Doncella de Venganza (parte IV)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©  
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01
 
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(continúa…)

Con imágenes de castillos, dragones, y un caballero silencioso en el papel de su guardián, Ranchi concibió el sueño. El enigmático hombre de la motocicleta la protegió, en efecto, y al menos por esta noche, de las pesadillas.

Segundo día

“Martes 19 de noviembre, año 226 después del Éxodo y la Colonización”

Querido diario:

No sé si llamarle locura a lo que tengo, o más bien exceso de cordura. Veo cosas que se supone no deben verse, y estoy empezando a hacer cosas que los demás quisieran hacer. ¡Es espeluznante! Siempre supe que era anormal, y lo que me aterra ahora es darme cuenta de lo exageradamente anormal que en realidad soy. La frágil cubierta del mundo cae ante mí en minúsculos fragmentos, revelando trozos de su podredumbre interna”

Mañana.

Ranchi tuvo un sueño muy extraño. Primero, se encontraba bajo una tormenta eléctrica, y tenía frente a ella a una joven, al parecer danzando bajo las gotas de lluvia, los rayos caían en sus pies y manos, pero no le hacían daño, como si bailasen con ella. Después, solo escuchó una voz la de su despertador matutino, comentando:

“… un nuevo ataque del anarquista Max Timlar y su movimiento autodenominado Emancipación ha tenido un saldo de quince muertos y gran cantidad de heridos, por la explosión de un dispositivo con armas químicas hoy en la madrugada, en una de las estaciones mas concurridas del metro de la ciudad. A pesar del comunicado, claramente ofensivo y amenazante del mencionado líder rebelde, el Parlamento y voceros del Gobierno Global no han tomado medidas conciliadoras o de negociación.

– El Gobierno Global no tiene nada que ver con terroristas. – indicó Patrick Adams, vocero del Primer Ministro – Nuestra policía y los miembros concernientes del ejército son los que encabezarán las investigaciones y procedimientos de los culpables.

Con respecto al hecho de que Emancipación exigía la apertura de nuestros puertos especiales a otros sistemas conocidos, y la aceptación de tecnologías extra terráqueas, el vocero agregó:

– De ninguna manera cederemos en alguna de estas absurdas peticiones. Un grupo de cobardes que recurre a eso actos de violencia sin sentido no va a hacernos cambiar nuestras queridas tradiciones y nuestros credos más profundos.

El general Connors, encargado de las pesquisas, aseguró…”

Sin embargo, Ranchi no veía nada, solo tenía el sonido de la voz, y el resto era un gran lienzo blanco, la siguiente imagen que recordaba era la de un vestido de noche y unas zapatillas. Estaban en una bolsa de plástico, colgados en un gancho, con Richard sosteniéndolos. Su boca se movía sin pausas, pero ella solo captó la última oración:

– Su madre desea que vista esto, la noche del domingo para la recepción que se ofrecerá a los miembros del Parlamento.

– Pero ni siquiera es mi talla – se veía replicar Ranchi- no tengo tanto por delante y no uso zapatillas…

Y, en lugar de que Richard contestara, el vestido lo hizo por él.

– Tu madre me escogió, fin de la discusión.

Si eso era extraño, lo fue más al verse a sí misma sentada frente de la mesa desayunando, las dos Ranchi estaban platicando, ignorando a Richard, a la ama de llaves y al resto de la servidumbre.

<<Nuestra madre ni siquiera sabe nuestra talla. Háganme el favor>>

– Fue igual que la vez pasada. Ella cree que soy una supermodelo, esa bolsa de basura se me caía por todos lados.

<< ¿Recuerdas cuando papá olvidó que edad teníamos en esa entrevista antes de las elecciones? El reportero nos conocía mejor. >>

– Solo se saben nuestros nombres porque la gente se los dice todo el tiempo. Si nos perdiésemos en una multitud, no lograría encontrarnos.

<<Aparte del apellido, nadie creería que somos sus hijos. Comparten más momentos divertidos con los mayordomos. >>

-Tú lo has dicho.

<< No, tú lo has dicho. >>

Nuevamente el lienzo blanco, y ella se encuentra en salón de clases. Todos la están viendo. Escucha que la llaman “¡Señorita Bates! ¡Señorita Bates!“

<<Estúpido sueño ¿Cuándo piensa acabar? >>

-¡Señorita Bates!

Entreabre los ojos, mientras se disipa la sensación de somnolencia. Ve el techo de su cuarto, y una gran araña verde avanzando a través de él. La araña excavó un agujero, y se perdió.

<<Sigo dormida. Si no despierto, llegaré tarde al desayuno. >>

-¡Señorita Bates!

Escucho risas. Muy despacio, sus párpados acabaron de abrirse, y se percató de no estar en su cama, sino en su pupitre del colegio, sentada y rígida como un maniquí. Trata de no parecer asustada, al examinarse y comprobar que no traía puesta, todavía la pijama. Por algún motivo, su profesor estaba furioso.

