El Templo del Dragón Púrpura (parte III)

Los Aniquiladores de Planetas: Origen ©
Número de Registro: 03-2009-120213182200-01

Esta obra se encuentra registrada y protegida por la Ley Federal del Derecho de Autor. Queda prohibida cualquier copia, imitación, o utilización sin previa autorización de su legítimo propietario.

 

“….Así fue como el Templo se alió al gobierno, cada cual enriqueciendo y corrompiendo al otro, hasta convertirse en lo que yo vi, cuando era un muchacho, al abrir sus puertas.”

El aire rugía, levantando las fieras arenas del Desierto Rojo, en cuyo centro, alejado de la civilización, se encontraba el majestuoso edificio, el antiguo y venerado templo del Dragón Púrpura. Una muralla de ladrillos rodeaba al templo por todo su perímetro. En las cuatro esquinas de esta muralla, se alzaban torres con vigías. La pared oriental era la principal, donde estaba una puerta de hierro, que solo podía ser abierta desde adentro, quitando las trancas y levantando una reja con goznes del tamaño de un hombre, impidiendo el paso a los viajeros. Una plazoleta pavimentada se hallaba detrás, terminando en una escalinata que daba a un edificio de mármol, con techos curvos sostenidos por columnas cilíndricas, austeramente decoradas en su base con imágenes del Dragón. A los lados, un par de enormes construcciones, una serie de cuartos apiñados y mal construidos de unos diez pisos,en donde se alojaban los monjes. En ese momento había mucho bullicio, causado por los integrantes del Templo, enfrascados en sus ocupaciones diarias. Y cuando David llevaba unos cien o doscientos metros de recorrido, un cuerno lejano sonó desde el fondo del complejo, haciendo que todos dejaran de moverse. David siguió avanzando, sorprendido. El cuerno sonó por segunda vez y los monjes corrieron para situarse alrededor de un altar colocado enfrente de los recintos sagrados, fastuosas moles de piedra y mal gusto, cubil de los monjes de más alto rango. Enfrente estaba una loza circular, un poco mas arriba del ras del suelo, y sobre de ella el Maestro, con sus dos estudiantes mas aventajados.

–       Acércate – dijo el Maestro – nuevo integrante de esta escuela. – ven, déjame verte con detalle.

David sintió algo raro en el estómago. Siguió andando, entre todos esos tipos que lo miraban de pies a cabeza. Estaba conmocionado.

– Alegrémonos. ¡Oh hermanos!, por la llegada de David Jackes a nuestra Orden. Una persona que se integra, hace fuerte a los demás…

La multitud gritaba. David quería reírse por la apariencia del Maestro, un tipejo bajo de estatura, muy blanco, labios gordos, muy parecido a un cerdo, obviamente con marcado sobrepeso, envuelto en telas rojas, que a su vista, parecían cortinas, y un gorro chistoso en la cabeza, con forma de bollo. Un ser completamente ridículo. Para mala suerte de David, el Maestro interpretó esas miradas de forma diferente.

–       David, joven pupilo, ¿estas contento de pertenecer ahora al Templo del Dragón Púrpura? – dijo tomando sus hombros de una manera definitivamente extraña.

–       Yo…este… estoy… quiero decir… este…

David no podía aplacar su risa. Cada nueva palabra del Maestro la acrecentaba más y más.

–       Pues, bienvenido, ¡Oh pupilo!, ingresa a nuestra hermandad y honra…

El Maestro tenía una túnica muy larga. Quiso avanzar hacia David, para abrazarlo, pero se enredó con su propio vestido y cayó de bruces justo a sus pies. Algunos, a lo lejos, lograron contener la risa. David estalló en carcajadas. No era bueno para ocultar las cosas. Hasta la fecha.

“Mi primera golpiza. Ah… como la recuerdo. Me molieron a patadas, puñetazos, azotes y demás. Comí con un popote durante mes y medio. Claro, hubo muchísimas, pero el humano tiene la mala maña de recordar siempre la primera vez de cualquier basura que se le ocurre. De ahí agarre fama. Hay alguien que se duerme en las monstruosas sesiones de meditación ¿Quién es? ¡Pues David! ¿Se quebró algo? David. ¿Se perdió el dinero para el ron? ¡David! Carajo… y puedo asegurarle que yo era completamente ajeno a todo eso. Luego, agarraron la costumbre, así que me golpeaban cuando estaban ebrios, drogados o aburridos. Porque sabrás que ellos tenían tanto de monje como yo de científico genético. Lo del Templo sagrado era solo una maldita farsa. Verás Prot, en ese condenado lugar se juntaban todos los vicios habidos y por existir. De hecho, estoy seguro que creaban nuevos. Eran un montón de parásitos viviendo a costa de los campesinos y los pobres esclavos como yo que trabajábamos como locos en los campos de cultivos. Había alcohol, drogas de todo tipo, mujerzuelas, incluso hacían orgías entre ellos mismos….”

