Sangre de Guerra (parte XIII)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen © 

Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

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(continúa…)

Ni Boris o alguien de los altos mandos consiguieron salir de la nave nodriza. No tenían tiempo de evadir o dar la media vuelta. Los generales consiguieron ver el preciso punto de ignición, cuando estallaron las primeras bombas, originando la onda expansiva que se hacia mas y mas extensa. Una lluvia de estrellas y un fuego enorme, increíble y real, con tormentas de metal ardiendo precipitándose sobre las indefensas ciudades. Así llegó el rápido final de una guerra en la que nadie quería participar. En la soledad del espacio repleto de mundos.

Días después, en un planeta cualquiera.

Era inicio de una nueva era. Los viejos líderes habían muerto, y con ellos las ideas arcaicas de dominación y poder. Caía ahora la responsabilidad de los nuevos miembros de la Confederación no cometer los errores de sus antecesores. Ni otros peores.

– ¿Otra fría, amigo?

– Largo

-OK, OK, es mi deber preguntar cada hora. Por algo soy el cantinero, maldita sea.

Alexei llevaba meses después de su deserción forzada escondiéndose. Ansiaba vengarse, pero aun no encontraba al culpable de la traición. Imagino un montón de situaciones posibles por las cuales la Confederación se hubiera visto obligada a actuar de esa manera. Pero mientras todos los líos políticos se enfriaban, él tenia que pasársela de incógnito, recogiendo migajas de información, para tratar de dar un segundo paso más firme, quizás, aventurarse a hablar con su hermano. Estaba sentado ese día en un bar de gasolinera espacial, con el holovisor encendido y griterío de ebrios alrededor, cuando el noticiero dio una cruel verdad. Su venganza carecía  ya mucho de sentido en ese momento.

–       ¡Cállense malditos borrachos!!! – gritó el cantinero – al menos déjenme ver cinco minutos de maldita holovisión. ¡Esto se pone bueno!

–       ¿Qué es, Ruf?

–       Un montón de muertos en el sistema Siria.

–       ¿La guerra ya llego?

–       No, que carajos. ¡Cállate o no nos vamos a enterar hasta el noticiero de las diez!

<< ¿El sistema Siria?>> pensó Alexei

Dos comentaristas se alternaban en segundo plano de la proyección del holovisor. Alexei les dedicaba pizcas de atención, mientras veía, en otra imagen holográfica proyectada por el aparato, los datos de la destrucción de la flota.

“   – … en honor a la verdad, este incidente solo destruyo un 18%  de la flota del sistema Vladivostok.

–          Pero debo señalar claramente que los samas han manejado a la perfección este incidente que pudo haber terminado como una de las mayores catástrofes genocidas de la galaxia. El grueso de los sistemas aboga por una salida pacífica al conflicto.

–          Te sales del punto, el asunto es que este supuesto ataque no alcanzó a disminuir las fuezas efectivas de Vladivostok…

–          … aun no observas el índice de vidas perdidas por tiempo de combate. En el primer enfrentamiento con un sistema pacifista, murieron 969 mil soldados de Vladivostok…

–          Esa cifra es cuestionable, sin embargo no justifica la confianza en que Vladivostok no reincidirá en los ataques.

–          No lo hará porque si reincide se encontrará con el poderío total de la Confederación de Sistemas. Bloqueos comerciales, aislamiento cultural, entre otras medidas que los samas aún no han impuesto gracias a las negociaciones….”

Las imágenes cambiaron.

–       Un reporte especial. Gran tragedia en el sistema Siria Tres. Se ha presentando en su órbita superior una de las mas grandes catástrofes de la historia de la Confederación de Sistemas. Un ataque fallido del Sistema Vladivostok, ha terminado con cientos de miles de vidas. Serlina tiene los detalles ¿Serlina?

–       Gracias, Johann. Estoy ahora en un traje espacial, junto a los trabajadores de Siria Tres, flotando en el área del desastre. Todo comenzó cuando la Congregación de Sistemas firmó el Tratado Tallgeese, después del asesinato de su líder, Hisue Langley…

Alexei tuvo un mareo. Se había quedado fuera de la historia.