-¡Señorita Bates, repita en este justo momento la última oración de la clase o la enviaré castigada directamente a la oficina del director!

Pero Ranchi continuaba adormilada y pensaba solo en como diantres llegó a la escuela estando completamente inconsciente.

-¡Estoy esperando, Señorita Bates!- le espetó el maestro

<< “El fundamentalismo aristotélico fue la base del pensamiento en la Alta Edad Media” >> dijo  la voz de un joven, que, por supuesto, no estaba allí. <<Eso fue lo que dijo>> agregó.

Ella volvió a decir las mismas palabras como un autómata. El profesor frunció el ceño y se abocó a escribir algo en la pizarra acrílica. La clase miraba a Ranchi con desprecio y extrañeza. Ante ellos, se estaba durmiendo justo a la mitad de la lección. Ella comenzó a hablar en sus adentros.

<< ¿Y eso que fue? >>

<< Lo ignoro>> contestó la voz <<Solo ese simio erudito entiende de lo que esta hablando. Te dije lo que oí, simplemente. >>

Mientras ella comenzaba a hacer anotaciones en su carpeta, murmuró muy suavemente:

– Sospecho que hoy va a ser mucho más extraño que el día de ayer…

En un receso, fue al baño de chicas a lavarse la cara, los párpados se le cerraban y aún no se sentía completamente lúcida, y tardo algo de tiempo en mirar el chorro cristalino del grifo.

– Esto no es solo la adolescencia – se decía al mojar las yemas de sus dedos en el agua- Es algo… quizás… me está pasando algo. Verdad o mentira, me está sucediendo a mí.

<<Esta dentro de ti. Siempre ha estado dentro de ti. Ahora está saliendo. >>

Sin darse cuenta del cambio, veía ahora sangre fresca en lugar de agua. Hacía remolinos el lavamanos, y espumeaba. Metió completamente las manos, y contuvo un sorbo entre sus palmas cerradas.

-Yo sé que es agua limpia. Tú también lo sabes.

<< ¿Has pensado alguna vez que lo más interesante del mundo no es lo que sabes, sino lo que no sabes y te empeñas por ignorar? >>

Mojó su rostro y por fin llevó sus ojos al espejo del baño, que rodeaba las tres paredes del lugar. Los hilillos rojos escurrían por su barbilla y sienes. No se sentía fresca, sino, tibia.

– ¿Estas tratando de decirme que estoy loca?

<<Si quieres llamarlo locura, por mi está bien. Mejor dicho, estoy tratando de que te percates de que ya lo eres. >>

– No estoy loca.

<< ¿Quién dice? >>

Clavo la mirada en su reflejo.

-Una palabra más y juro por Dios…

El reflejo sonrió.

-¡Aquí estás, señorita dormilona!

Tres muchachas altas, rubias, delgadas y demasiado semejantes entre sí, como muñecas de fábrica, entraron al baño ruidosamente, llamando la atención lo más posible. Era el clásico trío de porristas populares, con novios guapos y cerebros secos, las cuales también disfrutaban molestar a Ranchi. Todo con tal de divertirse.

– ¿Tratando de ser menos nerd con lentes de contacto? – dijo una, apoyada de espaldas a la pared.

-¡Buena idea! Lástima que la fealdad sea un problema mas difícil de esconder – dijo otra, al entrar a un excusado y cerrar la puerta.

<< ¿Lentes de contacto? >>

Ranchi escudriño su cara en el espejo frente al lavabo, y recordó entonces dónde habían quedado sus gafas la noche anterior. No las uso durante todo el día, y lo más sorprendente de todo es que no las necesitaba en absoluto. Su vista era perfecta.

<<Está ocurriendo. Conmigo. Dentro de mí>>

– …claro, necesitarás una docena de implantes para parecer un chica de verdad, porque así como estás…

-¡La fortuna para los cirujanos plásticos!

– Lástima, la idiotez no tiene cura ¡Lo siento!

No todos los pensamientos de Ranchi se perdieron en su totalidad. Las voces, sentimientos, impulsos emergían de ella sin control o freno.

El reflejo suyo el espejo se veía enfadado. Le gritaba.

<< ¡No lo permitas! ¡Tú eres mejor que ellas, más poderosa! >>

<< ¡Tengo miedo! >>

<< ¡El miedo no es para ti! ¡A lo que en realidad tienes miedo es a lo que está en tu interior, a lo que tienes que liberar! >>

Las burlas seguían y seguían. Aunque Ranchi trataba de no prestar atención, continuaba taladrando en sus oídos, las risas no paraban de caerle a cántaros. Justo cuando ella rompería a llorar, y huiría a esconderse en un rincón solitario, las voces llegaron, intensas, perfectamente claras.

<< ¡Mátalas! ¡Ahora! >>

<< ¡Por favor… por favor…>>

<< Estoy aquí, tan sola… en el limbo…>>

<< ¡Fríelas en su sangre! >>

Al borde del colapso, Ranchi dirigió una mirada suplicante al espejo.

