rápidamente, con demasiada prisa, mientras coágulos negros caían de sus maltrechos labios. Sus dientes estaban rotos y algunos eran amarillos.
<< ¡Estúpida! >> Le decía << ¡Eres una estúpida! ¿Por qué no lo hiciste? ¡Te dije que lo hicieras! ¡Se suponía que tenías que matarla! ¡Eres la Doncella de la Venganza! ¡Tienes que hacer cumplir nuestra venganza, liberarnos de esta agonía infecta a la que hemos estado atados por años! ¡Años! ¿Para qué supones que son tus poderes? ¿Para qué te dimos fuerza, energía, libertad? >>
Solo la boca de este cuerpo sin vida era lo que podía moverse con tanto vigor. El resto, estaba congelado, dando la impresión de ser solo restos de una marioneta destrozada.
<< ¿Eh? >> Continuaba vociferando sin perder tiempo e ímpetus <<Lo diré otra vez, tienes que matar al…oh no… mira lo que me hizo, mira mi cuello ¡La sangre! Oh no… solo tienes que mirarlo… su nombre es… oh no…>>
El cuerpo se desmorona entre carne, huesos y sangre, disolviéndose en la tina de Ranchi, en una repugnante y pavorosa escena. Pero su vista está perdida, su rostro se muestra ajeno, distante, inmune al horror que la rodea. Respira con lentitud, dejando su boca entreabierta. Torpemente saca su infantil cuerpo de esa bañera grotesca y va al espejo del lavamanos con su temblorosa desnudez. Esta sucio y cubierto de vapor, por lo que pasa la palma de su mano solo una vez. Se ve a sí misma bañada en sangre y carne podrida, lo limpia una segunda vez. Y, al hacerlo, la imagen desaparece. Ella está ahí, frente a su reflejo, empapada, desnuda, con frío. El horror de Ranchi estalla por fin y la hace liberar un grito espantoso, agudo, capaz de distorsionar las dimensiones, haciendo estallar todas las ventanas de ese piso, fragmentando su reflejo hasta hacerlo polvo. Después de eso, cae desmayada.

Noche.

