Larvas

El ciclo vital es simple. Tiene adornos, curiosidades fisiológicas, modificaciones por tiempo y espacio, pero en esencia, es simple. Eclosionar del huevo, crecer, madurar sexualmente, reproducirse y morir. Las demás conductas son accesorias. La esencia, como dije, es simple.

Reconocerlas requiere observación minuciosa. Descuidados, con boca sucia y dedos pegajosos de grasa, inquietos, retorciendose. Esa es la primer etapa larval. Sus progenitores no se encargan mas que de asegurarse que las crías sobrevivan (si es que algunos progenitores piensan en ello) así que cumplen con sus necesidades biológicas: alimento, agua, protección contra las inclemencias del tiempo… pero como solo están criando larvas, con verlas crecer y desarrollar sus nuevos órganos es más que suficiente.

Las larvas alcanzan la madurez sexual rápidamente. Su comportamiento esta basado por fluctuaciones hormonales. Ellas creen que piensan racionalmente, pero no pueden, en primera, porque no se les ha enseñado a hacerlo, y en segunda, porque ya no pueden hacerlo. En la etapa larval no se estimularon funciones cognitivas. Las redes neuronales quedaron truncas, por desnutrición  en algunos casos, o en otros, por la televisión y abandono sentimental.

Así, la larva tiene lo indispensable para cumplir sus funciones sociales y fisiológicas. Ya no es larva, ahora es un insecto maduro, físicamente hablando. En los individuos femeninos, inicia la preparación para el apareamiento. En los masculinos, delimitación de territorio (principalmente por la violencia, único y mejor medio del macho alfa). A veces, los insectos se organizan en comunidades, con un fin común. ¿Y cual es ese fin común? Alimentarse. Apropiarse de todos los recursos para mantener a raya a otros machos alfa, monopolizando a los individuos femeninos para asegurar su reproducción.

Los insectos proliferan. Destruyen las frutas y los cultivos. Entre más se reproducen, necesitan más y más recursos. No hay manzana sin gusano. Los insectos, insaciables, producen todas las larvas que pueden.

Aquí es cuando debería entrar un depredador. Pájaros, otra especie de insectos, incluso bacterias o medios de defensa botánicos. Pero hay un problema. Para esta especie de larva, no existe un depredador. Esta especie destruye cualquier enemigo natural que pudiese presentarse, y lo hace rápidamente, pues quiere asegurar su perpetua existencia, aun si ésto signifique la destrucción del ecosistema. Ellas no lo saben, y no puede importarles, pues son larvas, su único pensamiento es nacer, crecer, reproducirse y morir. Y eso es justo lo que están haciendo.

Las larvas no tienen más aspiraciones de las que sus instintos les dictan. El uso de la violencia, el ansia de poder y status, la falta de respeto a las reglas que permitirían una sociedad pacífica y organizada, son muestras de su carente capacidad de pensamiento abstracto y empático. No comprenden (porque, insisto, ya no pueden hacerlo) aspectos filosóficos de la existencia. Los insectos y las larvas que producen sólo utilizan su tiempo en la tierra para devorar y devorarse entre sí, en un desenfrenado afán de supervivencia.

¿Que podemos hacer nosotros, contra esta infestación, que, desde hace siglos, existe?

Primero, separar las manzanas y los frutos buenos, de las larvas. Implica una observación minuciosa del entorno. Analizar sus ciclos de alimentación. Aprender a identificar lo bueno de lo malo, de los insectos benéficos de los dañinos. Cuidar lo que cosechamos, cuidar lo que nos rodea.

Y segundo, dejar de criar larvas. Hay que criar niños.

Criar un niño no es alimentarlo cada que abra la boca, cumplir sus caprichos para que deje de llorar, dejarlo bien vestido y limpiarlo como una mascota. No es educarlo para que funcione bien en la sociedad.

Criar a un niño es verlo crecer, observar sus ideas, sus angustias, sus logros. Estimular su pensamiento y enseñarle a que él es más que una larva, es un ser humano, alguien que potencial para alcanzar la inmortalidad en las letras, cambiar el mundo con sus creaciones, comprender la magnificencia del universo y del tiempo. Observarlo, hacer un diario de campo, tomar notas, alimentar su alma con pequeñas cucharadas diarias de sabiduría y vitaminas para la conciencia.

Muchos creen que los niños no escuchan y no entienden. Si los tratamos así, llegará el momento en que verdad no escuchen y no entiendan.Se volverán cáscaras vacías, seres que caminan y cumplen con metas biológicas y antropológicas, pero incapaces de reflexión. Podrán ver la destrucción de su propia especie e ignorarla por completo. Causarán sufrimiento y dolor a sus congéneres, sin embargo, no les importará, ya que ellos solo están concentrados en si mismos, en sus egoístas necesidades de alimentación y reproducción.

Y cuando eso pasa, no son mas que larvas.

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