<< No puedo más. >>

<< Solo hazlo. >>

-… y entonces yo dije ¿Cómo es que alguien tuvo la genial idea de invitar a la fenómeno de Ranchi a la fiesta? ¡Oh perdona, Ranchi estás aquí! ¡Eres tan insignificante que…!

Un rugido y el lavabo al cual Ranchi se aferraba se deshizo en pedazos. Un rápido movimiento y ella enterró su puño cerrado diez centímetros en el concreto, a escasos milímetros del rostro de una de las tres amigas. Después, silencio.

– Cierren la boca.

Las muchachas, asustadas e incrédulas, huyeron. Ranchi quedó entre los destrozos, sacando su brazo de la pared fracturada, jalando tras de sí fragmentos de ladrillo. No había marcas en sus nudillos, y no le dolían. Encuentra un lápiz labial en el suelo, olvidado en le escape de las chicas burlonas.

-Así de que esto se trata. Esto es.

Escribe con letras grandes en el espejo, en la totalidad de su longitud.

“Yo soy la Doncella de Venganza”

Deja el baño derruido y pintarrajeando de carmín con paso lento como si caminara por una cuerda floja en un lago precipicio sin fin. El mundo toma un color extraño. Se sentía diferente. Escucha gruñidos roncos y abundantes a su espalda. Ladridos, aullidos y gritos de terror. Al voltear, con sumo cuidado, encuentra a una jauría de perros hambrientos, manchados de coágulos en su pelambrera, voraces de carne, arrancando a dentelladas y arañazos pedazos del prefecto Payton. Sus alaridos de dolor, hielan el alma. Pero los ojos rojos y malignos de los perros enormes no dejan de mirarlo, sus colmillos afilados no dejan de morderlo. Ranchi ve un charco de sangre con restos de huesos, y las bestias revolcándose salvajemente en él. Regresa a su camino con rumbo a la biblioteca, hablando para sí.

-Eso pasa por regañarme en medio de todos. Si lógico. Perfectamente racional. Así es este mundo, un lugar ordenado y perfectamente racional.

Le faltaban un par de horas al sol para iniciar su descenso al horizonte, y Ranchi estaba de nuevo, como el día anterior, en las asfixiantes carreteras de Nueva Londres Tercera, en su automóvil de lujo e indiscutiblemente sola. Miraba la ciudad con desgana, tratando que el chofer dejara de espiarla. Las voces eran más débiles, semejantes a un susurro marino, adormecedor. Estaba cansada, pero no podía permitirse dormir en el auto. Así, cerró los ojos y se recostó  hacía atrás, estirando su cuello y su pecho. Llegó un alto, y a pesar de no ver lo ocurrido a su alrededor, sintió la mirada libidinosa del chofer a su pequeño busto y a su abdomen plano.

<< Maldito enfermo. Lo que daría por cortarle la cabeza. >>

<< ¿Y porque no lo haces? >>

<< Porque entonces no habría nadie quien me lleve a la Mansión Bates, además de que no se conducir. >>

Cambió de posición, acercándose más a la ventanilla derecha, para escapar del espejo del retrovisor. Entonces escuchó a una mujer anciana diciéndole lo más despacio posible, como si quisiese que a Ranchi le quedase claro, sin espacio a dudas.

<<Es muy fácil llegar. Nadie va ahí ahora, clausuraron el lugar… Tienes que bajar en la octava avenida, Charity and Mercy, tomar la vía descendente, avanzando cinco cuadras y buscar un cafetín de mala pinta, “Rigley`s”. Esta enfrente, justo al pasar la calle. Solo tienes que entrar. Es fácil de identificar. Con todo, el hombre de negro te vigilará, como lo ha estado haciendo todo este tiempo. Esta allí, ahora, sentado en la plaza, con un expreso en la mesa, leyendo un libro pequeño. Te mira a través de sus gafas oscuras>>

Ranchi da un salto y abre su ventanilla. Están en movimiento, pero muy pronto se detienen de nuevo. Pasan frente a un café al aire libre, provisto de mesas y sillas, justo enfrente de la calle. A pesar de estar repleto, ella lo encuentra de inmediato.

<< ¡Sí! >> pensó Ranchi, tratando de contener su alegría.

Sentado con elegancia y la pierna cruzada, en una mesa solitaria, la observa, con el libro entre las manos. Su actitud está leyendo, pero sus ojos están en ella. Las miradas se encuentran de nuevo, el tiempo que tarda él en vaciar su taza de un trago, cerrar el libro e irse. El automóvil de Ranchi continúa su trayecto. Murmura con ternura:

-Caballero negro…

La sonrisa dulce del encuentro sobrevive el retorno a la Mansión Bates, porque lo ha visto dos veces ya, y si mañana se dirige al sitio mencionado por la voz de la anciana, tendría oportunidad de verlo una tercera. Reflexionado, se dio cuenta de que hasta ese momento, las voces no habían mentido. Tampoco parecían querer dañarla.

<< Mañana. Iré mañana. >>

Valdría la pena intentarlo.

(continuará…)

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