“Sentía náuseas todo el tiempo. Yo no soy del tipo de los que se acostumbran a algo y lo dejan pasar. Es decir, hay gente que ve tanta mierda, y deja de importarle, hasta nada en ella. Tuve asco desde que pise ese endemoniado lugar, tuve asco todos y cada uno de los segundos que permanecí allí adentros y tuve asco hasta el momento antes en que me largué. Estoy seguro de que si regresara, tendría de nuevo tanto asco que les vomitaría encima de sus cabezas. Para mi si es mierda, es mierda, y aunque la pinten de colores, seguirá siendo mierda.”

–       Si en ese lugar sufría, e incluso lo odiaba ¿Por qué permanecía allí?

–       Una promesa.

Pidió otra cerveza al cyborg en la barra. Miro de nuevo al ventilador, extendiéndose en su silla. El calor amainaba.

–       Cuando a los padres se le mete algo en la cabeza, hay poquísimas o ninguna cosas, de convencerlos de lo contrario.

“Mi familia sufría. Todos trabajábamos. Después de esa locura de querer vender a Lucas, decidí que ya no podía permanecer allí ni un momento más. Así, que, con ayuda de mis hermanos, preparé ese maldito viaje.”

David hizo una fiesta de despedida. Cuando sus padres regresaron de sus trabajos y vieron lo que pasaba, gritaron enfadados

–       ¡Dios santo!

–       ¿Quién les dijo que podían hacer esto?

David dejó su silla.

–       Marcharé solo. He hecho los cálculos necesarios y tenemos el dinero suficiente par el viaje. El resto se lo di a los niños. Se ganaron cada maldita moneda.

Un día, mientras la pequeña María fregaba el piso de la habitación de sus padres, encontró una caja. Siguiendo su curiosidad infantil, descubrió todo el dinero ganado por el trabajo familiar. Se lo confió a su hermano mayor, y cuando David lo vio, se dio cuenta de la situación.

–       Ya lo se. Sé que todos estos “sacrificios” eran para explotar a sus hijos, con el simple pretexto de mandarme al Templo. Al principio, quizás, fueron honestos, pero con el tiempo se dieron cuenta de la cantidad de dinero que podían juntar si nos ponían a trabajar.

El padre alzó la mano para darle una bofetada a David. El interpuso la suya, deteniendo el golpe.

–       ¿Quieren que me vaya? Me iré ¿Quieren cumplir su capricho? Lo haré. Con la única condición de que nunca, y con nunca me refiero a ni una sola maldita vez en todas sus vidas, vuelvan a aprovecharse del amor de sus hijos.

“Ese fue el fin. Mis padres me acompañaron, de todas formas. Eran unos jodidos avariciosos. De todos los hijos que tuvieron, a todos les encontraban peros. Nunca se estaban contentos o en paz, siempre querían algo, o más dinero, o una mejor casa o un vehículo nuevo. La misma cantaleta una y otra y otra vez. Tenían planes locos y estúpidos bajo los cuales ponían todas sus esperanzas de salir de pobres, y cuando su maravilloso plan no daba resultado, nos echaban la culpa a nosotros. Al contrario de yo y mis hermanos, que nos conformábamos con estar juntos, comer pescado frito y jugar a las retas. Éramos felices con eso, y a veces creo que ellos envidiaban nuestra felicidad, por lo que nos ponían a trabajar sin cuartel. Si ellos no estaban contentos, sus hijos tampoco podían estarlo. Malditos mezquinos. Viendo que no tenían remordimientos al abandonar a sus otros cinco críos, los dejéal cuidado del viejo Daniel. Ese viejo tenía un hijo, de mi edad, que murió en un naufragio. Ambos éramos pescadores, y nos llevábamos bien. Creo que desde entonces no he tenido amigos. Su hijo era muy parecido a mí, rudo, se tomaba las cosas en serio, honesto hasta que doliera, pero menos malhablado.Se parecía al señor Daniel, y justo como él, tampoco le agradaban mis padres, así que le fue fácil darle protección en esos niños desamparados.”

