El Templo del Dragón Púrpura (parte IV y última)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen © 

Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

(…)

“Probé mis habilidades por primera vez cuando luché con la banda que te mencione hace rato. Éramos ese gorila y yo, él tenía un revolver, así que tome una barra de metal y una cadena, cuando…”

       Olvido mencionar algo – volvió a interrumpir el maiar

       ¿Qué cosa?

       Su padre. Lo que hizo su padre cuando llegaron al templo.

       Pues…

“Llegamos moribundos. Casi arrastrándonos, hasta el Templo. Los monjes nos ayudaron, con el conocimiento de que yo me quedaría. En caso contrario, estoy seguro de que nos hubieran dejado morir allí a sus pies. Curaron nuestras quemaduras y nos alimentaron. Pero mi padre… creo que se le rostizaron los sesos o algo, porque me miraba de forma extraña y murmuraba cosas… cosas acerca de mi madre. A la hora de separarnos, dijo algo que nunca podré olvidar”

Le dieron agua y comida para el largo viaje. El caballo, el único medio de transporte que aceptaron obsequiarle, estaba inquieto. Aun así, el padre de David se dio tiempo de hablarle muy seriamente a su hijo.

       Tu madre murió por hacerte un monje. Si acaso llegas a regresar a la casa sin cumplir con tu promesa, te degollo.

David no cambio la expresión de su rostro un ápice.

       ¿¡Oíste, malagradecido?!! ¡¡Si vas a ver a tus hermanos sin ser un monje, voy a matarte!!

Giró y dio la orden al caballo de correr, alejándose rápidamente al horizonte de arena. David solo movió la cabeza negativamente.

       Ni siquiera me deseo suerte. Carajo.

El Templo del Dragón Púrpura estaba frente a él. Jalo aire, se dio valor, y caminó por ese caminillo de rocas redondas, para dar con la puerta principal y enfrentar a su destino. Fue la última vez en que David vio a su padre. La última vez que tuvo contacto con algo llamado “familia”.

       ¿Y… que paso luego?

       Creo que iba a contarte la pelea que tuve con el jefe de la banda que asesino a mi madre – levantó su cerveza, y dio un gran trago

“Éramos un par de bastardos tratándonos de arrancar la cabeza.”

– ¡Aléjate mocoso! ¡Te voy a sacar las apestosas tripas!

El jefe de la banda vio como este muchacho había matado a sangre fría a todo su grupo, en una emboscada perfecta. En el fondo, comenzaba a temerle.

       ¡Maldito, pedazo de bestia! ¡Te mataré!!!

El jefe intentó disparar su arma. Pero David uso una cadena que tenia en las manos como látigo y la separó de sus manos. Saltó sobre él, usando una barra de metal para enterrarla en su abdomen, y comenzó a ahorcarlo. El tipo lo tomó como un saco y lo lanzó lejos. David cayó sobre chatarra metálica, pero no se hizo ninguna herida de gravedad.

       maldito, maldito, maldito…

Se levantó furioso. El tipo buscaba frenéticamente su arma, para defenderse de esa fiera salvaje que caminaba hacia él sin quitarle la hiriente mirada de encima. Tenía ya entre sus manos un tubo, pero no pudo reaccionar. David lanzó un rápido puñetazo a su cara, tumbándolo. Sobre de él, David sujeto su cuello con ambas manos y comenzó a apretar.

       ¡Muérete! ¡Muérete de una maldita vez!!

El tipo estaba asfixiado y su tráquea rota. El joven ya no era el mismo. El cielo se poblaba de nubes, la lluvia caía, la preciosa y extraña lluvia del desierto, con sus rayos que rasgaban el horizonte. Exhausto, se dejó caer de rodillas en medio de ese infierno. No más culpa o debilidad. Era fuerte, muy fuerte. Enfrentó por primera vez a su ira y su rencor, y salió victorioso.

El maiar escuchaba atentamente. Habían dejado de jugar desde hace rato. La cerveza de Thunder se había calentado, y ordeno una tercera, casi al punto de congelación. Después de tomar un refrescante trago, prosiguió.

       Se lo que estas pensando: “Como va a haber tormentas en el desierto”. Te diré que yo tampoco lo creía en ese momento. Y sigo sin creerlo, si me lo preguntas. Pero lo cierto es que agua y rayos caían del cielo. Además, cosas raras pasaron ese día, mucho más que una lluvia en el infierno.

