Doncella de Venganza (parte II)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen © 

Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

 (continúa…)

Desafortunadamente, la leve alegría de su rostro se disolvió al continuar el retorno, pues él seguía siendo la visón fugaz de un extraño desconocido y ella se dirigía a la fría Mansión Bates, sin escapatoria o alternativa. El mundo seguía corriendo delante suyo, sin muestras de detenerse.

Tarde.

Aun cuando fuese un atardecer hermoso, con un gigantesco sol rojo descendiendo en el gris horizonte, tiñendo de púrpura la monstruosa ciudad, como si amenazara quemarla por completo, la Mansión Bates, residencia oficial de la familia del Primer Ministro, era deprimente. Un lugar creado para matarle las esperanzas a cualquiera, vivir allí desmoronaba el espíritu. Pocos, muy pocos permanecían de buena gana y por mucho tiempo bajo sus muros, mezcla de museo-galería-salón de eventos-cárcel-pabellón de torturas-mausoleo. Nadie reía adentro, ni siquiera hablaban fuerte. Flotaba en el aire la impresión de reprimenda constante, castigo y opresión. Decían que una vez en vez de alguien perdía la cordura dentro de la Mansión. Al parecer Ranchi sería la siguiente.

<< ¡Cállense! ¡Cállense! ¡Salgan de mi cabeza! ¡Ustedes no existen! >>

Regresar a la intimidad de su recámara no fue el descanso esperado durante el bizarro día. Estaba acurrucada en una esquina de la habitación, cubriéndose los oídos, murmurando súplicas sin respuesta.

<< ¡Ya! ¡Por favor! ¿Qué me está pasando…? >>

Temblando, asustada, trataba de apartar su mente de esas voces, innumerables voces, guturales y pavorosas, las cuales la embistieron súbitamente, apenas pusiera un pie en su querido refugio. Voces de mujeres, hombres, niños, y otras tan gastadas y confusas que solo podían percibirse palabras mordidas, envueltas en siseos fríos y fétidos. Cayó al piso por la confusión, perdiendo el sentido,  y cuando recobró algo de control de sí misma, se descubrió acostada boca abajo, aun con su uniforme.

– Esto es en definitiva lo mas raro que me ha pasado. – Se incorporo paso a paso de la alfombra y apoyo sus manos en la cama – Quizás si continuo haciendo lo de siempre, me sienta mejor. Distraerme… – fue a su cómoda, a buscar ropa limpia – Debo hablar con alguien, Derek, incluso papá o mamá. Incluso aceptaría la propuesta de mamá a ir a ver al psiquiatra. Estoy urgida de explicaciones… no… no de explicaciones, solo quiero que alguien me escuche…

Ranchi siempre había sido una chica triste. Solitaria, abandonada, caía fácilmente en depresiones  profundas. Lloraba con suma facilidad, desahogándose, llamando a gritos atención, que alguien voltease y se percatara de su existencia.

<< ¿Por qué no hablas con nosotros?>>

– ¡Oh no! – gritó la chica aterrorizada – ¡Oh no! ¡Otra vez no!

Las voces no habían desaparecido, le daban un respiro, eso era todo.

<< ¡Fríelos en su sangre! ¡Malditos enfermos! >>

<<Debiste arrancarle cuello cuando tuviste la oportunidad. Puedes volar, ¿No lo sabes?>>

<<Duele mucho… aun después de tanto tiempo, aun duele…>>

Ella respira rápido, poniendo todos sus esfuerzos en no perder la calma. Pero la impresión la tiene rígida, y solo está allí, incapaz de moverse, escuchando, tratando de creer que nada es real y pronto pasará.

<<Este desorden… todos revueltos, putrefactos, revueltos… una masa nauseabunda… eso somos…>>

– Estoy imaginando esto. Aun no sé lo que me pasa, pero encontraré la forma de detenerlo. Nada de lo que oigo es verdad. Solo son ilusiones, mentiras.

Va al ropero y saca algo de ropa formal. Si por ella fuera, bajaría a almorzar en jeans, pero el mayordomo la dejaría sin comer. No tenía más remedio que usar ese traje viejo y grande que le quedaba tan bien como la funda de una almohada.

– Estúpido planeta pasado de moda- dijo mirándose en su espejo de cuerpo entero, juzgando lo horrible del vestido –Perezco un tubo enrollado en papel higiénico… incluso yo misma me haría burla. Y mi mamá me obligó a ir a una fiesta con esta cosa puesta. Me dieron ganas de ahorcarme, ahí, en medio de todos.

<< Fue vergonzoso. Lo único bueno es que mamá por fin desistió de llevarnos a sus recepciones>>

Una alucinación menos mórbida que la presenciada en la mañana estaba desarrollándose en los ojos de Ranchi. ¡El espejo conversaba con ella, su reflejo le respondía!

– ¿Quién eres? – Musitó, asustada y sin razonarlo demasiado

<<Valiente pregunta. Soy tú ¿Quién más? Por si no te has dado cuenta, le hablas a tu reflejo ¿Qué esperabas?>>

– Esto es muy extraño… necesito ver a un doctor, a un psicólogo… estoy… esto no es normal. Me estoy volviendo una demente…

<< No somos normales. Y eso de la demencia… bueno, eres tú la que está hablando sola todo el tiempo>>

– ¿Por qué dices eso?

El reflejo le contestó con una burlona sonrisa golpeándose la sien con la palma abierta de la mano.

<< ¡Yo soy tu! Siempre hemos sabido que no encajamos en ningún lado, la única diferencia radica en…>>

– ¿Qué tu estas ahí dentro y yo estoy afuera?

