Sangre de Guerra (parte XI)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen © 

Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

continúa…

<<Hacer lo correcto. A ambos nos gusta eso. Hacer lo correcto, a  cualquier costo.>>

Más tarde, la secretaria sama de Kyo sa se acercó en absoluto silencio a la oficina del bosque. Vio partir a Boris, con paso enérgico hacia el Complejo. Esperó a que se alejara lo suficiente y luego, como solo pueden moverse las damas sama, alcanzó la mesa. Encontró el documento, la pluma de su jefe y la taza de té a medio vaciar. El documento estaba firmado, manchado imperceptiblemente con una pequeña gota de agua en la esquina inferior izquierda. Pensando que era té, lo acercó a su nariz. Con su fino olfato, capaz de diferenciar miles de esencias, se dio cuenta de que no se trataba de té. Era una lágrima solitaria en una hoja de papel.

Tres semanas después, en una base militar de localización ultra secreta en algún planeta del sistema Vladivostok.

<< Bueno, bueno. Debo admitirlo. Estos chiquillos están bien entrenados. Saben lo que hacen. Profesionales, sin lugar a dudas. >>

Someter al infatigable Alexei Tubarov necesitó la operación conjunta de una fuerza de ochenta hombres pertenecientes a los comandos especiales – una exageración, según algunos, un número necesario, según otros – movilizaciones de varios vehículos, además de armas con gas narcotizante altamente concentrado, y dardos sedantes con cinco veces de la capacidad normal. Las modificaciones al sistema inmunológico de Alexei por medio de un experimento de los laboratorios de la Confederación (el llamado Suero del Soldado, un remanente del fallido proyecto Bio-lenx)  fueron los causantes de complicar la situación.  Él estaba ahora esposado de manos y piernas, en un sótano a medio iluminar, de una base militar de las tantas existentes en el Sistema Vladivostok. Aun no reconocía en cual exactamente, pero tenía la ventaja de haber visitado  todas. Le dolía un poco el cuerpo, pues fue drogado, golpeado, enmascarado y encerrado en un vehículo que sonaba como un camión blindado, para llevarlo al lugar de fusilamiento. La cabeza le estallaba.

–       General Alexei Tubarov, ha sido encontrado culpable de genocidio, asesinato, complot, destrucción masiva…

Las palabras de este sargento desconocido (“¿Cómo es que nunca lo he visto en mi vida?” se preguntaba Alexei) le sonaban huecas. Lo importante es que iban a matarlo. Otra cosa que lo confundía es que usaban uniformas sin insignias. No sabía si eran de la Congregación de Planetas, o incluso de alguna otra asociación que deseaba venganza. Por las armas de unos, podría tratarse posiblemente de la misma Confederación. Como se dijo antes, lo importante era que iban a matarlo. Había una docena de hombres apuntándole. Y el sargento, al acabar el resultado del juicio, le acercó una pantalla de video.

–       Es un mensaje del general Petrovich, para usted, general Tubarov.

La voz era característica. No había datos de falsificación. Su tono y respiración no indicaban que estuviera siendo forzado o que mintiera. Confundido, Alexei se dedico a escuchar.

–       “Por los crímenes que has cometido utilizando el nombre de la Confederación a beneficio tuyo, se te ha condenado a la pena máxima. El único consuelo que puedo darte es que tu muerte será el inicio de un proceso de paz que creará una Confederación de Sistemas mas sólida y segura. Acepta la muerte con dignidad, Alexei. Acéptala como un soldado.”

El mensaje acabó y el soldado se llevo la pantalla portátil. Alexei se puso a reconsiderar la situación en los pocos minutos que le quedaban.