El maiar no contestó. La narración de Thunder lo tenia absorto.

       Ya le comenté que en el Templo me daban golpizas diario. Intentaban torturarme por todos los medios posibles, pero no lo conseguían.

       Déjeme adivinar – interrumpió Prot – usted los golpeaba antes de que alcanzaran a intentarlo.

       Exacto. Uno de eso malnacidos trato de abusar, es decir, abusar de mi, ya sabes… hacerme su querido amigo… sin embargo le di una paliza… ¡Ja! No pudo caminar en seis meses. Lo cual era un círculo vicioso, ya sabes, yo les pegaba, ellos me azotaban, yo les contestaba, ellos me encerraban en el pozo por dos días…

“Hasta que comencé a hartarme. El Maestro no dejaba de fastidiarme con sus acosos de marica, y detrás de él otra docena de infelices. Así que planee mi escape. Digamos que mi odio creció tanto que ya no podía contenerlo. Es como cuando tienes ganas de orinar, tienes que ir, porque hay que ir, o las consecuencias serán peores. Algo natural, inevitable, llega tarde o temprano. Alguna ves tu odio es tan grande que debes dejarlo libre o te tragarás tu solo. Un día me desperté diciendo ‘a la mierda con todo. Es hora de mandar a alguien al carajo’. Simplemente quería largarme, y dejar atrás a aquellos que se divertían tratándome como bestia carroñera.”

Era de noche. El cambio de guardias. David les llevaba comida, pero en esta ocasión, además de las bolas de arroz, llevaba en el saco un cordón extremadamente resistente y delgado.

       ¡Apúrate, perro!

       ¡La comida, estúpido! ¡me muero de hambre!

       En un momento…

Al meter la mano en su saco, enredó el cordón fuertemente en su muñeca.

       Tome… – y le lanzó su bola de arroz

El guardia dejó su arma para atrapar su cena. David aprovechó la situación, dándole un gran puñetazo en la mandíbula, el otro quiso gritar, pero él lo alcanzó y le enredó el cordón en el cuello, asfixiándolo. Hizo lo mismo con el primero, para que nunca dieran la alarma. Usando la escalerilla que tenían para bajar y subir de la torre se deslizó por fuera de la muralla. Con el máximo sigilo y corriendo lo más rápido posible, llevando consigo un par de navajas robadas de los guardias, se alejó por el desierto. Aun lo acompañaba el saco con arroz y alforjas de agua. Sabía que necesitaba mejores armas y un vehículo de motor  y solamente había un lugar donde conseguirlas. No seria fácil, pero era eso o morir. Camino por el desierto durante horas, y casi a la mitad de la noche, encontró el campamento que había buscado. Pero no seria prudente meterse así nada más. Estaban rodeados de dunas, y detrás de ellas estaban las hogueras, los asadores, los barriles de cerveza, las armas y las motos. Oyó las risas, los cantos y los disparos al aire. Reconoció incluso a unos rostros.

       Los ladrones de las arenas… ahí esta… aquel hijo de perra.

David tuvo una idea. Aun era tiempo. Cobraría su primera venganza.

       Ya sabes lo que pasó después. ¡Ah! Pues a la mañana siguiente, fue cuando vi al Dragón.

La cara del maiar se iluminó de alegría.

       Por favor, hábleme de eso.

       De acuerdo – dijo Thunder –  si quiere la historia completa, se la daré.

“Los monjes contaban que el Templo se construyó encima del nido de un dragón. Si era cierto o no, les tenía sin cuidado. Guardaban reliquias, pero la más preciada de todas era una espada, que según perteneció al fundador del templo, el primer maestro. La llamaban Espada Escarlata y la tenían en un altar central del Templo, a la vista de todos. No nos dejaban ni acercarnos a ella. Los monjes más viejos mencionaban una relación entre la espada y ese supuesto dragón, pero nunca se molestaron en contarnos el cuento completo.”

– ¿Usted cree que en realidad existió algo sobrenatural en ese Templo? ¿Algún indicio de que la leyenda sea cierta?

– Solo creo en lo que veo. Aun si es raro o anormal.

– Eso incluye al dragón.

– Eso incluye al dragón. Y a un Templo tragado por las arenas.

