Doncella de Venganza (parte III)

 

Los Aniquiladores de Planetas: Origen © 

Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

 Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

(continúa…)

La amenaza de la página blanca hizo volar sus ideas alrededor de la sociedad vacía, sus padres ausentes, su infeliz soledad, la escuela que tanto detestaba, el sentirse siempre ausente, extraviada…

<<Tengo mucho que anotar, pero nada que pueda ser leído. Seguiré mañana, al fin tengo una semana de plazo. >>

 

Noche.
No serían menos de las diez cuando Ranchi guardó sus libros y carpetas, al salir de la espléndida biblioteca. Decidida a buscar a Derek, comenzó su recurrido por la inhóspita mansión, antes de dormir. Tenía que hablar con alguien, buscar tranquilidad, apoyo, convencerse de que no había nada anormal o patológico en ella. Buscaría y obtendría atención de quien fuese.
Una jaqueca llegó de improviso a la nerviosa Ranchi. Le dolía como si tuviese una bomba estallando dentro de su cabeza. Estaba atravesando la galería principal, en dirección al ala este de la mansión, cuando su dolor de cabeza se volvió terriblemente insoportable. Lo intuía, sintiéndolo venir. Un recuerdo afloró en medio del sufrimiento.
<<Se la respuesta a eso. >>
Ellos nunca se fueron. Estaban allí.
<<No, no, no…>>
Voces aisladas, visiones trastornadas, presentadas en la lejana mañana volvieron amplificadas muchas veces, amparadas en la oscuridad, haciendo retumbar sus pensamientos, repletando su cabeza de murmullos roncos, lamentos agónicos, sollozos estremecedores. Moverse alentaba a una manejada de sonidos, golpeándola si descanso. Dar un paso agitaba la realidad en torno suyo, revelando ojos brillantes, ilusiones terribles, percibiéndose más vividas e impactantes que el mundo material, ahora borroso y frágil ante sus incrédulos ojos, se desmoronan a su paso, lanzándole mensajes horripilantes a la menor provocación. Ranchi se aferraba a las paredes, intentando lavar con lágrimas los fantasmas en su mirada.
<<No es verdad… no puede ser. ¡No existen! >>
Corrió por el pasillo en el centro del segundo nivel del ala este de la mansión. Muchas partes estaban cerradas y oscuras, dirigiendo su camino hasta el final, a un apartado y aislado salón de baile. La tétrica atmósfera nocturna de la Mansión Bates vacía, contrastaba fuertemente con la luz que escapaba por las rendijas de esa hermosa puerta de cedro. A pesar de estar totalmente cerrada, la música y el bullicio alegre se filtraban a través de ella, irradiando una atractivo sensación de calidez. Podía percibirse que adentro se celebraba una fiesta, y la gente allí reía, bailaba y bebía, apartados del silencio opresivo del resto de la mansión. Ranchi detuvo su carrera y se acercó lentamente a la entrada. Quizás no tenía idea de quienes estaba adentro, o el motivo de tal reunión, pero de algo estaba segura, eso era real, estaba sucediendo justo en ese momento frente a ella. Empujó con cautela una de las dos enormes hojas de la puerta.
– ¿Desea algo?
Un mayordomo entrado en años – James o Percy, al parecer, pues Ranchi no los conocía bien a todos – estaba de pie, obstruyéndole el paso, vigilando.
-¡Gracias al cielo! – exclamó aliviada- Quiero hablar con… – pero el mayordomo interrumpió la frase instantáneamente.
-Sus padres están ocupados en este momento. Están en una reunión con varios miembros del Parlamento. Lo mejor será que hable con Richard, él es el encargado de la atención a ustedes.
-Yo…- dijo Ranchi, enfadándose poco a poco – No me siento bien. Es urgente que hable con ellos, papá, mamá, alguno de los dos. Por favor.
Pero el mayordomo no estaba para entender razones.
-Si usted no se siente bien, deberé decirle a…
Ranchi fue embargada por un sentimiento repentino y embriagada de ira. Por primera vez en su vida, gritó.
-¡Son mis padres! ¡Deseo, necesito urgentemente hablar con mis padres! ¡No los he visto en dos meses!
La repuesta, a pesar de ser helada, no enfrío su cólera.
-Cierto. Pero, además de ser sus padres, son unas personas muy ocupadas.
El mundo luminoso del breve vistazo dado a la fiesta, con su luz, su gente y su algarabía, se le cerró en sus narices. El portazo del mayordomo la regresó de pronto a la oscura y vacía Mansión Bates, donde ella continuaba estando sola.