<< Seré un héroe a fin de cuentas. Un héroe muerto. >>

Los soldados cargaron sus rifles. El sargento desconocido estaba en la orden de “preparen”

<< No lo niego, no me importaba morir. Esto de la paz intergaláctica me tiene sin cuidado. Es el sueño ambicioso de mis padres, no el mío. Solo obedezco órdenes. Ese es mi trabajo. >>

–       Apunten…

<< Fui criado para cumplir órdenes, aun hasta el final. No es el beneficio personal que jala el gatillo o corta el cuello. Son las órdenes que he recibido toda mi vida. Creo que en el honor, en la justicia. En el equilibro de fuerzas. ¿Y si por primera vez en toda mi vida desobedezco una orden? Quiero vivir. Al carajo la Confederación y su estúpida paz. No voy a morir. Ahora yo decidiré a quien matar. Quiero vivir. >>

–       ¡Fuego!

Quizás la fuerza de estos pensamientos le dio la impresión a Alexei de que sus esposas eran más débiles de lo que generalmente serían.

Tirándose al suelo, esquivó las balas. Rompió sus ataduras en un solo movimiento. Los soldados dispararon una segunda carga, pero Alexei se acerco lo suficiente a uno de ellos para usarlo como escudo humano. Con el arma que le arrebató, mató al escuadrón de fusilamiento en unos instantes increíbles. Salir de allí no sería fácil. Al oír la escaramuza, los refuerzos llegaron a la bodega, encontrando los restos de la lucha de Alexei, pero este ya estaba en el techo, moviéndose ágilmente entre los ductos de ventilación. Cuando se dio la alarma general, se puso el chaleco antibalas que le había quitado a uno de sus primeros atacantes. Aun no sabía en donde estaba, y no estaba seguro si el ducto lo llevaría a un lugar seguro. Salió de allí por una reja de ventilación y cayó en uno de los cuartos de ingeniería y diseño. Más abajo, se encontraban los generadores de electricidad, enormes maquinas con un zumbido espantoso,  y algunas tenían desperfectos en los sistemas de enfriamiento. Pero eso era bueno, ya que le permitía moverse sin tanto sigilo, y los chorros de vapor lo protegían de las cámaras de seguridad. Necesitaba armas. Revisando el escritorio del jefe de mantenimiento, encontró además un mapa detallado de la base. Se encontraba en un edificio militar, de diez pisos de altura, en una pequeña isla rodeada por lo mares huracanados del Nueva Vladivostok II. Aun si salía de  la base sin ser descubierto, continuaría atrapado en la isla. El mar a su alrededor solo podría ser atravesado por lo pesados buques de carga, y ahora que la alerta sobre su huida había sido dada, ninguno de ellos dejaría las costas. Y ni siquiera el gran Alexei Tubarov podría robar uno para escapar. Sin embargo, la fortuna le dio la mano. El hangar de naves estaba muy cerca de allí. Tomar una seria fácil, en comparación con el resto de la huida. Con una rápida ojeada a los mapas y papeles de ese anónimo despistado (su escritorio estaba todo revuelto) se dio cuenta de que estaba una base de alta seguridad, con el nuevo sistemas de defensa. En la superficie de la isla, había torretas de misiles inteligentes completamente automáticas, la cuales disparaban a cualquier nave no autorizada que sobrevolara la zona, ya sea de llegada, o de salida. Sin embargo, Alexei no se preocupaba por detalles como ésos. Tenía la gran ventaja de conocer a la perfección los sistemas de la confederación. El diseño la gran mayoría.

<< Tengo como quince minutos para cortar las comunicaciones, si no quiero a un millar de tipos oliendo mi sombra>>

Aprendió los mapas de la base con un par de ojeadas. Solo encontró un arma pequeña, con poca munición.

<< Esta basura tendrá que servirme en lo que llego al tercer piso>>

Saliendo en completo silencio, Alexei se puso un casco sacado de uno de los estantes de la oficina. Subió por las escaleras, escondiéndose de las cámaras.

<<Tendré que ocuparme de la seguridad más tarde, a riesgo de retrasarme demasiado. Primero debo eliminar la señal de auxilio vía satélite, o mis problemas serán mayores. >>

–       ¡Alto ahí! ¡Quieto!

