Pirotecnia verbal

ADVERTENCIA: En este texto se utilizan, únicamente con fines demostrativos, palabras y expresiones altamente ofensivas. Mi propósito no es herir a ninguna persona, únicamente explorar los usos y raíces de este peculiar vocabulario.

Ya avisados, entonces, comencemos.

Maldecir, blasfemar y decir groserías no son lo mismo. Las diferencias son sutiles, y eso radica en la raíz de cada palabra.

Separemos la palabra “maldecir”. Mal – decir, decir algo malo. Ahora, si nos remontamos al pasado, alguien “maldito” era que tenía la sombra de la “maldad” sobre sus hombros. Una enfermedad, una desgracia. Decir “te maldigo” puede interpretarse como decir “te deseo algo malo, deseo que una calamidad te caiga encima”. Una “maldición”, en el sentido estricto, es una palabra mágica que busca exactamente eso, causar daño. De ahí que “maldición” o “maldita sea” sean las pocas expresiones que mantienen claro su significado. Decir “ojala y los cuervos te saquen los ojos” es una maldición, por las razones antes vistas.

Mientras que las maldiciones se basan únicamente en el concepto de perjuicio, maldad o daño, las blasfemias son de índole religioso. Erróneamente, se hacen silogismos:

Dios es símbolo de bondad = Dios se refleja en la religión = La religión por lo tanto es bondad. Decir algo en contra de la religión = Decir algo en contra de la bondad = Decir algo contra Dios, por lo tanto, decir algo malo.

El asunto con la blasfemia es que no se entiende si el concepto original. “Jesús es homosexual” no tiene base si el publico lector es indostánico. Y decir que “Visnú es un elefante de circo”, no tiene mayor efecto en Latinoamérica. Otra particularidad de las blasfemias es que la mayoría acuden a los nombres del Ángel Caído, Satán, Luzbel, Belcebú, etc… Sin embargo, para motivos ofensivos, se diluye su efecto sonoro. “Hijo de satán” podría ser, en la actualidad, un elogio más que una ofensa, y eso se da gracias al significado que el nombre del señor de los demonios tiene hoy en día.

Las palabrotas, o groserías son el nivel mas bajo del lenguaje, y en especial del arsenal de insultos que posee un escritor. Son interjecciones de carácter sexual, fálico, escatológico o racista, deformadas a más no poder por la falta de cultura de los parlantes. En un lejano principio, tuvieron razón de ser (el “pinche” era ayudante de cocina, que se transformó en alguien menospreciable e insignificante) pero ahora ya no sirven sin el contexto que las sustente.

Una de las palabras que ejemplifican eso es el famoso “guey”. Tanto se ha ensuciado esa palabra que de ser “buey” – animal de carga, en su significado de alguien torpe que es explotado por su falta de inteligencia – mutó al “guey” – lo mismo, pero la “g” lo hace más despectivo – y acabo siendo el “wey” que veo en muchos twitteros y Facebook-fans por ahí. Por si fuera poco, lo usan para todo, saludar, insultar, señalar. ¿De que sirve un insulto si ya no ofende? Pobre palabra, espero que pase a mejor vida.

¿Porque estoy escribiendo sobre eso? Bueno, si uno de tus personajes principales maldice y ofende a quien se le aparece cada dos líneas, tienes que ser creativo.No puedes llenar páginas con “gueyes”, “cabrones” y “mierda” sin restarle respetabilidad a tu prosa.  A pesar de lo malhablado que sea el personaje (y los que me han leído, saben hasta que punto puede llegar) , aun debe tener sentido (y gracia) lo que dice.

Un buen escritor nunca olvida que sus palabras tienen que tener significado. Yo lo pruebo con la técnica de traducción cruzada. Recordemos que las cosas, los objetos existen antes que las palabras, y que éstas deben representar a uno de dichos objetos para que el lector sepa acerca de que esta leyendo. Si nosotros imaginamos un árbol, debemos escribir “árbol” para que el lector, vea un árbol en su mente. Aun en Inglaterra, donde “árbol” se dice “tree”, el lector inglés pensará, de igual manera, en un árbol. Si, suena redundante, pero ahora verán el significado de esto.

Yo escribo:   “Un niño jugando en el jardín”

¿Lo vieron? Bien, ahora lean esto:  “A kid playing in the garden”

Quien sepa inglés notará que es la misma imagen, pero en otro idioma. En alemán, francés e italiano se diría:

en kind beim spielen im garten

un enfant jouant dans le jardin

un bambino che gioca in giardino

Fácil, ¿no? Las palabras son diferentes, pero el concepto es el mismo. Si yo escribo:

“Deseo que pases una semana en el infierno” (que vendría siendo una maldición)

¿Lo entenderá otra persona que no hable español? ¿El concepto es lo suficientemente claro que sobrepase la barrera del idioma? Veamos:

” I wish you stay a week in hell”

Supongo que funciona. La prueba se supera cuando visualizamos nuestro texto en otro idioma, y lo traducimos de regreso a nuestro idioma natal. Si éste puede ser retraducido sin cambios, significa que las palabras que usamos reflejan claramente la imagen y energía que deseamos transmitir.

