Sangre de Guerra (parte XII)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen © 

Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

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continúa…

Pero la RPC-120 iba ya lejos cuando los misiles inteligentes volaban hacia él. Como una estrella fugaz, Alexei alcanzó la estratosfera y se perdió en el espacio. La última gran hazaña de Alexei Tubarov.

Un día después, en el cuartel general de la Confederación de Sistemas.

Boris llevaba tres botellas de vodka en una sola sesión. Aun así, no se sentía ebrio. Ni siquiera mareado. Se mantenía consciente, y bien lúcido. En la oscura privacidad de sus habitaciones, luchaba contra los recuerdos. Últimamente prefería encerrarse con su soledad, evitar las conversaciones, e incluso, desatender sus compromisos sociales. A la única cosa que le mantenía fidelidad, eran a sus obligaciones en la Confederación. Sus amigas y amantes extrañaban sus llamadas a deshoras o las frecuentes invitaciones a cenas tardías y románticas. Pero ninguna de ellas se atrevía a acercársele, en esta nueva fase suya, de silencio y oscuridad. De todas maneras, ¿Quién es lo suficientemente digno o valiente para cuestionar la actitud de los Príncipes Tubarov?

<<Te he traicionado, hermano. Porque elegí la paz en lugar de la guerra. Fui el primer Tubarov en elegir la paz. >>

Sonó el intercomunicador. Boris encendió la pantalla de su video teléfono.

–       Habla Boris Tubarov. – dijo con voz sombría.

–       Aquí el teniente Nizni. El objetivo…- e hizo una pausa nerviosa – el objetivo huyó, General.

No hubo respuesta instantánea de Boris. Se sumió en su sillón, mirando la pantalla con los ojos vacíos y la expresión adusta.

–     Bien. Fin del asunto

–       General – el teniente trataba de no temblar del pánico. –  Le juro capturarlo de nuevo, antes de…

–       Alexei Tubarov esta muerto, teniente ¿Es capaz de entender eso?

–       Si señor. Cambio y fuera.

<< Fin del asunto. Es el fin de todo. >>

 

Planeta Colonia Nueva Vladivostok I, capital del Sistema Nueva Vladivostok. Cuatro a cinco semanas después.

Boris tenía que representar a su hermano, para mantener a las tropas unidas, representando dos papeles, con la oportunidad de ser por fin una persona completa, sustituyó a su hermano en varias ocasiones. Aunque nunca en una batalla. No le convenía a nadie que se dispersara la historia de la ejecución, lo que significaría el colapso de la Confederación, la cual aún atravesaría un último trance de violencia.

–       ¡No lo permitiremos! ¡Ningún pacifista de mierda va a acabar con siglos de preparación y tradición!

–       Nunca debimos dar la entrada a los samas. Mucho menos otorgarles nuestra confianza. ¡Miren el tamaño de su traición!

La Duma de los Pueblos tenía una ígnea discusión. La noticia del desarme, fue tomada como una ofensa.

–       Un contraataque. ¡Golpes de estado a esos planetas cobardes! Hay que atacar ahora.

Boris no tenia aquí voz ni voto. De todas formas, aunque tuviera la oportunidad, el no diría nada. El nuevo Parlamento de la Confederación, reelegido con los nuevos integrantes del Consejo de Planetas, cobraba mucha fuerza y aceptación. Los samas eran ahora quienes los organizaban a todos, los que daban las órdenes. Los restos de la Congregación que se integraron influenciaban mucho en las desiciones, llevando su deseo de paz y no-intervención militar hasta la última letra del reformado Tratado Tallgeese. Stukov Petrovich, ante tales cambios, encabezó la rebelión contra el Parlamento, por tal motivo, fue sustituido por Kyo sa, como nuevo Director General de la Confederación de Sistemas. Dolido hasta el alma por este revés, hablaba ante la Duma de los Pueblos acerca de guerras y conquistas.