–       ¡Cuídense! – gritó el anciano mientras saludaba en el muelle rodeado de los hermanos de David, que agitaban vigorosamente las manos

–       ¡Adiós!

–       ¡Por favor, vigílelos!

–       ¡Adiós!

David partía al Templo en una barca, con sus padres a bordo, para llegar a la Megaurbe del Norte, atravesar el golfo de Dra y llegar a la Megaurbe del Sur. Allí, su viaje alcanzaría la etapa más dura.

“Los viejos no eran marinos como yo. Es decir, el bote los mareaba. Y a pesar de ser un viaje corto, no le veían fin. Yo no quería que me acompañaran, y no porque me fuera a largar sin ir al Templo, sino porque lo había planeado como un viaje sin retorno. Ahora, debía preocuparme por como carajos regresarían a la Megaurbe Norte, y para empeorar las cosas, mi madre se sentía mal. El frío y el calor extremos afectaban sus pulmones. Mi padre fue a buscarle un doctor apenas llegamos a la Megaurbe Sur. Cuando el doc le dijo a mi madre que debía estarse quieta, lo mando al demonio. Creo que yo herede su carácter, lo cual tiene sus pros y sus contras.”

–       Eso puedo verlo ¿seguro que desea seguir apostando? – dijo Prot.

–       ¿Por qué?

–       Ha perdido trescientos créditos.

–       ¡Bah! Agarro a algún roba coches y lo entrego. Me darán por lo menos mil. A veces soy tan necio como un burro. Pero en este negocio, esa es una gran virtud.

–       Los humanos me sorprenden. Esa capacidad de sobreponerse, de encontrar soluciones con la fuerza de su voluntad.

–       No todos son capaces de hacer lo que dices.

–       Los que lo logran, cambian su entorno.

–       Eso si.

–       Por ejemplo, esa promesa que usted hizo hace tanto tiempo.

Thunder calló por un momento. Reanudando la plática, continuó:

–       Esa fue la promesa más estúpida que he hecho en toda mi vida. Aun así, era una promesa, y no importa si tiene razón de ser o es una completa idiotez, debe de cumplirse.

“Por otro lado, después de lo sucedido en el Templo, debía largarme. Elegí el oficio de caza recompensas, Existía para mí un mundo nuevo de oportunidades, bandidos que atrapar, dinero por ganar y sinfín de gentes nuevas a quienes verles la cara. Sin importar todo lo malo que me había pasado, me sentí tremendamente contento, por primera vez en toda mi maldita vida, no más sueños de venganza y patear traseros, no más escondites de perro, o robar comida de puestos callejeros. Mataría malos por dinero y contando la cantidad de criminales que existen allá afuera, ganaría tantos billetes como para forrarme con ellos. Con el dinero de los bandidos que maté tuve lo suficiente para ir a la megaurbe mas cercana y comprar una nave, para salir al primer planeta que se me atravesara.”

–       ¿Qué hizo en el Templo?

–       Algo. Después de escaparme. Hubo un tremendo problema. Por eso debía de irme, ya sabe, la ley.

La tarde avanzaba lentamente sobre el caliente desierto. No había nada de viento, formando lejanos espejismos de pozos petroleros. El maiar tenía una paciencia increíble, además de una suerte tremenda,

–       Creo que el motivo de su visita a este planeta es la búsqueda de un criminal

–       No, para nada. – contestó Thunder – solo quería recargar gasolina

–       Por favor, hábleme de la promesa que lo hizo permanecer en el Templo. Llámeme entrometido, pero encuentro su historia fas…

–       Nada de adulaciones. Te lo diré todo con tal de tenerte callado.

“Ya sabrás que partí al Desierto Rojo con los viejos. Ya te conté como mi madre comenzó a enfermar. Entre más avanzábamos, el camino se hacía peor, al igual que su salud. Verás, tuvimos que dejar la Megaurbe sur para atravesar las montañas Esfinge, una serie de cordillera difíciles de escalar. Buscamos los caminos por donde pudiéramos seguir avanzando con la camioneta, así que dimos rodeos y rodeos hasta salir de esos condenados riscos. Tardamos mucho, y las alturas le afectaron los pulmones, pero luego… vino el desierto.”