Las maldiciones y, en cierto grado las blasfemias, son traducibles, ya que su fuerza radica en el concepto, en la idea que proyectan en la mente del lector. Es un juego de palabras que te crea una imagen mental clara y nítida. Al igual que las palabras consideradas ofensivas, como “bruto”, “bastardo” o “mujerzuela”. Van mas allá de una palabra, los conceptos son ofensivos. En cualquier idioma, en cualquier traducción, “ramera” es un adjetivo de alto calibre. Las  groserías no, ya que su fuerza se encuentra en la idiosincrasia del lector. Y ésta es muy variable.

En lo personal, no me gusta como suenan las groserías mexicanas. Son estridentes, agresivas. Muchas están descontextualizadas y no son traducibles. Las groserías ibéricas suenan graciosas – para nosotros – pero, al igual que las mexicanas, las sacas de su ambiente y pierden significado. Te das cuenta de eso cuando lees un texto en inglés, español mexicano y español ibérico. El personaje de Lobo de DC cómics lo ilustra, ya que en inglés su nombre es “Lobo, the Main Men”, en España lo tradujeron como “Lobo: el Hombre” y en México lo conocimos como “Lobo: el Maestro Efectivo” (de donde sacaron el “Efectivo”, es un misterio…) En el mismo cómic, en ingles inventaron el “frag” una version alterna del “fuck”. “Frag”, lo tradujeron en España al “rajado” y sus derivaciones “rajoles”, “rajadeces”. Y en México, al no poder poner en un cómic libre al público adolescente “pendejo” o “chingaos”, Editorial Vid utilizó “fregadera”.

Si los españoles son mas abiertos en cuando a su léxico, no lo sé, pero ciertamente, “rajado” suena mejor que “fregado”. El origen de estas palabras es simple, “rajado” “chingado” “fregado”, coinciden en algo estropeado, arruinado. Y eso es algo curioso de las groserías, al no tener un concepto claro de nacimiento, evolucionan a otras palabras mas asequibles al público. “No la amueles – no la chingues – no la rieges – no la regles… “son variaciones de la misma idea. No aportan nada nuevo, no dan imágenes diferentes, solo es la misma intención en envoltorios diferentes.

Dadas las características del idioma inglés, sus majaderías no se van tanto por la eufonía (o disfonía), sino por las imágenes. “Asshole” se traduciría como “ano” (separemos “ass” trasero y “hole” agujero, y la explicación se da sola) . Lo mismo va para “dumbass”. El famoso “fuck” es “Fornication Under Consent of King) una tradición inglesa en que las parejas no podía procrear familia si el rey del feudo no les daba permiso, así que cuando llamaban a la cigüeña, tenían que colgar un cartelito con las siglas “FUCK” a la puerta de sus casa, para que el cura del pueblo no los acusara de actos matrimoniales impúdicos. “Shit” se traduce en “mierda”. Y, comparados con los ibéricos y los mexicanos, los angloparlantes no poseen tantas groserías en su arsenal, asi que mezclan las existentes en combinaciones algo ridículas. “Jackass”, “dumbass”, “asshole” son tres palabras que incluyen el “ass”. Ya no digamos el “fuck” que ha sido conjugado en todas las variaciones conocidas – regresando a Lobo, en un panel del comic Lobo vs Batman, se lee “Frag, fragger, Fraggest”. Intentar traducir esto es imposible.

Basta ver una película en inglés para ver que su repertorio de majaderías es limitado. Y no nos sintamos muy orgullosos de ser mas folcklóricos en el lenguaje, el adolescente promedio no conoce mas de diez maldiciones en su haber, las cuales utiliza indistintamente, como vocabulario regular. No insulta, habla así. En lugar de admitir que se le ha olvidado el nombre de un compañero, lo llama “ese pendejo”. Eso no es ofender, es suplir la falta de palabras con vocablos de chofer de microbús.

Regresando al punto, prefiero más las maldiciones, porque para maldecir bien se necesita ingenio. Aparte de confundir al contrincante, provoca risa a los que no son aludidos, cosa que aumenta el índice de molestia a quien va dirigida la maldición.

Les dejo un par de videos que usan el famoso “asshole” (me encanta como lo dice Adrian Brody en la película “Depredators”) y el “fuck” hasta su máxima expresión.

http://www.youtube.com/watch?v=-JoT9sNwkhY&feature=fvsr

http://www.youtube.com/watch?v=TyOVhsWW80A

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