–       ¡Tenemos la fuerza! – dijo apasionadamente en el podium de la Duma – ¡Tenemos las armas! ¡Tenemos los hombres! ¡Tenemos las agallas! No permitiré que nuestra creación, nuestro sueño será robado y destruido por planetas ignorantes. ¡El sistema Vladivostok debe gobernar al Universo! ¡El sistema Vladivostok gobernará al Universo!

Los líderes alistaron a las tropas para un movimiento a gran escala contra Siria Tres, elegido para ser el primero de una gran serie de planetas invadidos por el Sistema Vladivostok. Era el planeta más externo del sistema y se encontraban allí varios representantes de la antigua Congregación, quienes  votaron unánimemente por el desarme, por lo que tomaron esto como excusa para lanzar su ataque. El sistema Tau seria destruido, a manera de símbolo a aquellos que se oponían a los ideales del sistema Vladivostok. No necesitaron mucho tiempo para reunir un ejército de proporciones considerables. Gigantescos cruceros intergalácticos partieron de cada uno de los planetas del Sistema Vladivostok hacia el sistema Tau, aumentando durante el viaje su número de naves de batallas y su poder destructivo. Boris observaba todo, y no podía evitar pensar que su hermano disfrutaría enormemente participar en esta guerra.

En una ocasión, muy cerca de llegar a su objetivo, Kyo sa convocó a Boris para una negociación. La conversación a través de videoconferencia fue corta.

–       Saludos, general Tubarov – dijo la imagen de Boris en la pantalla.

–       Kyo sa ¿Cómo va todo? – Boris estaba en su sillón, rodeado por la noche y el humo de su habano.

–       Gracias por aceptar comunicarse con nosotros. La situación….

–       Eso ya no esta en mis manos. Yo solo sirvo a mi sistema natal, al hombre que lucho hombro a hombro con mi padre.

–       Su lealtad al General no es impedimento para que tome una actitud tan pasiva y no intente detener esta ridícula muestra de orgullo. ¿Cree que la guerra es la solución a todo?

–       Hacemos esto para regresar a la Confederación a su estado original, a lo que debe ser.

–       La Confederación de Sistemas los vio como líderes, visionarios, los trató con honores, con respeto.

–       Pero nos corrió del mando, el lugar que nos pertenece. Nos volvió títeres de personas débiles como ustedes.

–       Usted renunció voluntariamente a tu puesto en el Parlamento, en apoyo al general, sin que nadie de nosotros le diera razón para ello.

Boris no contestó.

–       ¿Serán capaces de destruir lo que con tanto empeño crearon?

–       La reconstruiremos – dijo con una sonrisa oscura – yo los hice. Puedo volver a hacerlo.

Kyo sa cubrió su rostro con las manos, pasándolas luego por su largo cabello plateado, lentamente, demostrando su fatiga.

–       Humanos estúpidos. Boris… ¿no hay marcha atrás?

–       Lo dices de una manera, como si fuéramos a perder. Vamos a ganar. Tú te encontrarás pidiéndome perdón de rodillas cuando yo y mis tropas tomemos los palacios de tu gente y empecemos a ejecutar a tus gobernantes.

Un insulto directo. Pero los samas nunca oían las palabras, preferían escuchar lo que estaba debajo de ellas.

–       El sistema Tau es pacífico. No se defenderá

–       Allá ellos

–       Óyelo bien, Boris. No se defenderá.

Fin de la transmisión.

Dos semanas después, órbita alta de Siria Tres.

Cientos de miles de cargueros aparecieron en el radar que vigilaba el espacio circundante al planeta. Acercándose rápidamente, en formaciones estrechas, llevaban adentro el mejor armamento jamás creado. Si todo ese arsenal se usara al mismo tiempo, como estaba en los planes de los grandes generales, Siria Tres seria aplastada con holgura.

<< Lucimos bien. En forma. >>

Mirándose al espejo, Boris hizo una pequeña reverencia. Sin dejar de observar su propio rostro, se colocó el traje de combate, además del casco de Alexei.