“Esta cosa que este planeta llama desierto es un prado de flores en comparación con el Desierto Rojo. El sol te atraviesa, tostando tus órganos internos, hirviendo tu sangre. La arena se calienta tanto, que hay lugares en donde se cristaliza, formando rocas transparentes con insectos fritos en su interior. Un calor de muerte, donde el agua se considera divina. Varias veces mandé a los viejos de regreso, pero ellos querían verme en las puertas del templo antes de dejarme. Tercos. Viajamos por el Desierto Rojo durante varios días, mas de los que deberíamos, racionando nuestros alimentos y la preciosa agua lo que podíamos. Pero la mala suerte nos alcanzó. Una banda de forajidos, los ladrones de las arenas, rondaban por allí, y nos asaltaron, quitándonos todo. Por suerte el templo estaba cerca y llegamos justo a tiempo de morir de sed, pero no lo logramos todos. “

Thunder recuerda esa noche. La noche en que su madre murió.

Dormían adentro de la camioneta, apretados, protegiéndose del frío. A decir verdad solo dormían los papás de David, ya que él estaba afuera, mirando el cielo, haciendo guardia. Vio a lo lejos una docena de tipos en motocicletas dirigirse a ellos, dándole muy mala entraña. No había gente buena en el desierto y mucho menos después de haberse puesto el sol. Encendió el motor y arrancó, aun después de que su papa lo regañó por haberlo despertado.

–       Ladrones – contestó David

–       ¿Seguro?

–       Muy seguro

Pero ni toda la velocidad alcanzada por esa vieja camioneta era competencia para las motocicletas. Los tipos los rodearon y obligaron a defenderse.

–       Viajeros, estamos solicitando su ayuda – dijo uno de ellos, piel quemada y labios gruesos, fornido, el más alto de todos y de seguro su líder – y, claro, nos ayudará cualquier cosa que nos puedan ofrecer.

–       Dinero

–       Agua

–       Comida

–       Gasolina

–       O cualquier otra cosa que valoren más que a su vida.

David tenía las manos atadas. Nada podría hacer. Tendría que darles lo que quisieran, ya que no deseaba enfrascarse en una pelea donde seguramente perdería, y no por falta de habilidad, sino por superioridad numérica y estratégica. Por el contrario, sus padres no pensaban así.

–       ¡Déjennos en paz! – grito su padre

–       No tenemos nada que pueda servirles – dijo David – nada.

No se puede razonar con bandoleros. A punta de pistola, los obligaron a vaciar sus maletas. El joven permitió ser amenazado e insultado, pero no les perdonó los golpes. Utilizando un momento de distracción, desarmó a uno de ellos. Los demás estaban sorprendidos, y cuando lo vieron ir contra el jefe y noquearlo de un puñetazo limpio, iniciaron la desbandada. Por desgracia, para cubrir su huida, dispararon sobre ellos. David y su padre tuvieron suerte de tirarse de bruces y esquivar las balas. Su madre no fue tan hábil.

Era la noche madura. Solo había oscuridad, interrumpida por la luz de las estrellas y una pequeña fogata. David tenía a su madre en los brazos.

–       Prométeme… que serás un monje en el templo del dragón púrpura

La bala perdida atravesó su pecho. Perdía mucha sangre, y estaba débil, por su enfermedad y el pesado viaje. Moriría pronto. Su padre lloraba desconsoladamente. Él no quería hacer esa promesa, pero era su madre y ese sería muy probablemente su lecho final.

–       De acuerdo. Tú ganas. Lo haré.

Iniciaron el viaje al templo lo más rápido posible. David puso unos vendajes para tratar de parar la sangre, además de cuidarla lo más posible. Dos días después, debajo del sol ardiente, el y su padre terminaron de enterrarla en las doradas arenas de Desierto Rojo. Ella había dejado ese mundo a escasos días de llegar al Templo del Dragón Púrpura.

“Tenías que morirte, ¿eh? Solo así conseguiste tu capricho. Hasta eso fuiste capaz de hacer”

–       Ahora entiendo

Prot sacó del mundo de los recuerdos a Thunder

–       Ahí estas, maiar.