“¿Por qué regresé? Cuestión de principios. Me torturaron, golpearon, humillaron, azotaron y ¿todavía querían seguir vivos? Infelices. Además, no podía correr el riesgo de que alguno de ellos fuera a tomar represalias contra mi familia acerca de mi deserción. Pero, mas que todo, porque esos bastardos se lo merecían con ganas. Encontré un arsenal decente con esos bandidos, lo suficiente para emprender mi ingenuo plan de matar a los grandes sacerdotes, los mayores demonios que parasitaban al Templo. Por supuesto, en ese entonces no sabía nada de tácticas, ni siquiera empuñar un arma como se debe, así que fue un estúpido ataque suicida…”

Un incendio se inició en el corazón del desierto. Explosiones, llamas y el calor abrasaron las arenas, y el Templo del Dragón Púrpura comenzó a arder como ramas secas caídas en ríos de lava. El joven David se bautizó a si mismo con fuego y muerte, volviéndose en esos momentos un agente implacable de justicia inmediata. Entró a los dormitorios como un demonio descarriado, disparando las armas tomadas de los bandidos, causando destrozos y bajas entre los monjes. Su única ventaja, la sorpresa. Los problemas empezaron cuando se le acabaron las balas, y aun conservando la furia de león con que inició el ataque, tenía las de perder.Lo rodearon, cerca de la plataforma circular de oración. Los monjes sobrevivientes planeaban vengarse. El Maestro, aún intacto, blandía un látigo con astillas de metal en sus ocho colas. El rebelde estaba perdido.

– Querrás morir

– Te torturaremos

– Rogarás por que te matemos

La ira ígnea de David alcanzó para un último esfuerzo.

       Nunca me gusto rogar. Gracias ¡Me mataré yo mismo!

La espada vieja, debajo del monumento de ese maldito dragón… El joven solo tenía que extender el brazo que aún tenia sano para asir esa arma anticuada y causarse solo un poco más de daño para quitarse la vida. Estaba dispuesto a hacerlo.

       ¡Aléjate de la espada, ignorante!

       ¡Es la Sagrada Espada Escarlata!

Tenía menos de un segundo para tomar la empuñadura y levantarla de su nicho, donde había reposado por siglos. David gritó a todo pulmón:

       ¡¡ ¿A quien carajos le importa?!!

Tomó la espada. Entonces, algo increíble sucedió. Cuarteaduras en el suelo de piedra se fueron haciendo más y más grandes. Un sonido abrumador, el retumbo del corazón del desierto fue haciéndose más y más fuerte, hasta que las losas cedieron y se resquebrajaron. Espesas nubes de humo brotaron de las grietas, poco antes de que el piso del Templo colapsara casi por completo. Las paredes cayeron justo al momento en que el sol asomó por el horizonte.

“Ya sabes lo que pasó después”

       Destruyó el Templo del Dragón Púrpura

       Yo no lo hice. Fue el dragón. Escapé por poco, alcanzando mi moto, a punto de sumirse en la arena movediza.

       ¿Quedaron restos?

       Nada. Todo desapareció por completo. Los cimientos del templo se esfumaron, se perdieron en el Desierto Rojo. Junto con los monjes y los cadáveres de los otros monjes.

“El Dragón huyó. Le pegó la gana de salir, y mala suerte del Templo por estar encima de él. Sacó la cabeza por entre las grietas, escupió fuego, estiró el cuerpo entumido y se comió a unos monjes para entretener la boca. Debieron haberle sabido horrible, porque el dragón rugió espantosamente, y, enfurecido, se dedico a destruir el Templo y a saciar su hambre de cientos de años tragándose a los espantados monjes que huían como insectos fuera de su agujero. El incendio que yo originé se hizo muchísimo más grande, y, cuando no quedó ningún ladrillo en su sitio, ni monje que pudiese componerlo, el dragón se largó. Yo no me quedé a ver el espectáculo completo. El templo fue engullido por el desierto. Al irse el dragón, el nido quedó vacío, haciendo colapsar el Templo. Si nunca nadie vuelve a mencionarlo, será imposible decir que alguna vez existió allí.”

       Usted fue la perdición del Templo del Dragón Púrpura

–   ¿Quién lo diría? Si mi madre lo hubiera sabido, lo habría pensado antes de llevarme. Además, te repito que yo no lo volé. Fue el dragón.

–    ¿Qué paso con la espada?

       ¿Cuál espada?

       ¡La Espada Escarlata!

       La traigo conmigo, me trae suerte. Además le agarre cariño. Salvó mi pellejo.