<< Helado. Helado de chocolate >>
Un fuerte gruñir de su estomago despierta a Ranchi.
<< ¿Dónde estaré ahora? >>
Lo primero que ve es su almohada. Estaba acostada boca abajo en su propia cama, con ropa de dormir y cubierta de mantas. Al revisar el reloj de su buró, se da cuenta de la hora: una de la madrugada. Incorporándose, rasca su cabeza. Sus recuerdos están hechos un desastre.
– ¿En que momento me seque y me puse la pijama? Creo que no cené, porque tengo un hambre inmensa. ¿Y tú, no tienes nada que decir al respecto? – dijo lanzando la pregunta al espejo.
<< Vamos a la cocina por algo de comer. >>
– De ninguna manera. El encargado de la cocina cuenta hasta el último fideo de sopa. Robar comida no está permitido.
<< ¡Estás en tu propia casa! Solo es tomar un refrigerio>>
– Además, está lejos, y no me gusta caminar por la mansión a oscuras
<<Déjame enseñarte un truco. ¿Lista? >>
Ranchi observó escéptica al espejo. Su reflejo se puso de lado, y, de sorpresa, apareció frente a ella un portal negro, un pedazo de vacía oscuridad bordeada de rayos.
-¡¿Qué es eso?! – gritó Ranchi
El portal desapareció y su reflejo se dirigió a ella.
<<Un portal al mundo negativo. No me preguntes exactamente de que se trata el mundo negativo, porque no lo sé bien. Lo más importante es que los puedas utilizar para ir a cualquier lugar conocido. >>
– ¿Cómo es que tu sabes hacer eso y yo no?
<<Tu si sabes hacerlo. Aun no lo has intentado, piensa que es como respirar, nadie te enseño, naciste haciéndolo. >>
Esa explicación no dejó muy convencida a Ranchi.
-Si por supuesto- contestó sarcásticamente – Es como volar ¿No? Siempre he podido, solo que no he tenido ganas.
<< ¿Por qué simplemente no lo haces? Visualiza la cocina, la puerta de la heladera y lo que la rodea. Anda, incrédula>>
Ranchi cierra los ojos y recrea en su imaginación cada detalle de esa espléndida cocina, el refrigerador norme, repleto de helado, pasteles y otras viandas que a menudo les negaban. Su estómago volvió a rugir con más fuerza.
-Solo conseguí que me diera más hambre.
<< ¿Segura? >>
Ante la asustada Ranchi se hallaba un agujero oscuro, etéreo, de su misma altura, carente de olor, sonido, sustancia.
-¡Cielos!
<< Entra en él. No pasará nada. >>
Da un paso y su pierna desaparece dentro del portal. Cubre su rostro con las manos y s proyecta hacia adentro. Cuando la otra pierna cruza, siente que el piso ha cambiado. Ya no está la alfombra de su habitación, sino losetas de mármol pulido y encerado. Al descubrir su cara, ahoga una fuerte exclamación.
-La cocina… me… estoy en la cocina… junto… ¿Cómo?
La imagen suya obtenida en la bruñida superficie de la heladera le contesta.
<<Primero la comida ¡Me muero de hambre! >>
Helado de varios sabores, carnes frías, sopa de cebolla, pastel de carne y albóndigas fueron su tardía cena. Ranchi comió como hace tiempo había querido hacerlo, movida por el gusto y el hambre, con las manos, escandalosamente, con libertad.
<<Podrías decir que el mundo negativo es la ausencia del mundo. Esta detrás de las cosas, lo que vemos y percibimos. Pero no se puede entrar mucho tiempo en él, nadie lo ha hecho. Tú puedes crear portales, para usarlo como atajo entre diferentes lugares del mundo material. Es decir, entrar y salir, no más. >>
-¿Hasta dónde puede llegar?- preguntó Ranchi a la voz dentro de su cabeza mientras comía un gran pedazo de tarta de queso -¿Cómo es que puedo hacerlo?
<<Llegarás tan lejos como te lo propongas. Puedes llevar a una persona contigo, solo a una. Y podrías ir a cualquier lugar que esté claramente dibujado en tu memoria. Si no lo conoces, no podrás ir. >>
-Es decir, ¿puedo ir a otro lado del mundo con solo ver fotografías? ¿Así funciona?
<<No, es decir, aun no. Estas empezando a explorar tu propio poder, aún no estás preparada para tales retos. Tu energía interna, aun está dormida. >>
-¿Y como es que tengo estas habilidades?
<<Naciste con ellas. Ha llegado la hora de que las ejerzas. Tu eres la Doncella de Venganza>>
-No entiendo… no entiendo nada. Daría lo que fuera para estar con Derek. El es un genio, y me explicaría en un tris este lío extraño en el que estoy metida. Mi mundo se ha puesto de cabeza, me encuentro perdida dentro de los mismos lugares en los que he estado toda mi vida.
Recordó uno de los pocos momentos en que visitaba la habitación de su hermano menor, para conversar y hacerse reír juntos. Su cama, sus libreros, su escritorio. Derek sería el único niño en Nueva Londres que no tenía juguetes.
– Creo que le llevaré un poco de éste- dijo Ranchi al sacar medio galón de helado de vainilla- a él le fascina.
El portal estaba a sus espaldas y ella entró en él. Salió dentro de la recámara de su hermano y le dejó su premio encima de su escritorio. Lo vio dormido, iluminando la fría habitación con su inocencia. Regresó por medio de otro portal a su propia recámara.
-Bien, ahora solo somos tú y yo.
El espejo perpetuo, su imagen paciente, la veía divertida sentada en la cama.
<<Cool ¿No? >>
Ranchi se metió a la cama sin cepillarse los dientes, abrazó su almohada, buscando refugio.
-Es… dices que todo está dentro de mi cabeza. Puede ser que… por fin perciba la realidad y lo que la conforma en su más completa y expresiva demencia; o eso encerrado dentro de mí ha comenzado a trastornar el mundo a donde quiera que vaya. O simplemente estoy enloqueciendo, para volverme la más desquiciada dentro de este planeta incoherente.
<< Caballero negro…>>
– De acuerdo…- murmuró sonriente.
Sus ojos se cerraron, un velo negro cayó sobre sus pensamientos, y no oyó o vio nada más hasta la luz de la mañana.

(continuará…)

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