–       … es loable la actitud del sistema Siria. Se han entregado por completo a la actividad de recuperar los posibles heridos que fuese posible hallar, recoger escombros, y algo realmente consolador para las familias que sufrieron pérdidas: la reconstrucción de cuerpos ¿podría explicarme de que se trata este novedoso método, Dr. Kira?

Se veía curiosa la imagen de la reportera como del científico, ambos flotando cerca de una nave, entre toneladas de basura. Alexei no le hubiese dedicado ni un gramo de atención si no fuese porque ese par de personajes ridículos estaban hablando de su destino y su venganza.

–       Con todo gusto, Serlina. Como ves, estamos en el espacio con millones de fragmentos de naves carbonizadas. Para confirmar la identidad de los restos, reproducimos, con base en el material genético de estos fragmentos, un cuerpo sin vida, para poder identificarlos y entregarlos a las familias. Este procedimiento se utilizó primero en batallas en la superficie del planeta, es la primera vez que lo llevamos al espacio exterior. Pretendemos disminuir las listas de desaparecidos.

–       ¿Pero… no es muy complicado? – preguntó la reportera, muy similar a una muñeca de plástico.

–       No, Serlina, es tremendamente complicado. Pero creemos que el esfuerzo vale la pena. Encontramos usualmente células en muy malas condiciones, muertas, y hacemos grandes esfuerzos para tratar de extraer ADN que pueda servir. Además, tan solo recreamos tejidos externos, músculos, piel. Los órganos vitales sobreviven poco tiempo. Sin un molde neuronal, el cerebro no funciona, y los cuerpos no pueden vivir autónomamente, dependiendo del respirador artificial para las pocas horas que poseen. Aún así, es un gran alivio para los parientes tener el cuerpo de su ser amado de vuelta a su lado.

–       ¿Qué cuerpos han sido recuperados de esa manera?

–       Nos alegramos en informar que trece mil cuerpos van ya de regreso al Sistema Vladivostok para las ceremonias fúnebres. Si deseas nombres conocidos, ya han sido entregados los cuerpos de Stukov Petrovich, Vladimir Gori, y Boris y Alexei Tubarov…

Alexei casi se desmaya. Pero claro, siendo gemelos idénticos, era fácil confundirse. Si en vida lo era…

–       ¿Le pasa algo? – dijo el cantinero

–       No… nada… déjeme solo.

<< Muerto. Ambos muertos. >>

–     Déjeme solo.

Rápidamente y tambaleándose, salió del lugar, perdiéndose entre las callejuelas oscuras de esa ciudad.

Una semana después. Sistema Nueva Vladivostok. Planeta Nueva Vladivostok V.

Cientos se habían reunido a observar la carroza fúnebre que llevaba los cuerpos de los Príncipes Tubarov, en ricos ataúdes de metal. Muchos estaban tristes, no por su muerte, sino porque con ellos murió también la gran línea de militares y gobernantes aristócratas del sistema. Un cortejo de soldados de gala los coloco en la cripta familiar, en donde dos nuevas estatuas de roca habían sido puestas. Eran idénticas, una con una espada y la otra con un orbe, en el fondo, esperando los cuerpos de los gemelos Tubarov. Nadie lloro, o dio palabras de despedida. Todo el acto fue en silencio. Alexei entró, disfrazado de soldado, cargando su propio ataúd. Cuando el resto de los hombres salió, permaneció rezagado, escondiéndose a los pies de la estatua de su abuelo. Cerraron la cripta por fuera, retirándose el resto de los presentes. Alexei paso varias horas, entre los cadáveres ilustres de su familia. Por fin se dio tiempo para recordar todas las historias de su infancia, observando las figuras severas que lo rodeaban. En momentos, le costaba creer que en realidad hubiesen sido su familia. Nunca lo acompañaron en ningún momento, o compartido algo con ellos, o lo apoyaron en alguna decisión difícil. Solo eran imágenes y nombres vacíos, de gente muerta hace años. Ellos no eran él. Todos esos nombres, toda esa historia, no eran ni siquiera una pequeña parte de su ser.