<<Corruptos, enfermos, decadentes, víboras venenosas revolcándose en sus inmundicias>>
<<No perteneces aquí>>
-Por favor – decía – Váyanse… se los suplico.
<< ¡Ahí estaba! ¡La del vestido amarillo, cuajada de joyas! ¡Ahí! ¡Ahí! ¡Arpía! ¡Falsa! ¡Asesina! >>>
<< Siempre hemos estado aquí. Contigo. >>
<< Somos tú. >>
Sin proponérselo abiertamente, había regresado en sus propios pasos y estaba de nuevo en la galería principal, en donde se exhibía gran parte de la colección de arte de la familia Bates. Pinturas, esculturas, grabados y otras rarezas traídas de la amada Tierra, incluyendo una Biblia antiquísima, todos dispuestos en exhibidores cuyo único fin era la vanidad y presunción. De día, algunas obras parecían agradables, pero, de noche, a Ranchi se le presentaban obscenas y vulgares, terroríficas, trozos de pesadilla estampados y enmarcados, observándola con saña. Las voces se hacían más poderosas, innegables.
<< Somos tu misión >>
<< ¡Malditos bastardos, engreídos, hipócritas! >>
<< ¡Regresa allí! ¡Hazlo! ¡No esperé tanto tiempo para nada! >>
<< ¡Se supone que tú eres la Doncella de la Venganza!>>
Las insistentes voces quebraron sus nervios de cristal, la soledad era insostenible, Ranchi se creía la persona más miserable del mundo.
– Cuando se enteren – decía a sí misma – me encerrarán en un manicomio, para no salir. No más Ranchi.
Subió escandalosamente las escaleras hacía el tercer nivel de la Mansión Bates, la llamada Sala Magna, donde se ofrecían los cenas más suntuosas y se realizaban la mejores fiestas. Su esplendor se evaporaba sin la comida, música o ruido de personas, y ahora que Ranchi pasaba por ella, se veía opaca y lúgubre. Tenía dos terrazas en direcciones opuestas, una con vista a la fachada y la entrada principal, y la segunda dirigida a la parte trasera, orientada a los jardines interiores y justo encima de la gran piscina y área de veraneo. Había pensado anteriormente en hacer esto, saltar para morir ahogada y ser descubierta en la mañana siguiente, imaginando la reacción de sus padres, el escándalo al publicarse como la hija del primer ministro se había quitado la vida sin razón.
Había dejado de llorar, estaba decidida. Su existencia de humillaciones no llevaría a ninguna parte, y debe acabar. La mochila y los libros estaban tirados en el suelo. Ranchi se había subido a la barandilla de la terraza, con los pensamientos más sombríos que nunca antes había tenido.
<< Solo un paso. >> resonó dentro de su cabeza <<Un paso, una caída, me hundiré y no volveré a salir. Eso será todo. >>
Las voces infatigables se volvieron incomprensibles, estaban mezcladas, palabras trastocadas en oraciones partidas en pedazos.
<< Solo un paso. >>
Ranchi cerró los ojos fuertemente, mordiendo sus labios para no gritar, la noche esperaba afuera, delante de ella, para envolverla. Dio ese único paso.
Sin embargo, no cayó.
<< ¡Oh! ¡Por todos los cielos! ¿Qué sucede? ¿Qué está pasando conmigo? >>
Ranchi no sintió la caída rápida y el azote del agua fría. Fue como si se hubiese sumergido en los vientos, y éstos la sostuvieran como una hoja de otoño. Percibió cada hebra de cabello flotando en diferentes direcciones, con el empuje del aire jugueteando con sus dedos, elevándola, cosquilleando en sus pies. Y moverse era como nadar en un mar etéreo, con todas esas fuerzas gigantescas golpeando su cuerpo por doquier, elevándola para alcanzar los cielos nocturnos, o tirando de ella hasta sumirla en los abismos.
<<Otra alucinación. >> pensaba Ranchi << Puede ser que… ya haya caído y… no, no… no estoy volando. No puedo estar volando>>
Abrió los ojos en ese momento y se descubrió a sí misma sosteniéndose en los aires a unos veinticinco metros por encima de la piscina. De repente recordó su pánico a las alturas y cayó. Y aunque el descenso fue impresionante, posteriormente le fue menos perturbador que el hecho de volar.