En la espalda de Thunder, había un gran tubo envuelto en tela, cuidadosamente atado con varios nudos. Prot pensó que era otro tipo de arma, pero ahora ya conocía su contenido.

       Después de eso, se hizo cazarrecompensas

       Si. Lleve los cuerpos de los ladrones a la policía.

“Ahí tome una nueva personalidad. Como te dije, las oportunidades aguardaban. Mas muchísimas ganas de olvidar mi jodido pasado”

       ¿Nombre?

David sabía que tenía que dejar su vida atrás. Recordó que durante la pelea, llovía. Y recordó en particular que al matar al jefe de la banda, un rayo particularmente grande rugió en los cielos.

       Thunder. Thunder X.

       ¿Thunder X?

       Mi apellido es muy mi problema

       OK, OK, ¿efectivo o cheque?

       Pregunta tonta

       Entonces… – el oficial sacó un costal de billetes, vaciándolo en el mostrador – 1,000, 2,000, 3,000 …

Era la tarde caliente de un desierto sin nombre.

       Una historia fascinante – comentó Prot

       Si tú lo dices. Una historia y nada más.

       Le propongo un trato

       ¿Qué cosa?

        Un último juego de naipes. El todo por el todo. Mi nave y su contenido contra su moto y su espada.

       ¡Hey!

       Ande, tome una decisión arriesgada. No lo dejaré mal parado.

Thunder lo pensó un poco.

       ¡De acuerdo!

Prot revolvió el mazo. Thunder no estaba nervioso. El maiar repartió las cartas. Hora del cambio.

       ¿Cuántas?

       Tres

Prot se las dio, y después el tomo una.

– ¿Listo? ¿Desea continuar?

–  Vale, lo lamentaré por la espada. Pago por ver.

Prot bajó sus naipes. Nada. Thunder liberó una carcajada.

       ¡Par de dos!

Salieron al exterior de la cantina. La nave de Prot estaba un poco lejos de allí, así que Thunder lo llevo consigo en su moto. Al llegar…

       ¡¡¡Santa rajadura!!! ¡Por el mosquete de mi abuela!!!

Una nave nodriza intergaláctica de al menos cien kilómetros de ancho estaba posada en la arenas. Era inmensa, de formas aerodinámicas, negra y uniforme. Cubría parte del horizonte, y, desde cierto ángulo, opacaba al sol.

       ¿Que demonios? – balbuceaba Thunder asombrado.

Prot le entregó una cadena repleta de llaves, una libreta con contraseñas y un libro grueso (el manual), que traía en su maleta.

       Es suya. Lamento decirle que la nave tiene algunos desperfectos, pero los sistemas de navegación, defensa y aterrizaje están en su punto. El manual esta en nuestro idioma, no tendrá problemas para estudiarlo.

       ¡Es una maldita ciudad! ¡Un maldito país!

       Y es suyo

Thunder acabó de asimilar la idea.

       Bueno, pero no es correcto perder una nave como esta en un juego de cartas. Hagamos un cambio.

Thunder le dio a Prot la llave de su moto, el casco y sus gafas protectoras.

       Ambos tendremos un medio de transporte, no es totalmente justo, pero…

       Fue un placer conocerlo. Y fue un placer que usted haya compartido su historia conmigo.

       No hay problema. Gracias… quizás y nos veamos en otra ocasión.

       Ojala. Espero que me cuente los nuevos sucesos que aparecieron en su vida.

       Cuente con eso.  – dijo Thunder y le guiñó un ojo.

El maiar llamado Prot se puso los lentes negros, el casco, abordó la pesada moto de ocho cilindros y arrancó. Se alejó en el desierto, en busca de conocimientos y más anécdotas de tipos rudos. Thunder, por su parte, abrió el manual y la libreta de contraseñas, acercándose a lo que parecía ser el acceso a su nave. Una escalinata descendió elegantemente hasta sus pies. Subió por ella  y uso una de las setecientas cuarenta y tres llaves de su cadena y entró a su nuevo hogar, leyendo en voz alta.

       Veamos… capítulo uno… como encender… si el sistema de energía sobrepasa… ¿Qué carajos es nuclearización?… acceda al sistema de seguridad y proporcione el código ¿Cuál código?… inicie secuencia…

FIN DE ESTA AVENTURA

Continúa en “Sangre de Guerra (parte I)

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