Cuando calculó que el cementerio por fin estaría desierto, sacó un soplete portátil para llevarse el cuerpo de su gemelo. Le perturbó un poco el saber que había un par de cuerpos idénticos al suyo,  y, lo peor, que estuvieran muertos. Pero esos cuerpos no eran él, no significaban nada. Puso una bomba en el lugar, y quemó los restos, después de envolver el cuerpo de Boris y volar la puerta además de gran parte de la entrada al Mausoleo Tubarov. Lo llevó consigo hasta su vehículo, para llevarlo a un lugar diferente.

A la mañana siguiente, los noticieros locales hablaron de los siglos de tradición que fueron reducidos a escombros y de los miembros restantes de la familia Tubarov, escandalizados por la destrucción anónima de la cripta, pero lo atribuyeron fácilmente a varios grupos rebeldes de intenciones pacifistas que últimamente ocupaban el escenario de Nueva Vladivostok. Además, allí solamente había muertos y piedras viejas.

De niños, cuando la guerra todavía era un juego, los Príncipes Tubarov acompañaban a sus padres en salidas al bosque a practicar el viejo arte de la caza. Pero ellos a menudo se separaban del grupo, escapando a un pequeño lago interior, seco a medias, rodeado de árboles viejos y enormes. A los pequeños niños les gustaba, sentándose a ver el agua y lanzar rocas o a observar y buscar formas tenebrosas en las ramas torcidas de los árboles. Jugaban al espejo y, se ponían a divagar acerca de que si en realidad eran hermanos o solamente una persona en dos cuerpos distintos. Y se sentían tan unidos, que incluso llegaron a decirse que podían leerse la mente, solo en ese lugar, y a llegar a pensar que si iban mucho al lago, finalmente podrían fundirse en uno, ser por fin, un humano completo. Claro, nunca se lo dijeron a nadie. Era su secreto. El lugar les fascinaba, y por tal motivo, tampoco le revelaron su ubicación a ninguna persona.

<< Justo a tiempo. >>

Alexei colocó la última piedra de una tumba sin nombre, entre dos árboles majestuosos. Atrás, el lago, lleno por el momento gracias a las lluvias, reflejaba las dos lunas.

–       Descansa aquí, Boris. Estarás mucho mejor. Claro que si. Pero ya sabes como era mamá. Y papá. No, aquí tendrás algo de paz. Te traje esto.

Enterró en la cabecera de la tumba la espada familiar, la que perteneció a su padre, a su abuelo, a su bisabuelo y a muchas personas más atrás en el tiempo que también llevaron el apellido Tubarov. Se decía el dueño original provenía de la legendaria Tierra. Pero eso ya no le importaba a nadie ahora.

–       ¿Podrías cuidarla? Ves lo que decía el viejo tío Ilich… solo un Tubarov de pura sangre podía poseerla. Y de esos solo quedamos tú y yo.  Si. Estaré contigo un momento más.

Paso toda la noche, entre dormitando, viendo las estrellas y platicando con su hermano de todo y de todos, con una calma inusual en él. Se dio el lujo de meditar y recordar cosas que el ya daba por perdidas. Al llegar el día, se levantó, lavó su cara con agua fría del lago y dio su última despedida.

–       Boris, se que me desearías suerte, pero tu la necesitarás mas que yo. Si papá tenía razón y el paraíso existe, espero encontrarte allí. Irás, irás. Confía en mí. Por lo tanto, yo andaré por aquí. Ya sabes, por los mundos. Claro, puedes hablarme cuando quieras.

Tocó la empuñadura de la espada con ternura. La única forma en que Alexei expresaba sus sentimientos más intensos.

<< Suerte, hermano. >>

La tranquila luz de la mañana bañó el mundo. Boris permaneció en tu tumba secreta, cubierta por el bosque. Él fue el último de una dinastía de nobles y poderosos, de poder y batallas. Alexei por fin era único, una persona entera, y tenía ahora el trabajo de sentir y vivir por sí mismo. Ya no estaría Boris para compartir el dolor y la pena, ni se encargaría de alegrarse por las pequeñas y múltiples simplicidades de la vida. Alexei ahora estaría realmente solo, sintiendo, viviendo y existiendo, conservando la memoria de lo que hace tiempo fue tener un alma humana en dos cuerpos idénticamente perfectos. No más Tubarov. No más orgullo añejo de familias en decadencia. La historia de Alexei, su historia propia, apenas comenzaba.

(concluirá…)

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