<< Aparte. Se supone que yo acepto lo que soy y…>>

– Yo no – murmuro la Ranchi “real” – entonces, las voces espantosas de hace un rato, ¿van a…?

Su reflejo la interrumpió.

<< Se la respuesta a eso. Por lo tanto tu también. Vamos progresando>>

Inesperadamente, tocan enérgicamente a la puerta. Ranchi grita de la sorpresa.

– ¿Pasa algo, señorita Bates?

– No… solo estaba… ¿Quién habla?

– Soy Richard. Hora de cenar.

Se esfuerza por apartar su mirada y su mente del espejo, la curiosidad humana la retenía, incitándola a continuar explorando esa inexplicable visión, sin embargo el peligro de verse sumida inevitablemente en la locura, era razón suficiente para hacer todo lo necesario por salir huyendo de ahí, y esconder lo visto y lo oído en algún rincón apartado del olvido. Dio la media vuelta, lentamente, salió de la habitación y cerró la puerta en sus espaldas.

<< Ojala y solo sean mis nervios. Que desaparezcan las visiones, los sonidos. Deseo que todo vuelva a la normalidad. >>

Ranchi no era una estudiante excelente. Era muy buena, pero como su hermano era un genio excepcional, sus estándares subían hasta por las nubes.

Después de comer trataba de recluirse en la biblioteca de la mansión, en parte porque así se aseguraba privacidad, evitando los comentarios insidiosos de sus padres. Era relajante ocuparse en otras ideas inocuas, datos ajenos y ejercicios mentales, robándose de los libros algunos contados momentos de paz.

Derek no estaba en el comedor, y al parecer no pudo eludir al tutor de esa tarde. Sus padres, como de costumbre, en alguna fiesta, junta u otro lugar que no fuese la mansión. Ranchi, así continuaba sola.

– Muy bien – se decía, al finalizar un hondo y complacido suspiro – creo que ocuparme en algo me hizo sentir mejor. Este, oficialmente ha sido el día más extraño en toda mi vida. ¡Me urge que acabe!

Dejó para el final un fastidioso trabajo, un auto-lavado de cerebro, encargado por su profesor de redacción. El propósito final del texto no era precisamente evaluar su habilidad gramatical – por fortuna bastante precisa – sino la cantidad y calidad de devoción a las normas del planeta. Cualquier texto con aroma a rebeldía o descontento, sería enviado sin demora al director de la institución. Y eso solo traía problemas, si no es que una deshonrosa expulsión. Por ese motivo, ella tomo varias hojas en blanco, una pluma y comenzó a escribir.

– Vamos. Sigamos trabajando. Así dejare de ver cosas – dijo con seguridad.

Primero, el titulo:

“Yo, mi familia y mi entorno”

<<Puaj>> pensó << ¿habrá alguien que no tenga idea de mi familia? Lo dudo. Es de mí quien seguramente no saben nada. >>

“Mi nombre es Ranchi Bates, hija del primer ministro del Gobierno Global, Wilhem Bates, y su esposa, Mildred Bates. Tengo un hermano menor, el niño genio, Derek Bates>>

Tachó la palabra “genio”.

<<El pobre ya se siente como animal de circo, no veo porque yo tenga que exponerlo más>>

“Tengo diecisiete años y…”

Borroneó la última oración.

<<Creo que no escribiré nada de mí, por el momento. Como si a alguien le importara. Acomodaré algunas líneas más tarde para hacerles saber que existo. >>

Releyó lo poco que tenia y prosiguió. Optó por escribir algo de lo más complicado, el entorno.

-“Vivimos en el planeta capital de un sistema de tres planetas… “-

<< Eso se ve estúpido. >>

“El sistema planetario Nueva Standford, colonia de la amada Tierra, consta de tres planetas, de los cuales, el segundo contando desde nuestro sol, Nueva Standford Beta es el planeta capital. Estamos regidos por un Gobierno Global, constituido por un Primer Ministro, y un Parlamento, encargadas de dirigir…”

<< Va bien. Pero no se que poner después, en lugar de “dirigir cada minúsculo aspecto de nuestras patéticas vidas.” Mejor continúo con otra idea. >>

“El planeta de Nueva Standford Beta cree devotamente en la fidelidad a nuestra amada Tierra. “

<<< Nadie cree. Nos obligan. >>

“Por lo que hemos decidido, voluntariamente, congelar nuestra cultura y avances tecnológicos en los obtenidos durante los primeros veinte años del siglo XXI de nuestra querida Tierra.”

<< No me convence. A mi profesor le parecerá aceptable. >>

“Se castigará a aquel que use, adquiera, divulgue, desarrolle o promueva tecnología exterior a la terráquea, así como ideas, modas o costumbres. Vivimos en una colonia de la Tierra, es decir, la Tierra misma. Se prohíbe absolutamente el contacto con seres o gente del exterior. ”

<< ¿De dónde saqué todo eso? >>

Borró el último párrafo, hasta el último signo de puntuación.

<<Si tienes en mente el castigo, dice papá, es que ya pensaste en el delito, lo último bien pudo haber sido mi nota suicida. >>

La amenaza de la página blanca hizo volar sus ideas alrededor de la sociedad vacía, sus padres ausentes, su infeliz soledad, la escuela que tanto detestaba, el sentirse siempre ausente, extraviada…

<<Tengo mucho que anotar, pero nada que pueda ser leído. Seguiré mañana, al fin tengo una semana de plazo. >>

 (continuará…)

Anuncios

Animate! Deja un comentario. Todos son valiosos

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s