El agua la golpeó en la espalda, pero no perdió el conocimiento. Los sucesos se movían demasiado rápido y su quebrada mente no tenía capacidad para asimilarlos. Imágenes, voces, la capacidad de vuelo, y, en ese momento, los cadáveres. Pues ante los ojos de Ranchi, ella no había caído en la esterilizada e higiénica piscina, sino en un depósito fangoso de agua limosa y maloliente. Alrededor flotaban cardúmenes de algas hediondas y basuras. Salió a la superficie mas por instinto que por deseo, horrorizada con esta nueva imagen. No solo desechos y plantas maltrechas andaban allí. Manos, pies, brazos, piernas, cabezas y ojos, numerosos, putrefactos, palpitantes, se dirigían a Ranchi. Las manos trataban de aferrarla y las bocas verdes de las cabezas bufaban:
<< ¡Ayúdanos! ¡Ayúdanos!>>
<< ¡No te niegues a ti misma! ¡Acepta nuestro poder! >>
<< ¡Debes hacerlo! ¡Ya es tiempo! >>
<< Todos revueltos… todos podridos… sácanos… >>
Pataleando llegó a la orilla, y arrastrándose salió de ella. Su único pensamiento era llegar a su dormitorio lo más rápido que fuera posible, así que corrió, trastabilló y cayó varias veces, abandonando incluso sus gafas en el fondo de esa horrible piscina. A tientas, encontró la puerta de su cuarto, se despojó con asco de las ropas mojadas y se arrinconó en la pared. Blanca de terror, el grito más espeluznante que podía dar aun estaba germinándose en su garganta.
Se repetía una y otra y otra vez:
– No es real, no ocurrió, no es real… no lo fue.
Pero las voces no cesaron, y no la dejaron sola.
<< ¿Estas cómoda así? Ponte tan siquiera la bata. >>
Ranchi explotó, y gritó a todo pulmón:
– ¡CALLATE! ¡NO EXISTEN! ¡SON SOLO…!
En ese momento, se percató de que le gritaba al espejo. Se había refugiado justo enfrente de su gran espejo de cuerpo entero, alojado en una puerta del ropero.
<< Te vas a resfriar. >> contesto su tranquilo reflejo.
Ella temblaba sin control, de frío y de miedo, sollozando histéricamente. Su mente empezaba a fracturarse.
– ¿Qué… esta pasando? ¿Por qué me esta…? Dios, dios, dios….
<< Relájate. Respira pronfundamente.>>
– Tengo mucho… frio…. El cuerpo… me duele….
<< Cambiate de ropa y métete a la cama>>
– ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mi? ¿¿¿Por qué están en mi cabeza???
<< Ya lo sabrás, ahora, tranquilízate. Ponte ropa seca y verás que te sentirás mejor>>
Sin saber claramente lo que estaba haciendo, fue a tomar una toalla y una pijama seca de su cómoda. Mecánicamente, se secó y vistió, dándole la espalda al espejo.
<<Mucho mejor ¿Eh? >>
Ranchi no hizo caso al reflejo. Decidió pensar que todo era producto de su imaginación.
– Solo quiero que se acabe- contestó bruscamente Ranchi- Quiero que todo sea como antes, sin voces de fantasmas, revelaciones, y sin…
El recuerdo del pequeño vuelo recién ocurrido le cerró la boca. Un libró cayó de pronto de sus estantes. Saltó de sorpresa y fue a ver que había en el suelo. Era un libro de cuentos, y quedó abierto justo en la ilustración de un orgulloso y gallardo caballero negro, montado en un corcel de color carbón, portando una espada y un estandarte
<< ¿Te recuerda a alguien? >>
Temblorosa lo regresó al sitio original. Apenas se dio la media vuelta, cayó de nuevo, volviéndose a abrir en la misma página.
-Me rindo…- dijo Ranchi – Me rindo.
Observó despacio el dibujo. Un caballero, un paladín, oscuro, misterioso… como el hombre que conoció en la carretera, aquel que, según los espíritus, estaba siguiéndola. Mezcló su recuerdo con la imagen, y el resultado, disipó de momento las nieblas de horror que la asfixiaban.
-Posiblemente- se dijo en voz alta- ustedes no son tan malos… puede que… si existan, y me digan…- las palabras se atoraron, y no salieron.
<< Solo abre tu mente un poco. >>
Con el libro entre sus brazos, se dirigió al espejo, y ambas, su reflejo y ella, tenían la misma tímida sonrisa.
– ¿Habré conocido a mi caballero negro?
<< Si tu lo crees…. >>
– Era guapísimo… Pero, quizás solo sea coincidencia.
<< ¿Cómo se llamará? >>
– Aun no lo sé.
Con imágenes de castillos, dragones, y un caballero silencioso en el papel de su guardián, Ranchi concibió el sueño. El enigmático hombre de la motocicleta la protegió, en efecto, y al menos por esta noche, de las pesadillas.
(continuará…)
Anuncios

Animate! Deja un comentario. Todos son valiosos

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s