–       Lamento la muerte de su madre

–       Eso ya fue algo de tiempo. Pero gracias por la intención

–       ¿Qué paso con el jefe de la banda? Aquel que dejó inconsciente.

–       Pues, creo que luego se reencontró con su pandilla. Lo maté no mucho tiempo después. ¿Recuerdas que te conté acerca de los primeros cuerpos que llevé para cobrar la recompensa? Él fue uno de ellos.

–       Así que sí termino su entrenamiento como monje.

–       Oh, diablos, no. No acabé el curso.

La cara del maiar daba a entender que algo no entendía.

–       ¿Cómo lo dejaron abandonar el Templo?

–       Nadie deja el templo sin permiso del Maestro. De hecho, habían pocas cosas en que el maestro no metiera su horrible y gruesa nariz.

“Había un montón de negocios sucios allí. Venta de drogas, fraudes, usura… Convivía con más ladrones, estafadores y adictos que en una jodida cárcel. Si mi madre se hubiese enterado de todas las cosas divertidas que esos pervertidos hacían para entretenerse, seguro se moría por segunda vez. A veces pienso que ella tuvo suerte al morir engañada. De seguro esta en el más allá pensando que soy un monje beato y sabio, que la Orden del Templo les lleva dinero a mi familia, o que todos se inclinan cuando paso y me besan la mano, diciendo ‘A sus órdenes, excelentísima sabiduría’ Porque, de saber la verdad… bueno, ella nunca soportó las decepciones. Esta bien ahora, en el purgatorio o en la sala de espera, o donde sea, aferrándose al único sueño estúpido que para ella tenía sentido, el jodido Templo de Dragón Púrpura.”

–       ¿Cómo era la vida allí? – interrumpió Prot

–       Ya te conté eso.

–       Me parece que no. – el maiar pensó un poco – No, no lo ha hecho. ¿Cuáles eran sus actividades diarias en el templo?

–       Déjame recordar…

“Un rajado infierno. Si. Eso era. Me levantaba antes que el sol. Luego, iba a las granjas hidropónicas, a unos cinco o seis kilómetros del Templo, a pie, por supuesto, junto con los demás aprendices. Trabajábamos dieciocho horas, sin descanso o alimento, hasta que nos mandaban de regreso a llenarnos la panza – si lo conseguíamos – con un batido de arroz hervido o algo parecido a eso. Después, tenía un montón de pendientes, como lavar pisos, remendar ropa, cocinar, arreglar los vehículos. ¡Carajo! No podía intentar dormir hasta bien entrada la noche en unos catres apretados y apestosos. No había ningún maldito entrenamiento ni nada parecido, era solo trabajar y trabajar hasta morir de inanición. Solo avanzabas de rango si lograbas el favor de algún monje superior a ti. Lo cual, en mi caso, nunca pasó. Lo único que conseguí fue hacerme más fuerte y resistente, cosa útil, desde cualquier punto de vista. Era cosa de ver cuanto puedes aguantar. Treinta latigazos hoy, mañana treinta y uno, treinta y dos pasado. Hagámoslo más interesante, ahora que me cuelguen de cabeza mientras me azotan. Créeme que nunca me sentí muy furioso. Claro, te molesta que un marica de mierda, te persiga todo el día y trate de pasarse de listo, pero nunca perdí la cabeza. Solo me daba a entender en el único lenguaje que dominaban: golpes. Y cuando me azotaban, me daba curiosidad que tanto resistía mi espalda, cuarenta, cincuenta, ya no significaban nada. Allá por el sesenta o setenta empezaba a dolerme de verdad, pero el verdugo ya se había cansado y mandado la tortura al demonio. Eso si que los fastidiaba. Me liberaban y yo todavía tenía ganas de gritarles, ‘¡púdranse, jotos!’ Entonces usaban el látigo con púas y contestaba con algo así como ‘¡Hey! Esa es nueva. Veamos de que es capaz ese trasto’. Aguantaba todo, mientras mi odio y mi asco hacia ellos crecían lentamente, fermentándose, concentrándose. Sabía que algún día les iba a meter sus torturas por el trasero. Solo era cosa de aguantar, y esperar.”

“Probé mis habilidades por primera vez cuando luché con la banda que te mencione hace rato. Éramos ese gorila y yo, él tenía un revolver, así que tome una barra de metal y una cadena, cuando…”

(continuará…)

Anuncios

Animate! Deja un comentario. Todos son valiosos

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s