Alexei disparó al par de guardias que vigilaban la entrada al primer piso. Los despojó de armas y un intercomunicador, escondiendo los cadáveres como mejor pudo. Subiendo como loco las escaleras (pues sabía con anticipación que las entradas por los elevadores serían las más vigiladas) pasó de largo la entrada al segundo nivel, concentrándose en llegar al tercero, con el tiempo justo.

<< Han pasado cinco minutos y… veintitrés segundos. No tengo muchas oportunidades>>

–       ¡No se mueva!

–       ¡Deténgase y desista!

–       ¡Suelte las armas!

Un ataque frontal. Varios soldados lo esperaban ya en la entrada al nivel de comunicaciones. Con armas en ambas manos, disparo sin descanso, mientras se lanzaba al suelo, barriéndose para llegar al resguardo de dos grandes anaqueles próximos. Unos cuantos cayeron. Los restantes, cuatro de ellos, se escondieron detrás de las consolas de control de comunicaciones.

–       Tengo que destruirlas de todos modos.

Disparó e hizo volar varias de ellas, aprovechando la distracción para correr hacia los soldados  y enfrentarlos cuerpo a cuerpo.  Entre disparos y golpes, no pasaron más de tres minutos. Todos muertos, menos Alexei, que tecleaba algo rápido en las computadoras sobrevivientes.

<< No contaba con esto. El sistema alterno esta ahora en funcionamiento. La gran antena estará mandando el estatus de la situación en quince minutos a las demás bases del planeta si no se vuelve a reiniciar el sistema de comunicación. Cosa que doy por hecho. Entonces, la alarma será ahora generalizada, y los incontables refuerzos llegarán muy rápidamente. Tengo que destruir la antena satelital para obtener al menos esos quince minutos extra, después de eso, las repetidoras de señal rogarán por ayuda. Si no consigo salir antes de eso, estaré perdido. >>

Volvió a tomar munición de los caídos, y con el radio de uno de ellos, escuchó los mensajes y las órdenes los soldados que continuaban persiguiéndolo. Tenían cubierto todo el edificio, a excepción del túnel de los elevadores. Alexei decidió darse el lujo de demorarse y acabar con el sistema interno de seguridad, así, al menos, tendría más libertad de acción. Abrió una cabina, se trepó al techo, y entró en el túnel oscuro donde corrían los cables de acero reforzado encargados del funcionamiento de los elevadores. Cubrió su mano con su chaleco.

<<Pero, antes que nada, bajan>>

Disparó al seguro del ascensor, y abrazado al techo, siguió su breve caída hasta saltar a una pequeña cornisa que indicaba la entrada al segundo piso, sujetándose con la yema de los dedos. Afuera, los soldados oyeron el estrépito de la cabina al desbaratarse en el sótano. La puerta se abrió, y un soldado se asomó a reconocer el área. Alexei sujetó la pierna del curioso, y con la agilidad de un gato, trepó por ella,  hasta lograr tirarlo de espaldas. Quebró su cuello con rapidez, encontrando un bono especial en su equipo: granadas.

<< Me dejaré de delicadezas. Estoy perdiendo mucho tiempo. >>

Los soldados llegaron instantáneamente, con sus amenazas usuales

–       ¡Alto!

–       ¡Quieto o disparamos!

Una veintena de hombres lo rodeo en un par de segundos. Alexei tenía las manos detrás de su espalda, con seis granadas de fusión activada para explotar en veinte segundos.

–       Manos arriba ¡Ahora!

Alexei le respondió susurrante:

–       Si eso quieren.

Mostró sus pequeños juguetes y antes de cualquier tipo de reacción, los lanzó los mas lejos que pudo para volar, si era posible, todos los sistemas de seguridad y vigilancia, incluyendo el piso entero.

<< Disfrútenlas. >>

Alexei saltó de regreso al túnel de elevadores, sujetándose instantáneamente a otra cuerda de acero y disparando al seguro que la ataba a la segunda cabina, elevándose al momento lo suficientemente rápido para evitar la gran explosión y llegar sano y salvo al último piso, repitiendo su acrobacia, pero utilizando una cornisa más amplia. Abrió con la fuerza de sus brazos la puerta del elevador. Se encontró con unos cuantos guardias, pero los eliminó rápidamente.