–       Ya lo se, hermano… me lo dijiste ayer. Confía en mí. Nadie se dará cuenta. También soy un soldado de élite.

<< La pistola. >>

–    Vestido como tú, – cargó el arma y la enfundó en su chaleco – no notarán la diferencia. Ambos finalmente somos uno ahora. Mas unidos que nunca.

<< Mas unidos que nunca. >>

Bajó al hangar, y, sin decir palabra, abordó una de las naves. Los soldados pensaron que el general Alexei estaba extraño, ya que no eligió su favorita, la RCP-120,  pero lo atribuyeron a lo especial de la batalla.

– ¿Estamos listos para iniciar?

Stukov Petrovich estaba en la sala de control de la nave principal, junto con los representantes más importantes de la Duma de los Pueblos que fueron exiliados de puestos de mando de la Confederación. Querían ver en posición de lujo el ataque desde el espacio, y celebrar la victoria ante la primera oportunidad.

– Si, señor. Iniciando secuencia de despliegue… ahora.

Las naves tomaron sus posiciones de batalla, y los cruceros mostraron su armamento. Se aproximaban más y más a Siria, desde la cual ya eran capaces de ser observados como un firmamento artificial inquieto y multicolor en el cielo del anochecer. Los controladores dirigían el ataque, dándoles indicaciones a las naves. Un comandante les explicaba a los generales el poderío de las armas.

–       Las naves bajaran directo a la superficie, señores. Desde el espacio, nuestros cañones de alta precisión atacarán los blancos más importantes, gracias a nuestros satélites que toman imágenes en tiempo real del campo de batalla. Después, cuando logremos asegurar el área de aterrizaje en la superficie del planeta, bajaremos a las tropas. Primero los mecanizados (trajes robóticos), luego vehículos y luego soldados. Al final, aterrizaremos nosotros.

–       ¿Se abarcará la totalidad del planeta?

–       Por supuesto. Inversos a su velocidad de rotación, tendremos velocidad suficiente para cubrir los polos. Hemos calculado incluso el ángulo de…

Un controlador de comunicaciones interrumpe la presentación,

–       Mensaje urgente de Regidor Baril, del Sistema Tau.

–       Ponlo en la pantalla. Veamos lo que tiene que decir.

Frente a todos los atareados técnicos, la pantalla más grande, la principal, mostró la figura de un joven de piel verdosa, sin cabello, con una túnica ocre cubriéndole los hombros.

–       Habla Baril VII, Regidor del Sistema Tau. No continúen este ataque sin sentido. Siria Tres no les ha hecho ningún daño.

–       Eso lo decidimos nosotros, crío- contesto agresivamente el general Stukov

–       En ese caso, tienen diez minutos para evadir un carguero intergaláctico que acaba de partir de la superficie del planeta, sin piloto y con destino a ustedes. Se encuentran ahí todas las armas del sistema, desde pequeñas pistolas de proyectiles, bombas N, hasta cabezas nucleares de materia negra. Nosotros no deseamos utilizarlas. Esperamos que ustedes si.

El encargado del radar lo confirmó fácilmente

–       Un objeto…

–       ¡Intercéptenlo! ¡Destrúyanlo!

–       Seria inútil. – Baril aun no dejaba la línea – solo acelerarán el proceso de autodestrucción. Retírense ahora, o mueran con su propia guerra. – y finalizó la transmisión.

Ni Boris o alguien de los altos mandos consiguieron salir de la nave nodriza. No tenían tiempo de evadir o dar la media vuelta. Los generales consiguieron ver el preciso punto de ignición, cuando estallaron las primeras bombas, originando la onda expansiva que se hacia mas y mas extensa. Una lluvia de estrellas y un fuego enorme, increíble y real, con tormentas de metal ardiendo precipitándose sobre las indefensas ciudades. Así llegó el rápido final de una guerra en la que nadie quería participar. En la soledad del espacio repleto de mundos.

(continuará…)

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