<< ¿Dónde? ¿Dónde?>>

Debía ahora encontrar el control de las torretas autodirigidas, para poder escapar con más libertad de movimientos. Vagó por las habitaciones, hasta encontrar el servidor de seguridad exterior. En esta ocasión se dio el lujo de sentarse.

<< Sin cámaras tengo mas holgura, pero no mas tiempo. Los dejé mudos y ciegos, sin embargo, ellos son muy buenos. No lo suficiente, pero sí son buenos. >>

Localizo la fuente de energía del servidor, invirtió las polaridades y puenteó hacia el cable de alta tensión que corría por el techo, por el sistema de iluminación, Alexei logró freír los discos duros de todas las computadoras en el piso. Con consecuencias inesperadas.

<< Este apagón me servirá de mucho >>

Corrió por las escaleras de servicio hasta llegar a la azotea. Encontró allí la antena satelital, una parabólica que giraba lentamente gracias a su propia fuente de energía. Estaba a minutos de mandar la señal de peligro inminente a las demás bases del planeta.

<< Ahora tengo que…>>

–       ¡Abajo!

–       ¡Ha causado demasiados destrozos!

–       ¡Deténgase y desista!

<< Claro, este movimiento era muy lógico. No esperaba menos>>

Alexei tenía aún un par de granadas, con suficiente poder para volar la antena. Pero no podría colocarlas con facilidad, lo matarían. Debía continuar distrayéndolos a toda costa, por lo que tomo el extremo de una rollo de cuerda metálica, ató un extremo fuertemente a su pierna y el otro a la estructura de la antena.

–       Hemos dicho que se detenga

–       ¡A él!

Los soldados corrieron hacia él, pero Alexei continuo su plan sin demora.

–       ¡Se escapa!

Corrió con la cuerda en su pierna hacia el borde contrario de la azotea, aparentemente huyendo de sus perseguidores, que dispararon en el momento justo en que se precipitaba al vació. Y, en el aire, giro su cuerpo, lanzando las granadas a diez segundos de su explosión.

– Atrápenlas.

Haciendo ignición en el aire, justo encima de la parabólica, la convirtieron en chatarra, junto a los hombres que estaban allí. Alexei seguía cayendo, y la cuerda impidió que se estrellara contra el suelo. Claro, no era lo ideal, pero el lo había hecho tantas veces que conocía el truco para evitar que te dislocaras el fémur o tu cadera se partiera en dos. Un enjambre de soldados se apresuraba a alcanzarlo, mientras Alexei les quebrara el cuello a varios y disparaba sin cuartel.

<< ¡No hay tiempo! >>

Los hombres, es decir, los refuerzos de los refuerzos, le seguían los tobillos. Había logrado destruir la parabólica, y el sistema de comunicaciones de la base. Pero las incontables antenas repetidoras tenían ya varios minutos sin recibir señal de ambas, y, como lo especificaba su programa de funcionamiento, si en cinco minutos continuaban recibiendo solo estática, tomarían ellas el control de las comunicaciones y su primer acto seria mandar una señal de alarma prioridad máxima, y volver a poner el sistema de misiles autodirigidos en línea. Alexei corría frenéticamente, escondiéndose aquí y allá. Entre todas esas naves, la fortuna le colocó su corcel favorito, el RPC-120, la nave experimental diseñada exclusivamente para el grandioso Alexei Tubarov.

<< Enhorabuena>>

Los soldados peinaban la zona. Desconcertados, vieron como una nave encendía motores y avanzaba rápidamente a la salida.

–       ¡Derríbenla! ¡Derríbenla!

Pero la RPC-120 iba ya lejos cuando los misiles inteligentes volaban hacia él. Como una estrella fugaz, Alexei alcanzó la estratosfera y se perdió en el espacio. La última gran hazaña de Alexei Tubarov.

(continuará…)

Anuncios

Animate! Deja un comentario. Todos son valiosos

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s